Poniéndonos en el lugar de los italianos, tampoco esta vez vimos ganar a Jonathan Milan. En la penúltima oportunidad para los sprinters en este Giro poco favorable en general para los intereses de este tipo de fieras, el muchachote del Lidl-Trek volvió a quedarse en blanco, dominado por Paul Magnier y Edoardo Zambanini. Magnier obtuvo su tercera victoria en este Giro y la 29ª de su trayectoria.
Era una etapa que podía catalogarse de llana. En todo caso, de ondulada, con un puertecito de 3ª. Pero contenía una trampa. A 9 kms. del final, la carrera se topaba con el Muro di Cadel Poggio, de 4ª por corto. Sólo por corto. Chiquito pero matón: 1,1 kms. al 12,3% de media y con una rampa máxima del 198%. No podía ser más breve ni más severo. ¿Pasarían los velocistas? ¿No pasarían?
Pasaron. Todos. La etapa entera había sido una preparación para ese momento. Cuando aún faltaban 134 kms. para llegar al final de un recorrido de 171, Mattia Bais (Polti), Andrea Mifsud, el franco-maltés, también del Polti, que celebraba su 27º aniversario, James Shaw (EF Education) y Jonas Geens (Alpecin) se marcharon a descubrir el mundo. A los tres primeros los cazaron cuando la llegada se hallaba sólo a 22 kms. Geens aguantó un poco más, hasta casi el pie del Muro. Entretanto, Narváez, en su pelea con Magnier por la maglia ciclamino, había cogido un puntito en el sprint especial.
El pelotón entró en el estrechamiento inicial del Muro como un enjambre de balas de distinto calibre. Se las podía escuchar silbar. Eulálio, que se había ido al suelo en el avituallamiento y se había reintegrado pronto al grupo, lo intentó. Lo enganchó el pelotón con Vingegaard al frente. Lo volvería a intentar en unión de Jonas Kulset. Pero ambos no evitaron la “volata”, el destino de la etapa. Tras doblar una curva peligrosa, los lobos se abalanzaron sobre la presa. La atrapó con sus colmillos Paul Magnier, de nuevo “ciclamino”. A Milan le queda una de esas balas en la recámara. Tal vez en Roma…
…Y ahora, con ustedes, viernes y sábado, Sus Majestades los Dolomitas. Para empezar, seis puertos, cuatro de 2ª, incluyendo el de la llegada, y dos de 1ª, entre ellos la Cima Coppi, el Passo Giau, con 2.233 metros de altitud.
El Estadio Municipal Natalia Rodríguez de Tarragona acoge desde este viernes hasta el domingo el Campeonato de España de Atletismo, en una temporada presidida por el tardío Campeonato del Mundo de Tokio, del 13 al 21 de septiembre. El campeonato español sirve de trampolín y filtro para el gran acontecimiento. El campeón obtiene el billete directo, siempre que posea la marca mínima establecida por la Federación Internacional, muy exigente, o de la Española, menos dura pero sujeta también a otros severos condicionantes.
Reaparece Jordan Díaz, el campeón olímpico de triple salto, después de 359 días sin pisar las pistas (desde la final olímpica, el 9 de agosto del pasado año). Problemas en el tendón rotuliano de la rodilla derecha, tratada con plasma rico en plaquetas, le han impedido saltar durante tantos meses. Recibió el alta médica hace unos pocos días. Su regreso es, aparte de un atractivo (según se mire, el mayor del Campeonato), una incógnita en la final directa del domingo, a las 20.20 horas.
Teóricamente, incluso en mediana condición, no debe tener rival. Pero un año en blanco del mejor de los atletas en cualquier especialidad puede desbaratar todos los pronósticos. Mucho más si no se ha debido a un mero descanso, sino a una pelea contra unas molestias recurrentes, por no decir crónicas. La recuperación de Jordan Díaz es un objetivo estratégico del atletismo español, amén de un regalo para el universal. No en vano es el principal candidato para romper el férreo récord del mundo de Jonathan Edwards: 18,29 desde el 7 de agosto de 1995. Díaz lidera el ránking histórico español con 18,18 desde junio del pasado año, en el Campeonato de Europa de Roma.
