Tras el infarto copero, con la clasificación pendiendo de un hilo pese a la gran ventaja inicial, se presenta el Atlético de Madrid en Londres en los octavos de la Champions League con una renta un tanto inferior, pero contra un club en una situación muy diferente a la del FC Barcelona. “Intentaremos seguir jugando el partido que hicimos el Metropolitano”, ha explicado Diego Simeone en la rueda de prensa previa.
Si los culés pelean por ganar la liga, el Tottenham Hotspur lo hace por evitar el descenso, pese a que su engañosa clasificación en la fase de grupos, como cuarto clasificado, le dé un estatus que quizás no le corresponda con su nivel de juego actual. “Necesitamos jugar el partido en el lugar donde está. Llevamos tres goles y obviamente sería bueno marcar otro para que estén más incomodos”, ha añadido .
Los rojiblancos repetirán alineación de la ida, pero con una gran novedad. La dolencia costal de Oblak y Juan Musso estará en la portería rojiblanca. No hay dudas ni nerviosismo con el portero argentino. Ha mostrado su nivel en todo tipo de envites. “Con Juan suelo hablar siempre. Es un futbolista y una persona que ha entrado muy bien en el grupo y en el equipo y ojalá mantenga el nivel porque lo necesitamos de esta manera”, ha alabado el técnico a su pupilo, aunque ha mantenido que el nivel de los segundos porteros del Atlético siempre ha sido muy alto.
Respecto al desempeño en área contraria, en la que el Atlético de Madrid destaca especialmente este curso, es segundo por detrás del PSG, Simeone quiso ampliar que la “contundencia” es importante en ambas áreas. “La realidad la tenemos en nuestra mente y nosotros somos nuestros artífices de nuestra realidad”, ha expresado respecto a la estabilidad que planea sobre el equipo este curso, con un pie y medio en cuartos de la Champions y clasificados para la final de Copa del Rey.
El Atlético de Madrid está aprovechando su fondo de armario. Los suplentes funcionan y es el primer curso en el que no pierde nivel salga quien salga. De hecho, uno de los jugadores que ha comenzado a funcionar en el once del Cholo ha sido Johnny Cardoso, ausente en la primera mitad del curso por diferentes lesiones.
El brasileño, que ha acompañado a su entrenador en rueda de prensa, se siente “contento” por su desempeño actual en el equipo y mantiene la importancia de aprender de los “errores cometidos con el FC Barcelona. “Podemos llevar muchos aprendizajes con ese partido”, ha declarado el futbolista, que mañana estará junto a Marcos Llorente en el centro del campo rojiblanco.
El madrileño se ha llevado los halagos de su técnico por su crecimiento desde que llegó al club y tuvo la “paciencia” necesaria para crecer desde el banquillo y convertirse ahora en un hombre clave en la plantilla.
Cuando Dino Casimiro escuchaba historias de monstruos de la naturaleza que engullían a los pescadores de Nazaré (Portugal), Garrett McNamara se juró que jamás surfearía olas grandes después de ser vapuleado por una cuando tenía 15 años, en Sunset Beach (Hawái). "El surf puede ser muy humillante cuando un monstruo te golpea y te asusta", cuenta el americano a EL MUNDO en un evento de Thule, su patrocinador, en Nazaré. Unos años después, Casimiro, con la misma edad que McNamara sufrió ese susto, empezó a visitar el faro de la pequeña localidad pesquera portuguesa para vislumbrar ese mar que supone "una relación de amor y odio" para sus habitantes. "Era el sustento de todo el pueblo, pero muchos morían", recuerda a este periódico.
Un día, en su adolescencia, el portugués volvió a casa empapado tras mantenerse durante horas en el Fuerte de San Miguel, edificio donde se encuentra el faro de Nazaré, mientras el océano mostraba toda su fuerza. Al volver a casa y decir dónde había estado, su familia le dijo que "Praia do Norte era el diablo", pero él sólo pensaba en cómo compartir ese conocimiento con el resto del mundo. "No lo puedo explicar, pero siempre tuve pasión por las olas grandes".
El tiempo pasó y, mientras Casimiro seguía con ese mensaje en su cerebro, McNamara había no sólo perdido el miedo a las olas grandes, sino que las había convertido en su profesión y en su obsesión. "Apenas tenía 16 años cuando mi amigo Gustavo Labarthe me cogió del cuello y me obligó a volver a Sunset, me explicó cómo se hacía y después de eso ya me enamoré de ese tipo de olas", apunta el deportista.
No obstante, surcar las olas, para Garret, siempre ha sido mucho más que una profesión. "Cuando llegamos a Hawaii, mi madre no tenía dinero. Vivíamos en un apartamento pequeño, sin muebles. Pero conseguí una tabla y fui a surfear con un amigo. Cuando lo hicimos fue como: 'Dios mío, nada importa'. Aunque no tengas comida en la nevera, dinero, juguetes... realmente estábamos disfrutando de la vida y del océano", revela. El surf era su pasión, pero las olas gigantes su obsesión.
