Se acumulan los años y las frustraciones, la tradición del azul español en el pelotón del Tour que no se traduce en éxitos. Es como una maldición la del Movistar, seis años ya de la última victoria, la de Nairo Quintana en Valloire. Y persiguen con empeño el desquite, especialmente en este Tour que pronto contempló a su líder, Enric Mas, lejísimos de la lucha que siempre mantuvo en la clasificación general.
“Hay días que lo paso mal pensándolo, pero en etapas como hoy (por el miércoles) disfruto como un niño pequeño de poder correr así”, dijo en la meta de Superdévoluy el balear, tercero tras Richard Carapaz y Simon Yates, tarde su reacción cuando se desataron las hostilidades en el Col du Noyer en la numerosísima fuga en la que se habían insertado dos Movistar, él y Alex Aranburu (acabó 10º el campeón de España).
El histórico Movistar, que dirigen en este Tour Chente García Acosta y Pablo Lastras, presume de siete victorias en la general del Tour, siete triunfos por equipo (fueron líderes los primeros días) y nada menos que 34 etapas desde aquella iniciática de Ángel Arroyo en el Puy de Dôme, en 1983 (la siguiente fue también para el abulense, el año siguiente en Morzine). Pero desde Nairo… Y no será por el empeño. Especialmente en esta edición, con el infatigable Oier Lazkano en su estreno. Hasta en cinco fugas estuvo el vitoriano. También Aranburu y Javier Romo dieron al palo en los caminos blancos de Troyes. Ahora es el turno de Enric Mas, que nunca ganó una etapa en la Grande Boucle.
“Es una pena grande, porque el equipo ha hecho un súper trabajo. Han sido 120 kilómetros para formar el grupo decisivo, una auténtica locura. Hemos estado atentos, en todos los cortes teníamos gente y al final nos hemos podido meter Alex”, describió el líder del equipo, que el Tour pasado se tuvo que retirar después de sufrir una caída en la primera etapa, en el País Vasco (también abandonó en 2022).
“En el Col du Noyer simplemente no ha habido piernas. Hemos gastado todos mucho para poder estar adelante en la fuga; ya habéis visto qué grupo éramos. Una pena no haber ganado, pero el equipo está súper bien y hemos corrido con gusto”, añadió en meta, para hablar de sí mismo, de la condición de quien rozó el podio años atrás (6º en 2021, 5º en 2020) y ahora es 21º a casi una hora de Pogacar. “Este Enric no es nuevo, va siendo poco a poco el Enric de antes, y me refiero a fuerzas y piernas. Espero poder progresar y seguir así, y que estas dos semanas pasadas malas tengan una explicación, porque ha sido duro para el equipo y para mí. Hoy hemos encontrado algo del Enric de antes”, concluyó.
El Movistar el miércoles perdió a una de las que habían sido sus grandes bazas en este Tour. Fernando Gaviria se retiró para preparar su participación con Colombia en los Juegos, en la pista. El sprinter colombiano había rozado la victoria en Turín (segundo) y Dijon (tercero), aunque ya no había terreno para él. Sí para el resto, especialmente este jueves camino a Barcelonnette, media montaña marcada en rojo por los técnicos del equipo.
Vuelta a España
Etapa 16: Liencres - Bejes
LUCAS SÁEZ-BRAVO
@LucasSaezBravo
Actualizado Martes,
12
septiembre
2023
-
18:25El danés dedicó el triunfo a su...
Cuando las multitudes le aclaman, le chillan y le ruegan en los largos pasillos que en cada salida se forman en el protocolo de la estampa de firmas, cuando rodean el bus del UAE Emirates, cuando le persiguen incluso en los hoteles de paso perdidos por Francia, a Tadej Pogacar se le intuye abrumado. Como los tímidos enfermizos, no sabe muy bien cómo reaccionar ante el fenómeno fan. Un brazo arriba, una media sonrisa. Él sólo es una estrella del rock encima de la bicicleta. Ahí sí, la transformación, los gestos, el colmillo, la inclemencia. El show.
En Niza, bajo el sol del Mediterráneo, tan lejos del Arco del Triunfo parisino, el esloveno se hizo leyenda. Son tantas las comparaciones con los mitos del ciclismo, los récords devorados... El nombre más repetido es el de Marco Pantani, el último ganador del doblete Giro-Tour, hace 36 años. Sólo seis más lo lograron (Coppi, Anquetil, Merckx, Hinault, Roche e Indurain), pero lo más asombroso no es conseguirlo, es siquiera imaginar intentarlo en los tiempos del ciclismo moderno, donde ya no se avanza a base de riñones y coraje, donde todo lo marca la ciencia, los vatios, los esfuerzos y los descansos. Ahí, en los laboratorios, ha sido donde se ha fraguado lentamente la reconquista de Pogacar, una maquinaria que su director, Joxean Fernández Matxin, puso en marcha el mismo día después de que, por segundo año consecutivo, Jonas Vingegaard apartara a su pupilo del triunfo en la Grande Boucle.
