La ingeniera que lo dejó todo por el muay thai: "Estuve un año dándole al saco, cuando me subí al ring fue un honor"

La ingeniera que lo dejó todo por el muay thai: “Estuve un año dándole al saco, cuando me subí al ring fue un honor”

«Yo eso no lo puedo ver, estoy sufriendo. Si te están pegando soy capaz de levantarme y darle yo a ella. A mi niña no se le pega». Marisa Delgado graba la conversación con su abuela y no tiene desperdicio. Hasta hace un par de años, la «niña» era una ingeniera industrial, siempre muy buena estudiante, una chica aplicada cuya afición era tocar el piano. Y ahora anda por el mundo de combate en combate dándose puñetazos, patadas y codazos con mujeres que le sacan una cabeza. ¿Cómo se come eso?

«Al principio mi familia se reía, me decían que estaba loca, pero cuando vieron que iba en serio intentaron quitarme la idea de la cabeza. 'Te corto los guantes antes de que te subas al ring', me soltaban. Ahora son el mayor apoyo que tengo», cuenta Delgado en conversación con EL MUNDO tras su debut en el Mundial de muay thai del pasado verano. Venció a la campeona de Asia, Floryvic Montero, y cayó ante la favorita, la turca Fatma Ceken, para finalizar entre las ocho mejores del mundo en la categoría de menos de 51 kilos. Un resultado extraordinario si se atiende a su historia.

Marisa Delgado, durante un entrenamiento.

Marisa Delgado, durante un entrenamiento.E.M.

¿Cómo llegó al muay thai?
Empecé con el boxeo de cardio, el boxeo aeróbico, lo que llaman fitboxing. Nunca había hecho deporte, siempre había estado estudiando, pero al acabar la carrera quise empezar a cuidarme y me apunté a un centro de la cadena Brooklyn. No tenía ni idea de boxeo, mucho menos de artes marciales. Me podría haber apuntado a crossfit, a nadar, a lo que fuera, pero lo probé, me encantó y así empecé.

Viendo vídeos de YouTube

Licenciada en Ingeniería Industrial por la Universidad Politécnica de Madrid, para entonces Delgado ya había vuelto a su ciudad, Jaén, y había conseguido empleo en Construcciones y Auxiliar de Ferrocarriles (CAF) como diseñadora de trenes. Trabajaba en proyectos en Egipto, Colombia, Arabia Saudí... Pero apareció en su vida el saco. Y el saco lo cambió todo. La experiencia golpeando el cuero le dio la vuelta a su vida hasta llevarla a pedir una excedencia y entregarse a ello, aunque necesitó su proceso.

«Me gustaba tanto dar puñetazos y patadas en las clases que me compré un saco, lo colgué en casa y me puse a entrenar también por mi cuenta viendo vídeos de YouTube. Estuve un año así, dándole al saco cada día. Al final me presenté en un gimnasio», relata. Como la ingeniera que es, estudió todos los centros cercanos. El boxeo era la opción más evidente, pero entendió que en el muay thai tendría más recorrido. Acabó en el Sukhothai Boxing Club de Martos a las órdenes de su actual entrenador, Sebastián Ardelean.

¿Le costó empezar con el contacto?
Qué va. A mi familia le daba un poco de miedo, pero yo estaba encantada. Llevaba un año dándole al saco sola, había practicado todos los golpes... Cuando me subí al ring fue un honor. No se me olvidará mi primer sparring, fue con mi compañero Benji; me lo pasé bomba.

El estreno en el Mundial

Aquello ocurrió en julio de 2024, hace menos de dos años, y a partir de entonces todo empezó a pasar muy rápido. En apenas un año: campeona de Andalucía, de España y directa al Mundial. «De repente me vi ahí peleando con tiarracas y lo disfruté mucho. Hasta que llegó mi primera lesión», apunta Delgado, que hace unos meses, entrenando, se rompió «un huesecillo de la cara» y tuvo que guardar reposo. «Ahí sí pensaba que me iba a caer la bronca de mi familia, pero fue todo lo contrario. Viendo lo emocionada que estaba con el muay thai me animaron a seguir adelante», explica la luchadora, que ya es solo eso: luchadora.

A sus 29 años, quiere probar hasta dónde puede llegar en las artes marciales, y por eso ha pedido una excedencia en su empleo y se ha lanzado a por todas. Ya ha pasado dos semanas en Tailandia —la cuna de su especialidad—, adonde volverá en breve para quedarse tres meses. No sabe hasta dónde llegará, pero no se quedará a medias. «De momento no gano nada del deporte, pero sí de las redes sociales. Empecé a ganar seguidores tocando versiones al piano y ahora enseño mi vida en el muay thai. Tengo algunos seguidores que me dicen que a ver si dejo de dar golpes y vuelvo a tocar, pero los vídeos de entrenamientos funcionan», concluye Delgado, que ahora sí cuenta con su abuela entre sus fans.

Marc Toda, un español en la élite de las carreras de subir rascacielos por las escaleras: "Sólo uso el ascensor para bajar"

Marc Toda, un español en la élite de las carreras de subir rascacielos por las escaleras: “Sólo uso el ascensor para bajar”

«Cuando explico lo que hago siempre me cae el mismo chiste. Me dicen: 'Tú sabes que hay ascensores, ¿no?'. Y lo sé, lo sé. Pero yo los uso solo para bajar», cuenta Marc Toda, que acepta la guasa porque lo suyo tiene guasa. Es un corredor de rascacielos, un tower runner. Su afición consiste en viajar de país en país para subir a toda velocidad los edificios más altos a través de sus escaleras de servicio.

