El jugador de baloncesto ucraniano de 17 años Volodímir Yermakov ha muerto en Düsseldorf al ser apuñalado este sábado junto con un compatriota que también jugaba en el equipo sub-19 del club ART Giants de esta ciudad alemana, según explicó la Federación de Baloncesto de Kiev en un comunicado.
“En la víspera de su próximo partido los jóvenes jugadores de baloncesto fueron atacados con cuchillos en la calle simplemente por el hecho de ser ucranianos”, se lee en el comunicado, en el que se explica que el otro jugador atacado, Artem Kozachenko, está en cuidados intensivos.
Los compañeros de equipo de los dos menores ucranianos pasaron la noche en el hospital, donde los médicos no pudieron salvar a Yermakov, según la fuente.
La nota de la federación explica que la Policía alemana está investigando el apuñalamiento.
Yermakov nació en 2006 y jugó con la selección sub-16 de Ucrania el Europeo de Baloncesto celebrado en Bulgaria en 2022.
La Federación de Baloncesto de Kiev ha enviado sus condolencias a sus padres y ha empezado una colecta para enviarles ayuda económica a través de una entidad bancaria ucraniana.
Según el portavoz del Ministerio de Exteriores ucraniano, Oleg Nikolenko, las autoridades alemanas han detenido a una persona como responsable del ataque. Nikolenko ha agregado que la vida del ucraniano herido no corre peligro.
Mientras se encuentra a sí mismo, este Real Madrid de Scariolo, todavía crudo, está condenado a aprender. A sufrir. A crecer. En este tramo, habrá de todo. También duelos de puro espectáculo. Porque el Zalgiris, uno de los colectivos más cohesionados y bravos de este comienzo de curso en Europa, llegó al Palacio dispuesto a todo. A volver a tomarlo. Y, ante ese descaro con capitán general -un inabordable Sylvain Francisco, 33 puntos, 11 asistencias, siete triples-, apareció el corazón blanco. La rebeldía de talento de Maledon y Campazzo, que resolvieron la batalla en un último cuarto maravilloso. [100-99: Narración y estadísticas]
Un triunfo de sudor, hasta el último y desesperado lanzamiento de Ulanovas. Tan necesario para el Madrid, no sólo en lo clasificatorio, donde no se debían encender más alarmas. La semana pasada ya sonaron los silbidos en el Palacio, que no dejan de ser un aviso de exigencia. La caída en Valencia, el repaso del Panathinaikos, los apuros contra el Bilbao. Para más inri, Francisco iba a firmar una de las mayores exhibiciones individuales que se recuerdan. Contra eso resistieron los blancos, siempre irregulares, incapaces de mantener la compostura durante periodos largos.
Porque, pese al contundente amanecer, el Madrid -que, extrañamente, apenas iba a lanzar triples- nunca se logró sentir cómodo. Avanzó a trompicones, con errores que tantas veces arruinaban un buen trabajo. Campazzo, consciente de que lleva demasiado tiempo sir mostrar esa versión que le hizo imparable y único, arrancó como una moto. De su electricidad nacieron las primeras y esperanzadoras ventajas, el 28-16. Luego apareció Maledon y más madera, con esa facilidad que tiene el francés para entrar en pintura y que ocurran cosas. Dominaba el rebote el Madrid y también Lyles se sumaba a la fiesta. Aunque el Zalgiris, respondón y sólido, nunca se despegó del todo.
Garuba celebra una de sus canastas al Zalgiris.Juanjo MartínEFE
No es casualidad, era líder de la Euroliga hasta hace unos días. El curso pasado ya derrotó a los blancos en Goya. Su vuelta de vestuarios fue un bofetón en toda regla. Un 4-17 de parcial con un protagonista inesperado. Nadie conseguía detener a Tubelis. Ni Lyles ni después Hezonja. Ahí emergió el Madrid de las dudas, el que no logra despegar en esta era Scariolo. Menos mal que Tavares, siempre Tavares, sostuvo al colectivo para volver a una batalla que, en los primeros minutos del acto final, devino en espectáculo.
Un toma y daca sin respiro. El demonio Francisco desplegó su show. Iba a firmar una de las actuaciones más impresionantes que se recuerdan en el Palacio. Anotaba de todos los colores y también alimentaba a sus compañeros. Pero, en vez de morir en esa pesadilla, el Madrid respondió en la otra canasta. El mejor Lyles, el coraje de Andrés Feliz, la pelea de Garuba... Carácter.
Punto arriba, punto abajo hasta la recta de meta. Una bendita locura (38-37 el último cuarto). Seis seguidos de Campazzo, la respuesta siempre asombrosa de Francisco, Maledon generando... Fue precisamente un dos más uno del francés, en contestación a un triple de su compatriota, lo que iba a acabar con la resistencia del Zalgiris (además de una falta en ataque de Lo por un mantazo a Campazzo). O casi, porque a Francisco le dio por anotar dos triples más en la desperación. Una batalla estupenda en la que los lituanos exigieron el máximo del este irregular Madrid. Que vuelve a ganar. Que vuelve a respirar.
JAVIER MARTÍNEZ
@JavierMartnez5
Actualizado Jueves,
4
enero
2024
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