Detrás de Carlos Alcaraz susurra toda una generación que asciende más lento que él, pero que quizá en unos años llegue al mismo sitio, las finales de los torneos grandes. Poco a poco, jugadores como Martín Landaluce o Dani Mérida asoman en el circuito ATP, aunque hay un nombre que suena más que el resto: Rafa Jódar. Clasificado para el Open de Australia, su primer Grand Slam, donde este martes se medirá al japonés Rei Sakamoto en primera ronda, Jódar ya tiene ese ruido en sus golpes, esa aura, esas expectativas a su alrededor.
A sus 19 años y ya entre los 150 mejores del mundo, se le supone en el camino de los elegidos, pese a que es una rareza. Jódar no ha seguido el camino que se suele seguir en España, Jódar no juega al tenis como se suele jugar en España y, de hecho, Jódar no habla de su futuro como se suele hablar en España.
- Póngase un objetivo para esta temporada. ¿Entrar en el Top 100?
- Nunca hago eso. Ni metas, ni objetivos, ni nada. Tengo que seguir mi camino y no ponerme ninguna presión. Llegué aquí, a Melbourne, sin expectativas y así sigo. Me estoy divirtiendo mucho y eso es lo importante. Si lo hago bien, pues muy bien. Pero para mí el tenis debe ser ocio: entro en la pista para pasármelo bien.
La universidad, primero
«El tenis es ocio», asegura, y así se entiende su progresión. Hasta hace un año y medio, Jódar iba para químico o biólogo y todo su empeño estaba puesto en ello. Hijo de padres profesores -él, de Educación Física; ella, de Primaria-, durante su adolescencia en Leganés no se planteó el tenis como una profesión y por eso renunció a entrar en alguna de las muchas academias privadas que le abrieron las puertas. ¿El Bachillerato? El científico, en el IES Rafael Frühbeck de Burgos de su ciudad, y presencial: todos los días a clase.
Aunque fuera campeón de España júnior, el tenis era un pasatiempo al que dedicaba muchas horas, pero un pasatiempo. La Universidad de Virginia, en Estados Unidos, le ofreció una beca para compaginar deporte y estudios y no dudó en aceptarla cuando, a finales de 2024, con solo 17 años, ganó el US Open júnior. Ahí empezó a temblar todo. ¿Y si el tenis realmente le cambiaba la vida? ¿Y si le daba para vivir? ¿Y si le hacía millonario?
Aun así, escogió los estudios. Pese a que el año pasado ya lo tenía todo para hacerse profesional y empezar a pelear en el circuito ATP, se marchó a la Universidad de Virginia para sacarse una carrera y jugar en la NCAA, la liga universitaria. El deporte podía esperar, pensó, pero el deporte vino a buscarle. En las semanas sin universidad aprovechaba para apuntarse a torneos Challenger, y así ganó uno, y otro, y luego otro. Al final del año, sin planearlo, estaba entre los 200 mejores del mundo y por ello fue invitado a las Next Gen Finals, donde ganó en la fase previa a Learner Tien, el número 27 del mundo. Aquello le obligó a reflexionar.
Su salto a la ATP
«Estuve hablando con mis padres y con mis entrenadores en Virginia y al final tomamos la decisión de que este 2026 volviera a entrenar aquí, en Madrid —en el Club de Tenis Chamartín, su club—, y seguir el circuito profesional. Para mí los estudios son muy importantes: siempre voy con mi portátil repasando, y solo los aplazaré un tiempo», comenta quien también aporta un juego distinto al habitual en el tenis español. Con sus 1,91 metros, su tenis directo recuerda más a Jannik Sinner que a Rafa Nadal, su ídolo de infancia, por eso sobresale en superficies duras.
- Su tenis es realmente agresivo.
- Sí, soy un jugador agresivo. Me gusta mucho dominar con mi derecha y mi saque me ayuda. A este nivel, igualmente, necesitas un juego muy completo, mejorar todos los golpes para poder competir.
Y competir, en su caso, es volar. Su estreno como profesional esta temporada está siendo impecable. En lo que va de año ya ha sumado una final en el Challenger de Canberra, con victorias ante tenistas como el chileno Nicolás Jarry, y un excelente clasificatorio para el Open de Australia.
Ahora, si vence en primera ronda al japonés Sakamoto, un coetáneo al que ya derrotó en el US Open júnior de 2024, podría vérselas en segunda ronda con todo un Top 20 como Jakub Mensik o con su compatriota Pablo Carreño. Luego, cuando se despida del Grand Slam, seguirá en los Challenger. Poco a poco, sin metas ni objetivos. Pero su idea también era estudiar Ciencias, y aquí está, bajo los focos de Melbourne Park.










