Jim Courier, ex número uno: “Alcaraz no quiere responder ante nadie, le comprendo”

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Jim Courier siempre ha sido un tipo intenso. Cuenta la leyenda que, cuando acababa los partidos, salía a correr en lugar de ir a la ducha para demostrar a sus adversarios que podía haber aguantado más. Entre 1991 y 1993 ganó cuatro Grand Slam y fue número uno del mundo, y en Melbourne se le recuerda especialmente porque celebró sus dos Open de Australia bañándose en el contaminado río Yarra.

"Lo volvería a hacer, pero no fue cosa mía. Fue idea de mi entrenador entonces, Brad Stine, que me retó y me acompañó. Sufrimos con aquello", recuerda en conversación con EL MUNDO desde su nuevo rol. Hoy Courier forma parte del equipo de expertos de HBO Max y Eurosport, el canal que emite el primer Grand Slam del año, y agarra el micrófono como agarraba la raqueta. Quizá no sea el más fino ni el más estético, pero las devuelve todas.

Lleva ya 20 años comentando tenis en televisión. Parece una vida dulce.
Lo es. Disfruto mucho comentando partidos, pero también le pongo mucha dedicación. Me dejo la piel, no sale solo. Recuerdo las primeras entrevistas con jugadores como Roger [Federer], Andy Roddick o Marat Safin... buf, un desastre. Tuve suerte porque me ayudaron. El público no sabe el esfuerzo que hay detrás de una retransmisión de televisión. Es un trabajo en el que también sientes presión. Cuando era tenista no tenía ni idea.
¿Nunca quiso ser entrenador?
No. Con la televisión viajo unas cuantas semanas al año, pero entrenar a un tenista exige dedicación total y no quiero eso. Es un sacrificio familiar, más que personal, y tengo dos hijos pequeños, de 11 y nueve años.
En una entrevista explicó que no quiere que sus hijos vean sus trofeos.
Los tengo guardados en cajas. Mis hijos saben quién soy a través de sus amigos del colegio, o mejor dicho, de los padres de sus amigos. Pero yo no les he explicado mucho. No quiero que crezcan con presión, a la sombra de nadie. Su madre y yo somos personas normales, como el resto de padres, y ellos pueden dedicarse a lo que quieran. Aun así, estoy orgulloso de esos trofeos.
¿De cuál más?
El primer Grand Slam es el que te cambia la vida, así que supongo que debo decir Roland Garros 1991. Pero guardo grandes recuerdos de todos.

El momento de Alcaraz

Ya ha empezado el Open de Australia. ¿Le sorprendió el divorcio previo entre Carlos Alcaraz y Juan Carlos Ferrero?
Muchísimo. Cuando todo va bien no parece lógico cambiar. Los tenistas cambian de entrenador por tres razones: resultados, luchas por el control o dinero. No fue un problema de resultados, eso seguro. Así que debe de haber un poco de los otros dos motivos. Será interesante ver a Carlos en este Open de Australia, aunque no creo que su decisión provoque un efecto inmediato en su juego.
¿Por qué?
Antes, en mi época, los equipos eran mucho más pequeños y el impacto de un cambio de entrenador era mayor. No solo cambiabas de técnico, cambiabas de psicólogo, de compañero de viajes, de todo. Ahora los jugadores como Carlos tienen mucha más ayuda y, con Samu López, tiene continuidad en su banquillo.
¿Qué rol debe tener un entrenador de tenis? ¿Debe controlar o dejar hacer?
Depende muchísimo del jugador. Algunos tenistas necesitan un jefe y otros prefieren serlo ellos mismos. El nivel de control fuera de la pista depende mucho de la dinámica de cada pareja. En el caso de Carlos, todos podemos imaginar que cuando era adolescente Juan Carlos le decía lo que tenía que hacer y ahora, a los 22 años, con seis Grand Slam, prefiere no tener que responder ante nadie. La relación entre entrenador y jugador debe cambiar para que dure, igual que un matrimonio o una amistad. A mí me pasaba igual: cuando era joven quería que la gente me dijera qué hacer y luego solo buscaba ayuda técnica.
El año pasado dijo que Alcaraz podía batir uno de sus récords: usted es el más joven en llegar a la final de los cuatro Grand Slam. Por edad todavía puede hacerlo.
Y creo que lo hará este año. De hecho, tiene una gran oportunidad para completar el Career Grand Slam, para ser el más joven en ganar los cuatro 'grandes'. Lo veremos en dos semanas.

