Pogacar suma y sigue en el Muro de Bretaña

Pogacar suma y sigue en el Muro de Bretaña

El inicio de la 112 edición del Tour es una sucesión de maravillas, una oda al rock and roll. No le hizo falta a la organización una lucrativa y exótica salida desde otro país. El Norte de Francia con sus trampas, su viento, sus pequeñas cotas y, sobre todo, con la actitud voraz de los protagonistas. A la espera de un fin de semana de calma y sprinters, el Muro de Bretaña fue otra bella píldora de ciclismo de quilates y otra muesca más en el historial de Tadej Pogacar, que no perdonó en el sprint del selecto grupo de elegidos, con Jonas Vingegaard, eso sí, pegado a su rueda. Su victoria 101, la segunda en este Tour, la que le permite volver a recuperar el amarillo. [Narración y clasificaciones]

Fue una subida final extraña, pues Pogacar no pretendió esta vez un ataque de medio alcance. Y eso que Tim Wellens se lo dejó en bandeja. Justo antes, una caída por un reventón había afectado de lleno a su principal gregario. Habrá que ver las consecuencias sufridas por Joao Almeida, mucho peor pintaba para Buitrago y para Jack Haig. De repente, en las duras rampas del Alpe D'Huez bretón, repleto de aficionados, los tres elegidos se vieron solos. Y ninguno quiso forzar, como midiendo sus fuerzas y escondiendo sus cartas.

Remco, Jonas y Tadej. Todo lo dejaron para los últimos metros, donde Narvaez lanzó a Pogacar, que ganó con suficiencia y sin Van der Poel. Recuperó el liderato y mordió con otros segundos a Vingegaard con la bonificación. Pero el danés, inferior en esos manos a manos, mostró fortaleza. La batalla ya se reanudará el martes, con el etapón en el día nacional y 1:17 de diferencia entre los dos colosos.

Resultó una jornada calurosa, una larga y tensa calma hacia el muro final (dos kilómetros al 6,9%), que se ascendía en dos ocasiones. Una escapada consentida pero poco (con Geraint Thomas e Iván García Cortina, entre otros), por tierras de Bernard Hinault. Por su Yffiniac natal (kilómetro 120,5), pero también por Calorguen (km. 51,6), donde vive y tuvo su granja tras retirarse, donde su esposa Martine fue alcaldesa de 2008 a 2014. Una persecución llamativa, con Alpecin al frente del pelotón, pero también con UAE, incluso con el Visma.

Sólo el joven Ewen Costiou resistió en la primera ascensión, cuando ya los nervios se soltaron, cuando el agresivo Visma tomó las riendas. Primero con Campenaerts, después con Simon Yates, que dejó tiritando el pelotón en las primeras rampas, con Vingegaard a su rueda y Van der Poel sufriendo ya. En los 13 kilómetros entre una y otra cota, se reagruparon los sufrientes y cayó Costiou. Todo listo para otro intensísimo desenlace.

Que se vio sobresaltado por la caída en la que también Enric Mas se quedó enganchado. Pudo reanudar rápido y finalmente se dejó 50 segundos en meta.

En el icónico Muro de Bretaña, donde hace cuatro años Van der Poel honró a su abuelo con su primer triunfo en el Tour (por delante de Pogacar), no estuvo esta vez en condiciones el del Alpecin, pagando el esfuerzo del jueves. Y él es el único que en este tipo de finales puede hacer cosquillas a Tadej.

Un casco sin visera, la profecía cumplida de Pogacar y la contrarreloj más decepcionante de Vingegaard: "Me sorprendió, no voy a mentir"

Un casco sin visera, la profecía cumplida de Pogacar y la contrarreloj más decepcionante de Vingegaard: “Me sorprendió, no voy a mentir”

Hace un mes, en ese simulacro del Tour que fue el Criterium Dauphiné tan contundentemente ganado por Tadej Pogacar, el esloveno se dejó un resquicio, una tarea pendiente, una pequeña y aparente debilidad. En la contrarreloj entre Charmes sur Rhone y Saint Péray, poco más de 17 kilómetros, perdió 28 segundos con Jonas Vingegaard (y 48 con el ganador Remco Evenepoel). «No es algo que me estrese nada. Estoy seguro de que cuando llegue el Tour de Francia no voy a perder tanto tiempo», despejó, son su suficiencia habitual. Profecía cumplida.

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En tierra de calvados, en la normanda Caen donde Óscar Freire ganara a Tom Boonen al sprint en 2006, todo el ímpetu inicial de Vingegaard sufrió un zarpazo. Pogacar, casi al nivel de ese dios de la aerodinámica llamado Evenepoel, no sólo se acercó al danés, le golpeó con una desmesurada ventaja de 1:05 en los 33 kilómetros planos y soleados, sin dificultades técnicas y sin viento que influyera. Le vino a revivir los fantasmas del pasado Tour, donde también le tumbó en las dos ocasiones en que se las vieron contra el crono.

