De los puros de Auerbach a 'los Jays', así es el mito de los Celtics, el equipo más laureado (de nuevo) de la historia de la NBA

De los puros de Auerbach a ‘los Jays’, así es el mito de los Celtics, el equipo más laureado (de nuevo) de la historia de la NBA

Red Auerbach dijo una vez que los Celtics no eran un equipo de baloncesto sino un "modo de vida". Ahora que la leyenda verde vuelve a recuperar el trono, a ganar el anillo 16 años después y a situarse (de nuevo) por encima de los Lakers en esa eterna batalla por la hegemonía (18 títulos a 17) en la NBA, retumban las enseñanzas del entrenador y dirigente fallecido en 2006, las volutas de humo de los puros con los que festejaba los triunfos en el viejo Garden, la forja de un destino emparentado con la competitividad, con el baloncesto al 100%, con los mitos también en la cancha. Ese halo de energía flotaba en la peculiar ciudad de Boston, en una noche como las de antaño.

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Todo empezó con el pionero Red y siguió con Bill Russell. Y este anillo logrado ante los Mavericks de Luka Doncic casi por la vía rápida, perdiendo apenas tres partidos en todos los playoffs (y 18 en temporada regular), es en honor al gigante fallecido hace dos años. Estos Celtics de los 'Jays' (Tatum y el MVP Jaylen Brown) que perdieron las Finales de 2022 contra los Warriors y se llevaron un buen sofocón el curso pasado en la final del Oeste contra los Heat, han vuelto a desempolvar el añejo espíritu guerrero de la franquicia creada por Walter Brown en 1946, la primera en elegir a un jugador negro en el draft, la primera en colocar a cinco jugadores afroamericanos juntos en la pista (1963), la primera en tener un entrenador de color (1966). Todo por obra de Auerbach, el verdadero creador del mito celtic, autor de sentencias igual de inolvidables. "Yo siempre buscaba chicos con buen carácter y procedentes de un buen programa. Para mí, como si llevaba falda escocesa", reivindicó tras elegir a Chuck Cooper en 1950, dos meses después de llegar al cargo.

Bill Russell y Auerbach, en una foto de archivo.

Bill Russell y Auerbach, en una foto de archivo.AP

Con Red y Bill juntos se creó una de las mayores dinastías del deporte en EEUU, con 11 títulos de 1957 a 1959. "Auerbach, como Santiago Bernabéu en el Madrid, fue el eje de todo. Él tiene una idiosincrasia muy particular: veía lo que otros no. Tenía un concepto y un ojo para jugadores muy marcado. Y luego iba renovando. Cuando se retira Bob Cousy, vienen Sam y KC Jones. Nunca perdía calidad en el equipo. Y el gran mérito es que sólo había 12 equipos, todo agrupado, con jugadorazos en todas las plantillas. Jerry West, Oscar Robertson, Will Chamberlain... Quedar tantas veces campeón así es una proeza", reflexiona el periodista Antonio Rodríguez, autor del libro 'La leyenda verde', todo un experto en la mitología Celtic.

Que incluye nombres propios que pueblan el cielo del actual TD Garden, que sigue conservando partes del parquet de madera de roble procedente de los bosques de Tennessee del original, reutilizadas tras haber sido barracones de la segunda guerra mundial. Bob Cousy, John Havlicek, Tom Heinsohn, KC Jones, Dave Cowens y después Larry Bird, Kevin McHale, Robert Parish y la rivalidad con los Lakers elevada hacia cimas que relanzarían (junto a un tal Jordan a continuación) la NBA hasta lo que es hoy en día... También episodios malditos, como las trágicas muertes de Len Bias (por sobredosis, horas después de que los verdes lo eligieran como número uno del draft) y Reggie Lewis (un paro cardíaco súbito en un entrenamiento) y la travesía en el desierto de 22 años hasta volver a ser campeones con Garnett, Allen o Paul Pierce.

"Los 80 fue otra época dorada. Larry Bird fue elegido en el draft un año antes de que pudiera jugar en la NBA. Auerbach sabía que iba a ser icónico. Y le rodeó con tipos que quizá nunca hubieran sido estrellas. McHale, Danny Ainge, que estaba entre el béisbol y el baloncesto, Parish... Un equipazo. Las muertes de Len Bias y Reggie Lewis impidieron que hubieran conseguido mucho más en los 90", admite Rodríguez.

Las cosas siguen igual en Boston, una ciudad donde "la religión era el hockey hielo, con los Bruins", donde las tradiciones se respetan como en ningún otro sitio. El mismo escudo con el Shamrock irlandés, la misma camiseta, el mismo logotipo con el Leprechaun, ese duende de la mitología gaélica que diseñó Zangfeld, el hermano de Auerbach. Pero desde aquel 2008 hasta ahora han pasado un buen puñado de años y de expectativas. Hasta dos anillos de los Lakers, incluido el de las Finales de 2010. Y la enésima reinvención y de decisiones de las que marcan el porvenir. Esta vez, con dos pilares elegidos consecutivamente en el tercer puesto de los draft de 2016 y 2017. Y de los refuerzos que han hecho insuperables a los del religioso Joe Mazzulla (su nombre ya junto a los de Auerbach, Russell, Heinhson y Doc Rivers), especialmente el de Jrue Holiday (Porzingis se perdió demasiados partidos por lesión) llegado desde el que parecía su principal rival en el Este, los Bucks. Todo por obra en los despachos de Brad Stevens, otro que pasó del banquillo a la gerencia con decisiones trascendentales.

Jaylen Brown, tras conquistar el anillo y el MVP.

Jaylen Brown, tras conquistar el anillo y el MVP.ELSAGetty Images via AFP

Ahora, el heredero del Celtic Pride es Tatum, cinco veces All Star, oro olímpico en Tokio (también estará en París). Un chico de 26 años formado en Duke, profundamente admirador de Kobe Bryant y que no se ha perdido ninguno de los 130 partidos que los Celtics han disputado en playoffs desde la temporada 2016-2017. Y la pareja que forma con Brown, el escudero perfecto que ha logrado un merecido MVP tras unos playoffs pletóricos.

