Cuando España salte al césped de un Metropolitano a reventar, con casi 70.000 personas en la grada, estará ante un reto mayúsculo: sumar su tercer título en tres dos años, una explosión que no tiene los pies de barro. La selección no temblará. Ni por el desafío ni por el rival. Alemania le puso en muchos problemas en el duelo de ida, desnudando debilidades hasta ahora no vistas y generando algunas dudas sobre si este equipo es capaz de tener un plan B. Pero la selección llega a su cuarta final «madura».
«Tenemos que ser la España que se asocia, que confía en sus jugadoras, que juega a un ritmo alto y que ataca y defiende junta», propuso la capitana Irene Paredes. Las alemanas las llevaron al límite para salir vivas de Kaiserslautern, pero de aquel esfuerzo han crecido. «Somos buenas jugando al fútbol, y eso lo que tenemos que hacer. Estamos en un punto en que todas hemos vivido en situaciones complicadas de juego que hemos sabido resolver. Tenemos recursos», advirtió la veterana central. De hecho, son las mejores, por títulos individuales, medidos en Balones de Oro y trofeos, y por rendimiento colectivo encabezando el ranking FIFA. Es hora de demostralo en un escenario único, con posibilidad de hacer historia.
España ha perdido a Aitana Bonmatí, que pasará hoy por el quirófano tras la rotura de peroné, y a Sonia Bermúdez le tocará estrenarse en una final eligiendo cómo cubrir su baja. No siendo fácil, tiene en Vicky López, Fiamma o incluso Mariona más retrasada recursos envidiables para generarle problemas a Alemania. Su seleccionador, Christian Wück, reconoce que no encajar goles en los primeros minutos será clave, porque sabe que las españolas pueden ser imparables si ponen en marcha un rodillo que alimentará un público entregado, empezando por Felipe VI, que estará en el palco.
España se ha labrado el camino en esta Nations apeando de la fase final a Inglaterra, goleando en las semifinales a Suecia y conteniendo el empuje de Alemania en un ejercicio defensivo. Tres selecciones con varios títulos europeos ante quien les arrebata la supremacía a base de fútbol. «Me encantaría que ganáramos por las jugadoras. Tenemos una generación que ha peleado por jugar estas finales y que, con su fútbol, ha conseguido que vengan 70.000 personas a verlas. Vamos a disfrutar de futbolistas increíbles», reclamó la seleccionadora, que nunca ha salido campeona, ni como jugadora ni en un banquillo. Alemania lleva siete años sin ganar un título, pese a su potencial, pero España puede hacer historia con un récord de público y encadenando las dos únicas ediciones de la Nations League.
Hay equipos que no necesitan jugar bien para ganar, ni siquiera para pelear por títulos. El talento siempre aparece cuando más lo necesitan y los impulsa, los salva. Eso fue lo que le ocurrió a España en el Gamla Ullevi de Gotemburgo. En un partido gris, con Suecia incapaz de encontrar la forma de dañarle, superó su falta de chispa con la aparición de Alexia Putellas para certificar que España sigue saltando de final en final. Desde agosto de 2023, y con la única excepción de la final de los Juegos de París, la selección disputa todas las finales de las competiciones que disputa. Ganó el Mundial, venció en la primera edición de la Nations League femenina, se le escapó la Eurocopa en los penaltis y a finales de noviembre defenderá título en una final que, por primera vez, se jugará a doble partido.
No fue un partido con el sello que suele imprimirle España. El juego fue espeso y las ocasiones pocas y no muy claras, como si el 4-0 de La Rosaleda se interpretara como una renta suficiente que evitaba tener que forzar en el frío estadio de Gotemburgo. Sonia Bermúdez mandó al césped a las mejores jugadoras, intentando evitar que se manejara el marcador, lo que pasa es que Suecia le invitó a hacerlo.
Su seleccionador, Thomas Gustavsson, consciente de que ante la mejor selección del mundo necesitaba poco menos que un milagro para remontar, se tomó el partido como un test para sus jóvenes talentos, las que tendrán que llevar a Suecia al Mundial de Brasil de 2026. En esa tarea están las nórdicas tras verse lejos de la pelea por los títulos, en reconstruirse para volver con más fuerza. Ese ímpetu complicó que España arrollara como lo hizo en La Rosaleda.
Dominaba el juego lo suficiente para no verse sorprendida, pero con imprecisiones y sin la fluidez que acostumbra. Rondaba el área, aunque sin ocasiones claras hasta que, en el minuto 11, apareció Mariona con un remate forzado que se perdió por encima del larguero, y en el 18, otra vez a balón parado, Mapi León colgó una falta que Irene Paredes cabeceó buscando portería. Ni eso aceleró un duelo, que volvió a languidecer hasta que Schröder, rondando el minuto 40, se plantó ante Cata Coll para calentarla.