¿La Shanghái Tower, tercera torre más alta del mundo? La ha conquistado. ¿El One Penn Plaza de Nueva York, que acompaña al mítico Madison Square Garden? También. La Lotte World Tower de Seúl, la Torre de Kuala Lumpur... Edificios que exigen entre 1.000 y 3.400 escalones de ascenso. Da igual. Todos los ha trepado desde la base hasta la cima a un ritmo de vértigo. En el top 30 del ranking mundial de la especialidad -primer español de la lista- el próximo sábado será uno de los favoritos en la Subida Vertical al Gran Hotel Bali de Benidorm, la prueba con más solera del país: ya cumple 20 ediciones.

¿Por qué?
No lo sé, la verdad [Se ríe]. Siempre había jugado al baloncesto en el club de mi ciudad, Valls, y llegué a Primera Catalana, pero luego me pasé a las carreras de asfalto y de montaña. En 2006, un amigo participó en la subida de la Torre de Collserola en Barcelona y me impactó. Allí estaban los mejores del mundo del trail: Kilian Jornet, Agustí Roc... Me pareció muy llamativo. En 2013 me fui a vivir por trabajo a Kuala Lumpur, disputé mi primera carrera y al volver a España empecé a seguir el circuito mundial.

De la Torre Eiffel a Asia

La historia de las carreras de rascacielos es confusa, pues existen precedentes muy dispersos. En 1905 ya hubo una en la Torre Eiffel -la organizó la revista Les Sports y la ganó el ciclista Eugène Forestier- y una prueba en el Empire State en 1978 devolvió la modalidad a los medios, aunque la aparición de un circuito mundial tuvo un motivo más práctico. Con la proliferación de edificios altísimos en Europa y especialmente en Asia, los bomberos empezaron a competir entre ellos en sus instalaciones de servicio; eso derivó en carreras oficiales y, finalmente, en un tour. Desde 2009 existe una gira reglada que pasa por Estados Unidos, Tailandia, México, China, Polonia o España, con la prueba de Benidorm.

«Aquí tenemos la carrera del Hotel Bali y alguna más, en Barcelona o Asturias, pero en general en Europa hay poca tradición. El tower running está creciendo especialmente en Asia. Allí tienen muchos rascacielos y la gente vive en ellos, lo que les facilita entrenar», explica Toda, cuya situación es diametralmente opuesta. Vive en una casa de dos plantas en Valls, cerca de Tarragona, con solo 15 escalones para subir o bajar. «Es muy difícil porque aquí no tenemos edificios tan altos y los que podría utilizar, en Barcelona, no me dan permiso para hacerlo. Algún día sí he intentado entrenar en casa: estuve subiendo y bajando mis 15 escalones durante una hora, pero aquello no tenía ningún sentido».

Por amor al arte

El tower running es agónico por definición. Los corredores salen en contrarreloj, uno cada medio minuto, y deben marcar su mejor tiempo. No hay tácticas ni descansos: solo subir escalones al máximo durante 20, 25 o 30 minutos. Llega un momento en que el ácido láctico ya no permite que las piernas se muevan con fluidez y entonces entran en juego los brazos y la ayuda de las barandillas. Nadie llega arriba de una pieza. «Hay un momento en el que solo ves paredes y te mareas un poco. Siempre digo que me gustan más las carreras de montaña por los ritmos y los paisajes, pero las carreras de rascacielos tienen algo distinto», apunta Toda.

¿Y dan para vivir?
No, no, qué van. Si estás entre los cinco o los diez primeros del ranking te pagan el viaje , el alojamiento y el dorsal y puede salirte a cuenta si te llevas el premio. Pero para el resto es un hobby. Yo soy entrenador personal y de clases dirigidas, y el tower running es mi manera de viajar, de conocer mundo. Es una excusa. Solo busco disfrutar de la experiencia y recorrer el máximo de lugares posible.
Haaland mete un gol en los tableros y se convierte en un gigante del ajedrez

Haaland mete un gol en los tableros y se convierte en un gigante del ajedrez

Actualizado

Erling Haland no había demostrado hasta ahora excesiva inquietud por el ajedrez. Incluso había ironizado en alguna entrevista sobre lo que le costaba comprender su popularidad. «Tengo un par de amigos a los que les gusta, pero no puedo entender cómo es posible», afirmaba hace solo cuatro años. El delantero noruego, sin embargo, acaba de dar un paso inédito, algo que no habían hecho ninguno de los futbolistas y entrenadores que sí alardean de su amor por las 64 casillas.

El fútbol y el ajedrez siempre han mantenido una extraña relación, alimentada por los componentes estratégicos que comparten. Mo Salah confiesa que es «un adicto». Simen Adgestein, primer entrenador de Magnus Carlsen, fue delantero de la selección noruega de fútbol, además de siete veces campeón nacional de ajedrez. El gran maestro Julio Granda habla en sus clases del valor del juego dinámico en ambos terrenos de juego. En España, Quique Setién, Juan Francisco Funes y Pep Guardiola tienen en cuenta la estrategia ajedrecística en sus pizarras. A las órdenes de este último en el City sobresale el corpachón de Haaland, quien se ha aliado con el empresario Morten Borge para fundar Total Chess.

