Loïc Meillard aprovecha la desgracia de McGrath y se lleva el oro en el eslalon

Loïc Meillard aprovecha la desgracia de McGrath y se lleva el oro en el eslalon

Ésta es una historia de triunfo, esperanza, derrota y dolor en una sola pieza. Vayamos con el planteamiento, el nudo y el desenlace. Nevaba copiosamente en Bormio, empañando y encogiendo el paisaje, envolviéndolo en una claridad lechosa y plana, cuando el noruego Atle Lie McGrath tomó el primero la salida en la primera manga del eslalon olímpico.

Obviamente, y aprovechando al máximo la calidad virginal de la nieve, estableció el primer mejor tiempo. Noventa y cinco esquiadores después, demasiados para una competición como los Juegos Olímpicos, que debe evitar el relleno, seguía siendo el mejor por delante del suizo Loïc Meillard, a 59 centésimas, y el austriaco Fabio Gstrein, a 96.

Cuando, en calidad de líder, salió en último lugar en una segunda manga sin ventisca e incluso con rodales azules en el cielo... hizo el temido "caballito" a los pocos segundos. El drama, como el de Lindsey Vonn en el descenso, más bien tragedia en el caso de la estadounidense, no se hizo esperar. McGrath enredó las tablas con el palo de la puerta y se le hundió todo de golpe. Iracundo hasta perder el control de sí mismo, arrojó los bastones, convertidos en herramientas enemigas a las que repudiar y castigar, todo lo lejos que pudo. Se quitó los esquíes, cuyo ominoso contacto no podía soportar, y, solo y "desnudo", atravesó la pista en dirección al bosque.

Y allí, junto a las protecciones que lo delimitaban, se arrojó boca arriba sobre la nieve, probablemente odiándose y sintiendo lástima de sí mismo, rumiando quién sabe qué pensamientos atropellados. En sumo contraste, allá abajo, Loïc Meillard celebraba el oro. Fabio Gstrein, a 35 centésimas, la plata. Y Henrik Kristoffersen, el otro gran noruego, a 1.13, el bronce. Quim Salarich, 22º en la primera manga, terminó en la decimonovena posición. Objetivo cumplido. Felicidades. En su tercera presencia olímpica le ha ido mejor que en las otras dos. En Pyeongchang 2018 no terminó la segunda manga. En Pekín 2022, la primera.

Las condiciones ambientales, a las que Salarich sobrevivió, condujeron a una enorme "mortandad" entre los participantes en el primer sector. No lo acabaron 52. Entre ellos Lucas Pinheiro-Braathen, el ganador del gigante, una de las estrellas carismáticas de los Juegos y con una victoria esta temporada en eslalon, en Levi. También se quedó en el camino el francés Paco Rassat, la revelación de la especialidad, con una victoria en Gurgl y otra en Adelboden. Y no respondió a las expectativas el francés Clément Noël, campeón en Pekín'22, que, además, no concluiría la segunda manga.

La prueba se presentaba bastante abierta. A diferencia del eslalon femenino, que no ha conocido en sus siete citas de la temporada más triunfadora que Mikaela Shiffrin, los nueve masculinos han saludado a siete vencedores distintos, incluyendo al propio McGrath, ganador en Alta Badia y en Wengen. La colérica desesperación del noruego estaba, a sus ojos, justificada. Nadie reunía tantas buenas cartas como él. Se había impuesto, como queda dicho, en dos eslalons este curso, lidera la clasificación de la especialidad en la Copa del Mundo y había realizado el mejor tiempo en el primer tramo. Disponía de muchos argumentos a su favor. Todos se fueron por la borda.

El miércoles termina el esquí alpino con la disputa del eslalon femenino. Mikaela Shiffrin, que no obtuvo recompensa alguna en la combinada por equipos ni en el gigante, se enfrenta a la última oportunidad, y la mejor, a tenor de los antecedentes descritos, de salir de estos Juegos con un oro. Seguramente, después de lo visto en la prueba masculina, estará reflexionando más de lo habitual acerca de la delgada frontera que separa la ilusión de la decepción, lo probable de lo imposible y, en definitiva, el éxito del fracaso.

¿Por qué no hay curling en España? Los intentos "imposibles", una pista en un centro comercial y los amigos que lo intentan en un pantano

¿Por qué no hay curling en España? Los intentos “imposibles”, una pista en un centro comercial y los amigos que lo intentan en un pantano

Cada año decenas de personas se reúnen el último domingo de febrero en el pantano de Vallvidrera, al lado del Tibidabo, en busca del milagro: jugar un partido de curling al aire libre en Barcelona. Se dividen en dos equipos, aparece un árbitro que lanza una piedra al agua y se hace el silencio. ¿Qué pasará? Si suena chof, el partido se cancelará y todos se irán a desayunar fricandó, cap i pota o butifarra. Pero si por casualidad, un día, por primera vez en la historia, el pantano se congela y la piedra aguanta sobre el hielo, el partido será memorable.

«Nunca hemos podido jugar, pero mantenemos la esperanza», comenta Marc de Vicente, miembro del Vallvidrera Curling Club que niega los rumores. Las malas lenguas dicen que la iniciativa, que forma parte de la fiesta mayor de invierno del barrio, es sólo una excusa para un desayuno de los que exigen siesta.

«Pero estamos siguiendo la tradición, siglos atrás se jugaba al curling en el pantano», cuenta con sorna y ningún documento que lo corrobore. «Nos encanta el curling, lo vemos en cada Juegos, pero da para meme, la verdad», añade De Vicente.

Su iniciativa resume a la perfección qué es el curling en España: expectación y bromas. Mientras en países como Suecia, Canadá, Reino Unido e incluso Italia se considera el deporte rey de los Juegos Olímpicos de invierno, con ligas profesionales y estrellas como Niklas Edin o Stefania Constantini, en nuestro país no se pasa de la curiosidad y la comedia entre las piedras y las escobas.

Éxito en televisión

Las audiencias de los partidos en Eurosport suelen ser notables, pero la selección nunca ha estado sobre el hielo. Después de que hubiera representantes en bobsleigh, luge, saltos de trampolín, patinaje artístico, skeleton o patinaje de velocidad, quedan cuatro deportes olímpicos en los que España todavía no ha participado y uno de ellos es el curling. ¿Por qué?

TIZIANA FABIAFP

«Porque es imposible. En España no tenemos pistas preparadas para el curling y eso hace que cualquier proyecto de tener una selección potente sea inviable. En otros deportes puede pasar, que salga un esquiador, un snowboarder o un patinador que se deje la vida para cumplir su sueño. Pero en el curling tienen que salir cuatro o cinco al mismo tiempo y aún así es complicadísimo», analiza José Luis Corral, narrador de curling en Eurosport, la voz del deporte en España.

A principios de siglo la Federación Internacional de Curling cedió los derechos de retransmisión de su Mundial al canal continental y, en 2002, Corral se encontró frente a un micrófono relatando una disciplina de la que nadie conocía las reglas.Los primeros clubes, como el Jaggers de Madrid, el Sporting L'Olla de Lliçà d'Amunt o el Igualada, todavía se estaban formando y hasta 2003 no se celebraría el primer Campeonato de España.

«El curling siempre tuvo buena acogida en España y buenas audiencias, pero falta mucha inversión para tener un equipo que pueda competir con los mejores. Sin instalaciones no hay manera», concluye.

España en el Preolímpico

Hoy en día hay 11 pistas de hielo en España, pero ninguna de ellas tiene una zona dedicada exclusivamente al curling. Para el Campeonato de España, que el pasado fin de semana se celebró en Jaca, se suele habilitar una durante varias semanas, pero eso es todo. Los poco menos de 100 practicantes que se dividen en 10 equipos se tienen que conformar.

