Tras dos derrotas seguidas, los blancos enderezan su rumbo en Euroliga con una victoria no demasiado brillante ante un Estrella Roja que, liderado por el debutante Vildoza, no se dio por vencido
Sergio Rodríguez, ante el Estrella Roja en el WiZink.JUAN CARLOS HIDALGOEFE
Sergio Rodríguez podría ser eterno. Pero cumple 37 años al final de la presente temporada. Regresó al Real Madrid por interés mutuo, por sus ganas de un segundo y definitivo asalto con el club en el que relanzó su carrera a la vuelta de la primera etapa en la NBA. Para noches de plenitud como la de este viernes en el WiZink, donde el tinerfeño agarró el duelo por la pechera e inyectó su capacidad de diversión para enderezar el rumbo blanco ante un Estrella Roja que, liderado por Vildoza, amenazó con no ser una víctima propicia. [72-56: Narración y estadísticas]
Con el Chacho en pista todo fue cuesta abajo. Viene echando en falta la figura de un creador este Madrid de los primeros días de Chus Mateo. Sin los lesionados Williams-Goss, ni Alocén ni Hanga, la mejor solución posible es sin duda la de Sergio Rodríguez, aunque también le ha costado desperezar el curso al ex de CSKA y Milán. Su clarividencia ofensiva, sus ocho asistencias (ninguna de las 21 pérdidas blancas fue suya), fue, junto a la consistencia de Deck, la mayor virtud de un Madrid que todavía anda espeso, en busca de sí mismo.
Acudía tras dos borrones seguidos. De los que quizá nadie se acuerde allá por mayo, pero de los que no dejan de escocer. Porque Barça y Olympiacos son rivales con los que medirse de veras, candidatos claros a la Final Four. Y porque a Chus Mateo no le queda otra que asumir que sus primeros meses en el cargo serán un examen permanente. Así que Estrella Roja, que no sabe lo que es ganar aún en esta Euroliga, era el oponente ideal para espantar males y acumular la confianza con la que crecen los grupos.
Remontada serbia
Y así fue en el comienzo, como si los blancos no tuvieran a nadie enfrente. Abalde partió de titular, pero fue con Sergio Rodríguez a los mandos como voló el Madrid, nutriendo a sus compañeros con ese baloncesto feliz que predicará hasta el final de sus días. Cornelie y Poirier se beneficiaban de su frescura y un triple de Yabusele puso al comienzo del segundo cuarto una máxima llamativa (31-13).
Pero, como si todavía no estuviera capacitado para firmar obras sin mácula, fue entonces cuando el Madrid se trastabilló. Coincidió la remontada serbia con el impulso de Luca Vildoza, debutante rojiblanco, de vuelta de la NBA con conflicto contractual pendiente de resolver con el Baskonia. Dos triples del argentino culminaron un parcial de 0-11, que se regaba con las pérdidas blancas, el principal pecado por redimir ahora en su juego. Con el Chacho de nuevo en pista para poner orden, una canasta final de Deck devolvió algo de oxígeno al Madrid para irse al descanso (39-30).
Pero esa siesta había activado al rival. Y, sobre todo, a un Vildoza que se reencontraba con el baloncesto. Acumulaba ganas y a la vuelta de vestuarios ya era otro Estrella Roja. Se arrimó con otro triple de Bentil (44-42) y entonces tuvo que volver a espabilar el local, con un triple del Chacho y más pases de canasta. Aún así, un peleón Estrella Roja, que desquició a un Hezonja que unos días está y otros no, no dejó de inquietar hasta prácticamente los dos minutos finales (un parcial de 10-0 con la irrupción de Tavares). Porque aún este Madrid no está para demasiadas alegrías.
Albania se abre al mundo, un país de sol aunque diluvie este lunes navideño en Tirana, día de presentación de la Grande Partenza 2025. El próximo 9 de mayo, el Giro arrancará, por primera vez en su historia, desde los Balcanes, en esta "pequeña Italia al otro lado del mar" como presume con entusiasmo y perfecto italiano Edi Rama, primer ministro de un país candidato a entrar bien pronto en la Unión Europea y que también aspira a albergar, antes de 2030, un Gran Premio de Fórmula 1.
Pero no hay escaparate turístico como el ciclismo. Serán "250 millones de personas" observando durante tres días ese país que deja atrás décadas de oscuridad y comunismo, tres etapas diseñadas por Mauro Vegni para mostrar playas y montañas y también las calles de Tirana, una Grande Partenza "poco propicia para velocistas". La segunda jornada, una contrarreloj individual de 13 kilómetros y la tercera, en Valona, con un tremendo puerto, el Qafa e Llogarase, de casi 11 kilómetros con rampas de hasta el 12%.
