La varita del gol ha tocado a Hugo Duro para tumbar sus propias barreras y también las de un Valencia que mira con descaro a Europa. El derecho a soñar se lo ha ganado un equipo que se agarró a este único gol para liquidar a un rocoso Getafe, empeñado en acosar la portería de Mamardashvili buscando un empate que tampoco hubiera sido injusto. [Narración y estadísticas]
No se dibujaba un partido para sibaritas. La lluvia y el orden del equipo de Bordalás hizo que el Valencia tuviera que arremangarse para sortear las trampas que se le iban apareciendo en el camino hacia el área de David Soria. No tenía el duelo la carga emocional de antaño, ni saltaron chispas pese a ser la hora de la mascletà fallera. Aquella inquina se suavizó con el paso del entrenador alicantino por el banquillo de Mestalla y hasta hubo hermandad en torno al recuerdo del lesionado Diakhaby.
En medio de esa frialdad, como en un videojuego, Hugo Duro, Yaremchuk o Fran Pérez buscaban cómo librarse de la presión precisa de las férreas líneas que había ordenado sobre el césped Bordalás. Sólo Sergi Canós era capaz de generar el caos, como si la lluvia, recordando sus años en la Premier, le alimentara. Suyo fue el primer remate a puerta en una asistencia de un Pepelu que volvió a ejercer con maestría de brújula.
El Getafe vivía más empeñado en mantenerse firme que acercarse al área de Mamardashvili. Y eso que Latasa y Maksimovic intentaban buscar el error de Mosquera y, sobre todo, de Cenk. A Mata lo escoraron a la banda izquierda con la intención de que atara a Foulquier a las labores defensivas, pero su proyección en ataque, como al de Gayà, fue una de las armas para picar y picar el muro alzado por el Getafe.
El partido tenía un dueño que llegaba al área y allí sucumbía. Lo intentó Canós con un chut que interceptó Djené. Respondieron a la contra los azulones con un tímido testarazo de Mata, y Mamardashvili quiso vengarse lanzando a la carrera a Gayà. Tiene la tarea el capitán de estirar al equipo y siempre la cumple. En la esquina del área lo esperaba Canós para revolverse burlando a Moriba pero ver cómo ahí moría su ataque. Sin embargo, quedó claro que por ese flanco había debilidad.
Y la empalizada del Getafe se desmoronó al filo del descanso. Pegadito a la orilla izquierda, Canós buscó el área, Gayà adivinó la intención y dejó pasar la pelota para que Hugo Duro la encontrara corriendo con ventaja mano a mano con Alderete. Con un preciso golpeo picado batió a Soria.
Despertó el Getafe entonces para acorralar al Valencia, un acoso que no cesó en el vestuario. Los azulones se activaron y tuvieron el empate en las botas primero de Latasa, que salvó el meta georgiano, y en el rechazo, que a puerta vacía lo envió Mata rozando el palo.
Estrellados en Mamardashvili
No eran fogonazos, empezaba a verse un dominio pegajoso en el que caían los valencianistas. Buscó Baraja la forma de seguir haciendo peligro con Diego López y Peter Federico, pero también se atrevió Bordalás viendo que sus hombres daban cada vez más pasos adelante haciendo dudar al rival. Refrescó también las bandas y empezó a exigir.
Sin control, el Valencia sufre y apenas pudo acercarse Diego López, en una jugada de asociación con Guerra, y otra tan tímida que salvó el meta madrileño. El peligro iba a llegar en el otro área.
Allí es donde el Valencia, recosido en defensa por la marcha de Paulista y la lesión de Diakhaby, con los 19 años de Mosquera volcados en el papel del líder, tenía que apretar los dientes. Entonces emergió la figura de Mamardashvili para sujetar los tres puntos. Desvió a córner el disparo de Óscar que buscaba el larguero y voló para colocar una mano abajo que evitó el remate de Yellu.
No tuvo manera el Getafe de arañar un punto por el que peleó ante un Valencia al que se le iluminan los ojos pensando en Europa.
