Con un partido muy serio, sobre todo en tareas destructivas, España pasó por encima de Alemania y conquistó un triunfo (67-42) que le permite asegurarse tanto la pelea por las medallas en el Eurobasket como su presencia en el Preolímpico. Laura Gil, excelente en ataque y en defensa, Maite Cazorla, Queralt Casas y Laura Quevedo, letal en los triples, fueron clave para una selección que justificó plenamente su condición previa de favorita.
España arrancó como un vendaval: intensa en defensa e implacable en ataque. Dos facetas en las que brilló Gil, bien secundada por Cazorla. El equipo de Miguel Méndez asfixió la salida de balón de un conjunto alemán que sólo pudo anotar un tiro de campo hasta su último ataque del primer cuarto. De ahí al descanso, la distancia no hizo sino crecer. La más entonada en la anotación, antes de la pausa, fue Casas, con seis puntos.
Tras el descanso, España saltó al parqué dispuesta a dejarlo todo sentenciado. Con un parcial de 14-2, en el que destacaron sobre todo las aportaciones de Cazorla y Gil, atesoró una máxima ventaja de 29 puntos (47-18). Suficiente, eso sí para, aprovechando el bajón en el acierto de su rival, llegar al último periodo sólo un poquito menos lejos (53-29).
La distancia, más que cómoda, hizo que las españolas se relajaran tal vez un ápice a nivel defensivo en el último cuarto. Y, por supuesto, aunque tal vez bajaron también un poquito el ritmo en ataque, se las arreglaron para vivir un final tremendamente cómodo. El sábado aguarda la semifinal ante Hungría, que remontó 17 puntos para imponerse por la mínima a la República Checa (62-61).
Un Barça sin defensa cayó en su estreno europeo ante el Hapoel Tel Aviv, en un encuentro en el que no tuvo opciones y en el que brilló Will Clyburn, que fue el mejor del partido con 23 puntos, siete rebotes y 30 de valoración. Pero no bastó ante el último campeón de la Eurocopa, que dispone de una formidable profundidad de banquillo, con jugadores del talento de Antonio Blakeney o Vasilije Micic. [Narración y estadísticas (103-87)]
Al Barça se le vio falto de rodaje, sin automatismos, y con un grave déficit en defensa, ya que encajó 26, 25, 31 y 21 puntos por cuarto y solo aguantó hasta el descaso (51-45). Bien pronto se vio cuál es el mal del equipo de Joan Peñarroya, sobrado de facilidad en ataque, donde lució especialmente Clyburn que anotó 14 puntos en 12 minutos en el primer tiempo y sostuvo a su equipo.
El 26-26 con el que finalizó el primer cuarto hablaba mal de ambas defensas. En el segundo periodo, el ritmo anotador de Hapoel se mantuvo y los visitantes no encontraron soluciones a las canastas fáciles del equipo de Dimitris Itoudis en el Arena de Sofía.
Calidad individual
Con un 9-0 inicial (35-26), se encendieron todas las alarmas para el Barça. Peñarroya dio entrada nuevamente a Clyburn y Kevin Punter y su equipo fue descontando poco a poco. A tres minutos para el descanso se puso a dos el cuadro azulgrana (44-42), pero nuevamente se escapó Hapoel con mucha soltura (15/20 en tiros de dos en los dos primeros cuartos).
Anotaban en la pintura Dan Oturu y Johnathan Motley. Al descanso, los de Peñarroya tenían que mejorar mucho atrás si querían tener alguna opción (51-45). Pero no lo hicieron y cavaron su tumba. La calidad individual de los de Itoudis bastaba ante la ineficacia del Barça en defensa.
Oturu campaba a sus anchas por la pintura, Blakeney se mostraba infalible desde fuera y las genialidades de Chris Jones o de Micic, cuando la situación lo requerían, dieron una máxima diferencia (77-61), entrado el tercer cuarto. A 4:30 para el final, esa diferencia se mantuvo (96-79), y fue cuando el Barça reaccionó, más por orgullo que por otra cosa. Cuando se acercó a nueve (96-87) apareció Micic y con triple cerró el partido.
