Ana Alonso, bronce en los Juegos Olímpicos de invierno cinco meses después de romperse la rodilla

Ana Alonso, bronce en los Juegos Olímpicos de invierno cinco meses después de romperse la rodilla

Cinco meses atrás, Ana Alonso estaba malherida en el asfalto de una carretera cerca de Granada, en las faldas de las montañas de Sierra Nevada que la vieron crecer y ahora ya es medallista olímpica. Este jueves la española se colgó el bronce en la prueba sprint del esquí de montaña de los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina en una historia de superación como pocas se han visto en el deporte español. La sexta medalla de la historia de España sobre nieve y hielo, pero qué medalla.

"Sólo daba las gracias por estar viva", explicaba sobre su grave accidente el 24 de septiembre en el cruce de Granada a Quéntar, cuando el conductor de un todoterreno se cegó por el sol y la embistió mientras entrenaba en bicicleta. Su rodilla izquierda quedó hecha añicos -rotura del ligamento cruzado anterior y del ligamento lateral interno-, pero eso no le hizo renunciar a los Juegos. Tenía dos caminos: operarse y perderse a la cita. O seguir un tratamiento conservador, arriesgarse e intentar estar. Escogió el segundo camino.

A los pocos días ya hacía ejercicios de fuerza con un armatoste en la rodilla para mantenerse en pie y poco después empezó a correr en la cinta antigravitatoria. Este año reapareció en la Copa del Mundo con una rodillera como protección. Y a los Juegos Olímpicos llegaba descartada. Con unas cicatrices tan recientes era imposible que consiguiera medalla. O no. Lo hizo.

De 31 años, veterana para su disciplina, en la final de este jueves demostró que la gloria ya no se le iba a escapar. Lo difícil para ella había sido llegar a la línea de salida, después sólo le quedaba disfrutar. Con inteligencia se colocó detrás de las dos grandes favoritas, la suiza Marianne Fatton y la francesa Emily Harrop, y dejó que le marcaran el ritmo. Intentar superarlas le hubiera valido el podio; seguirlas era lo que había que hacer. Después de los rombos, en las transiciones y las escaleras, estaba junto a las otras aspirantes, la alemana Tatjana Paller y la italiana Giulia Murada, y su tranquilidad le entregó el tercer puesto.

"Me miraban como si estuviera loca"

«La verdad es que no tengo palabras; estoy muy emocionada», comentó Alonso, en meta, a los micrófonos de Televisión Española. «Muchas gracias a toda la gente que estuvo conmigo todos estos meses porque fue muy duro. Siempre mantuve que quería venir a los Juegos y luchar por el oro en el relevo mixto y la medalla al esprint, y me miraban como si estuviera loca pero aquí está», enfatizó la esquiadora de montaña.

De Granada, Ana Alonso empezó a esquiar por su padre, Gerardo Alonso, 'Yeti', guardia del refugio Félix Méndez de Sierra Nevada, aunque tristemente él nunca la vio competir en la montaña. Alonso todavía se dedicaba al esquí de fondo en 2010 cuando un desprendimiento de rocas acabó con la vida de su progenitor. "No me llegó a ver competir en esquí de montaña, no pudo enseñarme y eso que él había dado muchas clases. Es una pena, la verdad. Fue después de su accidente cuando empecé. Me consuela que sus amigos fueron quienes me enseñaron así que, de alguna manera, sí pude cerrar el círculo", contaba en conversación con EL MUNDO hace un año, cuando ya se intuían sus opciones olímpicas.

Oriol Cardona se cuelga el oro olímpico en Milán-Cortina y rompe 54 años de sequía de España

Oriol Cardona se cuelga el oro olímpico en Milán-Cortina y rompe 54 años de sequía de España

En boca de los mayores sonaba a leyenda, un bonito cuento imposible: un español, campeón olímpico en invierno. Lo fue Paquito Fernández Ochoa en esquí alpino hace 54 años, pero pocos recuerdan ya su descenso. Los jóvenes -llamemos jóvenes a cuarentones- no tenían ni una gesta sobre la nieve que celebrar como propia. Pues bien, ya la tienen. Oriol Cardona se colgó este jueves el oro en la prueba sprint de esquí de montaña de los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina y actualizó la historia.

España puede -vaya si puede- ganar también bajo el frío, sólo necesita invertir, trabajar, creérselo. Cardona es ya un referente y si le ayudan quienes deben ayudarle puede ser un ídolo, el motor del cambio. Él ha hecho su parte.

En la final de este jueves, se trastabilló en la salida y dos de sus rivales, los suizos Arno Lietha y JonKistler, salieron a romper la carrera, pero mantuvo la calma. Detrás de ellos alcanzó los rombos, esperó su momento y éste llegó en la escaleras. De escalón en escalón se colocó en cabeza, se abalanzó hacia el oro. Por detrás, el francés Thibaut Anselmet, su máximo rival, se peleaba con el ruso Nikita Filippov y se abría hueco. Era campeón, ya era campeón. En la bajada no necesitó arriesgar mientras Filippov se hacía con la plata, Anselmet con el bronce y Ot Ferrer, el otro español en liza, terminaba quinto. Cardona, exultante en meta, gritaba.

