Esta vez fue una rotura en el cuádriceps izquierdo. Antes fueron dolencias en el abdomen, en el cuádriceps derecho y, entre otras muchas cosas, la maldita fractura en la vértebra L4, que ya se ha vuelto crónica. A sus 27 años, en plena madurez tenística, Paula Badosa sigue luchando contra su propio cuerpo. A veces este le da un respiro, como a principios de este año, cuando alcanzó las semifinales del Open de Australia. Pero, la mayoría de las veces, la atormenta. Este martes, tras varias semanas de suplicio, tras retirarse del WTA 1000 de China, la española anunció que no volverá a jugar hasta 2026 para intentar recuperarse de todos sus dolores.
«No importa cuántos obstáculos se crucen en mi camino, les prometo esto: seguiré luchando, seguiré empujando y seguiré encontrando la manera de volver», sentenció en un comunicado en sus redes sociales la actual número 18 del ranking WTA.
Su carrera, una vez más, pende de un hilo. Hace dos años, la espalda ya la dejó en el dique seco durante varios meses, la hizo caer más allá del Top 100 mundial y la obligó a replantearse su futuro. Entre infiltraciones, ella misma se dio un ultimátum: o funcionaban o lo dejaba. Y funcionaron. Pero ahora vuelve a estar en las mismas. Su posición depende de poder estar en el primer Grand Slam del año: si no defiende los puntos obtenidos en Melbourne, saldrá de los puestos de honor del circuito y se verá de nuevo en rondas previas y torneos clasificatorios.
«No podría hacer esto sin las personas que siguen creyendo en mí. Su apoyo me sostiene cuando todo se vuelve pesado y su fe me da valor cuando aparece la duda. No hay un sentimiento más grande que entrar en una cancha de tenis y verlos allí, respaldándome. Esa energía, ese amor… Es algo por lo que nunca podré agradecer lo suficiente», proclamó la jugadora que llegó a ser número dos del mundo en 2022.
La española cierra su temporada con sólo 31 partidos jugados: 18 victorias y 13 derrotas. Después de un inicio espléndido, su retirada por lesión en el Mérida Open fue el preludio de una concatenación de desdichas: también se retiró del WTA 1000 de Miami y en Berlín, cayó en primera ronda de Wimbledon y no pudo disputar la gira estadounidense, incluido el US Open. Tras su regreso con España en las finales de la Billie Jean King Cup, Badosa llegaba con ilusión a la gira asiática del tramo final de temporada pero en Pekín volvió a perder contra su propio cuerpo.
En la menuda pista 9 de Roland Garros todo se oye y por eso cuando Paula Badosa replica a su equipo el público se entera. «Millor no em diguis res!», reclama, es decir, «¡Mejor no me digas nada!». Su entrenador, Pol Toledo, le había pedido que arriesgara con el revés, ella había arriesgado con el revés y la pelota casi acaba fuera del recinto. El error no impediría la victoria de la española este jueves ante la kazaja Yuliya Putintseva por 4-6, 6-1 y 7-5 y su pase a tercera ronda, pero sí confirma una certeza: el tenis tiene una revolución pendiente.
Pese a que los técnicos pueden dar instrucciones desde las gradas a las mujeres desde 2020 -antes podían hacerlo bajando a la pista- y a los hombres desde 2022, la comunicación es mínima en casi todos los casos. En la Philippe Chatrier, Nenad Zimonjic, nuevo entrenador de Novak Djokovic, le lanzaba una indicación y él miraba a su palco, ponía la oreja, cerraba un poco los ojos y se concentraba para entender algo que seguramente no entendía. Tampoco importó mucho. Al final ganó por 6-4, 6-1 y 6-2 a Roberto Carballés, pero quizá la propuesta de Zimonjic le habría ahorrado algún esfuerzo.
