En pleno esfuerzo por la remontada ante el Baskonia este domingo, ya en el tercer cuarto, Nico Laprovittola se disponía a culminar una contra cuando su rodilla sufrió un mal giro. Ni siquiera pudo lanzar los tiros libres tras la falta de Luwawu-Cabarrot. Abandonó en volandas el Palau, sin apoyar su pierna derecha y con gestos de alarma. Este lunes se han confirmado los peores presagios.
Según ha informado el Barça (aunque en principio aseguró que se trataba de un esguince), el argentino pasará por el quirófano ya que tiene roto el ligamento cruzado anterior y además sufre una lesión en el menisco externo de su rodilla derecha. El equipo de Joan Peñarroya pierde a uno de sus referentes durante los próximos meses.
A pesar de la derrota ante el Baskonia de Pablo Laso, la primera de los azulgrana en la Liga Endesa, el Barça estaba firmando un esperanzador arranque de curso. Aunque no pudo con el Real Madrid en la semifinal de la Supercopa, el comienzo de la era Peñarroya había sumado tres victorias en ACB y otras tres en Euroliga (sólo perdió en Kaunas), donde el pasado viernes logró un estupendo triunfo en la prórroga en la pista del Estrella Roja, uno de los equipos más en forma de la competición.
Laprovittola, que venía combinando en los puestos de base y escolta, deja un enorme hueco en la rotación azulgrana. Con Tomas Satoransky y Juan Núñez en el puesto de director, y Kevin Punter, Darío Brizulea y el joven Dame Sarr (debutó ante el Baskonia), no se descarta que el club acuda al mercado.
Tantas veces no se aprecia lo que aportan los que ya estuvieron allí, los intangibles de los 'veteranos', el ADN competitivo único de tipos como Rudy Fernández, Sergio Rodríguez y Llull -fundamentales también en la última Euroliga-, ausentes en Berlín, huérfano el Madrid de sus líderes y un tanto a la deriva durante más de media hora ante el último clasificado. Sin nada en juego, con seis derrotas consecutivas, con bajas como las de Procida y Spagnolo, el equipo de Israel González compitió mucho más de lo previsto y sólo sucumbió en la orilla. Un triunfo poco alentador en cuanto a sensaciones para Chus Mateo, pero tan rico en lo deportivo: sella el factor cancha en cuartos de final y deja casi amarrado el primer puesto (de principio a fin) en la temporada regular. [79-86: Narración y estadísticas]
Porque el Real Madrid sigue siendo líder, bien lejos el resto, aunque la noche en el Mercedes Benz Arena, donde en dos meses se disputará la Final Four, no fuera para presumir. Sin el trío de veteranos y también sin Musa, en el tercer partido a domicilio de los cinco que va a encadenar, los blancos sólo resolvieron en la recta de meta, sin alardes, casi por pura inercia, impulsados por lo que fue su resorte toda la noche en Berlín: el rebote ofensivo.
Si había que reforzar sensaciones, la visita al colista no fue el lugar adecuado. El Madrid, tan pleno en Bolonia y Málaga, despejando dudas y esquivando baches, fue un espejismo de plenitud en Alemania. Un equipo a arreones, desganado por momentos, sorprendido en otros ante la osadía del Alba. Mediado el tercer cuarto, perdía de 13 (51-38), sin haber aprendido la lección de una gris primera mitad.
Rebote ofensivo
Así que otra vez se tuvo que poner manos a la obra, reaccionar en defensa, encomendarse a Hezonja y pasar el apuro. Era la segunda vez que tenía que remontar, esta vez con un parcial de 1-14, también Yabusele decisivo en la anotación y Tavares en la pintura (aunque sólo anotara una canasta). Un resurgir clave para no pasar más sudores y para no salir con la cara colorada de Berlín.
Ya el amanecer no presagió nada bueno. Los cinco primeros minutos fueron una antología del disparate, un ratito para frotarse los ojos. Tras el 9-2 de arranque, el Madrid se pasó un buen rato en 'área' contraria. Lanzaba y fallaba y atrapaba el rebote ofensivo (hasta siete). Una absurda sucesión. Erró sus 10 primeros triples (cuatro de ellos Campazzo), la mayoría completamente liberados. Y cuando se quiso dar cuanta iba 10 abajo (15-5).
Alocén y Abalde le dieron el primer alivio, un parcial de 2-14 entonces, pero el Alba siguió valiente, con su ritmo endiablado y sus triples (cuatro Matt Thomas, tres Olinde...). Y el dominio de otro gigante: Koumadje dejó una de las acciones de la temporada, un mate brutal ante Poirier. Y los alemanes, algo tiernos, sólo sucumbieron cuando, en los últimos minutos, se vieron con opciones reales de tumbar al Madrid, al líder.