Carlsen, gran beneficiado

En su primer gran movimiento, la compañía de Haaland ha comprado el 25% de Norway Chess, organizadora del mejor torneo privado del planeta y, sobre todo, promotora del circuito Total Chess World. El año que viene, además de un campeón del mundo de ajedrez clásico, otro de rápidas y otro relámpago, tendremos a un «supercampeón», que necesitará combinar lo mejor posible las tres modalidades, con una pequeña variante: al ajedrez clásico se cambia por el «fast classic», que dura un poco más de la mitad de lo habitual (serán 45 minutos para toda la partida, más 30 segundos de incremento por jugada).

El compatriota de Halaand se convierte además en vencedor moral de su guerra particular contra la FIDE. El número uno, de hecho, renunció a defender su título de campeón clásico cuando la Federación Internacional se negó a aceptar sus propuestas para reformar el Campeonato del Mundo. Su idea era justo mezclar varias velocidades de juego, en busca de un ganador más completo. Ahora, la duda es saber hasta qué punto puede devaluar este nuevo título el de campeón clásico, en poder del indio Gukesh Dommaraju, quien además no atraviesa su mejor momento y ha caído al número 15 de la clasificación internacional.

A cambio del peligro de minar el prestigio de sus propios campeonatos, la FIDE consigue algo de dinero y no quedarse al margen de las últimas innovaciones, como este «supermundial» combinado y el de ajedrez aleatorio que promueve Freestyle Chess. Haaland y Carlsen, dos de los noruegos más famosos del mundo, verán así estrechados sus lazos de forma irremediable. La popularidad no es fácil de medir, pero al menos en Instagram el futbolista se impone con claridad: 40-2 en millones de seguidores.

Torneo piloto en otoño

La propia FIDE celebra la irrupción del delantero como socio del circuito combinado, que estará formado por cuatro torneos al año, en cuatro ciudades diferentes, y durante un mínimo de 16 temporadas. En otoño tendrá lugar una prueba piloto, casi con seguridad en Noruega, y en 2027 se pondrá en marcha el Total Chess, con una bolsa total de premios de al menos 2,3 millones de euros.

Arkady Dvorkovich, presidente de la FIDE, asegura que ajedrez y futbol «siempre han sido un lenguaje global de estrategia y creatividad». La llegada de un deportista de clase mundial la ve como una prueba de «la atención global y la relevancia cultural que disfruta el ajedrez hoy en día». Su ambición, asegura, siempre fue «convertir el ajedrez en un deporte global sostenible y atractivo».

Haaland comparte esta visión y asegura que ha invertido en ajedrez porque cree que el nuevo circuito «puede convertirlo en un deporte aún más grande para los espectadores de todo el mundo». «El equipo detrás de Norway Chess ya ha hecho un trabajo impresionante haciendo crecer el evento y unirme al proyecto fue demasiado emocionante como para dejar pasar la oportunidad», dice el futbolista.

¿Por qué a algunos deportistas no les funciona el implante capilar? "No tiene que ver con el dinero"

¿Por qué a algunos deportistas no les funciona el implante capilar? “No tiene que ver con el dinero”

«Sólo para confirmar a todos mis seguidores que me hice un trasplante de cabello. Me estaba quedando calvo a los 25, así que por qué no». Era 2011. La cirugía capilar justo se estaba popularizando y Wayne Rooney, estrella del Manchester United que acababa de llegar a la final de la Champions, admitió en Twitter que se había sometido a una intervención, que se había puesto pelo. Hubo cuatro bromas, claro. Pero parecía que se abría un camino: a partir de entonces cualquier deportista podía reconocer que había pasado por quirófano sin vergüenza. Ya no era el primero. Desde ese momento se iban a multiplicar las confesiones públicas, incluso los anuncios. Pero en la práctica no ha sido así. Muy pocos deportistas han dado el paso, pese a la oportunidad publicitaria que supone. Lo hizo Michel Salgado, por ejemplo, o Robbie Fowler, pocos más.

Mientras en los vestuarios es uno de los temas más habituales de conversación, el tabú sobre la calvicie y sus remedios se mantiene en público por varios motivos. Uno de ellos es cultural; siglos de chistes sobre calvos lo atestiguan. Pero otro es práctico: nunca se sabe si el trasplante puede fallar. LeBron James, quizá el mejor jugador de baloncesto de todos los tiempos, pasó dos veces por el quirófano, según los expertos -una en 2014 y otra en 2019-, y pese a ello esta temporada vuelve a lucir una notable pérdida. ¿Cómo puede ser que multimillonarios con todas las técnicas a su alcance tengan estos problemas?

«No tiene que ver con el dinero», asegura Luciano Montini, director médico y cirujano principal de la Clínica Keller, una de las más conocidas de Barcelona. «Esa misma pregunta se repite en la consulta. Muchos pacientes me preguntan por los casos de Rafa Nadal o del Cholo Simeone y me parece útil para explicar lo que puede ocurrir». «En primer lugar, muchos deportistas se hacen trasplantes de cabello muy jóvenes, con menos de 24 o 25 años, y en esos casos la evolución es más tórpida. El pelo trasplantado queda muy bien, queda para toda la vida, pero el problema es el otro pelo, que seguirá su curso natural y terminará cayéndose. Pero muchas veces el problema es otro: los tratamientos», cuenta Montini.