Tadej tortura sin compasión a su rival. En cualquier muro final de estos días, a la mínima ocasión de rascar una bonificación o, más duro, en el terreno donde menos se le espera. Pero el esloveno no es sólo genialidad y talento. Es también trabajo. Su mejora individual contra el reloj se explica en el pasado invierno, en su obsesión por el túnel del viento, en los detalles de su Colnago, en sus días en el velódromo valenciano Luis Puig, con la afrenta de Combloux 2023 clavada con chinchetas en su amor propio. El pasado mes de mayo, a pesar de la lluvia y el tráfico abierto, ya viajó a Normandía a inspeccionar el trazado de esta quinta etapa. Nada al azar. «En el Dauphiné acabé muy decepcionado. Miré todos los detalles que hice mal, probé material y creí en mí mismo. Tal vez Vingegaard no haya tenido su mejor día. Me sorprendió, no voy a mentir», confesó. En unas semanas, más de un minuto y medio de mejora.

Antes de imaginar el porvenir. El año pasado agarró el liderato en la cuarta etapa y ya no lo saltó. Quizá, por sus palabras, esta vez pretenda otro escenario. Porque este jueves, camino de Vire Normandie, otra 'clásica', «puede que sea un día para la escapada, que alguien se meta en ella y se haga el maillot amarillo...». El viernes, el Muro de Bretaña. Él decidirá si quiere calma o no. «Llevamos cinco etapas y todas han sido rapidísimas. El recorrido de este año es muy nervioso, y te obliga a estar atento todos los días. Estoy muy contento de haber cogido el amarillo, pero también sabemos que la carrera puede hacerse muy larga de aquí a París. A partir de ahora, nuestra prioridad será mantener la ventaja que tenemos respecto a los rivales de la general, y no necesariamente el maillot. Vamos a mantenernos lo más tranquilos posible», deslizaba el líder del UAE, que actualmente es primero en la general, en la montaña y en la regularidad.

Pogacar, con el maillot de líder del Tour.

Pogacar, con el maillot de líder del Tour.LOIC VENANCEAFP

Pero también hay detalles en sus rivales. Remco ha acreditado desde hace tiempo que no hay nadie como él en la especialidad. Pero el belga honra su maillot arcoíris y su oro olímpico. La temporada pasada, tras sus éxitos, quiso ir más allá y pidió a la marca que fabrica los cascos para Soudal Quick Step (Specialized) una mejora, concretamente en la visera. Junto con los técnicos, la ahuecó en la parte frontal y le dio mayor altura en los laterales, para que el flujo de aire penetrara por ahí. Una evolución mínima pero efectiva. «En EEUU, en Morgan Hill (California), donde los ciclistas vienen a realizar pruebas en el túnel de viento, contamos con un maniquí Remco, lo que nos permitió trabajar en esta visera durante 2024 y ofrecerle algunos prototipos cuando vino en noviembre», confesaba en L'Equipe, el ex ciclista Léo Menville, ahora técnico de Specialized.

«Necesitaba que las piernas respondieran. Creo que no podría haber ido más rápido de lo que he ido, así que nuestros planes han dado su fruto. He procurado ser muy regular en el esfuerzo, yendo un poco más fuerte en las subidas que en las bajadas. La estrategia ha sido perfecta y todo ha salido bien», explicaba Evenepoel, segundo ya de la general -tras la victoria número 21 en contrarreloj en su carrera-, en un panorama similar al de estas alturas en el pasado Tour, aunque hasta él mismo es consciente de que aún no es su tiempo en la Grande Boucle: «Algún año vendré a por la victoria en la general... pero todavía es un poco pronto».

Evenepoel y su esposa Oumi Rayane, tras la victoria en Caen.

Evenepoel y su esposa Oumi Rayane, tras la victoria en Caen.EFE

En el otro lado... Ni su director se explicaba la decepcionante tarde de Vingegaard, que un rato de antes de partir había seguido desde el coche del Visma Lease a Bike la (gran) actuación de su compañero Edoardo Affini (tercero). «Esperábamos más. Aunque esto no cambia nada, la lucha sigue mañana», pronunciaba Grischa Niermann, a la espera de poder hablar con Jonas, de intentar conocer las razones de su mala tarde, peor incluso que la de Primoz Roglic.

Aunque para penurias, las de Enric Mas. Todas las buenas señales mostradas por el balear en los primeros días fueron echadas por tierra en Caen, donde se dejó más que ninguno de los que optan al Top 10, casi tres minutos. «Tengo que analizar lo que ha fallado. He dado todo», admitía, tan lejos de sus compañeros, séptimo Iván Romeo en la primera contrarreloj de su vida en el Tour, décimo Pablo Castrillo.

Evenepoel vuela en la contrarreloj de Caen y Pogacar recupera el liderato del Tour con un golpe a Vingegaard

Evenepoel vuela en la contrarreloj de Caen y Pogacar recupera el liderato del Tour con un golpe a Vingegaard

El comienzo del Tour parecía un enredo permanente para Remco Evenepoel, despistado y enfadado con el mundo, dejándose un tiempo absurdo mucho antes de que llegara la alta montaña. En la contrarreloj de Caen (33 kilómetros), terreno propicio, se desquitó con una enorme victoria, aunque no le dio para alcanzar el maillot amarillo. Ese volvió a Tadej Pogacar, a apenas 16 segundos del belga, un minuto y cinco segundos mejor que Jonas Vingegaard, el gran derrotado del día. [Narración y clasificaciones]

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La crono de Caen era una prueba de fuego, más que para sacar conclusiones de cara a la general final, para poner al día otra de las intrahistorias de esta batalla legendaria que mantienen Pogacar y Vingegaard. Evidentemente, con Evenopoel como tercero en discordia y máximo favorito, pues sólo una vez en su carrera (en la última etapa del pasado Tour, con final en Niza) había perdido con alguno de los dos en la lucha contra el reloj.

