Nayib Bukele tiene nombre de maratoniano etíope, pero es el recién reelegido presidente del país más pequeño de Centroamérica y el de mayor densidad demográfica de todo el continente.
Por medio de expeditivos métodos, aplaudidos por unos, censurados p
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La Liga, antes del parón, se ha puesto al día en la cuarta jornada. Pero con la tercera en pleno desarrollo, los equipos andaban aún ajustando las plantillas. En unas faltaban jugadores. En otras sobraban, tratando todos de encajar en un puzle con el tablero en movimiento. Sujetos a las distintas circunstancias de transacciones o de inscripciones, había nombres llamativos: Dani Olmo, Dani Ceballos, Julián Álvarez, Conor Gallagher, Vitor Roque, Er
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Algunas de las grandes carreras de un día, monumentales o no, tienen sobrenombre. Así, la Milán-San Remo es "La clasiquísima". La París-Roubaix, "El infierno del norte". El Giro de Lombardía, "La clásica de las hojas muertas". Y la neerlandesa Amstel Gold Race, "La clásica de la cerveza".
Rubia tostada de sol mortecino, tibia de temperatura (como gusta por esos pagos), coronada con la espuma multicolor del jersey del Lidl-Trek, se la bebió de un trago largo y angustioso un danés colosal, Mattias Skjelmose , por delante de dos gigantes que no por perder dejaron de serlo: Tadej Pogacar y Remco Evenepoel.
Carrera casi interminable de 256 kilómetros con 34 cotas breves sin empedrar, pero algunas bastante duras. Pasaban los kilómetros y no ocurría realmente nada. Una escapadita breve de algunos y eso era todo. ¿Cuándo atacaría Pogacar? El UAE, aunque había perdido por caída a Jhonatan Narváez y Tim Wellens, controlaba y endurecía la prueba, con McNulty y Sivakov en la proa del pelotón.
Discurrían los kilómetros y no ocurría realmente nada. ¿Cuándo atacaría Pogacar? El Education First de Powless y Healy pareció tomar la iniciativa. Transcurrían los kilómetros y no ocurría realmente nada, excepto el desgaste de la gente por el mero hecho del kilometraje y la acumulación de cuestecitas erosionantes. ¿Cuándo atacaría Pogacar?
En el Gulperberg, a 47 kms. de la meta, el que atacó fue Julian Alaphilippe. Una sorpresa mayúscula, porque el francés hace bastante tiempo que no está para estos trotes. Se le unió Pogacar. Por fin. Se fueron muy fácil. Demasiado. No reaccionó nadie. Alaphilippe le duró un suspiro a Pogi. Y el esloveno echó a volar solo. Muy pronto alcanzó el medio minuto de ventaja. Detrás había elementos de fuste: Evenepoel, Van Aert, Pidcock, Grégoire, Blackmore, Healy, Benoot, Schmid... y Skjelmose, en el que nadie pensaba en ese momento.
El podio de la Amstel Gold Race, con Skjelmose, Pogacar y Evenepoel.MARCEL VAN HOORNEFE
Pogacar seguía a lo suyo. ¿Carrera sentenciada? Claro, era Pogacar y eso lo había hecho muchas veces. Atacó Evenepoel, pero lo atraparon. Demarró a su vez Skjelmose y se alejó. Pareció un fuego de artificio. Volvió a apretar Remco y lo cogieron de nuevo. En su tercer demarraje, a 25 kms. de la meta, no pudieron con él. Enganchó al danés y desde ese momento la carrera adquirió unos tintes grandiosos. Se convirtió en una prueba contrarreloj. Por delante, Pogacar. Tras él, centímetro a centímetro, centésima a centésima, con Evenepoel tirando casi siempre y Skjelmose echando de vez en cuando una mano, el dúo perseguidor, que ya veía el arcoíris del esloveno, persistía en su esfuerzo.
¿Se estaría dosificando Pogacar, se dejaría atrapar y los abandonaría en la tercera y última subida al Cauberg (1.200 metros al 118% de pendiente máxima), que se coronaba a kilómetro y medio de la llegada?... Fuese como fuese, a falta de ocho, ya estaban los tres juntos.
El Cauberg no decidió nada. Bueno, decidió que Pogacar no iba a decidir. Los tres, con ventaja suficiente, racanearon un poco, vigilándose. Y echaron el resto en un sprint indeciso en el que, en un instante u otro, pareció que cualquiera de los tres iba a ganar. Lo hizo Skjelmose por un cuarto de rueda. Pogacar le sacó media máquina a Evenepoel. Hermosísima victoria del danés, por sí misma y por obtenerla ante tales rivales. Encabezando el selecto grupito, Van Aert, hizo, otra vez, cuarto a medio minuto.
Bienvenidos al Trípico de las Ardenas. El miércoles, la Flecha Valona. El domingo, la Lieja-Bastoña-Lieja, uno de los Monumentos. Pero con estos corredores, cualquier carrera es monumental.
Pleno al cuatro. En el Trofee Hofstade, en su cuarta comparecencia en la temporada 2025-26 de ciclocross, Mathieu van der Poel obtuvo su cuarta victoria. La decimoquinta consecutiva desde 2023. Nadie da más. Nadie ofrece menos posibilidades al adversario. Incluso, actualmente, a Wout van Aert. El belga, en creciente buena forma, sin embargo, terminó segundo. Estaba contento.
La prueba no correspondía a la Copa del Mundo, sino a la categoría X2O. Pero figuraba en liza, aparte de Van der Poel y Van Aert, la mayoría de la crema de la especialidad: Thibau Nys, Laurens Sweeck, Joris Nieuwenhuis, Niels Vandeputte, Toon Aerts... Esos nombres belgas y neerlandeses que no suenan mucho en la carretera, pero que son elocuentes en las carreras invernales, tierra, barro, hierba, arena, y son conocidos por un público entendido y entusiasta.
Fue Nys, el campeón de Bélgica, quien aguantó al principio el ritmo de Van der Poel. Cuando cedió, en la tercera de las nueve vueltas del recorrido, Van Aert, había empezado a desprenderse del grupo que serpenteaba por detrás pedaleando sobre tierra dura y arena oscura y densa que obligaba a menudo a la gente a echarse la bici al hombro.
Rápidamente, la carrera quedó definida en la cabeza. Van der Poel, perfecta simbiosis de fuerza y elegancia, de capacidades físicas y técnicas, marchaba por delante. Van Aert, por detrás. No era una persecución -les separaban demasiados segundos-, pero sí un recuerdo, y quizás un anuncio para el futuro, de la vieja rivalidad en la cumbre.
Ambos pedaleaban aislados. Van der Poel de Van Aert. Y éste, de los demás, de un grupito de ilustres que intercambiaban posiciones. Nys era el más fuerte, pero no el más afortunado o el más hábil. En una ocasión, se le atascó la máquina en el serrín y voló en voltereta circense por encima del manillar. En otra, cayó de costado contra la valla. Andaba siempre perdiendo y recuperando posiciones.
Van der Poel cruzó la línea de meta con el gesto sereno de la rutina victoriosa. Van Aert llegó después a 48 segundos. Vandeputte, a 1:02. Y prácticamente encima, Nys, Sweeck...
Van der Poel y Van Aert harán estos próximos días la guerra por su cuenta en distintas carreras. Volverán a coincidir el día 29 en Loenhoot, también en categoría X2O. El aficionado espera una lucha más cerrada y emocionante.