La mejoría de Sinner

¿Ve a Sinner favorito aquí en Australia?
Debe superar a Alcaraz, que es su mayor obstáculo. Los veo muy parejos. Pero creo que el año pasado Sinner evolucionó muchísimo, más de lo que se reconoce. Sabemos que su juego se basa en dominar, pero ahora se puede adaptar más al juego de Alcaraz, a sus dejadas, a sus 'slices', a sus cambios de ritmo. Alcaraz es muy completo pero Jannik también. No tienen los agujeros que tuvieron otros campeones como Sampras y McEnroe en Roland Garros o Lendl en Wimbledon. Eso también les da mucha seguridad.
En su época había grandes rivalidades: Sampras, Agassi, Lendl, Becker... ¿Qué le parece la amistad entre Alcaraz y Sinner?
Me parece una amistad real. Y se puede tener amistad y rivalidad a la vez; no me parece un problema. El tenis no es un deporte de vestuarios separados, es un circo itinerante en el que todos viajan juntos constantemente. Entiendo que la gente quiera animadversión, pero no es necesaria. Evert y Navratilova o Federer y Nadal nos demostraron que se puede mantener una amistad y, al mismo tiempo, querer arrancarle la cabeza al otro en la pista.
¿Cree que falta un tercer aspirante a los Grand Slam?
Estaría muy bien, pero lo que tenemos ahora ya es increíble. Dos grandes rivales que pelean por todo, que evolucionan el uno con el otro... Si llega un tercero, mejor aún. Pero esta época ya es increíble. Lo importante es que no haya un solo dominador en el tenis, sino rivalidades constantes.

Alcaraz y la defensa de su nuevo entrenador: “Han querido ponerme junto a muchos extenistas y no me parece justo”

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Si se observaba durante mucho rato a Carlos Alcaraz en su debut de este domingo en el Open de Australia ante Adam Walton, se podían apreciar diferencias. Cuando Juan Carlos Ferrero estaba en su palco, el número uno mantenía con él un diálogo no verbal en los descansos que era muy fácil de resumir: "Concentración, concentración y concentración". Sentado en su banquillo, Alcaraz solía mirar a su entonces entrenador y asentía, como si supiera a metros de distancia lo que Ferrero le estaba diciendo.

Este domingo, en cambio, el intercambio gestual con su nuevo técnico, Samu López, era mucho más críptico. Entre punto y punto, en los descansos, Alcaraz se marchaba a su asiento, lanzaba la mirada a su preparador y hacía alguna mueca imposible de interpretar desde fuera. En un par de ocasiones se le escapó incluso una risita, como si acabara de hacer algo que anteriormente ya habían comentado. A saber qué era.

De todos modos, Alcaraz abrió su nueva era con una victoria frente a Walton por 6-3, 7-6(2) y 6-2, y ya está en segunda ronda del Grand Slam, donde el miércoles se enfrentará al alemán Yannick Hanfmann.

Fue un estreno algo irregular, con un despiste en el segundo set que le costó un break, pero triunfo al fin y al cabo. Alcaraz todavía no sabe lo que es perder en una primera ronda de un torneo ‘grande’, y eso que ya ha disputado 20. No está mal. El éxito, de hecho, le sirvió para lanzar una pequeña reivindicación: merece más crédito su actual entrenador, López, y también la decisión de haber apostado por él.

"Cada entrenador es diferente, pero ahora mismo Samu me puede aportar todo lo que necesito. Obviamente, si tienes al lado a un exjugador top, que ha estado en muchas situaciones, te puede ayudar. Pero Samu es hoy en día uno de los mejores entrenadores del mundo, si no el mejor. Me han querido poner junto a muchos extenistas y no me parece justo. Samu se merece más reconocimiento, me aporta cosas que ningún extenista me puede aportar", comentó el número uno del mundo, que aceptó que su primer partido no había sido exactamente como esperaba.

Alcaraz admite el despiste

"Me ha sorprendido el nivel de Adam y he tenido altibajos. En el segundo set quizá he perdido un poco el foco y lo he pagado. Pero al final ha sido un partido de mucho ritmo, muy exigente para comenzar, y prefiero que haya sido así", aseguraba Alcaraz. Según sus propias palabras, es muy complicado regresar después de un parón de dos meses y controlar la mente como si hubiera jugado anteayer. "Lo que más me cuesta son los nervios", reconocía.

Venía el español de pasarlo bien en Miami y en las Islas Turcas y Caicos, de disfrutar de la Navidad en su casa de Murcia, incluso de gozar de las actividades promocionales previas al Grand Slam en Melbourne, y tuvo que volver a agarrar la raqueta con todas sus fuerzas. Alguna queja en el segundo set por el notable nivel de Walton demostraba que estaba pasando por un apuro, pero al final resolvió como debía. Quizá este martes descanse y encuentre algún rato para jugar al golf, pero este lunes entrenará de nuevo a las órdenes de Samu López y volverán a hablar de cosas que solo ellos conocen. A saber qué era.

Alcaraz se tiene que poner serio para derrotar a Walton en su debut en el Open de Australia

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La alegría baja por el río Yarra, donde, a la altura de Melbourne, el verano se desparrama en ambas orillas; a un lado se bebe sobre los barcos flotantes, al otro se rema en kayaks. La ciudad, en domingo, alberga tantos conciertos, hay tanto ambiente, que parece un macrofestival. Es un entorno fantástico, el entorno ideal para Carlos Alcaraz. Cuesta pensar que todavía no haya ganado un Open de Australia, porque es aquí donde su estilo, su frescura, su atrevimiento, encajan mejor.

