Lamine, Raphinha y Lewandowski acaban con el suspense del Copenhague para llevar al Barça directo a octavos de la Champions

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No hay nada como el suspense. Todo sabe mejor cuando llega con épica, cuando los héroes emergen para sacudirse un destino fatal. Eso es lo que ha hecho el Barça en toda la fase de grupos de la Champions. Agarrarse a su talento para, contra todo y contra todos, acabar donde se esperaba: entre los ocho mejores equipos de Europa. No se lo puso fácil el Copenhague. Le hizo penar una clasificación que Lamine Yamal, Lewandowski y Raphinha, junto al siempre resolutivo Rashford, liquidaron en 45 minutos. Por si alguien tenía dudas, este Barça no se arruga ante la dificultad y, aunque haya sido arrastrando los pies en algunos momentos, acaba cumpliendo. [Narración y estadísticas: 4-1]

Y eso que el último partido se complicó en apenas cuatro minutos. Todo el plan de Flick tenía en la cabeza saltó por los aires. Necesitaba una goleada ante los daneses para asegurarse una plaza entre los ocho primeros y esquivar una ronda envenenada, pero tuvo que sudarlo. El primer acercamiento lo hizo Lamine Yamal, tímido, como para hacer entrar en calor el partido, pero fue Dadason quien lo incendió. Otro adolescente de 17 años que, sin miedo, no tembló al plantarse ante Joan Garcia y ganarle el mano a mano. Le había dejado solo ante el portero su compañero Elyounoussi, listo al cortar una mala salida de Koundé buscando a Eric Garcia para poner la pelota a la espalda de Cubarsí. En dos pases, los azulgranas estaban contra las cuerdas sin romper a sudar.

El técnico del Copenhague, como si no se creyera su proeza, cambió a defensa de cinco para proteger el tesoro, que logró aguantar hasta el descanso. Y fue más por demérito del Barça que por su buen hacer. Lewandowski, en el minuto 10, empezó a convertir al guardameta Kotarski en héroe. Se aprovechó el polaco de un error de Suzuki y falló en un mano a mano cuando la grada alzaba ya los brazos celebrando el empate. Congelados se quedaron casi en la misma jugada, cuando Eric probó con un misil que tocó en un defensa, pero salvó el portero con una agilidad increíble. Después fue a Raphinha, a quienes le arrebataron el empate cuando afilaba el golpeo a un pase al espacio en ventaja que le ofreció desde la orilla derecha Lewandowski.

Por un momento pareció que solo iba a ser cuestión de tiempo que el Copenhague flaqueara, quizá por eso el Barça se lo tomó con calma, con demasiada calma, como si hubiera perdido la capacidad de acelerar el partido. Ya no necesitaba golear, necesitaba remontar. No fue hasta pasada la media hora de juego cuando empezó de nuevo a carburar con dos regates de Lamine y un rechazo de la defensa danesa que encontró Eric en la media luna para armar un disparo que hizo temblar el travesaño. Activado, faltaba finura en un área bien poblada por los daneses.

Necesita el Barça revolucionarse para hacer aflorar la magia que rompiera el orden de su rival. Tras el descanso, Flick echó mano de Marc Bernal para que marcara el ritmo y, enseguida, llegó el empate. En apenas 20 minutos, el tridente de ataque afloró al rescate con el colmillo afilado. Dani Olmo, algo más liberado, lanzó a Lamine por el carril derecho, al borde mismo del fuera de juego, lo que le dio ventaja para dejar atrás a Marcos López y asistir a Lewandowski en el punto de penalti. A bocajarro, el polaco igualó el marcador.

Quisieron estirarse los daneses, con un tiro de Larsson que no pudo ajustar entre los tres palos y un remate, desde un fuera de juego, que le sirvió a Joan Garcia para lucirse. Había que remontar y lo tenía muy presente Lamine, que no dudó en fusilar cada vez que tenía oportunidad. En la primera, el balón, rozado por un defensa, hizo una parábola para colarse por la escuadra de Kotarski. Con este tanto, el Barça ya estaba en el top 8. Se afianzó más cuando el colegiado Bastien, y el VAR, no dudaron en pitar un extraño penalti de Suzuki sobre Lewandowski. El polaco se había acomodado con el pecho un centro de Lamine y pareció rematar al aire, un error imperdonable, pero el árbitro francés vio penalti y nadie le rectificó. Ayuda o no, Raphinha lo convirtió en el tercero para la cuenta azulgrana.

Buscó Flick frescura por si al Copenhague le daba por crecer, algo que se convirtió en aún más imposible cuando Rashford, recién salido al campo por Dani Olmo, marcó el cuarto con una magistral falta directa lanzada rasa al primer palo, esquivando la barrera y sorprendiendo al guardameta. Aún le quedó al Camp Nou un susto: el gol en el 89 de Gabriel Pereira, un cabezazo a un centro lateral que midió mal y se comió Joan Garcia. Hasta en eso tuvo fortuna, porque el VAR avisó al colegiado francés, acudió a la banda a revisarlo y no dudó en anularlo. Quizá no había sido con el guion esperado, pero el Barça goleó y cumplió su objetivo de estar entre los ocho mejores.

kpd