"Ha habido mucho trabajo detrás, ya me lo he quitado de encima. Ha ido perfectísimo, me encontraba súper bien en la subida, y al llegar a meta, ¡uf!, vaya sensanción", comenta al terminar en Televisión Española.Ya tenía en las manos todo por lo que había soñado en los últimos años.

Una gran apuesta por el éxito

El esquí de montaña es una modalidad nueva en los Juegos Olímpicos con mucha historia detrás. En los Alpes hay competiciones como el trofeo Mezzalama que pronto cumplirá su centenario, aunque el formato es muy distinto. Travesías de entre 40 y 45 kilómetros que incluyen fuertes ascensos hasta los 4.000 metros de altitud y exigen mucha resistencia. La distancia olímpica es otra cosa. Cardona se hizo de oro en apenas 705 metros con apenas 65 metros de desnivel positivo.

Por el medio, rombos, escaleras, transiciones, y un esfuerzo explosivo, de sólo dos minutos y medio. Un invento del Comité Olímpico Internacional que trajo mucha polémica, pero que no quedó más remedio que aceptar. El ya campeón venía de las carreras de auténtica montaña, tuvo que cambiarlo todo y adaptarse. Lo hizo.

Cardona, durante los Juegos Olímpicos.

Cardona, durante los Juegos Olímpicos.GUILLAUME HORCAJUELOEFE

Hce cinco años se fue a vivir a Font Romeu, a los Pirineos franceses y creó un equipo de lujo, un Dream Team, a su alrededor. Con la ayuda de la Federación española y la catalana y de unos cuantos patrocinadores, como Dynafit, se sumergió en una vida de ermitaño en las montañas -dormir, esquiar, comer y volver a dormir- con los consejos de hasta tres entrenadores. Contrató a Andrés Arroyo, al que conocía del trail running, para que le hiciera la planificación, a Víctor López para que estudiara sus datos y a un tal Kilian Jornet, mito entre los mitos en la montaña, para que ejerciera de coach.

El sábado, a por otro oro

Antes ya era bueno, de hecho en 2021 ya había sido subcampeón del mundo de velocidad, pero la apuesta por Milán-Cortina lo hizo imbatible. Dominó el pasado Europeo, el pasado Mundial, la pasada Copa del Mundo y, al final, este jueves.los Juegos Olímpicos.

A sus 31 años, veterano para su disciplina, aún tiene margen para llegar a los Juegos Olímpicos de los Alpes Franceses 2030, pero antes tiene otra cita. El sábado, en el relevo mixto, se juntará con la también medallista Ana Alonso para intentar regresar al podio. Los dos completarán una prueba sprint al completo y sus opciones son muchas. El único país que logró dos oros

El aprendiz Oriol Cardona y el maestro Kilian Jornet: así es el deporte que puede darle a España una medalla de oro en invierno 54 años después

El aprendiz Oriol Cardona y el maestro Kilian Jornet: así es el deporte que puede darle a España una medalla de oro en invierno 54 años después

En las montañas de Noruega, entre paredes hechas de piedras afiladas que exigen cuerda y valor para ser ascendidas, Oriol Cardona sufre. "Hacía tiempo que no lo pasaba mal", admite después. Es el mejor esquiador de montaña del mundo, el gran favorito al oro en el estreno de su deporte hoy en los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina (14.15 horas, en Teledeporte y Eurosport), pero lo suyo no es la escalada. Es verano, concretamente el verano de 2025, y su entrenador le ha llevado allí arriba para demostrarle de todo lo que es capaz.

La presión por conseguir una medalla da miedo, pero más miedo da despeñarse por un acantilado con vistas a un fiordo. Si llega arriba ya no tendrá nada de lo que temer: estará listo para ser campeón. Cuando lo consigue, su técnico le abraza, se ríe de sus temblores y le invita a bajar lo más rápido posible. Corre, corre. Cardona no tiene otro remedio que seguir a ese osado porque es su entrenador y porque se llama Kilian Jornet.

Menuda unión. Cardona, el hombre llamado a romper la sequía española de oros en invierno que dura desde Paquito Fernández Ochoa en 1972, y a su lado, Jornet.

La historia merece contexto. En 2021, el Comité Olímpico Internacional (COI) incluyó el esquí de montaña como nuevo deporte olímpico, pero lo hizo a su manera. En lugar de adaptar las largas carreras clásicas donde Jornet se hizo un mito -como la Pierra Menta-, creó una distancia al sprint para reducir toda la acción a apenas dos minutos. Hoy los esquiadores, divididos en pruebas de seis participantes, subirán 300 metros con obstáculos como unos rombos y unas escaleras -sí, sí, escaleras- y bajarán la misma distancia. Chimpún.

Esqui de montana

Los tres entrenadores de Cardona

En la clasificación habrá una salida masiva y pasarán los 12 mejores. En cada semifinal los tres mejores pasarán a la final. En la final, serán seis los que se jueguen las medallas. Al principio hubo críticas, pero luego fue una revolución. Un buen número de deportistas que combinaban el esquí de montaña en invierno con las carreras de montaña en verano -como siempre hacía Jornet- decidió centrarse en ganar una medalla olímpica y uno de ellos fue Cardona.