El miedo al antidopaje

En los procesos pre o posoperatorios se suelen utilizar tres sustancias que ayudan al mantenimiento del pelo no trasplantado -el pelo antiguo- y ninguna de las tres está prohibida por la Agencia Mundial Antidopaje. El minoxidil, posiblemente el más popular, nunca fue considerado dopaje, y la finasterida y la dutasterida están permitidas desde 2009. Sin beneficios propios, antes se creía que podían enmascarar el uso de esteroides, pero ya no es así. Pese a ello, la mayoría de deportistas no se atreven a tomar nada por miedo a una sanción. Casos como el de Yeray Álvarez, futbolista del Athletic, que cumple ahora diez meses de castigo, alertan del riesgo. Álvarez siempre ha mantenido que únicamente tomó un medicamento contra la caída del cabello de su pareja y que no sabía que contenía canrenona, una sustancia ilegal.

«Los deportistas que están en alta competición son muy, muy, muy cuidadosos con lo que toman y lo comprendo. Los fármacos que utilizamos no dan positivo, pero es verdad que algunos optan por no seguir el tratamiento. O también puede ser que no les funcione. Si implantamos las entradas y el paciente no hace tratamiento o no le funciona va a seguir perdiendo pelo en otras zonas», analiza Montini, que añade que el presupuesto del paciente no cambia esa máxima.

En las mejores clínicas de Madrid o Barcelona un deportista se puede gastar 15.000 o 20.000 euros porque puede pedir que le cierren el local para que nadie le vea u otras prebendas, pero la técnica del implante siempre será la misma. «Cada médico usa la que le parece mejor, pero el resultado final es comparable. Los tratamientos premium hay que darlos a todos los clientes», asegura Montini, que suele trabajar con este tipo de clientes en verano. Las operaciones capilares exigen un mínimo de quince días de parón y ciertas precauciones en los días posteriores, y los deportistas solo cuentan con ese tiempo en sus vacaciones. «Al final, son tratamientos muy populares entre deportistas y la amplia mayoría de casos son exitosos», finaliza el doctor.

Un esquiador británico completa borracho los 50 km de la Copa del Mundo de Oslo: "Bebí quizás cinco chupitos de Jägermeister y entre 10 y 12 cervezas"

Un esquiador británico completa borracho los 50 km de la Copa del Mundo de Oslo: “Bebí quizás cinco chupitos de Jägermeister y entre 10 y 12 cervezas”

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El esquiador británico Gabriel Gledhill protagonizó una de las historias más insólitas de la Copa del Mundo de esquí de fondo en Oslo tras completar la exigente prueba de 50 kilómetros completamente borracho. El deportista, de 23 años, terminó en la posición 67 después de haber aceptado bebidas alcohólicas que le ofrecían los aficionados a lo largo del recorrido.

Lejos de ocultarlo, el propio Gledhill reconoció con naturalidad lo ocurrido al finalizar la carrera. Según explicó, durante la prueba consumió entre diez y doce cervezas y alrededor de cinco chupitos de Jägermeister. "Me ofrecieron bastante alcohol durante el recorrido y acabé bastante borracho, pero fue muy divertido", admitió ante los medios, incluso reconociendo que todavía notaba los efectos al cruzar la meta.

En uno de los puntos del circuito, alguien le dio lo que parecía una bebida, pero que resultó ser enjuague bucal. El error le provocó vómitos durante buena parte de la competición. Aun así, continuó hasta completar la carrera, en la que también recibió ofertas de snus, un tipo de tabaco húmedo muy común en los países nórdicos.

Gledhill, que lleva cinco años residiendo en Noruega y entrenando en Lillehammer, ha visto rechazada su solicitud de residencia permanente por no cumplir con los requisitos económicos. Si no logra resolver su situación antes de finales de marzo, podría verse obligado a abandonar el país, lo que pondría en riesgo su continuidad en el esquí de fondo. Él mismo reconoce que su salida supondría, probablemente, el final de su carrera deportiva, ya que todo su entorno de entrenamiento se encuentra allí.

Su comportamiento durante la prueba también generó críticas dentro del circuito. Algunos señalaron que su actitud no era apropiada para una competición de este nivel, especialmente después de ser adelantado por participantes de la prueba femenina. Sin embargo, el británico defendió que no perjudicó a otros competidores ni alteró el desarrollo de la carrera.

Pese a la polémica, la organización de la Copa del Mundo reaccionó con un tono más distendido en redes sociales, donde compartió un vídeo del esquiador con una cerveza y destacó su personalidad y el impacto mediático que ha tenido en este deporte. La escena, entre lo festivo y lo controvertido, deja una de las imágenes más llamativas de la temporada.

Oriol Cardona: "Di un cambio radical a mi vida para conseguir estas dos medallas"

Oriol Cardona: “Di un cambio radical a mi vida para conseguir estas dos medallas”

«Estaba muy cansado, muy cansado. Nos organizaron una celebración con las familias e intenté aguantar, pero me retiré pronto. A la una de la madrugada ya estaba en la cama; caí redondo. Ya lo celebraré de verdad cuando vuelva a casa», cuenta Oriol Cardona a EL MUNDO en la furgoneta que le lleva a la ceremonia de clausura que ayer cerró los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina.