Cuando Wirtz empató en el minuto 89 para forzar la prórroga en Stuttgart, todo el estadio recontó los jugadores que España tenía sobre el campo. Se había marchado la irreverencia de Nico Williams y Lamine Yamal, también Le Normand amenazado con una amarilla y Carvajal se tenía que manejar con cuidado porque cargaba con otra. Ante el arrebato al que se alentaba desde la grada, España tenía que responder con los jugadores a los que De la Fuente les había confiado el partido tras mirar al banquillo. Todos le respondieron para volver a demostrar que la fuerza de la familia que han creado. Ahora le reto es repetirlo ante Francia. "No me van a fallar. Voy a muerte con ellos y ellos conmigo", no dudó en proclamar Luis De la Fuente.
Es ahora cuando más se va a mirar al banquillo. España llegará a las semifinales sin algunas de las piezas más valiosas para el entrenador, pero con un rendimiento extraordinario de quienes no han conseguido aún hacerse un hueco en el once. Un dato apuntala este argumento: un tercio de los 11 goles marcados por España los han conseguido jugadores que partían como suplentes.
Es el caso de Dani Olmo. Marcó para cerrar la goleada ante Georgia y ayer no sólo volvió a hacerlo para abrir el marcador, sino que de su bota salió el balón que Mikel Merino cabeceó en el 119 con una plasticidad que deja una imagen para la historia. Se convierte así el futbolista aún de Leipzig en el máximo asistente de la historia del torneo en su fase eliminatoria al haber hilvanado cuatro goles. Pero, además, el tanto de ayer le permite igualar a Cesc Fábregas como el jugador de España que más goles ha marcado sin ser titular.
Ante Francia, Olmo estará entre los once que escuchen el himno junto al colegiado porque el debate abierto entre el catalán y Pedri se lo zanjó a De la Fuente Toni Kroos. Una entrada lesionó al canario en los primeros minutos y dejó el estadio con la rodilla vendada y cojeando. Ninguno de sus compañeros le da por descartado, pero el primer diagnóstico de esguince lateral interno no es positivo, y menos cuando quedan tres días para el partido.
Tampoco podrá jugar Carvajal, que provocó su expulsión en el último instante del duelo como sacrificio para asegurar la clasificación. Eso supone que Jesús Navas será quien ocupe la orilla derecha por donde suele moverse Mbappé. El capitán del Sevilla, el hombre más veterano de esta selección, campeón de Europa con 55 partidos a sus espaldas, tiene muy claro su papel. Sólo jugó como titular ante Albania y aguantó los 90 minutos con molestias en el pie para proteger a Carvajal, apercibido de sanción. En los octavos jugó nueve más y ante Alemania tuvo escuchitas con De la Fuente y fue uno de los primeros que lanzarse al festejo sobre el césped. El martes estará preparado.
Otro que podrá jugar en Munich Le Normand. Vio una tarjeta que provocó que se quedara en el vestuario en el descanso y que no se enfrente a su país de origen. Nacho, que acabó con molestias, tendrá que ser la pareja de Laporte. El ex capitán del Real Madrid, subido al carro de esta selección en el último momento, fue titular ante Croacia y después cedió su lugar a Laporte. Era la idea del seleccionador, que se vio reforzada por unas molestias. Su experiencia le gana la partida a Vivian, el cuarto central de España.
La falsa amarilla de Morata
La dificultad podía haber sido mayor si, como se temió durante algunos minutos, Álvaro Morata hubiera visto una amarilla en el banquillo durante los últimos instantes del partido cuando todos los futbolistas invadieron el área técnica. Así apareció en algunas estadísticas. "No, no puede ser. Si me ha sacado tarjeta tenía que haberlo hecho a todo el banquillo de Alemania", se lamentaba en la zona mixta antes de que le confirmaran que no, que no está sancionado y podrá jugar la semifinal.