Así, tras comenzar su carrera participando en pruebas del circuito mundial, McNamara comenzó a virar su vida hacia esos monstruos que asustan a la mayoría de surfistas. Jaws, Mavericks,Waimea... todos los spots habituales en los que el océano mostraba su fuerza eran el día a día de Garrett. "Todo era más grande, más grande... hasta que no había más grande, hasta que no podíamos encontrar algo suficientemente grande", rememora el deportista.
Retrato del surfista en la presentación de un producto de Thule.Thule
Entonces, a principios del siglo XXI, Casimiro y varios socios comienzan a montar competiciones de bodyboard en Praia do Norte porque "las tablas de surf se rompían contra el fondo". Hasta que un día, tras subir al faro, disparó una foto a algo que se movía en el horizonte. Cuando vio la imagen en casa, descubrió que aquello era una ola perfecta, pero que se necesitarían jetskis para surfearla. "Busqué a surfistas que hacían tow in (una técnica de remolcado) en aquella época y el único que tenía web de contacto era Garrett", explica el portugués. Así que, en 2005, le mandó un mail para preguntarle si esa ola era practicable.
"Me interesó, parecía Jaws sin gente en el agua, pero me preocupaba lo que tuviera en frente", respondió McNamara. Y el descubrimiento se quedó en su bandeja de entrada durante más de un lustro hasta que su mujer, Nicole, lo recuperó tras recibir otro mensaje. "Le invitamos a venir en 2011 y Nazaré cambió para siempre", responde Casimiro, hoy técnico del Área Deportiva del Ayuntamiento de la localidad.
"Cuando llegué vi las olas más grandes que había visto en mi vida, era el Santo Grial", comienza McNamara que califica este spot como "Jaws, Waimea y Puerto Escondido puestos con esteroides". "Me sentí en casa y dije: 'ya no tengo que moverme más, sólo intentar conseguir domar el mejor swell posible'", apunta un deportista que, precisamente, presentó una funda de viaje para tablas de surf de Thule en este lugar donde reside la mitad del año. Lo consiguió ese mismo mes. Han pasado 14 años desde que batiera el récord Guinness tras coger una ola de 78 pies (24 metros) en ese mágico cañón de 5.000 metros de profundidad que forma esos monstruos de sueño o pesadilla.
McNamara en una ola de 100 pies.Mundo
El pequeño pueblo de Nazaré se convirtió en una meca del surf para los deportistas obsesionados con las olas grandes tanto en el agua "donde se ha vuelto masivo y peligroso" como en la tierra donde los alquileres en esta población han subido casi un 10% anual. "Si no se regula, terminará habiendo 100 motos de agua en el pico en los próximos 10 años, será como Waterworld", ríe McNamara.
De momento, el principal negocio de las olas grandes en Nazaré lo tiene la empresa de Lino Bugalho, otro de los pioneros del lugar. A través de ella puedes alquilar jetskis por un precio aproximado de 500 euros la hora y spotters (vigilantes desde la superficie) por unos 300. El servicio completo para el inconsciente que quiera seguir los pasos de Garrett McNamara, un deportista que tiene ciertos riesgos cerebrovasculares tras sufrir más de 100 contusiones en la cabeza, es de algo más de 1.000 euros la hora. "Cuando te caes es como hacerlo en cemento y luego entras en el ciclo del centrifugado de una lavadora con Tyson dándote puñetazos", explica el norteamericano lo que él llama el "viaje submarino".
Las herramientas
McNamara usa cascos especiales y personalizados, un traje de 5 milímetros de color llamativo y bolsas de aire para facilitar la flotabilidad y unas tablas cortas, 6.0, pero con gran peso y quillas redondeadas para ganar estabilidad. "Cuando te has preparado, lo has hecho todo, solo tienes que rendirte y disfrutar", explica el deportista ante unas olas que obligan a tomar decisiones de "vida o muerte" en décimas de segundo.
Aunque parezca mentira, no es Nazaré el lugar en el que este hombre se ha visto más indefenso sino en el océano Ártico donde ha surfeado olas provenientes de desprendimientos de glaciares. "Si cae en vertical, bien, si lo hace hacia tí, estás muerto", explica un surfista que "está dejando que el miedo vuelva a entrar en su mente", pero que nunca dejará que eso le impida realizar aquello que tanto ama. "Mientras no me duela, seguiré surfeando, incluso con 80 años", concluye.
Era el minuto 13, rozaba el 14, en aquella tarde del 25 de mayo de 1996 en el Vicente Calderón cuando Diego Simeone peinaba un balón a la red del Albacete en el último partido de liga. El entonces mediocentro del Atlético de Madrid corría como un poseso mostrando la camiseta mientras el presidente rojiblanco, Jesús Gil y Gil, murmuraba: "El primero, el primero", para después pedir calma. En esa camisola, en grandes letras azules figuraba un nombre: "Marbella". Ese patrocinio fue el principio del fin para Gil tanto en el club como en el consistorio andaluz.
