Rafa Nadal todavía no está listo. El mundo del tenis comienza su gira de tierra este domingo en Montecarlo, en el primer Masters 1000 de la temporada de arcilla, y el balear se ha apresurado a descartarse para el evento antes de que la afición se siga haciendo más ilusiones. El tenista español, de baja desde el pasado mes de enero, ha anunciado hoy que no está listo para jugar en Mónaco. “Simplemente mi cuerpo no me deja“, ha explicado en redes sociales.
“Hola a todos! Están siendo tiempos difíciles para mí deportivamente hablando. Desgraciadamente os comunico que no voy a jugar en Montecarlo. Simplemente mi cuerpo no me deja”, expresó, añadiendo que “aunque sigo trabajando y esforzándome al máximo cada día con la ilusión de poder competir en torneos que han sido muy importantes para mí, la realidad es que a día de hoy no puedo”. “No os imagináis lo difícil que es para mí no tener la oportunidad de poder jugar estos eventos una vez más”, ha admitido.
Observando al futuro, el de Manacor ha reconocido que “no me queda más que aceptar la situación e intentar mirar hacia el futuro inmediato manteniendo la ilusión y las ganas para intentar darme la oportunidad de que las cosas mejoren.
Nadal, que ya estuvo de baja durante muchos meses el año pasado por una operación en la cadera y en el psoas ilíaco, regresó a las pistas a finales de diciembre, cuando apareció en Brisbane. Primero en dobles, junto a su entrenador Marc López, y luego en el cuadro individual, donde alcanzó los cuartos de final y perdió ante Jordan Thompson. Fue ahí, en ese encuentro de más de tres horas, cuando sufrió un microdesgarro muscular.
No disputó el Open de Australia y tampoco el Masters de Miami ni de Indian Wells, hasta donde viajó aprovechando su exhibición contra Carlos Alcaraz en Las Vegas. “No me encuentro listo para jugar al más alto nivel”, dijo desde California.
Cuando Olga Carmona soltó un zurdazo en el minuto 29 de la final del Mundial que sorprendió a la portera inglesa Mary Earps, España volvía a hacer historia. Eran campeonas del mundo contra viento y marea, gracias al talento de sus jugadoras, que ya acumulaban tres Balones de Oro, y su capacidad de guardar bajo la alfombra los desprecios. Muy poco había cambiado desde que, un año antes, un grupo de ellas levantara la voz contra unas condiciones de trabajo inmerecidas. Algunas estaban en Sídney, en un ejercicio de resiliencia y olvido forzado; otras estaban en casa. Pero aquello que apartaron para jugar al fútbol lo sacudió un beso, una agresión sexual de Rubiales a Jenni Hermoso que escandalizó al mundo. «Se acabó». Una frase de Alexia Putellas que fue principio y final de todo.
En Sídney nació la España campeona que hoy volverá a pelear por un título que no tiene, la Eurocopa, de nuevo ante Inglaterra, dejando un reguero de elogios por su fútbol y su talento. Pero el legado supera al hecho histórico. «Sabéis todo lo que hemos pasado, todo lo que hemos luchado, siempre manteniendo el foco en el fútbol. Y eso es muy complicado. Esta Eurocopa ha sido muy tranquila, cosa que agradecemos, y creo que eso también ha ayudado a sacar nuestra mejor versión. Siempre es más difícil jugar cuando tienes cosas externas», reflexiona Aitana. Esa resiliencia, que por momentos no fue eso sino un amargo trágala, les hizo más fuertes. «Este equipo es mucho más maduro, tiene mucha más experiencia y sabe competir en los partidos», añade la jugadora.
Montse Tomé tiene claro por qué España merece ganar la Eurocopa, y va más allá del fútbol. «Somos un equipo, una selección, unas jugadoras, que llevan luchando, trabajando y esforzándose con mucha energía en muchos lugares. Y ahora hemos sido capaces de que la tuvieran en lo importante, que es el fútbol», sentenció la seleccionadora.
Una reconstrucción difícil
«Esto ha hecho tener un bagaje increíble de todas y que todos los que acompañamos a la selección podamos disfrutar de la profesión pura. Que pueda sentarme aquí y que todas las preguntas sean de fútbol es de las cosas más grandes que habla del cambio que estamos consiguiendo. Por todo el esfuerzo, el equipo se lo merece», añadió.