En la batalla personal entre el esloveno y el danés no podía haber más igualdad, seis enfrentamientos, tres victorias para cada uno. En la retina quedó aquella de Combloux en 2023, cuando Vingegaard firmó una exhibición como no se recuerda para encaminar un triunfo final que iba a sellar al día siguiente en La Loze. Esa afrenta, 1:38 de diferencia, la grabó a fuego en su amor propio Pogacar, que se tomó revancha en las dos de 2024, que preparó a conciencia, mejorando su aerodinámica en invierno en el velódromo Luis Puig de Valencia.

Pogacar, camino de Caen.

Pogacar, camino de Caen.MARCO BERTORELLOAFP

El último combate se había producido en junio, en el Criterium Dauphiné. Ahí, derrotados por Evenepoel, Vingegaard volvió a imponerse, sacando 28 segundos en los 17 kilómetros entre Charmes sur Rhone y Saint Péray. Una ventaja preocupante que Pogi relativizó: "He quedado lejos de Jonas pero no es algo que me estrese nada. Estoy seguro de que cuando llegue el Tour de Francia no voy a perder tanto tiempo". Y en Caen, día soleado y falto de viento, un recorrido completamente plano para volar y exprimir la aerodinámica, el esloveno cumplió su profecía.

No ganó, porque el mejor del mundo en eso es Remco. Pero Pogacar, segundo en la etapa, se quedó a sólo 16 segundos del campeón olímpico y mundial, que voló a 54 kilómetros hora. Ambos dieron un golpe tremendo a Vingegaard, hundido desde la salida, dejándose 1:21 con Evenepoel y 1:05 con Pogacar, para un total de 1:13 ya de desventaja en tan sólo cinco etapas del Tour.

Una crono con varios nombres propios más. En el lado positivo, Iván Romeo y Pablo Castrillo, séptimo y décimo de la etapa. En el sorprendente, Vauquelin, quinto a 35 segundos de Evenepoel. Y en el decepcionante, ninguno como Enric Mas quien se dejó medio Tour, el 37º a 2:57. Cayó del sexto puesto al 13º de la general.

Tim Merlier se lleva en la 'photo finish' la etapa más extraña: paseo, espeluznante caída de Philipsen y un maillot pactado para el compañero de Pogacar

Tim Merlier se lleva en la ‘photo finish’ la etapa más extraña: paseo, espeluznante caída de Philipsen y un maillot pactado para el compañero de Pogacar

De repente, Tim Wellens, en cabeza de la marcha cicloturista que fue la tercera etapa del Tour, miró a la derecha, charló con sus rivales del Soudal Quick Step y se marchó en solitario. El escudero de Pogacar pidió permiso y lo obtuvo del perezoso pelotón, amontonó casi dos minutos de ventaja y logró el punto para la Montaña del Mont Cassel, la única tachuela. El martes saldrá con el maillot de puntos rojos y ahorrará a su líder todo el protocolo del podio. [Narración y clasificaciones]

No fue lo único extraño que ocurrió camino de Dunkerque, una jornada teóricamente reservada en rojo para la tensión, para el viento de la costa, para las escapadas y el trabajo vibrante de los equipos de los sprinters. Nada de eso, lo más destacado del día, más allá de la victoria final de Tim Merlier (su segunda en el Tour, tras la de 2021 en Pontivy) de photo finish sobre Jonathan Milan, fue la tremenda caída de Jasper Philipsen, un tipo que sabe lo que es ganar hasta 10 veces en el Tour, por la que tuvo que abandonar.

Por tierras de la París-Roubaix, del ciclismo más salvaje, por lugares mágicos de leyendas de adoquines y barro como Orchies o Mons en Pevele, el pelotón decidió tomarse un mañana tranquila, aunque sólo fuera la tercera etapa del Tour. Tal calma que por momentos bordeó lo sonrojante, con intentos de escapada que eran casi una broma, como el que protagonizaron entre risas dos de los guardaespaldas de Pogacar, Tim Wellens y Politt. La primera hora se cabalgó a un ritmo que cualquier amateur hubiera resistido (36,2) y eso que la tormenta con la que partieron desde Valenciennes pronto quedó en el olvido.

Tim Wellens, en la ascensión en solitario a Mont Cassel.

Tim Wellens, en la ascensión en solitario a Mont Cassel.MARCO BERTORELLOAFP

Y así todavía más, un paseo hacia Dunkerque, el sopor como norma. Tanta falta de tensión que en el único aliciente, el sprint intermedio de Isbergues, todo saltó por los aires de mala manera con una caída espeluznante que se llevó por delante al sprinter más en forma del Tour. En una peligrosísima maniobra, el francés Bryan Coquard chocó con Laurent Rex y el peor parado fue Jasper Philipsen, que avanzaba tras ellos con el maillot verde. El ganador en Lille, el primer líder de este Tour, chocó violentamente con su hombro derecho en el asfalto e inmediatamente abandonó la carrera.

