Sostenía Cecile B. DeMille que una película debía empezar por un terremoto y, a partir de ahí, “ir hacia arriba”. Según esa idea trasladada a la natación, el Mundial de Fukuoka comenzaba en la piscina con un maremoto en un océano de agua clorada de 5
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La primera etapa de las grandes rondas es a menudo como un ensayo con todo, como una especie de aperitivo para abrir boca antes de entrarle a fondo al menú. La de este Giro, entre Durrës y Tirana, en la insólitamente ciclista Albania, tuvo su interés y su sabor a causa de un recorrido quebrado, engañoso, con un puerto de segunda y otro de tercera que se subió dos veces.
La victoria de Mads Pedersen fue el fruto de una labor denodada, continua, indesmayable, premeditada del Lidl-Trek a partir del primer paso por el puerto de Surrel, de tercera, sí, pero de 7 km. al 4,6 % de media y con un tramo al 13%, a 40 km. de la meta.
Ya ese primer paso dejó fuera de combate a los sprinters (Kooij, Bennett, Magnier, Fretin). De eso trataba el esfuerzo del Lidl-Trek. En el segundo paso se quedó Groves. Y con él algunos hombres relevantes (Poels, Aresmann...) Al Lidl se le unió en la producción de la escabechina el Red Bull Bora de Roglic. No pocos hombres sufrieron las consecuencias de ese tipo de etapas de cierta, aunque no excesiva, dureza que les pilla con las piernas todavía no acostumbradas a los grandes esfuerzos. Padecen lo que en boxeo se llama un golpe en frío.
Fe y fatalismo
Cuando faltaban cinco para la llegada, en el frenesí de las colocaciones la cabeza y de una de esas curvas traicioneras que la velocidad convierte en asesinas, una caída de varios hombres dejó fuera de la carrera a Mikel Landa, evacuado en ambulancia con un collarín y con aspecto de haber sufrido no pocos estragos de consecuencias aún por determinar no solamente en este Giro. A las primeras de cambio, Mikel empezó y terminó a la vez.
Por fas o por nefas, tan reiterativas que hacen del azar una costumbre, el alavés no levanta cabeza, y hace tiempo que el landismo ha incorporado a la fe el fatalismo. Una combinación de desdichas que no deja de contribuir al culto al ídolo.
El pelotón del Giro, durante una de las ascensiones de la primera etapa.AFP
Así las cosas, el triunfo de Pedersen, primer líder de la carrera, fue el de la lógica, con Van Aert otra vez segundo en esa incompleta mezcla de éxito y fracaso, ambos a medias, que le caracterizan últimamente. Ninguno de los grandes favoritos, excepto Landa, que no reunía tamaña vitola en comparación con Roglic y Ayuso, e incluso con Bernal o Carapaz, experimentó merma en sus posibilidades. Ayuso, y nosotros con él, tuvo un susto a 91 km. de la llegada y cambió de bicicleta.
El Giro seguirá discurriendo por Albania en las dos siguientes etapas. La segunda, una contrarreloj apetitosa de casi 14 kms. Y la tercera, el domingo, con otra emboscada de media montaña que amenaza con seguir haciendo pupa a las piernas aún en proceso de mejora. El Giro se ha estrenado con emociones fuertes. Que no decaiga.
Los números dicen que España obtuvo en el Campeonato de Europa en pista cubierta celebrado en Apeldoorn (Países Bajos) cuatro medallas (un oro, una plata y dos bronces). Por reconocible, el dato arroja certezas. Por analizable, admite matices.
Para empezar, han existido más medallas de bronce que de oro y plata. De hecho, han supuesto la mitad del botín. Todo el bronce ha sumado lo mismo que el oro y la plata juntos. Eso no es favorecedor. Todas las medallas son buenas, pero unas mucho más que otras. A la hora de jerarquizar el medallero, el oro pesa más que el conjunto de platas y bronces. Un país con un único oro irá en el medallero por delante de otros que sólo tengan platas y bronces, por abundantes que sean. España ha logrado, en la historia de los Europeos indoor 35 oros, 50 platas y 40 bronces. El oro, ya se ve, escasea frente a la suma del resto de metales preciosos.
Regresando a la actualidad aún caliente en sus ecos de Apeldoorn, España mejoró el resultado de Estambul2023 (un oro y una plata). Pero empeoró los de Torun2021 (uno, dos, dos), Glasgow2019 (tres, dos, uno) e incluso, a igual cifra, pero menor valor, Belgrado2017 (uno, dos, uno).
Sí mejoró, en cambio, la cantidad de finalistas: 15. Un aspecto positivo, pero que, como todos los demás, en la ausencia de contrastes llamativos (12 en Estambul, 13 en Torun, 13 en Glasgow y 14 en Belgrado), no dice mucho. O dice algo, pero en voz baja. Habla de regularidad, que suena mejor que estancamiento. A Apeldoorn no viajó Jordan Díaz. Ni María Vicente. Y Quique Llopis, con molestias, no pudo correr una final de vallas que le sonreía. Y, en la longitud, Lester Lescay, a pesar de su bronce, y el excelente Jaime Guerra estaban lesionados.
Paula Sevilla, en acción en Apeldoorn.NICOLAS TUCATAFP
Pero, en esencia, presencia y potencia, enviamos a Apeldoorn lo mejor del arsenal, con una figura mundial como Ana Peleteiro, porque Europa se adapta más a nuestras hechuras, y la pista cubierta, aunque nunca faltan estrellas, no es el campo en el que se vuelca la mayoría. En el Mundial de Nangjing (China), los próximos días 21, 22 y 23, habrá más que en Apeldoorn. Pero donde abundarán hasta la saturación será en el Mundial a cielo abierto de Tokio, en septiembre.
La pista cubierta, el atletismo de bolsillo, es un escenario orientativo más que referencial a la hora de extrapolar sus resultados a la pista al aire libre. Dura muy poco y está plantada en unas fechas impropias. Es la versión invernal, recortada en el programa, de una actividad de verano. Y aunque ello exhibe la riqueza de un deporte capaz de expresarse con belleza en cualquier estación y en cualquier marco, sugiere más que afirma.
Y esta vez ha sugerido que el atletismo español sigue siendo, en conjunto, una potencia media europea, lo que se traduce en una pequeña potencia mundial. Es, por esencialmente joven y multirracial, un atletismo atractivo y asomado al futuro. Se reconoce incompleto porque sigue siendo deficitario en numerosas modalidades, femeninas y masculinas: los lanzamientos, la pértiga, la altura (un desierto vertical sin Ruth Beitia)...
Attaoui, durante el 1.500 del Europeo indoor.Peter DejongAP
Pero, tierra de mediofondistas sostenidos y renovables (García, Ben, Attaoui, Canales), va ganando enteros en la velocidad. La existencia de tres vallistas de alta gama, Quique Llopis, Asier Martínez y el prometedor Abel Jordán, también con molestias en Apeldoorn, supone una muestra representativa.
En una mezcla de ilusión y consagración, lo mejor del Europeo, aparte, naturalmente, del oro de Peleteiro, llevó el nombre de Paula Sevilla con una prestación que va más allá de su bronce en los 400. Una recompensa resumen de la magnífica actuación individual y colectiva de nuestra gente, todo un ejército compacto, en la prueba. Procedente de la velocidad, sobre todo de los 200, sus 50.99 igualaban el récord de Sandra Myers de 1991. Esa marca vale, al aire libre, otra por debajo de los 50. Myers mantiene 49.67 desde, también, 1991. Bajar de los 50 segundos es cruzar la gran frontera internacional. Aguarda a Paula.