La selección española masculina de baloncesto 3×3 logró este domingo una histórica medalla de oro tras vencer a Suiza por 21-17 en la final de la Copa del Mundo, que se disputó en Ulán Bator, capital de Mongolia.
El primer gran título de una selección que solo tenía una plata en los Juegos Europeos de Bakú (Azerbaiyán) 2015 y que ha hecho historia 10 años después de la mano de Guim Expósito, Carlos Martínez, Diego de Blas e Iván Aurrecoechea.
En su camino a la gloria, España se deshizo en octavos de Australia (21-10), en cuartos de China (16-21) y en semifinales de Alemania (21-15). En fase de grupos terminó en tercera posición
Hasta este domingo solo habían conseguido un cuarto puesto en la Copa del Mundo en 2016 y la decimotercera posición en 2012. Un logro que significa un avance significativo para el baloncesto 3×3 en España.
Ante Suiza, el conjunto hispano fue superior de inicio a fin tanto en el marcador como en el juego, liderado por un Carlos Martínez inconmensurable. Aurrecoechea hizo el último punto con un mate espectacular para cerrar el oro.
El bronce mundialista fue para Serbia tras derrotar a Alemania por 21-16 en el partido para el tercer y cuarto puesto.
De repente, cuando la depresión y las dudas parecían tan profundas que no se antojaba solución, el Real Madrid, el mejor de la temporada, ha resurgido para empezar a creer. En sí mismo lo primero, la clave del despertar de un colectivo para el que el verano supuso una merma pero que no podía ser tan mediocre como parecía. Ante La Laguna Tenerife, que no es un cualquiera ni mucho menos, enhebró su novena victoria en los últimos 10 partidos, el cuatro de cuatro en una semana que no olvidará. [96-86: Narración y estadísticas]
Quizá la semilla de lo que luego será, en ese horizonte que ya se perfila con la Copa (y donde, salvó sorpresa, será cabeza de serie). Ante el Tenerife de Txus Vidorreta, con el que llegaba igualado en la tabla, no fue un triunfo de nombres propios. No hay mayor alegría para un técnico: Chus Mateo goza de lo que echaba de menos, más tipos para la causa. "Todos tienen que mantenerse vivos", desafía. Como Hugo González, el canterano que ya derriba el muro. O Rathan-Mayes, casi perfecto en sus pinceladas (seis puntos, siete asistencias). O Ibaka (15 puntos) y un Andrés Feliz que sólo emborronó su tarde con una agresión poco castigada por los árbitros a Ilimane Diop.
De nuevo al Madrid le costó un arranque en plenitud, con la pereza obligada de una semana inasumible. El lunes en Vitoria, el miércoles en Granada, el viernes en Kaunas... Pero el equipo ha ido adquiriendo unos mecanismos positivos, apoyados en la defensa, en la confianza recobrada que otorgan las victorias, en la suma de los jugadores que parecían en depresión. Pese al martilleo constante del Tenerife desde el perímetro, con siete triples de 11 intentos (especialmente acertado el tirador Kramer) para empezar, los blancos no se tambaleaban.
Se vieron nueve abajo (20-29), pero resurgieron con poderío. Y fue con Andrés Feliz a los mandos, al fin algo de luz en su túnel particular. Hezonja agarró la responsabilidad y firmó acciones estupendas, como una contra rematada en alley oop tras tapón previo de Ibaka. Era la primera ventaja del Madrid en el partido y al descanso se fue mandando con lo de siempre: un triple de Llull sobre la bocina (45-42).
Campazzo ejecuta una entrada, ante el Tenerife.ACB Photo
El Madrid ya había despertado. Y a la vuelta de vestuarios no dudó ni un segundo. Como si con la llegada del año nuevo hubieran revivido sus alegrías. Y también su disciplina. Y eso que aún no llegaron los fichajes, tan pregonados. Regresó con un 17-2 de parcial y se fue despegando de un Tenerife apagado, incapaz de encontrar su siempre rentable pick and roll. Ni rastro de Fran Guerra, muy poco de Shermadini. Campazzo, bien pronto cargado de faltas, corría y corría ahora. La diversión.
Resultó tan contundente el juego del Madrid, que el tercer acto supuso ya la sentencia. 64 puntos entre el segundo y el tercero, con todos aportando. Hasta Ibaka, otro de los señalados, que coronó con (otro) triple sobre la bocina para poner una máxima insalvable (79-58).
Vidorreta, en el laberinto, dio entrada a Diop en la pintura y Marcelinho Huertas, en su eternidad, espabiló al Tenerife con un parcial de 2-13. Con el partidazo de Kramer, se llegó a arrimar a ocho (84-76). Pero era demasiado tarde.
Cuando Bob McAdoo aterrizó en Milán en el verano de 1986 era toda una rareza. El que había sido máximo anotador de la NBA luchando por la Copa de Europa. Lo mismo que Dominique Wilkins años después en Atenas. En la Euroliga que arranca este jueves y que festeja su 25 aniversario (todavía sin sede para su Final Four de mayo) sólo hay un equipo, el novedoso París Basketball, en el que ninguno de sus jugadores ha debutado en la mejor liga del mundo. Otros, como el aspirante Olympiacos, posee hasta 10 con pasado yankee. El trasvase de cada verano se ha convertido en la gran animación de la competición. Y este 2024 no ha sido excepción.
