Una batalla campal por culpa de un periodista, un semáforo y el corte y confección: así nacieron las tarjetas en los Mundiales de fútbol

Una batalla campal por culpa de un periodista, un semáforo y el corte y confección: así nacieron las tarjetas en los Mundiales de fútbol

Kenneth George Aston, Ken Aston para el mundo del fútbol, fue un destacado árbitro a mediados del siglo pasado. Tipo inquieto e innovador, dejaría como legado la invención de las tarjetas, amarilla y roja, para simplificar el trabajo de sus sucesores. Era inglés, de Colchester, Essex, profesor y teniente coronel del Ejército en excedencia. La suya es una biografía interesante. Se graduó en el Saint Luke's College de Exeter, que algo tendría porque por el mismo pasaron Stanley Rous, célebre árbitro de principios del siglo pasado, hombre que dio una forma definitiva (hasta las payasadas de hogaño) al Reglamento y llegó a presidir la FIFA, y George Reader, árbitro en la final de Brasil 1950, la del Maracanazo.

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Aston empezó a arbitrar en 1936, en categorías bajas y como linier hasta que la guerra dispuso lo contrario. Con 21 años quiso entrar en la RAF, donde fue rechazado por un problema en un tobillo, y entró en la Royal Artillery, incorporado al British Indian Army, de modo que le correspondió hacer la guerra en el sureste asiático. Alcanzó el grado de teniente coronel y al final de la contienda, dada su personalidad y formación, fue integrado en el Changi War Crimes Tribunal, la réplica de los Juicios de Nuremberg en la localidad de Changi, en Singapur, para los crímenes contra la Humanidad en el Pacífico. Al regreso, en 1946, retomó su actividad de árbitro y comenzó a trabajar como profesor, lo que sería su profesión para el resto de su vida, aunque se mantuvo como teniente coronel en la reserva.

Fue un buen árbitro, con estatura, una cabeza alargada provista de tan grandes y abiertas orejas que habrían podido inspirar el trofeo al ganador de la Copa de Europa en su diseño de 1967, la popular orejona. Recomendó, y le hicieron caso, sustituir los banderines de los liniers, que hasta entonces proporcionaba el equipo local con propios colores, por otros de color rojo y amarillo, más visibles en las tardes neblinosas de Londres. Y sustituyó la vieja chaqueta por una prenda más cómoda, también provista de bolsillos para el pito y la libreta, con un diseño de inspiración militar. En 1953 llegó a Primera División, al tiempo que alcanzaba el grado de jefe de estudios en la Newbury Park Primary School de Ilford, Essex, donde fijó su residencia.

Respetado, con autoridad, buen conocimiento y mejor interpretación de las XIV Reglas, alcanzó la internacionalidad. En 1960 le fue confiado el partido de vuelta de la primera Copa Intercontinental, Real Madrid-Peñarol, ganado por los blancos 5-1 en la más grande ocasión que viviera, y quizá haya de vivir, en el estadio Bernabéu. También arbitró fuera de su isla bastantes partidos de Copa de Europa, Recopa y Copa de Ferias, advirtiendo que los usos y costumbres del fútbol continental eran diferentes de los de su país, donde los jugadores no pretendían engañar y los públicos respetaban escrupulosamente las decisiones arbitrales. La misma línea seguían los periódicos, donde al pie de las alineaciones se colocaba el nombre del árbitro, sin comentarios.

Ken Aston, en una imagen tomada en Londres en 1960.

Ken Aston, en una imagen tomada en Londres en 1960.GETTY

Pero nada comparado con lo que le tocó vivir en 1962 en el Mundial de Chile, donde las circunstancias le colocaron frente al partido más difícil de arbitrar de nunca. Semanas antes del campeonato dos periodistas italianos fueron destacados a Chile para mandar crónicas de ambiente sobre aquel país desconocido para los italianos. Digamos que no fueron muy prudentes a la hora de verter sus impresiones. La crónica de Corrado Pizzinelli para Il Resto del Carlino, boloñés, era de aúpa. Se titulaba «Santiago, el fin del mundo», y el subtítulo era: «La infinita tristeza de la capital chilena», y lo dibujaba como un país triste, sin esperanza, carente de la vitalidad, «con barrios enteros entregados a la prostitución al aire libre». Lo describe como «una franja de 3.500 kilómetros de largo que comienza a borde del desierto y termina al sur con los hielos del Polo, con el océano al oeste y la cordillera de los Andes al este, que la separan, igual que el desierto y el Polo, del resto del mundo».

La crónica fue rebotada por una agencia internacional y la publicó El Mercurio, el diario más importante del país. La indignación fue tremenda. Chile había hecho un esfuerzo descomunal, superando incluso un destructivo terremoto en mayo de 1960 que dejó a más de dos millones de personas sin hogar, para tenerlo todo a punto y organizar un Mundial que se concibió como el ingreso de Chile como país de progreso en la comunidad internacional. Y ahora les venía un periodista italiano con esas...

Lo peor fue que Italia y Chile quedaron emparejadas en el sorteo, destinadas a jugar entre sí en la segunda jornada. La Azzurra estuvo siempre rodeada de máxima protección por parte del Ejército, tanto en el hotel como en sus salidas para entrenar o para jugar los partidos. En el primero, contra Alemania, tuvieron el público radicalmente en contra, pero sacaron un 0-0. Por su parte, Chile ganó 3-1 a Suiza. El 2 de junio se enfrentaron el país anfitrión y el indeseado visitante en Santiago de Chile. El francés Robert Vergne escribiría esto en su Libro de oro sobre la Copa del Mundo: «El partido Chile-Italia permanecerá en los anales y en la memoria de aquellos que lo vieron como el ejemplo-tipo de partido afrentoso, horroroso, incluso insoportable. Los incidentes, agarrones y golpes prohibidos constituyeron lo esencial del partido, bajo la mirada de un lamentable árbitro inglés, Míster Aston».

Admoniciones en saco roto

El caldeamiento en la víspera fue tal que, pese al digno empate ante Alemania, Italia sustituyó a seis jugadores simplemente porque no se atrevían a salir. Chile pegó horrores, alentada por su público, Italia respondió porque había sacado a los más bravos, y Aston, desbordado, sólo se atrevió a expulsar a dos italianos (el primero se negaba a salir y tuvo que pedir a las fuerzas del orden que lo sacaran) dejando en el campo a los once chilenos, incluido a Leonel Sánchez después de un puñetazo a Mario David con estilo de estrella del boxeo. Por supuesto, ningún jugador sabía inglés ni Aston español o italiano, de manera que sus admoniciones caían en saco roto. Por primera vez se vio impotente, necesitado de algún salvavidas con el que reforzar su autoridad.

Aquello le desanimó y acabó su carrera arbitral. Sólo siguió un año más, en Inglaterra, y se despidió con todos los honores dirigiendo la final de la FA Cup de 1963 entre el Leicester y el Manchester United. No fue una final cualquiera: aquel año se celebraba el centenario del nacimiento del fútbol y de la creación de la Football Association. Una ocasión solemne, una despedida digna.

Para el Mundial inmediato, Inglaterra 1966, presidía la Comisión de Arbitraje como sumo responsable en materia de elección, instrucciones y designaciones. Presenció, obviamente, el célebre Inglaterra-Argentina en el que el alemán Kreitlein expulsó a Rattín, capitán argentino. Éste lo explicó luego así: «Aquel tipo nos cobraba todo, y a ellos no les pitaba ni un foul. Le protestaba y no me hacía caso. Le mostré el brazalete, le pedí un intérprete, insistí y empezaron los gestos de que me fuera». El propio Aston, el seleccionador argentino Toto Lorenzo y algún bobby tuvieron que ir al centro del campo a retirarle. Aquello creó revuelo. Rattín se sentó, desafiante, en la alfombra roja que conducía al palco. Cuando le hicieron marchar al vestuario retorció con desprecio el banderín córner, que mostraba la Union Jack.