De 31 años, corría, esquía y lo compaginaba todo con algunos trabajos como guarda forestal o modelo, pero cuando llegó el anuncio del COI decidió centrarse únicamente en los esquís. Objetivo: el oro. Se fue a vivir a un humilde apartamento en Font Romeu, en los Pirineos franceses, y montó su equipo para prepararlo todo para hoy. Llamó a tres entrenadores, Andrés Arroyo, Víctor López y Jornet y los tres aceptaron la oferta. Jornet había sido compañero de selección de Nil Cardona, el hermano mayor de Oriol, así que no dudó al recibir su llamada. Desde hace varias temporadas, Arroyo se ocupa del día a día, López analiza los datos y Jornet es Jornet.

"Hubiera sido candidato a medalla"

"Kilian está muy involucrado. Somos un equipo de tres entrenadores. A él le gusta aportar su conocimiento en la planificación, en la nutrición, en la psicología, nos da ese plus de quien domina el deporte a la perfección", cuenta Arroyo a EL MUNDO sobre la aportación de Jornet y, según dice, incluso hoy, a sus 38 años, el campeón de todo podría estar en la línea de salida de los Juegos Olímpicos: "Kilian hubiera sido un perfecto candidato a medalla si hubiera querido. Imagino que nunca le interesó por su manera de entender el esquí de montaña o por la exigencia de una campaña olímpica a nivel de vida. Pero con su plasticidad metabólica estaría seguro entre los mejores".

Entre las labores de Jornet en el equipo de Cardona está la visualización de las carreras, donde es un experto, aunque nada como sus ‘training camps’ de cada verano. En los últimos años, Cardona ha visitado la casa de su compatriota en Romsdalen para entrenar a su lado, aprender a su lado y, sobre todo, sufrir a su lado. "Es un extraterrestre. Por donde yo paso él ya ha ido y ha vuelto tres veces. Es un gran apoyo psicológico", comenta el aspirante a campeón olímpico sobre su famoso ‘coach’ en el documental ‘Cardona, Camí als Jocs’ de TV3, aunque también añade: "Con él, entrenando, lo he pasado mal muchas veces".

54 años después del descenso de Paquito Fernández Ochoa, España puede celebrar otro oro olímpico en invierno. Sueña con ello Cardona con el método Kilian. Menuda unión.

Puerta grande para Mikaela Shiffrin en el eslalon

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Puerta grande o enfermería, metáfora taurina del eslalon femenino para Mikaela Shiffrin. La puerta grande era el oro. La enfermería, la ausencia de medallas, una forma de accidente para ella. También, incluso, la obtención de la plata o el bronce, quincalla para la mejor esquiadora de todos los tiempos.

Fue puerta grande, con la suiza Camille Rast, lejos, a 1.50 y la sueca Anna Swenn-Larsson a 1.71. Oro de máximos quilates para quien ha ganado 71 eslalons en la Copa del Mundo, más que nadie nunca. Oro para quien ha vencido en siete de los ocho disputados esta temporada (y en el otro fue segunda detrás de Camille Rast). Oro para quien ya hizo suyo el precioso metal en esta misma prueba en Sochi 2014.

La estadounidense había instalado sus reales desde la primera manga, precediendo a la alemana Lena Duerr y a la sorprendente joven sueca (20 años) Cornelia Oehlund. Cuando, en el segundo asalto, ésta se salió del trazado casi al final y Duerr hizo el "caballito" en la mismísima primera puerta, se despejaron varias dudas.

Mikaela, cuarta en la combinada por equipos después de arruinar en el eslalon la soberbia actuación de su compañera Breezy Johnson en el descenso, y undécima en el gigante, se reivindicó. Y rectificó su triste papel en Pekín 2022, donde no acabó el eslalon, el gigante y la combinada. Y se precipitó hasta el noveno lugar en el supergigante y hasta el decimoctavo en el descenso. Aunque ha ganado supergigantes y descensos en su carrera, no son las pruebas de velocidad aquellas en las que mejor se desenvuelve. De hecho, ya no las frecuenta. Quiso abarcar entonces demasiado porque necesitaba reencontrarse consigo misma. Tenía que actuar, no que pensar.

Y es que, todo hay que decirlo, corrían malos tiempos para ella fuera de las pistas. La muerte de su padre en 2020 la afectó psicológicamente de un modo demoledor. A la desgracia se unió la pandemia con la cancelación de la Copa del Mundo y su propio positivo por el virus. Reanudada la competición, ganó algunas pruebas. Pero, según sus palabras, "llegué a los Juegos (sus cuartos) con un sentimiento de derrota en mi interior".

Ahora en ese mismo interior sólo hay sitio para la alegría en todos sus significados.

