El Móstoles CF ha comunicado este sábado que uno de sus jugadores de la categoría Senior B, Mardoche Luzolo Nsimba, de 24 años, falleció de forma repentina durante el entrenamiento de este viernes en los campos de fútbol del Soto de la localidad madrileña.
“Tenemos el alma rota tras el trágico fallecimiento de M.L.N, jugador del Senior B durante el entrenamiento del viernes. Se decreta luto oficial y se aplaza la jornada del fin de semana en todas las categorías. Descansa en paz”, ha informado el club a través de sus redes sociales.
Aunque desde el club no han informado de la causa exacta de la muerte del jugador, se sabe que ocurrió de forma repentina mientras se encontraba entrenando en la tarde noche de este viernes.
Desde el Ayuntamiento de Móstoles han trasladado a través de sus redes sociales su pésame a la familia del jugador fallecido: “Nuestro más sentido pésame a sus familiares y amigos”.
En febrero de 2022, el fútbol mostoleño también se encontró con una triste noticia tras el asesinato de uno de sus jóvenes futbolistas. Se trataba de un joven de 15 años, Jaime Guerrero, al que asesinaron violentamente en la calle Atocha de Madrid y que jugaba en el equipo Cadete A del CD Móstoles URJC.
Los allegados y familiares de Jaime aseguraron entonces que no pertenecía a ninguna banda y que salía junto a unos amigos la tarde del sábado por la tarde cuando se vio atrapado en una pelea entre dos grupos.
Eduardo J. Castelao y Daniel Gómez-Fontecha Madrid
Desde fuera, cuesta creer que un hombre como Pedro Rocha, designado a dedo como sucesor por Luis Rubiales, vicepresidente económico en buena parte de la época ahora investigada por el Juzgado número 4 de Madajahonda (donde este viernes declara como testigo) y hombre del aparato federativo más tradicional, pueda tener opciones de ser el nuevo presidente de la Federación Española de Fútbol (RFEF). Pues bien, si no ocurre nada extraño, en los próximos días será proclamado como tal después de que ayer se confirmase que es el único que cuenta con los avales necesarios. Es más, no es que cuente con los 21 necesarios, es que cuenta con más de 100.
Sin embargo basta leer, por ejemplo, a Joan Soteras, presidente de la Federación Catalana de Fútbol (FCF), para entenderlo. Soteras desveló, en declaraciones a EFE, que Pedro Rocha "cuenta con 104 avales de los 139 posibles". "Soy uno de los que está al lado de Rocha. Personalmente le voy a votar. Otra cosa serán los otros siete asambleístas catalanes que decidirán a quién votan", explicó, y fue muy gráfico a la hora de explicar los motivos por los que no ha tenido rival: "Tiene el respaldo unánime, incluso LaLiga está apostando por él", por lo que "no se entendería una Federación Española y una LFP distanciadas y con querellas constantes. La paz y la coherencia en el fútbol son necesarias", insistió.
Esta última frase explica, en parte, el éxito de Rocha. En su momento, había pactado con el Gobierno, a través del anterior presidente del Consejo Superior de Deportes, Víctor Francos, una transición tranquila y un acercamiento al resto de instituciones deportivas a cambio de que el Ejecutivo permitiese hacer sólo unas elecciones después de los Juegos Olímpicos. Una denuncia de Miguel Galán, presidente de CENAFE, ha obligado a, como establecen los estatutos de la Federación, hacer un proceso electoral ahora y otro después de los Juegos de París.
Moviendo los hilos
Durante todos estos meses, Rocha sólo ha hablado en público una vez. Sus asesores prefieren mantenerle en un discreto segundo plano, y desde ahí ha estado moviendo los hilos que le colocan como único aspirante al trono federativo. El resto de personas que habían anunciado su intención de presentarse (el periodista Carlos Herrera, la abogada Eva Parera o el ex dirigente del Córdoba Javier Gónzalez Calvo) han tenido que desistir, pues el reglamento electoral no permite a los asambleístas dar el aval a más de un candidato, así que ninguno de ellos ha podido reunir los 21 necesarios.
González Calvo, en una rueda de prensa ayer en Madrid, anunció que ha presentado recurso ante el Tribunal Administrativo del Deporte (TAD) en el que solicita, como medida cautelar, la suspensión de la convocatoria electoral. El TAD, de hecho, es la única esperanza de aquellos que no quieren ver a Rocha como presidente. El propio González Calvo dijo durante la mañana que estaba seguro de que el TAD emitiría una resolución sobre las denuncias que piden la inhabilitación de Rocha. Sin embargo, y al igual que ocurriera el pasado jueves, no hubo nada que anunciar por ese tribunal, que se volverá a reunir en los próximos días para decidir sobre esas denuncias y esos recursos.
La escena, comenzado agosto, no era cualquier detalle. En un rincón de las gradas del pabellón Triángulo de Oro, en el madrileño barrio de Chamberí, lugar habitual durante años de las preparaciones de España antes de los grandes torneos, un grupo de técnicos no perdía detalle. Sergio Scariolo impartía su enésima master class con la selección sobre la pista y los que iban a ser sus ayudantes en el Real Madrid tomaban nota. Empapándose de sus métodos antes incluso de comenzar 'oficialmente'.