Y es que en los minutos tras el gol de Alemania hubo mucho tumulto tras el banquillo de España, incluso hubo un mareo de la madre de Oyarzabal por la tensión del que pronto se recuperó. Y el segundo de Nagelsmann se encaró varias veces con De la Fuente. Todo lo apaciguó el tanto de Merino. "Ha sido un pedazo de gol, probablemente por el minuto y la importancia, el gol de mi vida", reconocía Merino. Había logrado algo extraordinario el navarro. 33 años antes, cuando ni siquiera había nacido, su padre, Miguel, marcaba el 2-3 de para darle la victoria a Osasuna ante el Stuttgart y el pase a los octavos de final de la Copa de la UEFA. Era 1991 y el padre de Merino lo celebró girando sobre el banderín de córner. Ante Alemania su hijo tuvo la cabeza fría de recordar esa celebración y repetirla en el estadio donde fue, por primera vez, internacional absoluto. "Me he duchado rapidísimo porque quería ir a la grada a ver a mi familia y a decirle a mi padre que ya no podrá recordarme más que él marcó en Stuttgart", admitía el jugador muy feliz, consciente que para eso está en esta selección, en el once o en el banquillo, sin rechistar. La familia, siempre lo primero.
«Respeta al árbitro, respeta el fútbol». Ése fue el mensaje que la RFEF y LaLiga quisieron transmitir esta jornada para acabar con semanas de polémica y tensión antes de que el calendario se empine, pero no lo consiguieron. Las decisiones de los colegiados volvieron a estar en el punto de mira tanto en la disputa por el título como en la huída del descenso. Hubo aficiones que silbaron, como ocurrió en el Bernabéu al grito de «¡Corrupción en la Federación!», y los mismos clubes que pusieron a sus jugadores junto al trío arbitral detrás de la pancarta mostraron después su descontento con decisiones que o bien consideran que les perjudicaron o no entendieron cómo se gestionaron. Eso sí, ninguna cayó en contra de los intereses de quienes pelean el título y fueron especialmente relevantes en el caso de los duelos Valencia-Atlético de Madrid y Las Palmas-Barcelona, donde el descenso también estaba en juego.
Fue el Valencia el equipo que, con más contundencia, cuestionó el arbitraje de Busquets Ferrer con Iglesias Villanueva en el VAR. En el minuto 55, con el 0-2 en el marcador y el Valencia volcado en la portería del Atlético, un centro de Gayà lo cabeceó Sadiq y el balón impactó a bocajarro en el brazo de Javi Galán, abajo pero separado del cuerpo. Mestalla reclamó penalti, pero no lo pitó y el VAR ni siquiera intervino. Minutos después de finalizar el encuentro, el Valencia lanzó un mensaje en sus redes sociales con el vídeo de la jugada: «Nosotros respetamos a los árbitros, pero esto es penalti».
Nadie entendía que ni siquiera se hubiera avisado al colegiado para que peritara con las imágenes. Ni siquiera Simeone. «Me mostraron la imagen del penalti y es la misma jugada de la Eurocopa. Le pega en la mano; no entiendo nada. En la Eurocopa era penal de Cucurella. Dicen que la mano estaba muerta, pero le pega en la mano. Ojalá que sea más claro siempre para todos porque la situación es poco entendible, un día va a ser penal, otro no... Ojalá que se pudiera manejar la misma línea en todos los equipos», reconoció el argentino, que se llevó la victoria 0-3, pero pudo ver complicarse el duelo en esa jugada.
Eso es lo que pensó Corberán, que quiso ser más diplomático: «Prefiero pensar que no ha sido penalti, duele menos. Porque un gol creo que hubiera cambiado la dinámica del partido por completo». «Hay un VAR para corregir errores y creo que es más saludable pensar que no ha sido penalti que pensar que lo era y no ha sido señalado», añadió el técnico.
La duda, como evidenciaba Simeone, permanece. Para la mayoría de árbitros españoles no es penalti. El CTA afinó esta temporada los criterios para que la manos en posición natural no fueran falta. En este caso consideran que no es sancionable porque, pese a estar despegada del cuerpo, no ocupa una posición antinatural. El problema es que para la UEFA sí lo es o, al menos, así lo determinó en septiembre en una reunión del Comité de Árbitros con el ejemplo de aquella de Cucurella que, en los cuartos de final contra Alemania en la Eurocopa, no se pitó.