«Es un poco decepcionante para los que amamos este deporte y lo consideramos muy táctico. Imagínate poder dar indicaciones a un ajedrecista durante una partida. La permisión del 'coaching' durante los partidos no se está aprovechando en absoluto. Actualmente sólo se dicen cosas genéricas, palabras de ánimo, pero podría servir para mejorar aspectos específicos. Podría cambiar el juego totalmente. Estoy seguro que llegará», apunta en conversación con EL MUNDO el analista Craig O'Shannessy, impulsor del cambio que vendrá.
Como experto en táctica, trabajó con Djokovic entre 2017 y 2019 y en los últimos años ha impulsado una empresa de análisis que colabora con varios torneos y federaciones. Hay alguna compañía más, como la que dirige el ex tenista argentino Franco Davin, pero su papel todavía es secundario. Todos los entrenadores les reclaman las estadísticas en directo, la mayoría las observan durante el partido, pero raro, muy raro, es quien las utiliza para aconsejar a su pupilo. «Formamos la primera generación de analistas y, de momento, nuestro trabajo se utiliza para explicar qué ha pasado, a posteriori, no para cambiar lo que está pasando. Para mi el futuro es que haya un analista en cada palco y que éste directamente dé instrucciones al jugador», expone O'Shannessy, muy optimista con el porvenir de su oficio.
Las reticencias del circuito
Porque el tenis, un deporte atado a las tradiciones como pocos, todavía reniega de la importancia del 'coaching'. En primer lugar porque estuvo prohibido durante décadas y quien se saltaba la norma estaba muy mal visto, sobre todo en los países anglosajones. Y en segundo lugar porque es muy difícil que funcione. Son dos o tres segundos de intercambio, normalmente entre los ánimos del público, y el jugador no siempre está receptivo.
«Una indicación puede ayudar a ganar un partido, pero esa comunicación tiene que estar trabajada. Más que palabras, deben ser gestos. Por ejemplo, tocarte el hombro izquierdo si quieres que saque por la izquierda, indicarle con las manos que juegue más largo o que haga más dejadas. Hay jugadores que no hacen ni caso y entrenadores que no saben controlar sus emociones y ponen más nervioso a su pupilo», señala Javi Fernández, responsable de la Tennis Group Academy de Marbella y actual técnico de Mario González, jugador de la quinta de Carlos Alcaraz que intenta hacerse un hueco en el circuito.
"Lo más aconsejable es que animen"
«Hay muy poco tiempo y el jugador está concentrado, por eso el coaching durante el partido es complicado. Lo más aconsejable es que los entrenadores animen, que transmitan su apoyo al jugador, pero que no den muchas instrucciones. Si no, puede llegar lo que llamamos parálisis por análisis. Si en tres segundos indicas al tenista que juegue más profundo, que ataque más al revés y que salte más en el saque, lo normal es que luego cometa una doble falta. Como mucho una indicación y si puede ser comunicación no verbal, mejor», añade Miguel Crespo, doctor en psicología y entrenador de entrenadores como responsable del Departamento de Educación de la Federación Internacional de Tenis (ITF), que pese a todo cree que «el tenis evolucionará en ese sentido», más si vuelven a cambiar las reglas.
Stefanos Tsitsipas, este miércoles, en Roland Garros.CHRISTOPHE PETIT TESSONEFE
Ahora los entrenadores pueden hablar, pero sólo cuando el tenista está en su lado y no en todos los torneos. Los Grand Slam acceden, pero algún Masters 1000 todavía se resiste. «Shut up!», es decir, «¡Cállate!», le exigía Stefanos Tsitsipas a su padre, Apostolos, este miércoles en pleno partido ante el alemán Daniel Altmaier, que también terminaría ganando. Realmente el tenis tiene una revolución pendiente.
Un MVP de la Super Bowl; otros exjugadores de la NFL; el bajista de Earth, Wind & Fire; el saxofonista de Michael Jackson; y así muchísimos inversores entre los que también había una directiva del banco Wells Fargo o el director de una compañía de ciberseguridad. Hace poco más de un año, un grupo estadounidense llamado Elite Sports Equity compró los Barcelona Dragons de fútbol americano y parecía el despegue. El equipo que en los años 90 llenó el Estadio Olímpico de Montjuïc resucitó en 2021 para participar en la nueva European League of Football (ELF) y llevaba desde entonces esperando la entrada de capital extranjero. Era el momento.
