A Xi Jinping y Vladímir Putin les conviene que ganen los suyos. Ambos conocen el valor propagandístico del deporte
Ian Nepomniachtchi en un momento de la octava partida contra Ding Liren.RADMIR FAHRUTDINOVEFE
Vladímir Putin y Xi Jinping, esa parejita, firmaron en marzo un acuerdo de cooperación económica y reiteraron los planes conjuntos para construir una Estación de Investigación Lunar. Aquí, en la Tierra, en Astaná, capital de Kazajistán, se está dirim
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Uno de los grandes misterios de la historia del ajedrez es la muerte de Alexander Alekhine, en 1948. La autopsia del cuarto campeón mundial asegura que se atragantó con un trozo de carne cuando comía solo en su habitación de hotel, en Estoril. El genio nacido en Rusia se llevó a la tumba el título y el secreto de su final. Si sufrió un infarto, no había motivos para inventar otra variante. Se cree que fue envenenado o incluso que lo asesinaron de algún modo más violento.
Lo único seguro es que la fotografía prefabricada de su cadáver ante un tablero de ajedrez es tan falsa como la versión oficial de las autoridades portuguesas. Como en el caso de Samuel E. Ratchett, protagonista de 'Asesinato en el Orient Express', la novela de Agatha Christie, había demasiada gente interesada en darle jaque mate, del KGB a la Resistencia francesa.
Los médicos que atendieron a Umayganat Osmanova, de 30 años, tienen menos dudas sobre las causas que llevaron a la ajedrecista rusa a sentir mareos y náuseas durante una partida del Campeonato de la República de Daguestán. El diagnóstico fue claro: los síntomas eran compatibles con un envenenamiento, por lo que el árbitro principal del torneo decidió revisar las grabaciones registradas por las cámaras de seguridad.
Las imágenes muestran el momento en que su rival de ese día, Amina Abakarova, de 40 años, se acerca al tablero donde ambas debían sentarse 20 minutos después. Sin demasiado disimulo, la entrenadora y jugadora rusa impregna con alguna sustancia el rey blanco y el borde del tablero más cercano a su oponente. Una vez comprobados estos hechos, el árbitro llamó a la Policía, que detuvo a la ajedrecista. Antes, el responsable del torneo guardó en una bolsa los restos de la sustancia sospechosa, todavía visibles. En los primeros análisis se confirmó que entre sus componentes destaca el mercurio, probablemente procedente de un termómetro.
Grabada por las cámaras
Se sabe también que antes de llevar a cabo su acción, Abakarova preguntó si las cámaras estaban todavía apagadas. Por error o por lo que fuera, le dijeron que sí. Resulta evidente que el talento de la acusada como asesina no es mucho mayor que como jugadora.
En efecto, la presunta envenenadora tiene 1.776 puntos Elo, una calificación inferior a la de numerosos aficionados. Las máximas autoridades de la Federación Rusa de Ajedrez consideran "incomprensible" lo ocurrido en una competición relativamente menor. "Lo que hizo podría haber tenido un resultado muy trágico, amenazando la vida de todos los que estaban presentes, incluida ella misma. Ahora deberá responder ante la ley", aseguró la ministra de Deportes de Daguestán, Sazhida Sazhidova.
En realidad, lo que estaba en juego en la Casa del Ajedrez de Majachkalá, capital de Daguestán, iba más allá de lo deportivo. Abakarova confesó antes de ser arrestada que su intención era asustar a su oponente y "apartarla del torneo", pero que en ningún caso pretendía causarle daño y mucho menos matarla. Entre ellas hay viejas rencillas. Se conocen desde hace años y se han enfrentado en muchas ocasiones. La detenida dijo que su enemiga había hablado mal de ella en público. El colmo de la ofensa fue quedar por delante unos días antes, en el Campeonato de Ajedrez Rápido de Daguestán.
Posible cárcel
Andrey Filatov, presidente de la Federación Rusa, confirmó que Amina Abakarova se enfrenta a una probable sanción de por vida. Eso puede ser la menor de sus desgracias; la prensa británica comenta que podría ser castigada hasta con tres años de cárcel.
La víctima describió su experiencia como "terrible" y afirmó que cuando supo el motivo de su malestar se sintió "repugnante y moralmente deprimida". Según su versión, otro jugador y un miembro de la organización también enfermaron por culpa de la sustancia tóxica utilizada por Abakarova.
"Todavía me siento mal", añadió a Russia Today. "En los primeros minutos, sentí falta de aire y sabor a hierro en la boca. Tenía que pasar unas cinco horas en este tablero. No sé qué me habría pasado si no lo hubiera visto antes".
