No han trascendido las causas de la muerte del ex jugador, que fue canterano del Crystal Palace
Oliver Spedding junto a su mujer Sophie Anderson.INSTAGRAM
La vida de Oliver Spedding, fallecido esta semana en extrañas circunstancias, ha sido un auténtico carrusel de experiencias. Este hombre, que ha sido encontrado fallecido a los 34 años, ha dado muchos y muy llamativos giros a su vida, pasando del fútbol profesional al cine para adultos.
Spedding fue canterano del Crystal Palace, equipo de la Premier League inglesa, donde tenía una prometedora carrera como jugador profesional de fútbol. Una carrera que se vio truncada cuando entró en prisión tras cometer un delito menor. Cuando salió de la cárcel, el mundo del fútbol le cerró las puertas y se dedicó a las reformas y a la pintura de viviendas.
Poco después aceptó una oferta para trabajar en el cine porno. Rodó su primera película para adultos por unos 170 euros. Comenzó una etapa de la que según afirmó no sacó nada bueno, sólo su mujer, la también actriz porno Sophie Anderson.
Arrepentido de dejar el fútbol, abandonó el cine para adultos y trató de retomar su carrera deportiva en el Croydon FC, donde jugó un par de temporadas. El equipo ha sido el que ha anunciado la muerte de Spedding.
“El Croydon está profundamente entristecido al enterarse del fallecimiento de nuestro ex jugador, Oliver Spedding. Jugó para el club durante un par de temporadas y fue una persona muy querida que siempre dio lo máximo por el equipo”, ha anunciado en un comunicado. “Ollie era un guerrero en el campo y dio el 100% cada vez que representó al Croydon”, ha añadido.
La Policía investiga ahora los posibles motivos que han provocado la muerte del ex jugador de 34 años.
Fueron 173 partidos, uno más que Alberto Herreros, uno menos que Fernando Romay, el 15ª en la lista de históricos de la selección española. El primero, un 14 de agosto de 2009, en Las Palmas contra Cuba, un amistoso en el que llevó el dorsal 18 a la espalda. El último, el pasado verano en el Pierre Mauroy de Lille, uno de los escenarios icónicos de su periplo con España (allí, en 2015, fue parte de la histórica semifinal contra Francia), en la derrota contra Canadá en los Juegos de París. Camino de los 38 años, Sergio Llull, sin rastro de decadencia en su baloncesto, dice adiós a la camiseta que jamás rechazó, la que formó parte de su leyenda y en la que deja un legado que va mucho más allá de canastas imposibles y medallas.
Lo hizo este lunes en Madrid, acompañado por la presidenta Elisa Aguilar y por varios de los tipos con los que acumuló éxitos, su familia de cada verano, el patio de su recreo. Allí, en el Museo de la FEB en Alcobendas, estaban Jorge Garbajosa,Ricky Rubio, Felipe Reyes,Rudy Fernández, Sergio Rodríguez, Juan Carlos Navarro, Willy Hernangómez, Víctor Claver, Santi Aldama... y, por supuesto, Sergio Scariolo, el que le hizo debutar y con el que jugó su último partido. "Nunca podré devolverla la confianza que me dio", le dijo un Llull emocionado.
Que abrió su discurso con un guiño a su condición mágica, a ese don para resolver partidos con el corazón en un puño: "Estoy nervioso, prefería tener el balón en las manos y solo seis segundos por jugar". Con la selección Llull vivió momentos únicos y conquistó hasta siete medallas en 13 torneos, entre ellas el oro Mundial de China en 2019. También tres cetros continentales (2009, 2011 y 2015), la plata olímpica de Londres 2012, el bronce de Río 2016 y el del Eurobasket de Eslovenia en 2013. Pero también experimentó sinsabores, deportivos (como la eliminación en el Mundial patrio de 2014 o los dos últimos veranos sin medalla en el Mundial de 2023 y en los Juegos de París) y físicos. Con España, en un partido amistoso de preparación para el Eurobasket 2017 en Tenerife, el balear sufrió la peor lesión de su carrera, la rotura de los ligamentos de su rodilla. En 16 años sólo se perdió ese verano y el del Eurobasket 2022, lesionado también antes de empezar. "Me he dejado el alma... y alguna parte de mi cuerpo".
Llull, rodeado por los históricos de la selección, en su despedida.Eduardo Candel Reviejo / FEBEFE
Llull, al que costó encontrar hueco y protagonismo en el colectivo que venía de ganar el Mundial de 2006, amaneció con la osadía que siempre ha caracterizado su carrera. En ese Eurobasket 2009 protagonizó un momento iniciático e inolvidable, jugándose la última posesión del partido contra Turquía y recibiendo la recriminación pública de Marc Gasol, con el tiempo su compañero inseparable. "Teniendo a Pau en el campo, jugársela con el chico que acaba de llegar... Pasan estas cosas", explotó el gigante. España acabaría ganando ese oro, en pleno apogeo de la edad dorada. Tras el Mundial 2010, llegó el oro en el Eurobasket de Lituania, la plata en Londres, el bronce con Orenga en Eslovenia... Y el cielo del oro Mundial en Pekín, donde Llull dejó una de sus mejores noches con la selección. En el angustioso partido de semifinales contra Australia, con dos prórrogas, anotó 17 puntos (cuatro triples) y repartió seis asistencias.
