Al son de Viva la vida de Coldplay, todo la selección de Cabo Verde dio la vuelta al césped del estadio de Atlanta porque habían logrado una proeza: resistir al asedio de España, que no cumplió las expectativas y acabó cediendo un empate que nadie se esperaba, salvo los animosos caboverdianos que no dejaron de animarles en la grada. Habían hecho historia. Ni Lamine Yamal, que saltó al campo en el minuto 70 bajo una sonora ovación después de no poder mantenerse sentado en el banquillo durante toda la primera parte, fue capaz de tumbar su muro.
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“Hay que meterlas”, resumió Rodrigo, lamentando que el equipo, pese a la paciencia, no hubiera encontrado cómo romper las líneas de los africanos. “Se han metido atrás, hemos generado, pero es difícil contra un equipo tan físico y replegado. Ante eso, dependemos para abrirlos de la inspiración y el acierto. Hay que meterlas”, repitió el capitán.
De la Fuente habló de “finura” y “frescura“, algo que, de manera muy evidente, le faltó a España durante todo el partido. “Son muy organizados y se han metido los diez en la frontal del área. Nos ha faltado circulación para desequilibrar, pero cuando no quiere entrar, no entra. Aquí cuesta mucho ganar”, repitió antes de lanzar una advertencia: “El día de Arabia estarán mejores”. Más le vale, o España empezar a verse fuera del Mundial en el que Lamine y Nico, dos de los héroes de la Eurocopa, tuvieron que salir al campo al rescate.
Al extremo del Barça lo llamó De la Fuente en el 68 y lo puso en el campo tras la pausa de hidratación de la segunda parte, esa suerte de tiempo muerto que se ha inventado el fútbol y que no sirvió para resetear a España.
En el primer balón que tocó Lamine ya lanzó un aviso a Cabral de lo que le esperaba, lo que Bubista entendió. Sacó del campo al lateral del Benfica, que había visto una amarilla en la única falta de Cabo Verde en todo el partido. Se asoció con Llorente en la siguiente jugada y levantó los brazos pidiendo al estadio que despertara. Porque tiene una acústica espectacular pero estuvo mudo en muchos momentos. Los caboverdianos eran los únicos que ponían el ambiente. Mucha camiseta roja, mucho dorsal con el 19, pero poca pasión. Esa solo la ponían los africanos porque, en realidad, españoles que hubieran viajado a Atlanta para este partido había poquísimos. Una familia de Guijuelo, que estará en los dos partidos de Atlanta mientras hace turismo por los estados cercanos. “Son nuestras vacaciones”, contaron a El Mundo. 500 dólares pagaron por unas entradas que a los aficionados de Cabo Verde le financió en parte su federación para reducirlo hasta los 180 dólares, algo muchísimo más asequible.
A quien le cogieron manía fue a Cucurella. No hay nadie que no le conozca. Su melena le hace un futbolista al que nadie confunde. Por eso la afición de Cabo Verde se sumó a esa ‘costumbre’ que arrastra el lateral español desde aquella polémica mano ante Alemania en la Eurocopa. A eso se ha acostumbrado el nuevo jugador del Real Madrid. Su fichaje sacudió las horas previas al partido, pero a De la Fuente le importó poco, quizá porque el propio jugador naturaliza cualquier cosa que le pasa con suma tranquilidad. Era titularísimo en España cuando jugaba en el Brighton, al firmar con el Chelsea y ahora que va a correr la banda del Bernabéu. Quizá el Real Madrid esté haciendo cálculos sobre cuándo podría a empezar a cobrar los 9.321 euros por día que paga la FIFA a los clubes por cada jugador en el Mundial. No dará para cubrir los 55 millones del traspaso, pero puede ser una ayudita.
Cucurella, en un duelo con Ryan Mendes.
El lateral fue el único que entendió muy bien el partido que planteó Cabo Verde, el único posible: ahogar a España. Encerrados y ordenados detrás de la línea de mediocampo, no había manera de encontrar un hueco. Oyarzabal, el delantero de De la Fuente, dio el primer pase casi a la media hora, algo que no ocurría desde 1966.
Si Ferran o Pedri lograban pisar área, aparecía Vozinha, el portero cuarentón que fue elegido MVP del partido. Cucurella entendió que retar a Steven Moreira era la única forma de intentar abrir grietas en una muralla. Altísimo en ataque, fue probando y probando. Sacó primero el primer centro de Cabo Verde, con la cadera, y luego ya vivió en el lateral del área de los ‘tiburones azules’. Desde ahí probó con un disparo a puerta que se fue alto, por encima del larguero.
Como quienes estuvieran viendo el partido en España, no pararon de llevarse las manos a la cabeza, especialmente cuando Cucurella, al filo del 40, voló para convertir de un cabezazo atrás un pase de Rodrigo en una asistencia a Ferran, que estrelló el balón el larguero y el rechazo lo empujó Oyarzabal para que, otra vez, Vozinha se llevara los aplausos. No había manera de que España abriera la lata.
Como al inicio de la segunda parte, mientras calentaba Lamine, no llegó el gol, la grada buscó su diversión con la ola mientras De la Fuente se quitaba la corbata, cariacontecido, y sus jugadores, muy desacertados, habían acumulado más de medio millar de pases sin encontrar el camino al gol. Bubista había preparado muy bien la lección.
Con Lamine volvió a aparecer Cucurella, de cabeza picado segundo palo, en el minuto 82, pero el lateral fue perdiendo protagonismo en ataque y dio un paso atrás en cuanto apareció en el campo Nico Williams para el empujón final. Pero aún le dio para una asistencia en el área que no logró después de que Cabo Verde tuviera su mejor ocasión en testarazo del central Dynei en el 90.






