Sergio Rico por fin abandonará el Hospital Virgen del Rocío, donde ha permanecido ingresado durante más de 80 días. El portero sevillano del Paris Saint-Germain sufrió un accidente en la romería de El Rocío (Huelva) al ser golpeado por un caballo el día 28 de mayo. Aquel mismo día fue trasladado al centro hospitalario en estado grave.
A consecuencia del accidente, Sergio Rico sufrió graves lesiones que le llevaron a permanecer cinco semanas en la UCI del hospital y posteriormente pasó a planta con atención médica y cuidados de enfermería. Este viernes será dado de alta.
El portero, de 29 años y formado en la cantera del Sevilla, en cuyo primer equipo estuvo desde la temporada 2014-15 a la 2018-19, estaba el sábado 27 de mayo convocado por el equipo francés para el penúltimo partido de la liga gala, que jugaba en Estrasburgo, donde el PSG empató a uno y se proclamó campeón del torneo.
Tras ese partido se trasladó a la aldea de El Rocío, donde tuvo el accidente por el que fue evacuado el domingo 28 de mayo al hospital sevillano y donde ha permanecido desde entonces.
"La commedia è finita". El Giro dictó su sentencia definitiva, resumen de las parciales. A falta de la última etapa, un paseo, un desfile de honor, de Roma a Roma, la carrera coronó a Tadej Pogacar. Un jalón más en su camino tras la estela de Hinault y Merckx, sus modelos a imitar, sus referentes a perseguir.
Pogacar ganó su sexta etapa tras un trabajo de progresiva demolición de su equipo, el UAE, en una de las mayores demostraciones de potencia colectiva que cabe contemplar. Toda la etapa fue una intensa espera hasta el momento de afrontar la segunda ascensión al Monte Grappa, 18 kilómetros al 8% de media y picos del 15% y el 17%. Una subida tendida, que iba matando despacio, como un veneno paciente, ingerido a pequeñas dosis.
La escapada precoz del día corrió a cargo, bajo la lluvia, de Davide Ballerini y Lorenzo Germani. Se les unieron poco después nueve hombres, entre ellos Andrea Vendrame (el vencedor del viernes) Rubén Fernández y, en su enésima demostración de fuerza y ganas, Pelayo Sánchez. Hicieron camino hasta que, de pronto, abruptamente, se irguió ante ellos el Grappa. Para entonces ya lucía el sol.
En el grupo de delante y en el pelotón trasero, el coloso fue depurando la carrera, preparándola para el segundo y crucial asalto. Lo afrontaron en cabeza Pelayo, Jimmy Janssens y Giulio Pellizzari, que habían dejado a sus exhaustos compañeros de fatigas. La carrera empezó de nuevo cuando Janssens se rindió y Pelayo, que no se rinde nunca, no dio, sin embargo, más de sí. Pellizzari echó a volar, estableciendo una pugna entre él y el resto del mundo, representado por el UAE, que mantenía con la lengua fuera a los restos del pelotón.
Uno tras otro, los hombres de blanco se fueron inmolando al servicio del de rosa. Cuando Majka, el último escudero del rey, expiró, el ángel, el demonio esloveno desplegó, a 5,4 km. de la cumbre, sus alas, a la vez que las de Pellizzari, héroe de 20 años, empezaban a encoger.
Pogacar se lo tragó en cuatro pedaladas y lo abandonó a su suerte en tierra de nadie. Pero el chaval se agarró como una lapa al grupo de quienes peleaban por el podio, disputándose entre ellos los restos del manjar, mientras Pogacar cubría en imperial soledad los 30 km. que quedaban para la meta.
Este Giro ha sido el de un hombre aislado, acompañado solamente por su propia grandeza. Tras él, a un mundo de gestas y minutos, un bloque numeroso de corredores indefinidos. En cierto modo, calcinados por la luz del vencedor, no han existido.
