El caso estadístico del Real Madrid es exuberante y milagroso. Cinco disparos a puerta, cinco goles. Goles de Carvajal y dos de Vini muy oportunos, un tanto regalado del desafortunado meta Mamardashvili y una propina para Rodrygo hicieron posible la
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El Juzgado de Instrucción número 5 de Huesca ha archivado el denominado caso Oikos, la que nació como una de las grandes operaciones contra la corrupción en el fútbol español, al considerar que no ha quedado acreditado el amaño de partidos. La juez adopta la decisión tras cinco años de pesquisas y después de practicar la detención de jugadores como Borja Fernández, que militaba en ese momento en el Real Valladolid o ex futbolistas como Carlos Aranda o Raúl Bravo, a los que la Policía consideraba los cabecillas de una trama para amañar partidos y lucrarse con apuestas ilegales.
La magistrada Alicia Bustillo ha acordado el archivo tras solicitarlo la Fiscalía y las defensa y echa por tierra las pesquisas de la Policía Judicial, que como recuerda en su auto, advertía la existencia de "una presunta organización criminal dedicada al amaño de partidos de fútbol para conseguir un beneficio ilícito mediante las apuestas deportivas a esos resultados previamente pactados". Descarta de esta forma la juez que Aranda y Bravo fueran los responsables de la trama y que de ellos dependieran otros futbolistas como Íñigo López o Samuel Sáiz, a los que los investigadores atribuían la responsabilidad de "contactar con los equipos".
Entre los partidos investigados, el más relevante era, sin duda, el que disputó el Real Valladolid contra el Valencia el 18 de mayo de 2019 y que terminó ganando el conjunto ché por 0-2. La Policía sostenía que la trama intentó comprar el encuentro para realizar una apuesta combinada. Sin embargo, la juez considera que los indicios de la compra del partido son "absolutamente insuficientes".
En este encuentro la Policía puso en foco sobre Borja Fernández, "segundo capitán del Valladolid y uno de los objetivos corrompidos según los atestados". Este último siempre negó que Raúl Bravo hubiera quedado con él para amañar el encuentro sino para "preguntarle sobre opciones laborales". Los indicios sobre Fernández decayeron ya en septiembre de 2020, cuando fue exculpado.
En el culmen de la era esplendorosa del Big Three había un fenómeno que afectaba a la mayoría de sus rivales, si no a todos. Ante Roger Federer, Rafa Nadal o Novak Djokovic, no había manera. El resto saltaban derrotados a la pista, conscientes de su desventaja. Algunos tenistas que podían discutirles los partidos había perdido tantas veces ante ellos y de manera tan dolorosa que, ante una oportunidad de ganarles, temblaban, se encogían, reculaban. Ese mismo efecto provoca ya Carlos Alcaraz.
A sus 22 años hay adversarios que se entienden incapaces y saltan a la pista con el miedo en el cuerpo. Este domingo el estadounidense Tommy Paul pudo inquietar a Alcaraz, incluso llevarle al límite, y si perdió en tres sets por un rápido 7-6 (6), 6-4 y 7-5 fue porque en ningún momento pensó que podía hacer otra cosa. El partido fue más igualado que lo indica el marcador, pero Alcaraz alcanzó los cuartos de final del Open de Australia sin un rasguño.
Fue también mérito suyo, por supuesto, y de una nueva habilidad que también recuerda a las leyendas. Antes Alcaraz volaba durante la mayor parte de los partidos y, en algunos momentos, se relajaba y se metía en líos. Ahora, alcanzada la madurez, domina esos altibajos: es él quien decide cuándo embestir y cuándo esperar.
IZHAR KHANAFP
Este domingo ambas circunstancias, el temor de Paul y el control del número uno, convergieron en un primer set largo, tenso y decisivo: su desenlace fue el desenlace del encuentro. El estadounidense, de vuelta a su mejor nivel después de una lesión, tuvo hasta tres oportunidades para llevarse el set y entregó las tres. La primera fue obra de Alcaraz, que recuperó un ‘break’ temprano. Pero las dos siguientes fueron errores suyos. En el ‘tie-break’, Paul exageró su tenis duro y adquirió ventaja -se puso 5-4 y dos saques a su favor-, pero acabó deprimido entre fallos y doble faltas.
Fiabilidad con el saque
A partir de entonces, en el segundo y tercer set sólo quedaba esperar la arremetida de Alcaraz. Ante el número uno, muy seguro con su saque y su derecha, el yankee ya no volvió a tener ni una opción de rotura, menos de victoria. Todo estaba decidido.
"Estoy muy contento de haber ganado en tres sets. Tommy ha jugado a un gran nivel desde el principio y yo he tenido que trabajar para igualarle", analizaba el español que ahora se enfrentará al vencedor del duelo entre Alex De Miñaur y Aleksandr Bublik. En la entrevista post-partido, además, se felicitaba por su porcentaje de primeros servicios (70%), una de sus armas durante el encuentro: "Me sorprende hasta a mí, para ser sincero. Llevo mucho tiempo trabajando mi saque y ahora estoy apreciando los resultados"
Este sábado, antes de su semifinal de las ATP Finals, tanto Felix Auger-Aliassime como Carlos Alcaraz pudieron calentar tranquilamente en la pista central del Inalpi Arena. Una rareza, porque jugaban en el último turno. En realidad, un privilegio esperado: todos los presentes sabían que la semifinal anterior, entre Jannik Sinner y Alex De Miñaur, se resolvería rápido. Jugadores, aficionados, periodistas, entrenadores y, por supuesto, organizadores no dudaron al hacer su planning. Si normalmente reservan la pista tres horas para cada partido, esta vez solo bloquearon dos. ¿Para qué más?
Hasta 12 veces habían jugado antes Sinner y De Miñaur, y en las 12 previas el italiano había dominado con autoridad. La decimotercera no fue la excepción. Para alcanzar su tercera final consecutiva de las ATP Finals, Sinner se impuso por 7-5 y 6-2 en apenas una hora y 52 minutos ante su adversario favorito, un tenista cuyo estilo le favorece.
Esta vez De Miñaur intentó algo diferente, pero el resultado fue el mismo. Su estilo defensivo, correoso y conservador es ideal para la voracidad de Sinner. A un lado, un tenista sólido; al otro, un tenista destructivo. En el primer set, De Miñaur empujó al italiano al error y forzó los intercambios todo lo que pudo, pero en cuanto le sobrevino cierto cansancio, todo quedó en manos de Sinner.
Antonio CalanniAP
Para ganar, el australiano necesitaba hacer el partido de su vida, estirar cada golpe, buscar ángulos más allá de sus límites; para ganar, el italiano solo tenía que hacer lo suyo. De Miñaur aguantó hasta el 6-5 del primer set y luego cedió con un break. El segundo set fue solo la constatación de la superioridad de uno sobre el otro. Si acaso, destacó la noble actitud de De Miñaur que, pese a estar ya dos breaks abajo, con 4-0 en contra, peleó el partido hasta donde le alcanzaron los golpes.