Shiffrin y Odermat, los reyes de la nieve, se aúpan con otra Copa del Mundo cada uno en Lillehammer

Shiffrin y Odermat, los reyes de la nieve, se aúpan con otra Copa del Mundo cada uno en Lillehammer

Marco Odermatt y Mikaela Shiffrin son la pareja reinante del esquí alpino en la temporada 2025-26, que ha rendido viaje en la estación noruega de Lillehammer, sede olímpica en 1994. Ambos, con el triunfo en la general de la Copa de Mundo, ratificaron su preponderancia en el esquí actual.

El suizo obtuvo el máximo Globo de Cristal por quinta vez consecutiva; y por sexta, aunque no sucesivas, la estadounidense. Odermatt, de 28 años, iguala al luxemburgués Mark Girardelli, superados los dos por el austriaco Marcel Hirscher, coronado ocho veces. Shiffrin, de 30, se emparejó con otra leyenda austriaca, Anne Marie Moser-Pröll. Ninguna mujer las supera.

El último día, miércoles de gloria o de ceniza, concentró la emoción en esa general absoluta femenina entre Mikaela Shiffrin y Emma Aicher, la joven alemana de 22 años, auténtica revelación del año. Y en la parcial del eslalon masculino, con Atle Lie McGrath y Lucas Pinheiro-Braathen en un pañuelo. Un final ideal, como de encargo, que mantenía excitantemente viva la competición y no la dejaba en una mera exhibición de fin de fiesta.

Los demás Globos de Cristal ya estaban decididos matemáticamente con distinta antelación. Marco Odermatt (Suiza) había ratificado desde Courchevel su condición de monarca reinante del esquí con el triunfo en la general completa, arramblando de paso con las clasificaciones de descenso y supergigante. Y Lucas Pinheiro-Braathen (Brasil) se había llevado, ya en la misma Lillehammer, “in extremis”, la de gigante ante el mismo y ya desfalleciente Odermatt, que se prodigó más que nadie, y también con más fruto que nadie, a lo largo del curso de octubre a marzo.

Entre las mujeres, se habían coronado de antemano dos italianas en las pruebas de velocidad: Laura Pirovano (descenso) y Sofia Goggia (supergigante). En las de habilidad, Mikaela Shiffrin había arrollado en el eslalon, con nueve victorias en las 10 citas del año. Y, por primera vez en su carrera, Julia Scheib (Austria) tenía en su poder el Globo de Cristal del gigante.

Así las cosas, Shiffrin y Aicher protagonizaron en ese mismo gigante, y por la general absoluta, un duelo generacional. A Shiffrin le bastaba con clasificarse entre las 15 primeras. Fue undécima. Aicher, curiosamente, casi por respeto y pleitesía, hizo duodécima en una prueba ganada por la canadiense Valerie Grenier.

Shiffrin, resuelta la tensión, rompió a llorar mansamente. La costumbre no inmuniza contra la emoción. Mikaela cimentó su cetro en su dominio aplastante en el eslalon. En el gigante no estuvo tan fina. Corrió riesgos al desentenderse por completo de los descensos y los supergigantes, que algunos puntos le hubieran aportado. Aicher se apuntó al programa completo y, entre triunfos y buenas clasificaciones, casi doblega a Shiffrin.

Amigos y rivales

El duelo Pinheiro-McGrath en el decisivo eslalon se vino abajo de pronto cuando el brasileño hizo el “caballito” en el comienzo de la segunda manga. La presión pudo con él, que incluso perdió el segundo puesto en beneficio del francés Clément Noël. Era un enfrentamiento entre amigos de la infancia que crecieron juntos en el mismo club y juntos llegaron a la élite. Pinheiro, al igual que McGrath, nació noruego y como noruego empezó a ganar desde muy joven.

Sólo desavenencias con la Federación lo llevaron a adoptar la nacionalidad brasileña de su madre. El abrazo entre ambos, estrecho, interminable, con un McGrath lloroso y un Pinheiro con un nudo en la garganta, constituyó una imagen impactante y conmovedora de deportividad absoluta. Casi nadie se fijó en el ganador de la prueba, el también noruego Timon Haugan.

La temporada, presidida por los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina, fue la del regreso triunfal, a los 41 años, de Lindsey Vonn y su posterior drama, rota en Crans Montana y definitivamente deshecha en los Juegos. Lindsey nos premió con las mayores alegrías y, también, nos castigó con las mayores tristezas.

kpd