La mano de Cucurella en el España-Alemania de la Eurocopa.REUTERS
El criterio, que hizo público una filtración para enfado de la UEFA, es que los ingleses Anthony Taylor y Stuart Attwell (VAR) debieron pitar penalti. «El contacto mano con balón que detiene un tiro a puerta debería castigarse de forma más estricta, y en la mayoría de los casos debería concederse un tiro penal, a menos que el brazo del defensor esté muy cerca del cuerpo o sobre el cuerpo», recogieron en el documento de observaciones. «En este caso, el defensor detiene el tiro a puerta con el brazo, que no está muy cerca del cuerpo, haciéndose más grande, por lo que se debería haber concedido un tiro penal», zanjaron.
La única diferencia con la de Galán es que no interceptó un remate a diez metros como el de Musiala, sino el testarazo a bocajarro de Sadiq. Como Simeone, en el Valencia no entienden el criterio ni que el VAR no llamara a Busquets para que evaluara la jugada, por lo que no hay audio de la interpretación.
Revisión de un fuera de juego
Sí lo hay de la jugada polémica que encendió el partido en el estadio de Gran Canaria entre Las Palmas y el Barça. En el minuto 81, con los azulgranas ganando 0-1 pero con los insulares volcados, hay una mano de Eric García en el área, de espaldas y cayéndose, que ataja un disparo de Álex Suárez. Cordero Vega no señala el punto de penalti, pero Del Cerro Grande enseguida le llama desde el VAR. «El brazo, aunque va al apoyo, está extendido, ocupa un espacio, y es un disparo a portería, pero quiero que valores que también hay una posición de fuera de juego previa», le explicaba.
Le muestra primero la imagen de la mano y después varias tomas para verificar el fuera de juego que en LaLiga esta temporada ya es semiautomático. Sin embargo, el colegiado revisa hasta comprobar la posición adelantada del lateral Álex Muñoz en el centro del que nace toda la jugada y que la invalida. ¿Por qué entonces avisó el VAR? «Después de esta semana, es normal que todo se revise», comentó entre sonrisas Eric García. Las protestas del Real Madrid, la carta de queja por los arbitrajes y la reunión privada con el CTA es «la semana» a la que se refería el central azulgrana.
Cordero Vega revisa en Las Palmas la polémica jugada en el VAR.AFP
No quiso Diego Martínez buscar explicaciones sino que se las pidió al árbitro al final del partido. «¿Por qué paráis?», preguntó el entrenador en un diálogo que cazaron las cámaras de Movistar Plus. «No, pero está bien ejecutado, porque si no hubiera fuera de juego, hubiera sido falta...», decía el árbitro. «Ya pero es que... entonces, ¿por qué lo paráis?», reclamaba el técnico ante lo que se encontró esta respuesta: «Para que la gente lo sepa, para que no se piensen que no...». Y ahí quedó la conversación que luego Martínez resumió en sala de prensa. «Es un tema de interpretación y ojalá que a partir de ahora alguna de estas jugadas extrañas nos caiga de cara».
Tampoco se libró de la polémica el Rayo. Se quedó con diez ante el Villarreal por la roja que García Verdura mostró a De Frutos al filo del descanso por una entrada que el videoarbitraje. Eso provocó el enfado del presidente Martín Presa, que dejó el palco para bajar a los vestuarios. En el Bernabéu, el Real Madrid, después de las quejas, tuvo una tarde plácida con el Girona.
No es que no hubiera penaltis o expulsiones en el resto de la jornada, pero fueron jugadas claras en las que ni siquiera tuvo que mediar el VAR.
Sólo un árbitro 'Elite'
El comunicado de los árbitros pidiendo respeto y la campaña de la RFEF contrasta con que para esta jornada el CTA sólo haya designado a un colegiado 'Elite UEFA'. Fue Sánchez Martínez y arbitró el Celta-Osasuna, un duelo donde se esperaba menos tensión que en otros que marcaba el calendario. Hernández Hernández, que arbitró competición europea, y Gil Manzano descansaron.