Con 38 años cumplidos, 18 Copas a cuestas y 1.000 batallas en sus manos, Sergio Llull podría exigir privilegios. En una plantilla de 15 jugadores, optar por minutos selectos, quizá descanso hasta la final o un ratito en los partidos ahí donde es único. «Que me dieran los tiros para resolver», podría pasarle por su cabeza. Nadie podría discutirle. Sin embargo, el jueves, en el paso número uno del Real Madrid en el torneo, el triunfo arrollador contra Unicaja, ahí estaba el capitán, el primero en la fila, cual William Wallace arengando a las tropas. Sergio Scariolo le puso de titular. Esta tarde (18.00 h., DAZN), contra el local Valencia Basket, de inicio o el último de la rotación, el menorquín será, que nadie dude, trascendente. Busca su 14ª final. «Historia por hacer», respondió él en sus redes sociales a la efeméride.
«Titularidad anecdótica», aclaró después el entrenador. Porque a la hora de jugar, a Llull no se le mira el DNI. Ni el palmarés (en busca en el Roig Arena del título número 30 de su carrera). Se le sigue calibrando por el rendimiento y eso, su vigencia deportiva, no deja de ser uno más de sus asombros.
Contra Unicaja, Llull fue el primero en ponerse las pilas en defensa. Labor de zapa sobre Chris Duarte, talento rival. Lo suyo es aportar o contagiar. Un rato antes del partido, Trey Lyles, ex estrella NBA, novato en Europa, le preguntaba: «Sergi, ¿cuántas Copas has jugado?». «Esta es mi 18ª», respondía. «Y he ganado siete, igual que Rudy, más que nadie». Sólo Clifford Luyk y Epi presumen de más, 10, eso sí, antes de la era ACB.
Sergio Llull, en el partido de cuartos contra el Unicaja.-ACB Photo
Esa noche, la del jueves, el balear despedazó otro récord, algo que ya es costumbre. Se convirtió en el jugador con más minutos en la historia de la Copa, adelantando de una vez a Juan Carlos Navarro (tercero con 973) y a Felipe Reyes (segundo con 976). Le faltan 24 puntos para superar a Jordi Villacampa como máximo anotador (468) de siempre. Hoy ante el Valencia Basket en semifinales, igualará a la Bomba como segundo con más partidos y si gana, a Felipe en victorias (36, por nueve derrotas). Nadie metió tantos triples (77) y sólo Marcelinho Huertas le mira por encima en asistencias. «Llull tiene cosas dentro y cosas fuera de la pista...», resumía Scariolo, por primera vez su jefe a nivel de clubes. «Lo más importante es su capacidad mental de llevar su nivel de concentración a cotas tan altas que es contagioso. Tan atento y tan preparado que responde a cada situación. Sus compañeros lo ven tan metido que es un liderazgo que contagia. Al margen de todo lo que se ha dicho todo él y no quiero repetir como un topicazo», se rindió el italiano, con quien conquistó seis de sus siete medallas con la selección española.
La Copa es Llull. Incluso más allá de números, estadísticas, títulos o MVP's (lo fue en 2012 y en 2017). Son «buenos recuerdos» desde su debut en 2008 (sólo se perdió, por su grave lesión de rodilla, la de 2018; aunque, en plena recuperación, en Las Palmas acompañó a sus compañeros). Desde el primer título, en 2012 en el Sant Jordi, el comienzo de la era Laso. Es, sobre todo, su lanzamiento sobre la bocina en el Martín Carpena 2014. Junto al de Kaunas para ganar una Euroliga, el que resume una carrera sin parangón.
En una Copa que puede ser el punto y final de muchas bonitas historias (¿será la última de Ricky, Huertas, Shermadini o el propio Tomic?), ni siquiera en el ambiente se sopesa si lo será la de Llull. Es el jugador del Real Madrid que Scariolo más ha utilizado en Liga Endesa, donde sólo seis jugadores en la historia le superan: no se ha perdido ni uno de los 20 partidos (18 victorias). El año pasado, asombroso, fue el jugador que más partidos -42 (sólo se perdió uno en todo el año)- disputó de una competición en la que es segundo en el histórico de victorias, tercero en triples y quinto en asistencias. Y en la presente edición de la Euroliga, sólo descansó cuatro de los 28. Ni rastro de decadencia de quien es todo récords, incluso en Europa, donde tampoco nadie jugó más encuentros.