Fue una chispa de nervios que dio paso a otro rato de absoluto paseo. El viento de cara terminó por detener a los valientes. Y, claro, todo se desató de forma violenta a falta de 10 kilómetros. Un acelerón por el triunfo y otros dos accidentes. En el primero se vieron involucrados tanto Remco Evenepoel como Geraint Thomas, aparentemente sin consecuencias serias. A falta de 200 metros, otra tremenda caída, con Cees Bol, Renard y Penhoet implicados.

El campeón de Europa Merlier, que completó su último kilómetro a 57,9 km/h, con un pico a 66,4 km/h para ganar la etapa, levantó el puño ante la potencia de Milan. Van der Poel conserva el amarillo y el martes, camino de Rouen, la tierra de Jacques Anquetil, lo defenderá.

Evidentemente, el jurado decidió que el premio de la combatividad de la etapa quedaba desierto.

Théo Maledon, el 'sucesor' de Tony Parker, primer refuerzo de la era Scariolo en el Real Madrid

Théo Maledon, el ‘sucesor’ de Tony Parker, primer refuerzo de la era Scariolo en el Real Madrid

Apenas unos minutos después de confirmarse oficialmente la salida de Dzanan Musa rumbo al millonario proyecto del Dubai Basketball, el Real Madrid anunció también su primer refuerzo, el primer nombre propio en la cancha para la nueva era que encabeza Sergio Rodríguez en los despachos y Sergio Scariolo en el banquillo. El francés Théo Maledon, una de las grandes sensaciones de la última Euroliga, vestirá de blanco hasta el 2027.

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Un refuerzo que desprende ilusión y que va en la línea de alguno de los movimientos realizados en el Madrid durante las últimas temporadas. Otro francés (Causeur, Yabusele, Poirier...), otro 'renegado' de la NBA, un 'combo' de gran capacidad ofensiva y de apenas 24 años que por primera vez tendrá la responsabilidad de ser referente en un candidato Euroliga.

Maledon fue hace no demasiado uno de los proyectos más esperanzadores de la infinita fábrica gala. Un talento precoz al que desde bien temprano se le comparó con Tony Parker, por sus movimientos, proyección y forma de jugar, a pesar de que es algo más alto que la leyenda (1,93 centímetros). "Soy un base que también puede jugar de dos. Soy muy versátil, capaz de jugar con y sin balón. Capaz de tirar, conducir, sacar faltas y competir tanto en ataque como en defensa", se define a sí mismo en una entrevista en la web del Real Madrid. Nacido en Rouen, sus padres, procedentes de Guadalupe, le inculcaron como a sus hermanos la pasión por el baloncesto que ellos jugaban: su padre, Claude, fue profesional en Francia, y Sylvie, su madre, llegó a la selección nacional juvenil.

Se formó, como Parker y tantos otros, en el afamado INSEP. Y después dio el salto al ASVEL, del que Parker es propietario. Allí debutó en la Euroliga con 17 años, antes de probar en la NBA, con el número 34 del draft de 2020. Pese a un primer año ilusionante con los Thunder, pronto, historia conocida, empezó a entrar en el olvido. Sus dos últimas temporadas apenas jugó 17 partidos entre los Hornets y los Suns. "Ha perdido dos años en la NBA", concluyó el seleccionador Vincent Collet, que no pudo contar con él para el Mundial 2019 ni los Juegos de Tokio, de los que se cayó por una lesión en el hombro (si fue plata del Eurobasket 2022, aunque no participó demasiado en la rotación).

Su explosión ha llegado en la temporada 24/25, de vuelta al ASVEL Villeurbanne, con el que promedió 17 puntos, 4,6 asistencias y 20,6 de valoración para ser elegido en el segundo mejor quinteto (fue MVP de diciembre). Una joya que se han rifado todos los grandes de la competición y cuyo fichaje cerró el Madrid hace algunas semanas, según confirmó el propio Parker. "Quise venir al Real Madrid por muchos motivos. Es un club muy exitoso tanto en Europa como en España. Es un desafío y tener la posibilidad de competir en un equipo así es muy emocionante para mí. Quiero aportar mi personalidad, cómo soy dentro y fuera de la pista. Y ojalá conseguir muchas victorias y títulos", anuncia.

Pogacar y su curiosa y casi inédita imagen con el maillot de la montaña: "Sólo me lo he puesto un día, será una sensación especial"

Pogacar y su curiosa y casi inédita imagen con el maillot de la montaña: “Sólo me lo he puesto un día, será una sensación especial”

El maillot de la montaña en el Tour, los inconfundibles puntos rojos sobre fondo blanco, está de celebración: cumple 50 años. Hasta 1975 el mejor escalador no tenía ningún distintivo, aunque sí mucho más prestigio. Federico Martín Bahamontes primero y Lucien van Impe después lo elevaron con sus seis coronas cada uno a cotas extraordinarias. Sólo el empeño de Richard Virenque entre 1994 y 2004 los superó (7). Aunque ya lo ganó dos veces, curiosamente este lunes, por segunda vez en su carrera, Tadej Pogacar lucirá, entre Valenciennes y Dunkerke, el 'polka dot'. Y para el hambre 'caníbal' del esloveno no ha pasado desapercibida la efeméride.

