El absoluto dominio de Antonella Palmisano durante los 20 km marcha otorgó a Italia la primera medalla de oro en el Europeo de Roma. La vigente campeona olímpica, que en el tramo final llegó a dominar por medio minuto, se impuso por delante de su veterana compatriota Valentina Trapletti, de 38 años. Sin embargo, el triste protagonismo en el Estadio Olimpico correspondió a Laura García-Caro, que perdió la medalla de bronce en el último metro.
La marchadora onubense se vio sorprendida por Lyudmila Olyanovska, que sólo unos metros antes parecía fuera de la lucha por la medalla. Sin embargo, García-Caro no detectó el postrero ataque de la ucraniana, que terminaría por bajarla del podio. Su imagen con la bandera al cuello, festejando de forma anticipada un merecido bronce, quedará como una de las crueles de la temporada.
En cualquier caso, el atletismo español logró clasificar a tres representantes en el top-10, ya que Cristina Montesinos acabó sexta y Raquel González, novena.
A Mariano García le define tanto su espontaneidad como su forma de correr. No hay filtro, ni en las palabras ni en las zancadas. «¡Y ahora, me voy a ver MotoGP!», proclama, eufórico, en las entrañas del Kujawsko-Pomorska Arena, en la Torun de Copernico donde, apenas unos minutos antes, ha volado para hacer historia: nadie jamás ganó oro bajo techo en dos distancias. El precioso legado del 1.500 español en manos ahora de un murciano de Fuente Álamo que ya fue campeón del mundo de 800 metros hace cuatro años en Belgrado.
Para qué mentir. «Quien tenga ganas, que me siga. Me he visto muy superior. Iba muy fácil fuerte», le suelta a su entrenador Gabi Lorente un atleta alejado de los Centros de Alto Rendimiento y hasta de las innovaciones tecnológicas, aunque desde hace tiempo recurre a una cámara de hipoxia en Los Alcázares. Que no sale de su pueblo, Cuevas de Rehíllo y de esa pista que algunos días se transforma en mercadillo, -«los entrenamientos en solitario se notan»- y que es puro talento.
Lo mostró en una final pletórica, el anticipo de un domingo que el atletismo español recordará por mucho tiempo con los bronces después de Moha Attaoui y del relevo 4x400 femenino, las Golden Bubbles. Tan decidido Mariano como avisaba, como se desplegó en las series eliminatorias: «Si a falta de dos vueltas estoy delante, sé que la medalla no se me escapa». Apenas se alejó de la cabeza en la primera vuelta, como dejando hacer, hasta que dio gas a su moto, gesto marca de la casa que no faltó en la presentación de Torun. Adelantó a todos como quien repasa una fila de sospechosos y no dejó de tirar hasta la recta de meta. Ni el campeón del mundo al aire libre, el favorito, el portugués Isaac Nader, ni el australiano Adam Spencer (bronce), ni nadie pudo ni siquiera inquietarle. «A mí me gusta dar espectáculo. Me podía haber quedado hasta sin el bronce. He pegado un ataque tan largo... Es que me veía con mucha fuerza», se sinceraba después de la exhibición, de esa aceleración progresiva que fue una tortura para el resto (Carlos Sáez, el otro español, acabó octavo en su primer Mundial), con los últimos 500 metros en un minuto y seis segundos, para acabar en 3:39.63 (lejos, eso sí, de su mejor marca, lograda a principios de año en Karlsruhe, 3:35.53).
Campeón del mundo en pista cubierta y de Europa al aire libre en los 800 metros, después de lo visto se abren todas las posibilidades para un tipo en plenitud. Ni él mismo sabe por qué apostará en verano, en ese Campeonato continental de Birmingham donde ya sí estarán alguno de los ausentes del 1.500, como el ahora lesionado (apenas acaba de empezar a correr) Jakob Ingebrigtsen.