Ken Aston.

Ken Aston.E. M.

Al día siguiente estaba en su despacho en Wembley cuando llamó Jackie Charlton. Un periódico había publicado que habían sido advertidos de expulsión él y su hermano Bobby. No lo sabían y querían certificarlo. Juntando los dos casos, el de Rattín y el de los hermanos Charlton, con el recuerdo de La Batalla de Santiago, Aston se puso a pensar en la necesidad de crear un sistema fácil, internacional, indudable, para que los jugadores amonestados por el árbitro lo supieran. Y también los espectadores, para que no hubiera duda. Parado en un semáforo en Kensington, pensó: «Debería ser algo tan claro como esto: amarillo, prevención, rojo, prohibido pasar... Pero ¿cómo? ¡Si fuera tan fácil como poner un semáforo con luces en el campo...!». Llegó a casa y compartió su preocupación a su esposa, Hilda, que pareció no escucharle, atenta como estaba a sus patrones, pues era aficionada a las revistas de corte y confección. Luego se puso a leer el periódico. Al rato, Hilda apareció ante él. Había recortado dos trozos de cartulina, una amarilla y otra roja, y se los mostró: «¿Y si los árbitros llevaran dos de estas en el bolsillo? La amarilla como advertencia y la roja para expulsar».

Aston se sintió feliz con la idea y tras muchas discusiones y algunos ensayos entró en funcionamiento con todas las de la ley en el Mundial de 1970, en México. La primera llegó ya en el partido inaugural, México-URSS, el 31 de mayo de 1970. Se la mostró el alemán Tschenscher al soviético Asatiani por una entrada dura sobre el local Velarde, a los 27 minutos. Ese primer amonestado moriría violentamente con 55 años en Tbilisi. Director durante un tiempo del Departamento de Deportes de Georgia, se metió en negocios y fue ametrallado por dos desconocidos que le esperaban en un coche a la salida de una reunión. No aparecieron. Un crimen de tantos en las convulsiones que se sucedieron a la disolución de la URSS.

Las protestas de Quini

La primera roja en un Mundial (que no la primera expulsión, ya en 1930, el inaugural, hubo) no llegó hasta el siguiente, Alemania 1974, y la vio el chileno Carlos Caszely, célebre por su gallardía cuando le negó la mano a Pinochet. Entonces pertenecía al Levante, recién descendido a Tercera. Se la mostró nuestro conocido Babacan por revolverse contra la dureza de su marcador, Vogts. La sintió injusta.

A España llegaron con la temporada 1970-1971 ya en marcha, el 15 de enero de 1971. La amarilla mutó en blanca por idea del secretario de la Federación, Andrés Ramírez, que temió que en nuestros viejos televisores en blanco y negro las amarillas se podían confundir con las rojas. La primera la vio en España el gran Quini jugando en el Sporting, por protestar al mallorquín Balaguer, y las dos primeras rojas, simultáneas, se las mostró Orrantía al sportinguista Lavandera y al céltico Hidalgo por pelearse. Las blancas duraron aquí hasta la 1976-1977, cuando se consideró el parque de teles renovado.

En cuanto a Ken Aston, también fue suya la idea de introducir el cuarto árbitro, en funciones de suplente para lesión de cualquiera de los del trío inicial, y el cartelón con número para los cambios. Tuvo un papel destacado como instructor y formador de árbitros en Estados Unidos, cuando el fútbol empezó a cuajar allí, y falleció en 2001, con 86 años. Cuatro años antes había sido condecorado como Miembro de la Orden del Imperio Británico. Dejó su huella en la pequeña historia del fútbol, que definió como «una obra de teatro en dos actos con 22 intérpretes y un director de escena, el árbitro».

Las increíbles carambolas para que Di Stéfano nunca jugase un Mundial: dos nacionalidades, una clasificación desastrosa y un informe confidencial

Las increíbles carambolas para que Di Stéfano nunca jugase un Mundial: dos nacionalidades, una clasificación desastrosa y un informe confidencial

Alfredo Di Stéfano nació en julio de 1926, de modo que el regreso de la Copa del Mundo después de la guerra, Brasil'1950, le pilló con 24 años, en pleno despegue. En 1947 había debutado con Argentina en el Sudamericano de Guayaquil, del que regresó campeón y con seis goles en seis partidos. Pero no fue a aquel Mundial. Argentina no se inscribió, despechada porque se hubiera escogido a Brasil como escenario del retorno de la Copa del Mundo a Sudamérica. Perón, presidente del país, declaró la guerra a la FIFA y Argentina no acudiría ni a esa cita ni a la siguiente. Y ni aun en el caso de haber acudido lo hubiera hecho con Di Stéfano, entonces fugado a Colombia para jugar con el Millonarios en una liga pirata.

Para Suiza'1954 Argentina tampoco se inscribió. Di Stéfano estaba ahora en el Real Madrid, pero aún no se había nacionalizado. La 1953-1954 fue su primera temporada aquí, y como natural de un país de "la América hispana" tendría derecho a la doble nacionalidad cuando cumpliera dos años en España. Y, norma FIFA, sólo sería seleccionable a los tres. Con 28 años, le pasó otro Mundial de largo.

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Se nacionalizaría español en 1957, y debutó con España ante Holanda el 30 de enero de 1957, junto a Luis Suárez. España ganó 5-1 con tres goles de Di Stéfano. Se abría un futuro para el equipo nacional, ausente de Suiza'1954 por una calamitosa eliminación ante Turquía. Cara a Suecia'1958 afrontamos una liguilla de tres con Suiza y Escocia. Había mucho optimismo: España había estrenado ante Holanda una delantera sensacional: Miguel, Kubala, Di Stéfano, Luis Suárez y Gento. Miguel, el menos recordado, era un excelente extremo canario del Atlético de Madrid. Aquel ataque estaba bien respaldado por sólidos jugadores de medio campo y defensa, y dos grandes porteros, Ramallets y Carmelo. No podíamos fallar.

Y sin embargo bastaron los dos primeros partidos para tirarnos el alma a los pies.

Empezamos el 10 de marzo de 1957, ante Suiza, en el Bernabéu. El seleccionador, Meana, repitió la delantera que goleó a Holanda. El campo se llenó, como no podía ser menos, pero no se vio lo del día de Holanda, sino un partido confuso que acabó con un comprometedor 2-2. Suiza, inventora del cerrojo, lo empleó a conciencia y nuestro ataque estuvo mal hecho. Como Di Stéfano y Kubala tendían a retrasarse, Meana metió a Luis Suárez, interior creativo, como punta entre la maraña de defensas suizos, donde se manejó mal. Además, descuidamos los contraataques y un tal Hügi II nos hizo dos goles.

El segundo partido fue la visita a Escocia, previo amistoso en Bruselas donde recuperamos moral ganado 1-5 a Bélgica. En el puesto de Kubala jugó Mateos, un interior muy móvil, escurridizo y con olfato de gol. Funcionó. Pero en Glasgow regresamos a la fórmula Kubala-Di Stéfano y perdimos 4-2, en campo blando y bajo la lluvia. De nada serviría ganar después a Escocia por 4-1 y a Suiza por 1-4. Los escoceses resolvieron bien sus dos partidos contra los suizos para dejarnos fuera. Eran los mejores años de Di Stéfano. Pocos días después del partido con Escocia, el Madrid ganaba la segunda Copa de Europa. Y poco antes de iniciarse Suecia'1958 ganaba la tercera. Igualmente ganaría las dos siguientes, siempre con Di Stéfano como 'alma mater' del equipo. Tenía 32 años, pero estaba cumbre.

