Fernando PérezEspecialista de Psicólogos del Deporte
Especialista de Psicólogos del Deporte
En la mayoría de ocasiones el entorno de un deportista en formación se supone un factor de riesgo. Un ejemplo: un o una cadete que ficha por el Real Madrid o el Barcelona y su familia y sus amigos depositan unas expectativas exageradas sobre él o ell
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De Sutton, una de las discotecas de referencia de Barcelona, empiezan a salir corredores. 50, 100, 150, 200... ¿Qué está pasando? Es viernes noche y todo es distinto. No hay jóvenes locales pijetes en busca de una copa y una charla. Hay 900 runners mayoritariamente extranjeros disfrutando de un social run nocturno, del evento, de las vibes. Dirigidos por el personal del cercano —y exclusivo— Edan Studios, trotan por la Diagonal unos cinco kilómetros, regresan a la sala, completan un workout al ritmo del DJ y acaban la juerga en la pista de recovery bebiendo Red Bull y cava 0,0. La ciudad ya es suya.
Barcelona cambió después de la pandemia con la llegada masiva de trabajadores cualificados extranjeros —los llamados expats—, que dispararon los alquileres en barrios como la Barceloneta o el Poblenou, generaron todo un ecosistema económico a su alrededor y, finalmente, hicieron suyo el ocio de la ciudad. Mientras bares musicales históricos como el Karma o la Deskomunal anuncian su cierre, otros cambian para atraer a ese nuevo público. ¿Cómo? Con deporte. Especialmente con running. El Sutton ya ha hecho su propuesta, la Apolo o la Laut han empezado a organizar social runs o clases de aeróbic y en Bling Bling se hace indoor cycling de noche. Es adaptarse o morir.
Los expats buscan un ocio saludable y su fuerza está en los grupos de running. Los locales, las marcas y las carreras se los rifan por su tamaño, su poder económico y su capacidad de influencia en las redes sociales. Según fuentes del sector explican a EL MUNDO, ya hay grupos que cobran una tarifa solo por asistir a eventos, donde luego suelen recibir material de obsequio.
«Hace dos años, cuando empezamos, las marcas no querían poner dinero, nos decían que no había presupuesto para marketing en España, pero ahora muchas nos llaman. Hay mucho camino por recorrer. Con un tercio del presupuesto que utilizan en Londres o en París, en Barcelona se pueden hacer grandes cosas y mover a muchísimas personas», comenta a EL MUNDO en inglés Vlad Stanculescu, fundador del club Razze.
En plena semana grande
Con el lema home of spicy runners, cada semana reúne a unos 200 corredores en algún restaurante vegetariano o alguna cafetería de especialidad de la ciudad para salir de allí a trotar y luego hacer el afterrun. De Rumanía, formado en Londres en marketing, cuando llegó a Barcelona a finales de 2023 se dio cuenta de que los pocos clubes de running existentes —como el Prorunners o el BC Team— estaban enfocados en mejorar el rendimiento de los corredores populares y que faltaban grupos centrados en socializar. «Quise montar un grupo bonito, aesthetic», recuerda, y hoy ese grupo es uno de los más solicitados.
Miembros del club Razze, esta semana.HOKA
De hecho, esta semana ha sido su semana grande. Antes del maratón de Barcelona que se celebra mañana, marcas como Hoka, nueva patrocinadora de la prueba, han organizado multitud de eventos y campañas que han cruzado la ciudad. No en vano, en esta edición se va a batir el récord de participación extranjera, con un 68%, gracias a los expats. Hasta la pandemia, los corredores llegados de fuera solían ser un 50%, pero ahora los foráneos residentes en la ciudad han disparado la diferencia.
"A veces te sientes solo"
«Como extranjero en la ciudad a veces te sientes solo y salir a correr es nuestra manera de reunirnos. El año pasado hicimos un evento con una escuela de surf que se hizo viral y creo que se ha confirmado un trend de correr en la ciudad», analiza por su parte el alemán Hairo Hernández, responsable de recursos humanos de una multinacional, que también lleva menos de tres años en Barcelona y cuenta con un grupo propio, Running Club BCN.
Como Razze, RCB aglutina cada semana a unos 200 corredores alrededor de algún negocio, con un «70% de corredores extranjeros y un 30% de locales». «Ofrecemos un marketing superorgánico y mucha visibilidad. Los próximos cinco años los eventos de comunidad de running, de pádel o de hyrox lo van a ser todo», finaliza uno de quienes han cambiado el ocio en Barcelona. La ciudad ya es suya.
Eliud Kipchoge recibe a EL MUNDO en el campamento del NN Running Team de Kaptagat, al oeste de Kenia, sentado en una silla blanca de plástico en medio de una tranquilísima charla con sus compañeros de entrenamiento. De lunes a sábado -el domingo visita a su familia en la ciudad más cercana, Eldoret- así pasa las muchas horas muertas cuando no corre o duerme. Dedica algún rato a leer, pero el wifi no funciona desde hace días por culpa de las lluvias, la única televisión del centro apenas se enciende para ver algún DVD antiguo -el último, el documental de escalada Free Solo- y jugar a cartas, bueno, jugar a cartas no entra en sus planes. «No sería mala idea, pero no tenemos tiempo», comenta entre la seriedad y la sorna.