"Supone llevar la semilla del Giro a un nuevo país, ampliar la familia. Es un área con tradición, ya habíamos hecho una Grande Partenza en Atenas y ahora tocan los Balcanes. Creo que es un gran oportunidad, para nosotros, pero sobre todo para Albania", admite Paolo Bellino, CEO y director general de RCS Sports & Events, hacedor del acuerdo junto al presidente Urbano Cairo.
Spada/LaPresseMUNDO
Será la 15ª ocasión en que la Grande Partenza se produzca fuera de las fronteras de Italia en 108 ediciones del Giro. Tirana tomará el relevo de Budapest 2022 y su nombre estará junto a los de Jerusalén, Apeldoorn, Belfast, Herning o Ámsterdam, últimas ciudades no transalpinas de una tradición que inauguró Grecia en 1996 para celebrar el centenario de los Juegos Olímpicos (aunque antes también hubo salidas desde San Marino y Montecarlo).
Una oportunidad de expansión y un gancho más para las estrellas, que aguardan al próximo 13 de enero para que en el Auditorio Parco della Musica Ennio Morricone de Roma se desvele el recorrido completo de la Corsa Rosa. Entonces, Jonas Vingegaard y Tadej Pogacar definirán sus caminos, destinados a colisionar únicamente en el Tour de Francia. El danés se estrenaría en busca de la maglia rosa y el esloveno buscaría revalidar la asombrosa hoja de ruta de 2024, el histórico y arrasador doblete. Lo segundo, que Tadej esté en la salida de Tirana, se antoja más improbable, aunque aún no se ha pronunciado oficialmente. Como tampoco Remco Evenepoel. "Será un Giro muy bonito. Habrá una etapa importante sobre sterrato, por supuesto etapas de montaña y tocaremos las principales ciudades de Italia, no sólo Roma, también Nápoles y otras. El año pasado fue un gran Giro y el próximo también lo será. El 13 de enero lo desvelaremos todo", confirma a EL MUNDO Bellino.
El que ya ha asegurado su presencia, primer atractivo, es el otro gran esloveno del pelotón. Primoz Roglic aplazará su intento de hacer historia ganando su quinta Vuelta a España para intentar sumar a su palmarés su segundo Giro tras el conquistado hace dos años por 14 segundos a Geraint Thomas. Daniel Felipe Martínez (segundo en 2024) y Jai Hindley (ganador en 2023) serán sus escuderos de lujo en el Bora. Después acudirá a su cita 'maldita' con el Tour.
También Juan Ayuso, acompañado de Adam Yates e Isaac del Toro en el UAE Emirates, estará en Albania en su debut en la Corsa Rosa (arrasó en el Giro sub 23 de 2021). "Parece que el podio ya está escrito", bromea Vincenzo Nibali, presente también en Tirana, capital de un país que recibe cada año un millón de turistas italianos, como embajador del Giro. La representación española la completará Pello Bilbao y probablemente Mikel Landa. Y Nairo Quintana, ganador en 2014, y Einer Rubio liderando el Movistar Team. Todos en Albania, un territorio que pretende descubrirse al ciclismo. "No sólo su país nos convenció, sino también su organización y su entusiasmo. Y sobre todo el impulso del presidente Rama. No pudimos decirle que no. Aquí dejaremos un gran legado, habrá un gran aumento del turismo y el nacimiento de nuevas profesiones, por ejemplo las vinculadas al cicloturismo", concluye Paolo Bellino.
Tres etapas eléctricas
Realmente será en Durazzo donde comience el Giro 2025. Una primera etapa, la del 9 de mayo, de 164 kilómetros con final en dos vueltas a circuito en Tirana en el que se subirá, también dos veces, el puerto de tercera de Surrel para sumarse al anterior Gracen, casi 14 kilómetros de ascensión al 5,2% de promedio. No es muy probable que un sprinter se capaz de enfudarse la primera maglia rosa, que en cualquier caso perdería al día siguiente, con la crono de casi 14 kilómetros por las calles de Tirana, que tampoco es para especialistas puros, pues cuenta con un duro repecho (Sauk) a la mitad. El tríptico albanés se completa con la más exigente de las tres etapas, con llegada y final en Valona, 160 kilómetros exigentes con el largo puerto de segunda Qaba e Llogarase (7,4% de pendiente media) tras cuyo descenso se llegará a la meta. El traslado a Italia será el lunes 12.