El pasado verano, cuando Sergio Scariolo ya miraba a la obligada renovación de la selección española y mostraba su preocupación por los diferentes problemas de maduración que atravesaban sus perlas, los llamados nuevos júniors de oro (campeones del mundo en Hungría), desde Izan Almansa a Aday Mara, el seleccionador sabía que, de todos ellos, había un jugador listo para dar el salto. A Hugo González, de la generación de 2006, sólo le faltaban minutos en el profesionalismo. Mientras quema etapas con la precocidad de los pregonados, el chico, que acaba de cumplir 19 años, al fin ya un habitual en la rotación del Real Madrid, debutará este jueves con la absoluta de España.
Será en el Riga Arena, el mismo escenario que este verano acogerá la final del Eurobasket. Y ante Letonia (18.30 h., Teledeporte), un rival que ha derrotado a la selección en los dos últimos duelos. En la Copa del Mundo 2023 en Yakarta y hace un año en la primera Ventana de esta fase de clasificación para el Eurobasket. En Zaragoza, los letones ganaron en el último minuto.
Es imposible contener el talento, que tantas veces se abre paso en las dificultades. Hugo González podría estar siguiendo los pasos de tantos y formarse en alguna de las muchas universidades americanas que le pretendió. Pronto tendrá ante sí las opciones de un draft (puede presentarse este verano o el próximo) para dar el salto a la NBA que muchos ven inevitable. Prefirió seguir en el Madrid, club al que llegó sin cumplir los 10 años desde San Agustín del Guadalix. En la cantera blanca fue tutelado por Javi Juárez, el mismo entrenador con el que su padre, Paco González, había jugado en EBA y LEB Plata en Illescas, uno de los muchos equipos de la carrera de un clásico del baloncesto madrileño, policía municipal en el distrito de Fuencarral. El alero lo lleva en los genes. Su madre, Montserrat Peña, llegó a jugar en Primera Femenina con el Estudiantes y el Baloncesto Alcalá.
Hugo González charla con Scariolo.ALBERTO NEVADO / FEB
Hugo fue plata en el Mundial sub 17 de Málaga 2022 y subcampeón del Europa en 2023. Con el Madrid debutó a los 16 años, el cuarto más joven de la historia blanca. La temporada pasada ya apareció 10 partidos a las órdenes de Chus Mateo. Y en la presente ha ido de menos a más. En la Copa, el técnico le prefirió por delante de sus dos exteriores americanos, fuera de la convocatoria Rathan-Mayes y Dennis Smith Jr. A Hugo, que aportó seis puntos fugaces en la final perdida contra el Unicaja, muchos le echaron de menos en la segunda mitad. Ha participado en 21 encuentros de Euroliga y 16 de ACB. «Para nosotros es un jugador absolutamente fundamental, nos da una rotación de mucho nivel, a nivel físico y técnico. No vamos a encontrar jugadores del calibre de Hugo. Tiene una calidad y un físico extraordinario», le valoró recientemente su entrenador, que le combina con Abalde.
Hugo, que aprendió como una esponja de Rudy Fernández, es aún tímido ante los micrófonos. «Tengo sensaciones especiales, sobre todo de felicidad y mucha ilusión por ser mi primera convocatoria con la absoluta, algo que tenía muchas ganas de que llegara algún día y he tenido la suerte de que ha llegado pronto en mi carrera profesional. Ojalá vengan muchas más», decía el martes en la concentración de Guadalajara. Le gusta la economía y estudia Dirección de Empresas.
Hugo González, durante un entrenamiento de la selección.ALBERTO NEVADO / FEB
Scariolo ha aprovechado esta última Ventana de clasificación para el Eurobasket para probar a nuevos jugadores. Entre las muchas ausencias que ha tenido y que el billete ya está asegurado, era el momento de «dar prioridad a otros aspectos». «Por supuesto, poder ver y poder acelerar un poco la progresión y la maduración de muchos de estos jugadores», aseguraba ayer.
«Todo se está acelerando un poco, pero la verdad es que estoy muy preparado para lo que venga, para todo lo que te pida el entrenador, tanto Chus como ahora Sergio, sin más preocupación por las prisas».
Ese «cuerpecillo» del Chacho, como lo definió cariñosamente Chus Mateo el viernes en la euforia tras la semifinal, ha vuelto a llegar dispuesto a todo a la hora de la verdad. Han pasado 13 años de su primera Final Four -los mismos desde que el Panathinaikos ganara su última Euroliga, aquella del Sant Jordi- y 14 desde que fichara, por primera vez, por el Real Madrid. Se fue y volvió. Y ni él hubiera soñado que este último baile al que aún no quiere poner fecha de caducidad (aunque su retirada a final de este curso es algo que a nadie extrañaría) hubiera resultado tan asombroso. Pepu Hernández solía hacer un juego de palabras con el nombre de quien fue su pupilo en el Estudiantes y en aquella selección campeona del mundo en 2006. Con las mismas letras que forman el nombre de Sergio también se puede escribir riesgo. Pero hace tiempo que el veterano base es más bien todo lo contrario; es absoluta fiabilidad.
"Es mi sexta final. A tratar de disfrutarlo", cuenta a EL MUNDO justo antes del entrenamiento del Madrid el sábado en el Uber Arena, con su calma habitual.
