Expira noviembre e irrumpe diciembre, un mes distinto y paradójico. Su nacimiento anuncia el final del año. Produce vértigo. Florentino es un presidente decembrino. Sus ideas, sus planes, sus iniciativas se suceden, casi atropellándose, casi amontonándose, a toda velocidad mientras sobre él, como sobre todos nosotros, se van depositando los estratos del tiempo. En marzo cumplirá 79 años y desde ese mismo momento comenzará la octava década de su existencia, extraordinaria por tantos conceptos, en derechura hacia su octogésimo aniversario.
Los 80 años son una buena edad para retirarse del mundanal ruido en cualquier actividad y para cualquier persona. Nos atrevemos a aventurar que Pérez ya ha pensado en ello. Por eso tiene prisa para dejar acabada su obra y concretar su legado (y tal vez su sucesor). Por eso está pisando el acelerador en todos aquellos asuntos sin rematar o por emprender.
Por esa razón está forzando la máquina en la sobreexplotación del estadio para ir paliando el sobrecoste de su reforma y metiendo la quinta marcha en la futurista incorporación del recinto al metaverso y la tecnología inmersiva. Por esa razón ha dado el pistoletazo de salida para convertir el club en una sociedad mercantil y anuncia un referéndum al respecto. Se desdobla. Se bifurca. Mientras continúa escribiendo su biografía humana, redacta su testamento deportivo.
Se ha instalado en la Historia a la vez que la sigue haciendo. Le urge ajustar cuentas y avivar plazos. Lanza sus rayos jupiterinos contra Laporta y Tebas. Y sus misiles de largo alcance contra Ceferin, tratando de forzarle, mediante las primeras decisiones de los tribunales, a aplicar en la Champions algunas de sus propuestas para la Superliga. Y amenazándolo con una reclamación multimillonaria, tan excesiva que no resulta creíble más que como tasación de su inquina y reclamo para titulares llamativos. Pero no tiene tiempo ni ganas para medias palabras ni medias tintas.
Hoy es un presidente universal para un Real Madrid inmenso. Y lleva camino de ser un presidente eterno para un Real Madrid infinito.





