Un día en un Centro de Alto Rendimiento: "Siempre hay salseo. Mucha gente joven, fuerte, atractiva... siempre pasa algo"

Un día en un Centro de Alto Rendimiento: “Siempre hay salseo. Mucha gente joven, fuerte, atractiva… siempre pasa algo”

Pasta con tomate y ensalada lleva Andrea Fuentes en la bandeja y come a toda prisa; se va también volando, siempre a la carrera, la seleccionadora de sincronizada. Las nadadoras de su equipo, en cambio, se esparcen en su conversación en una de las mesas que dan a la ventana y son las más ruidosas hasta que aparece el grupo de halterófilos, que repite de carne, y de pescado, y de todo aquello que rebose proteína.

Al mediodía, el comedor del Centro de Alto Rendimiento (CAR) de Sant Cugat es un muestrario del deporte español. Se puede hacer un juego divertido: mirar quién entra y descifrar su disciplina.

«Cuando llegué, la gente me preguntaba: '¿Trial? ¿Eso qué es?' Pero yo les decía: "¿Gimnasia de trampolín? ¿Eso qué es?" En realidad, eso es lo más chulo. Normalmente los equipos van juntos y los que venimos de deportes individuales, minoritarios, hacemos piña. El tiro, la escalada, la esgrima...», cuenta Berta Abellán, vigente campeona del mundo de trial, que lleva aquí 10 años como externa.

Abellán, en el CAR.

GORKA LOINAZ

En España hay cuatro Centros de Alto Rendimiento y nueve Centros de Especialización de Tecnificación Deportiva, pero solo en dos se puede vivir y estudiar: Madrid y Sant Cugat.

Ambos se crearon al calor de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, ambos tienen más o menos las mismas plazas -algo menos de 300-, en ambos se cursa ESO, Bachillerato y algunos grados medios y superiores, y ambos ofrecen servicios parecidos: preparación física, medicina, fisioterapia, nutrición, fisiología, psicología, biomecánica...

Conseguir una beca interna, con cama en habitación doble y comida, es un sueño para cualquier deportista de entre 16 y 20 años, por las instalaciones, la ayuda de profesionales y la facilidad para compaginar estudios y entrenamientos.

"Sólo veo dos cosas malas"

«Lo tienes todo a mano y el instituto del CAR tiene una dinámica diferente. En mi escuela pensaban que me inventaba competiciones para no ir a clase. Aquí los profesores te apoyan», explica Abellán, que añade: «Solo veo dos cosas malas: la presión por renovar la beca y el peligro de que te satures. Viviendo aquí puedes cansarte de tanto deporte, no airear la cabeza».

Esa explicación descifra por qué han cambiado los dos grandes CAR de España desde su creación. En sus inicios solían acoger deportistas ya formados que, en sus lugares de nacimiento, no tenían medios para entrenar: era normal ver a residentes que superasen los 25 años. Ahora, en cambio, los menores de edad son mayoría; el CAR es un lugar de paso y, en cuanto maduran, se van a vivir fuera.

De hecho, solo media docena de residentes en Sant Cugat -varias nadadoras de sincronizada y el atleta Josué Canales-, estuvieron en los Juegos Olímpicos de París 2024, aunque en el lugar se prepararon los conjuntos de waterpolo, rítmica o hockey hierba, además de escaladores, atletas, taekwondistas, gimnastas...

La supervisión de profesionales

«El CAR es cada vez más para etapas formativas. Fuera de aquí hay mejores instalaciones que antes, es más fácil el acceso a los profesionales... Pero esto sigue siendo un privilegio», proclama Susana Regüela, jefa de la Unidad de acompañamiento a los deportistas, que fue residente en el CAR como lanzadora en los años 90.

Regüela asume la presión que puede generar el lugar: «En el departamento de psicología hay varios temas recurrentes: está el peso que genera ser becado en el CAR, la presión por no perder la beca y está la soledad. Hay mucho jaleo, pero también ausencia». «Recuerdo una deportista canaria que me decía: 'Llevo tres meses aquí y nadie me ha abrazado'».

«Cada vez tenemos una mirada más holística sobre el deportista; antes todo era entrenar. Todo ha cambiado. Los jóvenes ahora necesitan cosas como Wi-Fi o aire acondicionado. Nosotros traíamos ventiladores de casa y hacíamos inventos con hielo», recuerda Regüela y comenta: «Además, las familias quieren estar presentes, ser parte del CAR. Yo pasé aquí una década y mis padres solo vinieron una vez, para traerme».

Regüela, en el CAR

Regüela, en el CARGORKA LOINAZ

La ex atleta forma parte del equipo que supervisa la residencia y sus habitaciones separadas por plantas: hay una para las chicas menores, una para los chicos mayores y una última mixta para los mayores de edad.

El centro tiene protocolo contra el bullying o el acoso sexual y un reglamento de convivencia, con sus faltas leves, graves y muy graves, que pueden llevar a la expulsión. «No hay muchos casos muy graves, dos o tres al año como mucho», señala Regüela, que rehúsa dar ejemplos. El personal del centro está formado para identificar situaciones problemáticas, como el deportista que siempre come solo, o aquel que deja mucha comida en el plato, aunque siempre «con discreción».

El uso del móvil es libre -«no sirve restringir, solo educar sobre su uso»- y hay máquinas de preservativos en los lavabos. «Hay relaciones, claro, a diario; sería ingenuo pensar lo contrario. De aquí han salido matrimonios, recuerdo una boda de dos deportistas de tenis de mesa», reconoce la ex atleta.

La historia de la 313

Un residente, el atleta Josué Canales, le secunda: «Siempre hay salseo. Mucha gente joven, atractiva... siempre pasa algo. Pero se descansa bien. Yo estoy en la planta de mayores y somos serios. Los más jóvenes tienen más jaleo». Hace unos meses, Netflix estrenó una serie, Olympo, ambientada en un ficticio CAR Pirineos, donde todo eran amoríos, envidias y calenturas. La realidad no es para tanto. «Tampoco hay grandes movidas como en la serie», rectifica Canales, que tiene una prebenda en el CAR.

Aunque las habitaciones rotan cada año, la suya era la 313; es la 313 y será la 313 hasta que se vaya. Es lo que tiene batir el récord de España indoor de los 800 metros y celebrarlo haciendo un 313 con los dedos.

Venía de un entorno complicado en Girona y aquí se encontró «un cambio brutal». «Para mí fue un sueño. Cuando llegué pensé: 'Ahora ya no tengo excusas, me toca luchar'».

A sus 24 años, Canales sigue la estrategia de todos los veteranos: ahorrar y estudiar a distancia y prepararse para salir del Centro de Alto Rendimiento con todo preparado. «Es lo que hacemos todos», admite justo al salir de la pista de atletismo.

