Quizá Carlos Alcaraz ya había tomado nota de lo ocurrido unos días antes con Aryna Sabalenka. Antes de su debut en el Open de Australia, la juez de silla Marija Cicak señaló la muñeca de la número uno del circuito femenino y le obligó a quitarse el dispositivo que llevaba, un Whoop, un wearable que mide datos como la frecuencia cardíaca. Sabalenka se mostró extrañada, pero cumplió con la orden. Tal vez por ese precedente, Alcaraz había escondido su Whoop debajo de una muñequera blanca. No sirvió de nada.
A pocos minutos de comenzar su partido de octavos de final del Grand Slam contra Tommy Paul, la misma juez Cicak le advirtió de que no podía llevar ningún aparato y le exigió que se lo quitara. El español obedeció y ahí pareció quedar la cosa. O no.
“Son reglas del torneo, de la ATP, de la ITF… No se puede jugar con ello. Son cosas que te ayudan a cuidarte más, a controlar mejor el descanso, los entrenamientos, la carga… pero bueno, no he podido jugar con él y no pasa nada. Se quita y a funcionar”, aseguró Alcaraz sobre el incidente en su charla con la prensa española. No hubo reclamación ni polémica, hasta que Whoop decidió intervenir.
Empresa estadounidense fundada en 2012, Whoop lleva años invirtiendo en publicidad precisamente para que estrellas como Alcaraz o Sabalenka aparezcan con su producto. Patrocina el circuito WTA y tiene acuerdos con el circuito ATP y la Federación Internacional de Tenis (ITF) para que sus dispositivos sean legales y, de hecho, su uso es habitual en muchos torneos. ¿Cuál es el problema, entonces?
La reclamación de la empresa
Que los Grand Slam tienen sus propias normas. La normativa que se aplica en el Open de Australia establece la restricción de “los wearables que permitan la comunicación externa”, para evitar el coaching o las apuestas, y los jueces de silla del torneo consideran que Whoop es uno de ellos.
“Dejad que los atletas midan sus cuerpos. Los datos no son esteroides”, reclamó este lunes Will Ahmed, fundador de Whoop, mientras la empresa anunciaba que ha contactado con las organizaciones para que revisen su decisión. ¿Podrá jugar Alcaraz su próximo partido con su medidor de datos? Está por ver. Quizá solo dependa de que haya un acuerdo de por medio.
"¿Quién ha marcado? Calla, calla, mejor no me lo digas", reclamaba Carlos Alcaraz este martes. La rueda de prensa después de su victoria en cuartos de final de Wimbledon ante Tommy Paul fue rara, muy rara, quizá la más rara de su carrera. Los medios internacionales le hacían preguntas, L'Equipe, The Athletic, y él miraba a los periodistas españoles que estaban viendo en sus ordenadores las semifinales de la Eurocopa entre España y Francia. Si había calma entre los redactores, el número tres del mundo contestaba tranquilo, pero si se levantaba un murmullo, intentaba adivinar lo ocurrido.
Durante una de sus primeras respuestas marcó Kolo Muani y justo en la última empató Lamine Yamal. Cuando Dani Olmo culminaba la remontada, él ya salía de las instalaciones del Grand Slam londinense. "Tengo que confesar que en el último set de mi partido, cuando ya sentía que estaba dominando, he pensado en acabar más rápido para poder ir a ver el fútbol", reconocía Alcaraz, radiante, pletórico. Todo va bien.
En el All England Club triunfa, camino a su segundo título consecutivo, con Daniil Medvedev como penúltimo obstáculo el próximo viernes en semifinales y en Alemania sus amigos hacen lo propio. Porque Alcaraz tiene una relación cercana con varios componentes de la selección, como Pedri o Ferran Torres, con quienes se le ha visto de fiesta, y es amigo íntimo de ÁlvaroMorata.
La llamada talismán
Estos días, de hecho, ambos están en constante comunicación, hasta el punto que este martes Morata envió a Alcaraz por Whatsapp una foto viendo su partido de cuartos de final ante Tommy Paul antes de saltar a calentar al césped del Allianz Arena. "Esta mañana he llamado a Álvaro para desearle suerte. Lo hice antes del debut de España de la Eurocopa, funcionó y ahora hablamos siempre los días de partido", explicaba Alcaraz, que siempre ha confesado que no es exageradamente futbolero y que se hizo del Real Madrid para incordiar a varios de sus familiares, muy culés.
