La talla deportiva de Eliud Kipchoge es de tal calibre que casi ha sido decepcionante que no haya bajado de las dos horas en esta nueva consagración de Berlín como capital entre geográfica y mitológica del Planeta Maratón. A estas alturas de su traye
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Estalló la tragedia rota en llanto incontenible y gritos desgarradores. Llanto de dolor físico, exterior, y de dolor sentimental, interior. Gritos de rabia, de reproche contra el azar y de acusación contra el destino. Estalló la tragedia como estalla una bomba, como estalla una pena inconsolable que se desborda e inunda el corazón y el cerebro. Sobrecogidos, los miles de espectadores presentes cayeron en un silencio absoluto, y millones más en sus casas contemplando por televisión otro de esos tristes capítulos que hacen del deporte una metáfora de la vida. Muchos in situ y en sus domicilios se cubrían el rostro con las manos.
Se celebraba el descenso de los Juegos Olímpicos, la prueba reina del esquí alpino, la más rápida, la más espectacular, la más excitante, la más peligrosa. Y en ella, Lindsey Vonn, la más conocida, la más admirada, la más perseguida. Salía en el lugar número 13 de las participantes. Y, súbitamente, nada más arrancar, 12 segundos más tarde (¿o eran también 13?), probablemente a causa de sus ganas de triunfo y de recortar milésimas en cada movimiento, se enganchó con una puerta. Se desequilibró y voló ya con las alas quebradas. Y cayó rodando, botando, rebotando con todo el cuerpo, con toda el alma, sin control, como una muñeca de trapo, desarbolada, descoyuntada. Fue atendida largamente en la pista, convertida en una trampa, y evacuada, colgando en una camilla, en helicóptero, transformado en un vehículo deportivamente mortuorio.
Era el fin para la esquiadora, una de esas estrellas mediáticas que trascienden el deporte para alcanzar la altura de figura pública, de referente social. Especialmente en Estados Unidos, donde su popularidad se eleva a cotas hollywoodienses. Pero también en los países en los que el esquí y los esquiadores desatan pasiones. E incluso en aquellos en los que uno y otros interesan menos. Dotada de un innegable atractivo físico, complementario del talento deportivo, dos virtudes irresistibles para el público y la prensa, yacía sobre la helada y dura nieve, en la que sólo faltaba la sangre para completar una escena de una dureza atroz.
Prótesis de titanio
Era, sí, el final para ella no sólo de los Juegos Olímpicos, sino de toda una carrera reemprendida a los 40 años para, a los 41, reengancharse a una senda victoriosa, que había abandonado en 2019, obligada por todas las fracturas que había padecido. «Mi cuerpo está roto sin posibilidad de reparación», declaró. Se había roto en diferentes momentos el cruzado de la rodilla derecha, la tibia, el tobillo, el brazo, el menisco... El oro de Vancouver 2010 estuvo repleto de analgésicos. Pero, bueno, quizás no reparado, pero sí zurcido, remendado y sostenido por una voluntad tan fuerte como el titanio de la prótesis de la rodilla derecha, ese mismo cuerpo le había permitido esta temporada obtener, en ocho competiciones, siete podios, entre ellos dos victorias. Precisamente en Cortina, donde ha vencido en 12 ocasiones, se ha detenido su tiempo. Lindsey ya no volverá. This is the end.
Nacida Lindsey Kildow en Saint Paul (Minnesota) el 15 de octubre de 1984, mantiene, curiosamente, el apellido de Thomas Vonn, también esquiador, con quien estuvo casada entre 2007 y 2013. Cuando se la relacionó con Tiger Woods, formó una pareja de ensueño para quienes desean que los mitos se emparejen con los mitos, en una especie de divina decisión para con sus elegidos.
La conmoción producida por su accidente es equivalente a la admiración despertada por una figura que reúne todos los requisitos para ser considerada una moderna heroína, una mujer de, también, unas dimensiones literarias que se han incrementado con el cinematográfico dramatismo de su accidente. Su historial habla de tres medallas olímpicas (una de ellas de oro), de 84 victorias en la Copa el Mundo (y 143 podios), sólo por detrás de Mikaela Shiffrin (108) e Ingemar Stenmark (86). De cuatro clasificaciones generales de la Copa del Mundo, de ocho Globos de Cristal en descenso y cinco en supergigante. De los Premios Príncipe de Asturias y Laureus...
Vonn, trasladada en helicóptero al hospital de Treviso.AFP
Cuando pocos días antes del comienzo de los Juegos se rompía, en su novena competición del curso, el ligamento cruzado de la rodilla izquierda en el descenso de Crans Montana, añadió al nombre y al título un aura fatalista de burlona y definitiva tragedia. A su edad y en sus condiciones, ahí se acababa la historia. El presente se detenía de golpe para Lindsey y el futuro quedaba exento de cualquier tipo de incógnita. Ya no existía. Un epílogo innecesariamente cruel que cortaba de un modo excesivo, pero de indiscutible grandeza teatral, una carrera gloriosa, prolongada hasta lo inimaginable. Y, en cierto modo, magnificándola por su dimensión de doliente épica. Se entonaron los correspondientes réquiems, porque ninguna otra pieza musical podía serle aplicada a su persona.