«El curling necesita un hielo muy cuidado, con condiciones específicas. No se puede compartir con el hockey o el patinaje artísticos. Nosotros siempre nos vamos fuera a entrenar, a Suiza, Holanda o Dinamarca», explica Eduardo de Paz, campeón con el Txuri Berri de San Sebastián y miembro del equipo masculino español que intentó alcanzar los presentes Juegos Olímpicos de Milán-Cortina d'Ampezzo.

Pese a su histórico ascenso a la División A del curling europeo, no consiguieron plaza para disputar el Preolímpico. Los únicos que lo lograron fueron el dúo mixto formado por Oihane Otaegi y Mikel Unanue, pero acabaron penúltimos en la competición que daba acceso a los Juegos.

«Hace 10 años nos juntamos un grupo en el Txuri Berri con el objetivo de llegar a lo más alto, pero nos cuesta seguir. Ponemos nuestro dinero, nuestros días de vacaciones y cada vez se hace más difícil», reconoce De Paz.

El proyecto en Xanadú

Tienen el apoyo de la Federación Española de Deportes de Hielo (FedHielo) y del Gobierno vasco, pero ni con esas. La única vía para que España crezca en el curling sería que se abriera una pista en una gran ciudad y ahora mismo no hay proyectos. Los CAR de Madrid y Sant Cugat planearon en algún momento la construcción de un recinto de hielo, pero ninguno salió adelante. Hace un tiempo el Centro Comercial Xanadú de Madrid prometió que se podría jugar al curling junto a su zona de esquí indoor, pero nunca más se supo.

«En algún momento hemos estado cerca de sacar una pista de hielo, pero se requiere una gran inversión. Sin una pista propia no hay base y sin base sólo podemos hablar de subsistencia», asegura Víctor Navarro, vocal de curling de la FedHielo y jugador del Barcelona Curling Club, que sueña con un futuro más esperanzador para su deporte en España: «El curling tiene magia, engancha».

Lucas Pinheiro-Braathen gana el eslalon gigante y hace historia: primera medalla en unos Juegos de Invierno para Brasil

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"Los últimos serán los primeros" es una frase con la que Jesús cierra la parábola de los obreros de la viña. Significa más o menos que los humildes y marginados en la tierra alcanzarán el cielo por delante de los potentados. Pero, en el deporte, una actividad muy humana, los primeros suelen ser... los primeros. Así ha ocurrido con Lucas Pinheiro-Braathen en el eslalon gigante de estos Juegos Olímpicos. Salió con el dorsal 1 en la manga inicial y, aunque realizó el undécimo tiempo en la segunda, supo resistir la presión y acabó ganando el primer oro olímpico invernal para Brasil. Su crono en la primera manga había sido tan bueno, que con ese primer tiro ya había ganado la guerra. No le alcanzaron los dos mejores suizos: Marco Odermatt (plata) y Loïc Meillard (bronce).

Para saber más

¿Brasil?... ¿Palmeras en la nieve?... Sí. Lucas Pinheiro es brasileño. Bueno, un mestizo de vikingo y carnavalero, mitad noruego (por parte de padre) y mitad brasileño (por parte de madre). Nació en Oslo hace 25 años. Cuando tenía tres, sus padres se separaron. Se fue a Brasil con su madre. Regresó a Noruega, la meca de los deportes de invierno, cuando su padre consiguió la custodia, y allí empezó a esquiar, camino de su brillante trayectoria en el circo blanco. Repartía, no obstante, la vida entre la capital noruega, donde vivía con su progenitor, y Sao Paulo y Campinas, una localidad a unos 100 kms. de Sao Paulo, donde pasaba las vacaciones con la familia materna.

Desavenencias con su Federación por un asunto de patrocinadores y derechos de imagen, lo llevaron a retirarse en octubre de 2023. Como tiene un lado neohippie, anduvo visitando las capitales europeas y recorriendo en bicicleta los viñedos de la zona de Burdeos. También las carreteritas ibicencas. Es un tipo alegre. Por carácter, más brasileño que escandinavo.

Saciada su sed de aventuras, reapareció en el circuito en marzo de 2024, pero ya con el apellido de su madre por delante y envuelto en la bandera sudamericana. Especialista en las pruebas técnicas, de habilidad, regresó a gran nivel. Esta temporada había ganado el eslalon de Levi, el primero del curso, y hecho podios o puestos entre los 10 primeros, en eslalon o en gigante, en Wengen, Madonna di Campiglio, Adelboden, Kitzbühel, Schladming, Val Gardena, Beaver Creek y Val dIsère. Su triunfo no ha sido precisamente una sorpresa, aunque cuando está en liza Marco Odermatt, él es el favorito por principio.

Odermatt es el mejor y más completo esquiador de la actualidad. Y uno de los mejores y más completos de siempre. Lidera la Copa del Mundo de Descenso, y en Cortina ha sido cuarto. Lidera la Copa del Mundo de Supergigante, y en Cortina ha sido tercero. Incluso, en la combinada, en compañía de Loïc Meillard, formando el mejor equipo posible suizo, que es tanto como decir el mejor posible a secas, no pudo pasar de la plata. Lidera la Copa del Mundo de Gigante, es el campeón olímpico vigente, y en Cortina ha sido segundo. Odermatt, que no practica el eslalon se va, pues, de los Juegos sin un oro. Con tres medallas, dos platas y un bronce, pero sin un oro, que es el metal que mejor le cuadra y le sienta. Con toda seguridad, no estará contento.

Este domingo, el gigante femenino (Mikaela Shiffrin?). Y en el eslalon masculino del lunes, con Lucas en escena, aparece un español: Quim Salarich.

El espectáculo de Bad Bunny en la Super Bowl polariza Estados Unidos

El espectáculo de Bad Bunny en la Super Bowl polariza Estados Unidos

Este domingo, los New England Patriots y los Seattle Seahawks se disputarán la LX Super Bowl, la final de la NFL, la mayor liga de fútbol americano. Y a falta de una rivalidad histórica entre los equipos, de récords asombrosos que romper o de figuras greater-than-life que acaparen los focos, el protagonismo se ha desviado estos días. Hacia la 'electrical substation theory', la última teoría medio conspiranoica sobre cómo los campos electromagnéticos de una estación eléctrica cercana al estadio de los San Francisco 49ers, donde se juega el partido, están lesionando a los jugadores. Al enfado de los aficionados porque el Salón de la Fama no ha incluido el legendario entrenador Bill Belichick. Y sobre todo, por la esperadísima y polémica actuación de Bad Bunny en el descanso.

La elección del artista portorriqueño el pasado septiembre enfureció inmediatamente a medio país, especialmente al presidente Donald Trump (que este año no asistirá al encuentro) y sus seguidores, indignados por el hecho de que el artista vaya a cantar en español y por sus posicionamientos políticos. "Tienen cuatro meses para aprender el idioma", dijo el cantante en octubre durante una aparición en el Saturday Night Life, desatando una ola de furia. La situación sólo ha empeorado desde que el pasado domingo, en la entrega de los Grammy en la que se llevó el premio al álbum del año, arrancara arremetiendo contra el ICE, la agencia migratoria que acapara las protestas por todo el país, y concluyera dando el discurso de agradecimiento en su idioma natal.