El camino de reconstrucción no ha sido fácil. El despido de Jorge Vilda y la inhabilitación de Luis Rubiales -en medio de un clamor político y social sin precedentes que terminó también en una condena judicial-, no cerraron las heridas. Con un presidente interino, Pedro Rocha, sin demasiada capacidad de maniobra y con desconfianza absoluta en Montse Tomé, segunda de Vilda, la selección echó a andar tras una larga noche de reproches y compromisos en el salón de un hotel de Oliva. Todo era tóxico menos el fútbol de España, que dos días después ganó a Suecia y goleó a Suiza en la Nations League.
La campeona se exhibió en la nueva competición, la ganó y, por primera vez, se plantó en unos Juegos Olímpicos. Tomé resistía la pregunta constante sobre las convocatorias de Jenni Hermoso, las que iba y las que no, y fue trabajando un equipo que necesitaba muchos cambios en el staff y algunos en el terreno de juego.
Aitana, Martin-Prieto y Esther, durante el último entrenamiento en Basilea.AFP
La RFEF, inmersa en una crisis de imagen, se vio abocada a un camino que imponía la igualdad, el respeto y la atención a sus jugadoras, a las que debía dotar de todos los medios posibles para seguir haciendo su trabajo. El modelo lo tenían en Inglaterra y, más cerca, en el Barcelona. Media docena de jugadoras pasaba de un club hiper profesionalizado, entre los mejores de Europa, a una selección precaria. El fichaje de Markel Zubizarreta empezó a poner en marcha un cambio que, ya sin él, aceleró la llegada a la presidencia de Rafael Louzán. Sólo había que acompañar.
A Montse Tomé, cuyo contrato acaba el 30 de agosto, le han permitido dotarse de un cuerpo técnico amplio y preparado, capaz de analizar rivales y transmitir a las jugadoras dónde están sus puntos débiles, como que Berger se adelanta. Luego Aitana, pura inteligencia en el campo, lo interpreta y lleva a España a una final. Porque en la élite, los detalles marcan diferencias.
a golpe de meritocracia
Tomé ha sabido manejarse con un grupo de jugadoras que desconfiaban de ella, pero a las que ha ido convenciendo. En tres años ha ido moldeando al equipo, primero con las convocatorias, renovando el grupo a golpe de meritocracia sin subvertir el orden natural del vestuario. Dejó en sus manos las capitanías, que volvieron a Irene Paredes y Alexia, y ha ido sumando al centro de mando a nuevas jugadoras que garantizan la cohesión. El bloque no ha cambiado demasiado, salvo la irrupción de jóvenes como Vicky López y Jana y el premio a veteranas como Martín-Prieto.
El legado en el campo es tan fuerte que puede servir para conquistar un título que completaría una triple corona inédita: España sería la primera vigente campeona del mundo que también gana la Euro, pero, además, suma una Nations que puede revalidar en noviembre. En el campo siempre quieren más. «Hemos hecho historia, pero somos ambiciosas, queremos ganar y competir al máximo», recuerda Alexia, brillante de nuevo en este campeonato.
Lejos del césped la huella es casi igual de profunda. Igualdad, respeto, audiencias millonarias... el fútbol femenino ha ganado visibilidad en el deporte y seguimiento. Aunque el impulso a la Liga F ha sido limitado, estas jugadoras son iconos nacionales y mundiales. Empezando por Alexia y Aitana, las dos balones de Oro, y siguiendo por aquellas que han dado el salto a otras competiciones, como Esther o Mariona, cuyas experiencias enriquecen la selección. Es el círculo virtuoso de un éxito que se labró en Sídney con un gol y muchas lágrimas.
Cuando Florentino Pérez llegó al Madrid, hace un cuarto de siglo, habló, textualmente, de «evangelizar» al mundo con el madridismo, como si el mandato que había recibido de los socios fuera una misión. Hubo quienes calificaron la declaración de irreverente, porque las metáforas en el contorno de la Iglesia siempre resultan sensibles, aunque la realidad es que los fines a los que se refería aquel Florentino tenían que ver más con el universalismo que con la religiosidad. La expansión del club es parte de su obra, una obra colosal, pero corre el riesgo de ser devorada por su propia ira, si no analiza con atención el resultado de su reelección, la misma ira que le ha llevado a despreciar a críticos y a candidatos, y a observar enemigos en todas partes. El madridismo, hoy, quiere debate.