Ot Ferrer, Oriol Cardona y la 'sitcom' en los Pirineos que puede darle a España una medalla en los Juegos Olímpicos: "Somos ermitaños; a las ocho a la cama"

Ot Ferrer, Oriol Cardona y la ‘sitcom’ en los Pirineos que puede darle a España una medalla en los Juegos Olímpicos: “Somos ermitaños; a las ocho a la cama”

Entre las estaciones francesas de Font Romeu, Bolquere, Les Angles o La Quillane se mueven miles de turistas españoles que dejan atrás Puigcerdà en busca de la nieve de los Pirineos galos sin saber que allí arriba, divididos en tres humildes apartamentos a 1.800 metros, vive desde hace años un grupo de esquiadores de montaña de su país que el próximo jueves promete saltar a la fama. Los olímpicos Oriol Cardona, Ot Ferrer y María Costa, candidatos a las medallas en los Juegos de Milán-Cortina, conviven juntos acompañados de promesas como Biel Pujol o Marc Ràdua en el mismo bloque de edificio. Parece un Centro de Alto Rendimiento (CAR); en realidad es más bien una sitcom.

«Nos llevamos muy bien. Lo hacemos casi todo juntos, entrenamos, comemos... Oriol es el jefe, es el más veterano, pero todos hacemos piña», relata Ferrer, que asegura que allí, en la frontera entre España y Francia, lo tienen casi todo. Hay nieve para aburrir y prácticamente salen por la puerta con los esquís ya puestos. Tienen el gimnasio, la pista y el resto de las instalaciones del CAR de Font Romeu, donde también comen y cenan. Solo les falta un poco de entretenimiento.

En la zona hay tiendas de esquís y de ropa de nieve, creperías para domingueros y algún que otro restaurante, pero no hay ni un solo lugar al que pueda ir un joven de 23 años como Ferrer un viernes por la noche. «Somos ermitaños total. Fuera de competición igual vamos a tomar el café a algún sitio, pero desde hace unas semanas ni eso. Que luego en las cafeterías hay pasteles y dulces y es muy tentador. Dormimos, entrenamos, comemos y volvemos a dormir. Muchos días me meto en la cama a las ocho de la noche», cuenta el esquiador a pocos días de su sueño.

Las posibilidades de Ferrer

El próximo jueves, el esquí de montaña debutará como deporte olímpico y será la gran oportunidad de España de celebrar en Milán-Cortina. Oriol Cardona es el favorito al oro, el vigente campeón del mundo, y Ferrer estará en el grupo de perseguidores junto al francés Thibaut Anselmet, el ruso Nikita Filippov o los suizos Jon Kistler o Remi Bonnit. La prueba, al sprint, un sube-y-baja que se completa en dos minutos, permite sorpresas, pero no tantas. En los últimos dos años, Cardona ha disputado 11 pruebas de la Copa del Mundo: ha ganado siete, ha subido al podio en otras dos y en la que peor acabó fue sexto. En el mismo tiempo, Ferrer ha terminado hasta siete veces entre los ocho mejores.

¿Qué pasará en los Juegos Olímpicos? «Si todo va bien, tendría que estar con Oriol luchando por las medallas. De hecho, estoy muy motivado, intentaré darle un susto. En los Juegos haremos una ronda menos que en la Copa del Mundo y eso creo que me beneficia. Normalmente soy más explosivo y suelo llegar cansado al final», analiza Ferrer.

Cuentan que siempre quiso ser esquiador de montaña.
Casi siempre. Soy de Berga, cerca de los Pirineos, y mis padres son profesores de educación física y aficionados al esquí de toda la vida. Me enseñaron esquí alpino y esquí de fondo, pero un día fui con un primo a probar el esquí de montaña y me di cuenta de que se me daba bien. En la ESO muchos amigos ya miraban universidades en Barcelona, pero yo tenía claro que quería seguir esquiando en los Pirineos y por eso me puse a aprender francés, para poder ir a la universidad en Font Romeu.

Entre las montañas del país vecino, mientras obtenía logros como un subcampeonato del mundo junior, Ferrer se licenció en Ciencias del Deporte y se sacó un par de másteres, el último en análisis de datos en el deporte. En el esquí de montaña hay varias transiciones -quitarse los esquís para subir escaleras, ponerse los esquís de nuevo o quitarse las pieles para el descenso- y el joven español sabe lo que tarda él y lo que tardan sus rivales como si de Fórmula 1 se tratase. En los últimos días, eso sí, no ha querido mirar más el ordenador para alejar la presión y los nervios. De hecho, desde el pasado sábado ni tan siquiera mira el teléfono móvil: vida de ermitaño, ya saben.

Lo último que hizo antes del apagón comunicativo fue una promesa. Si gana una medalla irá al local de uno de sus patrocinadores, la peluquería Spel de Berga, y se teñirá de rosa. Que vayan preparando el tinte.

La cuchara con Nutella que pudo dejar fuera de los Juegos Olímpicos de Invierno a la biatleta italiana Rebecca Passle

La cuchara con Nutella que pudo dejar fuera de los Juegos Olímpicos de Invierno a la biatleta italiana Rebecca Passle

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La biatleta italiana Rebecca Passler, que fue suspendida cautelarmente el pasado 2 de febrero por un positivo en letrozol durante un control fuera de competición, fue readmitida el pasado viernes en los Juegos Olímpicos de Milán Cortina 2026 tras demostrarse la involuntariedad en la ingesta de la sustancia prohibida.

