Léon Marchand, la mariposa que desata el maremoto en París

Léon Marchand, la mariposa que desata el maremoto en París

Cuando Léon Marchand emergió del agua en el último 50 de la mariposa, la futurista Defénse creyó ser presa de un maremoto. Era como la mariposa de la teoría del caos, cuyo aleteo puede provocar un movimiento sísmico, pero en carne y hueso. La fuerza de ese aleteo es la fuerza del oro que viene para encontrarse en el podio con el oro que resiste. Un cruce de caminos en la victoria entre miembros de dos generaciones a los que separan cinco años, pero es que un año de un campeón olímpico son cinco en un mortal. Marchand, de 22, es el oro que viene; Katie Ledecky, de 27, es el oro que resiste.

Los desafíos que se habían impuesto para estos Juegos tienen similitudes, al afrontar cada uno de ellos cuatro pruebas. Marchand, los 200 y 400 estilos, los 200 mariposa y los 200 braza. Por ahora ha nadado los tres últimos con el pleno: tres oros. Ledecky, los 400, 800 y 1.500 libre, y el relevo de 4x200 libre. Después de afrontar las dos primeras, suma un oro y un bronce. Podría decirse, pues, que se trata de un desafío incompleto para la estadounidense, pero sería injusto con una nadadora de época. La que viene es de Marchand, más rápido ya que Michael Phelps. La que vivimos pertenece también, al menos en el fondo, todavía a Ledecky. París los venera. Los Ángeles los espera.

El reto de Marchand no era únicamente el de nadar pruebas que parecen antagónicas, como los 200 mariposa y los 200 braza, sino hacerlo con apenas dos horas de diferencia, después de haber afrontado las semifinales, por la mañana, con menos margen. La mariposa muestra su extraordinaria velocidad. La braza, el mejor nado subacuático, gracias a su cuerpo longilíneo, casi púber, que opone menos resistencia al agua. La combinación arroja como resultado el mejor nadador de estilos del momento y, si vamos a los tiempos, quizás podamos hablar pronto del de la historia. El récord del mundo de los 400 estilos ya le pertenece (4.02.50). Se lo arrebató a Phelps.

La oposición de Milak

El orden de las finales era el mejor para el francés, ya que las semifinales habían demostrado que iba a encontrar más oposición en la mariposa que en la braza, debido a la presencia de Kristof Milak. El húngaro es un cíclope del agua. En la semifinal que también dominó, fue más rápido que Marchand. También había ocurrido en las series. De ese modo se inició la final, con el húngaro primero en los tres virajes. Al salir del tercero, Marchand apuró su nado subacuático y emergió como una orca. Algo se había dejado dentro contra lo que Milak nada pudo hacer. Tampoco contra la grada enfebrecida. El francés ganó el 200 mariposa más rápido de la historia olímpica (1.51.21) después de haber hecho lo propio en los 400 estilos. La braza, en cambio, devolvió a un Marchand dominador de principio a fin.

Para Ledecky fue más sencillo. El padecimiento que experimentó en el 400 libre desapareció cuando aumentó la distancia. La estadounidense es una fondista, pero una fondista muy rápida, como prueba el hecho de que ganara el 200 libre en los trials de su país. En la actual escena olímpica, sin embargo, no es suficiente, frente al potente equipo femenino australiano. No es únicamente Ariarne Titmus, que ya derrotó a Ledecky en Tokio. Volver a intentarlo dice mucho en favor de la norteamericana, que podría haberse refugiado en la larga distancia, del 800 al 1.500. En cambio, quiso aceptar el reto. La comodidad no va con los campeones, no con los campeones de verdad.

Marchand, durante la final de mariposa.