En solo 48 horas, el esquiador de montaña se colgó un oro en el sprint y un bronce en el relevo mixto para convertirse en el deportista español más laureado en invierno, y ayer seguía en una nube. «Después de la final del relevo estuve toda la tarde de un lado para otro y casi no pude ni hablar con mis padres. Esto de los Juegos Olímpicos es una locura; se nota que hay mucha más gente pendiente», aseguraba, con una nueva vida por delante a sus 31 años.

¿Qué momento de estos Juegos recordará toda la vida?
Cuando subí al podio al ganar el oro. Ahí me emocioné bastante. Tuve una mezcla de sentimientos que todavía no he podido valorar. Tardaré un tiempo en hacerlo. Mucha felicidad, mucho orgullo, mucho alivio... En el podio me sentí súper liberado. Antes de los Juegos había ganado el Mundial y la Copa del Mundo y sentía bastante presión mediática. Me quedé muy tranquilo: ya había hecho lo que tenía que hacer.
Y, en cambio, solo lloró después de conocer la sanción en el relevo y darse cuenta de que era bronce.
Sí, sí, fue raro, eh. Fue la primera vez en mi vida que lloraba después de una carrera. No me había pasado nunca. Es que fue un momento tenso, duro para todos. Vine a estos Juegos a por los dos oros y, al ver que estaba cerca de quedarme fuera del podio... ¡Uf! Hubo mucha carga emocional y me salió por los ojos.
¿Le queda la espina de no conseguir dos oros?
Me hubiese gustado luchar por el oro en el relevo. La gestión de la carrera no fue la mejor y con suerte quedamos en ese tercer puesto. Pero no me queda ninguna espina, qué va. Me pongo una valoración de 10 y a Ana [Alonso, su compañera], igual. Son dos medallas en unos Juegos y estoy muy contento. Venía con unas expectativas muy altas y creo que todos hemos hecho un muy buen trabajo.

Gabriele FacciottiAP

Decía Kilian Jornet, mito y uno de sus entrenadores, que cuando era joven le costaba creérselo. Que usted mismo se hacía de menos.
Quizá sí, no lo sé. Hace unos años, cuando di el paso y empecé a ganar carreras en la Copa del Mundo, posiblemente me faltaba creérmelo más. No estaba tan seguro de mí mismo. Pero en los últimos dos o tres años he sido consciente de mi potencial, de hasta dónde podía llegar. Ha sido una de las claves de todos estos éxitos.
¿Cuáles son el resto de claves? ¿Qué le diferencia de sus rivales?
No hay ningún secreto. Me encantaría decir que lo hay y que me lo guardo para mí, pero no es así. Son muchos años haciendo lo mismo: entrenar, entrenar y entrenar. Cuando el esquí de montaña entró en los Juegos Olímpicos aposté por ello y, al final, han llegado los resultados.
¿Cómo apostó por ello?
Fue un cambio radical en mi vida. Me fui a vivir a Font Romeu y lo paré todo: estudios, incluso el ocio. Con ese estilo de vida también te alejas de gente que aprecias; te quedas un poco solo. Pero había algo que realmente me importaba, algo que de verdad me interesaba, y lo aposté todo. El esquí de montaña en los Juegos Olímpicos era mi plan A y no tenía ningún plan B. Tenía que funcionar sí o sí.
Antes trabajó como ayudante de bombero forestal.
Un par de años, sí, cuando era más joven. Pero luego ya me dediqué al 100% a mi carrera deportiva.
Al ganar el oro en el sprint se acordó de su abuelo paterno. ¿Fue él quien le enseñó a esquiar?
No, no tenía nada que ver con eso. De hecho, no tenía ninguna relación con el deporte. Pero mi abuelo Pere era una bellísima persona, la persona más buena que he conocido nunca, y siempre he sentido mucha pena por perderlo tan pronto. Se lo dediqué a él porque es mi referente como persona.

DIMITAR DILKOFFAFP

¿Ahora su vida será distinta?
No lo sé. Tal como venga, lo aceptaré con los brazos abiertos e intentaré aprovechar el momento.
De repente, un esquiador de montaña en prime time en televisión.
Ojalá pase, la verdad. Tengo que aprender de esas cosas, quizá ser más expresivo, pero me siento preparado para lo que venga. Lo más difícil era ganar dos medallas como hemos hecho en estos Juegos; lo demás será bienvenido.
¿El esquí de montaña cambiará mucho de aquí a los Juegos Olímpicos de los Alpes 2030?
Habrá más competencia, eso seguro, aunque no sé de dónde vendrá. Quizá de Estados Unidos y Canadá, quizá de Noruega y Suecia, quizá de Asia... No lo sé. Pero estoy seguro de que llegará más gente, habrá más interés y más medios. Y a mí me parece genial, eh; quiero que mi deporte siga creciendo.
¿Qué capricho se dará por haber ganado las dos medallas?
No tengo muchas cosas pensadas. Comer bien, dormir bien y ya veremos. Pienso, por ejemplo, en comerme unos cruasanes de chocolate de Cal Flequer, que es una panadería de mi pueblo, Banyoles. Pero, por lo demás, solo estar con la familia y los amigos.
¿Tiene ganas de dejar los esquís en el armario una temporada?
No, no, qué va. De aquí a 15 días hay un Europeo en Azerbaiyán y no iré, pero antes de que acabe la temporada volveré a competir, seguro. Y en verano me gustaría correr alguna carrera corta de trail running. Llevo tres años sin correr para no hacerme daño y lo echo de menos.
La fina línea que casi deja a España sin bronce y una tensa espera: "Ha sido fallo mío"