De camino a la residencia se encuentra con la pared de escalada de velocidad, última incorporación al centro junto al segundo gimnasio. Mientras se prepara la renovación del gimnasio principal, una mole de 400 metros cuadrados, se ha creado un box de crossfit con lo último de lo último.

De dónde sale el dinero

«Intentamos tenerlo todo actualizado, aunque evidentemente es un centro público y todo tiene sus tiempos», acepta Natalia Rovira, preparadora física del CAR y ex gimnasta.

El CAR de Sant Cugat cuenta este año con siete millones procedentes de la Generalitat, tres millones y medio del Consejo Superior de Deportes y otros tres de la facturación propia obtenida de alquilar las instalaciones a otros organismos. El CAR de Madrid, en cambio, vive principalmente del CSD, del que recibe casi 10 millones.

Rovira, en el CAR.

Rovira, en el CAR.GORKA LOINAZ

«En un CAR no tienes que preocuparte de nada, puedes centrarte en lanzar tu carrera deportiva. La sociedad y el deporte evolucionan, pero esto sigue siendo un lujo», finaliza Rovira.

Ya es tarde y el comedor del CAR se llena de nuevo. Andrea Fuentes sigue a la carrera, los halterófilos continúan repitiendo proteína y Josué Canales entrena de nuevo.. Afuera, en Girona o en Canarias o en cualquier pueblo de España, hay cientos de adolescentes soñando con llegar aquí. Dentro, entre el salseo y la presión por renovar la beca, los que ya lo lograron saben que esto es un privilegio. Un privilegio agotador, pero privilegio al fin.

Anna Tarrés: "Fui la villana más villana del mundo mundial, pero me afectó menos de lo que la gente piensa"

Anna Tarrés: “Fui la villana más villana del mundo mundial, pero me afectó menos de lo que la gente piensa”

La vida después de la cancelación, ¡qué vida más dulce! En el Club Kallipolis de Barcelona, el club que creó la natación sincronizada en España, su club, Anna Tarrés habla con EL MUNDO con la tranquilidad de quien ya es inmune. "Si digo algo polémico, pues muy bien, ya ves tú", asume. Tras dirigir la época dorada de la sincro, con las medallas de Gemma Mengual, Andrea Fuentes y Ona Carbonell, en 2012 fue denigrada y despedida por la denuncia de algunas ex pupilas sobre sus métodos y sus palabras, como aquellos "gordis".

En los tribunales demostró que la Federación Española había orquestado una campaña para echarla y le pagaron más de 400.000 euros de indemnización, pero igualmente tuvo que empezar de nuevo. Mientras se metía en política como diputada de Junts per Catalunya entre 2018 y 2020, entrenó a equipos menores como México, Francia, Ucrania o Israel hasta que llegó China para entregarle su sincronizada. En los pasados Juegos Olímpicos de París 2024 devolvió la confianza con el oro por equipos por delante de España, bronce después de una década en blanco sin ella.

Sigue dirigiendo a China. ¿Son diferentes las nadadoras allí?
La sociedad es diferente. Allí el respeto hacia el superior y la disciplina son valores muy arraigados, y tienen otro concepto de la cantidad de horas de trabajo necesarias para conseguir algo. Pero, por otro lado, las relaciones son un poco más frías. Ese es el cambio más importante en el que he trabajado allí: ahora las nadadoras se emocionan, transmiten sentimientos, son más generosas con su energía.
Son más disciplinadas, pero también habrá quien se queje.
Aquí se discute más a los entrenadores, eso seguro. La juventud es la misma en todas partes, no lo niego, pero allí el trabajo es sagrado y por eso les va como les va. Están educados en otros valores y, antes de sublevarse, razonan un poco más. Por cultura, las nadadoras en China son menos espontáneas, menos exageradas, menos emotivas.
Decía Toni Nadal que a los jóvenes aquí no se les prepara para las dificultades que hay en la vida.
Es así. No se les prepara para tolerar la frustración. Estamos malentendiendo el estado del bienestar: les explicamos que el resultado puede ser inmediato y a un precio realmente bajo. Que todo sea placentero, que nada cueste, que no se cansen, que no sufran. En ese sentido estamos haciendo una sociedad más débil.
Hace unos meses, en EL MUNDO entrevistamos a Andrea Fuentes, seleccionadora de España y ex pupila suya, y nos dijo lo siguiente: "En China todavía siguen el sistema antiguo, el más obediente, y quiero ver cuánto aguantan ahí. Cuando sus nadadoras vean en TikTok que vivimos mejor y las podemos ganar, pensarán: ¿y yo por qué tengo que aguantar este trato?".
Tenemos sistemas diferentes porque las sociedades son diferentes. En China he adaptado mi método a la sociedad de allí. A mí me parece que España ha tenido mucha suerte al fichar a Andrea y que volvamos a donde lo dejamos en 2012. Esa manera de plantear las coreografías, de vender el deporte al público, los jueces, esa investigación con la música... Me parece que es una alumna muy aventajada y una rival muy interesante.
¿Diría que fue demasiado severa con las nadadoras cuando era seleccionadora española?
Fui todo lo exigente que tenía que ser y todo lo trabajadora que tenía que ser. Nunca he negado que fue duro, pero los inicios son así. Hay que contextualizar la historia para entenderla. Cuando empecé, en 1997, el entorno era completamente distinto. Yo tenía que luchar por una calle en una piscina pública, no tenía ninguna ayuda económica y me faltaban recursos humanos. Ahora tienen una piscina en exclusiva en el CAR de Sant Cugat, becas, facilidades para compaginarlo con los estudios... Yo tuve que sacar agua de las piedras. Empezamos de cero hasta llegar a ganar medallas ante potencias como Rusia. Trabajamos muchísimo.
La mayoría de quejas se centraron en el tema del control de peso. ¿Por qué esa obsesión?
Te lo pregunto a ti: ¿Por qué la sociedad tiene esa obsesión? A nivel social, las mujeres necesitamos tener unas medidas, mantener una imagen, y en un deporte artístico eso influye. Además, un cuerpo atlético rinde mucho más: sale más alto del agua, va más fuerte.