"El Tribunal Nacional de Apelaciones de la Organización Nacional Antidopaje (NADO) ha estimado la apelación de Rebecca Passler contra la suspensión provisional tras un resultado positivo en una prueba de letrozol realizada el 26 de enero, al determinar que existía un caso 'fumus boni iuris', es decir, la aparente validez de la ingesta involuntaria o la contaminación involuntaria de la sustancia en cuestión", informó la Federación Italiana de Deportes de Invierno (FISI).

En su recurso, la deportista de 24 años afirmó que vive con su madre, quien toma letrozol como parte de su tratamiento contra el cáncer de mama, y que la contaminación probablemente provino de una cuchara que utilizó para comer crema de avellanas Nutella en el desayuno el día anterior al control.

El resultado permite a la atleta participar en los Juegos Olímpicos de Milán Cortina 2026. Passler se ha reincorporado a los entrenamientos junto a sus compañeras de equipo desde este lunes, fecha en la que se ha puesto a disposición del cuerpo técnico para las siguientes competiciones olímpicas.

"Han sido días muy difíciles. Siempre he creído en mi buena fe. Agradezco a todos los que me han apoyado, desde los abogados que gestionaron mi situación, hasta la Federación Italiana de Deportes de Invierno, pasando por mi familia y amigos. Ahora por fin puedo volver a concentrarme al 100% en el biatlón", expresó Passler.

Por su parte, el presidente de la FISI, Flavio Roda celebró "el resultado de la apelación, que permite a Rebecca regresar al equipo".

La resolución, que permite a Passler competir en biatlón en la última semana de competición, llega dos días después de que la División Ad Hoc del Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) para estos Juegos se declarara no competente para retirar esa sanción cautelar.

Loïc Meillard aprovecha la desgracia de McGrath y se lleva el oro en el eslalon

Loïc Meillard aprovecha la desgracia de McGrath y se lleva el oro en el eslalon

Ésta es una historia de triunfo, esperanza, derrota y dolor en una sola pieza. Vayamos con el planteamiento, el nudo y el desenlace. Nevaba copiosamente en Bormio, empañando y encogiendo el paisaje, envolviéndolo en una claridad lechosa y plana, cuando el noruego Atle Lie McGrath tomó el primero la salida en la primera manga del eslalon olímpico.

Obviamente, y aprovechando al máximo la calidad virginal de la nieve, estableció el primer mejor tiempo. Noventa y cinco esquiadores después, demasiados para una competición como los Juegos Olímpicos, que debe evitar el relleno, seguía siendo el mejor por delante del suizo Loïc Meillard, a 59 centésimas, y el austriaco Fabio Gstrein, a 96.

Cuando, en calidad de líder, salió en último lugar en una segunda manga sin ventisca e incluso con rodales azules en el cielo... hizo el temido "caballito" a los pocos segundos. El drama, como el de Lindsey Vonn en el descenso, más bien tragedia en el caso de la estadounidense, no se hizo esperar. McGrath enredó las tablas con el palo de la puerta y se le hundió todo de golpe. Iracundo hasta perder el control de sí mismo, arrojó los bastones, convertidos en herramientas enemigas a las que repudiar y castigar, todo lo lejos que pudo. Se quitó los esquíes, cuyo ominoso contacto no podía soportar, y, solo y "desnudo", atravesó la pista en dirección al bosque.

Y allí, junto a las protecciones que lo delimitaban, se arrojó boca arriba sobre la nieve, probablemente odiándose y sintiendo lástima de sí mismo, rumiando quién sabe qué pensamientos atropellados. En sumo contraste, allá abajo, Loïc Meillard celebraba el oro. Fabio Gstrein, a 35 centésimas, la plata. Y Henrik Kristoffersen, el otro gran noruego, a 1.13, el bronce. Quim Salarich, 22º en la primera manga, terminó en la decimonovena posición. Objetivo cumplido. Felicidades. En su tercera presencia olímpica le ha ido mejor que en las otras dos. En Pyeongchang 2018 no terminó la segunda manga. En Pekín 2022, la primera.

Las condiciones ambientales, a las que Salarich sobrevivió, condujeron a una enorme "mortandad" entre los participantes en el primer sector. No lo acabaron 52. Entre ellos Lucas Pinheiro-Braathen, el ganador del gigante, una de las estrellas carismáticas de los Juegos y con una victoria esta temporada en eslalon, en Levi. También se quedó en el camino el francés Paco Rassat, la revelación de la especialidad, con una victoria en Gurgl y otra en Adelboden. Y no respondió a las expectativas el francés Clément Noël, campeón en Pekín'22, que, además, no concluiría la segunda manga.

La prueba se presentaba bastante abierta. A diferencia del eslalon femenino, que no ha conocido en sus siete citas de la temporada más triunfadora que Mikaela Shiffrin, los nueve masculinos han saludado a siete vencedores distintos, incluyendo al propio McGrath, ganador en Alta Badia y en Wengen. La colérica desesperación del noruego estaba, a sus ojos, justificada. Nadie reunía tantas buenas cartas como él. Se había impuesto, como queda dicho, en dos eslalons este curso, lidera la clasificación de la especialidad en la Copa del Mundo y había realizado el mejor tiempo en el primer tramo. Disponía de muchos argumentos a su favor. Todos se fueron por la borda.