Marchand, durante la final de mariposa.JONATHAN NACKSTRANDAFP

En el 1.500, la estadounidense impone una velocidad de crucero insostenible para el resto y acabar en 15.30.02. París asistió a su dominio y lo hizo con agrado, pese a animar a la francesa Anastasia Kirpichinkova, aunque La Défense no se emocionara como con Marchand, líder de un equipo francés que escala en el medallero. La natación gala, de profunda tradición olímpica, encuentra un nuevo referente desde Laure Manadou, con tres medallas (oro, plata y bronce) en Atenas'2004, con tan sólo 18 años. El nadador de Toulouse ya lo ha mejorado en París.

El liderazgo de EE.UU.

Ledecky encarna, asimismo, el liderazgo de una natación estadounidense venida a menos en París. La sombra de Phelps es alargada, muy alargada. Los 100 libre, que se disputaron ayer, dejaron campeones ajenos a las barras y estrellas. Caeleb Dressel, encumbrado en Tokio con cinco oros, ni siquiera pudo clasificarse para la prueba en los 'trials' en su regreso tras sufrir una depresión.

El oro de Ledecky es el octavo de su carrera y su medalla olímpica número 12. Si domina el 800 libre, algo previsible, y el 4x200 libre, menos a su alcance debido a la oposición de las australianas, superaría a Larissa Latynina, con nueve oros, como la mujer más laureada en la historia de los Juegos, algo que podría haber alcanzado ya Simone Biles si su mente no hubiera dicho basta en Tokio. La de Ledecky nunca para, continúa y continúa, como sus brazadas.

España, ante su día grande en los Juegos Olímpicos con siete opciones claras de medalla: ¿Cuáles son y a qué hora?

Actualizado Miércoles, 31 julio 2024 - 20:53

Ya está: es el día. Si quiere alcanzar el tan anunciado objetivo, igualar o superar las 22 medallas de Barcelona 1992, España debe triunfar este jueves en los Juegos de París. Si no lo hace, si no vive como mínimo dos o tres celebraciones, esa aspiración deberá ser rebajada y quedarse, si un caso, en la frontera de las 20 medallas o incluso en las 17 de Tokio 2020. Desde que salga al sol hasta que se ponga, la afición deberá atender a competiciones, más competiciones y más competiciones donde puede haber éxito.

La marcha y sus dos dobles campeones del mundo

Empezando por la marcha. En el Trocadero empezará la competición de atletismo con la especialidad de España, aquellos que caminan 20 kilómetros a toda velocidad. A las 7.30 horas será la competición masculina y a las 9.20, la femenina. La selección cuenta aquí con sus referentes, Álvaro Martín y María Pérez, doble campeones en el último Mundial, pero no sólo están ellos. Entre los hombres, también competirán Diego García Carrera, que fue sexto en los Juegos de Tokio, y el joven Paul McGrath, reciente subcampeón de Europa. Y entre las mujeres, sobresalen Laura García-Caro, sexta en el pasado Mundial, y Cristina Montesinos. La carrera masculina acabará sobre las nueve de la mañana, la femenina, sobre las 11 y entre ambas habrá otro foco de atención.

Niko Shera, una cuenta pendiente

Pese a la hora tempranera, poco después de las 10.00 horas, debutará Niko Shera en el judo, en su nueva categoría, los hombretones de menos de 100 kilos. Como en los Juegos de Tokio, llega con cierta aura de imbatibilidad, pero está vez además llega herido. En aquella cita olímpica japonesa sufrió la decepción de su vida, cayó en cuartos de final y en la repesca y lloró como nunca. Ahora vuelve, con un bronce en el último Mundial, y ganas de resarcirse. Peleará por el bronce sobre las 17.00 horas y por el oro después de las 18.00 horas.

El remo, en busca de la segunda medalla de su historia

Pero no habrá un momento para separarse de la televisión. El remo vive su mejor momento desde hace décadas e intentará hoy a las 11.30 horas conseguir la segunda medalla olímpica de su historia. En el doble scull, Rodrigo Conde y Aleix García buscarán el podio con su plata mundial en 2022 como presentación y la tercera plaza en la clasificación. Los entrenadores hablan de una regata muy igualada con los neerlandeses Melvin Twellaar y Stef Broenink, subcampeones en Tokio, como favoritos al oro. Quedó fuera de la final la pareja francesa, vigentes campeones olímpicos. Serán seis minutos de delirio.