Cuando este domingo saltó a la Rod Laver Arena, con su camiseta blanca, verde y negra sin mangas, parecía que el lugar era suyo. Se enfrentaba a un australiano, Adam Walton, pero el público no dejaba de animarle y él lo agradecía: sonreía, disfrutaba de sus primeros minutos sobre la pista. "Let's go, Carlos, let's go" se repetía en bucle. Como ya quedó claro en los actos previos, como el One Point Slam o la exhibición ante Alex de Miñaur, aquí se le adora.

Pero el tenis es el tenis. Pese a lucir el número uno del ranking ATP y a tener más armas que su rival, Alcaraz tuvo que pasar un mal rato para derrotar en primera ronda a Walton por 6-3, 7-6(2) y 6-2 en dos horas y cinco minutos. Nada —o casi nada— lo insinúa el marcador, pero había que verle la cara. Del entusiasmo con el que empezó a la seriedad con la que acabó. Tampoco fue nada preocupante: en segunda ronda, el miércoles ante el alemán Yannick Hanfmann, ya se habrá olvidado, pero recordó una máxima: para ganar un Grand Slam hay que sufrir.

El mérito del rival

Venía Alcaraz de un mes sin jugar un partido, de pasarlo bien en Miami y en Turcas y Caicos, de disfrutar de la Navidad en su casa de Murcia, incluso de gozar de las actividades promocionales en Melbourne, y tuvo que volver a agarrar la raqueta con todas sus fuerzas. Alguna queja en el segundo set por el notable nivel de Walton demostraba que estaba pasando por un apuro.

"Ha sido un partido muy difícil porque me ha costado mucho encontrar el hueco; él iba siempre un paso por delante, estaba siempre en mejor posición. Me ha costado mucho acostumbrarme a su bola plana", analizaba Alcaraz, otorgándole a Walton el mérito merecido.

En la tribuna de prensa, alucinaba un periodista australiano: "No le había visto jugar así en su vida". Walton, de 26 años y número 81 del ranking mundial, completó una actuación muy sólida, con escasos errores y mucha velocidad. Al australiano le costaba rebasar a Alcaraz —apenas logró 16 winners por los 38 del español—, pero apenas cometía errores. Si quería hacerlo lo mejor posible, ya puede congratularse: objetivo cumplido.

Un chico le pide matrimonio a Zverev desde la grada y el alemán se vende caro: "¿Dónde está mi anillo tío? No soy tan barato"

Un chico le pide matrimonio a Zverev desde la grada y el alemán se vende caro: “¿Dónde está mi anillo tío? No soy tan barato”

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El alemán Alexander Zverev, que tuvo que remontar un set al canadiense Gabriel Diallo para avanzar a la segunda ronda del Open de Australia, recibió una propuesta de matrimonio de un hombre desde la grada de la pista Rod Laver.

Un aficionado portaba un mensaje en un cartón en el que ponía "cásate conmigo Sascha", sobre lo que fue cuestionado por la ex jugadora alemana Andrea Petkovic, en la entrevista habitual en la misma cancha al final de cada partido.

Zverev, finalista el pasado año de esta competición, sonrió y se dirigió al hombre, al que le preguntó: "¿Dónde está mi anillo tío? No soy tan barato", dijo el alemán, que accedió a la segunda ronda de Australia.

Zverev, quien perdió la final del torneo de 2025 ante Jannik Sinner, se impuso al canadiense Gabriel Diallo 6-7 (1/7), 6-1, 6-4, 6-2 en la Rod Laver Arena.

Con ello alcanzó la segunda ronda en Melbourne Park por décimo año consecutivo, en busca de frenar la hegemonía del italiano Sinner y el número uno mundial, el español Carlos Alcaraz, quienes se han repartido los últimos ocho títulos de Grand Slam.

El chico que ha pedido matrimonio a Zverev, a la izquierda con camisa estampada.

El chico que ha pedido matrimonio a Zverev, a la izquierda con camisa estampada.JOEL CARRETTEFE

Pero debió trabajar fuerte para domar al espigado tenista canadiense de 24 años. "Definitivamente no me puse feliz cuando vi el sorteo", admitió Zverev. Diallo "es muy talentoso e increíblemente agresivo. Fue difícil encontrar mi ritmo".

Con su victoria, el alemán deberá enfrentar en segunda ronda al australiano Alexei Popyrin (N. 49) o el francés Alexandre Muller (N. 50).

Zverev, de 28 años, concluyó 2025 con un solo título en la temporada, obtenido en Múnich, después de sufrir varias lesiones. Pero eso le bastó para terminar de número 3 mundial, detrás de Alcaraz y Sinner.