Gorka Loinaz / Araba PressAraba

¿Cómo vivió ser la mala de España durante unos meses?
Al principio fue un shock. Pasé de ser la entrenadora más laureada a la villana más villana del mundo mundial de la noche a la mañana. Pero entendí que me había convertido en una persona muy incómoda por todo lo que había reivindicado. Todo lo hice por el bien del deporte, e hice muchas cosas, aunque me equivocara en algunas. Cuando alguien lucha por lo que le toca, combate la desigualdad y se enfrenta a la autoridad, pasan estas cosas. Al final, me afectó menos de lo que la gente piensa.
Siguió trabajando en la sincronizada.
Eso fue lo que hice: seguir con una vida normal, con las amistades de antes, en mi club de toda la vida y aportando al deporte todo aquello que sé. Convertimos un deporte que nadie conocía en un deporte importante y me siento pionera. Fui la primera entrenadora con un contrato laboral en toda España. No fue un camino de color de rosa, pero hice las cosas como las supe hacer.
Y de paso se metió en política, como diputada de Junts en el Parlament. ¿Lo volvería a hacer?
En la primera línea, no, pero cuando la sincronizada se acabe quizá, no sé. Podría aportar, ayudar a mi manera. Sigo vinculada a la gente que trabaja en el Parlament, me alimenta la mente y el alma y aporto mi opinión en lo que me parece.
¿Sigue creyendo que la independencia de Cataluña es posible?
Siento que estamos en un punto muerto, pero a veces se necesitan estos momentos para recapacitar, para analizar dónde estamos y hacia dónde queremos ir. Yo lo tengo un poquito difícil para ver una Cataluña independiente, pero tengo claro que veré una Cataluña más fuerte, con más peso en el conjunto del Estado.
¿Qué le parece el auge de la extrema derecha independentista?
Estos partidos surgen como respuesta a unas necesidades sociales. Tenemos que escuchar y no dejar que la extrema derecha avance. Debemos hacer más políticas sociales, de igualdad y justicia, en todos los sentidos. Nos tenemos que poner todas las pilas para dar un mensaje claro y, sobre todo, ejercer estas políticas que todos queremos.
¿Volvería a entrenar a España?
No, no volveré. Tengo contrato con China hasta los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028 y no creo que me dé tiempo de hacer más cosas después. También quiero descansar. Entrenar a España es algo que ya he hecho y ya hay quien lo está haciendo muy bien.
¿Tuvo algún problema en dirigir a España siendo independentista?
Cuando estaba haciendo deporte, no estaba haciendo política. Lo que hice estaba fuera de todo eso. Lo más importante siempre fue el equipo por encima de otras historias. En Cataluña me consideraban muy española y en España, muy catalana. Pero siempre fui fiel a la gente con la que trabajaba, al grupo.
Así es el entrenamiento de los astronautas: ocho horas bajo el agua con un traje de 150 kilos, un 25% menos de músculo en seis meses en la Estación Espacial y riesgo de trombos al volver

Así es el entrenamiento de los astronautas: ocho horas bajo el agua con un traje de 150 kilos, un 25% menos de músculo en seis meses en la Estación Espacial y riesgo de trombos al volver

Preparados, listos, inmersión. En una esquina del Centro Europeo de Astronautas de Colonia, un aspirante a astronauta se sumerge en la piscina y desciende, desciende y desciende hasta tocar fondo a 10 metros bajo el agua para empezar su entrenamiento. Allí estará cinco, seis, siete y hasta ocho horas haciendo maniobras con múltiples herramientas dentro de un traje espacial que pesa 150 kilos, que es rígido como una mala cosa y que exige máxima concentración.

«Es lo más duro de nuestra preparación para ir a la Estación Espacial Internacional (EEI). Solo hacemos una sesión de piscina a la semana porque acabamos reventados», comenta Pablo Álvarez, el español que espera una misión para salir al espacio, sobre el trabajo en el tanque de inmersión de la Agencia Espacial Europea (ESA).

«Así simulamos las actividades extravehiculares que haremos en la Estación Espacial. Cuando haya que hacer alguna reparación en el exterior debemos estar familiarizados con el traje, que tiene siete capas de distintos materiales y que, además, está presurizado. Está súper duro. Es como apretar una pelota de tenis todo el rato. Cuesta cualquier movimiento y las manos sufren bastante», expone el astronauta.

No superhéroes, solo personas sanas

La vida en la Estación Espacial Internacional, que este 2025 ha cumplido 25 años de ocupación continua, no es exigente, pero requiere cierta preparación física antes, durante y después de las misiones. No se trata de que quienes vayan al espacio sean superhéroes, pero sí que dominen ejercicios específicos para que no haya contratiempos.

Hay una máxima: «Que no haya lesiones». Y todo lo demás es salud... y fuerza en las manos.

«Queremos que los astronautas estén bien físicamente sin buscar máximos. Desde que entran en el programa hasta que regresan de la EEI les entrenamos para que tengan buena salud. Necesitan la fuerza y resistencia suficiente para estar seis meses en el espacio, ni más ni menos», resume Laura Weyrowitz, entrenadora de la ESA y ex saltadora de pértiga. Alemana de nacimiento, hace años fue campeona de Cataluña porque estudió en Barcelona.

«Para entendernos, tienen que poder correr o hacer bici durante una hora, pero no necesitan completar un maratón o un Ironman. En lo único que deben sobresalir es en la fuerza de agarre de las manos. Eso sí lo trabajamos de forma específica, porque es esencial para utilizar el traje espacial. Si hay algún aficionado a la escalada sabemos que tenemos mucho ganado», añade quien diseña los planes de aquellos astronautas que están en la Tierra, como Álvarez, y de los que están más allá de los cielos.

La clavícula rota que casi le cuesta su sueño

«El programa de la ESA empieza con cinco días de pruebas, pero pruebas médicas, no pruebas físicas. Lo más parecido puede ser un test de esfuerzo que te suelen hacer sobre una bicicleta estática para conocer tu frecuencia cardíaca y tu VO2 máximo. Pero todo lo demás son resonancias magnéticas, TACs, pruebas oculares... Quieren que estés sano, no que seas un atleta», apunta Álvarez con una historia muy propia sobre sus primeros días como astronauta hace ya tres años.

Ingeniero aeroespacial y aficionado al tenis de mesa —fue campeón de España por equipos—, durante el proceso de selección se entregó a la bicicleta y justo antes de ser elegido se rompió la clavícula por culpa de una caída bajando La Camperona, en su León natal. Su sueño, destrozado. Su carrera, contra el asfalto.

«Me tuvieron que poner una prótesis y pensé que me descartarían. Pero pude seguir en el programa. En la ESA analizan cada problema físico que tengas, hacen una matriz de riesgos de cara a la misión y deciden en consecuencia», desvela el español, que mide 1,87 metros, hecho que también puso en riesgo su participación. Para viajar a la EEI, por motivos logísticos, se establece una altura mínima de 1,50 metros y una altura máxima de 1,90 metros, y él rozaba ese límite.

Tres módulos en el espacio

Desde entonces su puesto no ha corrido peligro. Sin más lesiones ni sustos, en el Centro Europeo de Astronautas de Colonia cumple con su programa de entrenamientos mientras espera el momento de salir de la atmósfera. Cada semana tocan tres días de resistencia, carrera a pie o bicicleta, y tres días de fuerza, con especial atención en la técnica. Porque eso sí marcará la diferencia en el espacio.

En la Estación Espacial Internacional hay tres módulos especiales para hacer deporte: una bicicleta estática —que en realidad es un ergómetro a pedales—, una cinta de correr y una multiestación de fuerza. Las tres tienen su complejidad de uso, pero la multiestación de fuerza, que funciona gracias a un sistema de pistones, es la que entraña más riesgo de lesión.