Turning Point USA, la organización del difunto activista conservador Charlie Kirk, asesinado en un acto en septiembre, ha promovido un 'All-American Halftime Show,' un espectáculo rival "puramente americano" para robar la audiencia durante el descanso, con el apoyo de Senadores (Tommy Tuberville, de Alabama, y premiado ex entrenador universitario de fútbol ha bautizado al partido como la 'Woke Ball'), congresistas y políticos republicanos en general. Con actuaciones de Kid Rock, Brantley Gilbert, Lee Brice o Gabby Barrett. "Afrontamos este programa como David y Goliat", dijo Kid Rock el lunes. "Competir con la maquinaria del fútbol profesional y una superestrella mundial del pop es casi imposible... ¿o no?". "No sé quién es esa persona", ha dicho Trump de Bad Bunny. "No sé por qué lo hacen. Es una locura. Y luego le echan la culpa a un promotor que contrataron para que se hiciera cargo del entretenimiento. Me parece absolutamente ridículo".

Un show "excesivamente político y sexual"

Una petición online en Change.org ha recogido 100.000 firmas pidiendo un boicot. La organización Un Millón de Madres ha hecho un llamado a los cristianos para que boicoteen la actuación del rapero, denunciando que será un show "excesivamente político y sexual" centrado en "iconos queer".

El ataque desde los medios conservadores, las redes sociales y los influencers MAGA es brutal. "Bad Bunny no es un artista estadounidense", dice una y otra vez la activista Tomi Lahren sobre el portorriqueño. La secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Kristi Noem, ha flirteado con la idea que ICE esté presente en el espectáculo del descanso. Su pareja y asesor principal del Departamento dijo en el mismo podcast: "Es vergonzoso que hayan decidido elegir a alguien que parece odiar tanto a Estados Unidos para representarlos". Hay mucho más.

"No se preocupan porque haya un travesti que no habla inglés cantando; si hubiera ganado las elecciones Kamala Harris estaría en su gabinete", dijo un invitado de la Cadena Fox que se ha viralizado. "Todos sabemos que el espectáculo del descaso es para las mujeres, los hombres es cuando vamos al baño", respondió riéndose el presentador estrella Jesse Watters.

Bad Bunny, en los Grammy.

Bad Bunny, en los Grammy.Chris PizzelloChris Pizzello/Invision/AP

Pero la NFL y sus propietarios, blancos y conservadores en casi su totalidad, están buscando desesperadamente aumentar la audiencia internacional. Esta temporada se han jugado partidos oficiales en São Paulo, Dublín, Londres, Berlín y Madrid. La liga añadirá Australia en 2026. Y el comisionado, Roger Goodell, ha avanzado que quiere que cada equipo juegue al menos un partido en el extranjero cada año. "Miren, Bad Bunny es, y creo que eso quedó demostrado este domingo, uno de los mejores artistas del mundo, y esa es una de las razones por las que lo elegimos. La otra razón es que comprendió la plataforma en la que estaba, y esta plataforma se usa para unir a la gente con su creatividad y su talento, y para aprovechar este momento para lograrlo, y creo que otros artistas lo han hecho. Creo que Bad Bunny lo entiende y creo que tendrá una gran actuación", aseguró esta semana el comisionado

Un sondeo con jugadores de la liga publicado esta semana por The Athletic muestra que al 41% de ellos no les gustaba la elección de Bad Bunny. Algunos eran muy explícitos, pero una parte importante se amparaba en no conocer de nada al artista o en preferir otros estilos musicales. "Ni siquiera sé quién es Bad Bunny. Creo que siempre debería ser un artista estadounidense. Creo que se están esforzando demasiado con esto de la internacionalidad", dice uno de los encuestados a pesar de que el músico es ciudadano estadounidense. "No me gusta. Prefeiría a alguien que estuviera vinculando a la cultura del fútbol", dice otro jugador.

"Obviamente he escuchado su música, pero no hablo español, así que no me gusta mucho. Pero sí creo que es genial tenerlo, porque Estados Unidos se basa en la diversidad. Estados Unidos se construyó sobre la inmigración. Así que creo que tenerlo simplemente promueve ese sueño americano. Me gusta. Me gusta la elección", replica otro anónimo. DeMarcus Lawrence, de los Seahawks, apuntó ayer en las entrevistas previas al partido a la importancia para la gente de habla hispana. "Tenemos tantas culturas y orígenes étnicos en Estados Unidos que creo que es hora de empezar a aceptarlos todos... eso es lo que realmente hace grande a Estados Unidos".

Bad Banny, durante una reciente actuación.

Bad Banny, durante una reciente actuación.Alejandro GranadilloAP

En realidad, la del domingo no será la primera aparición del músico. En 2020, el espectáculo de la Super Bowl contó con dos estrellas consagradas, Jennifer López y Shakira, pero Bad Bunny también apareció. Ahora, la NFL ha puesto el foco en el público latino, más de 70 millones de potenciales consumidores y espectadores, y está dispuesto a la polémica con tal de hacer un guiño. Tampoco será la única controversia.

El espectáculo está acostumbrado a las discusiones, la polémica (como el famoso pezón de Janet Jackson) pero sobre todo a las sorpresas. Trump también ha expresado su enfado con la actuación de Green Day en la previa del partido, después de que la banda haya cambiado en algunas actuaciones la letra de su éxito 'American Idiot', para que ahora diga "No formo parte de la agenda MAGA". Por su parte, Charlie Puth cantará el himno nacional y la compositora Brandi Carlile entonará America the Beautiful, una de las canciones patrióticas por antonomasia.

Los dos abanderados españoles y una polémica: "Decían que yo no debería llevar la bandera"

Los dos abanderados españoles y una polémica: “Decían que yo no debería llevar la bandera”

El Comité Olímpico Español tenía un buen lío a la hora de escoger a los abanderados para los Juegos Olímpicos de invierno de Milán-Cortinad'Ampezzo, que empiezan hoy. Si seguía su criterio de premiar a los más laureados, Lucas Eguibar tendría que repetir y Queralt Castellet sería la portadora ¡por tercera vez! Nadie lo pondría en duda, pero resultaría extraño. Por eso decidió cambiar la mirada y, en lugar de premiar los éxitos, premiar la longevidad: en su tercera participación olímpica, el esquiador Quim Salarich y la patinadora Olivia Smart serán los encargados de llevar la bandera en una ceremonia de inauguración que se espera italiana, muy italiana.

«Cuando me lo dijeron estaba en el aeropuerto, a punto de embarcar hacia Canadá. Me quedé con la emoción más de siete horas, sin poder hablar con nadie, sola con mis pensamientos. Fue un vuelo muy bonito», asegura Smart, reunida con Salarich en conversación con EL MUNDO.

Pregunta. ¿Creen que España siempre va a los Juegos Olímpicos de invierno con complejo de inferioridad?

Salarich. No hablaría de inferioridad, pero vemos los deportes de invierno como un hobby. No hay mucha cultura competitiva en deportes como el esquí alpino o el snowboard. Es uno de los hándicaps que tenemos. Si un niño se apunta al fútbol, al baloncesto o al tenis sabe que disputará partidos, pero con el esquí solo va a entretenerse.

Smart. En mi deporte, el patinaje, seguramente sí existía esa inferioridad antes de Javier Fernández. Ahora nuestro trabajo es mantener su legado y eso no es fácil. Después de su retirada hubo un bajón en España y ahora Tim [Dieck] y yo [compiten en dúo] intentamos que vuelva a ir hacia arriba.

P. Ninguno de los dos entrena en España.

Salarich. Es parte de lo que hablábamos. Como no hay cultura de competición, cuesta mucho que nos preparen las pistas para nosotros. Necesitamos que sean un espejo, una placa de hielo, y eso a las estaciones no les sale rentable. El esquí, en general, es un deporte muy caro y ahí también hay una barrera, eso está claro.

