Gout Gout, el adolescente australiano que "puede superar a Bolt": 42 zancadas "asombrosas" y la lucha contra el mundo de su padre

Gout Gout, el adolescente australiano que “puede superar a Bolt”: 42 zancadas “asombrosas” y la lucha contra el mundo de su padre

Toda leyenda guarda en su biografía una anécdota que es medio verdad y medio mentira. Para Gout Gout puede ser la siguiente. Diane Sheppard, una entrenadora australiana de velocidad de pelo canoso y décadas de experiencia, estaba a punto de jubilarse cuando pasó por el patio de un colegio, el Ipswich Grammar de Queensland, y vio a un niño de siete años ganando una carrera tras otra contra chavales mucho mayores que él, de 10, 11, 12, ¡de 13 años!

Tenía una anatomía privilegiada, una técnica natural y, por si fuera poco, una sonrisa enorme: el prodigio sólo estaba jugando, se lo estaba gozando. Sheppard se acercó a él y le dijo: "Si quieres, puedes ganar el oro en los 100 y los 200 metros en los Juegos Olímpicos de Brisbane 2032". La realidad tuvo que ser distinta, pero quién prefiere la verdad a una buena historia. Y, en todo caso, una certeza sobresale entre detalles fantasiosos: Gout Gout realmente puede ganar dos oros en 2032.

¿Quién es Gout Gout? El nuevo nuevo Usain Bolt. Un joven de 16 años que lleva ya un par de temporadas asombrando al mundo a base de vídeos virales y marcas estratosféricas y que hace unas semanas, en los All School Championship de Australia, acabó de explotar como promesa planetaria. En los 200 metros marcó 20.04 segundos y en los 100 metros, 10.04 segundos con demasiado viento a favor y 10.17 legales. Nadie a su edad había registrado esos tiempos y el mismísimo Bolt pierde en la comparación: de adolescente corrió en 20.13 en los 200 metros y apenas probaba el hectómetro. Pero lo mejor de Gout Gout no son los números.

Sólo una zancada más que Bolt

"A esa edad hay corredores muy desarrollados que ya hacen grandes tiempos, pero es que a él aún le falta. Como le pasaba a Bolt a los 16 o 17 años, Gout todavía está por hacer, le faltaba mucho trabajo de fuerza", indica Pau Fradera, entrenador del velocista español Guillem Crespí, finalista en el último Europeo, que ahonda en el análisis: "Técnicamente ya es mejor que Bolt. De adolescente a Bolt le faltaba mucha estabilización, iba de un lado a otro, corría muy descontrolado. Gout es mucho mejor en eso. Aunque lo más asombroso que tiene es la zancada".

Según el estudio de Fradera, Gout corrió los 100 metros de los All School Championship en sólo 42 zancadas, muy por debajo de las 44 o 45 habituales. Bolt, en su récord del mundo de la distancia (9.69 segundos), lo hizo en 41 zancadas. "Tiene una planta impresionante, da gusto verle correr. Es un poco más bajo que Bolt [1,82 metros], pero ya mete zancadas de casi tres metros. En su carrera se ve que no hace una gran salida, pero que de los 20 a los 30 alarga hasta los 2,50 metros y que en los últimos 60 metros sólo da 22 pasos, una barbaridad. Para cualquier amante del atletismo es ilusionante pensar en el potencial que tiene en cuanto entrene más la fuerza. Ha nacido quien puede superar a Bolt", proclama Fradera que acepta que Australia, donde vive Gout, no es una potencia en velocidad, pero que tiene formación deportiva de sobras para rodear al prodigio de los entrenadores que necesite para crecer. Por lo pronto, ya ha fichado un contrato multianual con Adidas y el próximo enero viajará a Estados Unidos para entrenar durante dos semanas con Noah Lyles, el vigente campeón olímpico de los 100 metros.

El error en su inscripción

Será inevitable que las universidades americanas le hagan ofertas para que corra allí, aunque con sus marcas no tendrá ningún problema para correr ya en el próximo Mundial de Tokio de 2025 con sólo 17 años. Lo único que preocupa a su entorno es cierta debilidad de sus tendones de Aquiles porque es un "toe-walker", es decir, que siempre camina de puntillas y que el mundo le llame como realmente se llama. Porque Gout Gout en realidad es Guot Guot y su padre, Bona Guot, lleva varios meses pidiendo a las instituciones, a los medios de comunicación y a los seguidores del atletismo que rectifiquen.