Más allá del fútbol, Alcaraz, con ciertas prisas, valoró lo conseguido sobre la pista, sus sextas semifinales de un Gran Slam, dos de US Open, dos de Roland Garros y ahora ya dos de Wimbledon. "Tener tantas semifinales creo que pesa a mis rivales. Saben que tienen que hacer grandes cosas para poder ganarme en un Grand Slam", comentaba el español que se medirá al mismo rival que tuvo el año pasado en el penúltimo partido antes de celebrar su primer título en Londres.
Entonces el encuentro fue un visto y no visto, un triunfo en tres sets. Esta vez, Alcaraz vuelve a ser favorito: "La mayor parte de los partidos sí que dependen de mí y eso es bastante bueno. Tanto para bien como para mal dependen de mí. Daniil es como una pared, llega a todas las bolas".
Medio siglo después de la era dorada del boxeo, los deportes de contacto vuelven a estar de moda en España. Quedó atrás la satanización, la aprensión e incluso la mojigatería alrededor de los combates, con su violencia, su sangre y sus posibles lesiones. Mientras se multiplican los seguidores y los practicantes, Topuria, un desconocido para el público general hace no tanto, planea llenar el Santiago Bernabéu en los próximos meses para defender su título del peso pluma en la UFC. Semejante boom merece una explicación.
«Hay muchos motivos, pero el principal es que ha desaparecido el tabú. Durante la transición en España se consideraba que los deportes de contacto ya no iban con los tiempos, que eran anacrónicos, y esa idea ya no existe, ahora son 'cool'. Es consecuencia de varias fenómenos: hay gimnasios que trabajan muy bien la base, hay mucho público interesado en la autodefensa, el boxeo fitness o boxeo recreativo ha atraído a aficionados diferentes, procedentes de las clases liberales...», analiza Raúl Sánchez, sociólogo del deporte por la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) que desde hace años analiza la evolución de los deportes de contacto en España y que se apoya en datos para sus argumentos.
Antes del éxito de Topuria, varias disciplinas de contacto ya crecían exponencialmente en España. Entre 2012 y 2022, las licencias federativas del boxeo pasaron de 1.300 a 8.000, las del kickboxing aumentaron de 3.000 a 13.000 y las licencias de lucha se elevaron de 6.000 a 16.000. Todos esos nuevos aficionados, mayoritariamente adultos, eran la base ideal para un fenómeno así, pero faltaba público joven. ¿Y quién mueve hoy a más chavales?
Entre Ibai y Jordi Wild
«Tener a un campeón como Topuria es muy importante, pero también lo ha sido el auge de las veladas de streamers. Sin ellas, la Topuriamanía sería más pequeña. Ibai Llanos, Jake Paul y Jordi Wildhan hecho mucho para popularizar los deportes de contacto», explica Gonzalo Campos, comentarista de UFC en Eurosport, presentador del podcast Generación MMA y una de las caras visibles del Dogfight, el evento creado por Jordi Wild. Una semana antes de la pelea de Topuria y Alexander Volkanovski, unos 400.000 espectadores veían a través de Youtube los combates organizados por el creador de contenido en el Tarraco Arena de Tarragona.
La audiencia adolescente radicada en Youtube y Twitch -que en julio llenará el Santiago Bernabéu en la Velada del año 4 de Ibai- ha abrazado las artes marciales mixtas (MMA) o el boxeo como modalidades propias, algo generacional. «Y para ello ayudan factores como que los combates de MMA sólo duren entre 10 o 15 minutos o que ya no tengamos tantos remilgos. Los jóvenes podemos acceder a lo más gore en nuestro teléfono con un solo click; no nos parece fuerte que dos profesionales accedan a intercambiarse golpes dentro de los límites que establecen las reglas», añade Campos, que ha vivido el fenómeno UFC casi desde el principio.