Smart. En el patinaje pasa lo mismo: no hay muchas instalaciones. Los mejores grupos de entrenamiento del mundo están en Canadá, también Javier Fernández entrenaba allí y por eso vivimos allí nosotros. Cuando salió la noticia de que yo iba a ser la abanderada de España leí a gente que hablaba mal de mí por ello. Decían que yo no debería llevar la bandera: soy inglesa, compito junto a un alemán y entreno en Canadá. Pero estoy muy orgullosa de que me hayan concedido este honor.

P. Olivia, ¿cuál es su relación con España?

Smart. De pequeña, con mis padres, veraneaba mucho en España, especialmente en Tenerife, y cuando hice pareja con Adrián [Díaz, su anterior compañero] empecé a competir por el país. Cuando Adrián lo dejó y me uní a Tim existía la posibilidad de representar a Alemania -también Tim es militar alemán-, pero en mi mente y en mi corazón no quería representar a ningún otro país que no fuera España. La Federación Española nos recibió con los brazos abiertos y estamos muy felices.

P. Olivia hablaba de Javier Fernández. Quim, ¿se mantiene en el esquí el legado de Paquito Fernández Ochoa?

Salarich. Te diría que sí, incluso más fuera de España que dentro. En los Mundiales y en la Copa del Mundo todavía me encuentro a gente que me pregunta si lo conocí. Yo, por edad, no llegué a vivirlo, pero para mí siempre será un referente porque demuestra que un español puede ser campeón olímpico de esquí alpino. Podemos pensar que era otra época o lo que sea, pero hay que recordar que fue campeón olímpico.

P. ¿Con qué resultado acabarían satisfechos estos Juegos Olímpicos?

Smart. Mi sueño es una medalla olímpica y sabemos que en una final puede pasar cualquier cosa. El año pasado, en el Mundial, acabamos terceros en el programa libre, así que no estamos tan lejos. Va a ser muy difícil, pero en el Top 10 estamos todos muy cerca. El primer objetivo es asegurar el diploma olímpico y luego, a soñar.

Salarich. Te diría un poco lo mismo. Ahora sé que puedo ser competitivo. No parto como favorito, pero he estado delante en una Copa del Mundo; hace poco me caí cuando iba tercero... Cualquier cosa puede pasar. Tengo experiencia, ya he vivido la presión y voy con muchas ganas.

P. Una última cuestión. Antes de que les presentaran como abanderados no se conocían. ¿Cómo es posible?

Salarich. Los deportes de nieve y los deportes de hielo siempre van por separado. Durante la temporada cada uno tiene sus competiciones, pero es que en los Juegos Olímpicos suele haber dos villas olímpicas, en los actos casi nunca coincidimos... En los Juegos Olímpicos de verano coinciden mucho los deportistas de diferentes disciplinas, pero nosotros no tanto.

Alex Honnold hace historia al escalar sin cuerdas ni arnés el rascacielos Taipei 101

Alex Honnold hace historia al escalar sin cuerdas ni arnés el rascacielos Taipei 101

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Desprovisto de toda medida de seguridad y equipado solo con unos zapatos especiales, una bolsa de magnesio y su emblemática camiseta roja, el estadounidense Alex Honnold hizo historia este domingo al alcanzar con éxito la cima del rascacielos Taipei 101, el undécimo edificio más alto del mundo.

La hazaña, completada en poco más de 90 minutos, convierte al norteamericano en la primera persona en escalar esta estructura en la modalidad de 'free solo', como se conoce a la variante extrema de la escalada en la que no se utilizan cuerdas ni arneses y en la que cualquier error, por mínimo que sea, se paga con la muerte.

En la previa del evento, transmitido en directo a nivel global a través de la plataforma Netflix, Honnold, nacido en 1985, había comentado que llevaba años queriendo subir el Taipei 101, el icónico rascacielos de 508 metros que domina el distrito financiero de la capital taiwanesa.

"Es increíble. He pasado un montón de tiempo pensando en esto, imaginando que era posible, pero hacerlo realmente se siente diferente", afirmó Honnold ante los medios de comunicación al término de la escalada.

Una ascensión sin margen de error

La subida estaba programada inicialmente para este sábado por la mañana, pero los organizadores optaron por suspenderla media hora antes de lo previsto debido al mal tiempo. Veinticuatro horas después, sin embargo, el sol se reflejaba en los contornos del edificio, y apenas había nubes en el cielo.

El cambio de condiciones no convirtió la escalada en una tarea sencilla. Para empezar, Honnold tuvo que superar la base del rascacielos, compuesta por 113 metros de losa inclinada de acero y vidrio y dos estructuras metálicas de 4,3 metros conocidas como 'ruyi', que supusieron el primer gran obstáculo de la jornada.

Superado ese tramo inicial -algo que le llevó menos de veinte minutos-, el escalador encaró al segmento más largo y físicamente exigente: las llamadas "cajas de bambú", ocho módulos superpuestos entre aproximadamente los pisos 27 y 90 que conforman el cuerpo del Taipei 101.

A lo largo de 274 metros de ascenso en vertical, Honnold desplegó toda su destreza como escalador, trepando con dinamismo entre los vítores y los rostros de asombro de las cientos de personas que se congregaron en los alrededores del rascacielos para presenciar este hito.

La fase final, considerada la más peligrosa por los organizadores, comenzó al alcanzar la torre superior del edificio, donde los desplomes exigieron toda la fuerza de sus brazos. Desde allí avanzó por los anillos hasta la aguja, rematada por una pequeña esfera metálica suspendida sobre el vacío, donde se hizo un 'selfie' para la posteridad.

"Para mí, el reto más grande era mantenerme tranquilo (...). A medida que subía, me sentía más y más tranquilo, era muy divertido", apuntó Honnold.

Polémica alrededor del desafío

Conocido por ascender sin equipo de seguridad 'El Capitán' -una pared vertical de más de 900 metros de granito en el Parque Nacional de Yosemite (EE.UU.)-, logro reflejado en el documental ganador del Oscar 'Free Solo', Honnold recibió críticas desde el mismo momento en que anunció su intención de coronar el Taipei 101 bajo esta modalidad.

En algunos casos, esas críticas subrayaban la elevada tasa de muertes entre quienes practican este tipo de escalada; en otros, ponían el foco en su condición de marido y padre de dos niñas pequeñas. Cualquier imprevisto habría dejado a una mujer viuda y a dos menores de edad huérfanas.

Alex Honnold corona el Taipei 101.

Alex Honnold corona el Taipei 101.Chiang Ying-yingAP

De hecho, la organización se preparó para lo peor, con medidas como un retraso de diez segundos en la retransmisión para poder cortarla de inmediato si Honnold caía al vacío. El propio escalador se mantuvo en contacto constante con su equipo durante la ascensión, que contemplaba puntos de rescate a lo largo del edificio.

"Todo el equipo de hoy era de clase mundial. Para mí, es más fácil dar lo mejor de mí cuando confío en el equipo y sé que están dando lo mejor también (...). Fue increíble, un día espectacular", concluyó un Honnold que, casi una década después de alcanzar la cima de 'El Capitán', ha vuelto a hacer historia.

Un día en un Centro de Alto Rendimiento: "Siempre hay salseo. Mucha gente joven, fuerte, atractiva... siempre pasa algo"

Un día en un Centro de Alto Rendimiento: “Siempre hay salseo. Mucha gente joven, fuerte, atractiva… siempre pasa algo”

Pasta con tomate y ensalada lleva Andrea Fuentes en la bandeja y come a toda prisa; se va también volando, siempre a la carrera, la seleccionadora de sincronizada. Las nadadoras de su equipo, en cambio, se esparcen en su conversación en una de las mesas que dan a la ventana y son las más ruidosas hasta que aparece el grupo de halterófilos, que repite de carne, y de pescado, y de todo aquello que rebose proteína.

