Alcaraz y la defensa de su nuevo entrenador: “Han querido ponerme junto a muchos extenistas y no me parece justo”

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Si se observaba durante mucho rato a Carlos Alcaraz en su debut de este domingo en el Open de Australia ante Adam Walton, se podían apreciar diferencias. Cuando Juan Carlos Ferrero estaba en su palco, el número uno mantenía con él un diálogo no verbal en los descansos que era muy fácil de resumir: "Concentración, concentración y concentración". Sentado en su banquillo, Alcaraz solía mirar a su entonces entrenador y asentía, como si supiera a metros de distancia lo que Ferrero le estaba diciendo.

Este domingo, en cambio, el intercambio gestual con su nuevo técnico, Samu López, era mucho más críptico. Entre punto y punto, en los descansos, Alcaraz se marchaba a su asiento, lanzaba la mirada a su preparador y hacía alguna mueca imposible de interpretar desde fuera. En un par de ocasiones se le escapó incluso una risita, como si acabara de hacer algo que anteriormente ya habían comentado. A saber qué era.

De todos modos, Alcaraz abrió su nueva era con una victoria frente a Walton por 6-3, 7-6(2) y 6-2, y ya está en segunda ronda del Grand Slam, donde el miércoles se enfrentará al alemán Yannick Hanfmann.

Fue un estreno algo irregular, con un despiste en el segundo set que le costó un break, pero triunfo al fin y al cabo. Alcaraz todavía no sabe lo que es perder en una primera ronda de un torneo ‘grande’, y eso que ya ha disputado 20. No está mal. El éxito, de hecho, le sirvió para lanzar una pequeña reivindicación: merece más crédito su actual entrenador, López, y también la decisión de haber apostado por él.

"Cada entrenador es diferente, pero ahora mismo Samu me puede aportar todo lo que necesito. Obviamente, si tienes al lado a un exjugador top, que ha estado en muchas situaciones, te puede ayudar. Pero Samu es hoy en día uno de los mejores entrenadores del mundo, si no el mejor. Me han querido poner junto a muchos extenistas y no me parece justo. Samu se merece más reconocimiento, me aporta cosas que ningún extenista me puede aportar", comentó el número uno del mundo, que aceptó que su primer partido no había sido exactamente como esperaba.

Alcaraz admite el despiste

"Me ha sorprendido el nivel de Adam y he tenido altibajos. En el segundo set quizá he perdido un poco el foco y lo he pagado. Pero al final ha sido un partido de mucho ritmo, muy exigente para comenzar, y prefiero que haya sido así", aseguraba Alcaraz. Según sus propias palabras, es muy complicado regresar después de un parón de dos meses y controlar la mente como si hubiera jugado anteayer. "Lo que más me cuesta son los nervios", reconocía.

Venía el español de pasarlo bien en Miami y en las Islas Turcas y Caicos, de disfrutar de la Navidad en su casa de Murcia, incluso de gozar de las actividades promocionales previas al Grand Slam en Melbourne, y tuvo que volver a agarrar la raqueta con todas sus fuerzas. Alguna queja en el segundo set por el notable nivel de Walton demostraba que estaba pasando por un apuro, pero al final resolvió como debía. Quizá este martes descanse y encuentre algún rato para jugar al golf, pero este lunes entrenará de nuevo a las órdenes de Samu López y volverán a hablar de cosas que solo ellos conocen. A saber qué era.

Alcaraz se tiene que poner serio para derrotar a Walton en su debut en el Open de Australia

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La alegría baja por el río Yarra, donde, a la altura de Melbourne, el verano se desparrama en ambas orillas; a un lado se bebe sobre los barcos flotantes, al otro se rema en kayaks. La ciudad, en domingo, alberga tantos conciertos, hay tanto ambiente, que parece un macrofestival. Es un entorno fantástico, el entorno ideal para Carlos Alcaraz. Cuesta pensar que todavía no haya ganado un Open de Australia, porque es aquí donde su estilo, su frescura, su atrevimiento, encajan mejor.