Hezonja y la renovación más disparatada que se recuerda: del "cariño" del Madrid a la firma con el Barça

Hezonja y la renovación más disparatada que se recuerda: del “cariño” del Madrid a la firma con el Barça

No recuerda el baloncesto español un episodio semejante, un culebrón repleto de giros de guion, de requiebros dialécticos, de rumores y hasta de contratos firmados... para que todo acabe en el punto de partida. Sin tener todavía el sello oficial, Mario Hezonja, genio y figura, un misterio hasta para él mismo, seguirá en el Real Madrid pese a que firmó por el Barça. Por muchos años. O no.

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Habría que poner orden para entender lo insólito. Hezonja, un talento indiscutible, fue fichado por el Real Madrid hace dos veranos en una oportunidad de mercado. Salía del UNICS Kazan ruso (sancionado el club por la guerra en Ucrania), en el que había brillado en Euroliga tras un breve paso por el Panathinaikos en lo que suponía su retorno de una NBA en la que no lo pasó demasiado bien pese (o por) las altas expectativas de todo un número cinco del draft.

Mario había sido canterano del Barça, tres años, de 2012 a 2015, de formación y debut oficial como azulgrana a las órdenes de Xavi Pascual, pero en Madrid encontró un hábitat estupendo para explorar su mejor versión y ganó la Euroliga a la primera. Este periódico le preguntaba justo antes de la reciente Final Four por ese cénit, por esa madurez. "Gracias al staff y a mis compañeros, especialmente a la vieja guardia, me han calmado mucho, en temas de liderazgo y madurez. Estoy lejos de mi mejor versión de baloncesto, eso llegará en el futuro. Creo que esto sólo podía llegar en el Real Madrid, no en otros equipos", explicó, la misma mañana en que dio la primera pista de su futuro, de las intenciones de seguir de blanco pese a los rumores (y sus malas caras, sus cortocircuitos...) en muchos momentos previos de la temporada. Un titular citando a las altas esferas: "El señor Florentino me amenaza cada vez que me ve en el comedor con que tengo que quedarme aquí. Ojalá. Estoy hablando con Juan Carlos (Sánchez), con Alberto (Herreros). Tenemos todos el mismo pensamiento".

Hezonja, con el trofeo de la ACB.

Hezonja, con el trofeo de la ACB.ACB Photo

Fue un mensaje de calma justo antes de la gran batalla de Berlín. Donde el croata, siempre una montaña rusa, volvió a ser protagonista, esta vez para mal. 18 triples lanzados, sólo cuatro anotados y una sensación de permanente precipitación en la Final Four. Y un mea culpa -"He perdido un título muy importante para mi equipo. Absolutamente"-, que tampoco sentó demasiado bien a la dirección deportiva, pues se entendía que el foco, incluso en la derrota, debía ser colectivo y así lo admitió Chus Mateo días después.

Mario recuperó la sonrisa en la final de la ACB ganada al Murcia y allí, a pie de pista, en plenos festejos, volvió a dejar otro mensaje que parecía definitivo. "Siento que son mi familia. Me gustaría devolver el cariño con más años aquí y más títulos para el Real Madrid", anunció apenas unas horas después de la bomba, desvelada por el diario Marca: Hezonja había firmado unos días atrás un preacuerdo con el Barça para un futuro contrato de cuatro años, a razón de tres millones de euros, uno de los sueldos más altos de todo el continente. "Yo (mi futuro) lo sé desde hace tiempo. Faltan detalles. Ojalá muy pronto", llegó a decir a Tirando a Fallar ese mismo miércoles en el Palacio de los Deportes murciano. Dijo eso, que a su futuro le faltaban "detalles", que lo sabía "desde hacía tiempo", cuando negociaba con el Madrid y había firmado con el Barça.

Entre las palabras y los hechos había un abismo que desconcertó a todos en cuestión de horas. Las palabras, las promesas de amor al Madrid, hicieron descarrilar al Barça, desde su directiva a sus aficionados. Josep Cubells, directivo responsable de la sección de baloncesto, echó abajo la operación y en pleno calentón se fue a por Kevin Punter, un escolta anotador de perfil completamente diferente. Los hechos, sin embargo, no elevaron la temperatura de un Madrid siempre frío en los despachos.

Y el domingo, la reconciliación. Y el acuerdo, por cifras económicas alejadas de las que ofrecía el Barça, pero también de las primeras ofertas blancas que rechazó Hezonja hace meses. Sigue quedando el papel firmado, un preacuerdo que seguramente incluya consecuencias en caso de no llegar a firmarse el contrato, como así va a ser. Podría acabar en un juzgado aunque, aparentemente, ni al Barça ni a Hezonja les interesa ya lo pactado.

Gracia Alonso de Armiño, la 'prima' de Ginóbili que llevó a España a los Juegos con una canasta imposible: "Esa es la esencia del 3x3"

Gracia Alonso de Armiño, la ‘prima’ de Ginóbili que llevó a España a los Juegos con una canasta imposible: “Esa es la esencia del 3×3”

En la Plaza de la Concordia buscará España una medalla olímpica en baloncesto este verano. Sí, en baloncesto, 3x3 y femenino, y gracias a una de las canastas más asombrosas que jamás vio este deporte. De espaldas, sobre la bocina... Puro highlight. La autora, una enfermera de Bilbao. «Alucino todavía», cuenta a EL MUNDO Gracia Alonso de Armiño, heroína ante Canadá en Debrecen hace unas semanas, en un Preolímpico ya para siempre en el recuerdo.

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«Salió. Y esa es la esencia del 3x3. Una disciplina en la que no te puedes dar por vencido. Las remontadas son cuestión de dinámicas», explica la jugadora del Estudiantes, en 5x5 los inviernos porque el baloncesto femenino aún no da para ser profesional del todo. Que se autodefine, con orgullo, como «intensa»: «Quizá no sea muy talentosa, pero voy al rebote como un animal, bloqueo...». Y que resume ese espíritu en su propia experiencia vital, la pequeña de cuatro hermanos, «siempre de paquete detrás de la manada».