ALI HAIDEREFE

Reyes Pla, el momento de 'El Profeta'

Y sólo una hora después, a las 13.08 horas. El Profeta, Enmanuel Reyes Pla. Como Niko Shera, otro grandullón que busca la redención por lo ocurrido en los Juegos de Tokio 2020. El boxeo reparte dos bronces así que si vence en su combate de cuartos de final ante el belga Victor Schelstraete asegurará la medalla. "A arrancarle la cabeza", desafiaba en conversación con EL MUNDO en pleno despegue del boxeo español. Hasta cuatro aspirantes a la gloria habrá en cuartos de final en los próximos días.

La vela, como siempre la vela

Después el horario ofrece al espectador un respiro para comer y, a las 14.43 horas, otra más que posible fiesta. Lejos de París, en la bahía de Marsella, el 49er masculino disputará su medal race con mucho ya ganado. El dúo formado por Diego Botín y Florian Trittel, medallistas en los últimos tres mundiales, lo tienen todo de cara para aspirar incluso al oro. Botín, con otra pareja, Iago López, fue cuarto en Tokio 2020 después de tener colgado el bronce al cuello durante buena parte de la regata decisiva.

Hugo González con el oro mundial al cuello

Y a última hora, a las 20.37, se lanzará Hugo González a otra final olímpica para redondear el día. En los 100 metros espalda ya fue sexto, pero en los 200 metros espalda, su distancia, en la que es el actual campeón del mundo, aspira a mucho más. De nuevo en los otros carriles tendrá muchas amenazas, pero su capacidad de progresar en plena prueba le otorgan más opciones en la distancia larga. A los 25 años, después de una progresión irregular en su carrera, es su momento: el día D y la hora H.

Léon Marchand, el Mbappé del agua: el cuerpo de un niño, el técnico de Phelps y un despiste antidopaje

Léon Marchand, el Mbappé del agua: el cuerpo de un niño, el técnico de Phelps y un despiste antidopaje

Emmanuel Macron hizo todo lo posible para que Kylian Mbappé estuviera en París. Los Juegos son sus héroes, sus personajes, son Jesse Owens, Mark Spitz, Nadia Comaneci, Carl Lewis o Michael Phelps... París necesita los suyos. Francia, también. Por ello, después del no de Florentino Pérez, el presidente de la República no dudó en llamar a Léon Marchand tras su victoria en los 400 estilos. Cuando respondió al móvil que le pasaron tras salir de la piscina, no podía creerlo. Es el Mbappé del agua, un león en el cuerpo de un niño.

Dos días después, Marchand volvió a lanzarse a la piscina de La Défense como si escuchara La Marsellesa: Allons enfant de la patrie... Suena el himno, lo corean los 17.000 espectadores mientras mueven las banderas, cuando empieza la prueba, acompañan con un grito cada una de sus brazadas, en una atmósfera poco común en los Juegos y en la natación. Marchand es un prodigio, un campeón, pero también es patria, es chovinismo.

El siguiente desafío, que hoy debe completar, es el de nadar las finales de 200 mariposa y 200 braza, con dos horas y cinco minutos de diferencia. Para clasificarse, ayer se lanzó a la piscina cuatro veces. Contemplativo en las series de la mañana, dominó con autoridad sus semifinales, con 1.53.50 en la de mariposa, donde el español Arbidel González fue octavo, y 2.08.11 en la de braza. En las primeras, sin embargo, fue más rápido en la suya Kristof Milak (1.52.72). Aguarda, hoy, un duelo tremendo.