Cuando este domingo saltó a la Rod Laver Arena, con su camiseta blanca, verde y negra sin mangas, parecía que el lugar era suyo. Se enfrentaba a un australiano, Adam Walton, pero el público no dejaba de animarle y él lo agradecía: sonreía, disfrutaba de sus primeros minutos sobre la pista. "Let's go, Carlos, let's go" se repetía en bucle. Como ya quedó claro en los actos previos, como el One Point Slam o la exhibición ante Alex de Miñaur, aquí se le adora.

Pero el tenis es el tenis. Pese a lucir el número uno del ranking ATP y a tener más armas que su rival, Alcaraz tuvo que pasar un mal rato para derrotar en primera ronda a Walton por 6-3, 7-6(2) y 6-2 en dos horas y cinco minutos. Nada —o casi nada— lo insinúa el marcador, pero había que verle la cara. Del entusiasmo con el que empezó a la seriedad con la que acabó. Tampoco fue nada preocupante: en segunda ronda, el miércoles ante el alemán Yannick Hanfmann, ya se habrá olvidado, pero recordó una máxima: para ganar un Grand Slam hay que sufrir.

El mérito del rival

Venía Alcaraz de un mes sin jugar un partido, de pasarlo bien en Miami y en Turcas y Caicos, de disfrutar de la Navidad en su casa de Murcia, incluso de gozar de las actividades promocionales en Melbourne, y tuvo que volver a agarrar la raqueta con todas sus fuerzas. Alguna queja en el segundo set por el notable nivel de Walton demostraba que estaba pasando por un apuro.

"Ha sido un partido muy difícil porque me ha costado mucho encontrar el hueco; él iba siempre un paso por delante, estaba siempre en mejor posición. Me ha costado mucho acostumbrarme a su bola plana", analizaba Alcaraz, otorgándole a Walton el mérito merecido.

En la tribuna de prensa, alucinaba un periodista australiano: "No le había visto jugar así en su vida". Walton, de 26 años y número 81 del ranking mundial, completó una actuación muy sólida, con escasos errores y mucha velocidad. Al australiano le costaba rebasar a Alcaraz —apenas logró 16 winners por los 38 del español—, pero apenas cometía errores. Si quería hacerlo lo mejor posible, ya puede congratularse: objetivo cumplido.

Rafa Jódar, la nueva promesa del tenis español es una rareza: “Para mí los estudios son muy importantes”

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Detrás de Carlos Alcaraz susurra toda una generación que asciende más lento que él, pero que quizá en unos años llegue al mismo sitio, las finales de los torneos grandes. Poco a poco, jugadores como Martín Landaluce o Dani Mérida asoman en el circuito ATP, aunque hay un nombre que suena más que el resto: Rafa Jódar. Clasificado para el Open de Australia, su primer Grand Slam, donde este martes se medirá al japonés Rei Sakamoto en primera ronda, Jódar ya tiene ese ruido en sus golpes, esa aura, esas expectativas a su alrededor.

A sus 19 años y ya entre los 150 mejores del mundo, se le supone en el camino de los elegidos, pese a que es una rareza. Jódar no ha seguido el camino que se suele seguir en España, Jódar no juega al tenis como se suele jugar en España y, de hecho, Jódar no habla de su futuro como se suele hablar en España.

Póngase un objetivo para esta temporada. ¿Entrar en el Top 100?
Nunca hago eso. Ni metas, ni objetivos, ni nada. Tengo que seguir mi camino y no ponerme ninguna presión. Llegué aquí, a Melbourne, sin expectativas y así sigo. Me estoy divirtiendo mucho y eso es lo importante. Si lo hago bien, pues muy bien. Pero para mí el tenis debe ser ocio: entro en la pista para pasármelo bien.

La universidad, primero

«El tenis es ocio», asegura, y así se entiende su progresión. Hasta hace un año y medio, Jódar iba para químico o biólogo y todo su empeño estaba puesto en ello. Hijo de padres profesores -él, de Educación Física; ella, de Primaria-, durante su adolescencia en Leganés no se planteó el tenis como una profesión y por eso renunció a entrar en alguna de las muchas academias privadas que le abrieron las puertas. ¿El Bachillerato? El científico, en el IES Rafael Frühbeck de Burgos de su ciudad, y presencial: todos los días a clase.