Al mediodía, el comedor del Centro de Alto Rendimiento (CAR) de Sant Cugat es un muestrario del deporte español. Se puede hacer un juego divertido: mirar quién entra y descifrar su disciplina.

«Cuando llegué, la gente me preguntaba: '¿Trial? ¿Eso qué es?' Pero yo les decía: "¿Gimnasia de trampolín? ¿Eso qué es?" En realidad, eso es lo más chulo. Normalmente los equipos van juntos y los que venimos de deportes individuales, minoritarios, hacemos piña. El tiro, la escalada, la esgrima...», cuenta Berta Abellán, vigente campeona del mundo de trial, que lleva aquí 10 años como externa.

Abellán, en el CAR.

GORKA LOINAZ

En España hay cuatro Centros de Alto Rendimiento y nueve Centros de Especialización de Tecnificación Deportiva, pero solo en dos se puede vivir y estudiar: Madrid y Sant Cugat.

Ambos se crearon al calor de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, ambos tienen más o menos las mismas plazas -algo menos de 300-, en ambos se cursa ESO, Bachillerato y algunos grados medios y superiores, y ambos ofrecen servicios parecidos: preparación física, medicina, fisioterapia, nutrición, fisiología, psicología, biomecánica...

Conseguir una beca interna, con cama en habitación doble y comida, es un sueño para cualquier deportista de entre 16 y 20 años, por las instalaciones, la ayuda de profesionales y la facilidad para compaginar estudios y entrenamientos.

"Sólo veo dos cosas malas"

«Lo tienes todo a mano y el instituto del CAR tiene una dinámica diferente. En mi escuela pensaban que me inventaba competiciones para no ir a clase. Aquí los profesores te apoyan», explica Abellán, que añade: «Solo veo dos cosas malas: la presión por renovar la beca y el peligro de que te satures. Viviendo aquí puedes cansarte de tanto deporte, no airear la cabeza».

Esa explicación descifra por qué han cambiado los dos grandes CAR de España desde su creación. En sus inicios solían acoger deportistas ya formados que, en sus lugares de nacimiento, no tenían medios para entrenar: era normal ver a residentes que superasen los 25 años. Ahora, en cambio, los menores de edad son mayoría; el CAR es un lugar de paso y, en cuanto maduran, se van a vivir fuera.

De hecho, solo media docena de residentes en Sant Cugat -varias nadadoras de sincronizada y el atleta Josué Canales-, estuvieron en los Juegos Olímpicos de París 2024, aunque en el lugar se prepararon los conjuntos de waterpolo, rítmica o hockey hierba, además de escaladores, atletas, taekwondistas, gimnastas...

La supervisión de profesionales

«El CAR es cada vez más para etapas formativas. Fuera de aquí hay mejores instalaciones que antes, es más fácil el acceso a los profesionales... Pero esto sigue siendo un privilegio», proclama Susana Regüela, jefa de la Unidad de acompañamiento a los deportistas, que fue residente en el CAR como lanzadora en los años 90.

Regüela asume la presión que puede generar el lugar: «En el departamento de psicología hay varios temas recurrentes: está el peso que genera ser becado en el CAR, la presión por no perder la beca y está la soledad. Hay mucho jaleo, pero también ausencia». «Recuerdo una deportista canaria que me decía: 'Llevo tres meses aquí y nadie me ha abrazado'».

«Cada vez tenemos una mirada más holística sobre el deportista; antes todo era entrenar. Todo ha cambiado. Los jóvenes ahora necesitan cosas como Wi-Fi o aire acondicionado. Nosotros traíamos ventiladores de casa y hacíamos inventos con hielo», recuerda Regüela y comenta: «Además, las familias quieren estar presentes, ser parte del CAR. Yo pasé aquí una década y mis padres solo vinieron una vez, para traerme».

Regüela, en el CAR

Regüela, en el CARGORKA LOINAZ

La ex atleta forma parte del equipo que supervisa la residencia y sus habitaciones separadas por plantas: hay una para las chicas menores, una para los chicos mayores y una última mixta para los mayores de edad.

El centro tiene protocolo contra el bullying o el acoso sexual y un reglamento de convivencia, con sus faltas leves, graves y muy graves, que pueden llevar a la expulsión. «No hay muchos casos muy graves, dos o tres al año como mucho», señala Regüela, que rehúsa dar ejemplos. El personal del centro está formado para identificar situaciones problemáticas, como el deportista que siempre come solo, o aquel que deja mucha comida en el plato, aunque siempre «con discreción».

El uso del móvil es libre -«no sirve restringir, solo educar sobre su uso»- y hay máquinas de preservativos en los lavabos. «Hay relaciones, claro, a diario; sería ingenuo pensar lo contrario. De aquí han salido matrimonios, recuerdo una boda de dos deportistas de tenis de mesa», reconoce la ex atleta.

La historia de la 313

Un residente, el atleta Josué Canales, le secunda: «Siempre hay salseo. Mucha gente joven, atractiva... siempre pasa algo. Pero se descansa bien. Yo estoy en la planta de mayores y somos serios. Los más jóvenes tienen más jaleo». Hace unos meses, Netflix estrenó una serie, Olympo, ambientada en un ficticio CAR Pirineos, donde todo eran amoríos, envidias y calenturas. La realidad no es para tanto. «Tampoco hay grandes movidas como en la serie», rectifica Canales, que tiene una prebenda en el CAR.

Aunque las habitaciones rotan cada año, la suya era la 313; es la 313 y será la 313 hasta que se vaya. Es lo que tiene batir el récord de España indoor de los 800 metros y celebrarlo haciendo un 313 con los dedos.

Venía de un entorno complicado en Girona y aquí se encontró «un cambio brutal». «Para mí fue un sueño. Cuando llegué pensé: 'Ahora ya no tengo excusas, me toca luchar'».

A sus 24 años, Canales sigue la estrategia de todos los veteranos: ahorrar y estudiar a distancia y prepararse para salir del Centro de Alto Rendimiento con todo preparado. «Es lo que hacemos todos», admite justo al salir de la pista de atletismo.

De camino a la residencia se encuentra con la pared de escalada de velocidad, última incorporación al centro junto al segundo gimnasio. Mientras se prepara la renovación del gimnasio principal, una mole de 400 metros cuadrados, se ha creado un box de crossfit con lo último de lo último.

De dónde sale el dinero

«Intentamos tenerlo todo actualizado, aunque evidentemente es un centro público y todo tiene sus tiempos», acepta Natalia Rovira, preparadora física del CAR y ex gimnasta.

El CAR de Sant Cugat cuenta este año con siete millones procedentes de la Generalitat, tres millones y medio del Consejo Superior de Deportes y otros tres de la facturación propia obtenida de alquilar las instalaciones a otros organismos. El CAR de Madrid, en cambio, vive principalmente del CSD, del que recibe casi 10 millones.

Rovira, en el CAR.

Rovira, en el CAR.GORKA LOINAZ

«En un CAR no tienes que preocuparte de nada, puedes centrarte en lanzar tu carrera deportiva. La sociedad y el deporte evolucionan, pero esto sigue siendo un lujo», finaliza Rovira.

Ya es tarde y el comedor del CAR se llena de nuevo. Andrea Fuentes sigue a la carrera, los halterófilos continúan repitiendo proteína y Josué Canales entrena de nuevo.. Afuera, en Girona o en Canarias o en cualquier pueblo de España, hay cientos de adolescentes soñando con llegar aquí. Dentro, entre el salseo y la presión por renovar la beca, los que ya lo lograron saben que esto es un privilegio. Un privilegio agotador, pero privilegio al fin.