"Quería más"
Contrastaba su felicidad con la contenida de Moha Attaoui, quien apenas unos minutos después cazó un bronce, su primero mundial, que resultó una alegría a medias. «Quería más, pero me faltaron fuerzas al final», se resignaba quien tenía el oro como objetivo pero no le salió la apuesta. La de siempre, la de aguantar atrás por orden de su entrenador -«No sé correr bien en cabeza»-, sin gastar balas en esas salidas de locos, y aguardar a su cambio de videojuego en los 200 últimos metros. Esta vez, algo encerrado, no fue suficiente ante el poderío de un chico de 17 años, Cooper Lutkenhaus (el campeón indoor más joven de la historia) que apunta a fenómeno ni ante la fiabilidad del belga Crestan.
Las seis protagonistas del relevo español, con la medalla de bronce.Petr David JosekAP
Bronces que saben diferentes. Porque había más en Torun. Quedaban ellas, el relevo 4x400 para rematar. Para una remontada sensacional. Paula Sevilla en la primera posta, sin perder del todo el ritmo de las tres primeras: «Salía con dos grandes referentes y estaba un poco cagada, la verdad». Para «ir pescando poco a poco a los equipos». Ana Prieto después, acercándose a ellas, «que no se me fuera mucho el grupo» que entonces conformaban Estados Unidos (oro), Países Bajos (plata) y Polonia. Rocío Arroyo en la tercera, confirmando las opciones. Y la estupenda Blanca Hervás para cazar un bronce que no fue plata por cuatro centésimas. Era su quinto 400 del fin de semana, dos medallas, una final mundial individual (su primera, para acabar sexta) y una marca personal para la madrileña.
Ninguna de las cuatro se olvidó de las dos ausentes (Carmen Avilés y Daniela Fra), que hicieron parte del trabajo en las series de por la mañana. Ni de los técnicos del Plan Nacional de Relevos, el secreto de una progresión que asusta.
«El relevo es el claro ejemplo del equipo», reivindicaba Hervás, la gran protagonista española de Torun. Es la primera vez en la historia del atletismo español con dos medallas en relevos en una gran competición internacional absoluta. Es la segunda mejor actuación de siempre tras las seis medallas de Birmingham 2003. Sólo cinco países quedaron por delante de la selección en el medallero.
Melani Bergés, albina y por ello ciega en un 90% de su visión potencial, llegó a París, en julio de 2023, lista para competir en el Mundial paralímpico de atletismo en 100 y 200 metros lisos. En semifinales se topó con una atleta a la que acababa de vencer pocos meses antes en Jesolo (Italia): la transalpina Valentina Petrillo.
Bergés y Petrillo se saludaron calurosamente. «Ella ya me había contado, cuando nos vimos en Italia, lo mal que se lo estaban haciendo pasar en su país, lo mucho que estaba sufriendo». Petrillo, también ciega, había sido hombre, y como tal, con el nombre de Fabrizio, había ganado 11 títulos italianos en categoría paralímpica masculina. En 2019, con 46 años, había iniciado su transición a mujer, compitiendo por primera vez como trans en el campeonato italiano en septiembre de 2020.
En pista, en aquellas semifinales de los 200 metros lisos , Petrillo ganó a Bergés, y luego se hizo con el bronce en la final tras ser descalificada la competidora alemana por problemas con la cuerda que la unía a su guía. La italiana tenía 49 años y Bergés 33, pero «la verdad es que tiene cuerpo de hombre y hace muy buenas marcas para su edad», explica la española ahora, año y medio después, a EL MUNDO, justo cuando Donald Trump acaba de firmar una polémica orden en Estados Unidos para, según él, «proteger al deporte femenino» impidiendo que las personas trans compitan en esa categoría en su país.