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"No esperaba vestirme con el maillot de puntos rojos, pero aquí estoy y pienso disfrutar el hecho de llevarlo. He ganado la Montaña del Tour dos veces, pero sólo me he puesto el maillot en carrera un día. Mañana será mi segundo día con él y será una sensación especial", pronunció el esloveno en la meta de Boulougne sur Mer, rendido a la potencia final de Van der Poel, un mano a mano con permiso de Vingegaard con aroma a la mejor de las clásicas.

Pogi pasó en segundo lugar en la primera de las colinas del día, la de Haut Pichot. Lo hizo por pura colocación, a rueda de su pretoriano Tim Wellens. A continuación, en la Côte de Saint-Étienne-au-Mont, lo hizo primero, por delante de Vingegaard. Esos tres puntos sumados le colocan en primera posición en solitario. Evidentemente, no es la primera vez que encabeza la clasificación de la montaña que ya ganó en las ediciones de 2020 y 2021, pero la casualidad hizo que sólo en una etapa luciera el maillot à pois rouges más allá del podio.

Ocurrió hace casi cinco años, en la etapa 18 del Tour de 2020. Aquel día Miguel Ángel López se impuso en el Col de la Loze, pero el jovencísimo Pogacar sumó 32 puntos para adelantar a Roglic como momentáneo rey de la montaña. Así que al día siguiente en Méribel cambió en maillot blanco de mejor joven (que también cumple medio siglo) por el de puntos rojos. No le duró demasiado, pues se lo arrebató Carapaz, segundo aquel día en La Roche-sur-Foron por detrás de Kwiatoswki. La jornada de gloria de Pogacar estaba a la vuelta de la esquina: en la inolvidable cronoescalada de La Planche des Belles Filles, dos días después, asaltaría su primer Tour.

Tampoco es probable que al líder del UAE le duren demasiado esta vez los inconfundibles colores. Y eso que este lunes sólo habrá un punto en juego en la subida a Mont Cassel de cuarta categoría (camino de Dunkerke el viento marcará más diferencias). Visto lo visto, la agresividad del Visma Lease a Bike con Vingegaard, la batalla por la general puede no tardar demasiado en desatarse. "Podíamos esperarnos que Jonas atacara visto lo visto en el Critérium du Dauphiné. Y me gusta verle hacerlo. Nos ha obligado a sufrir", admitió Pogacar.

En 1905, René Pottier fue el mejor grimpeur del Tour en una clasificación extraoficial que otorgaba el diario Le Auto. En 1933, el español Vicente Trueba, que ya se había impuesto el año antes, fue el primer ganador oficial. Y en 1975, Van Impe lució por primera vez el maillot de puntos rojos, escogido por el patrocinador del momento, la marca de chocolate Poulain.

Si Pogacar lo conquistara de nuevo, sumaría tres coronas e igualaría a Julio Jiménez (siempre los españoles en la montaña del Tour). Pero, más importante, superaría a Coppi, a Merckx, a Bartali, a Charly Gaul... A las leyendas, a lo que él aspira.

Como la mejor de las clásicas: Van der Poel se impone a Pogacar y Vingegaard en Boulogne sur Mer y es el nuevo líder

Como la mejor de las clásicas: Van der Poel se impone a Pogacar y Vingegaard en Boulogne sur Mer y es el nuevo líder

Como si fuera una clásica, como si de la Milán-San Remo se tratara, las tres cotas antes de la meta de Boulogne sur Mer dejaron ya la postal de una etapa preciosa, puro espectáculo aún sin daños considerables en la general. Fue el extraordinario zarpazo de Mathieu Van der Poel el que se llevó un triunfo de pura agonía, en un sprint de quilates, pues le precedieron nada menos que Tadej Pogacar y Jonas Vingegaard. El amarillo de Jasper Philipsen lo hereda su compañero, dos de dos en este Tour para el Alpecin Deceunick. [Narración y clasificaciones]

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Es el segundo triunfo de etapa en la Grande Boucle para el nieto de Poulidor tras el logrado en el Mûr-de-Bretagne hace cinco años, también por delante de Pogacar, también en la segunda etapa, también el que le colocaba entonces de líder. Es otra muesca más en el asombroso palmarés de un ciclista único, que acabó rendido en el asfalto tras exprimir vatios en los 500 empinados metros finales, los que completó a 56,9 km/h. Fue un sprint de un pelotón ya mermado por los vaivenes anteriores, valiente siempre el Visma, atentísimo esta vez sí Evenepoel.

De los que optan a los puestos nobles de la general, sólo Carlos Rodríguez y Ben O'Connor se dejaron 31 segundos. Aunque Pogacar y Vingegaard arañaron seis y cuatro de bonificación. Enric Mas, tan seguro de sí mismo como el sábado, es ya sexto.

Todo son nervios en el comienzo del Tour, las opciones intactas aún, el pelotón apenas sin bajas (el sábado cayeron Filippo Ganna y Bisenger, para empezar). En la salida inédita de Lauwin-Planque, la lluvia, intensa, encendió el caos, autobuses atascados y un retraso de 15 minutos en la salida. Era la etapa más larga de la presente edición, casi 210 kilómetros llenos de trampas, con el viento como elemento desestabilizador mientras se acercaban a la costa norte, a Boulogne sur Mer, allá donde ganaron Sagan, Zabel o Van Poppel.