La cuarta y última oportunidad fue Chile'1962. Di Stéfano ya se acercaba a los 36, había perdido velocidad, pero seguía vigente. Su Madrid ganó la Liga y la Copa, y llegó a la final de la Copa de Europa en la que perdió 5-3 con el Benfica. Sirva esto como referente del nivel en que aún se sostenía, porque era el alma del equipo. Por otra parte, la Recopa la ganó el Atlético y la Copa de Ferias, el Valencia al Barça. Ese era el nivel de nuestro fútbol: en tres campeonatos europeos, cuatro finalistas y dos campeones. Así que se esperaba mucho de la selección tras un decenio largo de disgustos. El cuarto puesto en Brasil'1950 quedaba ya tan lejos...

El sistema de clasificación fue distinto: dos eliminatorias. Primero, Gales: 1-2 en el Ninian Park de Cardiff, y 1-1 (¡ante 110.000 espectadores!), en el Bernabéu. Pasamos, pero sin presumir. La siguiente fue contra Marruecos, campeona del Grupo II de la zona africana: 0-1 en el Marcel Cerdan de Casablanca y 3-2 en el Bernabéu, esta vez con 50.000 espectadores.

Di Stéfano, en un entrenamiento con España en Londres

Di Stéfano, en un entrenamiento con España en LondresGETTY

Pedro Escartín, seleccionador, había anunciado que no seguiría en ningún caso y dio el relevo a Hernández Coronado, un hombre ingenioso, inventor del cargo del secretario técnico en los clubes, y célebre por sus ocurrencias. Cuando dirigía al Madrid hizo un once distinto para casa y para las salidas, entendiendo que las exigencias eran distintas. El experimento duró hasta que Bernabéu se hartó. Fue también el introductor de los números de las camisetas en España y regó su carrera de frases ingeniosas. No le gustábamos mucho los periodistas. Dejó escrito: "Para escribir de fútbol en un periódico hay que reunir dos requisitos: ser amigo del director y no valer para otra cosa".

En el relevo se produjo una incidencia muy notable. Pedro Escartín dejó en la Federación un informe sobre la valía y condiciones de los jugadores a su juicio seleccionables. MARCA se hizo con una copia, lo publicó íntegro y se armó la marimorena. De tal portero (Araquistáin) decía que sería el mejor si no le comieran los nervios, de tal otro (Vicente) que sería el mejor si estuviera de verdad curado de la lesión, del otro (Carmelo), que era peor que los dos anteriores y menos valiente, pero que tenía más experiencia. A tal defensa le reputaba de duro, a tal otro de lento, a un medio que era bueno de cabeza pero malo con el pie, a otro que no veía el pase.

Era un informe bienintencionado y, hasta donde alcancé a ver a aquellos jugadores, correcto, pero lleno de morbo para las conversaciones de los bares. Sólo Luis Suárez pasaba sin objeciones. Fue particularmente polémico el juicio conjunto de los extremos izquierdos Gento y Collar, sobre cuyos méritos las aficiones del Madrid y el Atlético discutían acaloradamente cada día. El juicio de Escartín fue este: "Esta temporada está mejor Collar, y con muchas ganas. En Chamartín, contra Marruecos, le aplastó el apasionamiento del público. Gento ha perdido parte de su velocidad, que es su mejor arma, y tengo la impresión de que este chico no hace buena vida y lo siento, porque es excelente. Los dos saldrán a jugar con ilusión, pero insisto en que Collar tiene en mis fichas una mayor línea de regularidad." ¡La que se armó!

Pero si saco a relucir esta anécdota, es para desembocar en el juicio que hacía de Di Stéfano: "Si este jugador, que va a acabar destrozado al terminar la temporada, aprovecha bien las cinco semanas antes del Mundial, es aún imprescindible y el mejor de todos, a larga distancia. No puede jugar tres encuentros en ocho días. Conforme. Pero dos, sí. Es el hombre que siente más la responsabilidad, o uno de los que más. Y da cuanto puede. Ha perdido velocidad, es lógico, pero su intuición ante el gol, la forma en que liga y realiza, le hacen indiscutible. Hombre inicialmente huraño en su carácter, cuando se entrena lo hace de verdad. Se fija en todo y hay que cuidar su clima moral".

El futbolista saluda al Duque de Gloucester antes de un amistoso en Londres contra Inglaterra en 1960.

El futbolista saluda al Duque de Gloucester antes de un amistoso en Londres contra Inglaterra en 1960.

Ese era, en efecto, el Di Stéfano de aquellos días, y como tal entró en la lista inicial de 29 con la que iba a trabajar el polémico Helenio Herrera, ex del Barça y entonces en el Inter, donde se había llevado a Luis Suárez. En la época había un seleccionador, que escogía los jugadores y hacía la alineación, y un entrenador que cuidaba su preparación física, técnica y táctica. La pareja de personajes tan extremos olió a chamusquina desde el principio, y hasta se le dio el nombre de fórmula química: H3C, de Helenio Herrera y Hernández Coronado. Helenio y Di Stéfano no se llevaban bien, por declaraciones extemporáneas del técnico cuando estaba en el Barça y tildaba al jugador de viejo.

Se programaron seis partidos de preparación entre el 29 de abril y el 17 de mayo, en el Metropolitano, El Sardinero, San Mamés, de nuevo San Mamés, Atocha, tras los que se hicieron los siete descartes, y vuelta al Metropolitano. Los 'sparrings' fueron clubes europeos: Saarbrücken, Stade Reims dos veces, Osnabrück otras dos, y el Bayern.

El 13 de mayo, en Atocha y ante el Osnabrük, Di Stéfano notó en el 65' un dolor en el muslo y se retiró. Faltaban 18 días para el primer partido de España en Chile, y la cosa no pareció ni mucho menos tan grave como para descartarle, de manera que se le anunció en la lista definitiva de 22. El último encuentro, el 17 de mayo ante el Bayern, no lo jugó. El 20 de mayo, día de la salida, Helenio Herrera tuvo la ocurrencia de hacer un entrenamiento durísimo a las cinco de la tarde con vistas al largo viaje, que se emprendería esa noche, a la una de la madrugada. El público aplaudía la intensidad de los ejercicios cuando a los 25 minutos Di Stéfano se retiró, tocándose el muslo, tras un latigazo.

Habló con el doctor Cabot, gesticuló mucho, trotaron algo juntos por la banda, pararon. Hernández Coronado se acercó y Di Stéfano le dijo: "No puedo ir, no estoy en condiciones. Busquen a otro". Cabot le insistía: "Me comprometo a curarte en 10 días". Mientras HH miraba desde el campo, donde los demás seguían trabajando, Di Stéfano insistía: "No puedo con estos entrenamientos tan fuertes, busquen a otro". Pero era impensable y prevaleció el optimismo del doctor: "No es nada. Una simple consecuencia del tratamiento intensivo al que ha estado sometido. Una contracción muscular sin importancia".

Di Stéfano, rematando de cabeza con la selección.

Di Stéfano, rematando de cabeza con la selección.EFE

A medianoche, en Barajas, Di Stéfano decía, lúgubre: "Creo que voy de turista". Cabot le rebatía: "Respondo de que estará repuesto en unos días. Hay que quitarle da la cabeza esa idea de que no va a poder jugar." El viaje fue de aúpa: 18 horas, con escalas en Río, Montevideo y Buenos Aires. En la noche, en los asientos de tres se levantaban los brazos y ahí dormían 'los principales'. A los pies, los siguientes en importancia. Y el resto, en el pasillo. Así viajaban los futbolistas entonces.