Porque la principal competición de artes marciales mixtas del mundo ha explotado en España este año, pero antes ya contaba con fans en el país y fuera era un éxito rotundo. Hace una década, mientras en Estados Unidos, parte de Asia y algunos países de Sudamérica superaba las audiencias del boxeo, a España llegaban los ecos de las peleas de Jon Jones o Ronda Rousey y empezaba a crearse una comunidad de fans alrededor de Conor McGregor. Con un personaje como él como gancho, con sus KOs, con sus celebraciones, con sus escándalos, con su combate con Floyd Mayweather, la UFC generó interés, hasta el punto que en enero de 2022 Eurosport España compró los derechos en exclusiva. Eran unos pocos y hoy son muchos, pero... ¿Todos tienen el mismo perfil?
¿Una respuesta a lo 'woke'?
«Bienvenidos al Estirando el chicle de la gente que no sabe que es Estirando el chicle», presentaba el controvertido cómico David Suárez al inicio del último evento Dogfight de Jordi Wild y luego estiraba la caricatura del público presente, muy mayoritariamente masculino: «Se quejan de que en los premios Esland hay pocas mujeres. Eso es porque todavía no han visto esto».
«No podemos negar que el éxito de las artes marciales mixtas tiene mucho que ver con la masculinidad clásica. Una reacción de aquellos que piensan nos estamos pasando con lo woke, que los hombres están discriminados, como señalaba el último CIS», afirma el sociólogo Raúl Sánchez, que encuentra respuesta en el comentarista Gonzalo Campos: «Los deportes de contacto siempre han sido de nicho, para hombres de entre 25 y 45 años. Ahora, con este boom, al llegar al mainstream, no son deportes más de hombres, todo lo contrario. El target se está abriendo y están llegando más mujeres. Si seguimos la comparación, es como Estirando el chicle: era un programa para un público mayoritariamente femenino y ahora que es mainstream lo escuchan más hombres».
Un WiZink lleno o "dos telediarios"
Sea como sea el fenómeno está en plena expansión, con una Federación Española de MMA en ciernes y varias organizaciones apostando fuerte por la expansión de los deportes de contacto en España. El pasado domingo 3, de hecho, la más importante de ellas, WOW, abrió la temporada con un llenazo en Vistalegre: 7.000 personas para ver artes marciales mixtas. «Topuria es como Pau Gasol para la NBA en España o Fernando Alonso para la Fórmula 1. Es la mecha para encender el fuego. Pero si no pusiéramos combustible todo se apagaría rápido. En cuatro años hemos producido 600 combates y cada vez viene más gente a ver nuestras veladas. La última pelea de Topuria en la UFC, en California, tuvo unos 18.000 espectadores, aquí ya casi estamos en la mitad. Es una locura», acepta David Balarezo, el CEO de WOW, que acaba de cerrar una ronda de inversión serie A con un fondo estadounidense y numerosos socios, entre ellos varios futbolistas.
Sus combates son emitidos en exclusiva en Movistar y la competición planea una gira por toda España que llenará el Cartuja Center de Sevilla o la cúpula de Las Arenas en Barcelona. «Con Topuria hemos notado un incremento de un 30% de nuestros seguidores. En un futuro no muy lejano quizá podamos llenar el Wizink o Vistalegre, que son unas 14.000 entradas, pero todavía nos falta un poquito», cierra el ex luchador apodado Bala. Aunque hay voces que no son tan optimistas.
Al fin y al cabo, en los últimos 50 años en España los deportes de contacto estuvieron a punto de asomar la cabeza en varias ocasiones y nunca antes lo consiguieron. Hubo muchos chascos. «Para mí, es una moda y está bien, pero no durará mucho. En España lo único que se mantiene todos los años es el fútbol», proclama Javier Castillejo, quien casi fue Topuria antes de Topuria.
En los años 90 y los 2000 fue ocho veces campeón del mundo de boxeo y, como después harían Sergio 'Maravilla' Martínez o Joana Pastrana se hizo un hueco en las televisiones, en las radios, en la prensa, pero no duró mucho. Las peleas estuvieron cerca de volver a ser moda, pero quizá por el tabú, quizá por la ausencia de una base, quizá por la falta de una organización como la UFC o quizá porque no existían las veladas de 'streamers', no llegaron a convertirse en un fenómeno de masas. «Ahora es un buen momento, los medios están interesados y me parece fenomenal. Ojalá dure muchos años, hay mucha gente joven interesada. Pero por mi experiencia durará dos telediarios», cierra Castillejo con la dureza propia de estas disciplinas.