Anna Tarrés: "Fui la villana más villana del mundo mundial, pero me afectó menos de lo que la gente piensa"

Anna Tarrés: “Fui la villana más villana del mundo mundial, pero me afectó menos de lo que la gente piensa”

La vida después de la cancelación, ¡qué vida más dulce! En el Club Kallipolis de Barcelona, el club que creó la natación sincronizada en España, su club, Anna Tarrés habla con EL MUNDO con la tranquilidad de quien ya es inmune. "Si digo algo polémico, pues muy bien, ya ves tú", asume. Tras dirigir la época dorada de la sincro, con las medallas de Gemma Mengual, Andrea Fuentes y Ona Carbonell, en 2012 fue denigrada y despedida por la denuncia de algunas ex pupilas sobre sus métodos y sus palabras, como aquellos "gordis".

En los tribunales demostró que la Federación Española había orquestado una campaña para echarla y le pagaron más de 400.000 euros de indemnización, pero igualmente tuvo que empezar de nuevo. Mientras se metía en política como diputada de Junts per Catalunya entre 2018 y 2020, entrenó a equipos menores como México, Francia, Ucrania o Israel hasta que llegó China para entregarle su sincronizada. En los pasados Juegos Olímpicos de París 2024 devolvió la confianza con el oro por equipos por delante de España, bronce después de una década en blanco sin ella.

Sigue dirigiendo a China. ¿Son diferentes las nadadoras allí?
La sociedad es diferente. Allí el respeto hacia el superior y la disciplina son valores muy arraigados, y tienen otro concepto de la cantidad de horas de trabajo necesarias para conseguir algo. Pero, por otro lado, las relaciones son un poco más frías. Ese es el cambio más importante en el que he trabajado allí: ahora las nadadoras se emocionan, transmiten sentimientos, son más generosas con su energía.
Son más disciplinadas, pero también habrá quien se queje.
Aquí se discute más a los entrenadores, eso seguro. La juventud es la misma en todas partes, no lo niego, pero allí el trabajo es sagrado y por eso les va como les va. Están educados en otros valores y, antes de sublevarse, razonan un poco más. Por cultura, las nadadoras en China son menos espontáneas, menos exageradas, menos emotivas.
Decía Toni Nadal que a los jóvenes aquí no se les prepara para las dificultades que hay en la vida.
Es así. No se les prepara para tolerar la frustración. Estamos malentendiendo el estado del bienestar: les explicamos que el resultado puede ser inmediato y a un precio realmente bajo. Que todo sea placentero, que nada cueste, que no se cansen, que no sufran. En ese sentido estamos haciendo una sociedad más débil.
Hace unos meses, en EL MUNDO entrevistamos a Andrea Fuentes, seleccionadora de España y ex pupila suya, y nos dijo lo siguiente: "En China todavía siguen el sistema antiguo, el más obediente, y quiero ver cuánto aguantan ahí. Cuando sus nadadoras vean en TikTok que vivimos mejor y las podemos ganar, pensarán: ¿y yo por qué tengo que aguantar este trato?".
Tenemos sistemas diferentes porque las sociedades son diferentes. En China he adaptado mi método a la sociedad de allí. A mí me parece que España ha tenido mucha suerte al fichar a Andrea y que volvamos a donde lo dejamos en 2012. Esa manera de plantear las coreografías, de vender el deporte al público, los jueces, esa investigación con la música... Me parece que es una alumna muy aventajada y una rival muy interesante.
¿Diría que fue demasiado severa con las nadadoras cuando era seleccionadora española?
Fui todo lo exigente que tenía que ser y todo lo trabajadora que tenía que ser. Nunca he negado que fue duro, pero los inicios son así. Hay que contextualizar la historia para entenderla. Cuando empecé, en 1997, el entorno era completamente distinto. Yo tenía que luchar por una calle en una piscina pública, no tenía ninguna ayuda económica y me faltaban recursos humanos. Ahora tienen una piscina en exclusiva en el CAR de Sant Cugat, becas, facilidades para compaginarlo con los estudios... Yo tuve que sacar agua de las piedras. Empezamos de cero hasta llegar a ganar medallas ante potencias como Rusia. Trabajamos muchísimo.
La mayoría de quejas se centraron en el tema del control de peso. ¿Por qué esa obsesión?
Te lo pregunto a ti: ¿Por qué la sociedad tiene esa obsesión? A nivel social, las mujeres necesitamos tener unas medidas, mantener una imagen, y en un deporte artístico eso influye. Además, un cuerpo atlético rinde mucho más: sale más alto del agua, va más fuerte.

Gorka Loinaz / Araba PressAraba

¿Cómo vivió ser la mala de España durante unos meses?
Al principio fue un shock. Pasé de ser la entrenadora más laureada a la villana más villana del mundo mundial de la noche a la mañana. Pero entendí que me había convertido en una persona muy incómoda por todo lo que había reivindicado. Todo lo hice por el bien del deporte, e hice muchas cosas, aunque me equivocara en algunas. Cuando alguien lucha por lo que le toca, combate la desigualdad y se enfrenta a la autoridad, pasan estas cosas. Al final, me afectó menos de lo que la gente piensa.
Siguió trabajando en la sincronizada.
Eso fue lo que hice: seguir con una vida normal, con las amistades de antes, en mi club de toda la vida y aportando al deporte todo aquello que sé. Convertimos un deporte que nadie conocía en un deporte importante y me siento pionera. Fui la primera entrenadora con un contrato laboral en toda España. No fue un camino de color de rosa, pero hice las cosas como las supe hacer.
Y de paso se metió en política, como diputada de Junts en el Parlament. ¿Lo volvería a hacer?
En la primera línea, no, pero cuando la sincronizada se acabe quizá, no sé. Podría aportar, ayudar a mi manera. Sigo vinculada a la gente que trabaja en el Parlament, me alimenta la mente y el alma y aporto mi opinión en lo que me parece.
¿Sigue creyendo que la independencia de Cataluña es posible?
Siento que estamos en un punto muerto, pero a veces se necesitan estos momentos para recapacitar, para analizar dónde estamos y hacia dónde queremos ir. Yo lo tengo un poquito difícil para ver una Cataluña independiente, pero tengo claro que veré una Cataluña más fuerte, con más peso en el conjunto del Estado.
¿Qué le parece el auge de la extrema derecha independentista?
Estos partidos surgen como respuesta a unas necesidades sociales. Tenemos que escuchar y no dejar que la extrema derecha avance. Debemos hacer más políticas sociales, de igualdad y justicia, en todos los sentidos. Nos tenemos que poner todas las pilas para dar un mensaje claro y, sobre todo, ejercer estas políticas que todos queremos.
¿Volvería a entrenar a España?
No, no volveré. Tengo contrato con China hasta los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028 y no creo que me dé tiempo de hacer más cosas después. También quiero descansar. Entrenar a España es algo que ya he hecho y ya hay quien lo está haciendo muy bien.
¿Tuvo algún problema en dirigir a España siendo independentista?
Cuando estaba haciendo deporte, no estaba haciendo política. Lo que hice estaba fuera de todo eso. Lo más importante siempre fue el equipo por encima de otras historias. En Cataluña me consideraban muy española y en España, muy catalana. Pero siempre fui fiel a la gente con la que trabajaba, al grupo.
Así es el entrenamiento de los astronautas: ocho horas bajo el agua con un traje de 150 kilos, un 25% menos de músculo en seis meses en la Estación Espacial y riesgo de trombos al volver

Así es el entrenamiento de los astronautas: ocho horas bajo el agua con un traje de 150 kilos, un 25% menos de músculo en seis meses en la Estación Espacial y riesgo de trombos al volver

Preparados, listos, inmersión. En una esquina del Centro Europeo de Astronautas de Colonia, un aspirante a astronauta se sumerge en la piscina y desciende, desciende y desciende hasta tocar fondo a 10 metros bajo el agua para empezar su entrenamiento. Allí estará cinco, seis, siete y hasta ocho horas haciendo maniobras con múltiples herramientas dentro de un traje espacial que pesa 150 kilos, que es rígido como una mala cosa y que exige máxima concentración.