Pero no era el fin. No, al menos, el que ella aceptaría. Pocas horas después del cataclismo, Lindsey desplegaba su seductora sonrisa y sostenía que «el sueño olímpico no se ha acabado para mí». Pero sí se ha acabado. Ahora sabemos que el sueño degeneró en pesadilla y que tenían razón quienes tildaron de locura el empeño. Pero fue una locura grandiosa en su desafío a la Medicina y a la razón.
Se la atendió en primera instancia en un hospital de Cortina y trasladada posteriormente a otro de Treviso, donde fue operada para estabilizar una fractura en la pierna izquierda. Se espera parte médico a mediodía.
El Estadio Municipal Natalia Rodríguez de Tarragona acoge desde este viernes hasta el domingo el Campeonato de España de Atletismo, en una temporada presidida por el tardío Campeonato del Mundo de Tokio, del 13 al 21 de septiembre. El campeonato español sirve de trampolín y filtro para el gran acontecimiento. El campeón obtiene el billete directo, siempre que posea la marca mínima establecida por la Federación Internacional, muy exigente, o de la Española, menos dura pero sujeta también a otros severos condicionantes.
Reaparece Jordan Díaz, el campeón olímpico de triple salto, después de 359 días sin pisar las pistas (desde la final olímpica, el 9 de agosto del pasado año). Problemas en el tendón rotuliano de la rodilla derecha, tratada con plasma rico en plaquetas, le han impedido saltar durante tantos meses. Recibió el alta médica hace unos pocos días. Su regreso es, aparte de un atractivo (según se mire, el mayor del Campeonato), una incógnita en la final directa del domingo, a las 20.20 horas.
Teóricamente, incluso en mediana condición, no debe tener rival. Pero un año en blanco del mejor de los atletas en cualquier especialidad puede desbaratar todos los pronósticos. Mucho más si no se ha debido a un mero descanso, sino a una pelea contra unas molestias recurrentes, por no decir crónicas. La recuperación de Jordan Díaz es un objetivo estratégico del atletismo español, amén de un regalo para el universal. No en vano es el principal candidato para romper el férreo récord del mundo de Jonathan Edwards: 18,29 desde el 7 de agosto de 1995. Díaz lidera el ránking histórico español con 18,18 desde junio del pasado año, en el Campeonato de Europa de Roma.
Retorna también María Vicente en el heptatlón de hoy y el domingo. Muy maltratada por las lesiones, en ella tiene España una firme candidata al estrellato internacional en las pruebas combinadas. Reclaman obligada atención Thierry Ndikumwenayo (5.000, hoy a las 21.40) y Jaël Bestué (200 metros, domingo a las 20.35) .
Sevilla, a por el récord de Myers
No todas las pruebas tienen favoritos tan claros y, por así decirlo, en soledad. Los 400 femeninos (este sábado) reúnen a Paula Sevilla, Blanca Hervás, Carmen Avilés y Eva Santidrián. Paula, con una plusmarca personal de 50.70 está al borde de bajar de los 50 segundos y amenazar el récord de Sandra Myers de 49.67, que tiene ya 34 años.
Los 800 femeninos y masculinos, ese mediofondo tradicionalmente tan agradecido con los españoles, se anuncian apasionantes en las finales dominicales de, respectivamente, las 20.45 y 20.55, con Rocío Arroyo, Lorea Ibarzabal, Mohamed Attaoui, Mariano, La Moto, García, Elvin Josué Canales... Hay siete hombres con mínima para Tokio y sólo caben tres en el avión.
Marta Mitjans tiene 18 años y ya ha bajado de los dos minutos en esos 800 (1:59.88). Pero ha priorizado competir en el Europeo sub-20 de la próxima semana. Otra joven ha aflorado súbitamente: Rocío Arroyo, 22 años cumplidos en julio, madrileña de Alcalá de Henares, subcampeona de Europa Sub-23 con 1:59.18, tercera marca española de todos los tiempos, sólo por detrás de Mayte Zúñiga y Maite Martínez. Hasta esta temporada no había corrido los 800.
Las mujeres del 1.500 (Esther Guerrero, Águeda Marqués, Marta Pérez...) se jugarán el título en la matinal del domingo, a las 12:35. Guerrero acaba de batir el récord de España de la milla. Atraen los 1.500 masculinos con Adrián Ben, Nacho Fontes, Carlos Saez y Pol Oriach (domingo a las 12.45). Duelo en los 110 vallas entre Quique Llopis y Asier Martínez (domingo a las 21:25), con la intromisión de Abel Jordán y Daniel Cisneros.