Sánchez Martínez en el Celta-Osasuna.AFP
Sin embargo, a Cordero Vega, que ha vuelto a Primera esta temporada, se le asignó el partido Las Palmas-Barcelona, auxiliado por Del Cerro Grande.
Al frente de la Sala VOR en Vallecas y en Mestalla hubo dos colegiados descendidos a Segunda el pasado verano pero que siguen en el VAR de Primera: Figueroa Vázquez, que avisó de la expulsión que desde el Rayo ven muy rigurosa, e Iglesias Villanueva, que no consideró revisar la mano de Galán.
La razón de estas designaciones hay que situarla, según fuentes federativas, en que se realizan dos semanas antes, que los árbitros suelen pitar cada 15 días y que había que encajar esta jornada con la elección de los colegiados en la ida de las semifinales de la Copa del Rey con dos partidos tensos entre Barça y Atlético y Real Sociedad-Real Madrid.
África es un continente tan pasional como peculiar y eso se reflejó en una loca final de la Copa África en que Senegal fue capaz de romper el guion que daba ganador al anfitrión Marruecos incluso con un penalti polémico señalado por el VAR en el último suspiro del tiempo reglamentario. En sus botas tuvo Brahim Díaz la posibilidad de hacer campeones a los alauitas desde el punto del penalti, pero su decisión de lanzar 'a lo panenka' acabó con el balón en las manos de Edouard Mendy y dando una vida extra a Senegal que el jugador del Villarreal Pape Gueye convirtió en la victoria en la prórroga.
La final se agitó de manera explosiva por dos decisiones arbitrales tan polémicas que llevaron a Senegal a retirarse a su vestuario. Fue primero un gol anulado por una falta previa de Seck a Hakimi que señaló el colegiado congoleño Ngambo un tanto exagerada. Después, Brahim cayó en el área por un agarrón de Diouf que tampoco pareció suficiente, ni siquiera para el árbitro hasta que vio la jugada en el VAR y señaló penalti. Esa decisión servía en bandeja la ocasión a Marruecos de ganar la Copa África y eso incendió el banquillo de Senegal. Pape Thiaw mandó a sus jugadores retirarse del campo en una decisión histórica.
La Federación de Senegal ya había denunciado en un comunicado las maniobras lo que consideraba maniobras turbias de Marruecos: falta de seguridad para sus jugadores, hoteles de peor nivel, impedimentos para asignarles campos de entrenamiento en Rabat... y el penalti fue la gota que colmó el vaso. En el 90+9, tras discusiones con el árbitro y entre banquillos, solo Mané se quedó en el campo, pidiendo a sus compañeros que volvieran. Como si fuera el único que creía en que el cancerbero del Chelsea podía parar ese penalti y mantenerlos vivos.
Los jugadores de Senegal se retiran al vestuario.AFP
Brahim, que había generado esa oportunidad histórica, le pidió el balón a En-Nesyri y, ante el portero del Chelsea y con todo Marruecos conteniendo la respiración, se jugó un lanzamiento 'a lo panenka' que, mansamente, atrapó el guardameta. De la gloria al infierno.
Tan noqueada quedó Marruecos que ya no pudo alzarse. El peso de llevar a la espalda la ilusión de todo un país que había esperado 50 años para volver a ganar una Copa África les pudo. La condición de anfitrión y la de favorito fueron emociones que se sumaron a la incomodidad que les creó Senegal desde el arranque. De hecho, en el minuto 5 respiraron de alivio cuando Bono salvó el remate de Pape Gueye a bocajarro en un saque de esquina. El ex guardameta del Sevilla, que ya fue héroe en las semifinales atajando dos penaltis a Nigeria, volvió a aparecer para sostener a su equipo, al que le costaba estirarse.
Senegal sabía que si tenía la pelota y el control del juego dejaba a los alauitas sin su mejor baza: las transiciones rápidas. En eso se esforzó, como también lo hizo el lateral zurdo del West Ham, Diouf, en parar a Brahim Díaz. A quien apuntaba a ser MVP de esta Copa África y también Bota de Oro, le costó entrar en juego porque el balón nunca lo tenían sus compañeros.