Retorna también María Vicente en el heptatlón de hoy y el domingo. Muy maltratada por las lesiones, en ella tiene España una firme candidata al estrellato internacional en las pruebas combinadas. Reclaman obligada atención Thierry Ndikumwenayo (5.000, hoy a las 21.40) y Jaël Bestué (200 metros, domingo a las 20.35) .
Sevilla, a por el récord de Myers
No todas las pruebas tienen favoritos tan claros y, por así decirlo, en soledad. Los 400 femeninos (este sábado) reúnen a Paula Sevilla, Blanca Hervás, Carmen Avilés y Eva Santidrián. Paula, con una plusmarca personal de 50.70 está al borde de bajar de los 50 segundos y amenazar el récord de Sandra Myers de 49.67, que tiene ya 34 años.
Los 800 femeninos y masculinos, ese mediofondo tradicionalmente tan agradecido con los españoles, se anuncian apasionantes en las finales dominicales de, respectivamente, las 20.45 y 20.55, con Rocío Arroyo, Lorea Ibarzabal, Mohamed Attaoui, Mariano, La Moto, García, Elvin Josué Canales... Hay siete hombres con mínima para Tokio y sólo caben tres en el avión.
Marta Mitjans tiene 18 años y ya ha bajado de los dos minutos en esos 800 (1:59.88). Pero ha priorizado competir en el Europeo sub-20 de la próxima semana. Otra joven ha aflorado súbitamente: Rocío Arroyo, 22 años cumplidos en julio, madrileña de Alcalá de Henares, subcampeona de Europa Sub-23 con 1:59.18, tercera marca española de todos los tiempos, sólo por detrás de Mayte Zúñiga y Maite Martínez. Hasta esta temporada no había corrido los 800.
Las mujeres del 1.500 (Esther Guerrero, Águeda Marqués, Marta Pérez...) se jugarán el título en la matinal del domingo, a las 12:35. Guerrero acaba de batir el récord de España de la milla. Atraen los 1.500 masculinos con Adrián Ben, Nacho Fontes, Carlos Saez y Pol Oriach (domingo a las 12.45). Duelo en los 110 vallas entre Quique Llopis y Asier Martínez (domingo a las 21:25), con la intromisión de Abel Jordán y Daniel Cisneros.
En un día múltiplemente glorioso en la forma, el fondo y la sentimentalidad, Pablo Castrillo (Kern Pharma), oscense de 23 años, inauguró su palmarés profesional. Primera victoria para él y, de paso, para un español en esta Vuelta. Pablo mató muchos pájaros de un tiro en una jornada de, también, especial emotividad, horas después del fallecimiento de Manuel Azcona, uno de esos hombres casi anónimos para el gran público, que trabajan en silencio y ayudan desde la base a formar y forjar profesionales.
Azcona fue uno de los factótums del Kern Pharma, un modesto equipo de categoría continental que ha obtenido así su triunfo más importante. Las lágrimas de Castrillo y de toda su gente estaban, por tantos motivos, por tantas razones, plenamente justificadas y son plenamente compartidas por el mundo del ciclismo.
Entre la victoria de Castrillo en la etapa y la permanencia de O'Connor al frente de la general hubo una teoría y una práctica. Todas las etapas contienen una parte teórica y otra práctica. Es decir, una especulativa y otra real. A veces coinciden. Esta vez también. Y, prácticamente, punto por punto.
Veamos. Película teórica de la etapa más corta de la Vuelta (137,5 kms.), a excepción, claro, de las contrarreloj. Para empezar, escapada rutinaria, multitudinaria del día. O sea, una estampida más que una fuga. Unos cuantos de los que la forman tienen buen nivel, incluso excelente. Todos llegan juntos (¿con cuánta ventaja?) al pie de la Estación de Montaña de Manzaneda. En la subida, ataques y contraataques entre un grupo de penitentes en el que habrá un vencedor y un montón o un puñado de condenados. Escapada que termina deshaciéndose en jirones como un vestido que se rasga en harapos.
Siguiendo con la teoría, el grupo de notables empieza a su vez la ascensión y nadie se mueve un ápice porque al día siguiente hay un etapón en el que todos tienen mucho que ganar, que conservar o que perder.