Mayor adaptabilidad

Los nadadores no suelen compatibilizar la mariposa y la braza, salvo en las pruebas de estilos. Es más común que los mariposistas naden también las pruebas del libre. La morfología de Marchand, longilínea, de 1,87 y 76 kilos, le permite mayor adaptabilidad, con un nado subacuático clave, como demostró en la final de 400 estilos, que ganó en solitario durante buena parte en parciales de récord del mundo. Le pertenece (4.02.50) desde que se lo arrebató a Phelps. El primer título olímpico se suma, a los 22 años que acaba de cumplir, a los cinco oros mundiales, dos en Budapest 2022 y tres en Fukuoka 2023, siempre en las dos pruebas de estilos y la mariposa. En París, añade la braza.

La crianza del campeón de Toulouse empezó muy pronto, cuando su padre y tío le propusieron, a los seis años, que nadara contra otros niños en la piscina de un restaurante. Lo cierto es que podría haber sido mucho antes, porque Marchand es hijo y sobrino de nadadores de élite. Céline Bonnet, su madre, fue olímpica en Barcelona'92. Xavier Marchand, el padre, fue finalista olímpico en 1996 y 2000, y subcampeón del mundo en las mismas especialidades que nada su hijo, 200 y 400 estilos, en 1998. El hermano de Xavier, Christophe, y tío del nadador, tomó parte, asimismo, en los Juegos de 1988 y 1992. Dedicaron la vida a la natación, aunque sin obtener un gran beneficio, por lo que eran reacios, inicialmente, a que su hijo siguiera su camino. Poco se puede hacer contra la pasión y la genética.

Después de aquella prueba que asombró a su padre y tío, ya no se detuvo. Obtuvo la primera licencia a los seis años, adscrito al mismo club que había defendido su progenitor, el TOEC de Toulouse, de donde procedía el primer campeón olímpico de la historia de la natación francesa, Jean Bolteux, en Helsinki'52. La natación es una seña de identidad de la ciudad, que posee la piscina más larga de Europa, de 150 metros. En sus aguas empezó Fabien Barthez, antes de que el fútbol lo reclamara para defender la portería de la campeona del mundo de fútbol en1998.

Marchand festeja uno de sus oros en La Defense Arena.

Marchand festeja uno de sus oros en La Defense Arena.AFP

A los 16 años, Marchand se convierte en el campeón absoluto más joven de Francia, en 200 mariposa, y la escalada es ya imparable. Los padres, pese a sus reticencias iniciales, saben que el salto a Estados Unidos llegará tarde o temprano, un paso necesario para su progresión, con la condición, eso sí, de que no abandone sus estudios de informática. Se produce en 2021, cuando Marchand se pone en manos de Bob Bowman, entrenador y Pigmalión de Phelps. El talento entra en una nueva dimensión. En Tokio, ese mismo, confirma lo que todos intuyen. Con 19 años, logra una interesante sexta plaza en los 400 estilos.

"Las cosas de las personas normales"

Marchand empieza a enfrentarse a la élite norteamericana en las competiciones universitarias, pero la pandemia le obliga a parar y regresar a Toulouse. En lugar de suponer un freno, el nadador ha recordado ese periodo como algo positivo: "Me fue muy bien volver a hacer las cosas que hacen las personas normales, como levantarme tarde o jugar a videojuegos con mi hermano". Durante la temporada, se levanta a las cinco y media de la mañana, seis días a la semana, para realizar entrenamientos en los que recorre entre cinco y siete kilómetros.

París observa el resultado de ese trabajo, con Bowman siempre cerca, además de los técnicos de la Federación Francesa de Natación, que posee unos apartamentos junto a la Défense Arena para que sus nadadores descansen mejor los días previos a las pruebas. Es la razón por la que los encargados de un control por sorpresa no localizaron a Marchand en la Villa Olímpica, donde acudieron a primera hora de la mañana del lunes. El staff de la federación verificó que la notificación de había producido y los controladores admitieron el error. Un contratiempo que podría haber complicado su 'jour de gloire'.