"Es una injusticia total"
Así que Bergés, maestra en Toledo, competidora paralímpica desde que ganara su primer Mundial a los 14 años, con 15 mundiales y europeos a sus espaldas, se convirtió en una de las primeras deportistas españolas «perjudicadas», según expresión propia, por la entrada en competición de atletas trans, «que en realidad biológicamente son hombres», dice ella, en la categoría femenina.
Manu ReinoAraba
«Se dijo entonces en todos los medios que Petrillo me quitó la plaza en los Juegos Paralímpicos y no fue así, es totalmente falso: lo que me quitó fue un puesto en la final del Mundial, y la posibilidad de una medalla», cuenta. «Ahora, la realidad es de una injusticia total que las mujeres tengamos que competir ahora con hombres biológicos cuando nos ha costado un siglo tener nuestras categorías, nuestro espacio para hacer deporte. Es injusto y si me ha tocado a mí tener que decirlo, representando al resto de compañeras, pues lo digo».
Bergés, que después de pasar por la residencia Blume se fue al Centro de Alto Rendimiento de Madrid cinco años, y siempre se ha buscado «la vida» con becas «para ir tirando en esto del deporte paralímpico», ahuyenta «muy fácilmente» la acusación, recibida desde diversos ámbitos, de transfobia: «En mi propia familia tengo a una persona trans: un primo hermano. Cada uno que haga con su vida lo que quiera, y menos mal que tenemos esa libertad. Pero no podemos invadir la de los demás, y eso está pasando en mi deporte. Se pretende borrar la categoría femenina. Si no se ponen límites, al final habrá una categoría masculina, y una trans, porque los hombres hormonados para ser mujeres van a tener siempre más capacidad física, musculas y pulmonar que cualquier mujer».
¿Por qué, a su juicio, no ha hecho nada el Comité Paralímpico Internacional? «No lo sé. Imagino que no se quieren mojar, que no es popular hacerlo, o que temen que les llamen tránsfobos. Es lo único que se me ocurre. Sencillamente, no se atreven».
El PP ha registrado en el Congreso de los Diputados una proposición de modificación de la denominada Ley Trans para «garantizar la igualdad en las competiciones deportivas femeninas». Para muchos llega tarde, porque la mayor parte de federaciones deportivas ya ha legislado limitando el acceso de personas transgénero, «pero no todas», matiza Bergés, «por ejemplo la mía no».
Manu ReinoAraba
La Relatora Especial sobre la Violencia contra las Mujeres y las Niñas, Valentina Petrillo, presentó el 8 de octubre pasado un informe ante la Asamblea General de Naciones Unidas sobre «violencia ejercida contra las mujeres y las niñas en el deporte», en que afirmaba que «hasta el 30 de marzo de 2024 más de 600 deportistas femeninas perdieron más de 890 medallas en más de 400 competiciones de 29 deportes distintos» por la participación de trans en esas pruebas.
La propuesta del PP
«Yo no quiero para nada que las eliminen de nuestras competiciones», dice Melani Bergés, «lo que quiero es que puedan competir, de la manera que sea, pero en igualdad de condiciones. Yo no puedo competir con alguien que no vea absolutamente nada, porque yo tengo un fondo del 10%, y tampoco contra nadie que vea perfecto. Pues esto es igual».
Le preocupa, también, tener que poner voz al problema: «He asumido hasta ahora que yo pongo la cara en este problema, porque es verdad que fui perjudicada por ello, pero quienes deberían solucionarlo, nuestros representantes, son los que deberían hablar, no lo hacen y si esto me empieza a pasar factura psicológica dejaré de hacerlo».
La propuesta del PP llega con la bancada del otro partido mayoritario, el socialista, dividida: en el último congreso del PSOE se impusieron las llamadas feministas clásicas, que propugnan medidas como la ahora impulsada por los populares, a la que por otro lado se opondrán frontalmente Sumar y Podemos, más partidarios de la doctrina queer y de la autodeterminación de género, que tacha de tránsfobo todo lo que se distancie de su postura.