De Gabriele Procida apenas se conocían destellos, pinceladas de un chico que parecía llamado a mucho más. Y no sólo en el Real Madrid que le fichó este verano. Mucho antes, cuando se forjaba en la cantera de Cantú y Bolonia, parecía un proyecto destinado a la NBA. Por el italiano, al que tampoco se vio demasiado en el pasado Eurobasket, anda preguntando media ACB, rogando una cesión. Con tardes como la de este domingo en el Palacio ante el Casademont Zaragoza, parece obvio que su momento de blanco está por llegar. [99-78: Narración y estadísticas]
Con su rostro tímido y su físico privilegiado, no tardó en desplegar su abanico de talentos. Hasta poner en pie al Palacio, el animado de una tarde que no se complicó, de esas de entreguerras que tantas veces cuestan resolver. En sus dos entradas en pista, Procida fue el rey: triples, mates, defensa (a Santi Yusta) y canastas acrobáticas. 18 puntos en 23 minutos. Y una victoria para seguir en todo lo alto de la Liga Endesa.
El Casademont Zaragoza no está teniendo una temporada sencilla con un debutante en ACB, Jesús Ramírez, en el banquillo. Forjado en Alemania, navega con una plantilla extraña, con lesiones y demasiados cambios. Esta misma semana anunciaron la salida de dos de sus pívots (el turco Kabaca y el dominicano Joel Soriano), el paso por el quirófano de su base referente (Trae Bell-Haynes). También está lesionado Dubjlevic y otro de sus refuerzos, Stevenson, se marchó hace tiempo.
Mientras intenta escapar de los puestos de peligro, con todo eso lidia Ramírez (además de con la competición europea, en su caso la FIBA Europe Cup). Esta misma semana ha recibido dos nuevas piezas, el ex NBA Josh Richardson (casi 600 partidos entre Dallas, Miami, San Antonio…) y otro base, Isaiah Washington, que no fue de la partida aún en el Palacio.
Miguel González
Con tales remiendos, la visita a Madrid le liberaba de presión. Y en esos escenarios, los equipos se vuelven más peligrosos. Así fue de inicio, ante un Madrid con la vista puesta en su semana europea montado en el avión (el martes Atenas, el jueves Dubai…), con la baja de Maledon y Tavares y Lyles de descanso. Miguel González entendió que era buen momento para reivindicarse.
El alero asestó dos triples de inicio, mostrando a las claras las intenciones mañas. Resultó una primera mitad igualada, pues la energía del Madrid no era suficiente. Prueba de ello era el dominio visitante de la pintura, con el gigante Koumadje y el atildado Robinson. El Madrid se mantuvo con un segundo cuarto de mucho acierto, de cinco triples y de la irrupción de un tipo que pide más. Gabriele Procida también comprendió que esa debía ser su tarde.
El paso por vestuarios le trajo más clarividencia a un Madrid en el que apareció Hezonja. Len, en la tarde de los pasos adelante, también dominaba a base de tapones y mates. Pero faltaba consistencia y el Zaragoza seguía en partido después de dos contras finalizadas por el canterano Traoré que enfadaron a Scariolo. Tuvo que salir Llull a poner orden -y la máxima (65-53)- con dos triples.
Y después llegó el remate de Procida, protagonista absoluto. Y con merecimiento. Golpeó de nuevo la tarde con contras fugaces, una preciosa canasta a aro pasado y otro triple. Intentó un mate brutal sobre Traoré. Y, sobre todo, elevó la distancia con un Zaragoza que hacía tiempo al que la energía le había abandonado. Scariolo tiene un tesoro.