Por eso empezó a jugar al baloncesto, por eso se marchó adolescente a EE.UU. a estudiar inglés... Terminó enfermería pero, antes de ejercer, probó la aventura con las canastas -había jugado y destacado en la Universidad en Tennessee-, una temporada en Suecia, la vuelta a Madrid con el Canoe, donde «nadie me conocía». El ascenso paulatino hasta asentarse en la Liga Femenina y el 3x3 de sus amores, ese que siempre practicó «a nivel callejero porque es muy espontanéo y liberal», como camino insospechado a la fama y quizá a la gloria, porque en París no se renuncia a nada y España, «junto a EEUU, China, Canadá, y Australia», está entre las favoritas a medalla. «Te lo pasas mejor. El ambiente, la música, somos sólo cuatro, rotando continuamente en partidos rapidísimos, los entrenadores no nos pueden hablar desde la grada... Hay mucho de estrategia con el uso de faltas, pensar con poco oxígeno... La experiencia hace mucho. Agilidad mental mientras estás medio hiperventilando», relata quien comparte vida y experiencias en la selección con Sandra Ygueravide, Juana Camilión y Vega Gimeno.

Momento del lanzamiento sobre la bocina de Gracia, ante Canadá.

Momento del lanzamiento sobre la bocina de Gracia, ante Canadá.FEB

La selección española, que se quedó a las puertas del debut olímpico de la especialidad en Tokio (en masculino nunca ha conseguido billete), debutará en París gracias al instinto de Gracia, que se lanzó «como un animal» a por el rebote de su propio lanzamiento y... «Ahí no piensas, tiras de intuición. Le rebañé de las manos el rebote. Alucino. No puede ser que en dos o tres segundos se tomen ese tipo de decisiones. En cuanto la cogí ni la bajé. La canasta estaba en horizontal a mi espalda y fue el tacto preciso, a conciencia», detalla una acción tan viral, tan «surrealista», que ni ella misma la puede dejar de ver.

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«Pero detrás de esa canasta hay mucho trabajo, parece que ganamos de chiripa, de rebote y no... Bueno, sí fue un poco de rebote, la tiré a la desesperada», reivindica con media sonrisa Gracia, en cuyo apellido se esconde un rocambolesco parentesco descubierto por Piti Hurtado. El segundo apellido materno de Manu Ginóbili es idéntico, procedente de sus antepasados españoles, que residían en la misma zona de la provincia de Burgos que los ancestros paternos de ella, que después emigraron al País Vasco. Los 'primos' Gracia y Manu comparten genialidad en el ADN.

La reafirmación de Chus Mateo, la "tristeza" por el año casi perfecto y la obligada renovación en el Real Madrid que empieza por Ibaka

La reafirmación de Chus Mateo, la “tristeza” por el año casi perfecto y la obligada renovación en el Real Madrid que empieza por Ibaka

De lo primero que se acordó Chus Mateo tras ganar su quinto título con el Real Madrid (sexto si se cuenta la ACB de 2022 en la que dirigió al equipo ante el Barça en ausencia de Pablo Laso) fue de la final perdida en Berlín. Acababa de completar unos playoffs sin mácula (8-0) y lo primero que pronunció fue "estamos un poco tristes" por la Euroliga. No hay mejor indicativo de la exigencia del puesto que ocupa, del ADN y el inconformismo del club que todavía no le ha renovado. El segundo año de la era Mateo (era, porque los resultados avalan su futuro) pudo ser impecable. Un repóquer de títulos para los libros de historia. A la perfección -un triplete que sólo logró tres veces en su historia, 1965, 1974 y 2015- apenas le faltó una noche ante el Panathinaikos en el Uber Arena, esa segunda parte de frustración y poca energía física y mental. Una temporada de 9,5 coronada en Murcia para la reconquista de la Liga, la número 37 del club.

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La tan temida transición del 'lasismo' no ha variado la hoja de ruta de un equipo que sigue siendo el más regular, temido y potente del continente. Mateo ha sumado en dos temporadas todos los títulos posibles, una Euroliga, una Copa y una Liga (más las dos Supercopas). Ha mantenido la seriedad del proyecto, ha recuperado este curso incluso cierta alegría en el juego, varias noches por encima de los 100 puntos, que recordó a aquellas primeras temporadas de Laso y ha sabido repartir, pese a los "altibajos" (especialmente tras la Copa), los roles y los egos de una plantilla con varios referentes. Un trabajo silencioso de (buen) entrenador.

Para la presente temporada sólo sumó el técnico un fichaje. Salieron Hanga, Williams-Goss, Petr Cornelie y Anthony Randolph, pero el refuerzo fue determinante. El retorno de Facundo Campazzo, el mejor base posible, el empuje ideal. MVP de la Supercopa y la Copa, bien lo pudo ser también de la ACB. Al colectivo le respetaron las lesiones (apenas la grave de Gaby Deck, que le ha impedido disputar los playoffs y la Final Four) para un camino realmente constante. Acaba el curso con un poderoso balance de 72 victorias (además de la conseguida ante los Mavericks de Doncic) por sólo 14 derrotas (84% de triunfos), algo que, esto sí, reivindicó su entrenador: "No recuerdo que lo hayan hecho muchos equipos".

Florentino Pérez charla con Campazzo, tras ganar la ACB en Murcia.

Florentino Pérez charla con Campazzo, tras ganar la ACB en Murcia.ACB Photo

Cerrado un curso que contrasta además con las penurias del Barça y su año en blanco (más el despido de Roger Grimau), el Real Madrid afronta un verano que marcará su porvenir inmediato. La maquinaria no se detiene y esta vez sí o sí habrá más movimientos en su plantilla. Empezando por la retirada de Rudy Fernández, ante el UCAM bien pudo ser el último partido de blanco de Sergio Rodríguez -aunque él guarda silencio, así lo indicaron todas las señales, incluida la llamada de Llull para alzar el trofeo-, Fabien Causeur o Vicent Poirier. También falta por resolver el porvenir de Mario Hezonja, aunque el siempre locuaz croata ya dejó claro que su intención es que esas negociaciones (el salario es la clave) en marcha lleguen a buen puerto para aquella "gente que estaba hablando mierda que no era verdad". La de Edy Tavares, de larga duración, está sólo a falta de anunciarse, igual que las de Dzanan Musa y el capitán Sergio Llull.