McKeown vs Smith, el gran duelo de la espalda

McKeown vs Smith, el gran duelo de la espalda

Después de tres jornadas sin récords del mundo, la primera final de la cuarta, los 100 espalda femeninos, suponía una especie de prueba de fuego para medir la calidad de una piscina envuelta en la polémica acerca de la idoneidad de su calado, poco profundo. En estas circunstancias, todas las pruebas están pasando un examen suplementario.

Pero, en especial, en este cuarto acto, lo experimentaban los 100 espalda femeninos. Hace un mes, en los trials estadounidenses, Regan Smith establecía un nuevo primado universal. Sus 57.13 borraban los 57.33 de la australiana Kaylee McKeown, plusmarquista, por otra parte, de los 200, distancia en la que destronó a la propia Smith. Desde 2019 se han ido alternando una y otra en el predominio de la espalda. Ahí tenemos una de las grandes rivalidades de la natación actual, representantes y continuadoras ambas mujeres de las dos grandes potencias históricas de su deporte.

A lo que íbamos. Un récord del mundo tan reciente debía por fuerza ser refrendado por mejoría o aproximación en la pileta olímpica. Y así fue. Por aproximación. No ganó Smith, sino McKeown. Campeona en Tokio con 57.47, refrendó su título y, además, con un nuevo récord olímpico: 57.33. Smith realizó 57.66. La otra estadounidense, Katharine Berkoff, 57.98. A tenor de esas marcas, no pareció lenta la piscina.

Tampoco lo fue para saludar, en los 800, los 7:38.19 del irlandés Daniel Wiffen, récord olímpico y europeo. Ni para lucirse, en las semifinales masculina y femenina de los 100 libre. Todos los chicos, con Pan Zhanle y David Popovici en la pomada, quedaron comprimidos en menos de 48 segundos. Y siete de las ocho chicas, en menos de 53. También se adornó, en los relevos masculinos 4x200 libre, con Gran Bretaña (6:59.43) cerca del tope universal de Estados Unidos (6:58.55).

Fin de la cuarta jornada. Siguen faltando los récords mundiales. Pero no la emoción ni la importancia de las medallas. Nada empaña el resplandor del oro, el brillo de la plata y el lustre del bronce.

La brazada agónica de Popovici y un festival australiano

La brazada agónica de Popovici y un festival australiano

Aunque no escasean los registros formidables, acaso tengan razón quienes, dado el supremo nivel de la competición, motejan de lenta la piscina. Unos 200 libre masculinos electrizantes con protagonistas sonoros desembocaron, sin embargo, en marcas nada cegadoras. A remolque durante toda la prueba, ganó David Popovici en la última, agónica brazada. Cuarto en Tokio cuando era un chavalín -ahora tiene 19 años-, el rumano (1:44.72) sólo adelantó por l

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Léon Marchand y los récords aplazados

Léon Marchand y los récords aplazados

Acostumbrados a que la natación nos regale récords del mundo con pasmosa frecuencia, casi sorprendió que, ya en el primer día de competición, no se batiera ninguno. Mejor. Los récords tienen que hacerse esperar y darse a valer. Deben responder a lo excepcional y no a lo rutinario para mantener su prestigio. Ninguna máxima competición carece de interés porque no registre récord alguno. Al contrario. Plantea un desafío y un aliciente futuros cercan

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La apoteosis de los bañadores sintéticos, 16 años después

La apoteosis de los bañadores sintéticos, 16 años después

París ofreció en la ceremonia de inauguración un paseo fluvial por gran parte de lo mejor de la historia y la cultura de Francia. Parafraseando a Alejandro Dumas y su novela Veinte años después, continuación de Los tres mosqueteros, el título de esta columna alude a los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, en los que aparecieron los bañadores de poliuretano, que conocieron su apoteosis un año después por estas fechas, en el Campeonato del Mundo, celeb

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Ledecky descubre su condición humana ante 'Terminator' Titmus

