El Barça se deshizo del Panathinaikos en la sexta jornada de la Euroliga celebrada en el Palau Blaugrana, una buena manera de reanimar juego y espíritu después de dos derrotas y pese a las ausencias de Rokas Jokubaitis y Nico Laprovittola. [Narración y estadísticas (80-72)]
El equipo azulgrana no acusó estas bajas, ni sus recientes tropiezos ante Valencia y Real Madrid, en Liga Endesa y Euroliga. Las claves ante el reforzado conjunto heleno fueron su intensidad y buen ritmo, con el único borrón de un último cuarto en el que perdió gran parte de su ventaja.
A diferencia de otras noches, el protagonismo lo asumieron Oriol Paulí, esencial en la escapada durante el segundo cuarto, y Jabari Parker, máximo anotador de los locales, con 17 puntos. Un buen punto de partida para el ala-pívot, que no había convencido durante los dos primeros meses de competición. Por su parte, el Panathinaikos, guiado por los 10 puntos en el primer cuarto de Jerian Grant, se diluyó demasiado pronto en el Palau.
Un duro regreso a la Ciudad Condal para Ergin Ataman, que volvió a recibir los abucheos de la hinchada culé, que sigue sin encontrar el nivel óptimo de sus fichajes. Juancho Hernangómez, con sólo un lanzamiento a canasta en 18 minutos, estuvo especialmente gris. Con las bajas de los lesionados Kostas Sloukas, Ioannis Papapetrou y Lucas Vildoza, más la obligada ausencia Kendrick Nunn, recién fichado de los Miami Heat, el Panathinaikos nunca tuvo opciones.
28 puntos de ventaja
Su paupérrima entidad defensiva visitante y su nula química en lo colectivo fue aprovechada por los hombres de Roger Grimau, que ya se marcharon al descanso con 12 puntos arriba (45-33). Tras la pausa, Nikola Kalinic aprovechó las facilidades para hacer volar a un Barça que ni siquiera precisó de la mejor versión de Willy Hernangómez.
Los azulgrana se relajaron a partir del minuto 32, cuando habían estirado su ventaja a los 28 puntos (75-47). Una sucesión de decisiones equivocadas, permitió al adversario maquillar el resultado con un 9-25, ya con todos los suplentes sobre el parqué. Además del triunfo, el Palau pudo festejar el debut de Dame Sarr, un escolta italiano de 17 años, fichado en noviembre de 2022 procedente del Orange Bassano.
Hace ya un par de semanas que el Real Madrid apretó el botón de su modo competitivo, lo que siempre le hizo temible. Desde la final perdida de Copa es otro equipo, en resultados (una derrota en 12 partidos) pero sobre todo en actitud. Vio las orejas al lobo y reaccionó. Ante el París Basketball, en un duelo precioso, mostró su mejor versión, coral, agresivo, solidario, fogoso, irreductible. La quinta victoria consecutiva en Europa, el mejor momento del curso, para incluso soñar con una última jornada de carambolas en la que acabar quinto ganando en Belgrado al Partizán. Eliminado ya no va a quedar. [105-104: Narración y estadísticas]
Porque el play-in, objetivo de mínimos, ya está matemáticamente asegurado. Lo que hace tanto no estaba tan claro. Como que Andrés Feliz fuera un base de nivel Euroliga. En el Palacio, entre tanto protagonista de un partido de 209 puntos, el dominicano se mostró a toda Europa. Hezonja anotó 26 puntos, Musa 20, Tavares 15 y nueve rebotes (cinco ofensivos), pero el elemento clave fue él. Nada menos que ante TJ Shorts, ese demonio que a punto estuvo de ponerlo todo (otra vez) patas arriba.
Porque el duelo fue una feria, una verbena en una noche de verano. Llovía fuera y dentro había que frotarse los ojos ante tanto vértigo. El Madrid se vio por momentos desbordado y al poco respondió, prueba de carácter, de que ya no es tan sencillo hacerles temblar. No se descompuso, encontró sus virtudes, Tavares reinó en la pintura en el momento clave y Shorts, que había sido una pesadilla, desapareció, desquiciado ante Campazzo y Feliz, para un triunfo tan trabajado como celebrado.
Que un novato venga con esas ínfulas es una bendición. El París Basketball, con su grupo de jugadores semi desconocidos, con un rookie como Tiago Splitter en el banquillo, ha sido una de las grandes noticias de la presente Euroliga que llegó a liderar. Todo ese baloncesto alegre, ese desenfreno, esa apuesta por el rock and roll, no la iba a dejar de lado ahora que se está jugando el billete para cuartos. Al Palacio, liderado por su pequeño capitán TJ Shorts, acudió a morir o matar con las botas puestas.
