En la rica y variada carta ciclista, todos los platos, desde la ‘haute cuisine’ hasta el menú del día, cuentan a la hora de forjar una trayectoria y reunir un historial. Pero las auténticas jerarquías profesionales, las que conducen a la leyenda, las establecen las tres carreras de tres semanas (Tour, Giro, Vuelta) y, pongamos que 10, las grandes clásicas.
En qué número y de qué modo se ganan unas y otras establecen un escalafón que, por ese orden
Hazte Premium desde 1€ el primer mes
Aprovecha esta oferta por tiempo limitado y accede a todo el contenido web
EL RUEDO IBÉRICOOpinión
CARLOS TORO
Actualizado Domingo,
7
mayo
2023
-
20:35Ter Stegen, portero del Barcelona durante un partido.EFEDías felices para Florentino...
En su continuo camino sin obstáculos, ni fronteras, Armand Duplantis volvió a batir su récord del mundo de salto con pértiga. A las primeras de cambio de una temporada presidida por los todavía lejanos Juegos Olímpicos, en la cita inaugural de la Liga de Diamante, en Xiamen (China), como quien no quiere la cosa, como siguiendo una rutina y obedeciendo a un deber autoimpuesto sea el día que sea, se elevó hasta los 6,24. Un centímetro más de su plusmarca anterior.
Todo empezó, con 6,17, en 2020. Hasta hoy, centímetro a centímetro, como es lógico. No va a ser de cinco en cinco. Y, una vez batido el récord, un objetivo supremo en sí mismo, el atleta se detiene y se reserva para la próxima ocasión.
Mondo no necesitó más que cuatro brincos para irse tan arriba, para encaramarse a un nuevo (y siempre provisional) cielo. Sobrepasó a la primera los 5,62. Un divertimento. Hizo lo propio con los 5,82. Un calentamiento. Y con los seis metros. Un convencimiento. Y luego con los 6,24. Un monumento.
Ahora mismo, dentro de su seguridad, se trata de un atleta a la búsqueda a tientas de sus propios límites. Para el aficionado, para el periodista, para el atletismo en su conjunto, irlos descubriendo juntos salto a salto, verso a verso, resulta un fascinante ejercicio exploratorio que compensa de sobra la ausencia de incertidumbre en la que se basa la competición deportiva. Continuará. Siempre continuará...
Quizás fue la presión de saberse el mejor y tener que demostrarlo en el instante cumbre. Quizás fue la responsabilidad de estar seguro de que millones de ojos estaban puestos en él en la convicción de que les proporcionaría un espectáculo inolvidable. Quizás... Pero IIia Malinin no ganó. Ni el oro, ni la plata, ni el bronce. Acabó en octava posición con una puntuación total de 264.49. Una conmoción en los Juegos. Una afrenta a los dioses del patinaje artístico. Ilia patinó peor que nunca cuando tenía que haberlo hecho mejor que siempre. O, al menos, como siempre. Le hubiera bastado.
El kazajo Mikhail Shaidorov no se lo creía. Era oro con 291.58 puntos. El japonés Yuma Kagiyama (280.06) tampoco. Era el máximo rival de Malinin. Y le había vencido. Era plata, sí, por delante de su compatriota Shun Sato, pero detrás de Shaidorov. Otra plata le hubiera satisfecho, pero no esa. Malinin se cayó dos veces, en un cuádruple lutz y en un cuádruple axel. Él, precisamente él, apodado El Dios de los Cuádruples. Nervioso, descentrado, aplastado por eso, por la presión, por la responsabilidad, es desde ahora mismo la gran decepción de los Juegos. Pero esto es deporte, y los deportistas, aunque se les otorguen alias divinos, son humanos. Muy humanos. Rabiosamente humanos.
Si el recinto hubiera sido el cuádruple (otro cuádruple) de grande, se habría llenado. Ilia Malinin concitaba desde el principio de estos Juegos la máxima expectación. Sólo las grandes estrellas del esquí (Lyndsey Vonn, Mikaela Shiffrin, Marco Odermatt) se le equiparaban. O, mejor, sólo él podía equipararse a las máximas estrellas del esquí. No Justificó la expectación con la actuación que se le presuponía en cuatro minutos de intensidad extrema y liviandad suprema. De dominio. De belleza. De alguien técnicamente impecable y artísticamente inspirado. Nada de eso ocurrió. Malinin, debutante en unos Juegos, sabe ahora lo que éstos implican de riesgo después de conocer lo que suponen de ilusión.
Ovación desordenada
Los patinadores salen por grupos. Cuatro grupos de seis participantes que aparecen en escena en sentido inverso a la clasificación en el programa corto. El grupo cuarto, "el de la muerte", que se asoma al fracaso. El de "la vida", que se inclina hacia el triunfo. Así que cuando Malinin, el último de los últimos, o sea, el primero de los primeros, saltó al hielo, ya en el calentamiento con sus compañeros de tanda, el público soltó su propia tensión con una especie de ovación desordenada, entre estruendosa y en sordina. Fue como si anticipara la definitiva y, a la vez, la reservara para el momento decisivo. La ovación final a un Ilia decepcionado hasta la mueca y abatido hasta las lágrimas, fue de comprensión, de conmiseración, de simpatía, de apoyo, de cualquier cosa que pueda ayudarle a superar este bache, este drama en el que se ha convertido su actuación en Cortina.
Malinin no hereda el trono de su compatriota Nathan Chen, el campeón en Pekín2022. También por equipos. Ver a un Chen ganar en China parece coherente. Y, aunque Nathan es un estadounidense de Salt Lake City, con un nombre perfectamente estadounidense en Utah o en cualquier otro estado, el apellido lo delata. En efecto, Chen es hijo de inmigrantes chinos. IIia, con otro apellido delator, lo es de uzbekos. He aquí que el moderno y triunfal patinaje artístico americano es de sangre asiática.
Malinin, abatido, a la espera de la decisión de los jueces.AFP
Chen tiene 26 años y no está oficialmente retirado, pero ha priorizado sus estudios de Medicina y anunció hace tiempo que no estaría en Cortina. Era, por muchas razones, el antecesor de Malinin. Le ha precedido en el récord mundial de puntos y en su reinado en los cuádruples. Estuvo imbatido desde 2018 a 2021. Malinin lo está desde 2023. Ahora ya no. Chen fue en 2017 el primer patinador en realizar cinco cuádruples diferentes (lutz, flip, loop, salchow y teeloop). Y, en 2022, el primero en realizar seis en el mismo programa. Se le apodó Quad King. El rey de los cuádruples. Pero Malinin ha realizado siete. Por eso se aupó en la jerarquía y se le conoce por Quad God. El dios de los cuádruples. Los reyes reinan en la tierra. Los dioses, en el cielo.
Malinin ha bajado a la tierra, al hielo, que iba a ser como una alfombra ardiente de triunfo y está más frío que nunca.