«Se pueden hacer un montón de ejercicios clásicos de gimnasio, como sentadillas, peso muerto o press de banca, pero deben salir de la Tierra con la técnica muy bien aprendida. El típico dolor de lumbares, por ejemplo, puede poner en peligro la misión», analiza la preparadora Laura Weyrowitz, que asegura que los astronautas están obligados a realizar una hora de ejercicio diario allí arriba.

Por la ingravidez y todo lo que conlleva, en una misión de seis meses se puede llegar a perder un 25% de musculatura y hay que evitarlo.

Ejercicio en microgravedad

Hay que hacer pesas, hay que correr y hay que pedalear. Aunque cueste pillarle el truco.

«Para utilizar la bicicleta tienen que ponerse un cinturón que va sujeto a la pared. No hay sillín, están flotando. Parece difícil, pero normalmente no tardan en adaptarse. Quizá sea un poco más complicado disfrutar de la cinta de correr porque se tienen que colocar un arnés que les sujeta al suelo. Al principio de la misión no es tan importante, pero al final es esencial que corran y caminen para trabajar la locomoción», comenta Weyrowitz.

La entrenadora reconoce que en la Estación Espacial hay poco ejercicio por diversión. Ha habido algún rato de fútbol o baloncesto en microgravedad para celebrar el inicio de un Mundial o unos Juegos Olímpicos, pero nada periódico, mucho menos organizado por la ESA. Solo faltaba que hubiera algún encontronazo y alguien acabara herido.

Lo más cercano al ocio fue el maratón en el espacio que completó el astronauta británico Tim Peake en 2016 al mismo tiempo que se disputaba el maratón de Londres. «Se ha hecho algún experimento con realidad virtual, pero el entretenimiento no es el objetivo», acepta la preparadora, cuyo trabajo no acaba cuando los astronautas vuelven a la Tierra. Más bien al contrario.

El peligroso regreso

El regreso es el momento más peliagudo de todas las misiones por varias razones. Una, por ejemplo, es el riesgo de sufrir una hernia: los astronautas se estiran entre cinco y siete centímetros sin gravedad y al volver las vértebras sufren en exceso. Aunque el mayor peligro seguramente es cardiovascular.

«Con la microgravedad todos los fluidos corporales, especialmente la sangre, se desplazan hacia la cabeza y al volver los astronautas duermen con los médicos al lado por si sufren un trombo. Es un efecto que tiene equipos de estudio enteros», subraya Pablo Álvarez.

Desde hace más de una década la Agencia Espacial Europea (ESA) lleva a cabo experimentos para estudiar el movimiento de la sangre en los astronautas y prevenir posibles sustos. Uno de esos estudios consistió en escoger a un grupo de voluntarios, estirarlos en una cama con la cabeza inclinada seis grados hacia abajo y no dejar que se levantaran durante 60 días. ¡60 días! Cobraron un buen dinero, 15.000 euros, pero menuda tortura.

«Los astronautas no tenemos que pasar por eso, pero somos sujetos de decenas de estudios. Por ejemplo, en la Estación Espacial se te deforman los ojos y eso también se analiza al detalle. Al final lejos de la Tierra se puede conocer mucho del ser humano», finaliza Álvarez, el próximo español que visitará el espacio y se ejercitará en él.

10 personas en la Estación Espacial

Ahora mismo en la Estación Espacial Internacional (EEI) hay 10 personas de varias agencias espaciales, combinando estadounidenses, rusos y un japonés, formando parte de la Expedición 73. La tripulación incluye a Anne McClain (NASA, EEUU), Nichole Ayers (NASA, EEUU) y Jonny Kim (NASA, EEUU), quienes llegaron en abril de 2025 y han pasado más de ocho meses en microgravedad realizando investigaciones científicas. Junto a ellos está Takuya Onishi (JAXA, Japón), experto en operaciones de microgravedad y con experiencia previa en la ISS.

Por parte de Roscosmos (Rusia) están Sergey Ryzhikov y Alexey Zubritsky, también desde abril, y Kirill Peskov, todos apoyando sistemas rusos y experimentos en la estación. Recientemente, el 27 de noviembre de 2025 se unieron tres nuevos miembros desde el Cosmodromo de Baikonur a bordo de la Soyuz MS-28: el astronauta Chris Williams (NASA, EEUU) y los cosmonautas Sergey Kud-Sverchkov y Sergei Mikaev (ambos de Roscosmos), quienes elevaron la presencia a 10 personas y continuarán la misión hasta mediados de 2026. Estos astronautas trabajan en decenas de experimentos que abarcan biomedicina, física de fluidos y estudios en microgravedad, cada uno con periodos típicos de permanencia de seis a ocho meses.

Entrenar de noche, a la pata coja o estar tres días en silencio: la revolución española que rompió el dominio coreano del tiro con arco

Entrenar de noche, a la pata coja o estar tres días en silencio: la revolución española que rompió el dominio coreano del tiro con arco

Chung Jae-Hun, Im Dong-Hyun, Lee Chang-Hwan, Kim Woo-Jin, Lee Seung-Yun... Así sigue el palmarés hasta que aparece Andrés Temiño. En el pasado Mundial de tiro con arco, un español asaltó la historia para proclamarse campeón individual y campeón en el doble mixto junto a Elia Canales. Fue un deporte dominado durante décadas por Corea del Sur, con clases desde la escuela, millones de practicantes y hasta una liga profesional. Pero ya no lo es.

Ahora manda un país, España, que sólo cuenta con 20.000 federados y 500 clubes, gracias a una cualidad olvidada, menospreciada, repudiada en Asia: la creatividad. Si allí el entrenamiento se basa en la repetición —en lanzar miles y miles de flechas cada día—, aquí se centra en la variabilidad. ¿Hacer voto de silencio en un convento de Lleida para mejorar la concentración? Claro. ¿Entrenar en la oscuridad de la noche en Ibiza? Por supuesto.¿Y hacerlo a la pata coja o de mil maneras distintas? ¿Por qué no?

«No nos aburrimos», admite Temiño en conversación con EL MUNDO en el Centro de Alto Rendimiento de Madrid, donde sigue preparándose con la mente en un único objetivo: el oro en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028.