Rafa Jódar, la nueva promesa del tenis español es una rareza: “Para mí los estudios son muy importantes”

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Detrás de Carlos Alcaraz susurra toda una generación que asciende más lento que él, pero que quizá en unos años llegue al mismo sitio, las finales de los torneos grandes. Poco a poco, jugadores como Martín Landaluce o Dani Mérida asoman en el circuito ATP, aunque hay un nombre que suena más que el resto: Rafa Jódar. Clasificado para el Open de Australia, su primer Grand Slam, donde este martes se medirá al japonés Rei Sakamoto en primera ronda, Jódar ya tiene ese ruido en sus golpes, esa aura, esas expectativas a su alrededor.

A sus 19 años y ya entre los 150 mejores del mundo, se le supone en el camino de los elegidos, pese a que es una rareza. Jódar no ha seguido el camino que se suele seguir en España, Jódar no juega al tenis como se suele jugar en España y, de hecho, Jódar no habla de su futuro como se suele hablar en España.

Póngase un objetivo para esta temporada. ¿Entrar en el Top 100?
Nunca hago eso. Ni metas, ni objetivos, ni nada. Tengo que seguir mi camino y no ponerme ninguna presión. Llegué aquí, a Melbourne, sin expectativas y así sigo. Me estoy divirtiendo mucho y eso es lo importante. Si lo hago bien, pues muy bien. Pero para mí el tenis debe ser ocio: entro en la pista para pasármelo bien.

La universidad, primero

«El tenis es ocio», asegura, y así se entiende su progresión. Hasta hace un año y medio, Jódar iba para químico o biólogo y todo su empeño estaba puesto en ello. Hijo de padres profesores -él, de Educación Física; ella, de Primaria-, durante su adolescencia en Leganés no se planteó el tenis como una profesión y por eso renunció a entrar en alguna de las muchas academias privadas que le abrieron las puertas. ¿El Bachillerato? El científico, en el IES Rafael Frühbeck de Burgos de su ciudad, y presencial: todos los días a clase.

Aunque fuera campeón de España júnior, el tenis era un pasatiempo al que dedicaba muchas horas, pero un pasatiempo. La Universidad de Virginia, en Estados Unidos, le ofreció una beca para compaginar deporte y estudios y no dudó en aceptarla cuando, a finales de 2024, con solo 17 años, ganó el US Open júnior. Ahí empezó a temblar todo. ¿Y si el tenis realmente le cambiaba la vida? ¿Y si le daba para vivir? ¿Y si le hacía millonario?

Aun así, escogió los estudios. Pese a que el año pasado ya lo tenía todo para hacerse profesional y empezar a pelear en el circuito ATP, se marchó a la Universidad de Virginia para sacarse una carrera y jugar en la NCAA, la liga universitaria. El deporte podía esperar, pensó, pero el deporte vino a buscarle. En las semanas sin universidad aprovechaba para apuntarse a torneos Challenger, y así ganó uno, y otro, y luego otro. Al final del año, sin planearlo, estaba entre los 200 mejores del mundo y por ello fue invitado a las Next Gen Finals, donde ganó en la fase previa a Learner Tien, el número 27 del mundo. Aquello le obligó a reflexionar.

Su salto a la ATP

«Estuve hablando con mis padres y con mis entrenadores en Virginia y al final tomamos la decisión de que este 2026 volviera a entrenar aquí, en Madrid —en el Club de Tenis Chamartín, su club—, y seguir el circuito profesional. Para mí los estudios son muy importantes: siempre voy con mi portátil repasando, y solo los aplazaré un tiempo», comenta quien también aporta un juego distinto al habitual en el tenis español. Con sus 1,91 metros, su tenis directo recuerda más a Jannik Sinner que a Rafa Nadal, su ídolo de infancia, por eso sobresale en superficies duras.

Su tenis es realmente agresivo.
Sí, soy un jugador agresivo. Me gusta mucho dominar con mi derecha y mi saque me ayuda. A este nivel, igualmente, necesitas un juego muy completo, mejorar todos los golpes para poder competir.

Y competir, en su caso, es volar. Su estreno como profesional esta temporada está siendo impecable. En lo que va de año ya ha sumado una final en el Challenger de Canberra, con victorias ante tenistas como el chileno Nicolás Jarry, y un excelente clasificatorio para el Open de Australia.

Ahora, si vence en primera ronda al japonés Sakamoto, un coetáneo al que ya derrotó en el US Open júnior de 2024, podría vérselas en segunda ronda con todo un Top 20 como Jakub Mensik o con su compatriota Pablo Carreño. Luego, cuando se despida del Grand Slam, seguirá en los Challenger. Poco a poco, sin metas ni objetivos. Pero su idea también era estudiar Ciencias, y aquí está, bajo los focos de Melbourne Park.