Y entonces será el turno de los retoques a una plantilla en la que parece evidente (y necesario) el paso adelante de Hugo González, quizá el proyecto más interesante de la nueva hornada de estrellas del baloncesto español. Sin Rudy ni Causeur, su espacio crecerá sí o sí. Llegará algún exterior más (suenan con fuerza Xavier Rathan-Mayes y Andrés Feliz), pero el puesto más urgente por solucionar es el del pívot suplente de Tavares. Y ahí surge un nombre que, según ha confirmado este periódico, ya ha llegado a un acuerdo con el Madrid. Se trata de Serge Ibaka, quien volvería a vestir de blanco tras su paso fugaz durante el lockout de la NBA en 2011. Después de su gran año en el Bayern (12,6 puntos y 6,8 rebotes y casi un 50% en triples) a las órdenes precisamente de Laso, el internacional español, camino de los 35 años, además de su experiencia, físico y prestaciones, cumple con un requisito: es cupo nacional.

El MVP Musa, el hola de Hezonja y el 'adiós' del Chacho: "Los años son muy largos..."

El MVP Musa, el hola de Hezonja y el ‘adiós’ del Chacho: “Los años son muy largos…”

La fiesta en el Palacio de los Deportes de Murcia, allá donde el Real Madrid abrió la temporada ganando la Supercopa, estuvo repleta de detalles. La emoción local con su gesta de llegar hasta la final, la contención de Chus Mateo -siempre a un lado del protagonismo cuando en dos temporadas ya ha ganado cinco títulos con el Real Madrid-, el primer MVP de blanco de Dzanan Musa y luego estuvieron las declaraciones de Mario Hezonja y Sergio Rodríguez. Las del primero sonaron a permanencia, las del segundo, a despedida.

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Aunque, más que sus declaraciones, fueron sus gestos. O los gestos de su compinche Sergio Llull, el capitán, quien llamó a filas tanto a Rudy Fernández (confirmada su retirada este verano), como a Sergio Rodríguez, que ni ha confirmado ni desmentido su futuro, a la hora de levantar el trofeo. El canario aguarda su momento, pero en los micrófonos de Movistar habló sin decirlo: "Es tiempo para celebrar el título que los años son muy largos...".

Quiso Llull tener junto a él a quienes han gobernado ese vestuario, a los dueños del carácter y la competitividad, a los veteranos hasta los que se rinde Luka Doncic. Leyendas blancas. Nombres propios de una era. Sergio Rodríguez celebró en Murcia su 38º cumpleaños y este jueves se cumplen 20 años de su debut profesional, en aquella final en la que Pepu Hernández le lanzó a los leones del Barça y ante los que ya dejó destellos de torero. "Entonces perdí la final y ahora ganó el título...", pronunció, queriendo decir sin decirlo que cerraba un círculo. En los próximos días, el genial base confirmará si se retira o si cumple una temporada más en otro club, algo que no parece muy probable.

Hezonja y Musa, en Murcia.

Hezonja y Musa, en Murcia.ACB Photo

La buena noticia para el Madrid fueron otras palabras. Las del siempre honesto Mario Hezonja, que ya hace unos días, antes de la Final Four, despejó los rumores que daban por segura su marcha al Panathinaikos (todavía no ha renovado) -"El señor Florentino me amenaza con que tengo que quedarme aquí. Ojalá"-. Y que insistió tras ganar la ACB y recordar la final perdida en Berlín. "Soy perfeccionista y quiero ganarlo todo siempre. Me siento malísimo por perder la Euroliga y por eso me gustaría devolver a mi gente, a mi club ojalá los próximos años muchos títulos más", dijo en Movistar a pie de pista.

"Para eso me han traído. Hemos hablado de que necesitábamos gente así y de verdad que me siento muy cómodo, siento que son mi familia. Me han recibido con los brazos abiertos cuando mucha gente estaba hablando mierda que no era verdad. Me gustaría devolver todo eso con más años aquí y con más títulos para mi equipo", siguió Hezonja en la noche de la reconquista de la ACB, título que el Madrid perdió la temporada pasada ante el Barça días después de ganar la Euroliga en Kaunas.

El Real Madrid reconquista la ACB tras ganar el tercero en Murcia ante un digno UCAM

El Real Madrid reconquista la ACB tras ganar el tercero en Murcia ante un digno UCAM

El Real Madrid conquistó la Liga ante el rival más digno que se podía haber encontrado. Será recordado el UCAM Murcia pese al 3-0, porque se plantó en una final en la que nadie le esperaba y porque se empeñó en honrar su presencia con un amor propio a prueba de dificultades. Tras unos playoffs sin mácula, el equipo de Chus Mateo cierra, con su liga número 37, un curso en el que sólo Berlín le separó de la matrícula de honor. [73-84: Narración y estadísticas]

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Alzó Llull, al alimón con sus compinches Rudy Fernández y Sergio Rodríguez el trofeo en el Palacio de los Deportes, el mismo escenario del primero del curso allá por septiembre (la Supercopa). De principio a fin un Madrid lleno de virtudes, en lo individual y lo colectivo. Reconquistado el título que hace un año le arrebató un Barça ahora tan de capa caída.

Musa, defendido por Caupain, en Murcia.

Musa, defendido por Caupain, en Murcia.Marcial GuillénEFE

En la Final Four se le escapó la temporada perfecta a un equipo que cumplió las expectativas y que no falló ante la revelación. Sólo dobló la rodilla el Murcia tras el descanso, donde ya no le llegaron las fuerzas, cuando el Madrid intuyó la meta y el éxito, el colmillo a punto, 34 puntos en un tercer acto arrollador - «nos hemos despitado tres minutos y...» reconocía Sito Alonso-, Musa (nombrado MVP), Hezonja y Campazzo desatado, para ya no mirar atrás. Porque el UCAM no iba a ser comparsa tampoco en el tercero envite, ni con dos sets abajo se iba a rendir y menos ante esa afición que no ha visto ganar un sólo partido en todos los playoffs en el Palacio. Era su fiesta y la intención es que siguiera el viernes. Que nadie les despertara todavía del sueño de una final. Y ni el amanecer con un duro 3-9 les arredró.