Hasta en la temprana fuga del día, con un cuarteto formado por Armirail, Van Moer, Fedorov y Leknessund, hubo caídas, los dos últimos al suelo en una curva. Apenas llegaron a los tres minutos de diferencia máxima y luego, mientras el sol amagaba con salir, el pelotón, especialmente Alpecin al mando, los tuvo controlados. Calma tensa a la espera de esos últimos 30 kilómetros, con tres colinas pero especialmente con el viento como amenaza, con la lección de Lille como aviso.

Hasta el primero de los repechos, el de Haut Pichot (poco más de un kilómetro, pero al 9%), se llegó entre más tensión, con bronca hasta en el sprint especial: Jonathan Milan reprendió de mala manera a Girmay. La fuga murió a falta de 50 kilómetros, acudió una calma que fue electrizándose hacia la cota. Ahí tomó el mando Van Aert y luego Wellens, dos gregarios fuori classe, seguidos a rueda por sus líderes, atentísimos Vingegaard y Pogacar. A los que no afectó el enganchón entre Milan y Geraint Thomas que partió momentáneamente el pelotón.

En las dos últimas subidas más rock and roll, Vauquelin siempre con el colmillo. El francés fue uno de los seis integrantes de un grupo que se formó en Saint Etienne au Mont, en el que no estaba Roglic. No hubo continuidad y sí más amagos, como el del propio Vingegaard bajando la Cote d'Outrean. Con Narváez y Almeida cerrando el intento final de Lipowitz, Van der Poel fue el más listo y el más fuerte en el desenlace.

El mito del héroe y el villano o por qué enamora más Pogacar que Vingegaard: "Tiene carisma. Es sonriente, dicharachero, feliz..."

El mito del héroe y el villano o por qué enamora más Pogacar que Vingegaard: “Tiene carisma. Es sonriente, dicharachero, feliz…”

«¡Buen rollo, siempre!», grita Tadej Pogacar en una de las primeras secuencias de la tercera edición del documental 'En el corazón del pelotón', de Netflix, mientras hace un caballito sobre su Colnago. Y ahí podría estar el secreto de todo, de por qué nos conquista un esloveno que arrasa, el tipo que no deja ni las migajas.

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Nunca en la historia del Tour una rivalidad se consolidó de tal forma, jamás los dos mismos ciclistas se repartieron los primeros puestos del cajón cuatro años consecutivos. El quinto episodio del Pogacar-Vingegaard, con sus filias y fobias, arranca este sábado en Lille como un torrente de promesas, con las batallas pasadas, derrotas y victorias incrustadas ya para siempre en el ideario colectivo del ciclismo de época, marcadas a fuego para ambos y sin apenas elementos externos (Evenepoel, Roglic...) que amenacen su binomio. Es el danés ahora el aspirante, el que busca el resquicio por el que hacer dudar a un Pogacar tiránico. Ellos son la reencarnación de Coppi y Bartali, de Anquetil y Poulidor, de Merckx y Ocaña, de Hinault y Lemond. De Bird y Magic, de Nadal y Federer, de Ali y Frazier. Se necesitan. Se engrandecen. «Prefiero esta rivalidad a haber ganado cuatro Tours por 10 minutos», se sinceraba el líder del Visma, quien, a diferencia del 2024 con la terrible caída de la Itzulia, ha podido tener una preparación óptima.

Pogacar acude pletórico tras un comienzo de año en el que lo ganó todo menos París-Roubaix, San Remo y la Amstel. En las antípodas del carisma, tan distintos en su forma de ser y de correr, en sus orígenes y en sus ambiciones, con el único elemento en común de perseguir la misma gloria. ¿Por qué Pogacar cae mejor y acapara las preferencias del aficionado? «Por su forma de ser. Comunica más, es más abierto. Vingegaard es más tímido, no conecta con el gran público», explica Eduardo Chozas, quien, sin embargo, no se postula. «Están ambos tocados por una varita y son nobles. A mí me parecen dos grandes deportistas, no tengo preferencia clara. Vingegaard tiene buenos detalles. Recuerdo cómo esperó a Tadej hace dos años cuando se cayó», elogia el ex ciclista y ahora comentarista de Eurosport.

Para ese evidente favoritismo del siempre apasionado aficionado ciclista hay que buscar explicación en la psicología, recurrir incluso «al mito grabado en el inconsciente colectivo de los seres humanos, el del héroe y el villano», como expone Rubén Moreno, psicólogo deportivo y profesor de la Universidad Europea. «Pogacar irrumpe de una manera muy particular, destronando a Roglic, al todopoderoso Jumbo Visma, en aquella cronoescalada [La Plagne]. Quedó en la retina una imagen icónica. Era un chico jovial, alegre, feliz que casi sin darse cuenta había ganado el Tour», rememora los orígenes del fenómeno, razonando por qué el fan español en particular se decanta por el esloveno. «Ahora no tenemos con quien identificarnos. Podemos ser más landistas, alguno tiene fe todavía en Enric Mas... Luego vienen Romeo, Ayuso... Y aquí entra el contexto sociocultural. Para un español, ver a un tío sonriente, alegre, feliz, dicharachero... nos es más fácil identificarnos que con el introvertido que cuando llega a meta sólo quiere besar a su mujer e hija y casi no concede entrevistas. Ser introvertido en España no se premia. Siempre hay alguien que dirá: '¿A este qué le pasa?' 'Es un raro...'. Por eso la identificación es mayor con Pogacar".