El miércoles termina el esquí alpino con la disputa del eslalon femenino. Mikaela Shiffrin, que no obtuvo recompensa alguna en la combinada por equipos ni en el gigante, se enfrenta a la última oportunidad, y la mejor, a tenor de los antecedentes descritos, de salir de estos Juegos con un oro. Seguramente, después de lo visto en la prueba masculina, estará reflexionando más de lo habitual acerca de la delgada frontera que separa la ilusión de la decepción, lo probable de lo imposible y, en definitiva, el éxito del fracaso.

¿Por qué no hay curling en España? Los intentos "imposibles", una pista en un centro comercial y los amigos que lo intentan en un pantano

¿Por qué no hay curling en España? Los intentos “imposibles”, una pista en un centro comercial y los amigos que lo intentan en un pantano

Cada año decenas de personas se reúnen el último domingo de febrero en el pantano de Vallvidrera, al lado del Tibidabo, en busca del milagro: jugar un partido de curling al aire libre en Barcelona. Se dividen en dos equipos, aparece un árbitro que lanza una piedra al agua y se hace el silencio. ¿Qué pasará? Si suena chof, el partido se cancelará y todos se irán a desayunar fricandó, cap i pota o butifarra. Pero si por casualidad, un día, por primera vez en la historia, el pantano se congela y la piedra aguanta sobre el hielo, el partido será memorable.

«Nunca hemos podido jugar, pero mantenemos la esperanza», comenta Marc de Vicente, miembro del Vallvidrera Curling Club que niega los rumores. Las malas lenguas dicen que la iniciativa, que forma parte de la fiesta mayor de invierno del barrio, es sólo una excusa para un desayuno de los que exigen siesta.

«Pero estamos siguiendo la tradición, siglos atrás se jugaba al curling en el pantano», cuenta con sorna y ningún documento que lo corrobore. «Nos encanta el curling, lo vemos en cada Juegos, pero da para meme, la verdad», añade De Vicente.

Su iniciativa resume a la perfección qué es el curling en España: expectación y bromas. Mientras en países como Suecia, Canadá, Reino Unido e incluso Italia se considera el deporte rey de los Juegos Olímpicos de invierno, con ligas profesionales y estrellas como Niklas Edin o Stefania Constantini, en nuestro país no se pasa de la curiosidad y la comedia entre las piedras y las escobas.

Éxito en televisión

Las audiencias de los partidos en Eurosport suelen ser notables, pero la selección nunca ha estado sobre el hielo. Después de que hubiera representantes en bobsleigh, luge, saltos de trampolín, patinaje artístico, skeleton o patinaje de velocidad, quedan cuatro deportes olímpicos en los que España todavía no ha participado y uno de ellos es el curling. ¿Por qué?

TIZIANA FABIAFP

«Porque es imposible. En España no tenemos pistas preparadas para el curling y eso hace que cualquier proyecto de tener una selección potente sea inviable. En otros deportes puede pasar, que salga un esquiador, un snowboarder o un patinador que se deje la vida para cumplir su sueño. Pero en el curling tienen que salir cuatro o cinco al mismo tiempo y aún así es complicadísimo», analiza José Luis Corral, narrador de curling en Eurosport, la voz del deporte en España.

A principios de siglo la Federación Internacional de Curling cedió los derechos de retransmisión de su Mundial al canal continental y, en 2002, Corral se encontró frente a un micrófono relatando una disciplina de la que nadie conocía las reglas.Los primeros clubes, como el Jaggers de Madrid, el Sporting L'Olla de Lliçà d'Amunt o el Igualada, todavía se estaban formando y hasta 2003 no se celebraría el primer Campeonato de España.

«El curling siempre tuvo buena acogida en España y buenas audiencias, pero falta mucha inversión para tener un equipo que pueda competir con los mejores. Sin instalaciones no hay manera», concluye.

España en el Preolímpico

Hoy en día hay 11 pistas de hielo en España, pero ninguna de ellas tiene una zona dedicada exclusivamente al curling. Para el Campeonato de España, que el pasado fin de semana se celebró en Jaca, se suele habilitar una durante varias semanas, pero eso es todo. Los poco menos de 100 practicantes que se dividen en 10 equipos se tienen que conformar.

«El curling necesita un hielo muy cuidado, con condiciones específicas. No se puede compartir con el hockey o el patinaje artísticos. Nosotros siempre nos vamos fuera a entrenar, a Suiza, Holanda o Dinamarca», explica Eduardo de Paz, campeón con el Txuri Berri de San Sebastián y miembro del equipo masculino español que intentó alcanzar los presentes Juegos Olímpicos de Milán-Cortina d'Ampezzo.

Pese a su histórico ascenso a la División A del curling europeo, no consiguieron plaza para disputar el Preolímpico. Los únicos que lo lograron fueron el dúo mixto formado por Oihane Otaegi y Mikel Unanue, pero acabaron penúltimos en la competición que daba acceso a los Juegos.