La noticia ya no es que los mejores de Europa acaben en las redes de la poderosa y millonaria NBA, que apunta directamente a los jugadores en formación. Esta vez apenas le ocurrió a Gerschon Yabusele, impulsado a última hora por su asombroso despliegue con Francia en los Juegos Olímpicos. Sasha Vezenkov, que para la mayoría de los General Managers es el mejor refuerzo del verano (para el 53,8%, según la encuesta de BasketNews) ha deshecho el camino que recorrió hace un año junto a Vasilje Micic y está de vuelta en el Olympiacos. Un viaje en sólo ya una dirección que incluye jugadores de todo pelaje, desde veteranos que encuentran un motivante último baile en Europa, hasta jóvenes en busca de la oportunidad que no se les otorga en el frenético mercado americano con 30 franquicias (y 15 jugadores en cada una de ellas, además de los equipos afiliados de la G-League). Pero también tipos en el mejor momento de sus carreras ávidos de nuevos alicientes competitivos.
Es el caso, por ejemplo de Cedi Osman, el último fichaje del campeón. El turco tiene 29 años y ha disputado casi 500 partidos en la NBA (más de 70 la pasada temporada con los Spurs). Ahora está a las órdenes del inefable Ergin Ataman. «Si se tratara de otro jugador que no tuviera experiencia europea en su carrera, no hubiéramos hecho este traspaso. Pero Cedi tiene una gran carrera en la NBA y no tiene 33 o 34 años. Vino a Europa porque no encontró lo que quería en la NBA. Decidió jugar en la Euroliga porque vio y entendió, como muchos jugadores de la NBA finalmente entienden ahora, que la Euroliga es una competición de nivel NBA. A veces, más alto que el nivel de la temporada regular», aseguró rotundo el técnico del Panathinaikos.
Cedi Osman, antes de un partido con el Panathinaikos.
Un caso parecido podría ser el del Evan Fournier (Olympiacos) o el de Furkan Korkmaz (Mónaco). El verano pasado ya habían llegado a la máxima competición europea tipos con mil batallas americanas como los hermanos Hernangómez, Kemba Walker o Jabari Parker. Y esta temporada el Real Madrid (que debuta en Múnich ante el Bayern, 20.45 h.) recoge el retorno de Garuba (como en su día hizo con Musa, Deck, Campazzo,Hezonja o Tavares), el Efes contará con dos clásicos de rotación como Stanley Johnson o Jordan Nwora, el Barça con Chimezie Metu, el Fenerbahçe con Boban Marjanovic, el Partizan con Aleksej Pokuevski, Frank Ntilikina y Carlik Jones, el Asvel con Shaquille Harrison y el Panathinaikos también con el gigante turco Omer Yurtseven. Todos tuvieron más o menos recorrido el año pasado en la NBA.
En total, serán 91 los jugadores que al menos han disputado un partido en la NBA. Ninguno de ellos como Serge Ibaka (ahora en el Real Madrid tras un curso en el Bayern), con 1.071 noches a sus espaldas, al que sigue Marco Belinelli (925). Sólo seis de los 18 equipos no podrían integrar un quinteto exclusivo de ex NBA, con el mencionado Olympiacos a la cabeza seguido de bien cerca por el Partizan (9) y Fenerbahçe (para los GM, el equipo de Jasikevicius es el que mejor se ha reforzado), Madrid, Barça y Monaco con ocho jugadores. En la ficticia clasificación de partidos NBA en sus filas, el primero con diferencia es, curiosamente, el Barça (1.955), seguido por el Madrid (1.750) y el Panathinaikos (1.617).
Las fantasmas de París, Atenas y Dubai volvieron a aparecerse ayer en Belgrado, donde el Real Madrid sudó tinta para cortar su mala racha a domicilio. Tras dominar los tres primeros cuartos, el equipo de Sergio Scariolo se vio obligado a otro imprevisible desenlace frente al Partizan, decantado finalmente por un triple de Andrés Feliz a falta de 39 segundos para la bocina. [Narración y estadísticas (73-77)]
Trey Lyles y Mario Hezonja lideraron el ataque, con 14 puntos cada uno, durante los mejores minutos de los blancos, que volvieron a desperdiciar, como la pasada semana en Qatar, una cómoda ventaja (45-60, min. 26). Estaba escrito que la novena victoria consecutiva ante al rival que les llevó a un esfuerzo supremo durante los cuartos de final de 2023, debía fraguarse en los últimos minutos.
Sterling Brown, con dos triples, desplegó su mejor baloncesto al final del tercer cuarto y el equipo de Joan Peñarroya, desatado con dos triples consecutivos más de Isaac Bonga y Aleksej Pokusevski, rebajó considerablemente la diferencia (54-60, min.27). Los visitantes volvían a desconectarse, encajando un doloroso parcial de 16-2 (61-62, min.30).
Vida extra
Una penetración de Duane Washington puso de nuevo a los locales por delante ante un Madrid que, con Lyles y Theo Maledon en pista, no encontraba claridad en ataque, con sólo una canasta en juego en siete minutos. El desacierto y la imprecisión afectó a ambos equipos por igual, que dejaron una extensa galería de errores, con Edy Tavares como único argumento válido en ambos lados de la cancha (69-69, min.37).
Con 71-71, Feliz anotó un triple vital, tras un rebote ofensivo de Lyles, para aliviar a Scariolo a falta de 39,5 segundos (71-74). La lucha bajo los aros de Bruno Fernando y Calathes dieron una vida extra al Partizan tras dos errores de Bonga desde el 6,75, pero los locales no aprovecharon la tercera y se vieron forzados a llevarlo todo a la línea de los libres.
Con sólo un acierto de Facundo Campazzo y 13 segundos, Brown anoto una penetración para acortar distancias, pero Hezonja no perdonó y amarró una necesitada victoria como visitante. Un elixir para la moral a tan sólo una semana del inicio de la Copa del Rey en Valencia, donde Unicaja ya aguarda el jueves en cuartos de final.