No era un derbi libre de amarras, de esos donde la valentía de aplastar al rival da alas a los jugadores. En el Ciutat de València, a los 22 les lastraba el miedo. En zona de descenso, cualquier error tiene una penalización en la tabla y en el ánimo. Por eso Levante y Valencia se tantearon con más tensión que amenaza… hasta que en la segunda parte aparecieron dos futbolista descarados, a quienes no le pesan estos lastres. Ramazani y Sadiq quebraron la defensa del Levante y dieron con sus goles oxígeno al Valencia que se sigue agarrando a Primera mientras los granotas se hunden. [Narración y estadísticas: 0-2]
Arrancaron los dos equipos verticales, buscando a Ryan y a Dimitrievski sin lograrlo de otra forma que no fuera a trompicones y sin verdadero peligro. Los incesantes pitos e insultos a Pepelu, por cómo rompió su amor por el Levante para cruzar al estadio del otro lado del Turia, y la factura que la grada le tenía guardada a Hugo Duro por su chilena en Mestalla y su pique con Matías Moreno, fueron lo más destacable de una primera parte insulsa. Los valencianistas, chotos en este estadio, manejaban hasta los tres cuartos de campo, con una sala de máquinas alimentada por un engrandecido Pepelu y el incombustible Ugrinic, pero ahí se abría un abismo cuando había que encarar área. Por los costados, ni Rioja se soltaba de Manu Sánchez ni Ramazani ponía en problemas al jovencísimo debutante Nacho Pérez. Y así era imposible asustar. Cuando se cumplía el primer cuarto de hora, con el Valencia más estirado, se escapó Gayà por la orilla pero Lucas Beltrán no acertó a rematar su asistencia.
Hacia la otra portería lo intentaba también Tunde, porque a Iker Losada lo tenía bien vigilado Unai Núñez, de improvisado y excelso lateral derecho. La mejor ocasión granota fue un testarazo de Iván Romero a un balón que, con su zurda enguantada, le puso Carlos Álvarez en un saque de falta. El remate lo salvó Dimitrievski y el rechazo lo mandó a la grada de Orriols Matías Moreno. Tuvo el delantero sevillano otra clara oportunidad con una contra mano a mano con Gayà y el portero macedonio fuera de la portería, pero optó por una vaselina imprecisa.
Ya no se asomaron más en toda la primera parte, donde reinó el centrocampismo, sobre todo por la incapacidad del equipo de Corberán de encontrarse en ataque. Se sostenía sin sufrir y se estrellaba contra un muro a la hora de dañar.
En la segunda mitad, quiso el Levante crecer y pudo tener premio con un cabezazo de Dela a un falta servida por Carlos Álvarez. También armó la zurda Tunde en la frontal, pero su remate de perdió. Creía Pablo Martínez en el centro del campo y, con él, los granotas. Eso lo detectó Corberán y echó carbón a la caldera con Sadiq, Javi Guerra y Guido Rodríguez en el minuto 60. Cuatro minutos después, el Valencia hilvanó la mejor jugada del partido comandada por el nigeriano, que se la puso de tacón a Rioja para colocara un centro medido que Ramazani recibió para fusilar a Ryan. Primer tiro a puerta y ventaja en un derbi que ya nunca dejó de tener cara. Incluso pudo repetirse asistente y goleador un instante después, pero esta vez Rioja no estuvo preciso.
Luis Castro también inyectó energía a su once, con Etta Eyong, buscando juego más directo, pero todo se truncó cuando Guido cazó a Pablo Martínez en la frontal y el capitán levantinista se dañó la rodilla. Ese varapalo en el minuto 78 dejó frío al Levante, aunque Manu Sánchez desperdició solo ante Dimitrievski la ocasión más clara para el empate. De ahí nació un despeje a la carrera de Sadiq mano a mano con Matías Moreno que ganó el nigeriano para poner el segundo tanto en el marcador mientras todo el Ciutat reclamaba una falta que Ortiz Arias, ni el VAR, apreció.
Los jugadores del Levante, hundidos tras la derrota.EFE
No acabó la grada contenta con el árbitro, y aún se encendió más cuando mostró una amarilla a Arriaga y, al aplaudirle en la cara, le mandó al vestuario. Antes ya le había mostrado una roja directa a Vicente Iborra, ayudante de Luis Castro, por protestar dos disputas de Tárrega con Etta Eyong.
Con dos disparos a puerta, el Valencia se llevó el derbi y, por primera vez en la historia, venció al Levante dos veces en una misma temporada. Pero fue un duelo tenso hasta después del pitido final. El central suizo Cömert fue a celebrar la victoria al córner donde se concentraba la afición valencianista y cogió el banderín para ponerle la camiseta. Para impedirlo, se lanzaron empleados y jugadores granotas, hubo lanzamiento de decenas de botellas desde la grada y mientras el jugador se marchaba al túnel de vestuarios. Gesto feo del defensa que, desde el Levante se interpretó como una falta de respeto, y mala respuesta de una grada que se enfrentará a una multa.