«Es lo más duro de nuestra preparación para ir a la Estación Espacial Internacional (EEI). Solo hacemos una sesión de piscina a la semana porque acabamos reventados», comenta Pablo Álvarez, el español que espera una misión para salir al espacio, sobre el trabajo en el tanque de inmersión de la Agencia Espacial Europea (ESA).

«Así simulamos las actividades extravehiculares que haremos en la Estación Espacial. Cuando haya que hacer alguna reparación en el exterior debemos estar familiarizados con el traje, que tiene siete capas de distintos materiales y que, además, está presurizado. Está súper duro. Es como apretar una pelota de tenis todo el rato. Cuesta cualquier movimiento y las manos sufren bastante», expone el astronauta.

No superhéroes, solo personas sanas

La vida en la Estación Espacial Internacional, que este 2025 ha cumplido 25 años de ocupación continua, no es exigente, pero requiere cierta preparación física antes, durante y después de las misiones. No se trata de que quienes vayan al espacio sean superhéroes, pero sí que dominen ejercicios específicos para que no haya contratiempos.

Hay una máxima: «Que no haya lesiones». Y todo lo demás es salud... y fuerza en las manos.

«Queremos que los astronautas estén bien físicamente sin buscar máximos. Desde que entran en el programa hasta que regresan de la EEI les entrenamos para que tengan buena salud. Necesitan la fuerza y resistencia suficiente para estar seis meses en el espacio, ni más ni menos», resume Laura Weyrowitz, entrenadora de la ESA y ex saltadora de pértiga. Alemana de nacimiento, hace años fue campeona de Cataluña porque estudió en Barcelona.

«Para entendernos, tienen que poder correr o hacer bici durante una hora, pero no necesitan completar un maratón o un Ironman. En lo único que deben sobresalir es en la fuerza de agarre de las manos. Eso sí lo trabajamos de forma específica, porque es esencial para utilizar el traje espacial. Si hay algún aficionado a la escalada sabemos que tenemos mucho ganado», añade quien diseña los planes de aquellos astronautas que están en la Tierra, como Álvarez, y de los que están más allá de los cielos.

La clavícula rota que casi le cuesta su sueño

«El programa de la ESA empieza con cinco días de pruebas, pero pruebas médicas, no pruebas físicas. Lo más parecido puede ser un test de esfuerzo que te suelen hacer sobre una bicicleta estática para conocer tu frecuencia cardíaca y tu VO2 máximo. Pero todo lo demás son resonancias magnéticas, TACs, pruebas oculares... Quieren que estés sano, no que seas un atleta», apunta Álvarez con una historia muy propia sobre sus primeros días como astronauta hace ya tres años.

Ingeniero aeroespacial y aficionado al tenis de mesa —fue campeón de España por equipos—, durante el proceso de selección se entregó a la bicicleta y justo antes de ser elegido se rompió la clavícula por culpa de una caída bajando La Camperona, en su León natal. Su sueño, destrozado. Su carrera, contra el asfalto.

«Me tuvieron que poner una prótesis y pensé que me descartarían. Pero pude seguir en el programa. En la ESA analizan cada problema físico que tengas, hacen una matriz de riesgos de cara a la misión y deciden en consecuencia», desvela el español, que mide 1,87 metros, hecho que también puso en riesgo su participación. Para viajar a la EEI, por motivos logísticos, se establece una altura mínima de 1,50 metros y una altura máxima de 1,90 metros, y él rozaba ese límite.

Tres módulos en el espacio

Desde entonces su puesto no ha corrido peligro. Sin más lesiones ni sustos, en el Centro Europeo de Astronautas de Colonia cumple con su programa de entrenamientos mientras espera el momento de salir de la atmósfera. Cada semana tocan tres días de resistencia, carrera a pie o bicicleta, y tres días de fuerza, con especial atención en la técnica. Porque eso sí marcará la diferencia en el espacio.

En la Estación Espacial Internacional hay tres módulos especiales para hacer deporte: una bicicleta estática —que en realidad es un ergómetro a pedales—, una cinta de correr y una multiestación de fuerza. Las tres tienen su complejidad de uso, pero la multiestación de fuerza, que funciona gracias a un sistema de pistones, es la que entraña más riesgo de lesión.

«Se pueden hacer un montón de ejercicios clásicos de gimnasio, como sentadillas, peso muerto o press de banca, pero deben salir de la Tierra con la técnica muy bien aprendida. El típico dolor de lumbares, por ejemplo, puede poner en peligro la misión», analiza la preparadora Laura Weyrowitz, que asegura que los astronautas están obligados a realizar una hora de ejercicio diario allí arriba.

Por la ingravidez y todo lo que conlleva, en una misión de seis meses se puede llegar a perder un 25% de musculatura y hay que evitarlo.

Ejercicio en microgravedad

Hay que hacer pesas, hay que correr y hay que pedalear. Aunque cueste pillarle el truco.

«Para utilizar la bicicleta tienen que ponerse un cinturón que va sujeto a la pared. No hay sillín, están flotando. Parece difícil, pero normalmente no tardan en adaptarse. Quizá sea un poco más complicado disfrutar de la cinta de correr porque se tienen que colocar un arnés que les sujeta al suelo. Al principio de la misión no es tan importante, pero al final es esencial que corran y caminen para trabajar la locomoción», comenta Weyrowitz.

La entrenadora reconoce que en la Estación Espacial hay poco ejercicio por diversión. Ha habido algún rato de fútbol o baloncesto en microgravedad para celebrar el inicio de un Mundial o unos Juegos Olímpicos, pero nada periódico, mucho menos organizado por la ESA. Solo faltaba que hubiera algún encontronazo y alguien acabara herido.

Lo más cercano al ocio fue el maratón en el espacio que completó el astronauta británico Tim Peake en 2016 al mismo tiempo que se disputaba el maratón de Londres. «Se ha hecho algún experimento con realidad virtual, pero el entretenimiento no es el objetivo», acepta la preparadora, cuyo trabajo no acaba cuando los astronautas vuelven a la Tierra. Más bien al contrario.

El peligroso regreso

El regreso es el momento más peliagudo de todas las misiones por varias razones. Una, por ejemplo, es el riesgo de sufrir una hernia: los astronautas se estiran entre cinco y siete centímetros sin gravedad y al volver las vértebras sufren en exceso. Aunque el mayor peligro seguramente es cardiovascular.

«Con la microgravedad todos los fluidos corporales, especialmente la sangre, se desplazan hacia la cabeza y al volver los astronautas duermen con los médicos al lado por si sufren un trombo. Es un efecto que tiene equipos de estudio enteros», subraya Pablo Álvarez.

Desde hace más de una década la Agencia Espacial Europea (ESA) lleva a cabo experimentos para estudiar el movimiento de la sangre en los astronautas y prevenir posibles sustos. Uno de esos estudios consistió en escoger a un grupo de voluntarios, estirarlos en una cama con la cabeza inclinada seis grados hacia abajo y no dejar que se levantaran durante 60 días. ¡60 días! Cobraron un buen dinero, 15.000 euros, pero menuda tortura.

