“Frecce Tricolori”, las Flechas Tricolores son el equipo de vuelo acrobático, de exhibición, de la “Aeronautica Militare” italiana. El equivalente a nuestra Patrulla Águila. Es tentador denominar de ese modo a los sprinters del país. Y, actualmente, la flecha italiana por excelencia es Jonathan Milan, ganador de tres etapas en este Giro y uno de los rayos emergentes del ciclismo internacional.
Italia ha contado con excelentes sprinters. Recordamos
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Hubiéramos deseado una última, real y simbólica, victoria de Nadal en su apoteósica y merecida despedida sentimental. Pero ya era imposible, incluso frente a jugadores sepultados en las profundidades del ránking. Su adiós, postergado en exceso entre la tristeza, la comprensión y la gratitud de un país entero, suscita de nuevo una reflexión acerca de los deportistas que no se retiran «a tiempo».
El deportista muere dos veces. Y la primera ocurre cuando se retira (o le retiran). Se trata de una muerte biológicamente provisional, pero profesionalmente definitiva. Y el afectado no la acepta porque abre un abismo bajo sus pies. Así que, con frecuencia, y aunque, como en el caso de Nadal, haya proyectado un futuro confortable, experimenta una especie de horror vacui. No es raro. Después de todo, el deporte es la única actividad en la que la jubilación se produce en la juventud. El deportista tiene todavía por delante, en un territorio desconocido, amenazante por ignoto o incierto, incluso por extenso, la mayor parte de su existencia física. Le entra miedo, vértigo, inseguridad y trata de demorar el momento del adiós.
Autoengañándose acerca de sus, todavía, capacidades, o estirándolas con más o menos dignidad, permanece en activo, con frecuencia en un ámbito individual o, sobre todo, colectivo distinto e inferior del de sus mejores días. No lo hace por dinero, o sólo por eso, sino por mantener una ficción de permanencia.
Un tiempo innecesario
El caso de los futbolistas es paradigmático: Pelé, Cruyff, Beckenbauer, Maradona, Michel, Hugo Sánchez, Guardiola, Iniesta y un interminable etcétera alargaron impropia e innecesariamente sus carreras. Hoy siguen en activo Cristiano, Messi, Luis Suárez, Busquets, Alba y otro largo etcétera. Pero el fútbol sabe que este tiempo les sobra. No son Zidane, Kroos o como Rijkaard, que, en la celebración en el vestuario, después de ganar con el Ajax la Champions de 1995, anunció que ese había sido su último partido. O, cambiando de deporte, como Alberto Contador, que dio sus últimas y crepusculares pedaladas ganando en el Angliru.
No se retiraron a tiempo, entre nosotros, Alfredo Di Stéfano, Severiano Ballesteros e incluso un Alejandro Valverde en su longevidad digna... Ni, volviendo al tenis y al exterior, el mismo Federer. Y quizás Djokovic debe pensar en parar, ahora que está «a tiempo» de mantener su mejor recuerdo. Tampoco Serena Williams se fue cuando debía. Ni Usain Bolt. Existen «retirados en activo», valga la paradoja. Oficialmente aún en la brecha, pero en la práctica fuera de foco, Sergio Ramos o Mireia Belmonte siguen erróneamente la senda de Nadal.
Bolt, en los Juegos de Río 2016.AP
Si un bel morir tutta una vita onora, un mal morir, metafóricamente hablando, no estropea un pasado merecedor de elogio y agradecimiento. Tampoco hace añicos una imagen que se reconoce irrompible. Pero sin borrarla en absoluto, la empañe un tanto por ser la última. Saber retirarse oportunamente, es, no sólo en el deporte, una virtud casi teologal, incompatible a menudo con la ciega y sorda naturaleza humana.
En el lado opuesto de quienes se resisten en vano a los odiosos imperativos de Cronos figuran quienes se retiran «a tiempo» por el procedimiento de hacerlo «antes de tiempo». A «destiempo», en suma. Son sobre todo nadadores, debido a la precocidad de su deporte con relación a otros. La australiana Shane Gould (Gold), que este 23 de noviembre cumplirá 68 años, tuvo en 1972 todos los récords en todas las distancias del estilo libre. Insólito. Apabullante. En los Juegos de Múnich se llevó tres oros, una plata y un bronce. Y le «faltó tiempo» para retirarse. Tenía 16 años. En los mismos Juegos, Mark Spitz conquistó siete oros estableciendo siete récords del mundo. Y se despidió de las piscinas a los 22 años. Le quitó «tiempo al tiempo».
¡Por fin un récord del mundo! El agua hervía al paso de los finalistas en los 100 metros libre. Y más que en las otras calles en la ocupada por Pan Zhanle. El chino, 19 relampagueantes años, hecho de materia estelar supersónica, volaba dejando un rastro de espuma ardiente. Era el plusmarquista mundial (46.80). Y lo sigue siendo, ahora con 46.40. Dejó a más de un segundo a Kyle Chalmers y a David Popovici. Los aplastó, los ahogó en la prueba reina
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España dio la talla y, como era de esperar, tuvo de todo, mayoritariamente bueno, en la primera jornada, ya en el estadio, del Campeonato de Europa de Atletismo por Equipos. Del primer puesto del inabordable Mohamed Attaoui en los 800 metros (1:44.01) al 12º del discreto Kevin Arreaga en el lanzamiento de martillo (69,19), nuestro atletismo recorrió en la pista, como Don Juan Tenorio en el amor, toda la escala social. Y acabó la jornada en segundo lugar (134 puntos), por detrás de Países Bajos (165,5) y por delante de Italia, que nos pisa los talones con 133.
Marta García (15:58.53) fue segunda en los 5.000 tras Nadia Battocletti. Misma posición que Dani Arce en los 3.000 obstáculos (8:22.04). Paula Sevilla acabó tercera en los 400 (50.70, marca personal) dominados por la imperial Femke Bol (49.48).
El calor no corría, no saltaba, no lanzaba. Pero fue el protagonista pasivo de la jornada. Despobló las gradas al sol, con el público concentrado en las zonas de sombra, bajo la visera del estadio. No afectó, sin embargo, a las marcas y al rendimiento, excepto, lógicamente, a las pruebas de largo aliento, los 5.000 femeninos y los 3.000 obstáculos masculinos. En los 5.000 se dispuso en la misma pista una mesa con botellas de agua, como si de un maratón se tratara. Algunas chicas acabaron para el arrastre.
Proliferaron los buenos registros, empezando por los mencionados 49.48 de Bol en los 400. Tres hombres superaron los 80 metros en el lanzamiento de martillo, con victoria del ucraniano Khokan Mykhaylo (81,66). La neerlandesa Jessica Schilder pasó de los 20 metros en el peso (20,14).
Hará más calor aún el sábado y el domingo. No importa. Parece que nos va bien.