¿Cómo haces para mantenerte físicamente sin que parezca que pasan los años?
Con las cosas que me han ido bien en momentos anteriores, eso me ayuda. Más o menos es lo mismo, cosas que han ido bien. Pero también estar muy mentalizado de trabajar durante el año. El acoplarte al equipo, a los compañeros. Los años de cambio son más movidos, los que repites como este las rutinas son más fáciles.
Tu temporada y la pasada han sido muy parecidas en el rendimiento, con ese subidón durante el playoff y la Final Four.
Pero ha sido un año diferente este. El año pasado el equipo tuvo muchos cambios. Como era normal, la adaptación de todos es diferente. Este año ha ido más rodado, bien desde el principio, hemos entendido cómo iba la temporada y los momentos en los que había que estar bien. Y cuando juegas en el Madrid hay que culminar con los títulos.
¿Muchas diferencias entre Olympiacos y Panathinaikos?
Sí. Olympiacos tiene una gran defensa, son muy competitivos, muy físicos. Panathinaikos tiene talento, jugadores desequilibrantes... Tienen mucha calidad. Nuestros partidos contra ellos en temporada son una referencia extraña, hubo bajas en ambos en el primero y el otro, que perdimos en casa, fue justo después de la Copa, no estuvimos al nivel. Será complicado y diferente.
Llevas toda tu carrera dando la sensación de que lo estás pasando genial jugando al baloncesto. Este domingo, si fuera la última, no será diferente, ¿no?
Claro. A pasármelo bien. Y con mucha adrenalina. Estamos todo el año trabajando para este momento. Hay que estar muy concentrados.
¿Hubieras imaginado que tu vuelta al Real Madrid resultara tan exitosa?
Sabía donde venía. Al equipazo que había, con jugadores muy determinantes. Hemos trabajado bien. El año pasado nos llevamos la Euroliga, este otra final ya y queremos hacer lo mismo.
«Le hemos cuidado para que llegara bien. Y se siente cómodo en las Final Four», le elogia su entrenador, que hace un año, mismo escenario, le comparó con un torero: «Cuando saca la muleta y se pone a torear...». En un par de semanas Sergio Rodríguez cumplirá los 38 y esta es su novena Final Four. En abril nació Roberta y la familia ya es más que numerosa con Carmela, Greta y Sergio. Todos están en Berlín "menos la pequeñita". El Chacho se conoce y se encuentra fresco. Hace más de una década que sigue la misma rutina física, la que comenzó con Joaquín Joan, el preparador de Pau Gasol y tantos otros. «Todo está planificado desde septiembre», cuenta quien decidió poner punto y final a sus veranos con la selección (154 partidos y siete medallas, entre ellas un oro Mundial y otro Europeo y la plata olímpica de Londres) tras los Juegos de Tokio con la vista puesta en lo que está sucediendo, alargar su carrera. Y en noches como la de este domingo (20.00 h.) ante el Panathinaikos, final inédita, en la que el Madrid buscará su Duodécima Euroliga y volver a ganar dos seguidas más de 50 años después.
Sergio Rodríguez, el viernes, contra Olympiacos.CLEMENS BILANEFE
Sergio ha hablado estos días de «aceptar los roles», pero también de esa sensación «tan buena y bonita de cuando ganas, que quieres perseguirla continuamente». Desde que volvió al Madrid, tras su temporada en los Sixers y su paso por CSKA (campeón de Europa en 2019) y Armani (Final Four 2021), ha calcado su hoja de ruta. El año pasado disputó 40 partidos en Euroliga, casi 15 minutos de promedio, 4,9 puntos y 4,4 asistencias. Pero lo mejor lo dejó para el final. El quinto partido contra el Partizán en el WiZink será siempre recordado como uno de los más plenos de su carrera: 19 puntos y seis asistencias para poner en pie al WiZink. En la Final Four de Kaunas también estuvo cumbre, 12 puntos y cinco asistencias al Barça y 15 y nueve en la final contra Olympiacos.
Este año, a pesar de la llegada de Facundo Campazzo, lo ha vuelto a hacer. 31 partidos en Euroliga, 15 minutos por noche, 4,2 puntos y 4,3 asistencias. Pero en el momento clave... «Tengo la confianza de entender que el equipo confía en mí», decía antes de partir a Berlín. Superior en la serie contra el Baskonia y estupendo el viernes ante el Olympiacos, donde Chus Mateo le otorgó los mandos en los últimos minutos cuando los griegos trataban de remontar y había que congelar el tiempo. Sin perder la magia. La noche en el Uber Arena se cerró con asombro, una preciosa asistencia por la espalda del Chacho a Dzanan Musa para terminar con todo.
Rudy dirá hoy adiós a la Euroliga, Llull seguirá y el Chacho... "Jugadores tan buenos mentalmente son capaces también de programarse o de sacar energías nuevas, frescas, desde la pura motivación y desde la capacidad de saber cuándo es el momento para sacar lo mejor", resumía mejor que nadie ayer Sergio Scariolo en Berlín, en declaraciones a Gigantes.