Ledecky descubre su condición humana ante ‘Terminator’ Titmus

Cuando Katie Ledecky entró por primera vez en La Défense Arena dijo que la piscina construida en una instalación donde habitualmente se juega al rugby le hacía sentirse pequeña, diminuta. Al salir de esa misma piscina, después de la final de 400 libre, no se sintió pequeña. Se sintió humana, de nuevo humana, frente al poder de una nadadora que avanza como un fueraborda. Es Ariarne Titmus, a la que sus compañeras de equipo empezaron a llamar Terminator. La razón es evidente. La australiana supo muy pronto, en el primer centenar de metros, que no iba a necesitar de lo más terrible de su apodo, no esta vez, porque Ledecky tampoco era Ledecky, no la que conocemos, y porque Summer McIntosh tiene todavía demasiado respeto a la jerarquía. Esas tres nadadoras, pasado, presente y futuro de la prueba, lo tenían todo para llevar la final al umbral del récord del mundo, en poder de Titmus. Para eso habría hecho falta una Ledecky inhumana. El primer encuentro con París la descubre más cerca de los mortales, pero con una gran obra todavía por delante.

La estadounidense podía temer la derrota. Estaba en sus cálculos. De hecho, ya la sufrió en Tokio o en Fukuoka frente a la misma nadadora, líder del equipo australiano que devoró la piscina nipona y ha empezado del mismo modo en París, donde también se hizo con el relevo 4x100 libre en la primera jornada. Ledecky nadó en Tokio en 3:57.36, más rápido de lo que lo hizo en París la vencedora (3.57.49). Aunque lo hubiera repetido, no le habría servido de nada, porque Titmus lo habría mejorado. Su superioridad fue incontestable de principio a fin. La norteamericana, en cambio, bajó a la barrera de los cuatro minutos (4.00.86), algo que no había hecho en grandes competiciones prácticamente desde que rompió ese muro y arrebató el récord a Federica Pellegrini. Era el cambio de era.

Esperando el fondo

Esta apertura por debajo del rendimiento esperado, no únicamente por el bronce, puede abrir interrogantes acerca del desafío que se ha planteado la estadounidense. A sus 27 años, pretende nadar también los 800, 1.500 y el relevo 4x200. Conforme aumenta la distancia, lo hace su dominio, al tratarse básicamente de una fondista. La Ledecky del pasado, desde su aparición con 15 años en lo más alto del podio de Londres 2012, no tiene oposición en las pruebas más largas. Veremos en París, donde mantiene su objetivo de convertirse en la deportista con más títulos olímpicos, no sólo la nadadora. En Mundiales, ya suma 16, uno más que Michael Phelps.

El bronce de los 400 libre es su medalla olímpica número 11, de las que siete son de oro. Si es capaz de añadir los del 800, 1.500 y 4x200, alcanzaría los 10 y superaría los nueve de la gimnasta ex soviética Larissa Latynina. El deseo de la nadadora de Washington DC, aunque actualmente se entrena en Florida, es llegar a los Juegos de los Ángeles 2028, en los que tendrá 31 años. Hasta entonces continuará con Anthony Nesty, su entrenador y primer nadador de raza negra en lograr un oro en la piscina olímpica, en Seul'88. No es una edad habitual en la natación, y más para especialistas tan precoces, pero Ledecky ha sabido profesionalizar su actividad, crear su personaje y hacer fortuna. Ha desarrollado una carrera a la medida, biografía incluida, a partir de una personalidad muy fuerte, alejada de la debilidad que ha afectado fuera del agua a otros campeones, como Phelps o Caeleb Dressel. Si alguien está en condiciones de reponerse de una derrota como la sufrida en París es precisamente Ledecky, y no únicamente por la fe que profesa.