La fina línea que casi deja a España sin bronce y una tensa espera: “Ha sido fallo mío”

Ana Alonso estaba destrozada, tumbada en la nieve. Después de su segundo y último turno, pensaba que las opciones de España de celebrar una medalla en el relevo mixto del esquí de montaña de los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina se habían terminado por su culpa. Agotada, exhausta, lastrada por las secuelas del grave accidente que sufrió hace cinco meses, había caído hasta el quinto puesto y, lo que es peor, había cometido una infracción. En la transición final se había pasado la línea reglamentaria. No se detuvo donde tocaba, lo hizo dos metros más allá.

Luego Oriol Cardona remontaría hasta el tercer puesto e incluso se acercaría al segundo, pero ni uno ni el otro tenían claro qué pasaría al cruzar la meta. De hecho, no celebraron ni se abrazaron; únicamente se colocaron contra una valla mirando al videomarcador y esperaron. Esperaron, esperaron y esperaron. Un segundo que pareció una hora, dos, tres. Al cabo de un rato apareció: «¡Que pone tres segundos!», gritaba Alonso, y Cardona rompía a llorar. Esperaban un castigo de 10 o incluso 20 segundos y solo fueron tres. El bronce era suyo.

Ya eran dobles medallistas olímpicos, ya eran historia de España: ningún otro deportista del país había subido al podio dos veces en los Juegos Olímpicos de invierno. Ellos lo consiguieron. Después del oro de Cardona y el bronce de Alonso en la distancia sprint del pasado jueves, se colgaron otro bronce en los relevos por parejas, solo por detrás de los franceses Thibault Anselmet y Emily Harrop y los suizos Jon Kistler y Marianne Fatton.

«Estoy abrumado, estoy jodido, me duele la cabeza y todo», reconocía Cardona justo al cruzar la meta, en una mezcla de emociones extraña. La tensión por la sanción se unía a la alegría por la medalla y todo se mezclaba con la ambición de quien quería más. «Es un bronce, no es un oro, pero hay que valorarlo también. En vista de cómo ha ido la carrera, hubiera podido ser peor», confirmaba el esquiador y, a su lado, su compañera corroboraba sus sensaciones: «Veníamos a pelear el oro porque siempre habíamos quedado primeros o segundos. Es la primera vez que quedamos terceros. Pero bueno, así añadimos un nuevo color a las medallas».

Gabriele FacciottiAP

«Ha sido un fallo mío. No me he dado cuenta de que me pasaba de la línea; me lo han dicho cuando ya le había dado el relevo a Oriol, y la cosa es que no sabíamos cuánto tiempo nos pondrían de penalización. Nos ha tenido en vilo hasta que hemos visto que eran tres segundos», relataba Alonso, que durante la carrera sufrió de lo lindo. En su primera vuelta ya tuvo que pelear de menos a más para entregar el relevo a Cardona en cuarto puesto, pero en la segunda se desfondó. Su cara, puro sufrimiento, advertía del error que cometería después.

La celebración de los medallistas

En todo caso, las consecuencias no fueron graves, ni hubo reclamación. Estados Unidos, que acabó en cuarta posición con Cameron Smith y Anna Gibson, quiso que el castigo se reevaluara, pero presentó su solicitud fuera de plazo y la Federación Internacional de Esquí de Montaña (ISMF) ya no tocó los resultados.

Después de las 48 horas más intensas de su vida, Cardona y Alonso ya podían irse a celebrar: la vida les había cambiado para siempre. Cuando subieron al podio, apenas unos minutos después de la prueba, todavía se les veía el susto en la cara, pero después se desató la fiesta. Con las familias de ambos desplazadas a la estación de esquí de Stelvio, organizaron una merecida cena después de todas las obligaciones de los medallistas, entre ellas una rueda de prensa.

«Estas medallas son una recompensa a todo el camino recorrido por nosotros y por la gente que nos rodea. Hay personas que han estado en nuestras vidas y que han dejado de estar que nos han ayudado a estar aquí», aseguraba Cardona, más emocionado que dos días antes, con su abuelo fallecido en mente. «Lo hemos intentado con todas nuestras fuerzas y hemos hecho historia para nuestro país», resumía Alonso, que, como Cardona, ya pensaba en el futuro: «En 2030 volveremos a por el oro».

Oriol Cardona y Ana Alonso completan su semana histórica con un bronce en el relevo mixto de los Juegos Olímpicos

Oriol Cardona y Ana Alonso completan su semana histórica con un bronce en el relevo mixto de los Juegos Olímpicos

Llegarán noruegos, suecos, alemanes, chinos o japoneses a un deporte que hasta ahora desconocen y habrá que explicarles quién manda aquí: el esquí de montaña es de España. En los primeros Juegos Olímpicos de la especialidad, tres medallas como tres soles, un hito. Después del oro de Oriol Cardona y del bronce de Ana Alonso el jueves en la distancia sprint, este sábado ambos se unieron para conseguir un bronce en el relevo mixto y confirmarse como la referencia en invierno.