«Un Tour lo perdí porque me equivoqué siguiendo los ataques de Roglic y Vingegaard [Galibier 2022], el otro porque lo corrí con la muñeca medio rota y una férula», contaba en la cima de Isola 2000 Tadej tras abrochar su tercer Tour e igualar a Thijs (1913, 1914, 1920), Bobet (1953 a 1955) y Greg LeMond (1986, 1989 y 1990). «Vuelvo a ser el viejo yo. Y todavía mejor». Pero, ¿cómo lo hizo?
Pogacar, celebrando su triunfo en la contrarreloj.LAURENT CIPRIANI / POOLEFE
Es lo que Matxin llama «el backstage, todo lo que está detrás». Y, en el caso del genio de Komenda, se basa en tres pilares: aerodinámica, nutrición y rehabilitación. Los tres, como ese Joseba Elguezabal (el masajista vizcaíno) que le asiste en cada meta, tras cada esfuerzo, con acento español.
Tras la segunda afrenta de Vingegaard, con un bajón como nunca antes se había visto en el Col de la Loze, el fin de temporada de Tadej no fue todo lo exitoso que acostumbra. Apenas pudo sumar a su palmarés Il Lombardia, el último monumento del año. Ya ese octubre, en el primer pre stage del equipo en Abu Dhabi, Matxin le planteó una ambiciosa hoja de ruta hacia la reconquista: Giro y Tour. «Todo está analizado. No podíamos acomodarnos. Teníamos que controlar dónde habían estados la pérdidas y minimizarlas. Y aumentar nuestras fortalezas. Y para eso había que sacrificarse», explica el director del UAE a EL MUNDO.
El Puig
Tras las vacaciones con su novia Urska Zigar, Pogacar se puso manos a la obra. En enero ya estaba trabajando en el velódromo valenciano de El Puig, Porque ahí, en la aerodinámica, estaba uno de los puntos débiles detectados. «El año pasado nos metieron 1:38 en la crono [Combloux), son cosas que escuecen pero que te hacen despertar». El hombre destinado a mejorar aerodinámicamente a Pogacar es David Herrero, ex ciclista del Euskaltel, ahora uno de los biomecánimos más prestigiosos del pelotón. Que no sólo estudió en el túnel del viento y los track test (pista) la posición de Tadej en la cabra de contrarreloj, fue más allá. «Se trataba de ser aerodinámicos, pero confortables en la posición. Pogacar antes iba mucho más recto, más flexible. Ahora va más acoplado en momentos donde antes era erecto. Todo apoyado por el Big Data. Si vas 20 segundos con una capacidad de flujo del aire que te penetre mucho más...», explica Matxin. «Estudiamos hasta la posición en el grupo y la composición y ubicación del equipo, cómo usamos el draft (ir a rueda), saber que tú en ese momento estás recuperando y posiblemente tu rival no, él gasta más y tú menos», añade.
Herrero, que fue pupilo de Matxin en el Saunier Duval, analiza hasta «el rozamiento del material de la bicicleta, del muslo con el sillín, de un buje, de la cadena... Cuanta menos fricción haya, más rendimiento». Todo eso no dejó de aplicarlo Pogacar. En cada calentamiento y cada enfriamiento del Giro, utilizaba la bici de contrarreloj. En el mes entero que pasó concentrado en los Alpes Marítimos antes del Tour, hubo días que recorrió los puertos acoplado. Jornadas en las que, antes de partir, completaba en el rodillo rodajes suaves a 40 grados, un entrenamiento térmico para mejorar una de sus flaquezas reconocidas, el esfuerzo bajo el calor.
Pogacar, con sus compañeros.Daniel ColeAP
La siguiente para de la mejora de Pogacar es la nutrición. Y ahí el hombre es Gorka Pérez, el nutricionista español del UAE, que ya contaba en EL MUNDO cómo medía «hasta los gramos de arroz del sushi» de sus ciclistas. «Valora el gasto calórico, el gasto en kilojulios de cada etapa para analizar proteína, carbohidratos, toda la alimentación a la perfección de cada uno. Con una App que ha desarrollado, sabe perfectamente todo lo que han gastado y todo lo que tienen que comer», dice Matxin. «El chef hace el menú customizado para cada corredor. Nadie pasa hambre. En muchos casos no se pueden ni acabar la dieta, pero están convencidos de que al detalle eso es lo que necesitan para recuperar, la gasolina que han gastado».
Otro de las grandes novedades en el entrenamiento de Pogacar fue la llegada en octubre del sevillano Javier Sola en sustitución de Íñigo San Millán (se incorporó al Athletic de Bilbao) como director del grupo de entrenadores. Matxin también destaca otra pata menos visible del entorno del campeón. Se trata de Víctor Moreno, especialista en rehabilitación de la Universidad Miguel Hernández de Elche. Con una gran peculiaridad que adelanta en «un 50% los plazos de la recuperación»: el profesor se desplaza directamente a los lugares de residencia de los ciclistas del UAE. «Esto no creo que exista en ningún deporte. Cuando alguien tiene una lesión o una caída, tener que desplazarte a un centro de rehabilitación o a un hospital, es duro psicológicamente. Víctor acude a la casa de los ciclistas para que en su ambiente, con su familia, se recuperen más rápido la lesión. El año pasado estuvo en Mónaco con la rotura de muñeca de Tadej», desvela Matxin.
Todo eso, las ganas de venganza y el talento innato de Pogacar. Un cóctel para la historia del ciclismo.