El Barça se subió a su propia alfombra mágica y pasó por encima de un Madrid desastroso, sin ideas ni ritmo para contrarrestar el gran partido azulgrana. El desierto fue culé tras un primer tiempo exultante, con cuatro goles, y un tramo final en el que, con un futbolista más, los blancos, hundidos moralmente tras el descanso, fueron incapaces de acercarse en el marcador. La manita se suma al doloroso 0-4 de octubre y deja dos noches para el olvido madridista, con Ancelotti señalado y Flick vencedor. [Narración y estadísticas (2-5)]
La noticia estadística en la previa de la final de Yeda era que Ancelotti no había ganado el mismo título dos años seguidos en sus más de tres décadas como entrenador. Levantada la Supercopa de España en 2024, el técnico italiano mantuvo su racha y vio cómo el Barcelona le pasó por encima en el torneo saudí de 2025.
En la previa, Flick admitía que el 0-4 del Bernabéu era «el equipo que querían ser». Atrevido, físico y vertical. Parecía imposible repetir una actuación como la de Chamartín, pero sucedió en 45 minutos colosales. Los dos entrenadores repitieron las alineaciones de la semifinal. Dos plantillas estelares, con dos ataques superlativos y dos defensas que han sufrido durante algunos momentos de la temporada. «Los clásicos están siendo partidos locos. La clave estará en la defensa», avisaba Ancelotti en las horas previas. Y ahí estuvo.
superados y sin ayuda
Mbappé adelantó al Madrid en su primer disparo a puerta, apenas en el minuto 4, al aprovechar un contraataque después de un córner del Barça. El equipo azulgrana falló en la transición defensiva y permitió espacios a Vinicius y Mbappé, y el francés, con una bicicleta sobre Balde, terminó anotando cruzado ante Szczesny. La alegría inicial del Madrid fue un oasis en el desierto de Arabia Saudí. Una ilusión que duró 15 minutos, los que tardó el Barça en reaccionar y subirse a su propia alfombra mágica camino de la Supercopa.
El conjunto azulgrana, que había obligado a Courtois durante los primeros minutos, se asentó bien sobre el césped saudí. Ocupó espacios, se movió con y sin balón, creó superioridades en las zonas más débiles del Madrid (Lucas y Tchouaméni) y aprovechó el escaso trabajo defensivo de los blancos, con Valverde y Camavinga totalmente superados y sin ayuda.
En el 21, Lamine se plantó en el área en apenas tres toques. Una jugada que se repitió durante todo el partido. Koundé encontró a Lewandowski detrás de los mediocentros y el español buscó el espacio a la espalda de los centrales para que el polaco le encontrara. Simple y efectivo, Yamal amagó y batió con calma a Courtois.
La acción de Szczesny ante Mbappé que le valió la roja.AP
La lesión muscular de Iñigo provocó la entrada de Araujo, un extra para la defensa ante Vinicius y Mbappé. El Madrid no encontró fútbol, desaparecidas sus estrellas, Valverde y Camavinga no tuvieron ideas, a Bellingham lo opacaron Casadó y Gavi y el Barça, con más ritmo, voló en Yeda.
El 1-2, clave
Los de Ancelotti aguantaron la marcha culé durante 15 minutos, hasta que Camavinga cometió penalti sobreGavi en el 35 con un planchazo a la altura del muslo. Lewandowski batió a Courtois desde los once metros y el tanto hundió al Madrid, en caída libre hasta el descanso.
Raphinha, aprovechando de nuevo los errores posicionales de Lucas y Tchouaméni, marcó el tercero en el 39. Vio un hueco por delante del gallego y por detrás del francés y remató de cabeza un envío de Koundé. El Madrid estaba noqueado.
