“No había explicado esto nunca, la verdad. Solo lo sabían los míos”, reconoce Regino Hernández al finalizar su conversación con EL MUNDO. Su bronce por sorpresa en el snowboard cross de los Juegos Olímpicos de Pyeongchang 2018 fue una puerta a la historia, la primera medalla española en invierno desde 1992, pero lo que vino después no fueron precisamente homenajes. Apenas tres años después, con apenas 30 recién cumplidos, Hernández anunció su retirada, arrastrado por la falta de apoyos, la incomprensión y el hartazgo.
Ahora, mientras rehace su vida lejos de la nieve, es uno de los expertos en Eurosport & HBO Max en la retransmisión íntegra de los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina. De hecho, hoy (la final es a las 15.01 horas) comentará su prueba, el snowboard cross, con su excompañero Lucas Eguibar como uno de los candidatos a medalla.
- Desde que se retiró apenas se ha subido a una tabla de snow.
- Me tiré una buena temporada alejado de la nieve, eso es cierto. Ahora me estoy planteando volver; de hecho, este año he estado en la estación austríaca de Pitsdal con unos excompañeros. Me encantaría ser entrenador, estoy mirando para hacer los cursos. Pero acabé muy quemado en su momento.
- ¿Por qué?
- Nunca me sentí valorado. En Pyeongchang, cuando Lucas [Eguibar] se cayó en octavos de final, el seleccionador del momento dijo: “Ya podemos recoger las cosas e irnos; no vamos a hacer nada en estos Juegos”. Luego gané la medalla. Y fue todo así. No se me tenía en cuenta. Durante muchos años pedí que contrataran entrenadores y técnicos con experiencia; no me hicieron caso y, cuando lo hicieron, fue solo y exclusivamente para Lucas. Me sentí muy atacado, como si se estuvieran riendo de mí. Intenté contactar con la Federación Española de Deportes de Invierno; llamaba por teléfono, escribía mensajes de WhatsApp y nadie me contestaba. Me dio un ataque de ansiedad gordo antes de una competición. Y ahí decidí cortar por lo sano. Mi cuerpo me estaba avisando de que no podía seguir así.
- ¿Nadie intentó que regresara a la competición?
- Para mí la medalla fue la mayor felicidad de mi carrera. Fue un logro impresionante. Hacía 26 años que España no conseguía una medalla en los Juegos Olímpicos de invierno. Pero después todos pasaron de mí. Me sentí un cero a la izquierda, nadie contaba conmigo. Tenía la sensación de que no querían que yo estuviese en el equipo nacional. Estuve cerca de dos años trabajando con un psicólogo y fue complicado, muy complicado.
- ¿La medalla le sostuvo económicamente en esos momentos?
- Por la medalla recibí 30.000 euros de premios y, por la beca ADO, siendo medallista olímpico, recibía 45.000 euros anuales. Eso te da para vivir al principio, quizá incluso para plantearte la entrada de un piso, pero no te da para ahorrar, mucho menos para empezar un negocio.
- Entonces, ¿cómo lo hizo?
- Recuerdo perfectamente el día después de anunciar mi retirada. Me desperté, me fui al sofá y me quedé mirando la tele apagada. ¿Y ahora qué? ¿Qué hago ahora? ¿Qué va a ser de mí? Desde los 11 años me había dedicado a la nieve; a los 16 dejé los estudios porque me era imposible compatibilizarlos con el snowboard. Tengo un amigo que tiene una empresa de catering y eventos en Fuengirola y me puse a trabajar para él. De mozo de almacén, de transportista, de seguridad, de lo que necesitara. Por suerte, en los últimos tiempos se me han ido abriendo algunas puertas. Una es la de Eurosport, por la que estoy eternamente agradecido. No me da para vivir porque se transmiten pocas competiciones de snowboard, pero me ayuda mucho. También estoy estudiando.
- ¿Qué estudia?
- Lola Fernández Ochoa, la hermana de Blanca, hizo un proyecto sobre deportistas y salud mental, me invitaron a dar unas charlas y, a raíz de ello, LaLiga se puso en contacto conmigo. Me becaron para estudiar un MBA de gestión deportiva en LaLiga Business School y estoy intentando abrirme un hueco en ese campo. También el Comité Olímpico Español siempre me ha tenido en cuenta en sus proyectos.
- También le ayudó el balonmano.
- Totalmente. Mis padres fueron jugadores, mi hermana fue jugadora y yo de pequeño también jugaba. Cuando me retiré del snow tuve que volver a casa de mis padres, en Mijas, a vivir con ellos, y coincidió que mi club había montado un equipo de veteranos. Era de pachanga, pero para mí fue una vía de escape, una salvación. Mi vida había cambiado de forma muy drástica y el balonmano me devolvió la chispa.
- Se ha rebajado bastante su recordada barba. ¿Le reconoce la gente por la calle?
- Qué va. Y con la barba tampoco me reconocían. Siempre dicen que el esquí o el snow son deportes minoritarios en España, pero no es así. Las estaciones están petadas. Lo que pasa es que la gente lo considera un entretenimiento, no un deporte. Hay mucha gente que practica snow y no ha visto nunca una competición. Alguna vez alguien me ha parado y me ha dicho: “Oye, ¿tú eres Regino?”. Pero han sido casos súper puntuales.