Antes, en ayunas y a las 06:00 de la mañana, ha corrido 30 kilómetros en una hora y 40 minutos, ha desayunado porridge, un par de huevos hervidos y algo de fruta y se ha pegado una ducha. El secreto del mejor maratoniano de la historia, doble campeón olímpico, ex plusmarquista de la distancia, está aquí: tan calmado lugar, tan simple vida y tanta compañía.
Durante el entrenamiento le he visto corriendo como si compitiera en Berlín, en Londres o en Nueva York: mirada al frente, silencio. ¿En qué piensa?
Hay muchas cosas que pasan por mi mente, pero intento deshacerme de esos pensamientos. Dejo de pensar en lo que me deparará la vida, en el entrenamiento que tengo que hacer mañana e incluso en el ritmo que estoy siguiendo. Simplemente me concentro en el camino. No hablo mucho, es verdad, pero a veces sí lo hago para escuchar a mis compañeros, sentir que todos estamos haciendo lo mismo.
En todo el campamento hay muy pocos empleados, sólo un par de masajistas y un cocinero. Del resto, incluso de la limpieza, se ocupan ustedes mismos. ¿Por qué?
Así nos convertimos en lo que somos, así aprendemos que todos somos iguales. Aquí no hay nadie por encima de nadie, somos un equipo, nos ayudamos los unos a los otros. Este es mi ejemplo [enseña la palma de la mano derecha abierta]. Con la mano extendida algunos dedos son más largos que otros, pero con el puño cerrado todos los dedos son iguales. Nosotros siempre corremos con los puños cerrados.
NN RUNNING TEAM
¿Alguna vez se ha sentido cansado de esto? De vivir aquí aislado, de la sencillez de esta vida.
¿De vivir del atletismo? No, no. ¿Cómo me voy a cansar de esto? Llevo mucho tiempo corriendo, nunca me cansaré del deporte. A veces me canso en los entrenamientos, pero ésta es una buena manera de vivir. He disfrutado de muchas experiencias en el atletismo, llevo la mochila cargada gracias a él y cuando deje de competir espero seguir vinculado de alguna manera.
En este tiempo he aprendido que la clave es saber qué quieres, es marcarte un objetivo. El objetivo te lleva a la disciplina y la disciplina te salva cuando vas a fallar. En estos 20 años nunca me ha faltado un objetivo y creo que gracias a eso siempre he sabido qué camino seguir. Incluso cuando no he conseguido un objetivo, cuando he fallado, he encontrado rápido otro objetivo para seguir.
Viene de un mal momento en el maratón de Tokio [fue décimo con su peor resultado de siempre]. ¿Incluso en estos momentos no duda?
Nunca he dudado, nunca he variado mi plan. Para mí fallar, perder, es simplemente un desafío. Así es la vida. Hoy te despiertas y mañana quizá no. Como eres español estoy seguro que conoces a Ilia Topuria. Sigo su carrera, me gusta como luchador. Nunca lo he conocido personalmente, pero le sigo. Pues un domingo, precisamente viendo la UFC, encontré inspiración en este sentido. Un luchador se había preparado durante seis meses, llevaba mucho tiempo entrenando, y cayó noqueado en apenas unos segundos. Así es la vida. Hay que saber aceptarlo. No te puedes aferrar a lo que has hecho en el pasado, debes dejarlo ir y encontrar algo que te mueve y que te emocione de nuevo.
¿Qué objetivo conseguido le ha emocionado más?
Creo que el Breaking 2 [cuando superó la barrera de las dos horas en un maratón no homologado en Viena]. Es lo que me hizo poner un pie en la historia del deporte mundial.
INEOS 1:59
Su primer Mundial fue precisamente en París, en 2003, logró el oro en los 5.000 metros con sólo 18 años por delante del marroquí Hicham El Guerrouj y el etíope Kenenisa Bekele. Hay quien dice que fue la mejor carrera de la historia. Ahora vuelve al mismo escenario. ¿Ahora recuerda aquel momento con nostalgia?
No, no, de hecho no recuerdo mucho de aquella carrera, tendría que volver a ver el vídeo [sonríe con gracia, realmente bromea]. Para mí París fue donde nací en el atletismo, un lugar importante en mi vida, pero no me aferro al pasado. Ni para lo bueno ni para lo malo. Ahora sólo pienso en conseguir otro oro en París, que sería mi tercer oro olímpico en maratón, un nuevo punto álgido en mi trayectoria.
Como aquella vez en 2003, en estos Juegos Olímpicos se enfrentará a Bekele. ¿Ha sido su mayor rival?
Será bueno volver a verle y competir juntos para demostrar al mundo la importancia de la longevidad, de mantenerse a lo largo de los años, pero no miro mucho a mis rivales. En el atletismo no necesitas estudiar a nadie, sólo creer en ti y dedicarte en cuerpo y alma. En el boxeo, por ejemplo, sí es necesario conocer a tu adversario, saber cómo atacarle y cómo defenderte, pero en el atletismo no lo es. Respeto a todo el mundo, pero estoy centrado en mí mismo.