Esta vez la cuestión iba de intensidad y de acierto. De morder. Dylan Ennis, que ha aparecido poco en esta serie, clavó tres triples seguidos y eso fue un revulsivo total, combustible para las tribunas. El Madrid perdía más balones de los recomendables y andaba, como en lo que va de final, con la puntería justa. Y eso que Llull anotó su primer triple después de 13 intentos. Pero la respuesta murciana era un distancia de la que no había gozado hasta ahora, un más 10 cuando al fin Diagné acertó desde cinco metros (38-28). Sin noticias ofensivas de Campazzo, Tavares y Yabusele, los de Chus Mateo se quedaron en menos puntos (32) que preocupaciones al descanso.

A la vuelta no pareció haber mejores noticias para el Madrid, enredado en cuestiones que iban más allá del juego, los rifirrafes entre Ennis y Campazzo, una antideportiva a Tavares por un codazo... Volvieron a saltar las alarmas con los puntos en la pintura de Kurucs, con el cuarto triple de Ennis (51-42). Y justo ahí, en esa frontera, despertó la bestia. Como ha sucedido en los dos precedentes, fue la puntería lo que hizo imparable al Madrid. Cuatro triples consecutivos (dos de un Hezonja inspiradísimo) y un parcial de 2-16 que era un resorte hacia la meta.

Ahora sí, Campazzo era el dueño del escenario que un día fue su casa. El Madrid contenía por fin el rebote ofensivo y los murcianos se frustraban con lanzamientos que se salían. Abalde cerró un tercer acto de 34 puntos, más que en toda la primera mitad (56-66) y lo iba a continuar después, pletórico el gallego, cerrando su mejor temporada de blanco y llamando fuerte a las puertas de Scariolo.

El UCAM siguió empujando, encontró un par de triples como agua para un naufrago, pero su corta rotación eran energías que se echaban de menos y a Sito Alonso ya no le daba para más héroes. Menos con sus dos cincos sanos (lesionados están Todorovic y Birgarder) bien temprano expulsados por cinco faltas. Hasta la meta los murcianos, pedaleando hacia un imposible, reverenciando con su batalla al campeón Real Madrid.

Jordan Díaz: "Una medalla haría que todo el sacrificio de dejar a mi familia en Cuba valiera la pena"

Jordan Díaz: “Una medalla haría que todo el sacrificio de dejar a mi familia en Cuba valiera la pena”

Hace poco más de tres años, el 28 de junio de 2021, este chico que sonríe con dientes de oro era una de las mayores perlas del triple mundial, un privilegiado que a los 16 años ya había saltado más de 17 metros, que había sido campeón del mundo sub-18 y sub-20. Desertó del equipo cubano que viajaba a Oslo y solicitó asilo político en España. De salto en salto, el más grande era el vital, el que le impedía acudir a los Juegos de Tokio entonces, el que le ha hecho que en todo este tiempo no haya podido ver a sus padres.

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En febrero de 2022 el Gobierno español concedió a Jordan Díaz (La Habana, Cuba, 2001) la nacionalidad y el pasado mes de abril World Athletics el permiso para debutar con España. Lo hizo el domingo, clasificándose para la final del Europeo con un salto de 17,52. Este martes en Roma buscará su primera medalla, compartiendo favoritismo, rivalidad e incluso recorrido con el también cubano Pedro Pichardo (compite por Portugal). Aunque los sueños y todos los sacrificios de Jordan tienen su diana en París, "el objetivo fundamental". "Si salto 18 metros, que sea en los Juegos", expresa en EL MUNDO.

Entre la imposibilidad normativa para competir y las lesiones (tendón rotuliano), estos meses previos no han resultado sencillos.
Fue complicado mantener la cabeza bien. Ver las competiciones por televisión, saber que podía haber estado ahí. Que mi nivel era súper top, pero no podía estar. Jode mucho, pero era una consecuencia de lo que había hecho. Eso me quita un poco de culpa, por decirlo así. Son cosas que pasan en el deporte.
Todo el mundo da su medalla por segura en París.
Yo trato de quitarme toda la presión posible. Todo lo que pueda me lo quito. Los medios de comunicación suponen un plus, saber que se cuenta con una medalla mía para España. Eso es bueno. Te mete presión. Un oro en París son palabras mayores. Son unos Juegos y todos van al máximo nivel. Una plata o un bronce también sería una medalla increíble. Yo digo que voy a estar en 'octavos', entre los ocho mejores. Y ahí que salga el salto. El nivel es muy grande. Dependerá del día de cada uno, todo puede pasar.
¿Qué supondría?
Me cambia la vida. Me daría la vuelta a la vida y no tanto por el dinero. Sería por mi familia. Yo les he dicho que les voy a llevar la medalla. Eso haría que todo el sacrificio de dejar mi vida y mi familia en Cuba valiera la pena. De todas formas, hay más competiciones. Soy joven, me quedan muchas. Pero ahora sería un buen punto de inicio.
¿El salto perfecto se le aparece en sueños?
Se sueña demasiado con el salto perfecto. Hasta durmiendo, todos los días de este mundo, se sueña con eso. Es un pedazo de sueño. Y que salga en el momento oportuno. Yo no estoy pensando en los 18 metros (su mejor marca es 17,87), pero si los salto, ojalá me salga en los Juegos. Me dicen que tengo que hacerlo antes. No, no, a mí ojalá que me salgan en los Juegos. Ahí. Y si con eso hago cuarto, será porque ha sido la competencia más fuerte de la historia del atletismo.
Sólo seis atletas en la historia han pasado de 18. ¿Ha visto en vídeo aquel de Jonathan Edwards en 1995 (18,29, récord del mundo vigente)?
Muchas veces, es una locura. Corre mucho y el primer paso es increíble. Y el último, una puta locura. La velocidad es algo muy importante y el primer apoyo, que es el más complicado. Estéticamente es... Él es el diferente en el triple. Todos somos altos, fuertes... Bueno, yo no soy fuerte. Y él es chiquitico...
Jordan Díaz, en la pista de atletismo de Moratalaz.