A la imponente piscina de La Defénse salió como salen las estrellas, con pasos cortos, con tiempo para que la aclamaran. Es discreta y mantiene sus rutinas, pero no desprecia sus momentos de diva. Se lo ha ganado. Titmus o McIntosh lo hicieron como las demás. La norteamericana se dirigió a la australiana para decirle que se había equivocado de calle y de cubo donde dejar sus cosas antes de lanzarse al agua. Tuvo que recogerlos. Antes de subir a los poyetes, nadie quería mirarla. Titmus, pese a saberse superior, le dio la espalda. Ese respeto es el que se gana con el tiempo. Por ello, la australiana no quiso tenerla por delante en la piscina. Se lanzó a acabar con las dudas desde el primer 50.

Titmus, ante Ledecky, tras su victoria en los 400 libre.

Titmus, ante Ledecky, tras su victoria en los 400 libre.AFP

Titmus tenía 20 años cuando ganó a Ledecky en Tokio. Después volvió a hacerlo en más de una ocasión. En el Mundial de Fukuoka, el año pasado, lo hizo, además, con un nuevo récord del mundo (3.55.38), tesoro que se han alternado las tres nadadoras que subieron al podio de París, incluida la joven McIntosh, que cumplirá 18 años el próximo 18 de agosto, días después de que se cierren los Juegos. El duelo del futuro es el que tendrá con Titmus, por lo que Ledecky hará bien en orientar su carrera hacia el fondo, y más con la frontera de Los Ángeles.

La longevidad es más permisiva con la distancia que con la velocidad. Ledecky, pese a ello, había logrado ser la más rápida en 200 libre en los 'trials' de su país, pero sabía que eso no la convertía en una candidata al oro en la prueba, que seguramente volverá a devorar Titmus. Se encontrarán de nuevo en el relevo de 4x200. Un duelo trepidante y nada fácil para Ledecky y sus compañeras, que en la primera jornada ya vieron como las australianas dominaban el 4x100 libre y las relegaban al segundo peldaño del podio.

Hugo González, la gran esperanza en la natación: “He entrenado en tiempos que pensaba imposibles”

Actualizado Miércoles, 24 julio 2024 - 01:00

Antes de los Juegos Olímpicos de Tokio, los que iban a ser sus Juegos Olímpicos, Hugo González (Palma de Mallorca, 1999) pensaba en retirarse. Con sólo 22 añitos, el nuevo líder de la natación española no se sentía apoyado por la Federación Española (RFEN), más bien todo lo contrario, y se veía fuera de la piscina. Querían que fuera a entrenar al CAR de Sant Cugat y él deseaba seguir en Estados Unidos, en la universidad donde estudiaba, Berkeley, en California. El desencuentro duró y duró. Hasta que el año pasado, después de mucho lío, hubo acuerdo entre las partes, González recuperó las ayudas, encontró varios patrocinadores y su futuro se aclaró. Desde entonces alterna meses en Berkeley con estancias en Madrid con un sistema único en el que lleva su propio plan, siempre acompañado de un técnico de su confianza. Desde entonces, brilla, vaya que si brilla.

Este año, en febrero, en el Mundial de Doha, se colgó dos medallas, un oro en los 200 espalda y una plata en los 100 espalda. Ahora sí estos Juegos Olímpicos de París tienen que ser sus Juegos Olímpicos. También nadará en los 100 espalda y los 200 estilos, pero apunten la fecha y la hora de su final, la final de los 200 espalda: 1 de agosto, 20.37 horas. Desde el ocaso de Mireia Belmonte, España no tenía una opción de medalla tan clara en el agua.