Han roto con el método coreano.
Supongo que sí, aunque no es cosa mía. Hace unos años que el cuerpo técnico de la selección empezó a introducir ejercicios diferentes y nuestro método ya no se basa en la repetición exagerada como antes. Antes les copiábamos, y ahora ya no. Creo que los coreanos alucinarían si vieran cómo entrenamos. Hay un momento en el que, tirando normal, ya no hay mucho margen de mejora: puedes estarte horas y horas y progresar es muy difícil. Por eso es mejor si lo complicas. Tiramos a la pata coja, tiramos con los ojos cerrados, mal colocados, desde muy lejos, a dianas muy pequeñas... Tenemos un entrenador, Carlos Morillo, que es psicólogo y nos propone cosas así.
Como tirar flechas de noche.
Eso empezó como un experimento y funcionó. Estábamos en una concentración en Ibiza y los técnicos nos propusieron tirar de noche para ver qué sentíamos. Apagaron todas las luces del campo de tiro, dejaron sólo un foco en la diana, y nos dimos cuenta de que las sensaciones se multiplicaban. Como no te ves, la propiocepción aumenta un montón: notas mucho más lo que estás haciendo.
Después de ganar un Mundial parece una genialidad, pero podía haber sido un desastre.
Al principio era un poco raro. Todos habíamos tirado a la pata coja o con los ojos cerrados por hacer la broma, y cuando te dicen que lo hagas en un entrenamiento de la selección te sorprende. Pero luego te das cuenta de que si te ponen en dificultades, mejoras cuando vuelves a tirar normal. Esa capacidad de adaptación te da un plus.
Todo está en la cabeza.
Totalmente. De ahí viene la meditación. El tiro con arco tiene mucha relación con la meditación, con el autocontrol, con la respiración. Fue muy útil ir al monasterio [de Les Avellanes, en mitad de la sierra del Montsec, cerca de Lleida] antes de los Juegos Olímpicos de París y estar tres días en silencio. Al principio costaba no hablar entre nosotros, especialmente en las comidas, pero aprendimos a estar en el momento presente, a recuperar el foco...

SERGIO GONZÁLEZ

En estos tiempos, el tiro con arco es un deporte contracultural.
Todos los deportes te exigen concentración: en uno de contacto, o estás presente o te meten un castañazo. Pero en el tiro con arco es básico. Si estás nervioso, es imposible. Aquí gana el más tranquilo. Tienes que estar lo más zen posible, apartar los juicios, olvidar las expectativas.
Hablando de eso, no estuvo en los Juegos Olímpicos de París. Pese a sus 20 años [ahora 21], era candidato a medalla y se quedó en la clasificación.
Pasó lo que pasó, y aprendí mucho sobre mí mismo. El año pasado, antes de los Juegos, hubo un momento crítico en el que empecé a pensar en las expectativas, en lo que podría ganar, en el futuro... y acumulé mucha tensión. Me pudo la presión. Para mí, lo mejor del último Mundial no fueron los dos oros, sino ver que podía gestionar la presión, que no volvía a caer en el mismo error.

Transporte y Logística

¿El Mundial le ha cambiado la vida?
Qué va. Me bajé del podio y todo se había terminado. He dado algunas entrevistas, pero mi vida es exactamente la misma.
Del tiro con arco no se puede vivir.
Ojalá, pero aquí en España es imposible. La única forma de vivir del tiro con arco es ser entrenador en un club o conseguir una medalla en los Juegos Olímpicos o en los Mundiales, pero eso puede ofuscarte. Si dependes de una competición para subsistir, es muy difícil que lo hagas bien. Yo tiro porque me gusta, no por dinero. Si lo hiciera por dinero, estaría jodido.
Su padre precisamente era entrenador en su ciudad, Zaragoza.
Sí, pero por hobby. Se dedicaba al mantenimiento. Practicaba aeromodelismo, pero cuando yo nací ya no tenía tanto tiempo y empezó con el tiro con arco. Le gustó, y cuando crecí fue mi entrenador hasta que me fui al CAR. Ahora lo ha dejado. En realidad, ni yo sé si me dedicaré a entrenar. Estoy estudiando online un grado superior en Transporte y Logística porque tiene muchas salidas.
¿Cómo se celebran dos oros en un Mundial?
En casa, con la familia. Me dieron tres semanas de descanso y estuve con los míos, haciendo vida normal. No tenía que entrenar si no quería, pero fui un par de días a practicar. Hasta los próximos Juegos Olímpicos queda mucho, y quiero estar en el momento presente, no volver a perderme en el camino.
Sexteto de medallas

Sexteto de medallas

Actualizado

España cerró el Campeonato de Europa de natación en piscina corta, que se ha clausurado este domingo en Lublin (Polonia), con una plata y dos bronces. Plata y bronce en los 400 estilos femeninos, a cargo de, respectivamente, Alba Vázquez y Emma Carrasco. Bronce doblemente jubiloso por inesperado en los relevos 4x50 estilos (Iván Martínez, Carles Coll, Hugo González y un apabullante Sergio de Celís en el crol). Las medallas se unen a los tres oros de jornadas anteriores para completar un formidable Campeonato.

Lublin, ciudad universitaria hermanada por esa razón con Alcalá de Henares, y en la que hay 50.000 refugiados ucranianos, está a 94 kilómetros de la frontera con Ucrania y a poco más de 50 de la de Bielorrusia. No competieron bielorrusos y rusos. World Aquatics, la Federación Internacional de Natación, hubiera permitido su participación, aunque sin los símbolos patrios. Polonia, sin embargo, no ha autorizado esa solución intermedia. Está tan escarmentada de los rusos y sensibilizada ante la amenaza de Putin, que es el país de la OTAN que, en 2025, más porcentaje de su PIB ha gastado en Defensa: el 4,48%, unos 44.300 millones de euros. Y creciendo.

Según una orden del Ministerio del Interior polaco, en vigor desde 2022, "los ciudadanos de la Federación Rusa no podrán entrar en el territorio de la República de Polonia a través de su frontera exterior, con fines económicos, deportivos, turísticos o culturales". No cabe mayor claridad. Y asunto concluido. "Varsovia locuta, causa finita".

En una especie de Erasmus acuático, viajó España al Campeonato con 25 representantes (14 hombres y 11 mujeres), algunos de ellos laureados en el Europeo Júnior del pasado julio en Samorin (Eslovaquia), el mejor de la historia de la competición para nuestros colores. En general, acudieron a Lublin estudiantes aventajados fuera de la piscina, una muchachada de la que enorgullecerse con una media de edad de 21 años. Aunque la natación se identifique con la precocidad, a menudo extrema, el equipo era objetivamente joven y, por lo tanto, prometedor.

Una cosecha satisfactoria

Salió, aparte de más de una veintena de finalistas y 18 récords nacionales, con esas seis medallas. Que, en contraposición a los demás deportes, los récords de todas las categorías sean moneda corriente en la natación es un misterio que hace tiempo renunciamos a desentrañar. Que en nuestro botín de medallas predominen las de oro adquiere una importancia suplementaria. Un oro, según reflejan los medalleros, vale más que la suma conjunta de las platas y los bronces. En todo deporte, una única victoria supera en jerarquía a la acumulación de puestos honrosos. Preguntemos, por ejemplo, a cualquier ciclista qué prefiere: ¿ganar un solo Tour o, pongamos, ser 10 veces segundo?