El dolor y la paz del correr
Correr, a veces, duele. ¿A usted también le pasa?
Sí, por supuesto, pero ese dolor es valioso. La gente a veces olvida el valor del dolor. Aprendes a través del dolor, aprendes desde el dolor. Es difícil afrontar el dolor cuando sabes que llegará, en un entrenamiento o en la vida, pero más tarde, cuando el dolor desaparece, aparece el éxito.
¿Qué piensa cuando ve a los últimos que llegan en un maratón?
Me encanta lo que hacen. El maratón no es sólo competir, lo más importante en un maratón es que todo el mundo está corriendo. Corre el que acaba en dos horas y el que acaba en ocho horas. Están haciendo lo mismo. Completan la misma distancia, sienten la misma libertad, simplemente van a otra velocidad. Y el deporte sirve para encontrar el camino correcto en la vida, no sirve para ser rápido.
El mundo, en muchas formas, es un caos, es injusto, incluso es malvado. ¿Cree que va calando su mensaje de lograr un mundo mejor simplemente corriendo?
Completamente. Mucha gente me ha visto y me ha escuchado a lo largo de estos años. Me gusta repetirle al mundo que la única manera de ser libre es hacer deporte. Cuando no haces deporte eres un prisionero; el deporte te da la libertad, paz interior, goce. Cuando te sientes libre estás en el mejor lugar posible, aunque todo falle a tu alrededor. Insisto para que todo el mundo lo pruebe.
NN RUNNING TEAM
Como mínimo sus hijos ya corren. ¿Le gustaría que compitieran?
Por supuesto. El deporte es muy bueno y puedo enseñarles a competir. Además estoy seguro que lo aprenderán porque les interesa. Pero lo que realmente quiero es que hagan algo, no me importa si corren, si juegan al tenis o a fútbol o si hacen natación. Lo que ellos quieran, pero que hagan deporte. Les ayudará en la vida.
«Nunca te mientas», se lee en la entrada del campamento. Es una frase de Paulo Coelho. ¿Lo escribió usted?
Sí, me gusta lo que escribe. Me gusta mucho la lectura. ¿Sabes cuál es el libro que más he leído de ahí [señala a la pequeña biblioteca del centro]? Es ¿Quién se ha llevado mi queso? Lo he leído varias veces. Habla sobre los cambios y a mí me gusta encarar los cambios. También me gusta escribir. Cada día escribo mis pensamientos en mi diario. Hoy quizá escriba sobre esta entrevista.
La historia de amor de Lester Lescay ya es de bronce. En una concentración en el Eurohotel de Castellón en 2020, justo antes de los Juegos Olímpicos de Tokio, todavía compitiendo por Cuba, el saltador empezó a charlar con una trabajadora del establecimiento, Beatriz, y aquella conversación se alargó durante días, durante meses, durante años pese a la distancia, pese a su regreso a La Habana.
Dos años después, Lescay decidió abandonar su país e instalarse en la casa de su ya novia en Burriana. Cinco años después, nacionalizado español por matrimonio, "con exámenes, a través de la justicia", se subió al podio en la longitud del Europeo indoor de Apeldoorn con un salto válido, el único que le permitió hacer la lesión en los isquiotibiales de la pierna izquierda que arrastra desde unas semanas.
En su segundo intento, Lescay alcanzó los 8,12 metros y ya fue imposible bajarle de los puestos de honor. De hecho, en otro concurso barato, se le escapó el oro por sólo un centímetro. En su último salto, el búlgaro Bozhidar Saraboyukov se fue hasta los 8,13 metros y dejó así con la plata al favorito, el italiano Mattia Furlani, que aunque lo intentó tuvo que conformarse con la plata. Furlani también llegó a los 8,12 metros, como Lescay, pero desempató con el resto de sus marcas.
La lesión de Llopis
Pese a la igualdad, el saltador español, que debutaba con la selección, se mostró eufórico. Los dolores le obligaron a renunciar a sus tres últimos intentos, pero no a una celebración más que merecida. "La medalla todo lo limpia. Estoy super contento con todo, una adrenalina sabrosa. Estoy loco por volver a repetir de nuevo", comentó.
Su sonrisa y la sonrisa de Ana Peleteiro por su oro contrastaban con las desgracias que se le fueron acumulando a la selección española durante la jornada. Junto a Lescay, competía Jaime Guerra en la longitud y, pese a su potente batida, al final tuvo que marcharse en camilla, lesionado, del pabellón Omnisport de Apeldoorn.
Mientras lo hacía, exactamente al mismo tiempo, Quique Llopis, el máximo favorito español a las medallas en los 60 metros vallas se lesionaba en el calentamiento de la final y esquivaba la historia. Tres españoles iban a tomar la salida y al final fueron solo dos: Abel Jordán terminó cuarto, con 7.54 segundos, a cuatro centésimas del bronce, y Asier Martínez finalizó último.