Con el dinero yankee, llegarían jugadores con pasado en NFL, la victorias y un nuevo boom: ¿Volverían a reunirse decenas de miles de personas para ver fútbol americano en España? Parecía posible. Pero era un espejismo. Ahora el equipo ya no existe; desapareció hace unos días.
«Fue un desastre. El año pasado nos reunieron a mitad de temporada y nos dijeron que los inversores habían decidido no poner más dinero por un desacuerdo con la ELF. Nos avisaron que habría impagos, pero pidieron que jugáramos hasta final de año para salvar al club. Muchos se fueron, incluidos los entrenadores y los que nos quedamos hicimos lo que pudimos. En el primer partido, los Munich Ravens nos iban metiendo 54-0 al descanso y decidimos retirarnos. Luego recibimos palizas que daban vergüenza. Los Ravens, por ejemplo, a la vuelta, nos ganaron por 90-0. Y no sirvió de nada», recuerda Jorge Hernández, linebacker de los Dragons hasta diciembre. «Pensaba que el nombre de Dragons pesaría más, pero no fue así», denuncia.
ELF
De Angoy a la resurrección
Los primeros Dragons se crearon en 1991 para jugar en la World League of American Football, un proyecto de la NFL que buscaba extender su deporte. Su primer partido, en casa, ante los New Jersey Knights, fue un éxito de público y luego con Jesús Angoy, ex portero y yerno de Johann Cruyff, como kicker e imagen del equipo, se alcanzó el cielo. En la final de la World Bowl de 1997, con victoria ante los Rhein Fire, el Estadio Olímpico de Montjuïc registró un lleno. Luego vino la decadencia.
Hasta su desaparición en 2003, los Dragons fueron perdiendo aficionados, jugadores, sponsors y después hubo años y años sin fútbol americano profesional en España. Pero en 2021, al calor de una nueva competición, la European League of Football (ELF), también con influencia de la NFL, un empresario italiano, Bart Iaccarino, decidió recuperar los Dragons. Primero jugaron en Reus, después en Terrassa y finalmente en Badalona. Cuando llegó el dinero del grupo inversor Elite Sports Equity estaba todo preparado para el éxito.
«El fútbol americano en Europa es muy potente en Alemania, pero en 2022 habíamos conseguido llegar a semifinales de la ELF y optar al título. Los entrenadores eran muy buenos y habíamos fichado a buenos americanos. Nosotros, los españoles, que éramos mayoría, cobrábamos entre 300 y 1.000 euros. Antes de la llegada de los inversores, con Iaccarino, ya había retrasos, pero pensábamos que se resolverían. Cada semana anunciaban en Instagram a un inversor nuevo, pero al final nada», explica ÁlexPosito, también linebacker, que como Hernández ahora se ha ido a jugar a los Madrid Bravos.
La última fiesta en un parking
El año pasado, en plena crisis de los Dragons, nació el equipo en el Estadio Vallehermoso y ahora resulta la salvación para los jugadores nacionales. Gracias a los Bravos, el fútbol americano mantiene un conjunto profesional en España y se supone uno de los favoritos para la próxima ELF que empieza el 17 de mayo.
EFL
«En España hay mucha afición por la NFL, se dice que somos unos de los 10 países del mundo con más seguidores de la liga, pero eso no se traduce en equipos locales. Falta esa transición», analiza Isaac Gómez, aficionado de los Dragons que formaba en uno de los dos grupos de animación que tuvo el equipo en esta nueva época, los Supporters Dragon Wall.
«Muchos teníamos devoción por los Dragons antiguos y creamos el grupo para animar a los nuevos. Fue una decepción. Teníamos mucha ilusión, pero acabó siendo un desastre. El grupo inversor que venía con un MVP de la Super Bowl no hizo nada. En las previas de los partidos hay la tradición de que cada equipo monte una fiesta y en la última acabamos en una esquina del parking con una canasta atada a una valla. Fue muy triste», finaliza.