La firme apuesta de Alcaraz en Australia: "Otro tenista, con otro carácter, se hubiera quedado solo"

La firme apuesta de Alcaraz en Australia: “Otro tenista, con otro carácter, se hubiera quedado solo”

«¡Vinga, ara a rematar!», le gritaba Samu López a Carlos Alcaraz en uno de sus partidos de las últimas ATP Finals de Turín en noviembre. El mensaje era lógico, habitual, esperable... pero no así el idioma. ¿Por qué le hablaba en catalán? Cosas suyas. «Es una broma interna que tenemos Samu y yo. Me hace reír y ahí es cuando mejor saco mi tenis», comentaba entonces el número uno, sin desvelar más.

En los meses anteriores, la pareja ya había demostrado complicidad en múltiples ocasiones, como cuando Alcaraz celebró sus victorias en el Trofeo Conde de Godó simulando que surfeaba, porque precisamente eso, «surfear sobre la pista», era lo que pedía López. Luego, el mes siguiente, concretamente el 17 de diciembre, la sintonía entre ambos fue parte primordial de un anuncio sorpresa: Alcaraz rompía con su entrenador de siempre, Juan Carlos Ferrero, y se quedaba con los consejos de Samu López, hasta entonces su técnico ayudante, siempre en un segundo plano.

Mucho se ha escrito y hablado sobre el divorcio, pero todas las fuentes consultadas coinciden en que se ha infravalorado el papel de López. Su presencia en prácticamente todos los torneos de la temporada pasada, su adaptación a Alcaraz e incluso su carácter fueron esenciales para que el entorno del tenista pudiera negociar a la baja el nuevo contrato de Ferrero. Si las conversaciones iban mal, como ocurrió, estaba López.

Dita AlangkaraAP

No había dudas de que sería el primer entrenador, y él tampoco dudó cuando recibió la oferta. De hecho, fuentes cercanas al jugador aseguran que no se llamó a ningún otro técnico, que no se contratará a nadie más «como mínimo esta temporada» y que, el día que se anunció la ruptura con Ferrero, se declinó amablemente el ofrecimiento de hasta seis entrenadores con un palmarés superior al de López. De la supuesta llamada a Andy Murray, publicada en algunos medios, nadie sabe nada.

Con un preparador de perfil bajo, un currante del tenis como López, Alcaraz sabe que pone el cuerpo ante las críticas si no gana el Open de Australia, que empieza mañana con su debut ante el local Adam Walton (11.00 horas, HBO Max y Eurosport), pero apenas le importa.

Una relación horizontal

«Para mí todo está prácticamente igual. Obviamente ha cambiado el entrenador principal y cada uno tiene sus pensamientos y su forma de trabajar, pero yo ya venía trabajando con Samu desde el año pasado. Que sea segundo o primero no quiere decir que haya cambiado su manera de entrenar, de aportar sus opiniones o de hacer las cosas. Nos conocemos muy bien, así que no ha cambiado nada en mi rutina de entrenamientos», contaba en la madrugada de ayer el número uno del mundo sobre su entrenador, que ha descubierto en su banquillo una presencia muy cercana.

Pese a que López es diez años mayor que Ferrero, la conexión entre entrenador y jugador ahora es más horizontal, más animosa, incluso más divertida. Ferrero era una figura paternal de las de antes, severo pese al éxito de su pupilo. En el pasado US Open criticaba el uso del teléfono móvil por parte de Alcaraz ante los periodistas españoles presentes en Nueva York, aunque éste, con Instagram o sin él, estaba a unas horas de ganar su sexto Grand Slam. López, en cambio, no entra en esos terrenos.

JOEL CARRETTEFE

Cuando se incorporó al grupo, Alcaraz ya era una figura mundial y sus tareas se limitan a lo que ocurre en la pista. Sobre sus hábitos, sus vacaciones o sus intereses, nada que opinar. En el estricto sentido técnico, por ejemplo, esta pretemporada ha vuelto a introducir una pequeña modificación en el saque del número uno.

Lo ha hecho en Murcia, en la Carlos Alcaraz Academy, de donde no saldrá el tenista en sus escasos días en casa. Se acabaron sus viajes a Villena para prepararse con Ferrero. De ahora en adelante será López quien se desplazará y, con él, el resto del equipo. Porque, pese a la ruptura, ni uno solo de los miembros habituales de su grupo ha abandonado a Alcaraz, y eso también es relevante.

El apoyo del equipo

Samu López, el fisioterapeuta Juanjo Moreno y el preparador físico Alberto Lladó proceden de la Ferrero Academy y viven en los alrededores de Villena, pero seguirán trabajando con el número uno. Les une un proyecto profesional y un contrato laboral, por supuesto, pero también un vínculo personal. «Otro tenista, con otro carácter, hubiera perdido a medio equipo o hasta se hubiera quedado solo. Dice mucho del trato que da Carlos», analizan en su entorno, donde siempre se valora su carácter. Su alegría le ha ayudado a seguir arropado y es una de sus armas para lo que viene.