Al carisma de uno y otro se aferra también Pascual Momparler, ex seleccionador español. "Lo que sucede con Pogacar es que gana y arrasa. Todo lo hace a lo grande. E influye que tiene muy buena relación con la prensa. Siempre ofrece muy buenas respuestas. Recuerdo este año, cuando ganó en Flandes, le dijeron que hacía mucho que nadie ganaba esa clásica con el maillot arco iris y el respondió que no, que eso pasó en la edición anterior en la categoría femenina. Gusta a la gente porque es muy natural, fresco. Se nota que no prepara las respuestas con su jefe de prensa. En cambio, Vingegaard es como nuestro Carlos Rodríguez, buena persona, más callado, menos dicharachero, cala menos entre el público", argumenta.

Vingegaard, en Lille, en los días previos al comienzo del Tour.

Vingegaard, en Lille, en los días previos al comienzo del Tour.Thibault CamusAP

Eso, la relación con los medios, que el danés ha ido tratando de mejorar en los últimos tiempos, también tiene mucho que ver en la percepción de ambos. "Pogacar tiene cara de niño, es simpático, corre de una manera alegre, incluso revolucionaria. Hace lo que quiere, entre comillas. Y se expresa bastante mejor que Vingegaard, al que no tacharía de antipático, pero es más frío, calculador, metódico, cuidadoso con sus declaraciones. Se moja entre poco y nada a la hora de regalarnos algún titular", cuenta Carlos de Torres, el periodista español más veterano en el Tour: lleva 27 ediciones cubriéndolo para la agencia EFE.

Esa imagen gélida Vingegaard la ha ido intentando transformar en los últimos tiempos. Especialmente empático se le comprobó en el último Tour, en la derrota. Fueron varias las ocasiones en las que la emoción le conquistó. "Es muy anticuado pensar que un hombre no tiene derecho a llorar. Mostrar tus emociones me parece incluso más fuerte que intentar ocultarlas", admitía en una entrevista reciente a L'Equipe desde Sierra Nevada, donde ha preparado el Tour.

Pero, cómo combatir con la sonrisa de Tadej, con sus bromas en redes sociales, con sus guiños sobre la bici incluso en agonía. "El carisma no tiene que ver con el sufrimiento. Es una cualidad que tiene una persona que hace que la gente se sienta atraída por él o por ella. Pogacar lo tiene. Sonriente, dicharachero, hace gestos continuamente, como en la pasada Dauphiné, cuando bajó a por un bidón para su compañero Sivakov", concluye Moreno.

La emotiva despedida de Chus Mateo del Real Madrid: "Ya se pasará..."

La emotiva despedida de Chus Mateo del Real Madrid: “Ya se pasará…”

Los secretos a voces se confirmaron de forma oficial y de golpe entre el miércoles y el jueves en el Real Madrid, un cambio de era en toda regla, con movimientos estructurales tanto en el banquillo como los despachos. Salieron Alberto Herreros y Chus Mateo y llegan Sergio Rodríguez y Sergio Scariolo. Sólo falta por oficializar la salida del responsable de la sección de baloncesto desde 2010, Juan Carlos Sánchez. Toda una revolución apenas unos días después de proclamarse campeón de Liga.

Para saber más

Scariolo vuelve al Madrid 23 años después de su primera etapa y lo hace firmando un contrato por tres temporadas, hasta 2028. Sustituye a Chus Mateo, quien fuera en una época su ayudante en la selección española, con quien además comparte agente. El entrenador madrileño, que tras ganar la ACB en La Fonteta manifestó su claro deseo de seguir y cumplir el curso de contrato que tenía firmado, fue despedido oficialmente este jueves (aunque ya se le había comunicado, junto a alguno de los miembros de su cuerpo técnico).

Sale del club tras conseguir seis títulos, entre ellos la Euroliga de 2023, en apenas tres temporadas, para convertirse en el cuarto entrenador con más títulos en la historia del club, sólo por detrás de leyendas como Pedro Ferrándiz, Lolo Sainz y Pablo Laso, a quien relevó en el cargo. Y lo hace con un sentido comunicado en redes sociales en el que explica, de la forma siempre elegante, sensata y educada en la que ha completado su aventura en el Real Madrid, lo que ha supuesto para él este periplo.

"Dicen que la aflicción es el precio que se paga por perder aquello a lo que se ama bien. Esa es ahora mi sensación y no quiero que sea otra. Ya se pasará... Se mezcla esta, con el orgullo que siento de haberlo dado todo por mi club, al que siempre he tratado de representar dentro y fuera de la cancha, con la dignidad que para mí supone llevar su escudo en el pecho", comienza Chus Mateo, "satisfecho" de haber aportado su "granito de arena a la gran historia del club".

