El Maccabi, el exilio del equipo de un país en guerra: “No hay nadie que no haya perdido a un familiar o amigo”

El Maccabi, el exilio del equipo de un país en guerra: "No hay nadie que no haya perdido a un familiar o amigo"

Maccabi – Real Madrid (20.15 h.)

Actualizado

El equipo de Tel Aviv, que hoy recibe al Madrid, vive y juega sus partidos en Belgrado. Chema Berrocal, segundo entrenador, explica a EL MUNDO la extraña situación: “Veo mucho dolor a mi alrededor”.

Lorenzo Brown y Baldwin, en la Sala Pionir contra el Barça.MACCABI

El pasado 7 de octubre, mientras se producía el terrible ataque de Hamas, los móviles de la familia Berrocal comenzaron a emitir insólitas alertas. Esa madrugada, el segundo entrenador del Maccabi de Tel Aviv la pasó en el mamat, el búnker de su vivienda, con su mujer y sus dos niños gemelos. «No pasé miedo, pero fue inquietante», recuerda, la situación excepcional del equipo de un país en guerra, exiliado por obligación y seguridad en Belgrado, donde este martes (20.15 h.) recibe, como local y sin público en las tribunas de la Sala Pionir (apenas algunas pancartas con lemas como Bring them home now! o Stronger together), al Real Madrid y solventar así el partido aplazado en su día por la Euroliga.

El legendario Maccabi, seis veces campeón de Europa (1977, 1981, 2001, 2004, 2005 y 2014), es el orgullo de Israel, un símbolo del deporte hebreo que, a causa del conflicto con Gaza, escapó primero a Chipre -«con nuestras familias, fuimos nómadas por Europa durante 20 días. No fue fácil salir corriendo del país»- para después establecerse en la capital de Serbia, donde sus jugadores y el cuerpo técnico viven en apartamentos, «una situación excepcional» de la que tratan de sacar algo positivo.

Tan impensable como que un miembro del departamento de prensa tuviera que marchar al frente. «Chocaba verle uniformando, mandándonos mensajes desde la guerra. Me impactó. Fue un alivio que regresara», dice Berrocal, ex ayudante de Svetislav Pesic primero y Xavi Pascual después en el Barça rey de Europa, y un trotamundos al que nunca le importó la aventura (entrenó en Ucrania, Bahrein, Turquía o Grecia), pero que no se imaginó en semejante tesitura, haciendo más de psicólogo con una plantilla en la que abunda «la tristeza y el dolor alrededor».

Berrocal, en un entrenamiento.MACCABI

«Soy el técnico más veterano y la gestión de grupo ahora no es importante, es imprescindible. Tengo una responsabilidad grande, no podemos tomarnos como algo propio lo que está pasando en la guerra. Les recordamos que hay que intentar poner todo a un lado y cuando estemos en la pista, disfrutar un poco. Aprovechar la oportunidad que nos da el baloncesto para estar juntos», asegura quien fue reclutado por Odded Kattash -aquel anotador voraz cuya carrera quedó arruinada por una lesión de rodilla- al comienzo de la pasada temporada.

En la plantilla hay americanos como el español Lorenzo Brown -o cubanos, como el ex del Valencia, Jasiel Rivero– que no entienden muy bien lo que está sucediendo, alejados de la cálida Tel Aviv, de lo que eran sus hogares. Que han tenido que escolarizar a sus hijos en Belgrado, aunque ni siquiera saben si este panorama durará demasiado. Los jugadores israelíes han preferido mantener a sus familias en el país, al que pronto el equipo deberá regresar para otro episodio extraño. En unos días se reanudará la liga hebrea y esos partidos sí se disputarán en Israel, aunque el equipo habite en Serbia.

Chema Berrocal, que estas últimas semanas, además, ha tenido que superar el trauma de la consecutiva muerte de su padre y de su madre, intenta aplicar cordura en la soledad de Belgrado, pues él optó, por primera vez en su vida, por separarse de su familia. De su esposa y de Jofre y Bruna, «unos superhéores» que le preguntaban por qué caían misiles sobre Tel Aviv, y que han regresado a su cole de Badalona. «Hay que tirar como puedes, porque no sabemos cuanto tiempo estaremos. Aún estamos en modo supervivencia, te sientes de paso», explica, algo extrañado incluso por los buenos resultados de un equipo (marcha séptimo en la Euroliga) confeccionado para aspirar a la Final Four. «Esta temporada, competir, luchar y no rendirse. Pase lo que pase, es un éxito», razona.

Lorenzo Brown, con Berrocal al fondo.MACCABI

Nada es seguro en el Maccabi, que no sabe cómo se resolverán los encuentros que debe disputar en Turquía, un país hostil al que no pueden viajar por seguridad. Una plantilla en permanente estado de incertidumbre, acompañada siempre de una seguridad bélica, de la protección del Mosad, y que intenta aislarse de las pancartas de rechazo que tienen que soportar en algunos de sus partidos y viajes. «Están sufriendo. No hay nadie que no conozca a alguien que no murió o resultó herido, que no haya perdido a un familiar o amigo. Un jugador me dijo que el otro día se lo pasó entero viendo las noticias sobre la liberación de rehenes», confiesa.

kpd