La selección femenina de fútbol iraní llegó este miércoles a Irán por la frontera terrestre que separa el país con Turquía, informó la agencia Fars.
La agencia asegura que tanto las jugadoras como los miembros del cuerpo técnico entraron por la frontera de Bazargán, situada en la provincia de Azerbayán Occidental, tras pasar casi una semana en Malasia procedentes de Australia, donde varias jugadores pidieron asilo después de la polémica por no cantar el himno nacional durante la Copa de Asia en ese país.
La noticia está acompañada de un vídeo que aparentemente muestra la llegada de la delegación a la parte iraní de la frontera. El Gobierno iraní ya había adelantado que el equipo de fútbol llegaría hoy al país.
Una veintena de miembros de la selección llegaron la semana pasada a Kuala Lumpur, donde permanecieron en un hotel de la capital malasia hasta que se desplazaron a Turquía.
La selección llegó a Australia antes del inicio de la guerra en Irán y, durante el partido inaugural frente a Corea del Sur el 2 de marzo, evitaron cantar el himno nacional iraní, lo que suscitó que desde una televisión del país persa se las tildase de “traidoras”.
Ante la polémica y los temores de posibles represalias en Irán, siete integrantes de la selección pidieron asilo humanitario en Australia, pero cinco se acabaron retractando con el paso de los días, y solo quedan dos en el país austral.
La selección cuenta con 26 jugadoras en lista, incluidas las dos que se han quedado en Australia. Se desconoce exactamente cuántas personas más, contando personal técnico y demás, habían viajado al país austral para la Copa de Asia.
Las mujeres sí entonaron el himno en el segundo y tercer partidos, antes de ser eliminadas por Filipinas el 8 de marzo. El presidente de EE. UU., Donald Trump, urgió al primer ministro de Australia, Anthony Albanese, a que les concediera asilo, lo que ofrecieron las autoridades australianas a toda la selección.
La clasificación de la selección iraní para la Copa de Asia femenina, la primera desde 2002, fue celebrada por activistas que defienden la igualdad de género, especialmente por la opresión que impone el régimen de Irán a las mujeres, como el uso obligatorio del velo en espacios públicos.
Esta imposición fue uno de los detonantes de las protestas registradas de finales del pasado año y comienzos del actual en Irán, que se saldaron con 3.117 muertes reconocidas por el régimen islámico, aunque la relatora de la ONU para Irán, Mai Sato, aseguró ayer que la cifra podría llegar a 17.000.