Cierto es que ese dominio senegalés se veía atrapado en muchos momentos en la tela de araña que tejió Regragui con Saibari, El Aynaoui y El Khannous. Sus robos tenían un destinatario claro: Abde. En el ala izquierda donde habían detectado una debilidad porque Pape Thiaw no había tenido más remedio que hacer debutar al joven central de Niza Antoine Mendy. Abde, pillo, intentó buscarle las cosquillas pero toda la zaga de los leones de Teranga acudía en su auxilio.
Necesitaba Marruecos que apareciera Brahim para encontrar a El Kaabi, incluso que Hakimi se proyectara, aunque bastante tenía con sujetar a Sadio Mané. Senegal parecía más cómodo, tanto que pasada la media hora Ndiaye le cogió la espalda a Mazraoui, como si de un Everton-City se tratara, y se plantó para librar un mano a mano con Bono que, de nuevo, ganó el portero. Si la selección marroquí seguía viva, se lo debía a él, porque era incapaz de gobernar la final y empujar a que se jugada en campo senegales.
Al filo del descanso se estiraron los dos equipos y pisaron más las áreas con menos miedos. Marruecos, a latigazos, otra vez con Abde, que puso un centro al punto de penalti que se le escapó al central del Marsella Aguerd. La respuesta, esta vez, fue una transición de Senegal, con Jackson en la frontal del área descargando a Mané en la banda izquierda para que buscara disparo. No es ya el jugador decisivo que asombró en el Liverpool, pero le queda magia. Ya en el añadido, Ndiaye volvió a intimidar, pero esta vez el tiro flojo desde la frontal de Camara hizo contener la respiración al público, más por reiteración que por el peligro que representaba.
Tras el descanso, el duelo se abrió algo más y la primera ocasión la tuvo Marruecos con una asistencia de El Khannous entre los centrales para El Kaabi, que intentó armar un zurdazo ante Mendy que le salió desviado. Se habían engrasado y otra recuperación de Brahim volvió a poner en problemas a Senegal. Trazó una diagonal y asistió a El Kaabi, pero rebañó Sarr y, aunque su rechazo lo cazó Abde, su remate no pudo encontrar puerta. Se lanzaban los anfitriones a solventar el partido en la media hora que tenían por delante.
El parón por la herida sangrante que sufrió el pivote marroquí de la Roma, El Aynaoiu, animó a los seleccionadores a mover sus banquillos en los últimos 15 minutos. Thiaw buscó la veteranía de Seck y Ismaila Sarr y el colmillo de la jovencísima estrella del PSG Mbaye. No tardó en retrucar Regragui mandando al campo a Tarhghaline y al ex sevillista En-Nesyri.
Había dos opciones: ser conversador y no perder la Copa en los últimos minutos o buscar ser campeón antes de que el colegiado congoleño Ngambo pitara el final. La lesión de Masina noqueó a Marruecos, y de eso se aprovechó Senegal, que encadenó dos jugadas de gol. La primera, un disparo cruzado de Mbaye, la salvó de nuevo Bono. La segunda acabó en el fondo de la portería pero, con mucha polémica, la anuló el árbitro por falta previa de Seck a Hakimi que Senegal protestó.
El jugador del Villarreal Pape Gueye celebra el gol que marcó.AFP
Sin embargo, el capítulo más polémico llegó ya con el tiempo cumplido. En el noveno minuto del largo añadido, y tras avisar el VAR, Ngambo señaló un penalti por agarrón de Diouf para derribar a Brahim. Las protestas de los senegales, que acusaban al madridista de exagerar ante el contacto, apenas se escuchaban ante un estadio enloquecido.
El fallo de Brahim fue un golpe emocional tan fuerte que sacó a los marroquís del partido y, a los cinco minutos de arrancar la prórroga, un zurdazo de Pape Gueye puso en ventaja a Senegal. Contra todo pronóstico, a los leones de Teranga la polémica les había dado alas. Solo reaccionó Marruecos en el 104 con un cabezazo de En-Nesyri a centro de Abde, pero fue Cherif quien, a puerta vacía, falló lo que hubiera sido la sentencia de los senegales.