Llull, con la Copa del Mundo en 2019.EM
"Ha sido un honor y un auténtico privilegio defender la camiseta de la Selección. He tenido la suerte de coincidir con una generación irrepetible de jugadores, auténticos ídolos para mí, y espero haber ayudado a trasmitir los valores de La Familia a las nuevas generaciones", concluyó Llull, irrepetible.
"Me siento un privilegiado por cada campeonato, por cada paso", reconocía el menorquín (que, curiosamente, se va sin afrontar un torneo como capitán) en una entrevista con EL MUNDO durante el pasado Preolímpico de Valencia, al que acudió como garante del legado, justo los días que nacía su tercera hija, Almudena.
3.607 días. 9 años, casi una década. 10 temporadas. 22 títulos, a la espera de la final de Wembley. 463 partidos. 28 goles. 100 asistencias... El próximo 1 de junio, Toni Kroos pondrá fin a su etapa como jugador del Real Madrid. Lo hará en el mayor escenario del planeta, en la pelea por el trono de su sexta Copa de Europa, la quinta como madridista. "El 17 de julio de 2014 cambió mi vida", dijo ayer. Ahí, en su presentación en el Bernabéu, comenzaron sus 3.607 días como uno de los referentes de esta década prodigiosa en Chamartín.
A sus 34 años, Kroos anunció ayer que se retirará después de la Eurocopa. Lo hará dos años más tarde de lo que tenía pensado, siendo indiscutible y vital para el Madrid y para Alemania, después de ser uno de los mejores jugadores de la temporada y camino de una nominación para el Balón de Oro. No le sobrarán meses ni años, nadie hablará de su declive ni podrán decir que 'se arrastra' por el campo. No habrá críticas, sólo elogios. Todo lo que el propio Kroos imaginó. Su despedida ideal. Su legado. Ahí, y en su familia, nace su decisión.
"Es lo que el club merecía"
Se retirará en casa, en la Eurocopa de Alemania, capitaneando a la selección a la que un día abandonó para estirar su tiempo en el Madrid. Y lo hará cuando todavía tiene piernas para mucho más. Tiene la edad que tenía Zidane cuando dijo adiós y cuatro años menos que un Modric que parece podría seguir un curso más. "Siempre he tenido la idea y el objetivo de acabar de la mejor manera en el Madrid, es lo que el club merecía. Esta temporada es una de las mejores temporadas que he jugado y creo que es un momento muy bueno para dejarlo. Siempre he querido que si en unos años habláis de Toni Kroos y recordáis cómo fui estuviera a la altura. Siempre he dicho que si me voy de Madrid, me voy del fútbol. Me quiero retirar aquí, en el Real Madrid, y esto es lo que va a pasar", anunció a través de un podcast, antes de explicar que disputará la Eurocopa con Alemania y colgará las botas.
"Jugaré la Eurocopa con Alemania, pero nunca he pensado en cambiar el club, ni en estos 10 años ni ahora. La gente dice que fácilmente puedes jugar unos años más, y a lo mejor es así, pero, como he dicho, no quiero ir a un punto donde la gente piense por qué todavía juega, que no tiene nivel, que estoy en el banquillo, que no disfruto... Y ahí no quiero llegar. Por eso quiero acabar en el mejor momento y el mejor momento es ahora", resumió.
"No" al dinero, sí a la familia
No tendrá un retiro futbolístico dorado, pero sí vital. No quiere los millones de Oriente Próximo ni de Estados Unidos, sólo la vida diaria en Madrid con su mujer y sus hijos y los viajes que el balón no le ha permitido. Pasará tiempo con su padre y su madre, la misma que le pedía renovar un año, y con su abuelo, que le aconsejó retirarse este verano. Dicho y hecho. Su academia será ahora su centro neurálgico. Y ahí, en esa mezcla entre dejarlo en lo más alto y disfrutar de su familia cayó el pétalo final de una margarita que ha ido deshojando en los últimos meses.
Desde enero, la pregunta se repetía en el vestuario: "Toni, ¿qué vas a hacer?". Una pregunta entre la curiosidad, la pena y el miedo. Porque el alemán es un referente para la generación joven del Madrid y capital para el cuerpo técnico, que pierde ahora el timón de su esquema de juego. "No hay nadie como él", admiten en la ciudad deportiva. Ni en Valdebebas ni en el mercado. Por eso su decisión era clave para todo, también para el futuro de Modric.
Negociaciones
En el Madrid llevan tiempo viendo a Tchouaméni, Camavinga, Valverde y Bellingham como los dueños del centro del campo y han dejado en manos de Kroos y Modric sus decisiones. En el caso del alemán, en algunos momentos pensaban que renovaría una temporada más, pero han trabajado en planes sin él porque sabían que Toni era fiel a sus principios. Cuanto mejor jugaba, más cerca estaba de retirarse. Hubo acercamientos y conversaciones, pero nunca una respuesta definitiva hasta esta semana.
Mientras, en el club han ido viendo detalles que invitaban a pensar en su retirada. La vuelta a la selección alemana, algo que físicamente le podía lastrar el próximo año; el homenaje de Adidas, que presentó una edición especial de sus botas; el rato en el césped del Bernabéu con su familia después de la victoria contra el Bayern...
Kroos ha anunciado su decisión antes del último partido en Chamartín y antes de la final de Wembley. Motivación para su gente y su vestuario.