Los tres oros suponen una cosecha que no se conseguía desde los tiempos en que existía una tal Mireia Belmonte, acompañada por Duane da Rocha, Melani Costa, Erika Villaécija, Merche Peris, Aschwin Wildeboer, Rafa Muñoz... Una época para recordar y añorar. Pero todos nuestros medallistas de hoy nos han devuelto una cierta conciencia tripartita de potencia europea proyectada al mundo.

Piscina corta. Satisfacción larga.

Lando Norris, campeón del mundo: una 'rock star' para Fernando Alonso y un modelo para la Generación Z

Lando Norris, campeón del mundo: una ‘rock star’ para Fernando Alonso y un modelo para la Generación Z

Nunca perdió la fe. Nunca dejó de creer que lo podía lograr. Sólo quiso demostrar lo equivocados que estaban quienes pensaron que nunca sería campeón. Esas críticas, de algún modo, le hicieron sonreír aún más. Porque el principal motor de Lando Norris (Bristol, 1999) fue siempre la diversión y el disfrute. Sólo así pudo sostenerse durante estas siete temporadas en la F1: 11 victorias en 152 carreras hasta alcanzar la cima. El undécimo piloto británico que se proclama campeón del mundo ha tenido que esperar a la última carrera y ha llegado a la cima con sólo dos puntos de ventaja. La gloria para quien ni siquiera quería que le pagasen por conducir en McLaren.

Es el hijo de uno de los hombres más ricos de Inglaterra, así que el dinero nunca ocupó un lugar primordial. La fortuna de Adam Norris supera hoy los 200 millones de libras, pero Lando siempre luchó para encontrar su sitio por méritos propios. Desde la Milfield School, un exclusivo centro privado a razón de 20.000 libras anuales (unos 23.000 euros), hasta su aterrizaje en McLaren en 2019, cuando empezó a trabar amistad con Carlos Sainz. El chico quería demostrar que la inversión había merecido la pena. Que no era una pérdida de tiempo. Que todo llegaría con trabajo duro, dedicación, determinación y sacrificio. Y que jamás iba a pagar por un asiento de F1.

Mark Berryman, su agente desde los 12 años, dice conocerle mejor que su propia madre, nacida en Bélgica, por cierto. Fraser Sheader, el otro socio fundador de ADD Management, también le acompañó desde que era niño en aquella autocaravana. Lando poseía un talento natural y la prensa iba pronto a colgarle la fatídica etiqueta. Sería el heredero de Lewis Hamilton. Al chaval le apasionaba vivir así, confraternizando con los mecánicos, recogiendo el garaje, desmontando su kart después de cada carrera... Sin embargo, aun tras su título de campeón mundial de 2014 necesitaba contactos. Los que le podía facilitarle Zak Brown.

Vínculo con los 'rallies'

El estadounidense se había ganado fama en el paddock por su habilidad para encontrar patrocinadores, así que concertó una reunión con Ron Dennis, propietario de McLaren. A comienzos de 2017 ingresó en la academia de Woking. Apenas 12 meses después tarde compartió asiento con Fernando Alonso en las 24 Horas de Daytona. Su relevo nocturno, bajo la lluvia, dejó boquiabierto al asturiano. Sin experiencia alguna en prototipos, había recuperado 33 segundos en 20 vueltas. Aquella hazaña al volante del Ligier #23 del United Autosports quedaría grabada en la memoria de Alonso. Durante el GP de Gran Bretaña 2021, se intercambiaron los cascos. "Eres una estrella, una estrella de rock", escribió Fernando, poco dado a los cumplidos.

En verdad, su único ídolo durante la niñez había sido Richard Burns, campeón mundial con Subaru (2001). Así que ese vínculo con los rallies le sirvió para ganarse también a la familia Sainz, que presumía del buen rollo en la sociedad Carlando. Tras el salto del madrileño a Ferrari, Norris sufriría un terrible desencanto en el GP de Rusia 2021. Hubiese ganado en Sochi de no ser por su cerrazón a la hora de montar los neumáticos de lluvia. Y aún tuvo que esperar un total de 110 carreras antes de escuchar, al fin, el God save the Queen en el Hard Rock Stadium.

No sólo truncó ese maldito registro de más podios (14) sin victoria, que había arrebatado a Nick Heidfeld, sino que puso fin a la sequía del automovilismo británico, en blanco a lo largo del Mundial 2023. Andrea Stella, team principal de McLaren, subía a lo más alto del podio 12 años después. Se decretó día de fiesta en Miami y Zak tuvo que retrasar el vuelo de regreso. Lando se había presentado el jueves con la nariz hecha un cisco, pero acabaría celebrando con Verstappen a altas horas de la madrugada del lunes. Así funciona esta F1, con los rivales más enconados compartiendo jet privado, reservado y pista de baile.

Dejar atrás a Coulthard

Quería ser el más rápido, pero también el más humano, mostrándose vulnerable frente a las cámaras, hablando con franqueza sobre la presión y priorizando la salud mental. Su modo de acercarse a los fans, con tantos defectos y taras por delante, le han convertido en modelo de conducta para la Generación Z.

Bien que se llamaba a escándalo David Coulthard por ello, antes de que el pasado viernes, Norris le arrebatase su récord de más carreras con McLaren (150). Durante sus nueve temporadas en Woking (1996-2004), el escocés hizo méritos para ser catalogado como uno de los mejores de la historia sin la corona. En 2001 sólo tuvo que rendirse ante Michael Schumacher. Siendo un piloto de la vieja escuela, capaz de sacar el dedo corazón al kaiser en pleno GP de Argentina 1998, su historia guarda curiosos paralelismos con Norris.

Antes de las actuales papaya rules, que tanta polvareda levantaron con Oscar Piastri el año pasado en Bakú o hace dos meses en Monza, Coulthard ya tuvo que ceder el paso para que Mika Hakkinen ganase el GP de España 1997 y el GP de Australia 1998. Los errores con el embrague en las salidas y su complejo de inferioridad frente a Verstappen ya ni siquiera resuenan como ecos del pasado. Norris es campeón por legítimo derecho.

Incontestable oro de Carles Coll en los 200 braza del Europeo de Lublin

Actualizado

El duelo imponente entre dos colosos en los 200 metros braza deparó la soberbia victoria de uno de ellos, sin que el otro desmereciera. Los colosos eran el neerlandés Caspar Corbeau, plusmarquista mundial, y el español Carles Coll, campeón del mundo. Tamañas firmas.

Ganó Coll de forma incontestable, indiscutible. Decir que sin oposición sería excesivo porque Corbeau planteó batalla, como no podía ser menos. Pero los tiempos finales atestiguan la diferencia entre ambos. El español realizó 2:00.86. El neerlandés, 2:01.27. Muy lejos, el austriaco Luca Mladenovic (2:02.48). El registro de Coll es el sexto de la historia y, obviamente, récord de España. Dinamitó el suyo anterior de 2:01.55.