Aunque fuera campeón de España júnior, el tenis era un pasatiempo al que dedicaba muchas horas, pero un pasatiempo. La Universidad de Virginia, en Estados Unidos, le ofreció una beca para compaginar deporte y estudios y no dudó en aceptarla cuando, a finales de 2024, con solo 17 años, ganó el US Open júnior. Ahí empezó a temblar todo. ¿Y si el tenis realmente le cambiaba la vida? ¿Y si le daba para vivir? ¿Y si le hacía millonario?

Aun así, escogió los estudios. Pese a que el año pasado ya lo tenía todo para hacerse profesional y empezar a pelear en el circuito ATP, se marchó a la Universidad de Virginia para sacarse una carrera y jugar en la NCAA, la liga universitaria. El deporte podía esperar, pensó, pero el deporte vino a buscarle. En las semanas sin universidad aprovechaba para apuntarse a torneos Challenger, y así ganó uno, y otro, y luego otro. Al final del año, sin planearlo, estaba entre los 200 mejores del mundo y por ello fue invitado a las Next Gen Finals, donde ganó en la fase previa a Learner Tien, el número 27 del mundo. Aquello le obligó a reflexionar.

Su salto a la ATP

«Estuve hablando con mis padres y con mis entrenadores en Virginia y al final tomamos la decisión de que este 2026 volviera a entrenar aquí, en Madrid —en el Club de Tenis Chamartín, su club—, y seguir el circuito profesional. Para mí los estudios son muy importantes: siempre voy con mi portátil repasando, y solo los aplazaré un tiempo», comenta quien también aporta un juego distinto al habitual en el tenis español. Con sus 1,91 metros, su tenis directo recuerda más a Jannik Sinner que a Rafa Nadal, su ídolo de infancia, por eso sobresale en superficies duras.

Su tenis es realmente agresivo.
Sí, soy un jugador agresivo. Me gusta mucho dominar con mi derecha y mi saque me ayuda. A este nivel, igualmente, necesitas un juego muy completo, mejorar todos los golpes para poder competir.

Y competir, en su caso, es volar. Su estreno como profesional esta temporada está siendo impecable. En lo que va de año ya ha sumado una final en el Challenger de Canberra, con victorias ante tenistas como el chileno Nicolás Jarry, y un excelente clasificatorio para el Open de Australia.

Ahora, si vence en primera ronda al japonés Sakamoto, un coetáneo al que ya derrotó en el US Open júnior de 2024, podría vérselas en segunda ronda con todo un Top 20 como Jakub Mensik o con su compatriota Pablo Carreño. Luego, cuando se despida del Grand Slam, seguirá en los Challenger. Poco a poco, sin metas ni objetivos. Pero su idea también era estudiar Ciencias, y aquí está, bajo los focos de Melbourne Park.

La firme apuesta de Alcaraz en Australia: "Otro tenista, con otro carácter, se hubiera quedado solo"

La firme apuesta de Alcaraz en Australia: “Otro tenista, con otro carácter, se hubiera quedado solo”

«¡Vinga, ara a rematar!», le gritaba Samu López a Carlos Alcaraz en uno de sus partidos de las últimas ATP Finals de Turín en noviembre. El mensaje era lógico, habitual, esperable... pero no así el idioma. ¿Por qué le hablaba en catalán? Cosas suyas. «Es una broma interna que tenemos Samu y yo. Me hace reír y ahí es cuando mejor saco mi tenis», comentaba entonces el número uno, sin desvelar más.

En los meses anteriores, la pareja ya había demostrado complicidad en múltiples ocasiones, como cuando Alcaraz celebró sus victorias en el Trofeo Conde de Godó simulando que surfeaba, porque precisamente eso, «surfear sobre la pista», era lo que pedía López. Luego, el mes siguiente, concretamente el 17 de diciembre, la sintonía entre ambos fue parte primordial de un anuncio sorpresa: Alcaraz rompía con su entrenador de siempre, Juan Carlos Ferrero, y se quedaba con los consejos de Samu López, hasta entonces su técnico ayudante, siempre en un segundo plano.

Mucho se ha escrito y hablado sobre el divorcio, pero todas las fuentes consultadas coinciden en que se ha infravalorado el papel de López. Su presencia en prácticamente todos los torneos de la temporada pasada, su adaptación a Alcaraz e incluso su carácter fueron esenciales para que el entorno del tenista pudiera negociar a la baja el nuevo contrato de Ferrero. Si las conversaciones iban mal, como ocurrió, estaba López.

