13 noches para olvidar, 13 dagas en el orgullo del Real Madrid, 13 viajes de vuelta con caras largas en el avión. 13 derrotas a domicilio (de 18) que quizá ya nadie recuerde, sofocadas en el abismo de Estambul, un triunfo en la pista del campeón que fue un puñetazo de personalidad. Como el triple de Hezonja que sentenció al Fenerbahçe, tras siete fallos. Una liberación. [69-74: Narración y estadísticas]
Abrió los brazos Mario, suspiró. Su propia liberación, a falta de un minuto, la de un tipo único. Sabía que era un triunfo de los que marcan el porvenir y no sólo por su importancia clasificatoria, por lo que le supone al Madrid si confirma la semana que viene en el Palacio contra el Estrella Roja. A falta de las matemáticas, ser cabeza de serie en cuartos. Habían escapado de la frustración de últimamente y lo habían hecho con un estupendo ejercicio de amor propio. Un duelo fiero en el que tuvo que sobrevivir varias veces. Y en el que no tembló en la recta de meta, donde se le fueron tantas victorias este curso.
Si Hezonja, tan errático como genial, fue el ejecutor, hubo tres nombres propios muy por encima del croata. El de dos clásicos, dos apuestas seguras, Campazzo-Tavares, esa pareja de época. Y el de Trey Lyles, hielo en el infierno, recursos y clase para desentrañar la noche en Estambul.
Brandon Boston
Porque la cosa en el Ulker Arena eran palabras mayores, uno de esos partidos que ya parecen eliminatorias. Después de un trayecto más largo que nunca, la hora de la verdad se acerca y las cuentas alarman. Los dos equipos acudían con más dudas que certezas y el que perdiera casi no iba a tener margen para arreglarlo en la última jornada. Y el Fenerbahçe, en plena crisis (seis derrotas en las últimas siete jornadas, arruinando lo que parecía un liderato asegurado), lo resolvió elevando la temperatura.
Jasikevicius planteó una batalla: nadie se sentiría cómodo. Cada balón que recibía Tavares, un mar de manotazos le agobiaba. Para igualar ese juego físico, esa incomodidad permanente, hacen falta mentes duras también y mal síntoma fue la marcha de Campazzo, desesperado, directamente al túnel de vestuarios cuando cometió su segunda falta en tres minutos.
El rebote era la falla. Lo dominaba Fenerbahçe, hambriento en el ofensivo. Y en cuanto el Madrid bajó un ápice su concentración, los turcos, con un eléctrico Brandon Boston -una pesadilla toda la noche-, abrieron una grieta (29-21). Y, sin embargo, en ese primer abismo fue cuando emergió el mejor Madrid. La reacción fue de carácter, de defensa y de acierto. Volvió a sus básicos, al dominio de Tavares, al acierto de Campazzo… Y a la no obsesión de Hezonja, quien se mostró solidario pese a su mal día en tiro y en defensa.
Fue un parcial de 2-14 a pesar del susto en el hombro de Deck, quien pudo regresar a pista. Los blancos habían dado con la tecla, pero había que mantener esa pujanza. Los triples de Campazzo compensaban los errores de Hezonja, cada vez más desesperado. Pero el Madrid necesitaba algo más. Y en vez de eso, la segunda unidad supuso un bajón.
Maledon, de capa caída últimamente, no parecía a la altura, y el Fenerbahçe se vino arriba con un peligroso parcial de 12-0. El último acto fue de los que llaman a los “grandes jugadores”, los que pedía Scariolo al comienzo de la semana. Los que no aparecieron en Atenas y sí en Estambul. Lyles anotó 10 puntos en el acto final y tomó todas las decisiones correctas en ataque. Y luego, el triple, la liberación, de Hezonja.