Corbeau es el único nadador que ha bajado de los dos minutos en la prueba (1:59.52). Lo hizo hace poco más de un mes en la Copa del Mundo de Toronto. Venía, además, de ganar el oro en los 100 en estos Campeonatos, en una prueba en la que Coll fue quinto. Estaba, pues, en forma y con ganas de hacer doblete.

Coll lo impidió con una actuación impecable. Pasó segundo, detrás deCorbeau, por los 25 y los 50 metros. Luego tomó la cabeza en cada tramo y ya no la dejó. Formidable en los virajes e imperial en los largos, obtuvo un triunfo de una claridad meridiana que contribuye a su consagración como una de las estrellas de la braza mundial. A sus recientes 24 años, tarraconense del Club Natació Sabadell y discípulo de Sergi López en Virginia Tech, está en evidente progresión.

Carmen Weiler, también alumna de López, no pudo repetir oro. Tras su victoria en los 200 espalda, sólo alcanzó a ocupar la quinta plaza (57.00) en los 100, dominados por la británica Lauren Cox (56.59). Las otras finalistas españolas de la jornada, María Valdés y Ángela Martínez, nadaban los 800 libre, que vistieron de oro a la favorita, la italiana Simona Quadarella. María terminó en quinta posición con una buena marca (8:21.44). Ángela, en octava (8:27.00). Hugo González pasó a la final de los 200 estilos con el mejor tiempo (1:52.68). Pinta bien.

Ander Martín o por qué España es el epicentro mundial de un nuevo deporte olímpico: "Las regatas son puro frenesí"

Ander Martín o por qué España es el epicentro mundial de un nuevo deporte olímpico: “Las regatas son puro frenesí”

En la playa de Torrevieja unos cuantos hombres y mujeres arrancan a correr en la arena, se lanzan sobre unas embarcaciones rarísimas, como coches de Fórmula 1 sin ruedas, y se ponen a remar a toda velocidad. Sus siluetas y el sonido de sus jaleos se alejan mar adentro, pero de repente dan la vuelta, regresan a toda velocidad, se bajan en la orilla y esprintan para ser los primeros en apretar un pulsador rojo que está en el suelo.

La gente alucina. "Cada vez hacen cosas más raras", suelta alguno. Otros buscan las cámaras de televisión; parece la prueba de un concurso.

Pero en realidad son la élite mundial del remo de mar, un deporte con muy poca historia y mucho, muchísimo futuro: por lo pronto debutará en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028.

El epicentro mundial

Un día aparece por la población alicantina el estadounidense Christopher Bak, campeón del mundo, otro día quizá el británico James Cox, campeón de Europa, pero seguro que cada día está su anfitrión, Ander Martín, subcampeón del mundo y de Europa. Es el culpable de que España sea el epicentro de la disciplina. Su Beach Sprint Academy de Torrevieja es el único centro especializado en todo el globo.

"Es una especie de Centro de Alto Rendimiento para equipos de todo el mundo. Ha venido Gran Bretaña, Estados Unidos, Nueva Zelanda, Japón, República Checa... Han pasado por aquí todos mis rivales y yo, encantado", cuenta Martín, que sabe que sus vecinos alucinan con sus entrenamientos.

"Se acercan y me preguntan: '¿Oye qué hacéis?' Al final siempre se reúnen 20 o 30 personas. Algunos lo confunden con piragüismo, incluso paddle surf. Pero después es superfácil de entender. Corremos, subimos al barco, damos una vuelta, bajamos y tocamos el botón. Son dos minutos de carrera, las regatas son un frenesí", añade el remero de 25 años.

De la pesca al podio

Esto del Beach Sprint es muy reciente. ¿Cómo ha creado ya una academia?
Hacía remo tradicional, estaba en el equipo nacional, pero me aparté en 2023 cuando vi que esto iba a ser olímpico. Es verdad que el formato sprint actual es muy nuevo, pero el remo de mar tiene mucha tradición en competiciones por equipos o cuartetos y, de hecho, así es como empecé. Soy de una pedanía de Torrevieja, toda mi familia se había dedicado a la pesca y desde pequeño me encantaba el mar. Siempre le pedía a mi madre que me apuntase a algún deporte de mar, pero no teníamos dinero para hacer vela, por ejemplo. Un compañero suyo hacía remo en el mar, me invitó a probar y aquí estoy. Cuando entró en la cita olímpica aposté toda mi carrera. Y después, con la academia, todos mis ahorros.

De momento, parece una apuesta exitosa. Este enero se realizará el primer campus de formación de esta modalidad y la idea es arrancar cursillos para no practicantes. Si el Comité Olímpico Internacional se enamora de la disciplina en el debut de 2028 y la incorpora al calendario fijo, España tendrá la mejor cantera del mundo.

Si no, como mínimo, podría tener una medalla porque Martín es aspirante a todo. "Para mí es inevitable plantearme ahora todo pensando en Los Ángeles. Tengo una hoja de ruta marcada para llegar en mi mejor momento. La competición será en Long Beach y ya he quemado Google Maps mirando arriba y abajo la playa en la que se harán las regatas", cuenta quien ya tiene incluso un movimiento característico.

La firma personal

Como las carreras son tan cortas —solo hay 250 metros de la playa a la boya donde hay que dar la vuelta—, se deciden en apenas dos minutos y hay mucha igualdad. Algunas veces uno de los remeros se cae al bajar de la embarcación o se trastabilla en plena playa y acaba perdiendo en los últimos pasos, justo antes de darle al botón rojo que marca al ganador.

Por eso Martín siempre acaba igual: cuando está a un metro del pulsador, se lanza como quien va a parar un penalty y aterriza sobre el mismo. Gane o pierda acaba rebozado de arena.

"Tengo que reconocer que empezó como una broma. En el primer Mundial que disputé iba ganando cómodamente, salté porque me daba tiempo, hizo gracia y ya me he quedado con eso", apunta el remero, ahora en plena pretemporada. En las últimas semanas ha competido en algunas regatas privadas, como el tradicional Challenge Príncipe Alberto de Mónaco, donde se repartían 10.000 euros, pero ya le toca centrarse en la campaña olímpica.

Con los rivales en casa, en su academia de Torrevieja, preparará la cita de 2028 para intentar ser el primer campeón olímpico de la historia del remo de mar.

Tim Dieck, el soldado alemán que patina por España: "Mi comida favorita es el chorizo"

Tim Dieck, el soldado alemán que patina por España: “Mi comida favorita es el chorizo”

Un patinador alemán conoce a una patinadora inglesa en Canadá y ambos acaban haciendo historia por España. El patinaje sobre hielo es un deporte complicado. El alemán Tim Dieck y la inglesa Olivia Smart, nacionalizados por carta de naturaleza, serán en los próximos Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026 una de las dos parejas que representarán al país, en busca de su mejor resultado de siempre. En el último Mundial fueron sextos, una cota que ningún dúo español había alcanzado hasta ahora.