El Madrid no es sólo el club más valioso según Forbes, como ha repetido el presidente durante la campaña. Es el club más amado del mundo, aunque en los últimos años haya sido gobernado como si se tratara del más odiado. Eso no hace más grande al Madrid. Al contrario, lo empequeñece, porque su hábitat es Atenas, no las Termópilas.
Los socios han decidido renovar la confianza en Florentino, porque su legado es mayor que sus errores y porque su dimensión trasciende la de un presidente, es mesiánica. Pero le han dejado una advertencia en las urnas, al conceder a su rival el 35% de los votos, en una votación casi de récord pese a las dificultades logísticas en la capital y la peregrinación a Valdebebas.
Florentino Pérez, entre seguidores tras votar.EFE
El que aparecía omnipresente y sin mácula, como un Santo Padre del madridismo, ya no escucha amén a todo lo que predica. Quizás sea el momento de que regrese a los Evangelios, como el Papa León XIV en su discurso en Madrid: «La realidad simplemente es la idea se elabora. Entre las dos se debe instaurar un diálogo constante, evitando que la idea termine separándose de la realidad. Es peligroso vivir en el reino de la sola palabra».
Confeso madridista, el Papa visita el día después el Bernabéu, donde será recibido por el reelegido Florentino en su nueva catedral. Pocas cosas hay de las que se sienta más orgulloso, junto a las siete Champions, porque los futbolistas van y vienen, pero los estadios, las grandes obras patrimoniales, quedan. No olviden que es y será siempre un constructor. Le ocurre lo mismo con la ciudad deportiva de Valdebebas.
La remodelación del Bernabéu es la responsable de que el Madrid viva un presente de tensión económica, como describió Paula María en las páginas de este periódico, que obliga a soluciones de riesgo para el futuro. Eso genera más estrés al presidente que el caso Negreira, los arbitrajes o la búsqueda de un entrenador, porque enjuicia su reputación de gran empresario. Todo lo demás es coyuntural.
La conversión del Madrid en algo que todavía desconocemos es el peligro que ha señalado Enrique Riquelme durante una campaña muy eficaz por parte del aspirante, en la que ha sorteado las presiones que siempre se tienen cuando se compite contra un prohombre de la economía, fuera por los avales, la composición de su junta directiva o las apariciones en televisión. De hecho, lo único que ha hecho Riquelme ha sido replicar al Florentino que sedujo a los socios con Figo, intercambiado por Haaland, y salpimentado con el madridismo de quienes tienen cuentas pendientes con Florentino, como Hierro y Raúl. La iniciativa fue suya en todo momento.
Riquelme atiende a los medios tras la votación.EFE
Riquelme sabía que la victoria era una utopía, pero el resultado le ofrece, a los 37 años, un camino para ganar el futuro. Para ello necesita convertirse en una oposición activa, ofrecer el debate que el Madrid no ha tenido, y eso implica tiempo y dedicación. Durante la campaña, dijo que si ganaba las elecciones dejaría la operativa diaria de Cox Energy, su empresa, para dedicarse a la gestión del Madrid. Ahora no tiene sentido, pero desaparecer del ecosistema madridista, tampoco. El proceso que viene, el de la reconversión, necesita masa crítica.
En 2030, cuando concluya este mandato, Riquelme tendrá 41 años. Florentino alcanzó la presidencia con 53. Al final del nuevo mandato, que coincidirá con el Mundial en España, Marruecos y Portugal, y una final a la que aspira el Bernabéu, tendrá 83.
Se trataría del final perfecto para su obra si se cumpliera el siguiente relato: una reconversión societaria consensuada que diera nuevos ingresos, una deuda estructurada en el largo plazo y un proyecto deportivo reconstruido. Florentino no ha hablado de final, pero es evidente que se encuentra ante la decisión de cómo quiere cerrar su ciclo, si con la obra por bandera, una obra que necesita de todos para reconducirse con acierto, o con la ira.
Para empezar, el porcentaje de votos de su victoria no le permitiría llevar con seguridad la propuesta de una reforma societaria a un referéndum, como es su intención. Para sacarla adelante, como cualquier cambio estatutario, son necesarios dos terceras partes de los votos.
Mourinho, en el banquillo del Benfica.MUNDO
La llegada de José Mourinho señala inicialmente el camino de la ira, pero eso no dependerá del portugués, un entrenador capacitado pese a los últimos años, sino de cómo interprete el Evangelio el Santo Padre.