«Los astronautas no tenemos que pasar por eso, pero somos sujetos de decenas de estudios. Por ejemplo, en la Estación Espacial se te deforman los ojos y eso también se analiza al detalle. Al final lejos de la Tierra se puede conocer mucho del ser humano», finaliza Álvarez, el próximo español que visitará el espacio y se ejercitará en él.

10 personas en la Estación Espacial

Ahora mismo en la Estación Espacial Internacional (EEI) hay 10 personas de varias agencias espaciales, combinando estadounidenses, rusos y un japonés, formando parte de la Expedición 73. La tripulación incluye a Anne McClain (NASA, EEUU), Nichole Ayers (NASA, EEUU) y Jonny Kim (NASA, EEUU), quienes llegaron en abril de 2025 y han pasado más de ocho meses en microgravedad realizando investigaciones científicas. Junto a ellos está Takuya Onishi (JAXA, Japón), experto en operaciones de microgravedad y con experiencia previa en la ISS.

Por parte de Roscosmos (Rusia) están Sergey Ryzhikov y Alexey Zubritsky, también desde abril, y Kirill Peskov, todos apoyando sistemas rusos y experimentos en la estación. Recientemente, el 27 de noviembre de 2025 se unieron tres nuevos miembros desde el Cosmodromo de Baikonur a bordo de la Soyuz MS-28: el astronauta Chris Williams (NASA, EEUU) y los cosmonautas Sergey Kud-Sverchkov y Sergei Mikaev (ambos de Roscosmos), quienes elevaron la presencia a 10 personas y continuarán la misión hasta mediados de 2026. Estos astronautas trabajan en decenas de experimentos que abarcan biomedicina, física de fluidos y estudios en microgravedad, cada uno con periodos típicos de permanencia de seis a ocho meses.

Entrenar de noche, a la pata coja o estar tres días en silencio: la revolución española que rompió el dominio coreano del tiro con arco

Entrenar de noche, a la pata coja o estar tres días en silencio: la revolución española que rompió el dominio coreano del tiro con arco

Chung Jae-Hun, Im Dong-Hyun, Lee Chang-Hwan, Kim Woo-Jin, Lee Seung-Yun... Así sigue el palmarés hasta que aparece Andrés Temiño. En el pasado Mundial de tiro con arco, un español asaltó la historia para proclamarse campeón individual y campeón en el doble mixto junto a Elia Canales. Fue un deporte dominado durante décadas por Corea del Sur, con clases desde la escuela, millones de practicantes y hasta una liga profesional. Pero ya no lo es.

Ahora manda un país, España, que sólo cuenta con 20.000 federados y 500 clubes, gracias a una cualidad olvidada, menospreciada, repudiada en Asia: la creatividad. Si allí el entrenamiento se basa en la repetición —en lanzar miles y miles de flechas cada día—, aquí se centra en la variabilidad. ¿Hacer voto de silencio en un convento de Lleida para mejorar la concentración? Claro. ¿Entrenar en la oscuridad de la noche en Ibiza? Por supuesto.¿Y hacerlo a la pata coja o de mil maneras distintas? ¿Por qué no?

«No nos aburrimos», admite Temiño en conversación con EL MUNDO en el Centro de Alto Rendimiento de Madrid, donde sigue preparándose con la mente en un único objetivo: el oro en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028.

Han roto con el método coreano.
Supongo que sí, aunque no es cosa mía. Hace unos años que el cuerpo técnico de la selección empezó a introducir ejercicios diferentes y nuestro método ya no se basa en la repetición exagerada como antes. Antes les copiábamos, y ahora ya no. Creo que los coreanos alucinarían si vieran cómo entrenamos. Hay un momento en el que, tirando normal, ya no hay mucho margen de mejora: puedes estarte horas y horas y progresar es muy difícil. Por eso es mejor si lo complicas. Tiramos a la pata coja, tiramos con los ojos cerrados, mal colocados, desde muy lejos, a dianas muy pequeñas... Tenemos un entrenador, Carlos Morillo, que es psicólogo y nos propone cosas así.
Como tirar flechas de noche.
Eso empezó como un experimento y funcionó. Estábamos en una concentración en Ibiza y los técnicos nos propusieron tirar de noche para ver qué sentíamos. Apagaron todas las luces del campo de tiro, dejaron sólo un foco en la diana, y nos dimos cuenta de que las sensaciones se multiplicaban. Como no te ves, la propiocepción aumenta un montón: notas mucho más lo que estás haciendo.
Después de ganar un Mundial parece una genialidad, pero podía haber sido un desastre.
Al principio era un poco raro. Todos habíamos tirado a la pata coja o con los ojos cerrados por hacer la broma, y cuando te dicen que lo hagas en un entrenamiento de la selección te sorprende. Pero luego te das cuenta de que si te ponen en dificultades, mejoras cuando vuelves a tirar normal. Esa capacidad de adaptación te da un plus.
Todo está en la cabeza.
Totalmente. De ahí viene la meditación. El tiro con arco tiene mucha relación con la meditación, con el autocontrol, con la respiración. Fue muy útil ir al monasterio [de Les Avellanes, en mitad de la sierra del Montsec, cerca de Lleida] antes de los Juegos Olímpicos de París y estar tres días en silencio. Al principio costaba no hablar entre nosotros, especialmente en las comidas, pero aprendimos a estar en el momento presente, a recuperar el foco...

SERGIO GONZÁLEZ

En estos tiempos, el tiro con arco es un deporte contracultural.
Todos los deportes te exigen concentración: en uno de contacto, o estás presente o te meten un castañazo. Pero en el tiro con arco es básico. Si estás nervioso, es imposible. Aquí gana el más tranquilo. Tienes que estar lo más zen posible, apartar los juicios, olvidar las expectativas.
Hablando de eso, no estuvo en los Juegos Olímpicos de París. Pese a sus 20 años [ahora 21], era candidato a medalla y se quedó en la clasificación.
Pasó lo que pasó, y aprendí mucho sobre mí mismo. El año pasado, antes de los Juegos, hubo un momento crítico en el que empecé a pensar en las expectativas, en lo que podría ganar, en el futuro... y acumulé mucha tensión. Me pudo la presión. Para mí, lo mejor del último Mundial no fueron los dos oros, sino ver que podía gestionar la presión, que no volvía a caer en el mismo error.

Transporte y Logística

¿El Mundial le ha cambiado la vida?
Qué va. Me bajé del podio y todo se había terminado. He dado algunas entrevistas, pero mi vida es exactamente la misma.
Del tiro con arco no se puede vivir.
Ojalá, pero aquí en España es imposible. La única forma de vivir del tiro con arco es ser entrenador en un club o conseguir una medalla en los Juegos Olímpicos o en los Mundiales, pero eso puede ofuscarte. Si dependes de una competición para subsistir, es muy difícil que lo hagas bien. Yo tiro porque me gusta, no por dinero. Si lo hiciera por dinero, estaría jodido.
Su padre precisamente era entrenador en su ciudad, Zaragoza.
Sí, pero por hobby. Se dedicaba al mantenimiento. Practicaba aeromodelismo, pero cuando yo nací ya no tenía tanto tiempo y empezó con el tiro con arco. Le gustó, y cuando crecí fue mi entrenador hasta que me fui al CAR. Ahora lo ha dejado. En realidad, ni yo sé si me dedicaré a entrenar. Estoy estudiando online un grado superior en Transporte y Logística porque tiene muchas salidas.
¿Cómo se celebran dos oros en un Mundial?
En casa, con la familia. Me dieron tres semanas de descanso y estuve con los míos, haciendo vida normal. No tenía que entrenar si no quería, pero fui un par de días a practicar. Hasta los próximos Juegos Olímpicos queda mucho, y quiero estar en el momento presente, no volver a perderme en el camino.