Dimitrievski, de sentirse engañado a ser el muro que sostiene al Valencia
La razón por la que el Valencia ha sacado en las dos últimas semanas ligeramente la cabeza de la zona caliente del descenso tiene nombre y apellido: Stole Dimitrievski. El guardameta macedonio sostuvo al equipo en Mallorca para arañar un punto y sacó una mano salvadora a un remate de bocajarro de Stuani que permitó amarrar los tres puntos en Mestalla cuando el Girona tocó arrebato. Cuando el Valencia se resquebraja, aparece su portero para sujetarlo. Ante la artillería del Atlético, aunque mermada por el objetivo de llegar a la final de la Champions, tendrá otro reto.
Los números de Dimitrievski avalan el peso específico que ha ganado en el once de Carlos Corberán, incluso a su pesar. En Liga ha jugado hasta el momento 15 partidos y ha recibido 18 goles, lo que le convierte en el sexto cancebero con mejor promedio. Esas cifras y la sensación de seguridad que aportan son algo que no podía ni imaginar en noviembre. El macedonio se ha convertido en un hombre vital para la salvación a pesar de que su historia con el Valencia comenzó siendo amarga y llegó a estar en peligro especialmente el pasado verano.
Llegó libre a Mestalla en junio de 2024, tras finalizar una vinculación de seis temporadas con el Rayo Vallecano. Su destino era perfecto, un club que en enero, cuando le contactó, ya sabía que Mamardashvili sería traspasado y que Jaume Domenech, pese a su ascendencia en el vestuario, no sería el relevo. Iba a ser titular en un equipo que, en la segunda temporada de Rubén Baraja, rozó Europa y parecía iniciar un camino de crecimiento.
Todo se torció cuando el Liverpool accedió a dejar cedido una temporada al georgiano. Nadie lo esperaba. «Jugué toda la pretemporada y, en la primera jornada ya no juego, y a los cinco meses el equipo es último. Hubo un cambio de entrenador y juego cuatro partidos y después de una derrota me quita», explicó Dimitrievski en una polémica entrevista en su país durante el parón de selecciones en noviembre. Esa derrota fue un 0-5 ante el Barça en Copa del Rey en Mestalla. Había jugado cuatro partidos de Liga -tres con Baraja y uno con Corberán, todos por lesión de Mamardashvili-, y los cinco de Copa. En total, nueve. De esa cifra nació el verdadero desecuentro. Con la salvación garantizada llegó el Valencia al último partido ante el Betis. Dimitrievski estaba a un partido de cobrar un bonus de 300.000 euros que tenía fijado en su contrado, pero el entrenador no lo alineó.
El macedonio se sintió engañado y buscó una salida, pero el Valencia le cerró las puertas. El georgiano se había marchado y Jaume anunciado su retirada. Iban a buscar un portero, pero no dos. La sorpresa para Dimitrievski fue que Corberán, en su condición de manager, buscó a quien quería que fuera titular: Julen Agirrezabala. Lo que podía ser una competencia sana tenía letra pequeña. Fue el Athletic quien confirmó que la cesión tenía un coste para el Valencia además de unas penalizaciones económicas en caso de no jugara.
«El club trae otro jugador que tiene por escrito en el contrato que tiene que jugar partidos de Liga. Eso fue un shock para mí. Significaba que ya no hay competencia en esa posición. Tiene que jugar sí o sí», resumió Dimitrievski mientras estaba con su selección, donde es titular indiscutible. Unas declaraciones que fueron una bomba en el vestuario. El club le sancionó, pidió perdón y el entrenador le afeó en público sus palabras «erróneas e incorrectas». Esa tensión tuvo que desaparecer cuando el portero vasco se lesionó, primero muscularmente y luego para toda la temporada por una rotura de menisco. Fue entonces cuando emergió el mejor Dimitrievski.
«Si entreno bien y me dan la oportunidad, responderé sin ningún problema, porque tengo experiencia, tengo calidad y estoy preparado para hacerlo», dijo en su peor momento y lo ha cumplido. «Dimitrievski ha sido vital», admite Corberán, que protegió su apuesta por Agirrezabala al inicio hablando de una lesión en la pretemporada. El contrato del macedonio acaba en junio, pero el Valencia tiene la posibilidad de ejecutar una cláusula y, por medio millón de euros, alargarlo hasta 2028. De momento, la negociación está supeditada a cerrar la permanencia.
Para el Valencia, vencer al Atlético le colocaría cerca del objetivo y, aunque no es tarea fácil, algunos jugadores de la plantilla estaban en septiembre de 2023 cuando le endosaron a los de Simeone un doloroso 3-0. Los rojiblancos enfrentan este duelo entre las guerras con el Arsenal y tendrán que mimar a quienes salieron tocados como Julián Álvarez, Giuliano o Sorloth, y proteger al resto. Corberán no se confía y, por si acaso, Simeone le carga de razón: «Vamos a ir con gente fresca que tiene la oportunidad de mostrar por qué están en el Atlético».