Para su país, son los campeones a cuidar, a reconocer y, por supuesto, a financiar. Hasta esta semana España había sumado sólo cinco medallas olímpicas en toda su historia invernal y ahora ya tiene ocho. Para el resto del mundo son los ejemplos en los que mirarse si quieren crecer en la nueva disciplina. Su preparación, su técnica y su mentalidad sentarán las bases de los campeones que vendrán, sean de donde sean.

En la final de este sábado, la pareja superó numerosos problemas para subir nuevamente al podio. Alonso, atropellada hace sólo cinco meses, autora de una recuperación milagro, pagó el desgaste de la prueba al sprint y se desfondó en sus dos turnos. En la primera, de menos a más, entregó el relevo a Cardona en cuarto puesto por culpa de una mala última transición. Y en la segundo, cayó hasta la quinta posición, completamente exhausta, y se colocó las últimas pieles de foca fuera de la zona correspondiente. A Cardona le tocó remontar en ambas ocasiones.

GUILLAUME HORCAJUELOEFE

La sanción de tres segundos

Con la pareja francesa formada por Thibault Anselmet y Emily Harrop en cabeza con mucha ventaja, el español se fue a por el conjunto suizo de Marianne Fatton y Jon Kistler para tratar de asaltar la plata, pero las fuerzas no le llegaron para más. Mucho hizo con alejarse del conjunto estadounidense, cuarto, y salvar los tres segundos de sanción por el error de Alonso. De hecho en sus dos turnos hizo el mejor tiempo.

"Hemos luchado mucho. Hemos salido a por el oro, lo hemos intentado con todas nuestras fuerzas y hemos conseguido una medalla que es historia de nuestro deporte", asumía Alonso en la meta en los micrófonos de Televisión Española, quien en los momentos críticos nunca dejó de creer en Cardona, su compañero. "Estoy abrumado por todo, tengo dolor de cabeza y todo", añadía el ya doble medallista olímpico. Durante la prueba, Cardona creyó que la sanción podría ser mayor, pero en cuanto se confirmó que se quedaba en tres segundos, se abrazó a su compañera y ambos rompieron a llorar. Una pareja para la historia.

Ella de Granada, entrenando en Sierra Nevada y él de Banyoles, entrenando en los Pirineos franceses, su unión parecía extraña cuando empezaron a competir juntos, en el Europeo de 2022, pero con los años se hizo más y más lógica. Los dos tienen 31 años, los dos vienen de familias amantes del esquí y los dos comparten un temperamento tranquilo.

Después del accidente de Alonso el pasado septiembre, Cardona pudo buscar otra compañera para encarar el último tramo de la preparación olímpica, pero ni tan siquiera lo pensó. «Hubiera entendido perfectamente que Oriol buscara otra opción. Era lo normal viendo cómo estaba yo. Nuestro éxito siempre se ha basado en la confianza mutua, el uno con el otro», confesaba Alonso en la previa. Esa confianza les ha llevado al éxito; el esquí de montaña es de España.

Cardona y Alonso vuelven a por otro oro tras cuatro años juntos y absoluta fidelidad tras el grave accidente: "Hubiera entendido que buscara a otra pareja"

Cardona y Alonso vuelven a por otro oro tras cuatro años juntos y absoluta fidelidad tras el grave accidente: “Hubiera entendido que buscara a otra pareja”

En la presentación de las parejas que precede a todas las carreras de relevos mixtos, hay muchas que tienen preparado un gestito sincronizado, un saludo raro hacia cámara e incluso una suerte de bailecito, como suelen hacer los estadounidenses Gibson y Smith. Oriol Cardona y Ana Alonso, nada de eso. Se juntan, se cogen de los hombros, sonríen para el público y al lío.

Él es de Banyoles y entrena en los Pirineos; ella es de Granada y entrena en Sierra Nevada; pero juntos forman un dúo con mucha lógica. De 31 años ambos, hijos de pioneros en el esquí de montaña los dos, comparten un carácter reservado y, desde hace cuatro temporadas, una confianza absoluta el uno en el otro. «La ganaremos», aseguraba ayer Cardona cuando hablaba con los medios de comunicación y alguien le preguntaba: «¿Ganaréis otra medalla?». Después de su oro y el bronce de Alonso en el sprint de los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina, en los relevos mixtos de este sábado (13.30 horas, Teledeporte y Eurosport) son favoritos pese a las diferencias entre ambas distancias.

Si en el sprint solo recorrían 700 metros y cada ronda duraba unos tres minutos, en los relevos mixtos cada uno dará dos vueltas a un circuito exigente de 1.500 metros -de manera alterna, mujer, hombre, mujer, hombre- y competirán casi media hora en una única final. La pareja francesa formada por Anselmet y Harrop y la pareja suiza de Kistler y Fatton serán sus rivales, pero a ambas ya las han derrotado en múltiples ocasiones.

Cuatro años juntos

Porque Cardona y Alonso apostaron juntos en 2022 por el oro olímpico y juntos continúan. Entonces los relevos mixtos se acababan de crear y solo se conocían de breves conversaciones en los campeonatos, pero su unión era lógica. Por edad, por estilo y porque eran los dos españoles que más brillaban en la Copa del Mundo. Cardona todavía no dominaba y a Alonso le costaba entrar en las finales; de la mano irían creciendo. En su primera carrera, el Europeo de Boí Taull de 2022, acabaron cuartos; en 2023 celebraron sus primeras victorias y en el Mundial de 2025 se colgaron la plata -precisamente por detrás de Anselmet y Harrop-.