El técnico cita al recientemente fallecido presidente uruguayo Pepe Mujica: "Triunfar en la vida no es ganar, es levantarse y volver a empezar cada vez que uno cae". "Luché mucho y luchamos juntos para que así fuera y para mí ese fue este año, nuestro mayor triunfo", especifica sobre la última y complicada temporada, en la que ya estuvo a punto de salir del club tras su mal inicio.

Mateo abre el turno de agradecimientos, incluso "a los críticos que me hicieran más fuerte". "Agradezco a los que estuvieron a mi lado sin dudar, aunque hubiera momentos para hacerlo. Agradezco a todos los entrenadores con los que compartí tantas horas de trabajo, experiencias, ideas y cervezas, porque muchos me ayudaron con su ejemplo, a ser el entrenador y la persona que soy hoy. Agradezco al presidente Florentino Pérez y en especial a Juan Carlos Sánchez. la confianza depositada en mi en un momento difícil. Agradezco a mi cuerpo técnico al completo su dedicación y su entrega. Gracias por soportarme cuando me pongo inaguantable".

Chus se acuerda de su mujer "Bibi", por "su paciencia y su apoyo incondicional". De sus hijos mayores "Ana y a Miguel, por sus consejos". Y de los pequeños "Jaime y Diego", por "su comprensión para aguantar sin su padre tantos días fuera de casa. Espero poder compensaros ahora". "En la vida nunca sabes lo que te va a tocar y yo tuve la gran suerte, de que me tocara pertenecer al mejor club del mundo. Nunca dejaré de sentirme madridista", concluye.

Juanito, Reyes, Fernando Martín, Petrovic... la trágica lista de deportistas que perdieron la vida en la carretera

Juanito, Reyes, Fernando Martín, Petrovic… la trágica lista de deportistas que perdieron la vida en la carretera

La trágica relación entre la carretera y el deporte se ha cobrado este jueves la vida del portugués Diogo Jota, el joven futbolista del Liverpool que circulaba junto a su hermano André por Zamora. Un nombre que amplía una macabra lista y un episodio que hace recordar viejas heridas que golpearon la actualidad. Cunningham, Juanito, Fernando Martín, Drazen Petrovic o José Antonio Reyes devuelven a la memoria negros episodios.

El 2 abril 1992, Juan Gómez Juanito, mito del madridismo y entonces, ya con 37 años, entrenador del Mérida, regresaba a Extremadura tras presenciar la semifinales de la UEFA entre el que fuera su equipo y el Torino. A la altura de Calzada de Oropesa, a las 2 de la madrugada, mientras Juanito iba dormido en el asiento del copiloto, el preparador físico del Mérida, Ángel Jiménez, no pudo esquivar unos troncos caídos sobre el asfalto de un camión que había volcado. El delantero murió al instante. Y, desde entonces, cada minuto 7 en el Bernabéu aflora el recuerdo, el homenaje, el "Illa, Illa, Illa, Juanito maravilla".

Sólo unos años antes, el 15 julio de 1989, otro delantero del Madrid (también jugó en el Sporting y en ese momento lo hacía en el recién ascendido Rayo), Laurie Cunningham, perdió la vida a los 33 años. El coche que conducía el británico de ascendencia jamaicana, un Seat Ibiza, se salió de la carretera y chocó contra una barra de protección cerca de Puerta de Hierro, en las proximidades de Madrid.

Fueron años duros para el madridismo, pues apenas tres meses después, no lejos de ahí, Fernando Martín se dejaba la vida en la M-30. Tenía 27 años, acababa de convertirse en el primer español en jugar en la NBA, y ese día acudía al Palacio de los Deportes a presenciar un partido de sus compañeros, pues era baja por unas molestias en la espalda. El destino hizo un guiño cruel cuando Drazen Petrovic, con el que la temporada anterior había compartido una relación de amor/odio fuera y dentro de la pista, perdía la vida en 1993, en una carretera alemana por la que circulaba en dirección a Croacia. Su novia, que salvó la vida, conducía cuando se estrellaron contra un camión.

Ese mismo año perdió la vida en el asfalto el panameño Rommel Fernández. Tenía 27 años y jugaba en el Albacete (antes en el Tenerife y el Valencia). Su coche se estrelló contra un árbol en el término municipal de Tinajeros (Albacete).

Aunque sin duda la muerte más impactante de los últimos años en la carretera fue la de José Antonio Reyes, de la que hace unas semanas se cumplieron seis años. El internacional español, que militó en el Sevilla, Real Madrid, Atlético de Madrid y Arsenal entre otros, murió en un accidente de tráfico al salirse su coche en la autovía A-376, cuando regresaba a su Utrera natal. En el percance falleció un primo suyo y otro familiar resultó herido grave.

Imagen del entierro de José Antonio Reyes, en 2019.

Imagen del entierro de José Antonio Reyes, en 2019.

En la inmensa lista de futbolistas fallecidos en accidentes de coche aparecen otros nombres como el de Gaetano Scirea (delantero de la Juventus, en 1989, a los 36 años), Rui Filipe (centrocampista del Oporto, en 1994, a los 26 años), Dirceu (ex del Atlético, internacional brasileño, en 1995), Urruti en 2001 (con 49 años), Maicon (delantero del Shaktar, a los 25 años, en 2014)...