Jordan Díaz, en la pista de atletismo de Moratalaz.Sergio Enriquez-Nistal

Renunció a los pasados Juegos para ser español.
Fue un proceso difícil. Tenía que hablarlo con mi familia, fue complicado y me apoyaron. Lo bueno fue que me pillo en cuarentena. Me dio mucho tiempo para pensarlo bien. Tomaría esa decisión cien veces, sin pensar. Lo tenía muy claro. Las cosas estaban difíciles en Cuba. Es la mejor decisión que he tomado en mi vida.
Desde entonces no ha visto a sus padres.
En teoría, son como ocho años sin ir al país. Ellos podrían venir a España, pero es complicado. Aparte de los Juegos, sueño con el momento de reencontrarme con mis padres.
¿Cómo recuerda su infancia en La Habana?
Estaba todo el día jugando en la calle. Al fútbol, con la pelota... Haciendo locuras, como todos los niños. Hasta que empecé en el atletismo y todos esos juegos me los tuve que ir quitando poco a poco. Fue de casualidad, no es algo que quería. Mis amigos se apuntaron a atletismo y yo también. Y cuando me quise ir, mi madre no me dejó, porque sabía que me quitaba mucho tiempo, que llegaba a casa cansado y no jodía tanto.
¿Qué haría si pudiera regresar?
Mi casa es lo que más echo de menos. Si fuese por mí, me pasaba la semana en mi casa. Y luego estaría de viaje por Cuba con mi familia.
¿Por qué es tan especial Iván Pedroso?
En mí ha cambiado absolutamente todo. Desde la mentalidad a la técnica, me lo ha cambiado todo. Es una persona que siempre está ahí, al punto, al detalle de la técnica. 'Tienes que levantar un poco el pie, tienes que acelerar...'. Me ha ayudado bastante, porque es algo que me faltaba. Y la paciencia. Él va al paso, no te apura de que ahora tienes que saltar 20 metros. Siempre despacito, primero por aquí, luego por aquí... Todo muy cuadriculado.
La velocidad es la principal evolución.
Es lo que más he trabajado con él, lo único que me faltaba. En Cuba era mucho más salto y salto. Ahora corro demasiado, parezco velocista.
¿Cómo es Jordan fuera de la pista?
Soy una persona que siempre me estoy riendo. Paso mucho tiempo jugando a la Play, con amigos. Me gusta hacer planes, ir a cenar, a tomar algo. A veces el deporte me priva un poco de eso, pero lo intento. Soy una persona alegre.
Lo de la Play es más que un hobbie.
Tengo mi canal de twitch, pero me falta organizar algunas cosas que no sé. Buscar un amigo que me lo gestione bien, por eso no hago tantos directos. Te digo, me gusta mucho ese mundillo. Cuando lo tenga bien, le daré más caña.
¿Qué le aporta España?
Las personas aquí son increíbles. Son alegres, acogedoras. Me han apoyado bastante para ser recién llegado, estoy muy contento.
¿Fue bien acogido por el resto de atletas?
Al principio hubo recelo. Pero se fue evaporando muy rápido. Creo que ya se me tiene como uno más, como si fuera de aquí.
Ana Peleteiro, que tan importante fue para ti (con ella entrena y fue crucial en su deserción) no se cansa de denunciar los insultos racistas que recibe. ¿Ha sufrido racismo en España?
Racismo no hay en España, hay racistas. Yo no he sufrido ningún tema de racismo gracias a Dios. España no es un país racista. Es asqueroso y está bien que Vinicius o Ana luchen por lo que están luchando. Yo no he vivido nada y no puedo generalizar. Insisto, España no es un país racista. Hay racistas como lo puede haber en Italia o en Alemania o en otros países europeos.
¿Tiene pensado cómo celebraría una medalla olímpica?
No sé. Lo que me de. He pensado en la medalla, pero no en el después. Me pongo en la Gran Vía con la ropa de competición y doy tres volteretas. Qué se yo.
La inolvidable noche de Rudy Fernández: se despide del WiZink dejando al Real Madrid a un paso del título

La inolvidable noche de Rudy Fernández: se despide del WiZink dejando al Real Madrid a un paso del título

Había run run de despedida en la previa, Rudy como centro de los comentarios, porque una victoria del Real Madrid era prácticamente el adiós de una leyenda, el último partido en el WiZink de quien conquistó con su talento y su sabiduría baloncestística a toda una afición. Y el destino tiene estos guiños, el balear iba a darse un baño de emoción pero también de protagonismo. Si la final ya no vuelve a Madrid, si los de Chus Mateo ganan uno en Murcia, quedará ese último rato de Rudy, esos cuatro triples, ese ímpetu irredento, esas lágrimas. [79-63: Narración y estadísticas]

Pudo ser la última noche de Rudy en el Palacio con la camiseta del Real Madrid, pero también la del Chacho o de la Causeur. Los blancos están a un paso de la reconquista de la ACB, de su tercer título del año, en una temporada cuya guinda se quedó en Berlín. Con su inercia demoledora fue demasiado para el UCAM, que le puso todos los ingredientes al duelo para pelearlo, pero que fue frustrado por el colectivo blanco; Chus Mateo maneja una navaja suiza, llena de armas con las que destrozar a cualquiera.

Será recordado el UCAM como un dignísimo finalista, un honor que forjó en dos eliminatorias históricas contra Valencia y Unicaja sin factor cancha y que honró ante un Real Madrid ante el que no salió a verlas venir. Dice Sant-Roos que son "las locuras" de Sito Alonso que todos siguen a pies juntillas. Pero cómo iban a llegar hasta aquí y no competir, no intentar disfrutar de la adrenalina de una batalla en la que la mayoría nunca estuvieron.

Rudy Fernández, en acción contra el UCAM Murcia.