«Mis abuelos se mudaron de Colmenar Viejo a Ottawa hace décadas. Mi abuelo era constructor y participó en la construcción de algunos edificios históricos de la ciudad. Mi padre, que se llama Alejandro, pero le llaman Sandy, ya creció aquí en Canadá, aquí conoció a mi madre y aquí nacimos sus hijos. He visitado España muchas veces porque buena parte de mi familia sigue allí, tíos y primos, y me encanta, aunque el castellano todavía me cuesta», cuenta en inglés Leanna García y así se explica que de repente, de la nada, España tenga una representante en bobsleigh, una posible olímpica en los Juegos de invierno de Milán-Cortina d'Ampezzo 2026 en una disciplina absolutamente desconocida para el país.
Bueno, así y a través de una tradición que nació en el skeleton del atrevimiento de Ander Mirambell y que no para de crecer: «Yo conocía a Ander y su historia. Sabía que en España no había instalaciones, pero que él había conseguido competir en varios Juegos Olímpicos e incluso estaba creando una cantera en el skeleton. Por eso hace justo un año busqué su correo electrónico y le escribí. Yo no estaba contenta con la selección de Canadá y pensé que competir por España podía ser un nuevo inicio. Y aquí estoy».
«Aquí» es disputando la Copa América de monobob, el bobsleigh de sólo una plaza, donde ya ha conseguido un quinto puesto. «Aquí» es rumbo al Mundial de Lake Placid del próximo marzo, para el que tiene «bastantes opciones». «Aquí» es haciendo historia en el deporte español; una historia humilde, sí, pero historia al fin y al cabo. Entre 2012 y 2016, una pionera, Bárbara Iglesias, impulsó la creación de un equipo de bobsleigh de dos, y llegó a competir en la Copa de Europa con varias parejas, pero el proyecto se deshizo entre el descontento con la Federación Española de Deportes de Hielo (FEDHielo) y ya hace años que no hay practicantes en el país. Ahora García, de 29 años, lo intenta en solitario.
¿Qué le ofrece España en un deporte tan desconocido?
Bueno, todavía estoy empezando, es mi primer año con la selección. Lo importante es ver cómo crece el proyecto. Recibí una pequeña ayuda del Comité Olímpico para las competiciones y de momento ya está.
Del lanzamiento de martillo al hielo
García, hoy entregada al hielo, se formó y compitió en atletismo hasta los 24 años, especialmente en lanzamiento de martillo y de peso. Sus marcas -50 metros en martillo y 13 metros en peso- no le alcanzaban para dar el salto internacional, pero sí para representar a la Universidad de Windsor en los campeonatos universitarios de Canadá mientras estudiaba Fisiología del deporte. Luego descubrió del bobsleigh.
«Soy bajita, mido 1,60 metros, así que me costaba mejorar mis marcas en lanzamiento, pero podía ser rápida corriendo. Un entrenador me sugirió que probara el bobsleigh, que podía ser buena como break women, es decir, la que empuja el trineo, la que va atrás. De hecho ahora en el monobob estoy aprendiendo a conducir porque hasta ahora yo no lo hacía, sólo ponía la fuerza», apunta García que con Canadá, en parejas, llegó a subirse al podio en la Copa América y a vivir una larga temporada en Alemania, la meca de la disciplina.
Ahora se ha abierto un GoFundMe para su proyecto en España y que, quizá como parte de su integración, le ha puesto guasa: en TikTok se hace llamar The Spanish Cool Runnings en referencia a la mítica película sobre el equipo jamaicano en Calgary 1988 rebautizada aquí Elegidos para el triunfo. El pasado verano estuvo entrenando en el Centro de Alto Rendimiento de Madrid, donde probó la pista de empuje creada por Mirambell para el skeleton, aunque el circuito de bobsleigh más cercano queda en La Plagne, en los Alpes franceses. «Me encantaría que surgiera un camino en España como el que ha creado Ander con el skeleton», finaliza García.