«Hace 10 años nos juntamos un grupo en el Txuri Berri con el objetivo de llegar a lo más alto, pero nos cuesta seguir. Ponemos nuestro dinero, nuestros días de vacaciones y cada vez se hace más difícil», reconoce De Paz.

El proyecto en Xanadú

Tienen el apoyo de la Federación Española de Deportes de Hielo (FedHielo) y del Gobierno vasco, pero ni con esas. La única vía para que España crezca en el curling sería que se abriera una pista en una gran ciudad y ahora mismo no hay proyectos. Los CAR de Madrid y Sant Cugat planearon en algún momento la construcción de un recinto de hielo, pero ninguno salió adelante. Hace un tiempo el Centro Comercial Xanadú de Madrid prometió que se podría jugar al curling junto a su zona de esquí indoor, pero nunca más se supo.

«En algún momento hemos estado cerca de sacar una pista de hielo, pero se requiere una gran inversión. Sin una pista propia no hay base y sin base sólo podemos hablar de subsistencia», asegura Víctor Navarro, vocal de curling de la FedHielo y jugador del Barcelona Curling Club, que sueña con un futuro más esperanzador para su deporte en España: «El curling tiene magia, engancha».

La trigresa Brignone ruge de nuevo en el gigante de los Juegos Olímpicos

La trigresa Brignone ruge de nuevo en el gigante de los Juegos Olímpicos

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Muchas crónicas, incluida ésta, habrán comenzado, habrán titulado con un 'la tigresa ruge de nuevo'. Lógico. Casi obligatorio. La 'tigresa' es Federica Brignone, que lleva pintado en su casco el feroz rostro del felino. Después de haber vencido el jueves en el supergigante, la veterana (35 años) esquiadora italiana se exhibió triunfal en el gigante tras una primera manga prodigiosa. Una exhibición de clase y carácter que remató en la segunda para llevarse otro oro como otro milagro del deporte, como otra demostración de, conocida su historia, la capacidad del ser humano de ponerse en pie después de haber caído. La noruega Thea Louise Stjernesund y la sueca Sara Hector, vigente campeona olímpica, compartieron la plata al empatar a tiempos (2:14.12), 62 centésimas más que Brignone.

El primer sector había ofrecido un asombroso triple empate a tiempos entre Thea Louise Stjernesund, Sara Hector y la italo-albanesa Lara Colturi, todas en 1:03.97. Parece imposible semejante coincidencia. Mikaela Shiffin se había quedado en 1:04.25. No muy lejos. Pero no muy cerca. O sea, descartada en ese mundo que parcela el tiempo en magnitudes mínimas. Esta temporada se muestra intratable en el eslalon, pero no en el gigante. En el eslalon del miércoles deposita su última esperanza en el seno de su última oportunidad.

Con las garras desenvainadas y los colmillos húmedos, bajó entonces Brignone para registrar un crono de 1:03.23. No lo rebajaron ni la alemana Lena Duerr (1:03.57) ni Sofia Goggia (1:03.69). Las medallas se jugarían en un manojito de centésimas, una fracción de tiempo despreciable en la vida cotidiana, pero capital en muchas ramas del deporte.

El legado de Brignone

En el segundo asalto, Stjernesund y Hector, duplicando el anterior asombro, volvieron a igualar sus tiempos. Esta vez los totales (2:14.12). Increíble. No los superaron Sofia Goggia y Lena Duerr, ya fuera de los metales. Quedaba Brignone. Así que cuando 'la tigresa' salió desde el portillón como si escapara de una jaula en la que ha estado mucho tiempo retenida, únicamente ella podía derrotar a las siamesas nórdicas.

Y así fue. Con un crono de 2:13.50, las dejó 62 centésimas atrás. Ambas se arrodillaron y postraron para rendir homenaje a una heroína sufriente y rediviva. Recordemos su historia. En abril de 2025, después de haber ganado en febrero el gigante del Mundial de Saalbach, sufrió una lesión terrible: fractura de tibia y peroné, rotura multifragmentaria de la meseta tibial, luxación completa de la rodilla y severa afectación de ligamentos y meniscos. A los 34 años, su carrera estaba acabada y, probablemente, tendría problemas para andar de un modo normal el resto de su vida.

STEFANO RELLANDINIAFP

Antes de un año de aquello, es campeona de supergigante y de gigante y, además, en Italia, donde los esquiadores (y nadadores y atletas) gozan de la misma fama que los futbolistas. Alberto Tomba fue durante años el deportista más popular del país, en gemelo trono invernal con Deborah Compagnoni. Hoy día, entre las mujeres, Sofia Goggia, Elena Curtoni y Federica Brignone no les van a la zaga.

Brignone ha adquirido un suplemento de devoción. Ganadora de 37 pruebas de la Copa del Mundo, unidas a 85 podios, vencedora de la general en 2020 y 2025, ha rematado en el gigante un creciente historial. Obtuvo el bronce en Pyeongchang18 y la plata en Pekín22. Ahora es oro. En la ceremonia de inauguración fue la abanderada italiana. Un augurio. Una premonición de grandeza merecida, de previo reconocimiento nacional a una de sus heroínas.