Los que conocen y rodean al técnico italiano siempre comienzan su descripción con la misma palabra: "Exigencia". Hasta casi lo obsesivo. No iba a faltar en el siguiente paso en su carrera, valiente, difícil, arriesgado. De la leyenda con la selección al banquillo del Real Madrid, el que abandonó 23 años atrás. De ocho medallas en 15 años, de la implantación de un método envidiado en todo el mundo, a los desafíos mayúsculos de un club en el que apenas hay margen para la derrota. La nueva era en la casa blanca después del extenso periodo Laso-Mateo es también un reto personal para Scariolo, buscar el éxito total a nivel de clubes, esa Euroliga que redondearía un palmarés único.
En eso está Scariolo, a sus 64 años, desde los 22 en los banquillos cuando se inició en las categorías inferiores del club de su Brescia natal de la mano de su mentor, Ricardo Sales. No ha perdido ni un ápice de energía ni de inquietud. La que necesita para lidiar con ese oleaje inicial de un equipo que todavía no levanta el vuelo. Hay dudas en el comienzo. El calendario azota y en Europa lucen más derrotas de las deseadas. Nada que ver todavía la defensa con lo que pretende. Ni la intensidad y concentración. "Nos sigue faltando algo. La mitad de los jugadores son nuevos, el entrenador es nuevo, la competición es muy exigente... Seguimos todavía teniendo jugadores que están empezando a entender cómo jugar en el equipo", dijo la semana pasada tras la derrota en Mónaco, la octava en Europa.
Firme en la ACB, Scariolo maneja con celo de todo lo que rodea al Madrid, tan diferente al elogio bien merecido de sus últimos años con la selección, el ocaso de una era. También con algún run-run en las tribunas del Palacio. El domingo tendrá una buena prueba con la visita liguera de un Barça al alza con Xavi Pascual. Y en unas semanas llega la Copa en el Roig Arena, el primer Rubicón.
El adiós de Scariolo a la selección resultó deportivamente amargo. Aunque no sin honor. El Eurobasket el pasado verano fue un doloroso baño de realidad para la España acostumbrada a los podios y las medallas. Un torneo en el que sólo pudo ganar a Chipre y Bosnia y en el que fue eliminada a las primeras de cambio tras dos derrotas crueles contra Italia y Grecia. El seleccionador intentó sacar el máximo rendimiento de un colectivo sin experiencia y con pocos referentes más allá de Santi Aldama. Además del cambio generacional (ya sin Rudy, Llull, Ricky...), tampoco le ayudaron las ausencias, desde la última del nacionalizado Lorenzo Brown (que, además, dejó sin capacidad de reacción a la Federación), a otras como Usman Garuba, Alberto Abalde, Hugo González o Alberto Díaz. Se inventó dos bases de 19 años (Sergio de Larrea y Mario Saint-Supèry) que, finalmente, fueron lo mejor que le sucedió al equipo en la remota Limasol.
Scariolo, junto a Willy Hernangómez, en su última rueda de prensa con la selección, en Limasol.ALBERTO NEVADO / feb
Tras rozar la gesta ante Antetokounmpo y salir por la puerta de atrás del Europeo (la peor clasificación histórica de España en una gran cita), Scariolo no se recreó en nostalgias. Recibió el aplauso de todos en su última rueda de prensa, en su última cena con la selección. Y se puso manos a la obra con el Madrid, en el que había dejado de avanzadilla de pretemporada a su mano derecha tantos años, Luis Guil. Porque el proyecto blanco es todo ambición. En la cancha y en los despachos. Una revolución de arriba a abajo en la que el italiano es la pieza maestra.
La llegada de Sergio Rodríguez a la dirección deportiva, acompañado de Martynas Pocius, es toda una declaración de intenciones con vistas al futuro desembarco de la NBA. En el área deportiva, Scariolo se ha rodeado de un amplio staff en el que no sólo aparece el experto en defensa Guil. Se mantiene del anterior cuerpo técnico Lolo Calin. El apartado ofensivo lo comanda Stefan Ivanovic, hijo de Dusko. Desde la Virtus de Bolonia (ahí trabajó junto a Scariolo hace tres temporadas) llegó Matteo Cassineiro y desde el Joventut, donde fue durante años responsable de la cantera (y entrenador del junior), David Gimeno, que será el enlace entre el equipo senior y el U22 y el encargado de la mejora individual de los jugadores. También se incorporó Piti Hurtado como responsable del área estadística y audiovisual...
Nada al azar. Como en una plantilla tan extensa y potente como no se recordaba. Llegaron hasta seis refuerzos (Chuma Okeke, Izan Almansa, Trey Lyles, David Kramer, Gabriele Procida y Theo Maledon) a los que se unió, comenzada la temporada, otro NBA, Alex Len (en sustitución de Bruno Fernando). En estos meses, Scariolo sigue tratando de imponer su método y lidiando a la vez con un calendario inasumible. No fue capaz de alzar la tempranera Supercopa en Málaga (derrotado por el Valencia en la final), en la ACB es líder con sólo una derrota y en Europa siguen las luces y las sombras.