Porque, tan relajado como habitúa, Alcaraz encara estas semanas un desafío histórico. Si vence en Melbourne por primera vez, será el jugador más joven en ganar los cuatro Grand Slam con notable diferencia. Lo conseguiría un año y medio antes que Rafa Nadal, por ejemplo, pero cinco antes que Roger Federer o seis antes que Novak Djokovic. Los últimos partidos no sirven para valorar su estado de forma -su último encuentro fue hace dos meses-, pero por delante apenas observa amenazas.

En tercera ronda asoma Sebastian Korda como relativo peligro; en cuarta, Tommy Paul o Alejandro Davidovich podrían exigirle; y rumbo a una nueva final contra Jannik Sinner, sólo se entiende como obstáculo a Alexander Zverev, verdugo el año pasado y posible adversario en semifinales. Hasta ahora, Alcaraz nunca ha llegado a esa fase -cayó en cuartos de final en 2024 y 2025-, pero esta temporada el objetivo va mucho más allá. Lo hará después de haber soltado la mano de Ferrero, pero igual de acompañado que antes.

Alcaraz y la necesidad de un contrapunto en el banquillo

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La separación de Carlos Alcaraz y Juan Carlos Ferrero fue un shock para todos. Normalmente, en el tenis, los cambios llegan cuando hay una mala racha y Carlos venía del mejor año de su carrera. No me lo esperaba, como nadie se lo esperaba. Pero hay que dar tiempo para saber cómo influirá en su carrera.

De momento, lo veo feliz, lo veo animado, incluso lo veo aliviado. Empieza un Open de Australia con mucha presión, por el cambio de técnico y porque es el único Grand Slam que no ha ganado, pero se le nota relajado. Por primera vez en su carrera ha pasado por el despido de un miembro de su equipo, nada menos que el entrenador principal, y eso nunca es fácil. Pero tarde o temprano tenía que pasar.

Los jugadores que siempre han tenido el mismo entrenador son casos muy contados. Lo normal en los circuitos ATP y WTA es abrir y cerrar etapas. Es bastante habitual que el técnico que te ha dirigido de junior no siga contigo cuando estás luchando por ganar torneos grandes porque las necesidades son distintas. De joven te ayuda alguien que te organice también fuera de la pista, que te haga de padre y de psicológico, que te incluye disciplina y te enseñe hábitos. Después ya no hace falta esa figura o no debería. De ahí que haya tanto cambios de entrenador.

Y también es que estas relaciones nunca son faciles. Pagas alguien para que te diga lo que debes hacer. Es una situación extraña. En el tenis lo vives desde niño, te acostumbras desde las clases particulares que contratan tus padres, pero igualmente es raro. Genera rifirrafes y el equilibrio es muy delicado. Si pensamos en los grandes de la historia, incluso las relaciones de Rafa Nadal con su tío Toni o de Novak Djokovic con Marian Vadja tuvieron un final.

En mi opinión, Carlos acabará contratando un segundo entrenador. Lo necesita porque juega muchos torneos, viaja mucho, y sobre todo para tener un contrapunto. En un banquillo debe haber un técnico serio y un técnico relajado, al igual que debe haber uno técnico y otro experimentado. Sentir la ayuda de alguien que haya jugado finales de Grand Slam es muy importante y, aunque todo le vaya muy bien, en algún momento puede echarlo de menos.

Alcaraz habla de su separación con Ferrero: "Era un capítulo de mi vida que debía terminar"

Alcaraz habla de su separación con Ferrero: “Era un capítulo de mi vida que debía terminar”

Carlos Alcaraz seguía siendo Carlos Alcaraz. Look fresquísimo, con una camiseta de béisbol Nike ‘oversize’ y una gorra del estilo, sonrisa preparada y un discurso diáfano, muy sincero. Este viernes, el número uno ofreció su primera rueda de prensa desde noviembre y todo parecía igual. Pero su concentración al escuchar las preguntas demostraba que la ocasión exigía un esfuerzo extra. En Melbourne, un día antes de su debut en el Open de Australia ante el local Adam Walton (09.00 horas, Eurosport), Alcaraz habló por primera vez de su ruptura con su entrenador de siempre, Juan Carlos Ferrero, y se notaba la precaución en sus palabras.

"Era un capítulo de la vida que debía terminar", comentó ante los medios internacionales. "He aprendido muchísimo. Probablemente gracias a él soy el jugador que soy hoy. Estoy realmente agradecido por estos siete años", aseguró, aunque tampoco quiso ofrecer más detalles de los motivos de la separación.

"Cerramos este capítulo de mutuo acuerdo. Seguimos siendo amigos, tenemos una buena relación, pero simplemente decidimos hacerlo así", añadió Alcaraz en una versión de lo ocurrido que se aleja de la versión de Ferrero que desde el primer momento aseguró que le hubiera gustado seguir. Según el número uno, la decisión de cambiar de entrenador fue parte de un proceso que vivió junto a todo su equipo, de una deliberación conjunta: "Fue algo interno, algo nuestro. Es algo que decidimos como equipo. Al ser un grupo tan profesional y tan unido, no hay un simple movimiento que no pongamos todos encima de la mesa y se hable. Así que fue una decisión interna y al final se llevó a cabo de esa manera".