De Sudán del Sur, la familia emigró a Australia previo paso por Egipto, y cuando nació el sprinter, ya en Queensland, las autoridades registraron mal su nombre. Gout Gout convive con el error con ligereza -pide que le llamen GG-, pero a su padre, que trabaja en un hospital, le atormenta que al chaval le llamen como una enfermedad porque, en inglés, gota es 'gout'. "No acepto que mi hijo sea conocido como Gout Gout", reclamaba hace unos días en el canal 7News. Sea Gout Gout, Guot Guot o GG, fuera descubierto de casualidad por Diane Sheppard en el patio del colegio o no, una certeza sobresale: realmente puede ganar dos oros en 2032.

El difícil momento del adiós: Nadal, Serena, Maradona, Bolt...

El difícil momento del adiós: Nadal, Serena, Maradona, Bolt…

Hubiéramos deseado una última, real y simbólica, victoria de Nadal en su apoteósica y merecida despedida sentimental. Pero ya era imposible, incluso frente a jugadores sepultados en las profundidades del ránking. Su adiós, postergado en exceso entre la tristeza, la comprensión y la gratitud de un país entero, suscita de nuevo una reflexión acerca de los deportistas que no se retiran «a tiempo».

El deportista muere dos veces. Y la primera ocurre cuando se retira (o le retiran). Se trata de una muerte biológicamente provisional, pero profesionalmente definitiva. Y el afectado no la acepta porque abre un abismo bajo sus pies. Así que, con frecuencia, y aunque, como en el caso de Nadal, haya proyectado un futuro confortable, experimenta una especie de horror vacui. No es raro. Después de todo, el deporte es la única actividad en la que la jubilación se produce en la juventud. El deportista tiene todavía por delante, en un territorio desconocido, amenazante por ignoto o incierto, incluso por extenso, la mayor parte de su existencia física. Le entra miedo, vértigo, inseguridad y trata de demorar el momento del adiós.

Autoengañándose acerca de sus, todavía, capacidades, o estirándolas con más o menos dignidad, permanece en activo, con frecuencia en un ámbito individual o, sobre todo, colectivo distinto e inferior del de sus mejores días. No lo hace por dinero, o sólo por eso, sino por mantener una ficción de permanencia.

Un tiempo innecesario

El caso de los futbolistas es paradigmático: Pelé, Cruyff, Beckenbauer, Maradona, Michel, Hugo Sánchez, Guardiola, Iniesta y un interminable etcétera alargaron impropia e innecesariamente sus carreras. Hoy siguen en activo Cristiano, Messi, Luis Suárez, Busquets, Alba y otro largo etcétera. Pero el fútbol sabe que este tiempo les sobra. No son Zidane, Kroos o como Rijkaard, que, en la celebración en el vestuario, después de ganar con el Ajax la Champions de 1995, anunció que ese había sido su último partido. O, cambiando de deporte, como Alberto Contador, que dio sus últimas y crepusculares pedaladas ganando en el Angliru.

No se retiraron a tiempo, entre nosotros, Alfredo Di Stéfano, Severiano Ballesteros e incluso un Alejandro Valverde en su longevidad digna... Ni, volviendo al tenis y al exterior, el mismo Federer. Y quizás Djokovic debe pensar en parar, ahora que está «a tiempo» de mantener su mejor recuerdo. Tampoco Serena Williams se fue cuando debía. Ni Usain Bolt. Existen «retirados en activo», valga la paradoja. Oficialmente aún en la brecha, pero en la práctica fuera de foco, Sergio Ramos o Mireia Belmonte siguen erróneamente la senda de Nadal.

Bolt, en los Juegos de Río 2016.

Bolt, en los Juegos de Río 2016.AP

Si un bel morir tutta una vita onora, un mal morir, metafóricamente hablando, no estropea un pasado merecedor de elogio y agradecimiento. Tampoco hace añicos una imagen que se reconoce irrompible. Pero sin borrarla en absoluto, la empañe un tanto por ser la última. Saber retirarse oportunamente, es, no sólo en el deporte, una virtud casi teologal, incompatible a menudo con la ciega y sorda naturaleza humana.

En el lado opuesto de quienes se resisten en vano a los odiosos imperativos de Cronos figuran quienes se retiran «a tiempo» por el procedimiento de hacerlo «antes de tiempo». A «destiempo», en suma. Son sobre todo nadadores, debido a la precocidad de su deporte con relación a otros. La australiana Shane Gould (Gold), que este 23 de noviembre cumplirá 68 años, tuvo en 1972 todos los récords en todas las distancias del estilo libre. Insólito. Apabullante. En los Juegos de Múnich se llevó tres oros, una plata y un bronce. Y le «faltó tiempo» para retirarse. Tenía 16 años. En los mismos Juegos, Mark Spitz conquistó siete oros estableciendo siete récords del mundo. Y se despidió de las piscinas a los 22 años. Le quitó «tiempo al tiempo».