Oriol Cardona: “Di un cambio radical a mi vida para conseguir estas dos medallas”

Oriol Cardona: "Di un cambio radical a mi vida para conseguir estas dos medallas"

«Estaba muy cansado, muy cansado. Nos organizaron una celebración con las familias e intenté aguantar, pero me retiré pronto. A la una de la madrugada ya estaba en la cama; caí redondo. Ya lo celebraré de verdad cuando vuelva a casa», cuenta Oriol Cardona a EL MUNDO en la furgoneta que le lleva a la ceremonia de clausura que ayer cerró los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina.

En solo 48 horas, el esquiador de montaña se colgó un oro en el sprint y un bronce en el relevo mixto para convertirse en el deportista español más laureado en invierno, y ayer seguía en una nube. «Después de la final del relevo estuve toda la tarde de un lado para otro y casi no pude ni hablar con mis padres. Esto de los Juegos Olímpicos es una locura; se nota que hay mucha más gente pendiente», aseguraba, con una nueva vida por delante a sus 31 años.

¿Qué momento de estos Juegos recordará toda la vida?
Cuando subí al podio al ganar el oro. Ahí me emocioné bastante. Tuve una mezcla de sentimientos que todavía no he podido valorar. Tardaré un tiempo en hacerlo. Mucha felicidad, mucho orgullo, mucho alivio… En el podio me sentí súper liberado. Antes de los Juegos había ganado el Mundial y la Copa del Mundo y sentía bastante presión mediática. Me quedé muy tranquilo: ya había hecho lo que tenía que hacer.
Y, en cambio, solo lloró después de conocer la sanción en el relevo y darse cuenta de que era bronce.
Sí, sí, fue raro, eh. Fue la primera vez en mi vida que lloraba después de una carrera. No me había pasado nunca. Es que fue un momento tenso, duro para todos. Vine a estos Juegos a por los dos oros y, al ver que estaba cerca de quedarme fuera del podio… ¡Uf! Hubo mucha carga emocional y me salió por los ojos.
¿Le queda la espina de no conseguir dos oros?
Me hubiese gustado luchar por el oro en el relevo. La gestión de la carrera no fue la mejor y con suerte quedamos en ese tercer puesto. Pero no me queda ninguna espina, qué va. Me pongo una valoración de 10 y a Ana [Alonso, su compañera], igual. Son dos medallas en unos Juegos y estoy muy contento. Venía con unas expectativas muy altas y creo que todos hemos hecho un muy buen trabajo.

Gabriele FacciottiAP

Decía Kilian Jornet, mito y uno de sus entrenadores, que cuando era joven le costaba creérselo. Que usted mismo se hacía de menos.
Quizá sí, no lo sé. Hace unos años, cuando di el paso y empecé a ganar carreras en la Copa del Mundo, posiblemente me faltaba creérmelo más. No estaba tan seguro de mí mismo. Pero en los últimos dos o tres años he sido consciente de mi potencial, de hasta dónde podía llegar. Ha sido una de las claves de todos estos éxitos.
¿Cuáles son el resto de claves? ¿Qué le diferencia de sus rivales?
No hay ningún secreto. Me encantaría decir que lo hay y que me lo guardo para mí, pero no es así. Son muchos años haciendo lo mismo: entrenar, entrenar y entrenar. Cuando el esquí de montaña entró en los Juegos Olímpicos aposté por ello y, al final, han llegado los resultados.
¿Cómo apostó por ello?
Fue un cambio radical en mi vida. Me fui a vivir a Font Romeu y lo paré todo: estudios, incluso el ocio. Con ese estilo de vida también te alejas de gente que aprecias; te quedas un poco solo. Pero había algo que realmente me importaba, algo que de verdad me interesaba, y lo aposté todo. El esquí de montaña en los Juegos Olímpicos era mi plan A y no tenía ningún plan B. Tenía que funcionar sí o sí.
Antes trabajó como ayudante de bombero forestal.
Un par de años, sí, cuando era más joven. Pero luego ya me dediqué al 100% a mi carrera deportiva.
Al ganar el oro en el sprint se acordó de su abuelo paterno. ¿Fue él quien le enseñó a esquiar?
No, no tenía nada que ver con eso. De hecho, no tenía ninguna relación con el deporte. Pero mi abuelo Pere era una bellísima persona, la persona más buena que he conocido nunca, y siempre he sentido mucha pena por perderlo tan pronto. Se lo dediqué a él porque es mi referente como persona.

DIMITAR DILKOFFAFP

¿Ahora su vida será distinta?
No lo sé. Tal como venga, lo aceptaré con los brazos abiertos e intentaré aprovechar el momento.
De repente, un esquiador de montaña en prime time en televisión.
Ojalá pase, la verdad. Tengo que aprender de esas cosas, quizá ser más expresivo, pero me siento preparado para lo que venga. Lo más difícil era ganar dos medallas como hemos hecho en estos Juegos; lo demás será bienvenido.
¿El esquí de montaña cambiará mucho de aquí a los Juegos Olímpicos de los Alpes 2030?
Habrá más competencia, eso seguro, aunque no sé de dónde vendrá. Quizá de Estados Unidos y Canadá, quizá de Noruega y Suecia, quizá de Asia… No lo sé. Pero estoy seguro de que llegará más gente, habrá más interés y más medios. Y a mí me parece genial, eh; quiero que mi deporte siga creciendo.
¿Qué capricho se dará por haber ganado las dos medallas?
No tengo muchas cosas pensadas. Comer bien, dormir bien y ya veremos. Pienso, por ejemplo, en comerme unos cruasanes de chocolate de Cal Flequer, que es una panadería de mi pueblo, Banyoles. Pero, por lo demás, solo estar con la familia y los amigos.
¿Tiene ganas de dejar los esquís en el armario una temporada?
No, no, qué va. De aquí a 15 días hay un Europeo en Azerbaiyán y no iré, pero antes de que acabe la temporada volveré a competir, seguro. Y en verano me gustaría correr alguna carrera corta de trail running. Llevo tres años sin correr para no hacerme daño y lo echo de menos.

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