¿Ya puede entrenar y competir sin dudas sobre su futuro?
Depende cómo se mire. Ahora tengo más sponsors que nunca, como Iberia o YoPro y tengo más facilidades para poder viajar a las competiciones y para seguir mis entrenamientos. Todavía creo que hay cosas que mejorar, pero no me puedo quejar, me encuentro más cómodo que antes, sí.
Entonces, a sus 25 años... ¿Después de estos Juegos Olímpicos de París puede afirmar que seguirá nadando?
Diría que sí, porque estoy más arropado. Es más fácil seguir mi plan, prepararme en Estados Unidos y, al mismo tiempo, ha sido muy ilusionante poder volver a España. Ha sido un cambio importante en mi vida, he encontrado un equilibrio tanto en lo deportivo como en lo personal.
¿Cómo divide su vida ahora entre España y Estados Unidos?
Con muchos viajes. Esta temporada he estado algunos meses en Madrid y otros en Berkeley. En Madrid tengo el apoyo de mi familia y de Taja [el técnico del Real Canoe José Ignacio González], que ya era mi entrenador cuando tenía 16 años. Y en California, con Dave [Durden], soy parte de a un grupo de más de 40 nadadores de élite, muchos de ellos medallistas [como el campeón mundial de los 100 espalda, Hunter Armstrong, o el cuatro veces campeón olímpico Ryan Murphy]. Por el nivel que hay en la piscina, los entrenamientos allí son imposibles de replicar aquí, pero también es importante para mí poder volver a casa.
Los viajeros dicen que uno vive donde deja el cepillo de dientes.
Bueno, yo tengo dos cepillos, tengo mi vida en los dos sitios. En Berkeley tengo una habitación, comparto piso con un excompañero de universidad y en Madrid estoy en mi casa, con mis padres. Cuando estoy en uno u otro sitio me adapto a lo que hay, incluso a los entrenamientos, no impongo lo mío. Con el tiempo y la experiencia me he hecho muy flexible. Estoy muy a gusto en los dos sitios, la verdad.
¿En Berkeley acabó sus estudios de Ingeniería Informática?
No pude, no pude. En mi primer año en Estados Unidos, además del aprendizaje del idioma, cambié dos veces de universidad y cuando llegué a Berkeley ya iba muy retrasado. Intenté ponerme al día, pero me costó muchísimo y al final me cambié de carrera. Como mi madre es de Brasil, me pasé a Lingüística Portuguesa y me gradué. Tenía ventaja, la verdad. Este año no estoy haciendo nada, estoy completamente centrado en los Juegos, pero no me gusta estar así. No sé lo que haré después, pero necesito algo más que entrenar y competir, quiero aprender.
¿Ha habido otros cambios en su preparación que expliquen su éxito en el Mundial?
Creo que no. Ha cambiado más mi vida, pero a nivel técnico, físico o incluso mental hago lo que ya hacía. Si acaso he hecho más hincapié en los entrenamientos de velocidad, que era mi punto débil. Con Dave y Taja hemos entendido que puedo entrenar más intensidad sin que afecte a mis posibilidades en los 200 metros espalda, todo lo contrario. Ahora estoy delante desde el principio, no necesito conservar y no tengo que acabar siempre en remontada.

EM

P. ¿Cómo analiza sus medallas en ese Mundial?
No las analizo mucho. Para mí el Mundial fue una competición de clasificación para los Juegos en la que nadé mucho mejor de lo esperado. Pero lo importante es lo que pase estos días en París. La confianza, la confianza de verdad, nace de los entrenamientos y en los últimos he entrenado en tiempos que pensaba imposibles. Ahora tengo claro que el método funciona.
¿Está en su mejor momento?
A nivel experiencia desde luego. Estuve en los Juegos de Río cuando era un chaval y en los Juegos de Tokio podía haberlo hecho mejor [fue finalista en los 100 metros espalda]. Y a nivel deportivo, por marcas es mi mejor momento, sí. Nunca he estado mejor. Llego con mucha ilusión.
Parece que algo se mueve, por fin, en la natación española.
Sí, el equipo es mucho mejor que el de los últimos años. Nunca hemos llevado a tantos nadadores a unos Juegos Olímpicos y hay muchas ganas en los relevos. La ambición es estar en más finales, ir sacando la cabeza. Espero que todos podamos conseguir nuestros objetivos.