La víspera del primer partido, contra Checoslovaquia, el 31 de mayo, aún se hablaba de duda, pero no pudo ser. Perdimos 1-0. El 3 de junio toca México, se dice que podría, pero mejor reservarle para Brasil. Ganamos 1-0. A ver si ahora, con Di Stéfano, ante Brasil... Pero tampoco ante Brasil pudo estar. Los pronósticos brujos del doctor Cabot fueron humo. Perdimos 2-1 y se acabó todo. Di Stéfano, como se temía, viajó de turista. Y regresó del peor humor. Helenio Herrera la tomó con los cuatro gordos de la expedición, Puskas, Eulogio Martínez, Santamaría y Di Stéfano, a los que daba como toda cena una manzana, y puso un guardia en la cocina del hotel para que no entraran. Di Stéfano perdió cuatro kilos y empezó a tener descompensaciones en la espalda que le duraron toda la vida, de las que culpó siempre a HH por empeñarse en bajarle el peso con el que siempre jugó. Volvió sin Mundial y con un problema que le martirizó para siempre.

Atasco en el corazón de España: una docena de opciones para la mitad de puestos en el centro del campo

Atasco en el corazón de España: una docena de opciones para la mitad de puestos en el centro del campo

España, que se marchó de Valladolid como había llegado, en autobús, aunque un poco más cerca de la clasificación para el Mundial, ocupa el número 1 del ranking mundial de FIFA. No hay una selección mejor que la española en todo el mundo. Segunda es Francia, tercera Argentina, cuarta Inglaterra y quinta Portugal. Brasil es sexta. Y hasta aquí la nómina de candidatos claros a ganar el Mundial. No necesariamente en este orden, pero hay poca alternativa fuera de esto. Cada uno de estos equipos tiene sus peculiaridades. Francia tiene una defensa fuerte y una delantera que asusta. Portugal ha construido un bloque firme y tiene a Cristiano. Argentina a Messi. Brasil y su potencia de fuego en el área rival... ¿Qué tiene España que no tengan los demás? El centro del campo.

Ahí, en el lugar donde se genera el fútbol, Luis de la Fuente encuentra el verdadero punto de distinción. Es cierto que España ya tiene una estrella capaz de ganar partidos él solo (Lamine) o que la pareja de centrales está más o menos asentada (Laporte o Huijsen y Le Normand), pero ante la falta de un delantero clásico (Oyarzabal es el dueño de esa posición) o de un portero con renombre mundial, es en la sala de máquinas donde este equipo no encuentra rival. Nadie tiene una nómina de centrocampistas como la de Luis de la Fuente, que habrá de descartar a muchos para el Mundial.

Echando un vistazo a las listas que viene haciendo el entrenador riojano últimamente se intuyen entre seis y siete puestos en el centro del campo. En la Eurocopa, los elegidos fueron Rodri, Zubimendi, Mikel Merino, Fabián Ruiz, Pedri y Fermín. En esta que acaba de terminar, faltaban tres de esos, así que la media docena la completaban Zubimendi, Mikel Merino, Pedri, Aleix García, Barrios y, si se quieren contar como tal, Dani Olmo o Alex Baena. Este último nombre, por cierto, es un caso especial. El futbolista del Atlético de Madrid aparece en los listados como centrocampista, pero en estos dos últimos partidos ha actuado como extremo por la izquierda, algo que permite al entrenador maniobrar.

Tres partidos antes de la lista

Ocurre que esta vez había muchos lesionados. Rodri fue llamado, pero su rodilla no emite buenas señales y se quedó en casa. Dani Olmo se marchó antes de los partidos también con problemas físicos, y ya estaban descartados de antemano Gavi o Fermín.

Quedan tres partidos antes de la lista del Mundial. Los dos de noviembre, ante Georgia y Turquía, y en marzo la Finalísima que organiza FIFA por segunda vez y que enfrenta al campeón de Europa con el campeón de América. Un España-Argentina, un Lamine-Messi que será en marzo si nada se tuerce y que será en Doha. Después, ya a finales de mayo, la lista de 26. Porque serán 26 los jugadores que se permitan y serán 26 los jugadores que se lleve De la Fuente.

Zubimendi, el pasado sábado en el Martínez Valero.

Zubimendi, el pasado sábado en el Martínez Valero.EFE

Salvo lesión, hay varios fijos. Rodri, Zubimendi, Mikel Merino, Fabián Ruiz y Pedri van a estar. Y a partir de ahí marcarán los estados de forma. Gavi sería uno de los seguros, pero hay que esperar a ver la evolución de su rodilla (su regreso a los campos está previsto para dentro de dos meses o un poco más). Fermín es otro que ya estuvo en la Eurocopa, aunque con un papel testimonial. Aleix García siempre parece una opción para el seleccionador y, de nuevo, Alex Baena puede ocupar ese puesto de interior en un momento determinado.

Tampoco se puede tachar de la lista a Marc Casadó, que dejó muy buen sabor de boca las veces que ha sido llamado. Tal aglomeración deja en impensables nombres que en otra época hubiera tenido su oportunidad como Javi Guerra o Turrientes. En resumen, un puñado de futbolistas de primer nivel que conforman lo realmente distintivo de este equipo.

«España tiene una fábrica impresionante de jugadores», explicaba Sagnol, el seleccionador georgiano, esta semana pasada tras caer en Elche. «Y tienen todos un mismo perfil, son jugadores muy inteligentes sobre el campo». Y por ahí debe encontrar España la diferencia con quienes la persiguen.

A De la Fuente no le preocupa el 'casting' del '9' para el Mundial: "La fortaleza es que muchos jugadores meten muchos goles"

A De la Fuente no le preocupa el ‘casting’ del ‘9’ para el Mundial: “La fortaleza es que muchos jugadores meten muchos goles”

Con el billete al Mundial casi en el bolsillo, Luis de la Fuente tiene un objetivo: encontrar un '9' antes de mayo. Si en la Eurocopa y la Nations League se amparó en Álvaro Morata, y aunque el capitán no está descartado, necesita un delantero centro puro que convocar entre los 26 que buscarán llegar a la final de Nueva Jersey el próximo 19 de julio. Eso sí, mientras se decide a escoger, Oyarzabal y Mikel Merino se han puesto ese disfraz para cumplir a la perfección. Suyos están siendo los goles decisivos que impulsan a España.

Sin agobios pero sin confianzas, el técnico riojano sigue con su casting. Ante Georgia y Bulgaria tenía dos opciones en la convocatoria y, aun así, no dudó en alinear a Oyarzabal el pasado sábado en Elche hasta que, con el encuentro cerrado -precisamente, por un gol de falta del capitán de la Real-, le dio minutos a Borja Iglesias. Anoche en Valladolid, apostó por el joven futbolista del Oporto de inicio para mandarlo al banquillo y en favor del atacante gallego en el descanso.

"Han hecho los dos un trabajo fantástico, lo que teníamos previsto. Samu ha trabajo mucho para abrir espacios en una defensa muy cerrada, cuando lo suyo es correr al espacio, en transición. De eso luego se ha beneficiado Borja, porque esto es un equipo. Estoy contentísimo con los dos. Su carencia no es el gol, ya lo meterán", aseguró el seleccionador que se acogió a una gran evidencia para sustentar su falta de preocupación por no temer un killer de área: "La fortaleza de este equipo es que muchos futbolistas meten muchos goles".

103 minutos en ocho partidos

Sin faltarle razón al seleccionador, Samu salió de Valladolid con el pesar de haber tenido hasta tres ocasiones claras ante Vutsov para haber cogido algo de ventaja en el casting del seleccionador. La primera se la fabricó Pedri y la tercera fue un regalo de Merino, pero en la segunda, en el minuto 23, fue capaz de revolverse atosigado por defensas búlgaros para armar un zurdazo... al cuerpo del guardameta. No acaba de romper un joven futbolista, a quien el seleccionador ha llamado en ocho partidos, pero apenas le ha dado 103 minutos en total: 45 en su debut ante Suiza en la Nations League, 13 en la semifinal ante Francia y la media parte en el Nuevo Zorrilla.