Rudy Fernández, en acción contra el UCAM Murcia.ACB Photo

Duró lo que duró y el miércoles en Murcia el Real Madrid puede ser campeón, pero el UCAM salió a competir con bravura y valentía, con la zona como cebo para intentar hacer dudar al rival (los blancos fallaron 10 de los 11 primeros triples que intentaron) y con los guerreros de Sito dispuestos a cualquier cosa. Mediado el segundo acto se veían plenos, por delante incluso en el marcador (22-23), con un oponente al que le señalaban dos técnicas por protestar.

Pero entonces apareció Rudy, que no quiere alfombras rojas como despedida. Quiere baloncesto, competición, lo que mejor hizo siempre. Con él en pista todo cambió. Un 18-7 de parcial hasta el decanso, con Yabusele como mejor acompañante y una respuesta táctica genial de Mateo. Zona contra la zona, Rudy a los mandos y el segundo round cuesta abajo.

No se iba a rendir tan fácilmente el Murcia. Y eso que Musa, con demasiado afán de protagonismo ofensivo, estiró la cuerda hasta el +13 (49-36). Se volvió a poner manos a la obra Sito, rigor táctico e intensidad, Sleva como respuesta y triples que se clavaban en el pecho del Madrid. El de Hakanson, volvió a acercar a los visitantes (55-51).

Y entonces volvió Rudy. Y robó un balón. Y levantó a las tribunas. Y se llevó el enésimo golpe. Y anotó su tercer triple, ya en el último cuarto, cuando estaba escribiéndose un guion maravilloso. Porque después también clavó, a una mano, una canasta sobre la bocina de la posesión. Para delirio del WiZink.

El Murcia siguió intentándolo, pero ahí seguía Rudy, que con su cuarto triple sin fallo sentenció el partido. Quedaban más de dos minutos, Chus Mateo lo cambió por Llull y se produjo un momento inolvidable. Una ovación infinita, más de 10 minutos de honor a la leyenda entre lágrimas. A un jugador irrepetible, un adiós único.

Moha Attaoui, entre el punch de Pogacar y los vídeos de El Guerrouj: "Voy a sorprender"

Moha Attaoui, entre el punch de Pogacar y los vídeos de El Guerrouj: “Voy a sorprender”

«Yo me siento más español que...», bromea Mohamed Attaoui (Beni Melai, Marruecos, 2001), rematando cada frase con media carcajada, entre la timidez y la ambición, una perla que llegó a Torrelavega con seis años y que ahora se pule en los cielos de los Alpes, en la coqueta St. Moritz (Suiza), donde pasa frío y aburrimiento dice, pero donde su rendimiento se empieza a disparar gracias a uno de esos «trenes que pasan una vez en la vida». «Al principio, me daba miedo. Cambiar de grupo de entrenamiento, otro idioma, otro entrenador. Pero me está yendo todo súper bien...», cuenta de su fichaje por el On Athletics Club Europe a finales de 2023.

Para saber más

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Hasta entonces, Attaoui hacía lo que podía. Ochocentista con talento innato, fue subcampeón de Europa sub 23, pero se pagaba de su bolsillo concentraciones en Ifrane o Sierra Nevada. Ahora empiezan los frutos de la profesionalización, de sus «durísimas» sesiones con el gurú alemán Thomas Dreissigacker: «No hay ni un día de descanso». Hace unos días logró la mínima olímpica en Nerja (1:44.88) que rebajó después en Nancy (1:44.57), credenciales para el Europeo que arranca este viernes en Roma, para el próximo campeonato de España y, por qué no, para los Juegos Olímpicos, pese a la competencia nacional en la distancia sea durísima (Mariano García, Adrián Ben, Álvaro de Arriba, Saúl Ordoñez...).

«Nos hace mejor a todos, así nadie se duerme. No vale con el 100%. Y prefiero estar en esta época, con tantos que destacan, a ser el rey absoluto, que con 1:45 me valiera para todo y luego llegara al Mundial y no hacer nada. En España, el que vaya a los Juegos puede estar en la final perfectamente», razona y habla de algo que le hace especial, ese punch como lo define su propio entrenador, ese cambio de ritmo que en su mente es Pogacar atacando -«madre mía, pega un cambio endiablado. ¡Pero quien le va a seguir! Me encanta»-, su ídolo junto a Messi, pero también El Guerrouj, del que confiesa ver vídeos, «carreras míticas para aprender».

Moha Attaoui.

Moha Attaoui.ON / LOGAN SWNEY

La vida de Moha es un viaje a los seis años, desde Beni Melai, donde recuerda a sus hermanos «llevando a las ovejas a pastar con 12 años», a Torrelavega. De la «dureza» de Marruecos al sueño de Cantabria, donde su padre había llegado dos años antes para trabajar en la construcción, ahorrar y traer a sus cuatro hijos y su mujer. «Fue un cambio de vida a mucho mejor. Aunque al principio, que no sabía hablar castellano, se me hizo bastante duro. Estaba solo en el cole, nadie quería estar conmigo», rememora.

El atletismo se cruzó en su camino de casualidad, en los cross escolares que ganaba sin entrenar, sólo «jugando y corriendo en el parque», después el club del pueblo y esas carreras de adolescencia en las que permanentemente quedaba segundo porque Marco Gómez siempre le ganaba. «Qué pesadilla. Ahora él me dice: 'Qué cabrón'». Tuvo dudas, fue y volvió, le visitó la desmotivación. «Falleció mi padre y ya los entrenamientos no eran juegos, pasabas a entrenar duro, series, rodajes. Y eso lo odiaba. Me puse a jugar al fútbol unos meses. Ya con 18 regreso y me empiezan a salir las marcas».

«Voy a sorprender», pronuncia ahora rotundo, ante el verano de su vida. Aún en el 800, aunque lo que a él le gusta es el 'milqui'. «Tienes más tiempo para maniobrar. En el '8', al mínimo error, estás fuera. Igual el año que viene...», augura.