Los drones que revolucionan los Juegos Olímpicos de invierno: vértigo en primera persona, un zumbido con polémica y una década de prohibición

Los drones que revolucionan los Juegos Olímpicos de invierno: vértigo en primera persona, un zumbido con polémica y una década de prohibición

Se lanza el trineo por el circuito de los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina, coge velocidad y, en la curva más salvaje del descenso, vértigo puro a 140 kilómetros por hora, ahí está un dron. Justo detrás del deportista, como si fuera su sombra. Los espectadores de todo el mundo pueden ver cómo gira, cómo desciende, cómo frena y, más allá, casi sentir lo mismo que siente él. Bienvenidos al futuro.

Para saber más

Los actuales Juegos no solo se recordarán por la superioridad de Johannes Klæbo o la desgracia de Lindsey Vonn; también se recordarán por un ruidito. Un runrún agudo que acompaña en las bajadas de bobsleigh, skeleton y luge, en las curvas del esquí alpino o en los descensos de los saltos de trampolín. Es el sonido de los drones de vista subjetiva (FPV) de alta velocidad que utiliza Olympic Broadcasting Services (OBS), el brazo audiovisual del Comité Olímpico Internacional (COI), para transmitir en HD toda la acción.

«Queremos que el espectador sienta el dinamismo de los deportes», explica Mark Wallace, director de contenidos de OBS. Y el espectador lo siente, vaya si lo siente. «Es lo que espera hoy en día cuando consume un evento deportivo, más aún si son unos Juegos Olímpicos», resume Pierre Ducrey, director deportivo del COI.

En la era de la sobredosis de entretenimiento y la atención dispersa, el deporte necesita sorprender. Para eso están los 25 drones del COI: 10 tradicionales para panorámicas y 15 FPV diseñados a medida para meterse en la acción.

Un campeón del mundo de piloto

Uno de los más destacados es el que se utiliza en las pruebas de trineo, diseñado por la empresa holandesa Dutch Drone Gods. Pesa solo 243 gramos -como un iPhone- frente a los mastodontes de 10 kilos que se utilizaban hace una década. Cuenta con hélices protegidas y baterías capaces de soportar temperaturas bajo cero. Cada unidad es responsabilidad de un equipo formado por tres especialistas -piloto, realizador y técnico- con la experiencia necesaria para operar en condiciones extremas.

ODD ANDERSENAFP

Por ejemplo, detrás de algunos de sus vuelos está Ralph Hogenbirk, fundador de la compañía y campeón del mundo de drones. Conocido como Shaggy, hace unos años llegó a construir el dron más rápido del mundo, capaz de alcanzar los 350 km/h y de perseguir a un monoplaza de Fórmula 1 de Red Bull. Ahora, en cambio, persigue a lugers por pistas estrechas. Lo hace hasta 50 veces al día. «Es el trabajo más difícil que he realizado», admite en The Atlantic. Espacios reducidos, cero margen de error y millones de personas mirando en directo.

Pero toda revolución tiene sus detractores. Algunas televisiones se han quejado del zumbido de los drones en las retransmisiones, aunque desde el COI aseguran que solo han recibido dos quejas formales. En redes sociales como X hay quien ha comparado el ruido con las vuvuzelas del Mundial de Sudáfrica 2010, aunque quizá la parte más peliaguda de estos artilugios sea el posible peligro que suponen para los atletas.

En 2015, en una prueba de la Copa del Mundo celebrada en Madonna di Campiglio, Marcel Hirscher esquivó por milímetros la caída de un dron -que entonces pesaba mucho más que los actuales-. La Federación Internacional de Esquí (FIS) prohibió su uso durante años y no levantó la veda hasta hace dos temporadas, después de múltiples pruebas. Hoy, con dispositivos más avanzados y protocolos estrictos, el COI defiende que la seguridad es total. Los deportistas, en su mayoría, respaldan el avance.

KIRILL KUDRYAVTSEVAFP

El alemán Felix Loch, triple campeón olímpico de luge, es tajante en declaraciones a AFP: «No te fijas en el dron. Dan imágenes claramente diferentes, que están súper bien. Hay que decirlo: es algo realmente bueno lo que han hecho con esto». Su compatriota Emma Aicher, que suma dos medallas de plata en estos Juegos Olímpicos, también opina que los drones no distraen: «Para nosotros, las imágenes que ofrecen son realmente buenas. No me doy cuenta del dron, está muy lejos».

En el futuro todo es posible

El camino hasta aquí ha sido progresivo. En los Juegos Olímpicos de Sochi 2014 vivieron un tímido debut; en Pekín 2022 se pusieron a prueba; y en París 2024 aparecieron en verano en disciplinas como el BMX o el skate. Pero ha sido en Milán-Cortina cuando han alcanzado su madurez.

Ahora el futuro asoma ya en Los Ángeles 2028. Si aquí funcionan, dicen en el COI, allí serán protagonistas absolutos. ¿Puede un dron FPV seguir a un velocista durante los 100 metros lisos? ¿Y girar junto a una gimnasta que ejecuta un triple mortal? ¿Llegarán a meterse en un partido del Dream Team? El olimpismo ha abierto otra puerta que ya no se cerrará.