La relación con López

"Para mí está todo prácticamente igual. Obviamente ha cambiado el entrenador principal y cada uno tiene sus pensamientos y su método, pero yo ya venía trabajando con Samu [López] desde el año pasado. Que sea segundo o primero no quiere decir que haya cambiado su manera de entrenar, de aportar sus opiniones o de hacer las cosas. Nos conocemos muy bien, así que no ha cambiado nada en mi rutina de entrenamientos", aseveraba Alcaraz que cerraba así el trámite de tener que hablar de su cambio de técnico y abría su temporada con el objetivo claro de vencer en el Open de Australia y convertirse en el jugador más joven de la historia en ganar los cuatro Grand Slam.

De hecho, el propio jugador aseguró que el torneo en Melbourne es su "objetivo principal" de la temporada, una intención que nunca se había planteado a lo largo de su carrera. "He hecho la pretemporada centrado únicamente en el Abierto de Australia, para llegar en muy buena forma aquí física, mental y tenísticamente. En todos los aspectos", finalizaba Alcaraz que este viernes descansará -no entrenará en el Melbourne Park- antes de encarar un debut de Grand Slam ya sin Ferrero, su técnico de siempre, en su palco.

Alcaraz debutará ante Walton y evita a Djokovic; Sinner arrancará contra Hugo Gaston

Alcaraz debutará ante Walton y evita a Djokovic; Sinner arrancará contra Hugo Gaston

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Carlos Alcaraz iniciará ante el australiano Adam Walton el Abierto de Australia, primer torneo del Grand Slam de tenis de 2026, donde el defensor del título, el italiano Jannik Sinner, debutará con el francés Hugo Gaston, tras el sorteo celebrado este jueves en Melbourne para establecer la configuración del torneo.

Alcaraz evitó al serbio Novak Djokovic que quedó ubicado en la otra parte del cuadro, en el de Sinner, con el que se encontraría en una hipotética semifinal. El ganador de diez Grand Slam se enfrentará en el primer tramo al español Pedro Martínez. En el camino del murciano, antes de la final, tendría enfrente al alemán Alexander Zverev, tercero del mundo y finalista una vez en Melbourne.

Carlos Alcaraz irrumpe en el intento de lograr el único evento grande que falta en su historial en el choque contra Walton, 79 en el ránking ATP, con el que ya se había enfrentado en junio de 2025 en los Queen's Club Champianships de Londres, donde Alcaraz ganó al australiano por 6-4, 7-6(4).

Por el lado de Alcaraz, una vez superada la primera ronda, apuntan jugadores como el alemán Yannick Hanfmann, el galo Corentin Moutet o Sebastian Korda, el estadounidense Tommy Paul o Alejandro Davidovic en octavos, y Alex de Miñaur, el kazajo Alexander Bublic, o el estadounidense Frances Tiafoe en cuartos. En semifinales, Zverev, Daniil Medvedev o Andrey Rublev.

Sinner coincide con jugadores como Lorenzo Musetti, el estadounidense Ben Shelton, o su compatriota Taylor Fritz.

En cuanto al resto de españoles, Pablo Carreño se enfrenta al checo Jakub Mensik, mientras que Roberto Bautista ha sido emparejado con el chino Juncheng Shang.

Jaume Munar será el rival del checo Dalibor Svrcina y Alejandro Davidovich iniciará su recorrido con el austríaco Filip Misolic. Carlos Taberner se medirá con el italiano Lorenzo Sonego.

Otras finales inolvidables del Grand Slam: desde la época de Borg y McEnroe hasta Wimbledon 2008 y las batallas del 'Big Three'

Otras finales inolvidables del Grand Slam: desde la época de Borg y McEnroe hasta Wimbledon 2008 y las batallas del ‘Big Three’

La Central del All England Club se había desprovisto de su halo místico. Era una atmósfera propia de un partido importante de los pross. Los gritos de «Let's go, Roger, let's gol!» adquirieron decibelios atronadores. Casi nadie podía permanecer indiferente. Tampoco algunos de los periodistas que resistimos en pista conmovidos hasta la última pelota. Roger Federer dispuso de dos puntos para ganar el partido al servicio, cuando dominaba por 8-7 y 40-15 en el quinto set. Las disputó bajo el mismo patrón que le había permitido derrotar a Andy Murray en la final de 2012. Pero Novak Djokovic sofocó sus aproximaciones a la red, la segunda de ellas con un passing shot cruzado de derecha.

Sucedió el 14 de julio de 2019. Djokovic se impuso en cinco sets después de cuatro horas y 57 minutos y frustró la última posibilidad del suizo de ganar un título del Grand Slam.