Si sus fallos se lamentaron en el primer tiempo, los de Borja Iglesias lo hicieron en el segundo. El atacante del Celta, con el 9 a la espalda, cruzó en exceso su primer remate y no cabeceó con acierto un centro perfecto que le puso Álex Baena. Era un caramelo para el jugador gallego que en toda su trayectoria solo ha disputado tres partidos como internacional: el de su debut ante Suiza con Luis Enrique en 2022 y, hasta el partido ante Georgia, De la Fuente solo lo había alineado durante 24 minutos en el partido ante Escocia de la ventana de su debut en el banquillo, el peor partido de la era del riojano. En esta búsqueda necesita testar cómo se acoplaría a esta España muy hecha.

El que no hay dudas de que encaja como anillo al dedo es Mikel Merino. Su figura ha crecido en el centro del campo, más aún con la ausencia de Fabián Ruiz, pero su descorche como goleador le está haciendo brillar. Con España no solo se recuerda su testarazo ante Alemania en los cuartos de final de la Eurocopa, sino también los tres goles que le marcó a Turquía, a los que sumó los dos en Valladolid. Y eso que forzó un penalti que no se atrevió a pedir. Suma diez en sus 39 partidos como internacional, de los que seis son en los últimos tres años para convertirse en el segundo máximo goleador de la España de Luis de la Fuente, solo superado por Oyarzabal.

Mikel Merino marca su primer gol ante Bulgaria en Valladolid.

Mikel Merino marca su primer gol ante Bulgaria en Valladolid.R. GARCÍAEFE

"Esto llegando y me caen los balones. No es casualidad, pero hay que tener un poco de fortuna. La verdad es que es la primera vez que estoy tan acertado, pero ojalá siga, porque es importante que un centrocampista sume goles", aseguró el jugador reconociendo que era una faceta que quería mejorar. A lo que no se atrevió es a pedirle a Oyarzabal el penalti que provocó. "Con la que se montó el otro día... Él es el designado, el que pone en la pizarrita, y decidí seguir las reglas", bromeó.

El navarro arrancó su relación con el gol en la temporada 23/24, cuando marcó ocho goles en la temporada -cinco en Liga, dos en Champions y uno en Copa-. La cifra la superó con la camiseta del Arsenal, convertido precisamente en delantero centro por Arteta. Entonces hizo nueve, siete en la Premier y dos en la Liga de Campeones. Esta temporada, con su club solo ha logrado uno, pero con la selección suma cinco en cuatro partidos en las últimas dos ventanas. A Bulgaria ya le marcó en Sofía y se marcó de Turquía con un hat trick. Con él, De la Fuente gana tiempo para buscar al mejor matador.

El precioso baile de Pedri en Valladolid deja a España a las puertas del Mundial

El precioso baile de Pedri en Valladolid deja a España a las puertas del Mundial

En Valladolid, un 14 de octubre, hace calor. Luego que si el cambio climático. Consignado esto, semejante día primaveral sirvió de escenario para el trámite que España debía cumplimentar ante Bulgaria, un equipo extremadamente limitado que no sabe lo que es siquiera sumar un punto en cuatro partidos y que echó al entrenador después de las dos citas de septiembre. España se deja la firma de la clasificación para noviembre, cuando deberá ir a Georgia y recibir a Turquía. Tiene tres puntos de ventaja sobre los turcos, únicos que podrían discutirle la primera plaza. Parece hecho, las cosas como son, porque con una victoria vale salvo hecatombe con el goal-average muy larga de explicar. Mikel Merino fue quien marcó y Pedri quien jugó. Y qué manera de jugar. Qué jugador. Qué maravilla. [4-0. Narración y estadísticas].

Ha llegado un punto en el que Luis de la Fuente se siente lo suficientemente seguro de sí mismo como para desafiar incluso a la lógica. Porque la lógica decía que, después del jaleo con Lamine, después de que en esta misma semana se hayan tenido que ir Dani Olmo y Ferran lesionados (o casi), lo sensato era dejar a Pedri en el banquillo. No parecía Bulgaria, que por la mañana hacía estiramientos en un parque público de Valladolid ante la atenta, y atónita, mirada de un puñado de jubilados, no parecía Bulgaria, pues, un rival que requiriera de Pedri. Ni de Pedri ni de nadie concreto. Así que la cordura, o la sabiduría, o la prudencia, o lo que sea, invitaba a pensar que el centrocampista del Barça no jugaría.

Pues jugó. Y claro, si juega Pedri, la cosa cambia. Es probablemente el único futbolista capaz de dominar un partido desde sus escasos 174 centímetros y, más o menos, 65-67 kilos. Juega como si tuviera ojos en toda la circunferencia de su cabeza, juega con un dominio del espacio suyo y del espacio suyo respecto de los demás que abruma. Su primera parte ayer en Valladolid dejó boquiabierto al personal, emitiendo el estadio unos oohhhhh mezcla de asombro y admiración realmente llamativos. Hubo acciones muy obvias (un pase a Samu, una vaselina al larguero, el inicio de la acción del primer gol, etc...) pero cada control, cada primer toque, cada balón filtrado era una poesía. En cuanto De la Fuente se vio con una ventaja segura, lo quitó. Y la ovación lo explicaba todo.

Pedri dispara a puerta durante el partido.

Pedri dispara a puerta durante el partido.AFP

Viéndole jugar, probablemente incluso a los responsables del Barça, al mismísimo Flick, se le pasase el eventual cabreo. Porque, volviendo al principio, la sorpresa fue ver que en el once estaba Pedri. Pero también que estaba Zubimendi, y Merino, e incluso Oyarzabal. En el riesgo de ponerles, especialmente al jugador canario, quizá influyó el recuerdo de lo ocurrido en Glasgow en marzo de 2023, cuando Luis de la Fuente cambió a todo el equipo y se llevó un meneo del que salió vivo de milagro tres meses después ganando la Liga de Naciones. A mí ya no me pillan en otra debió pensar el seleccionador nacional, que algo sí movió. Poco, pero algo. Dio carrete a Laporte (con el 10 a la espalda), Grimaldo, Alex Baena y Samu.

El delantero centro del Oporto fue el que más miradas atrajo. Ese puesto, todo el mundo lo sabe, está un poco en el aire si un día falta Oyarzabal, que es el titular. No está aquí Morata, queda la duda de si volverá, y nadie asoma más que Samu. El muchacho se pegó ayer durante toda la noche con los centrales búlgaros, pero las tres claras que tuvo las falló, y eso penaliza. Primero un mano a mano a pase de, cómo no, Pedri, después en una media vuelta que le sacó el portero y por último en un disparo donde el guardameta estaba descolocado. De la Fuente le quitó al descanso, y eso es un mensaje claro. Tampoco es que su sustituto, Borja Iglesias, tuviera mejor noche. Falló dos claras nada más entrar y en el resto de la segunda parte no hubo muchas noticias de él.

En lo que la mirada se iba posando aquí y allá, en Pedri y en Samu, o en Borja, fue pasando el partido. Tardó en llegar el gol, eso sí. No fue hasta bien pasada la media hora cuando un balón de Pedri, qué raro, encontró primero la cabeza de Le Normand y luego la definitiva de Mikel Merino, un tipo que sí tiene gol. No es delantero, pero podría serlo. Suyo fue el primero y suyo fue el segundo tras un balón de Baena, otro jugador que sí aprovechó la noche. Acostado sobre la izquierda, desbordó, centró y jugó con todo el sentido que tiene, que es mucho.

Mikel Merino celebra su primer gol.

Mikel Merino celebra su primer gol.AFP

Rotos ya por el esfuerzo los búlgaros, la selección aumentó el marcador para dejarlo en un 3-0 de lo más resultón. Pudieron ser más, pero no anda esta selección sobrada de gol. Por el césped, en cambio, fue desfilando gente que levantará la mano cuando haya que hacer la lista definitiva de 26 jugadores que irán al Mundial. Yeremy Pino se va de esta ventana con una sonrisa, igual que Aleix García o incluso Pedro Porro. Sonrisa a medias, porque claro, estos días faltaba medio equipo titular, y esos sí estarán cuando llegue la hora.