Alberto Contador recuerda el 2008, un flechazo con una carrera insospechada, el Giro que iba a conquistar en dos ocasiones. «Fui de rebote. Y me acogieron tan bien, recibí tanto cariño de los aficionados. Es especial, es la carrera que aún mantiene ese romanticismo que quizá en el Tour y la Vuelta ya no se encuentra tanto». Al madrileño se le quedaron grabadas en la memoria «las ciudades vestidas de rosa, el agua rosa de las fuentes». El mismo color que entusiasmó a un niño lombardo al que sus padres llevaban a ver etapas en Verona, a disfrutar de sus ídolos y que, años después, también lo iba a conquistar.
«Tengo una conexión para siempre con esta carrera. Independientemente de mis victorias, recuerdo mi primera maglia rosa, en Zoldo Alto, en 2005», rememora en EL MUNDO Ivan Basso, enamorado de las Grandes Partenzas desde el extranjero. «Los dos que gané fuero así, uno desde Holanda y el otro de Bélgica», hace memoria, con guiño al comienzo del 2026, que será en Bulgaria. Este lunes, en el Auditorium Parco della Musica Ennio Morricone, se presentó el recorrido de una edición que volverá a ascender cumbres únicas, que atravesará los Apeninos y los Dolomitas, en esa «orografía única para los escaladores», como admite Contador. Y que buscará un sucesor a Simon Yates. Todo apunta a su compañero Jonas Vingegaard, anhelo propio y de los organizadores. Pues «los grandes campeones, todos, quieren el Giro en su palmarés. Siempre fue así. Merckx ganó el Giro, Hinault ganó el Giro, Indurain ganó el Giro... Estoy convencido de que Vingegaard lo tiene en su cabeza, que su objetivo es vestirse de rosa al 100%. Está capacitado», agrega Basso, ahora director del Polti Visit Malta, uno de los animadores de cada Corsa Rosa.
La edición de 2025 no sólo fue única por su resolución, por una etapa que recordarán los tiempos, cuando Simon Yates, contra todo pronóstico, hizo saltar por los aires en Le Finestre el duelo latino entre Isaac del Toro y Richard Carapaz. También marcó tendencia por su impacto económico y social, cada vez más pujante. Los estudios posteriores lo demuestran.
El lunes, en el International Bike Economy Forum, organizado un rato antes por RCS Sports & Events en colaboración con ICE (Agencia para la promoción en el exterior y la internacionalización de las empresas italianas) se pusieron de manifiesto las cifras, cuantificadas por Banca Ifis, sobre el retorno económico que genera la Corsa Rosa en la región. «Datos extraordinarios», en palabras de Urbano Cairo. «Cuando era niño, para mí era algo imperdible, recuerdo a Gimondi y más tarde a Pantani. Después, cuando empezamos a organizar el Giro lo seguía viendo como un gran evento deportivo, una gran pasión, con grandes corredores como Nibali (presente en el Forum). Hoy veo estos números y es algo más, un evento que da una gran contribución a nuestro país», admitió el presidente de RCS. «Los datos están en constante crecimiento. La contribución del Giro a las exportaciones es evidente y confirma que ha alcanzado una nueva dimensión. Ya no es solo un gran evento deportivo, sino una herramienta concreta para el desarrollo territorial y el apoyo a las empresas italianas. Hablamos de un sistema que genera más de 2.500 millones de euros, con indicadores que siguen en aumento. El Giro es positivo para Italia, para las empresas y para las comunidades locales. Si tantos países invierten cantidades significativas, es porque han comprendido el verdadero valor de este proyecto en términos económicos, turísticos y de reputación internacional», declaró.
Giro de Italia 2026
El Giro es pasión, es tradición y es impacto económico. Vincenzo Nibali, otro mito italiano, vuelve a su infancia, a «Bugno y Chiappucci». «Me fascinaron. El Giro tenía un lugar especial en mi corazón. Después, como ciclista, me cambió la vida», cuenta quien lo conquistó en 2013 y 2016 y quien en 2019 protagonizó una épica batalla con Primoz Roglic y el vencedor Carapaz. Batallas que se traducen en números.
El análisis de Banca Ifis destaca que el valor generado por los espectadores en directo del Giro 2025, que asciende a 2.100 millones de euros, incluyendo tanto el impacto inmediato (el gasto generado por los espectadores a lo largo de las etapas del evento y por la estructura organizativa del mismo) como el impacto indirecto (el gasto de quienes, tras asistir al evento en los territorios del Giro, regresan para disfrutar de otras experiencias turísticas). Este impacto es significativo y está creciendo en comparación con la primera medición realizada en 2023.