¿Cómo se formó la pareja?
Empezamos a patinar juntos hace dos años, en 2023. Olivia ya vivía en Montreal y llevaba muchos años compitiendo por España -desde 2017- junto a su antigua pareja, Adrián Díaz. Como pasa muchas veces, después de los Juegos Olímpicos de 2022 hubo mucho movimiento de parejas y ambos estuvimos un año sin competir. En cuanto entrenamos juntos vimos que podía funcionar. Lo consultamos con la Federación Española y se mostró dispuesta a ayudarnos en todo momento. A mí me abrazaron como si fuera español; me apoyaron mucho.

Dieck atiende a EL MUNDO desde Canadá, días después de volar a España para recibir el pasaporte. Su caso puede parecer extraño, pero en realidad está a la orden del día en su disciplina. En los últimos Juegos Olímpicos, Italia compitió con una francesa; Canadá, con una estadounidense y un danés; Japón, con una estadounidense que también había sido surcoreana y noruega... El vaivén de pasaportes es la fórmula con la que países sin mucha tradición, como España, mantienen cierta representación, aunque el patriotismo de los patinadores depende de las ganas que tengan de sentirlo.

Jurij Kodrun - International Ska

La mayoría entrenan en el epicentro canadiense del deporte, en Toronto o Montreal, como Smart y Dieck, y apenas pasan por sus países para disputar los campeonatos nacionales. Dieck, de 29 años, se esfuerza por hablar en castellano y descubrir nuevas ciudades.

¿Cuál es su relación con España?
Me encanta el país y su cultura. Estoy feliz de poder patinar por España. Mi comida favorita es el chorizo. Ya conocía bien el país antes porque mi familia tiene una casa en Mallorca y he estado en muchos sitios.

Su pasión por el tenis

Dieck empezó a patinar porque lo llevaba en los genes. Nacido en Dortmund y graduado en Ciencias de la Actividad Física por la Universidad de Bochum, sus abuelos ya patinaban; sus padres, Martina y Frieder, fueron entrenadores y jueces; y su hermana también compitió. Desde los cinco años el ahora español tuvo unos patines en los pies, aunque otro deporte estuvo a punto de desviarle del camino: el tenis.

¿Por qué?
Mi gran ídolo deportivo es Rafa Nadal. Durante unos años combiné ambos deportes y, a los 12, cuando ya no tenía tiempo para los dos, me quedé con el tenis. Dejé el patinaje. Mi familia me apoyó, aunque puedo imaginar que estaban decepcionados. Tres años después decidí volver al patinaje porque lo echaba de menos.

Y funcionó. Tras alternar varias parejas en su etapa júnior, a los 18 años empezó a entrenar con Katharina Müller, una patinadora alemana nacida en Rusia, y juntos alcanzaron la élite. Al año siguiente, ya subcampeones nacionales, debutaron en un Europeo. Temporada tras temporada progresaron hasta clasificarse para los Juegos Olímpicos de Pekín 2022.

Ahí llegó el desastre, la decepción. Mientras la pareja española formada por Adrián Díaz y Olivia Smart celebraba un diploma histórico —acabaron octavos—, Dieck y Müller ni siquiera pasaron al programa libre y terminaron en el puesto 21 de 23 posibles. El chasco obligó a reflexionar. Müller se retiró, Dieck encontró a Smart y ahora ambos brillan. Pero si las cosas hubieran ido peor, si el patinaje le hubiera expulsado, el alemán tenía un plan alternativo. Desde hace años es soldado-deportista de la Bundeswehr, el ejército de su país.

¿En qué consiste su trabajo?
Cuando eres deportista de élite en Alemania puedes entrar a formar parte del ejército. Es una oportunidad para tener un salario, aunque no tienes exigencias militares reales. Fuera de la temporada de patinaje, cada año tengo que hacer un entrenamiento militar de cuatro semanas. Pero no soy un soldado de verdad.
Muere a los 29 años el gran maestro de ajedrez estadounidense Daniel Naroditsky

Muere a los 29 años el gran maestro de ajedrez estadounidense Daniel Naroditsky

Actualizado Martes, 21 octubre 2025 - 07:32

El gran maestro de ajedrez Daniel Naroditsky, considerado uno de los talentos más destacados de su generación y una de las voces más influyentes del ajedrez estadounidense, falleció este lunes a los 29 años, según informó el Centro de Ajedrez de Charlotte, donde se desempeñaba como entrenador.

"El mundo del ajedrez ha perdido a un jugador talentoso, un educador apasionado y un miembro muy querido de nuestra comunidad", expresó el centro en un comunicado publicado en redes sociales. La causa de su muerte no fue revelada de inmediato.

Nacido en el condado de San Mateo, California, en el seno de una familia de inmigrantes judíos de Ucrania y Azerbaiyán, Naroditsky fue un niño prodigio que alcanzó el título de gran maestro a los 18 años. A los 12, ya se había proclamado campeón mundial Sub-12 y, durante su adolescencia, escribió varios libros sobre estrategia ajedrecística mientras ascendía en el ranking internacional.

Además de figurar durante años entre los 200 mejores jugadores del mundo en ajedrez clásico, se destacó en la modalidad blitz (ajedrez rápido), donde ocupó posiciones entre los 25 mejores a nivel global. En agosto de este año, ganó el Campeonato Nacional de Blitz de Estados Unidos, consolidando su prestigio en esta vertiginosa variante del juego.

Conocido como 'Danya' por sus seguidores, Naroditsky también se convirtió en un popular divulgador del ajedrez, transmitiendo en vivo partidas y análisis a través de YouTube y Twitch. Sus transmisiones atrajeron a miles de espectadores, contribuyendo a popularizar el deporte entre nuevas audiencias.

"Le encantaba transmitir y ser educativo. El mundo del ajedrez está profundamente agradecido", dijo el también gran maestro Hikaru Nakamura durante una transmisión en vivo este lunes.

En su último video, publicado el viernes bajo el título "¿Pensaste que me había ido?", Naroditsky aseguraba estar de regreso tras una pausa creativa y guiaba a sus seguidores a través de partidas en línea desde su estudio personal.

La noticia de su muerte generó conmoción en el mundo del ajedrez. El gran maestro holandés Benjamin Bok, amigo cercano de Naroditsky desde su infancia, escribió en la red social X: "Todavía no puedo creerlo. Siempre fue un privilegio jugar, entrenar y comentar con Danya, pero sobre todo, llamarlo mi amigo".

Licenciado en Historia por la Universidad de Stanford, donde se graduó en 2019 tras tomarse un año sabático para competir, Naroditsky se trasladó posteriormente a Charlotte, Carolina del Norte, donde entrenó a jóvenes promesas del ajedrez estadounidense.