En fin, poco más. Que en Valladolid, un 14 de octubre, hace calor. Luego que si el cambio climático.

Una ciudad, Valladolid, y un rival, Bulgaria, para colocar a esta España a la altura de la de 2012

Una ciudad, Valladolid, y un rival, Bulgaria, para colocar a esta España a la altura de la de 2012

La selección búlgara se aloja en un hotel algo alejado del centro de Valladolid, pero incluso de haber estado en la mismísima calle de Santiago nadie hubiera reparado en ellos. Es el rival de España esta noche, y se llenará el José Zorrilla para ver al equipo de Luis de la Fuente, que en realidad no juega contra Bulgaria, a la que, se sobreentiende, va a ganar sin apenas esfuerzo, sino contra sí misma. ¿Por qué? Sencillo. Si hoy gana (o al menos no pierde, y no perder sería un cataclismo), igualará una cifra que pone sobre el tablero de nuevo una pregunta recurrente: ¿Se puede comparar a esta selección con la del periodo 2008-2012?

Si España no cae esta noche, sumará 29 partidos oficiales consecutivos sin hacerlo. Igualará la mejor racha de la historia de la selección, firmada entre 2010 y 2013 por el equipo dirigido entonces por Vicente del Bosque. Aquel equipo cedió en el primer partido del Mundial (que terminaría ganando) contra Suiza, y estuvo esas 29 citas hasta que hincó la rodilla contra la Brasil de Neymar en la final de la Copa Confederaciones de 2013. Entonces, fueron 24 victorias y cinco derrotas.

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Este equipo, es sabido, perdió contra Escocia en la fase de clasificación para la Eurocopa, era marzo de 2023, y de momento ahí sigue. Por matizar, que siempre hay tiquismiquis, FIFA y UEFA cuentan los partidos que van a los penaltis como empates.

28 de marzo en Doha

Por eso, a esta España no le cuentan como victorias la final de la Liga de Naciones de 2023 contra Croacia ni los cuartos de final de esa misma competición este año, en marzo ante Países Bajos. Como tampoco le cuenta como derrota la final de junio contra Portugal, resuelta en una tanda. En el caso del presente, España suma 23 victorias y cinco empates, exactamente igual que la gran España de Del Bosque.

Mirando un poco más allá de esta noche, el equipo tiene en noviembre la posibilidad de igualar esta racha a nivel mundial. De momento, es Italia la selección que en toda la historia del fútbol más partidos ha permanecido invicta. Son 31. Si España no pierde en noviembre en Georgia (día 15) y en Sevilla con Turquía (día 18), estará a esa altura, y entonces se multiplicaría el morbo de la siguiente cita. Sería ya en marzo, sería probablemente en Doha, sería probablemente el sábado 28, y sería ante Argentina, ante Leo Messi, cuando España podría convertirse en el equipo con la racha de partidos sin perder más larga de la historia del fútbol. Casi nada.

«Primero vamos a clasificarnos para el Mundial», insiste De la Fuente, aunque él, como todos, tiene en la cabeza estas cosas. Porque la comparación con la mejor época de la selección española la tienen presente todos los miembros de la Federación, conscientes de estar ante un equipo que ya ha ganado una Eurocopa (también una Liga de Naciones, pero sobre todo una Eurocopa), que ha llegado a las finales de las tres últimas competiciones que ha disputado y que mira al Mundial sabiendo que es una de las dos-tres grandes favoritas, sino la gran favorita.

Pedro Porro, ante Dvali, el sábado en el Martínez Valero.

Pedro Porro, ante Dvali, el sábado en el Martínez Valero.AFP

Si a todo eso se le une la edad media del grueso de los internacionales, especialmente de sus estrellas (Nico, Lamine, Huijsen, Zubimendi, Fabián, Merino, Cubarsí, Pedri, Cucurella, etc...) no es una locura pensar en marcar una época, que siempre luce mucho en el currículum.

De momento esta noche se intuye un equipo de Luis de la Fuente que certifique todavía más la idea de de aquí puede jugar (casi) cualquiera. Sin apagarse los ecos del lío con Lamine Yamal, con Dani Olmo ya en Barcelona y con Ferran siguiéndole desde ayer, parece claro que va a dar descanso a muchos jugadores, especialmente a Pedri y a Cubarsí, en una noche que se presenta plácida. Tanto que casi ya no se juega contra el rival sino contra sí mismo.

Luis de la Fuente: "Aquí no hay regalos, esto es la selección"

Luis de la Fuente: “Aquí no hay regalos, esto es la selección”

Luis de la Fuente llegó a la sala de prensa del José Zorrilla casi a la hora de cenar. El técnico decidió entrenar en Las Rozas por la mañana, comer, echarse la siesta en Madrid y coger el autobús para llegar a Valladolid a cenar y descansar para el partido del martes. El seleccionador es consciente de que todo el mundo da por hecha la victoria contra Bulgaria. Y él, por mucho que diga que no, también dejó caer algo así cuando dijo que ganando "cerraremos prácticamente la clasificación".

Así las cosas, el debate es cuántos cambios hará en el once. Se intuyen muchos, las cosas como son, por la debilidad del rival y porque ya van cinco jugadores que han dejado esta concentración lesionados, y alguno más sería un lío. "Lo primero que tengo que decir es que salgan los que salgan, me dan confianza plena. Veremos la evolución de la gente que jugó el sábado y mañana por la mañana decidiremos", explicó De la Fuente.

"Siempre sacaremos el equipo más competitivo. Esto es la selección española y aquí no se hacen regalos, aquí no se saca una selección de compromiso. Nuestra responsabilidad es mayúscula y actuamos en consecuencia", insistió el seleccionador, al que le recordaron que ante Bulgaria puede igualar la mejor racha de partidos sin perder de la selección (29). "Somos selecciones diferentes en tiempos diferentes, pero no pensamos en ningún caso en eso, pensamos en cerrar la clasificación lo antes posible y eso pasa por ganar".

Un talismán en la defensa

Luego vino Robin Le Normand. El central es un talismán para este equipo. Ha jugado 26 partidos y no ha perdido ninguno. Desde que se nacionalizó, en mayo de 2023, España sólo ha perdido un partido, el amistoso contra Colombia. En su zona, cada vez hay más competencia. De hecho, habría como cinco nombres para cuatro puestos. Laporte, Vivian, Le Normand, Huijsen y Cubarsí... "Con Laporte he jugado mucho, y con Dean o Pau también me entiendo bien. Yo intento dar mi mejor versión y luego tendrá que decidir el míster", despejó él.

Le Normand, por cierto, lloró aquí hace dos años con la lesión de Gavi. "Siempre es una lástima que un compañero se lesione, y además tan grave. Por suerte ha sido capaz de volver, rendir, y estoy seguro de que ahora, con esta nueva lesión, hará lo mismo".

La España democrática: 71 jugadores para un concepto (casi) imposible en la selección

La España democrática: 71 jugadores para un concepto (casi) imposible en la selección

Por el pasillo que hacía las veces de zona mixta en el Martínez Valero salían los jugadores españoles camino de la medianoche. Esperaba el autobús y luego el avión hasta Madrid. Cada uno de ellos llevaba en la mano una caja de cartón. En una etiqueta, su nombre. Y una pegatina. Si era verde, pertenecía a un jugador. Si no era verde, pertenecía al staff o a los empleados que viajan con el equipo. La nutricionista, Toscana Viar, llevaba varias. ¿Qué había en esas cajas? La cena. Pero una cena personalizada. No valía coger cualquier caja. Dani Vivian, por ejemplo, había dejado la suya en el vestuario porque sólo llevaba un yogur con frutos rojos y un zumo, pero la de Oyarzabal tenía pinta de pesar. Y la de Merino. El objetivo es que los jugadores cenen en el mismo autobús y repongan lo perdido lo antes posible.