Federer jamás se recuperó de aquel golpe. Iba camino de los 38 años, había superado a Rafael Nadal en semifinales y aún reunía argumentos para opositar por el que hubiera sido su vigesimoprimer grande. A partir de ahí, su figura declinó sin remedio, marchitada por el tiempo y por el recuerdo del desenlace más triste de su vida tenística. La final más larga del torneo y sin duda una de las más hermosas marcaría el inicio de la cuenta atrás para su retiro, que se produjo tres veranos después.

WIMBLEDON 1980

Esta rememoración de otras grandes finales de los majors en la era profesional no se ciñe a la cronología y parte, evidentemente, de apreciaciones personales. Ateniéndonos a la calidad y perfección del juego exhibido, al derribo de límites que podían considerarse inabordables, a la progresión constante hasta una inimaginable culminación y al juicio de consumados especialistas, la que suscribieron este domingo Carlos Alcaraz y Jannik Sinner en Roland Garros es la mejor de cuantas ha habido.

Borg, tras ganar Wimbledon en 1980.

Borg, tras ganar Wimbledon en 1980.ROBERT DEARAP

Hace 45 años, en la prehistoria, Bjorn Borg superó a John McEnroe en cinco sets pese a perder el desempate del cuarto, que se fue hasta el 18-16. Cualquiera de las cuatro finales del Grand Slam en las que contrastaron estilos, temperamentos y hasta formas de interpretar la vida merecería ser glosada. Esta también reunió todos los atractivos que entonces sólo concitaban ellos dos. Un año después, en el mismo escenario, vencería en cuatro parciales el zurdo de Douglaston, cuyo triunfo en la final del US Open de esa misma temporada derivaría en el acelerado adiós de Borg, quien tomó la puerta de salida en 1982, con tan sólo 26 años.

AUSTRALIA 2012

Las mejores expresiones tenísticas suelen nacer de una rivalidad, un contraste y un contexto. Sucede entre Alcaraz y Sinner, sucedió entre Borg y McEnroe y en la larga secuencia cruzada de enfrentamientos entre el Big Three: Djokovic, Nadal y Federer. La final de Melbourne 2012 señaló el ecuador en los 60 duelos que alumbraron el serbio y el español. Venció Nole por 5-7, 6-4, 6-2, 6-7 (5) y 7-5. Cinco horas y 53 minutos: no ha habido final más larga de un grande en la era profesional. El semblante extenuado de ambos en la entrega de premios, las dificultades para sostenerse en pie, eran la imagen elocuente del carácter salvaje de la confrontación, en la que el español contó con 4-2 y servicio en el último parcial. Fue su séptima final consecutiva perdida frente a Djokovic, tendencia que revertiría esa misma temporada al abrigo de la tierra batida.

WIMBLEDON 2008

Inevitable traer aquí el partido reconocido entonces por la prestigiosa revista Sports Illustrated como el mejor de la historia del tenis. Nadal, que había perdido dos finales consecutivas ante Federer sobre su hierba sagrada londinense, tuvo en la mano el éxito por el camino más corto, pero se vio llevado hasta un desenlace a cinco sets cargado de misterio. El encuentro fue interrumpido en dos ocasiones debido a la lluvia. Pedro J. Ramírez, presente en el partido y entonces director de este periódico, tituló su tradicional carta semanal «Nadal contra Voltaire». «Siete horas y cuarto después de la señalada para comenzar, Aquiles había derrotado a Héctor por un margen más estrecho que una capa de mantequilla. El uno había ganado 209 puntos, el otro 204», escribió.

US OPEN 2009

Juan Martín del Potro tan sólo tenía 20 años. Acudía cada noche a cenar acompañado por su equipo, con Franco Davin, entrenador, y Martiniano Orazi, fisioterapeuta, a la cabeza, en un restaurante español situado en Lexington Avenue, Manhattan, Tercera Avenida. Aún estaba lejos de ser una celebridad. Departían como el resto de los comensales, sin demandar un reservado. El poderoso fajador argentino se plantó en la final ante Federer sin demasiadas opciones aparentes. El suizo llevaba un lustro inmaculado en Flushing Meadows. Delpo ganó por 3-6, 7-6 (5), 4-6, 7-6 (4) y 6-2.

Djokovic, tras ganar Wimbledon en 2019.

Djokovic, tras ganar Wimbledon en 2019.TIM IRELANDAP

ROLAND GARROS 1984

Los dos primeros sets de John McEnroe en la final ante Ivan Lendl fueron pura artesanía. La derrota más dura en la carrera del estadounidense está recogida en Buscando la perfección, película documental escrita y dirigida por Julian Faraut. Lendl, entonces aún ciudadano checoslovaco, venció por 3-6, 2-6, 6-4, 7-5 y 7-5, para desconsuelo de quienes contemplábamos el tenis sin patria ni bandera, sólo condicionados por la fascinación que provocaban genios como McEnroe.