Buscó Bermúdez tras el descanso la amenaza en el área de Martín-Prieto y la frescura de Jana Fernández en la banda, incluso del debut de la jovencísima Clara Serrajordi al mando de la sala de máquinas, pero no sirvió de mucho. Tampoco a las suecas la mayor amenaza que supuso ver en el campo a Rolfö y, sobre todo, a Blackstenius, que mostró colmillo nada más saltar.
Sin embargo, se escapó por la orilla derecha de Clàudia Pina para rasear un balón al punto de penalti donde aparecía Alexia. Gol, tercero en esta ventana, que daba la segunda victoria de España en Gotemburgo en toda su historia. Un tiro de Jana que salió rozando el palo pudo ser el segundo, pero la corta ventaja en el partido la salvó Cata Coll con una doble parada a tiro de Angeldahl que no pudo atrapar y al rechazo que cazó Holmberg. Una noche gris que acaba con victoria, redondeando una eliminatoria con 5-0 y en una final.
El maratón es una prueba de fortaleza física y mental. Nadie lo acaba sin sufrir, sin superar muros, dolores y sin aprender a domar la mente para no ceder y rendirse hasta cruzar la línea de meta. Es una metáfora de la vida que este domingo en Valencia tendrá más sentido que nunca. La ciudad acoge su gran evento deportivo anual un mes después de que su área metropolitana se viera arrasada. No ha sido fácil mantener una prueba que tiene la etiqueta platino y en mente ser sede del próximo récord del mundo. Es el reto que se ha marcado su mecenas, Juan Roig.
Este año importará más recuperar la imagen de la ciudad y recaudar apoyos para los damnificados que la marca que haga el ganador. La prueba no tendrá el latido habitual, pero las zancadas se darán con el alma, aunque sea encogida. Hasta 20 clubes con participantes inscritos se han visto golpeados y cada uno tiene su historia. La carrera tenía 1.919 inscritos que vivían en los pueblos arrasados. La mitad ha decidido no tomar la salida. Otros casi 200 son miembros de cuerpos y fuerzas de seguridad que han decidido volcar sus energías donde más las necesitan.
La preparación del Maratón de Valencia arranca en agosto, pero el 29 de octubre se paró en seco ese millar de corredores. Algunos han intentado sortear el barro y la desgracia para trotar buscando un descanso emocional. Otros lo harán mañana. «Todos los que corramos vamos a llevar una mochila muy grande y muy pesada con botas, con palas, con fango, con mascarillas y con mucho polvo», asegura Paco Milán, faro y guía de la Escuela de Corredores de Albal. Mario y Chus no tienen ganas de correr, pero lo harán. Su amigo y entrenador, Eugenio, murió en Benetússer tratando de salvar a vecinos. «Nadie del club tiene ganas, pero entraremos en la meta aunque sea andando con una pancarta con su nombre», cuentan entre lágrimas.
Las cifras de la solidaridad
Homenaje, visibilidad de la tragedia y solidaridad de 30.000 corredores populares que saldrán a las calles. Muchos de ellos han colaborado en la iniciativa Dorsal 0 han hecho aportaciones que ya superan los 84.000 euros. Los patrocinadores sumarán su pellizco y por cada atleta que cruce la pasarela azul de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, el Maratón donará tres euros. El destino es el deporte, recuperar las instalaciones y el material que casi 350 clubes de todas las disciplinas han perdido.
Levantar Valencia es el objetivo que se ha marcado el Maratón, que desde el primer día estuvo vistiendo a las víctimas, y todo el Legado Juan Roig, que convirtió L'Alqueria del Basket en un refugio seguro, primero, y en hogar de centenares de militares que trabajan en la reconstrucción.
El empresario no se ha quedado ahí. A través del programa Alcem-se (Levantémonos) ha convocado una línea de ayudas de 25 millones de euros para pymes, autónomos y emprendedores que en este primer mes ha beneficiado a casi 1.500 profesionales. Además, este programa tiene una línea para la reposición de instalaciones y material deportivo de cuatro millones de euros.
Otros cuatro destinará Hortensia Herrero a la cultura, al sector textil tradicional valenciano, las sociedades musicales, las escuelas de danza y los centros educativos. Los ganadores del Maratón de Valencia se colgarán al cuello la medalla con una cinta de espolín de seda valenciano tejido en una fábrica, la Compañía de Valenciana de la Seda, arrasada por la DANA. Su marca no será sólo un logro deportivo, sino que tendrá un fuerte contenido social.
Nada de lo que ocurrió en las entrañas del Arena AufSchalke desde que Georgia puso un pie en los octavos de la Eurocopa es casual. Todo tiene, buscado o no, un simbolismo que va más allá del balón. Estos futbolistas son un emblema para las nuevas generaciones de un país orgulloso que quiere, como en el campo, conquistar a Europa. El aldabonazo en Alemania, venciendo a Portugal y enfrentándose a España, es una metáfora de que quieren colocarse en todos los mapas.