Dentro de lo que cabe, la historia tuvo un final feliz. Osmanova pudo recuperarse y terminar el torneo, en el que acabó logrando la medalla de plata.
En 2003, el doctor Joe Verghese, neurólogo y geriatra del Albert Einstein College of Medicine de Nueva York, se propuso un experimento para ver qué actividades de ocio servían de barrera contra la demencia. Reunió a más de 450 participantes de más de 75 años, los dividió en dos grupos y a unos les propuso actividades mentales como la lectura o los juegos de mesa (ajedrez, damas y cartas) y a los otros, actividades físicas como el baile o las caminatas. La conclusión cinco años después fue muy interesante: quienes jugaban a juegos de mesa al menos una vez por semana sufrían un 74% menos de riesgo de demencia.
Esa investigación, publicada por el New England Journal of Medicine, sirvió como punta de partida para otros estudios y para decenas de iniciativas en varios países, entre ellos, España. En ciudades como Málaga, Burgos, Mérida o San Sebastián se van tejiendo vínculos entre asociaciones contra el párkinson o el alzhéimer y clubes de ajedrez para utilizar los tableros como armas.
"No hay evidencia científica sobre el ajedrez en una patología en concreto, pero está comprobado que ayuda a la memoria o la concentración. Nosotros vemos cómo los usuarios que juegan al ajedrez mejoran en actividades diarias, por ejemplo recuerdan con más soltura los pasos para hacer un café", explica Alberto Toval, creador de la escuela de ajedrez Chesscul, que realiza talleres semanales en las asociaciones de párkinson, alzhéimer y esclerosis múltiple de Málaga.
"Soy ajedrecista de competición y fisioterapeuta. En mis prácticas de la carrera en centros de mayores vi que la mayoría de actividades estaban centradas en la parte física y no en la cognitiva. Luego, un amigo mío, José Antonio Sánchez, empezó a juntar a un montón de gente a jugar al ajedrez en el centro de mi ciudad, en la calle Larios, y todo eso me inspiró para crear Chesscul. El pasado abril reunimos a muchos usuarios de la provincia, más de una veintena, e hicimos un torneo. La acogida de la iniciativa ha sido muy buena porque también ayuda a la socialización. A muchos el ajedrez les sirve para escapar de la soledad", añade.
El caso de Lifländer
En 2017, un periodista finlandés del diario Imatralainen descubrió la historia de su compatriota Vilho Lifländer, un enfermo de alzhéimer de 94 años que continuaba jugando con habilidad pese a olvidar hechos muy recientes. Años antes, la revista Neurocase hablaba de un caso parecido, en este caso de un jugador británico que siguió moviendo fechas hasta su fallecimiento pese a que en la autopsia hallaron evidencias de un alzhéimer avanzado.
Se han documentado numerosos ejemplos que asumen el juego de las 64 casillas como una medicina contra las enfermedades neurodegenerativas, pero no se ha realizado ninguna investigación tan específica. En la mayoría se junta el ajedrez con otros pasatiempos -en Estados Unidos, con los puzles, en Europa, con las cartas, en China, con el mahjong...- y, aunque hay herramientas como la escala FAST y la escala GDS, medir el avance de este tipo de dolencias es muy complicado.
Un taller de Chesscul en MálagaChesscul
"Es el problema de siempre: ¿cómo cuantificar nuestro trabajo? Puedes seguir el avance de la enfermedad en una persona que recibe ayuda, pero no puedes saber cómo estaría sin esa ayuda", comenta Álvaro Fernández, gerente de la asociación Parkinson Burgos que lleva a cabo una iniciativa parecida a la que tiene lugar en Málaga. De hecho, el pasado abril, para el Día Mundial del Párkinson, también organizaron una competición que llenó de tableros el patio del Monasterio de San Juan.
"Nosotros empezamos con el tenis de mesa. Un club de aquí, de Burgos, nos ofreció dar unas clases a los usuarios, funcionó muy bien y pensamos en otras actividades que pudieran ser útiles. Cada vez es más evidente que las actividades cognitivas son la base para retrasar el avance de la enfermedad y por eso tiramos por el ajedrez", recuerda Fernández, que ya tiene a unos 50 pacientes interesados en el juego. Con la ayuda del Club Deportivo En Jaque han enseñado a mover las piezas a muchos, aunque las opciones del ajedrez no se quedan ahí. "El tablero se puede utilizar para ejercicios de memoria. Quitar un alfil y preguntar dónde estaba. O, mucho más difícil, retirar todas las piezas del tablero e intentar recordarlas. Es una estimulación cognitiva magnífica", finaliza.