Faustino Oro cae a las puertas del récord como gran maestro más joven de la historia

Faustino Oro cae a las puertas del récord como gran maestro más joven de la historia

El talento de Faustino Oro está fuera de toda duda. Con 12 años, 4 meses y 19 días, el ajedrecista argentino acaba de perder su última oportunidad de convertirse en el gran maestro más joven de todos los tiempos. Es el título más alto que puede conseguir un jugador y lo persiguió hasta el último segundo en Moscú, donde necesitaba ganar sus tres últimas partidas en el Open de Aeroflot, uno de los abiertos más fuertes del calendario. En la capital rusa se juega este clásico del circuito desde 2002 y la competencia es durísima, pero Fausti no tenía alternativas si quería perseguir el récord. “Voy a intentar disfrutar e ir sin presión, pero emocionado también”, reconocía días antes de su asalto a los libros de historia.

El chico empezó bien en el torneo, con dos victorias y tres tablas, pero sabía que necesitaba algún triunfo más y en la sexta ronda arriesgó en exceso. La derrota fue un mazazo inesperado y a la postre definitivo. El pibe dependía de una remontada espectacular, tres victorias en las tres últimas partidas, cuando solo había conseguido anotarse dos en las seis anteriores. El miércoles se jugó una doble ronda, aún más esfuerzo para el niño, que sin embargo ganó ambos duelos. Un rayo de sol asomaba en su horizonte.

El último escollo era el gran maestro ruso Alexey Grebnev, de 19 años, excampeón mundial sub 18. Fue un obstáculo demasiado duro. Para darle más épica a la gesta, Fausti jugaba con las piezas negras. Planteó el duelo con astucia (seguramente correspondida, porque Grebnev tenía sus propias ambiciones). Preparó una lucha larga y concentró todas sus piezas para atacar el enroque enemigo. Las tablas no eran una opción; se trataba de matar o morir, sin dejarse nada en la recámara. En la jugada 24, aún no se había cambiado ni un peón, un caldo de cultivo perfecto para preparar el asalto definitivo.

Los peores augurios venían por el reloj. La ventaja de tiempo del ruso, que jugaba muy rápido, suponía la mayor amenaza. Faustino necesitaba acelerar el ritmo mientras tejía su red de amenazas, en busca del punto necesario. Las cosas se torcieron pronto, sin embargo. Grebnev consiguió ventaja después de una imprecisión del argentino. “Si mete f4, Fausti está en una poción horrible”, decía el maestro internacional David Martínez en la retransmisión de la partida en internet. La hizo.

En posición ya inferior, Oro sacrificó una pieza con la idea de pescar en aguas revueltas. Es justo ahí donde Fausti es capaz de sacar lo mejor de sí mismo, cuando su velocidad de procesador le da una ventaja competitiva incluso contra los mejores. En Chess.com, es ya el sexto mejor del planeta en partidas relámpago, justo por detrás de Magnus Carlsen. “Disfruto más cuando estamos los dos apurados de tiempo”, declaraba hace poco. “Al principio de la partida hay que pensar más, la apertura es un poco más aburrida, pero cuando estamos apurados y hay muchas piezas, me suele gustar más”.

En efecto, Fausti enredó a su rival y alcanzó una posición con opciones, pero se pasó de rosca. En un momento crítico, se le aparecieron los fantasmas (quizá el temor a las tablas), optó por el peor camino posible y se quedó “tieso”, como diría él mismo. Siguió luchando, pero su rival no perdonó.

El niño más fuerte de la historia

Que Oro llegará a gran maestro más pronto que tarde es evidente. El récord era solo un adorno en una carrera que se intuye única. Es el niño que mejor entiende el ajedrez en toda su historia, aunque se trata de un deporte especialmente propicio a la aparición de pequeños prodigios. Internet y la inteligencia artificial han acelerado el proceso de maduración de estos fenómenos, que han existido siempre, de Capablanca a Arturo Pomar, otros dos genios que hablaban español.

Faustino surgió casi por generación espontánea durante la pandemia. Es conocida la historia de cómo su padre le abrió una cuenta en Chess.com para que dejara de “joder con la pelota”, como cantaba Serrat. Al contrario que el matrimonio Polgar, que fabricó tres genias con premeditación, Romina y Alejandro descubrieron el talento de su hijo por casualidad, aunque algo había en sus genes, porque el abuelo Luis fue maestro nacional, una categoría meritoria, pero tres escalones por debajo del título de GM.

Lo extraordinario de la historia de Faustino es que Romina y Alejandro decidieron abandonar sus trabajos y cambiar Argentina por España para darle a un chico de diez años la oportunidad de demostrar su talento. Él no les ha fallado, pero sin aquella decisión valiente (el valor también es genético), no habría sido posible llegar a Moscú con opciones de superar un récord tan extremo.

Una vez establecidos en Badalona, al principio en situación más precaria y poco a poco con el apoyo de distintos patrocinadores, la progresión de Fausti ha sido espectacular. El pibe ha explotado antes que Bobby Fischer, que Garry Kasparov, que Magnus Carlsen. Si algún día logra superarlos de adultos es algo que se verá, pero él siempre tuvo claro que, antes que el récord de precocidad, su objetivo en la vida es ser campeón del mundo.

Cómo ser gran maestro

El título de gran maestro no se consigue en una tómbola. Hace falta demostrar el nivel en tres torneos exigentes, tres competiciones distintas con unos requisitos mínimos. Cada vez que se logra el objetivo, la FIDE te reconoce una “norma”. La Federación Internacional, de hecho, ha endurecido los criterios. A Faustino le han subido el listón que tuvieron que superar Magnus Carlsen y el anterior poseedor de la plusmarca, Abhimanyu Mishra.

El estadounidense logró el título en Budapest, entre abril y junio de 2001, con 12 años, cuatro meses y 25 días. Para ello, se fue a la capital húngara, donde jugó un torneo cerrado tras otro, a menudo contra los mismos jugadores, hasta que las tres normas cayeron por su propio peso y por la calidad del muchacho, también indiscutible. A Oro le han forzado a conseguir la tercera norma en un torneo abierto, donde el azar influye mucho más. El jugador no conoce a sus rivales de antemano y, si tiene mala suerte, su fuerza puede no ser suficiente para cumplir el reglamento, independientemente del resultado conseguido.

Fausti consiguió su primera norma en Madrid, en septiembre de 2025, en el torneo Leyendas y Prodigios, que ganó con una superioridad abrumadora. La segunda llegó en Buenos Aires, tres meses después, en el Magistral Szmetan-Giardelli, donde terminó invicto con una actuación de 2600 puntos Elo. Esto también es importante, porque para ser gran maestro además es necesario tener un Elo de más de 2500, cifra que Fausti ya supera con cierta holgura y a una edad también récord. Con el ajedrecista argentino, la gran duda es cuántas plusmarcas más será capaz de superar a lo largo de su carrera.

kpd