El Giro es también un poderoso embajador del 'Made in Italy'. Según datos, más de 1,5 millones de aficionados extranjeros que siguieron la carrera activamente aumentaron su propensión a comprar regularmente productos italianos (la alimentación y las bebidas fueron las más populares), lo que genera un valor de más de 2.500 millones de euros anuales.
Los datos recopilados también ponen en valor el sello que el Giro deja con sus salidas en el extranjero. Bulgaria tomará el relevo de Albania: el 92% de los espectadores en directo valoraron positivamente esta decisión y el 74% reconoció la salida en Albania como un importante valor de promoción turística y el 38% lo considera un fortalecimiento de los lazos culturales entre los dos países, lo que se conoce como poder blando.
También hace unas semanas, durante el Festival dello Sport de Trento bajo el título 'Giro de Italia: Entre el impacto económico y el bienestar social', Banca Ifis avanzó este estudio en el que, según sus modelos de medición, consideró que la edición pasada generó un impacto de 79 millones de euros.
Los padres de Sergio Rodríguez se conocieron en una cancha de baloncesto. Eso podría explicar muchas cosas. "Cuando nací, los primeros regalos eran juguetes de baloncesto". En concreto, una canasta de los Celtics con la que jugaba compulsivamente en su habitación. Eso, también. O quizá el secreto del chachismo, esa marca ya para la eternidad de un jugador irrepetible, sea una frase de Pablo Laso: "Lo más importante, él ve esto como un juego".
Pepu Hernández, el entrenador que le hizo debutar con 17 años -en el quinto partido de unas finales ACB, en el Palau-, solía usar un juego de palabras con su pupilo, que también lo sería dos años después en el oro mundial de Saitama con la selección. Las letras que conforman el nombre de Sergio son las mismas que riesgo. Riesgo, imaginación, naturalidad, osadía, talento, profesionalidad y sobre todo, de nuevo, mucho amor por algo que él siempre vio como eso, un juego. El asombroso viaje del Chacho durante dos décadas es todo eso. De Tenerife a Getxo con 14 años, del Siglo XXI a Madrid, del Estudiantes a Portland, de Nueva York (paso por Sacramento) de nuevo a Madrid, del Real Madrid a Filadelfia, de la NBA a Moscú, del CSKA a Milán y del Armani de nuevo al Real Madrid, para cerrar una carrera repleta de éxitos, tres Euroligas, un Mundial, dos Eurobasket, Ligas y Copas en España, Rusia e Italia... y todo un MVP de la Euroliga en la temporada 2013-2014.
Pero Sergio Rodríguez es mucho más que su palmarés, es casi una filosofía. Un jugador que trasciende. Es el Chacho, el apodo que le pusieron en su primera preselección con España, en 2002, porque no paraba de decir, como buen canario, aquello de "muchacho". Jugaba entonces en La Salle con su primer maestro, Pepe Luque, y fue justo antes de marcharse a Bilbao, a esa experiencia llamada Siglo XXI, donde chavales cadetes y juniors convivían y se formaban baloncestísticamente. Fue por entonces cuando dio el estirón físico, aunque todavía le llamaban "polilla" porque no paraba de moverse.
Sergio considera aquellos años lejos de casa, previos al Estudiantes, clave en todo lo que iba a suceder después. El primer año en Madrid, donde se le atragantaron los estudios en el Ramiro, combinó el equipo EBA con el júnior y llevaba un mes de vacaciones cuando Pepu le llamó para la final contra el Barça. La noche antes había estado viendo la NBA y tuvo que despertarle una vecina. Aquella canasta en penetración en el Palau es el comienzo de un época. "Esos 20 segundos del final de liga con Estudiantes me marcaron. Nunca había ido convocado con el primer equipo. Venía de vacaciones, no me sabía las jugadas, estaba preocupado... Esa tensión desde el minuto uno de profesional me ha ayudado", confesaba en una entrevista con este periódico años después.
Ese verano también ganó el Europeo júnior, en Zaragoza, a las órdenes de Txus Vidorreta y con el 10 a la espalda (el eterno 13 lo llevó Antelo). "Un chico con mucho gancho", tituló su primer artículo en EL MUNDO un periodista que era a la vez admirador (como todos) de aquel insólito mago.