Moha, si no fuera por el atletismo, ¿dónde estarías?
Trabajando. En Torrelavega, con mi hermano, montando parques infantiles. Siempre me decía que me fuera con él los veranos. Ahora, después del atletismo me gustaría ser profesor de educación física.
Doncic y Kyrie Irving, una improbable historia de redención en busca del anillo

Doncic y Kyrie Irving, una improbable historia de redención en busca del anillo

La historia de la NBA está repleta de quijotes y sanchos, de estrellas acompañadas de escuderos imprescindibles para alcanzar el éxito. No se entendería Jordan sin Pippen, ni Kobe sin Shaq (¿o al revés?), ni Kareem sin Magic, ni Malone sin Stockton... Estos días se valora la cima de Luka Doncic en sus primeras Finales (a partir de este jueves, contra los favoritos Celtics), se debate sobre las fórmulas para defenderle, se retrocede en el tiempo para entender cómo su paso por el Real Madrid forjó su competitividad y se divaga sobre si ese dolor en la rodilla será capaz de condicionarle en la feroz serie contra los verdes. Pero, sobre todo, se valora otro talento innato del esloveno, el liderazgo silencioso que está suponiendo la dualidad que forma con Kyrie Irving, un jugadorazo excéntrico que muchos ya daban por perdido para cualquier causa.

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Porque Kyrie es único, "el jugador más talentoso que la NBA haya visto jamás". No lo dice cualquiera, lo acaba de pronunciar LeBron James de quien fue también su acompañante perfecto, clave con su inolvidable triple, en aquella aventura que supuso el anillo de 2016, el primero con los Cavaliers, nada menos que ante unos Warriors que parecían intocables. "Lo llamaría 'el mago todo el tiempo', no había nada en la cancha que Kyrie no pudiera hacer. Y sentado aquí mirándolo, estoy tan jodidamente feliz y tan orgulloso. Y al mismo tiempo enojado porque ya no soy su compañero", analizó el Rey. Irving, que tras salir de Cleveland un año después pasó precisamente por Boston y luego por Brooklyn hasta llegar hace dos cursos a Dallas, no ha vuelto a unas Finales y si por algo se ha hablado de él ha sido por sus constantes polémicas.

Desde afirmar que la tierra es plana, que John Fitzgerald Kennedy fue asesinado porque quería "terminar con la mafia bancaria en el mundo" a que la CIA mató a Bob Marley por enaltecer la paz. También fue apartado por los Nets -estuvo meses sin jugar los partidos como local- por negarse a vacunarse del Covid y hasta Pedro Sánchez le citó en el Congreso: "Hay una estrella de la NBA que dice que no se quiere vacunar porque hay una conspiración detrás para vacunar a los negros y conectarlos con un ordenador que tiene un plan satánico". Aunque quizá la más radical de sus polémicas fue cuando Irving promocionó en sus redes sociales un documental ('Hebrews to Negroes: Wake Up Black America') antisemita que defiende que los negros son los verdaderos descendientes de los israelitas. Borró aquel tweet y se disculpó, pero el daño fue enorme.

Doncic e Irving, tras lograr la clasificación para las Finales de la NBA.

Doncic e Irving, tras lograr la clasificación para las Finales de la NBA.CRAIG LASSIGEFE

Todo ese ruido parecía haber terminado con la carrera del base con raíces australianas, de aquel demonio que fue MVP en el Mundial 2014 con el USA Team en España y que ahora deambulaba en Brooklyn sin demasiada gloria y habiendo dilapidado un Big Three de fuegos artificiales junto a Kevin Durant y James Harden. A Irving le rescató en febrero de 2023 un traspaso en el que tuvo mucho que ver Nico Harrison, el General Manager de los Mavericks que le conocía de sus tiempos como ejecutivo de Nike. A cambio de Dinwiddie y Finney-Smith, su llegada a Texas era una salida para todos, aunque no parecía que el rendimiento iba a ser tan inmediato y que iba a encajar como lo ha hecho con Doncic.

A sus 32 años, Irving, en su primera temporada completa junto a Doncic, vuelve a unas Finales. Lo hace con un rendimiento extraordinario y habiéndose ganado hasta tal punto la confianza de la franquicia que le han firmado una extensión por tres años y 120 millones de dólares. "Está siendo la mejor parte de mi carrera. Poder ahora dar sabiduría y también hablar desde un lugar de experiencia. Cuando eres joven, intentas acelerar la vida, intentas superarlo todo", comentaba en la previa, apoyado en los números: 39 victorias y 19 derrotas con él y 11-13 en su ausencia por lesión durante el curso.

"No hay manera de parar por completo a Doncic e Irving", avisa Mazzula, entrenador de los Celtics. "Ellos encajan. Kyrie ha dado muchas vueltas, no le importa ser el plan B. Es paciente, está tranquilo, eso no se encuentra en esta Liga", valora Jason Kidd sobre su dupla, asombrosa en lo numérico. Doncic e Irving anotaron 59,5 puntos por partido en la temporada regular, lo que han mantenido en la final del Oeste contra los Timberwolves (59,4). Una química que se pondrá a prueba contra los excelente defensores de Boston (Jrue Holiday, Derrick White, Jaylen Brown, Jayson Tatum...), pero que va mucho más allá de lo estadístico. Su complicidad, mostrada en la cancha y expresada en los micrófonos sin tapujos. "Él no ha hecho nada más que apoyarme en todo. Me ha ayudado un montón a madurar, a saber que tengo que mirar los partidos de una manera diferente. Obviamente también es una gozada estar con alguien que juega de la manera en la que él lo hace. Ha sido un líder para nosotros, no sólo para mí, alguien espectacular", se rindió Doncic. "Me ha presionado para continuar trabajando en mi juego, mejorando, como el líder joven que es. Y en la palabra en la que los dos coincidimos es en madurez. Cuando llegué a Dallas estaba pasando por muchos problemas y aquí me acogieron con los brazos abiertos. Sabía que en cuanto se abriera conmigo sería un gran osito de peluche. Pero de los que quiere competir. Me gusta sentarme y maravillarme con su talento. Se ha convertido en un gran padre; disfruto viéndole formarse como una gran persona", contestó Irving, ante el sonrojo de Luka.