... Y, bueno, un matiz, no fue tan grande la fuga: 10. Carlos Verona, Óscar Rodríguez, Jhonatan Narváez, Harold Tejada, Max Poole, Louis Meintjes, Mauro Schmid, Pablo Castrillo, Mauri Vansevenant y Marc Soler, un asiduo en estas lides, un recalcitrante, en el sentido elogioso de la palabra. Se está mereciendo con creces una victoria. Encabezado cansinamente por el Decathlon, en el pelotón no había parón. Había parálisis. Casi se podían oír los bostezos. Como consecuencia directa, la diferencia de los escapados crecía y crecía, asimismo apaciblemente. En pelotón no autorizaba la escapada: la alentaba. Más aún: la bendecía. Respetando la general, el Decathlon Ag2R del líder mantenía la cabeza. A su estela, el Bora Red Bull de Primoz Roglic. Pegado a él, los del Movistar de Enric Mas. Todos tranquilos, hoy entre bomberos no nos pisemos la manguera.
Tampoco se mataban los rebeldes, guardando fuerzas para el envite final. Sabían que nadie les pondría en peligro. Seis minutos, siete minutos, ocho minutos, nueve minutos, 10 minutos... Ribeira Sacra, orillas, cañones del Sil, río de antiguas riquezas áureas, carreteras a veces despejadas, a veces umbrías, belleza permanente, intacta. Llovía por el resto de España. Por Galicia, no. Lucía un sol clemente (25, 27 grados). Nada ocurría. Una etapa y dos carreras. La primera con 10 almas. La segunda, con todas los demás, pero reducida al interés de los favoritos. Una de las 10 almas llegó al cielo. Las otras nueve se quedaron en el purgatorio. En el pelotón, ni cielo, ni purgatorio, ni infierno. El limbo.
Hemos cumplido la duodécima etapa y hay 14 equipos de los 22 que no han ganado ninguna. Cunde el nerviosismo. En algunos casos, el pánico. Hay prisa. Hay miedo. Hay necesidad. Hay obligación.
La decimotercera etapa es de las de aúpa. Un puerto de 3ª, dos de 2ª y llegada en alto, en el de Ancares, de 1ª, por la inédita vertiente leonesa: 7,7 kms. al 9% de media, con rampas del 15%, y cinco últimos kms. al 12%. Una etapa muy exigente y llamada, ya a estas alturas, a ir moldeando la clasificación, como quien moldea una estatua hasta proporcionarle la forma definitiva.
Desde este domingo 27 hasta el 3 de agosto se desarrollará la natación pura, la clásica, en los Mundiales de Deportes Acuáticos (World Aquatics Championships), que comenzaron el pasado día 11 en Singapur con el resto de especialidades. En los años postolímpicos suelen relajarse los deportes más importantes, aunque no sólo ellos, de los Juegos. Se produce algo así como una relajación de los cuerpos y las mentes después de tanta tensión, tanta presión, tanta ansiedad, tantas emociones.
Además, los calendarios siguen todavía reajustándose a causa del desbarajuste general provocado por la pandemia. Los Mundiales de Natación, programados para celebrarse cada dos años, se aprietan en el tiempo. En 2022 se celebraron en Budapest. En 2023, en Fukuoka. En 2024, en Doha. A partir de este Singapur 2025 recobrarán su bienal periodicidad con las ediciones ya designadas de 2027 (de nuevo Budapest) y 2029 (Pekín).
Ausencias un año después de los Juegos
Así que, entre la depresión post-Juegos y los sucesivos agobios anuales, van a faltar algunas máximas figuras en la próspera ciudad-Estado del Sudeste asiático. Se conceden un respiro físico y mental, por ejemplo, tres fenómenos como el húngaro Kristóf Milák, el estadounidense Caeleb Dressel y el británico Adam Peaty. Está embarazada Sarah Sjöström, la «reina» de Suecia, que espera en agosto su primer hijo. En la radiante galaxia femenina australiana, se toma un año sabático Ariarne Titmus. Y Emma McKeon ha decidido retirarse de las piscinas de competición.