La solución de los blancos ante sus problemas fue el balón largo. Éxito en otras ocasiones y absolutamente ineficaz contra los de Flick, regalando una y otra vez las posesiones. En el tiempo añadido, Balde anotó el cuarto en una contra tras un calamitoso córner madridista. Rodrygo entregó mal atrás y el lateral arrancó hasta el área para definir ante Courtois.
Vinicius, cabizbajo durante la final en Yeda.AFP
El descanso parecía reiniciar ideas, pero fue un espejismo. Rodrygo mandó al palo una volea que podía meter otra vez al Madrid en el partido tras una buena jugada de Vinicius y a la contra, Raphinha encontró oro a la espalda de Tchouaméni, recortó al francés y batió a Courtois. Cinco goles en 50 minutos para destrozar las sensaciones del Madrid y elevar de nuevo al Barça, empujado en otoño con el 0-4 y exaltado en Arabia Saudí tras la manita.
La roja a Szczesny por una falta sobre Mbappé cuando ya le había regateado y el golazo de Rodrygo en la falta posterior pusieron el partido cuesta abajo hacia la portería de Iñaki Peña. Era el minuto 59 y el Madrid, experto en gestas, compraba billetes para una muy complicada, pero ni su cabeza ni su fútbol respondieron. No creó ocasiones y vio cómo el Barça, superior y contundente, levantó su 15ª Supercopa de España.
Un penalti que ni había intentado el Atlético aplacó la ira madridista. Gracias un sublime Oblak, impidió al Madrid de una victoria ante un equipo de Simeone cobarde, sin exponer ni jugar. Un regalo de Tchouaméni, como si hubiera sido una cholada, aplacó la tormenta blanca.
Simeone siempre trata de vivir un milagro final en los encuentros difíciles. No pudo esta vez hacer algo que le diera una victoria. Hace muchos años que Simeone nunca gana en el Bernabéu. El Atlético ha sido un equipo desafinado, esperando con paciencia para que el contrario cometa un error final y ganar como en Montjuïc, París y frente al Leverkussen. Esta vez, el Madrid le puso a Simeone en un ataque de nervios.
Hay que coger como un axioma del fútbol que Atleti está de los nervios. Creo que incluso se hace trampas al solitario. En ese estilo de pánico, poner una línea de casi nueve hombres, a la defensiva, me produce rubor.
Tan fantásticos Griezmann y Julián Álvarez, la Araña, se empequeñecieron como si estuvieran radicalmente apegados a un fútbol sin almas, sólo provocando a un mini defensa como Tchouaméni el error vital.
Faltó otro gol decisivo tras el de Mbappé. Quizá de Bellingham. El Real Madrid, en esta ocasión, mostró soberbia para ganar. Y el sistema de Ancelotti, sin hacer ningún tipo de presión ofensiva, desató que en 70 minutos, el Madrid sólo jugara al pie en ataque.
Y, francamente , en cada partido, Vinicius empaña con una venda a los sensacionales Rodrigo y Mbappé. Pero ,desde luego, Ancelotti no va a a tener arrestos para desplazar a Vini. Rodrigo en la izquierda y la disparatada imaginación de Mbappé, situarían a un Madrid elevado más allá de las nubes. Algo pasa conVinicius, que piensa más en los petrodólares y que no encuentra las vías de ataque de antes. Si es verdad que el Madrid le ha ofrecido una renovación al brasileño, que ha rechazado, es que piensa que es el mejor jugador. Hay una confrontación soterrada entre Vini y Mbappé. Tratan de disimularla con una concordia para la galería.
De momento , el Madrid sigue de líder y con suficiente vehemencia para empequeñecer a un miedoso Atlético, que es posible que aguante como segundo. Pero no tiene calidad para eso, salvó el hacedor de proezas llamado Simeone.
Ahora llega lo más difícil todavía en Manchester, donde Guardiola y el club árabe , no hacen más que triquiñuelas para fichar y gastarse 200 millones en un suspiro. Aunque lograr la conjunción de estrellas antes del divorcio parece excesivamente dudoso.