Las pequeñas torturas de Pogacar: 500 metros salvajes en el Grand Colombier para acercarse aún más a Vingegaard

Las pequeñas torturas de Pogacar: 500 metros salvajes en el Grand Colombier para acercarse aún más a Vingegaard

Tour de Francia


Etapa 13: Châtillon – Grand Colombier

Actualizado

Kwiatkowski se impuso en el coloso del Jura, donde la batalla por la general se redujo al final. El esloveno se queda a nueve del amarillo antes de las dos grandes etapas de los Alpes.

Michal Kwiatkowski, ganador en el Grand Colombier.MARTIN DIVISEKEFE

El Grand Colombier resultó apenas un aperitivo, un combate aplazado a los últimos 500 metros, a su rampa final. Allí donde Tadej Pogacar había logrado una de sus primeras y más prestigiosas victorias, la última y única vez que el Tour acabó en el coloso del Macizo del Jura, hace tres años, el esloveno asestó otro pequeño golpe, un arreón salvaje que le vale para acercarse otro poquito al amarillo. El UAE Emirates no fue capaz (o no quiso) antes de controrlar la espacada y el triunfo de etapa fue para un noble del pelotón, el polaco del Ineos Michal Kwiatkowski. [Narración y clasificaciones]

Asume Jonas Vingegaard que la electricidad de su rival no la puede igualar. Que posiblemente no hubo nadie jamás con semejante punch en los finales en alto. Es una violencia animal la que impulsa a Pogacar, con el vaivén de sus brazos al compás, como un tigre a por su presa. Y la jornada exprés (ni 140 kilómetros desde la salida en Chatillon) de aproximación a los Alpes, con el Gran Colombier al fondo, sus más de 17 kilómetros al 7,1%, era propicia al aspirante. Al danés le tocó jugar a la defensiva y no le salió tan mal, apenas cedió cuatro segudos (más otros cuatro de la bonificación), apretando los dientes otra vez, tercera ocasión consecutiva que se le escapa la rueda amenazante de Tadej.

Porque Vingegaard, escalador más puro, piensa a lo grande, en tácticas de equipo, en jornadas como la del Granon, en altitud y puertos enlazados, en diferencias de verdad. Aunque lo preocupante esta vez fue como sus Jumbo Visma iban quedando despedazados en la ascensión final, cuando el ritmo de Marc Soler,Felix Großschartner o Rafal Majka no era capaz ni siquiera de reducir demasiado la diferencia con un Kwiatkowski que iba a sumar su segundo triunfo en el Tour, a sus 33 años un palmarés extraordinario: campeón del mundo en Ponferrada (2014), dos Amstel Gold Race, una Milán-San Remo, una Tirreno, dos Strades…

Los verdaderos petardos no se encendieron hasta los dos kilómetros finales, cuando Adam Yates demarró no se sabe dónde. Le siguió el único gregario ya de Vingegaard, el siempre presente Kuss, y a su rueda Pogacar y detrás los ocho mejores de la general, todos menos Pello Bilbao. Y a 500 metros, justo antes de ese tremendo final del Gran Colombier, el zarpazo de Tadej, el éxtasis en pequeñas cápsulas, lejos ya esas exhibiciones de antaño cuando no le importaba tener 40 o 50 kilómetros por delante.

Soltó a todos y el más perjudicado fue Carlos Rodríguez, que cedió 30 segundos (15 con Jai Hindley, 17 con su compañero Tom Pidcock), aunque mantiene la cuarta plaza. Y también atrapó a todos los de la escapada, menos a Van Gils y el ganador. Con lo que la bonificación, esos pequeños segundos que pueden ser determinantes, sólo fue de cuatro segundos.

Porque en la mente y en las piernas estaban las dos etapas por venir, la amenaza de los Alpes que hace un año resultaron clave en el mano a mano entre Vingegaard y Pogacar, inolvidable el trabajo del Jumbo Visma el día del Granon. El sábado, con la meta en Morzine tras descender el Joux Plane y antes cuatro puertos más, tres de primera. Y el domingo, el final en la cumbre de Saint-Gervais Mont-Blanc, con otras cuatro cimas previas.

kpd