Pero el catálogo de comparecientes abruma. Estados Unidos aporta a Luke Hobson, Bobby Finke, Shaine Casas, Michael Andrew, Carson Foster, Torry Huske, Kate Douglass, Simone Manuel, Gretchen Walsh, Katie Ledecky, Regan Smith, Lilly King...
Australia acude con Kyle Chambers, Cameron McEvoy, Mollie OCallaghan, Kaylee McKeown... Otros países derraman estrellas. Para abreviar, eligiendo un solo nombre por país, hombre o mujer, brillan Zhanle Pan (China), David Popovici (Rumanía), Lukas Maertens (Alemania), Thomas Ceccon (Italia), Benjamin Proud (Gran Bretaña), Ruta Meilutyte (Lituania)... Y, obviamente, Léon Marchand y Summer McIntosh. El francés y la canadiense forman la pareja estelar del Campeonato. Su máxima expresión. La 'crème de la crème'.
La canadiense Summer McIntosh.OLI SCARFFAFP
Marchand nadará las mismas pruebas que le proporcionaron los correspondientes oros en París: los 200 mariposa, los 200 braza y los 200 y 400 estilos. McIntosh, aún con 18 años (cumplirá 19 el 18 de agosto), se atreverá, según sus hazañas en los 'trials' canadienses, con cinco: las dos de estilos, los 400 y 800 libre y los 200 mariposa. En París ganó la mariposa y los dos estilos. Y fue plata en los 400 libre, en la llamada, aunque en natación no se corra, «carrera del siglo», dominada por Ariarne Titmus y con Katie Ledecky en el bronce. Titmus estableció entonces un récord del mundo que McIntosh le ha arrebatado este año, en junio, en esos 'trials' canadienses.
A causa de las sanciones a Rusia por la invasión de Ucrania -ocioso es recordarlo-, los Campeonatos, destinados a celebrarse en Kazán, fueron «desviados» a Singapur. Los nadadores rusos no pueden participar como tales. Pero 30 de ellos (18 hombres y 12 mujeres) son de la partida como NAB (Neutral Athletes B), sin derecho a la bandera y el himno nacionales. No forman una expedición cualquiera. Hay mucho talento ahí. Especialmente en los casos de Kliment Kolesnikov, plusmarquista mundial de los 50 espalda, y Evgenyia Chikunova, 'recordwoman' de los 200 braza. Kolesnikov renunció a París porque no estaba de acuerdo con semejantes condiciones de participación. Pero se lo ha pensado mejor esta vez.
Desde una guardería china situada en las controvertidas profundidades no sólo deportivas del gigante amarillo, aparece Yu Zidi, una niña de 12 años, especialista en 200 mariposa y en 200 y 400 estilos. Se entrena en la ciudad de Hengschui, al sur de Pekín, en la provincia de Hebei, y ha nadado en tiempos de finalistas olímpicas y mundiales. World Aquatics (la Federación Internacional) establece los 14 años como edad mínima para competir en los grandes eventos. Excepto en casos excepcionales, sostenidos por las marcas. Y a fe que éste lo es. La precocidad ha sido siempre una de las características de la natación. Pero Yu Zidi se encuentra en un estadio cronológico previo a la precocidad: en la mismísima infancia. En la descripción de sus capacidades, baste decir que, a su edad, a esos 12 insólitos años, Summer McIntosh, un auténtico prodigio tempranero, nadaba en registros bastante peores.
España, sin Hugo González
España envía a Singapur una delegación de nueve hombres y siete mujeres, sin Hugo González, vigente campeón mundial de 200 espalda, en baja forma tras la descompresión olímpica, su traslado de Estados Unidos a Tarrasa y los cambios en sus programas de entrenamiento. Tampoco es de la partida, naturalmente, Mireia Belmonte, aún oficialmente en activo. Sí, en cambio, repescado, Carles Coll, campeón mundial de los 200 braza en piscina corta. El equipo es joven, con las sensaciones de Luca Hoek (17 años) y María Daza (18 en agosto), que traen oros de los Europeos júniors, en los que también destacaron Jimena Ruiz y Estella Tonrath.
Estados Unidos reúne históricamente 606 medallas (254-205-147), por delante de Australia, con 278 (101-107-70). España ocupa la decimoctava posición con 18 (5-7-6).