Hezonja y TJ Shorts luchan por un balón, en el Palacio.Juanjo MartínEFE
Y el frenesí no se hizo esperar. En un abrir y cerrar de ojos los franceses ya habían asestado seis triples (se fueron con nueve al descanso, llegaron a lucir un 15 de 23). Desde temprano ya un bonito intercambio de golpes, pues el Madrid no se arredró: estaba prevenido.
Chus Mateo metió bien pronto a Hezonja en una batalla que le venía perfecta al croata. También intentó contener al París con esa zona defensiva a la que cada vez recurre más. Pero no funcionó demasiado, porque Ibaka no dominaba el centro (Ward hizo mucho daño), aunque lucía en la ofensiva. Después de un par de broncas y algunos partidos sin ni siquiera ir convocado, el africano, aprovechando la baja de Bruno Fernando, está mostrando su mejor versión, como si hubiera retrocedido unos años su reloj vital. La ovación del Palacio así se lo reconoció.
Con los Brates brillando en anotación, el Madrid se rehízo antes del descanso, una primera parte de fuegos artificiales que Jantunen igualó sobre la bocina. Antes había ya puesto su sello TJ Shorts, curiosamente dejando a cero a quien idolatra. Campazzo guardaba su momento para más adelante.
TJ Shorts, durante el partido contra el Madrid.THOMAS COEXAFP
El pequeño base californiano estaba ya encendido (aunque acabó desquiciado y eliminado por faltas, firmó 24 puntos y 10 asistencias). Volvió de vestuarios imparable, anotando y asistiendo, poniendo en órbita a un París que machacaba desde el perímetro a un Madrid que empezaba a dar signos de flaqueza. Porque cada error era un castigo, sin respiro. El quinto triple de carrerilla encendió las alarmas con la máxima (65-75).
No había mucho margen para la reacción. Era ya o ya y ahí apareció Andrés Feliz, un tipo al que en la previa su entrenador había calificado como "imprescindible". Sin rastro de las dudas (lógicas) con las que arrancó su etapa en el Madrid, el dominicano contrastó con la noche gris de Campazzo y se alió con Musa y Hezonja para espabilar a su equipo.
El comienzo del acto final fue un 10-0. Al poco Campazzo anotó su primera canasta y los triples al París ya no le entraban con tanta facilidad, pero faltaba mucha tela por cortar. Porque Hifi (23 puntos), otro jugadorazo a apuntar en todas las libretas de los grandes de Europa, no estaba dispuesto a tirar la toalla. Un triple de Campazzo y dos acciones geniales de Feliz, en ataque y defensa, dispararon a un Madrid que puso su máxima a falta de tres minutos (96-86). Aunque iba a tener que ganar dos veces, porque el París, irredento, contestó con un 2-10 que llevó el duelo, maravilloso, hasta la disputa del último segundo.
El jueves, en Belgrado, ante un Partizán que perdió en Kaunas y ya no tiene opciones, se decidirá todo para los blancos tras una temporada de vaivenes. Si gana en Belgrado, asegura el playoff salvo que el Efes gane sus dos partidos (este viernes en la cancha del Estrella Roja) y el Barça a la Virtus. Porque el triple empate no les beneficia.
Tiene buen gusto baloncestístico Luka Doncic. El esloveno aseguró este miércoles que llevar el uniforme de los angelinos es un "sueño" para él y recordó que creció viendo brillar a Kobe Bryant y a Pau Gasol con la franquicia de púrpura y oro, informa Efe. Lo hizo en la rueda de prensa posterior a su segundo partido con los Lakers, que acabó con derrota 131-119 en el campo de los Utah Jazz.
"Siempre veía a Kobe (Bryant), era una leyenda que todos seguíamos sobre todo en Europa. Pau (Gasol) estuvo aquí, por supuesto que quiero jugar aquí, es un sueño", dijo Doncic en español.
En su segundo partido como jugador de los angelinos, Doncic consiguió 16 puntos, cuatro rebotes y cuatro asistencias, con seis de trece en tiros de campo y tres de ocho en triples.
Tuvo cinco pérdidas de balón y cometió cinco faltas en tres cuartos, antes de regresar al banquillo a principios del cuarto período con el partido ya decidido a favor de los Jazz.