Cuando Saba Lobjanidze enfiló, altavoz en mano, el largo pasillo de la zona mixta, lo seguían Mekvabishvili, Kvekveskiri y se fueron sumando jugadores al grito 'Sakartvelo'. No era un cántico de jugadores eufóricos que, hasta hace apenas un año, casi eran desconocidos si los encontraban por las calles de Tiflis. Era un grito patriota. Para los georgianos no existe Georgia sino Sakartvelo, «la tierra de los kartvelianos», los habitantes del Reino de Kartli que ocupó parte del actual territorio hasta el siglo XV. Allí hunden sus raíces estos jugadores que ni siquiera superan la treintena y que, por eso, han establecido un vínculo directo con la juventud del país.
Comparten inquietudes, sueño europeísta y orgullo nacional, porque como quienes salen a las calles a manifestarse, ellos tampoco se esconden. «El camino de Georgia pertenece a Europa. ¡El camino europeo nos une! ¡Hacia Europa!», afirmaba Kvaratskhelia en febrero cuando la UE abrió las puertas a la adhesión de Georgia. «¡El camino y el futuro de Georgia pasan únicamente por Europa!» decía Giorgi Mamardashvili, el nuevo ídolo, que ya es imagen de marcas como Emporio Armani o Pepsi.
«Como tres Champions»
«No he conocido un jugador con más sentimiento patriótico que él, lo lleva muy dentro», cuenta José Manuel Ochotorena, entrenador de porteros del Valencia y formador del mejor guardameta del torneo. «Cada cosa buena que hace piensa en lo importante que es para su país. Con la clasificación era el hombre más feliz del mundo. Como si hubiera ganado tres Champions. Cuando volvió a Valencia me contó que la noche del partido ante Grecia que les llevó a la Eurocopa casi no puede entrar en su casa de la gente que le esperaba», relata a EL MUNDO.
Y es que este grupo que dirige Willy Sagnol es mucho más que una suma de deportistas. Son ídolos por lo que hacen en el campo, donde sólo el luchador Ilia Topuria en el ring les gana en popularidad, y fuera. Pocos tienen un recuerdo de la invasión rusa que les arrebató dos provincias, Abjasia y Osetia, pero todos saben que no quieren vivir bajo la suela de esa bota de la que se libraron tras la caída de la URSS. «Cuando yo llegué en 2011 había aún ambiente de guerra y estos chicos conocen las dificultades que ha vivido su gente, la pobreza y las condiciones de vida que aún están muy por debajo de las de Europa occidental. Para todo el mundo era impensable que consiguieran esto», cuenta Carles Coto, que fue jugador del Dinamo de Tiflis durante tres temporadas. Fue junto a Xisco Muñoz, Alex García o Andrés Carrasco uno de los pioneros en «españolizar» el fútbol en Georgia. Ellos pusieron una semilla que luego germinó. «Jugadores como Kvaratskhelia, Mamardashvili o Mikautadze son un ejemplo de que tener lazos con Europa hace crecer», apunta el ex futbolista.
Eso es precisamente lo que piensa buena parte de la población y de los jugadores, a los que les gusta mostrarlo. En el vestuario entonaron 'Samshoblo' (Patria), una canción folk publicada después de la guerra con Rusia y hoy himno proeuropeo.
«dejadnos mostrar nuestra fuerza»
Después, en esa especie de conga por los pasillos del estadio de Gelsenkirchen a la que se unió Mikautadze -pero no el tímido Kvaratskhelia ni Mamardashvili, en el control antidopaje-, siguieron lanzando mensajes en el mismo sentido: «Estamos aquí, dejadnos mostrar nuestra fuerza, estamos juntos».
Los futbolistas georgianos festejan su pase a octavos.AFP
Mientras, las banderas de Georgia seguían ondeando en manos de los aficionados que, desde las escaleras de acceso a la grada, esperaban a ver salir a su héroes. Ellos les responden. Algunos se posicionaron contra la Ley de Transparencia sobre la Influencia Extranjera, la llamada 'Ley rusa' que pretende controlar la actividad de «agentes extranjeros» en el país, lo que supone de hecho una restricción de libertades, entre ellas las de expresión y todas las que posee en colectivo LGTBI.
Esa propuesta viene avalada por el partido Sueño Georgiano, liderado por el oligarca Bidzina Ivanichvili, considerado el dirigente en la sombra del país, que ayer anunció que donará más de 10 millones de dólares al equipo nacional de fútbol por la proeza de la clasificación para octavos. Se trata de una prima mayor que la que recibiría España si termina campeona. Falta saber si estos jugadores la aceptan o queda en los fondos de la Federación, menos beligerante.
Ahora espera España, pero ellos disfrutan y hasta unen a su fiesta en su base de Velbert, cerca de Dortmund, a otro conocido luchador, Merab Dvalishvili. Eso sí, con el corazón a 4.000 kilómetros. «Me han enviado vídeos de cómo está celebrando la gente y es increíble», contaba Giorgi Kochorasvili tras el partido. Antes de la Eurocopa, el anhelo del jugador del Levante era darle una alegría su pueblo, «que lo está pasando mal». Ya lo han conseguido.