Para saber más

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Poco antes de esa imagen, en la sala de prensa, el seleccionador georgiano, Willy Sagnol, había soltado una parrafada abrumadora sobre España. Resumida, dijo esto: "España juega en otro planeta. En los 80 y en los 90 tenían buenos equipos, pero no eran ganadores. Ahora lo son. Llevan 25 años fabricando jugadores inteligentes, que siempre eligen en función de lo que ocurre a su alrededor. Por ejemplo, Pedri. Es tan poca cosa que parece que saldrá volando si hay viento, pero es uno de los mejores centrocampistas del mundo".

De la Fuente, claro, lo agradecía, pero con cautela. Y no cree que toda la sarta de elogios que le llueven a su equipo estos días tengan repercusión en el vestuario. "Cuando hablas con personas tan inteligentes y maduras como nuestros jugadores, no hay peligro. Ellos aceptan los elogios sin ir más allá, porque saben que el próximo reto será más difícil. El halago no les va a debilitar. Son muy buenos futbolistas, para mí los mejores del mundo, pero son mejores personas".

Ranking

Buenas personas o no, que de todo habrá, el caso es que la selección española camina por encima del suelo desde hace tiempo. Encumbrada hace apenas unas semanas al número 1 del ranking FIFA muchos años después (no lo era desde 2014), es hoy el rival a batir, dicho esto por tipos tan poco sospechosos como Lionel Scaloni o Didier Deschamps, seleccionadores de Argentina y de Francia. Y detrás de ese éxito, que lo es sin duda, está una política de democratización de la selección que Luis de la Fuente implementó desde su llegada a finales de 2022 (su primera convocatoria fue en marzo de 2023).

El seleccionador, desde entonces, ha llamado a 72 futbolistas. Casi todos han disputado algún minuto (de hecho, todos menos siete). Suma 25 debutantes en 34 partidos. Desde Joselu, que fue el primero, hasta Jorge de Frutos, de momento el último, es un número apreciable, una lista donde están tipos como Lamine Yamal, Le Normand o Huijsen.

En este tiempo, el técnico ha tenido que afrontar muchísimas bajas. Algunas largas como la de Gavi, que era esencial cuando llegó, y otras intermitentes como las presentes de Lamine Yamal o Nico Williams. En el once que se midió a Georgia el sábado faltaban seis titulares indiscutibles. No hay problema al parecer. El autor del primer gol, por ejemplo, fue Yeremy Pino, un tipo del Crystal Palace. De la Fuente ha instaurado el concepto de equipo en una selección, con lo difícil que es eso. Da la impresión de que, juegue quien juegue, el equipo funciona. "Hoy tenían seis o siete bajas y no se ha notado", insistía Sagnol, que usaba un tono real de admiración.

Esa democratización del equipo lleva irremediablemente a evadirse de la importancia del Real Madrid y del Barcelona. En el once del sábado no había ni un jugador blanco. Sí del Barça (Cubarsí, Pedri y Ferran), pero el resto estaba repartidísimo. Estaban representados 13 equipos: Arsenal, Athletic, Real Sociedad, Barcelona, Tottenham, Chelsea, Leverkusen, Atlético de Madrid, Celta, Rayo Vallecano, Como, Crystal Palace y Oporto. "Tengo la suerte de poder elegir entre 40 o 50 jugadores que para mí son los mejores del mundo", suele insistir el técnico. Y no le falta razón. En la época de barbecho que el equipo pasó entre 2014 y 2023, uno de las críticas más frecuentes era que no tenía jugadores diferenciales. Hoy sí los tiene, hoy tiene futbolistas que son top-5 en sus posiciones (Lamine, Nico, Pedri, Zubimendi, Cucurella...), pero es que no le hace falta. Para sujetar la racha de partidos sin perder (28), no vale con la primera fila. Hay que democratizar, por elevación, el equipo, y eso España lo ha conseguido.

Mañana espera Bulgaria, el rival más débil del grupo, y una victoria dejaría a tiro de otra, en noviembre, la clasificación para el Mundial, verdadero objetivo de un grupo ya campeón de Europa.

La chispa de Yeremy Pino, el seguro de gol de Oyarzabal y el mal del penalti: "Estamos en mejora constante con un equipo insaciable"

La chispa de Yeremy Pino, el seguro de gol de Oyarzabal y el mal del penalti: “Estamos en mejora constante con un equipo insaciable”

España no tiene rival y encuentra soluciones siempre. Ante Georgia, en Yeremy Pino y el omnipresente Oyarzabal, que hicieron olvidar las bajas y doblegaron a un rival que ni tuvo balón ni capacidad para recuperarlo y hacer daño. "Estamos en mejora constante con un equipo insaciable", resumió Luis de la Fuente.

La sonrisa de Yeremy Pino iluminó pronto el camino y desveló cuánto necesitaba el gol que logró culebreando a la espalda de los defensas de Georgia para empujar a bocajarro la asistencia de Le Normand. Abría el marcador de España y se sacaba un peso de encima que arrastra desde hace demasiado tiempo. La intermitencia de las lesiones que ha sufrido hace que para encontrar su último gol con la selección haya que mirar a noviembre de 2024. Fue el primero ante Suiza en el último partido de clasificación de la Nations League, el último que el canario jugó como titular. Luis de la Fuente volvió a contar con él para la fase final, pero solo jugó 15 minutos ante Portugal.

En Elche llegó su cuarto gol en los 15 partidos que se ha puesto la camiseta roja. Suficiente o no, es en esta clasificación cuando los futbolistas se empiezan a jugarse un hueco entre los 26 que puedan estar en el Mundial. De momento, en el Crystal Palace no ha visto portería, aunque sí ha repartido asistencias, y abrir la temporada con la selección es una buena carta de presentación. Se la puede agradecer a Le Normand, que le asistió para cerrar un arranque dulce en el que, además de regalar goles, suma dos con el Atlético ante el Real Madrid y el Eintrach.

"Cuando Pedri tiene la pelota pasan cosas. Ya había metido dos pases a la espalda de los defensas, que se la estábamos encontrando bien. Yo seguí la jugada para empujarla porque vi que Robin llegaba", describió el canario.

Menos afortunado estuvo Ferran Torres. Primero, porque el colegiado lituano no quiso ver penalti en el minuto 6 en el derribo de Kochorashvili. Señaló falta fuera del área, lo llamó el VAR y se rectificó: determinó que no había nada punible. No pudo ponerse Ferran ante Mamardashvili en esa ocasión, pero tuvo otra en el minuto 29, cuando el ex cancerbero del Valencia le derribó. Entonces quedó claro que a España le pasa algo con los lanzamientos de penalti.

Tres fallos de seis penaltis

Mientras el Martínez Valero pedía que lo tirara Pedri -no Ilia Topuria, que se mantuvo neutral con el corazón partido-, el valenciano miró a Oyarzabal para contar su bendición antes de encarar el punto de penalti. No jugueteó con él Mamardashvili, cuya mejoría en esta suerte es tan evidente que el último lanzamiento se lo atajó a Vinicius en el Bernabéu el pasado mes de mayo. No fue diferente. Adivinó dónde iba el balón y dejó a Ferran sin gol con que engordar el marcador.

España volvió a desaprovechar un penalti y van tres de los seis que le han señalado desde la pasada temporada. Además de Ferran, falló Morata -también en el último de la tanda ante Portugal en la final de la Nations- y Pedri. Es el periodo que más penas máximas le han pitado a la selección en los últimos años, pero si hasta entonces la afectividad había sido del 100% (no fallaron ninguno en la temporada 23/24 ni la 21/22), ahora cayó a la mitad.