Que se presentarían como pareja en Milán-Cortina no estuvo en duda ni cuando atropellaron a Alonso en Granada el pasado septiembre. De entre las primeras llamadas que recibió, la de Cardona. «Hubiera entendido perfectamente que Oriol buscara otra opción. Era lo normal viendo cómo estaba yo. Nuestro éxito siempre se ha basado en la confianza mutua, el uno con el otro», aseguraba Alonso en la previa, cuando definía su relación con Cardona: «Es como jugar con Messi, me encanta porque me obliga a dar mi mejor versión. Hemos crecido mucho juntos, nos entendemos muy bien y sabemos que podemos luchar con cualquiera». «Lo que ha hecho Anita es increíble. Viniendo de donde venía con la lesión, es indescriptible. Se merece todo lo que llegue ahora», contaba el esquiador español, ya campeón olímpico.

Este año, en la Copa del Mundo, acabaron segundos -nuevamente detrás de Anselmet y Harrop- pese a que Alonso esquió con una enorme rodillera para evitar dolores y Cardona tuvo que remontar varias posiciones en sus dos turnos. Este sábado en los Juegos Olímpicos la pareja de la confianza buscará redondear unos días de ensueño.

De Paquito Fernández Ochoa a Oriol Cardona: 54 años de diferencia entre dos pioneros

De Paquito Fernández Ochoa a Oriol Cardona: 54 años de diferencia entre dos pioneros

Le hubiera encantado abrazar a Oriol Cardona. La foto no tendría precio. Paquito Fernández Ochoa cumpliría el próximo miércoles 76 años. Han tenido que transcurrir 54 para que otro español sea campeón olímpico en unos Juegos de Invierno. Mucho tiempo, demasiado, y, además, contar con la cooperación de una modalidad nueva en el programa. Si no, imposible. Oriol Cardona ya es otro de nuestros insignes pioneros. Y lo es por partida doble: por terminar primero en una disciplina novedosa entre nosotros y porque esta disciplina es, como él, debutante en unos Juegos. Oriol también se ha convertido en un pionero internacional.

Ha partido de cero. O de un mundo desconocido para el gran público. Con toda probabilidad, para el público, a secas. Antes de Paquito, la gente no era ajena, o no completamente, a la presencia del esquí en el panorama deportivo nacional. Los interesados sabían de su existencia. También los indiferentes, porque no eran del todo ignorantes ante el hecho de que el esquí ocupaba un espacio en las informaciones periodísticas.

Paquito tuvo en España algunos precursores que abrieron un camino que nuestro campeón en 1972 completó para superarlos y hacer historia. Antes de Paquito y con Paquito, que se estrenó olímpicamente en Grenoble68 antes de ganar en Sapporo72, todos estos nombres representaron a España en los Juegos de Invierno, desde los celebrados en Saint Moritz en 1948: José y Luis Arias, Thomas Moravitz, José Vila, Juan Armiñán, Juan Poll, Ramón Blanco, Francisco Viladomat, Luis Moliné, Jaime Talens, Manuel García Morán, Luis Sánchez, Luis Viu, Juan Garriga, Javier Masana, Jorge Rodríguez, Francisco Prat, Aurelio García, Luciano del Cacho, Antonio Campaña y Carlos Adsera.

Oriol Cardona, durante la final de este jueves.

Oriol Cardona, durante la final de este jueves.AFP

Oriol no ha tenido a nadie en quién mirarse en tales alturas, aunque en Cataluña existe una cierta tradición en este deporte. A diferencia de Paquito, era favorito desde su condición de campeón del mundo. Paquito fue una sorpresa. La sorpresa, en el caso de Oriol, habría sido que no hubiese ganado. Si existen milagros en el deporte español, éste es uno de ellos. Y no porque Oriol sea fruto de una inopinada y favorable concatenación de circunstancias gozosamente imprevistas, sino por todo lo contrario: porque no ha necesitado de «ayudas divinas», de factores inexplicables o ilógicos para alcanzar la cima. Su oro no es el producto de la alquimia, el de la manipulación de elementos dispares. Es el de la naturaleza. No hay química falsificadora en los quilates. Hay física pura, sin procesos mixtificadores de probetas y alambiques.

Su medalla, de máximo valor, debe ser unida, junto a la también suprema de Paquito, a la plateada de Queralt Castellet en halfpipe, en Pekín2022. Y a las broncíneas de Blanca Fernández Ochoa, en la misma prueba que su hermano, en eslalon, en Albertville1992, Javier Fernández en patinaje artístico y Regino Hernández en snowboard, ambas en Pyeongchang2018. Y ahora, Ana Alonso en, también, esquí de montaña.

Después de Paquito, el esquí alpino español no se quedó huérfano de nombres en, aparte de los Juegos, la Copa del Mundo. Todos femeninos. Blanca ganó cuatro pruebas (tres eslalons y un gigante). María José Rienda, seis gigantes. Y Carolina Ruiz, un descenso. Fueron buenos tiempos.

No sabemos qué ocurrirá entre nosotros a partir de ahora con el esquí de montaña y, por afinidad, con otras modalidades invernales. Es de desear que toda esta popularidad promocional nacida del oro produzca un interés entre los jóvenes que desemboque en un aumento de practicantes. Ojalá este oro sea sólido y no se derrita, como la nieve, al llegar el verano.