"El sueño de toda mi vida". La NBA fue la siguiente estación, a la que llegó con 20 años -dos años antes estuvo por primera vez en EEUU, en el Nike Hoop Summit de San Antonio-, campeón del mundo (esa semifinal contra Argentina...), número 27 del draft (por los Suns que tenían a Steve Nash y deciden traspasarle a Portland) y sin saber inglés. Y con el golpe de realidad de tantos, mucho banquillo y "pocas explicaciones" de Nate McMillan. Pero sin perder la esencia. "Podría estar triste si estuviese aquí perdiendo el tiempo, pero al contrario. Estoy mejorando técnica y físicamente y aprendiendo un idioma. Todo va muy bien para mí", confesaba en una entrevista a ABC en diciembre de 2006.
Sergio Rodríguez posa para EL MUNDO en Nueva York, en su etapa en los Knicks.EL MUNDO
Estuvo tres temporadas y media en Portland (coincidió con Rudy Fernández, con quien el destino le tenía preparada una despedida a la vez), unos meses en Sacramento (con Nocioni) y otro curso en los Knicks, vida en la Gran Manzana. El sueño se cumplió, con toda su realidad y toda su crudeza también. Se codeó con aquellos que admiraba (Iverson, Garnett...), danzó en ese mundo idealizado desde la infancia e incluso coleccionó momentos deportivos inolvidables. Pero se amontonaron las ganas de más. Tan valiente para partir como para regresar, sin pronunciar jamás una frase de arrepentimiento, y un fichaje por el Real Madrid de Messina.
Nada sencillo aquel ambiente, donde, él mismo lo reconoce, todo se magnificaba en negativo. Con Messina huido y Lele Molin a los mandos, los blancos se colaron muchos años después en una Final Four, la que iba a ser primera de muchas para el Chacho (aunque aquello fue un revés en el Sant Jordi, acabaría jugando seis finales y ganando tres Euroligas). Sin saberlo, aquel verano de tiroteos, de la llegada con pocas bienvenidas de Pablo Laso, era el comienzo de una era.
Rudy, Chacho y Llull, tras ganar la Euroliga de 2015.EL MUNDO
Con el estallido personal del Chacho en los playoffs de 2012, especialmente en las semifinales contra el Baskonia, cuando a su virtuosismo e imaginación se unió el acierto desde el triple. Esa primera etapa de lasismo fue su cénit, el MVP de la Euroliga, el título en 2015 en el Palacio... Hasta que la NBA volvió a cruzarse en su camino. Y los sueños de infancia, sueños son. Aunque el Chacho y Ana ya fueran padres de Carmela y aunque Claudio, su bulldog, no pudiera viajar con la familia a Filadelfia, donde eligió un apartamento en el centro de la ciudad.
Los Sixers se encontraron a un base diferente, maduro, inteligente, ambicioso. El Chacho asistió al debut de Joel Embiid, que le saludaba con una peineta en la visita de este periódico en febrero de 2017. Fue a menos en la rotación de Brett Brown y las ofertas para seguir un año más, demasiado inestables, no le convencieron.
Sergio Rodríguez, tras proclamarse campeón de la Euroliga en 2019 con el CSKA.Juan Carlos HidalgoEFE
Y cuando tocó volver a Europa, el Madrid ya había armado su equipo y el CSKA le puso sobre la mesa una oferta de esas que no se pueden rechazar. De USA a Rusia, la familia Rodríguez, una aventura vital que iba a coronar con su segunda Euroliga, en Vitoria 2019 (primer español en ganarla) con un club extranjero. De ahí a Milán, siempre cotizadísimo, el reencuentro con Messina, donde de él se enamoró cada aficionado del Armani e incluso el propio dueño Giorgio, que llegó a decir: "Me gusta todo de él. Amo a sus niñas. Su actitud dentro y fuera de la cancha es ejemplar. Y luego su sonrisa y su mirada profunda dicen mucho de él, son el espejo de su alma". Y un par de temporadas para cerrar el círculo en el Real Madrid, hasta otra Euroliga, la de Kaunas, protagonista principal el Chacho en la Final Four y en la feroz serie de cuartos contra el Partizán en la que se echó al equipo a la espalda, otro destello maravilloso.
Y, durante todo este tiempo, siempre su querida selección, de la que se retiró tras los Juegos de Tokio y se ausentó, por descanso, en el Mundial de 2019 que fue oro en Pekín. Más de 150 partidos y siete medallas con España, de Saitama a Saitama.
"Siempre soñé con retirarme estando bien físicamente y ganando mi último partido. Y ahora la vida me ha ofrecido este regalo", dice en su carta de despedida quien no ha querido homenajes jugando. Pues para él, el baloncesto siempre fue diversión, no nostalgia. El secreto lo guardó y las canastas ya echan de menos el chachismo, al eterno 13.