Además del debate del acierto, está el de los lanzadores. Ferran y Morata eran los habituales con Luis Enrique y sumó De la Fuente a Rodri. Pero en el último año, aparecen también entre los lanzadores Lamine Yamal, Bryan Zaragoza, Pedri y, sobre todo, un especialista como Mikel Oyarzabal. Y es que el seleccionador les deja decidir.

"No me ha parecido mal [que lanzara], porque Ferran es otro especialista. Para fallar, hay que tirarlo, y estamos muy seguros con todos", dijo De la Fuente.

La efectividad de Oyarzabal

A Oyarzabal tampoco le importó no lanzar el penalti porque siempre acaba marcando. Desde su posición de 9, reconvertido por el seleccionador riojano, se ha convertido en el máximo goleador de la era De la Fuente. Para asentar la victoria de España, puso una falta directa desde la frontal de la medialuna del área a la escuadra de Mamardashvili. Y lo hizo en el minuto 64, uno antes de que le mandaran al banquillo. "He tenido la suerte de que ha ido dentro", dijo sacudiéndose cualquier ápice de vanidad porque, como siempre repite, la clave es que no haya protagonismos en esta selección. Por eso no nota las bajas: "La fuerza de este equipo es el grupo".

Son ya 18 goles los que el capitán de la Real lleva anotados en sus 48 partidos con la absoluta, 12 desde que llegó el seleccionador riojano. Su gol sirve para que España tenga pie y medio en el Mundial del próximo verano y sume 28 partidos oficiales sin perder, a uno del récord de Vicente Del Bosque en el periodo 2010-2013.

Eso es algo en lo que dice el vestuario que no piensa. "Estemos o no clasificados, tenemos que ganar porque eso da confianza", aseguraba Yeremy Pino. Se sumaba a esa prudencia otro de los jugadores destacados en el Martínez Valero, Pedro Porro. Apareció con mucho peligro en ataque y solventó las contras que buscaba, y no encontró, Georgia. "Va saliendo el desparpajo que tengo en el campo", bromeó el extremeño. "Hemos hecho un trabajo enorme en defensa. Había que parar sus transiciones y tener la portería a cero es muy importante para coger confianza", insistió un jugador que empieza a conquistar la banda derecha.

Que pase el siguiente: España, sin sus estrellas, despacha con solvencia a Georgia y se acerca al Mundial

Que pase el siguiente: España, sin sus estrellas, despacha con solvencia a Georgia y se acerca al Mundial

Camina España tranquila por el sendero que conduce al Mundial, sumando victorias, unas con ínfulas como el 0-6 contra Turquía en septiembre, y otras funcionariales como la de ayer contra Georgia. Inmensamente superior a sus rivales, el resultado depende casi única y exclusivamente de su porcentaje de acierto. Si el acierto es elevado, golea. Si no, simplemente, gana. Que no es poco, y más consignando que le faltan sus dos hombres más desequilibrantes, esos extremos que son el sello de un equipo completísimo, pero que tiene en Lamine y en Nico dos elementos realmente diferenciales. Ellos son capaces de desmontar defensas por sí mismos, pero incluso en el peor de los casos, facilitan la vida de sus compañeros generándoles espacios por la atracción que ejercen sobre los rivales. Sin ellos la cosa cuesta un poco más. [2-0. Narración y estadísticas]

Un poco más, pero en noches como la de Elche no mucho más. El equipo que ha creado Luis de la Fuente, y suyo es todo el mérito, aquí no hay éxitos compartidos, es hoy el número 1 del ranking FIFA, y será por algo. Porque lleva 28 partidos oficiales sin perder, más de dos años (vale que perdió una tanda de penaltis por el camino, pero eso no cuenta), porque es el equipo que mejor juega, de lejos, y porque maneja tantos registros que hoy es muy difícil intuir por dónde se le puede meter mano. Habrá maneras, sólo faltaba, y rivales que lo logren, pero no parece tarea sencilla.

De un equipo teóricamente titular, sin ir más lejos el que jugó la final de la Eurocopa, ayer faltaban el lateral derecho, uno de los centrales, dos de los tres fijos en el centro del campo y dos de los tres de arriba. Es decir, faltaban Carvajal, Laporte, Rodri, Fabián, Nico y Lamine Yamal. Faltaban también otros que también se pueden considerar titulares (Huijsen, Dani Olmo). Faltaba, pues, un montón de gente, y así y todo la alineación de Luis de la Fuente no sonaba extraña. Pedro Porro es el lateral derecho si no está Carvajal, y salvo en septiembre Carvajal lleva un año sin estar. Cubarsí ya no le soprende a nadie, como tampoco Zubimendi, hoy mediocentro incontestable, qué decir de Merino, un futbolista al que sólo una versión inmejorable de Fabián puede descolgar... Hasta Ferran Torres suena razonablemente normal.

Porque esta selección, estando claros los titulares, tiene muchos y buenos jugadores por detrás, así que los que estaban se dispusieron a hacer otro de esos ejercicios de posesión más bien aburridos. Este equipo es más vertical que sus predecesores, cierto, pero por muy vertical que uno quiera ser, si se enfrenta a un equipo como Georgia, metidos todos el trasero contra su portero, es difícil. Y más sin Nico ni, sobre todo, Lamine. El desborde de esos dos facilita mucho la vida a los demás, y cuando no están, se nota. Aún así, y con más dificultades que cuando están, fue encontrando España los caminos, especialmente por la banda de Pedro Porro, que fue más un interior que un lateral, y eso que tenía que vérselas, teóricamente, con el mejor futbolista georgiano, Kvaratskhelia, que después de un mes sin jugar salió al campo.

Mamardashvili no puede evitar el gol de Oyarzabal.

Mamardashvili no puede evitar el gol de Oyarzabal.JOSE JORDANAFP

Él y Mikautadze, el delantero del Villarreal, son los dos argumentos que tenía Georgia para discutir mínimamente el partido, pero no hubo opción. España, como no podía ser de otro modo, se apoderó de la pelota y no se la dejó al rival. Hugo algún susto antes del gol, que llegó mediada la primera parte en un fenomenal pase de Pedri que Le Normand bajó para que Yeremi Pino la empujase. Como siempre, lo más difícil era hacer el primero, pero la noche ya estaba cuesta abajo. Pudo estarlo todavía más si Ferran Torres no le hubiese entregado en las manos el balón a Mamardashvili cuando tiró el penalti del que había sido objeto.

En una decisión extraña, no lo lanzó Oyarzabal, que había mantenido la pelota en el regazo mientras se revisaba la jugada, y sí el futbolista del Barça, que lo tiró rematadamente mal. No parecía la cosa muy trascendente pues España estaba jugando bien. Acompasada al son de Zubimendi y Pedri, el equipo movía la pelota con bastante sentido, procuraba, en la medida de lo posible, utilizar ese juego vertical y, sobre todo, no pasaba apuro alguno. Unai Simón bien podría haberse tomado una Coca-cola sentado junto al palo, que nadie le hubiera echado de menos.

En los tres primeros minutos de la segunda parte, Oyarzabal y Ferran tuvieron dos mano a mano con el portero. Fue el anuncio de que España había decidido subir un nivel y hacer las cosas un pelín más rápido. Justo después, llegaron dos postes, uno de Porro (que hubiera sido un golazo) y otro de Oyarzabal, que sería quien haría el segundo, ya a los 20 minutos de juego, de falta. Y de una falta como Dios manda. En la frontal del área, un zapatazo al lado del portero, sin miramientos, y para dentro.

El resto de la noche quedó a título de inventario, una victoria de la que nadie se acordará cuando el próximo verano la selección esté en México, en Estados Unidos o en Canadá, que eso está por ver. Porque España va a ir al Mundial. Con más o menos brillo, pero va a ir al Mundial.