Pese a que fue el tanto más feliz para Simeone, según reveló en una entrevista, ya que era el que certificaba el doblete Liga y Copa con Radomir Antic en el banquillo, ese mismo año, la concejal socialista, Isabel García Marcos, denunciaba las posibles irregularidades en los patrocinios deportivos del ayuntamiento de la Costa del Sol. Querella respaldada posteriormente por la Fiscalía Anticorrupción.
Mientras la Justicia comenzaba su investigación, el nombre de Marbella, que presidía las camisetas del equipo colchonero, también aparecía en la de clubes andaluces como el Sevilla y el propio Atlético Marbella, controlado en la sombra por Jesús Gil. Y hasta en equipos de baloncesto como el Joventut. "Valoro negativamente que una ciudad de fuera tenga que patrocinar al equipo más emblemático de Badalona. No se trata más que de una maniobra de Gil y Gil, que más que un político es un showman y un folclórico, para introducirse en Cataluña con vistas a las próximas elecciones generales", declaró en su momento Xavier García Albiol, representante del Partido Popular en Badalona.
14 de octubre de 1998
En el Atlético, el nombre de Marbella lució de 1991 a 1993, de 1994 a 1996 y la campaña 1998/99. Pero sería un 14 de octubre de 1998 cuando todo estalló. La Guardia Civil entró a las 12 del mediodía de manera simultánea en las oficinas del Vicente Calderón y en las del consistorio andaluz. Había serias sospechas de que Jesús Gil, presidente del Atlético y alcalde de la localidad, desviara fondos públicos hacia el club.
Según la investigación, Gil había falsificado los contratos de patrocinio del Ayuntamiento de Marbella respecto al club rojiblanco. El juez Santiago Torres mandó a prisión provisional al mandatario colchonero porque, en la instrucción, encontró indicios del trasvase de 450 millones de pesetas (2,7 millones de euros) de la entidad pública al Atlético de Madrid. Prisión de la que Gil saldría gracias al abono de una fianza de 100 millones de pesetas (6 de euros) y debido a su teórico delicado estado de salud.
Simeone, con Marbella en la camiseta, celebra el doblete del Atlético.EFE
No se libraría en cambio de la pena. En el año 2000, la Audiencia Provincial de Málaga condenaría al mandatario en lo que se bautizó como el caso Camisetas a 28 años de inhabilitación por cuatro delitos de prevaricación, dos de ellos en concurso con tráfico de influencias. Sin embargo, resultó absuelto de los delitos de malversación y falsedad. Esa condena fue ratificada por el Tribunal Supremo dos años después y eso terminó forzando la dimisión de Gil al frente del consistorio marbellí. Aguantaría un año más al frente de la entidad rojiblanca.
Durante ese proceso judicial, el club viviría el mismo desarrollo que su presidente, un mandatario volcánico para el que "echar un entrenador es como tomar una cerveza". Si aquel mayo de 1996, el Atlético holló la cumbre, apenas cuatro cursos después, en el Tartiere, descendió a los infiernos. Dos temporadas estuvo el club en Segunda División de la que conseguiría salir gracias a Luis Aragonés el mismo año en el que el Supremo ratificaba la sentencia de las Camisetas contra Gil.
La transformación del Marbella
La caída del Atlético Marbella, en cambio, fue anterior. El filial de Gil en la Costa del Sol llevaba el proceso contrario a su hermano mayor. Venía de estar cuatro años en su cumbre, la Segunda División, cuando en la temporada del doblete del Atlético de Madrid encadenaría dos descensos consecutivos que llevaron, junto con una deficiente gestión económica culminada con una relegación administrativa a Regional Preferente por impagos a jugadores, a su desaparición en 1997 tras declararse en quiebra.
El club se refundó como Unión Deportiva Marbella ese mismo año y cambió de nombre a Marbella Fútbol Club en 2013 tras ser comprado por el millonario ruso Alexander Grinberg. Ahora la entidad pertenece al empresario chino Zhao Zhen y aspira a llegar al fútbol profesional, algo que no ha logrado en sus 27 años de historia.
Gil, tras renunciar a la alcaldía de Marbella, con Julián Muñoz detrás.EFE
Este sábado a las 21.30, en La Rosaleda, estadio en el que debutó el Cholo como entrenador rojiblanco hace justo 13 años, se enfrentan esos dos hermanos unidos por un pasado turbulento. Que sólo se habían cruzado una vez en el camino, también en Copa del Rey, y en el que los colchoneros ganaron a los andaluces tanto en el partido de ida como en el de vuelta. Si repiten los colchoneros, serían 13 victorias seguidas e igualarían la mayor racha en la historia del Atlético, conseguida también por Simeone en la temporada 12/13.