Rui Hachimura fue el máximo anotador de los Lakers con 19 puntos y LeBron James firmó 18, a los que agregó seis rebotes y siete asistencias. Austin Reaves consiguió quince puntos y once asistencias.
"Creo que podemos llegar lejos. Al llegar a la pausa del All-Star tenemos que descansar, estoy ilusionado y ansioso por volver a jugar. Voy a trabajar e intentaré divertirme con mi familia", dijo.
"Tengo que recuperar ritmo, no puedes entrenar eso, pero estoy contento por estar de vuelta, tratando de jugar y de ganar partidos", añadió.
Doncic manifestó además su aprecio por el técnico de los Lakers, JJ Redick, al que definió como un veterano pese a que esté en su primer año.
"Es un gran entrenador, está en su primer año, pero no parece, parece que lleva quince años. Estoy ansioso por trabajar con él", afirmó.
En Belgrado, allá donde el Unicaja inauguró su palmarés europeo -la Copa Korac de 2001-, Alberto Díaz levantó al cielo para el club malagueño la Basketball Champions League, otro título continental, el tercero de su historia, para consolidar el estupendo proceso de renacimiento en el que transita el equipo que dirige Ibon Navarro. El 'Plan de Ibon' se impuso a la experiencia del Lenovo Tenerife (no pudo ampliar su cuenta, campeón del torneo en 2017 y 2022), repitiendo el guion de la Copa del Rey 2023 en Badalona. [75-80: Narración y estadísticas]
Pase lo que pase, histórico será ya este 2024 para Unicaja. Líder de la Liga Endesa a estas alturas y con una corona europea en sus vitrinas (y los 600.000 euros de premio de la FIBA que se lleva el campeón). Un estado de euforia, de permanente tensión competitiva, de volver a las raíces de un club que siempre tuvo mucho que decir en el baloncesto español. Le costó sufrir (como en semifinales contra el UCAM Murcia), evidentemente, en la finalísima ante el Tenerife, ese querido enemigo de tantas batallas recientes. Pero la defensa y el temple en los minutos decisivos, cuando los aurinegros intentaban la remontada, con Kendrick Perry asumiendo la responsabilidad, le dio la gloria que tanto perseguía, esa que le esquivó en la Final Four del Carpena hace un año.
El Unicaja fue un roca 40 minutos. Ya se fue con la máxima ventaja al descanso (27-38), tras un canastón en jugada individual de Kendrick Perry. Era su noche y sería nombrado MVP. Su plan de partido empezaba ya a dar frutos, cuando la calidad de sus estrellas salía a relucir. Antes habían sido los destellos de Tyson Carter, pero la clave de todo fue la defensa ideada por Ibon Navarro, intensidad, agresividad en primera línea, asfixia sobre Marcelinho Huertas, que es el principio y el final del Tenerife.
Los jugadores del Unicaja celebran la victoria en Belgrado.ANDREJ CUKICEFE
La distancia había tardado en ponerse de manifiesto, pero ya daban pistas las recurrentes pérdidas del colectivo de Txus Vidorreta, algunas suicidas en primera línea, especialmente torpe en el amanecer Kyle Guy. Tras el desacierto inicial de ambos, llegaron los triples malagueños y el Unicaja se fue sintiendo cómodo en Belgrado, tan espectacular como desangelado el Stark Arena.
Los tres triples a la vuelta de vestuarios de Nihad Dedovic abrieron más la herida insular. Pese al ímpetu de Marcelinho, la sensación pronto comenzó a ser de frustración, de querer y no poder. Aunque hubo reacción, porque la experiencia y el ardor competitivo de los aurinegros no es baladía. Un parcial de 14-3 para volver a meterse en el duelo, encontrando a Shermadini en la pintura y aprovechando algunos resquicios en la concentración malagueña.
Kendrick Perry, en acción ante el Tenerife.Darko VojinovicAP
Siguió empujando Tenerife, con el ímpetu de un Guy en búsqueda de redención, de su versión de semifinales contra el Peristeri (34 puntos), pero cada vez que se arrimaba respondía con fiereza Unicaja. Ya en el último acto, Perry enhebró cinco punto seguidos de puro genio (un triple lejano y una contra tras otro robo), más otro triple después, asumiendo la responsabilidad en el momento más caliente y mostrándose como el tipo más decisivo de la noche en Belgrado. Lloraba después el base estadounidense, toda la emoción que conlleva estos cielos, los que alcanzó el histórico Unicaja.