Dita AlangkaraAP

No había dudas de que sería el primer entrenador, y él tampoco dudó cuando recibió la oferta. De hecho, fuentes cercanas al jugador aseguran que no se llamó a ningún otro técnico, que no se contratará a nadie más «como mínimo esta temporada» y que, el día que se anunció la ruptura con Ferrero, se declinó amablemente el ofrecimiento de hasta seis entrenadores con un palmarés superior al de López. De la supuesta llamada a Andy Murray, publicada en algunos medios, nadie sabe nada.

Con un preparador de perfil bajo, un currante del tenis como López, Alcaraz sabe que pone el cuerpo ante las críticas si no gana el Open de Australia, que empieza mañana con su debut ante el local Adam Walton (11.00 horas, HBO Max y Eurosport), pero apenas le importa.

Una relación horizontal

«Para mí todo está prácticamente igual. Obviamente ha cambiado el entrenador principal y cada uno tiene sus pensamientos y su forma de trabajar, pero yo ya venía trabajando con Samu desde el año pasado. Que sea segundo o primero no quiere decir que haya cambiado su manera de entrenar, de aportar sus opiniones o de hacer las cosas. Nos conocemos muy bien, así que no ha cambiado nada en mi rutina de entrenamientos», contaba en la madrugada de ayer el número uno del mundo sobre su entrenador, que ha descubierto en su banquillo una presencia muy cercana.

Pese a que López es diez años mayor que Ferrero, la conexión entre entrenador y jugador ahora es más horizontal, más animosa, incluso más divertida. Ferrero era una figura paternal de las de antes, severo pese al éxito de su pupilo. En el pasado US Open criticaba el uso del teléfono móvil por parte de Alcaraz ante los periodistas españoles presentes en Nueva York, aunque éste, con Instagram o sin él, estaba a unas horas de ganar su sexto Grand Slam. López, en cambio, no entra en esos terrenos.

JOEL CARRETTEFE

Cuando se incorporó al grupo, Alcaraz ya era una figura mundial y sus tareas se limitan a lo que ocurre en la pista. Sobre sus hábitos, sus vacaciones o sus intereses, nada que opinar. En el estricto sentido técnico, por ejemplo, esta pretemporada ha vuelto a introducir una pequeña modificación en el saque del número uno.

Lo ha hecho en Murcia, en la Carlos Alcaraz Academy, de donde no saldrá el tenista en sus escasos días en casa. Se acabaron sus viajes a Villena para prepararse con Ferrero. De ahora en adelante será López quien se desplazará y, con él, el resto del equipo. Porque, pese a la ruptura, ni uno solo de los miembros habituales de su grupo ha abandonado a Alcaraz, y eso también es relevante.

El apoyo del equipo

Samu López, el fisioterapeuta Juanjo Moreno y el preparador físico Alberto Lladó proceden de la Ferrero Academy y viven en los alrededores de Villena, pero seguirán trabajando con el número uno. Les une un proyecto profesional y un contrato laboral, por supuesto, pero también un vínculo personal. «Otro tenista, con otro carácter, hubiera perdido a medio equipo o hasta se hubiera quedado solo. Dice mucho del trato que da Carlos», analizan en su entorno, donde siempre se valora su carácter. Su alegría le ha ayudado a seguir arropado y es una de sus armas para lo que viene.

Porque, tan relajado como habitúa, Alcaraz encara estas semanas un desafío histórico. Si vence en Melbourne por primera vez, será el jugador más joven en ganar los cuatro Grand Slam con notable diferencia. Lo conseguiría un año y medio antes que Rafa Nadal, por ejemplo, pero cinco antes que Roger Federer o seis antes que Novak Djokovic. Los últimos partidos no sirven para valorar su estado de forma -su último encuentro fue hace dos meses-, pero por delante apenas observa amenazas.

En tercera ronda asoma Sebastian Korda como relativo peligro; en cuarta, Tommy Paul o Alejandro Davidovich podrían exigirle; y rumbo a una nueva final contra Jannik Sinner, sólo se entiende como obstáculo a Alexander Zverev, verdugo el año pasado y posible adversario en semifinales. Hasta ahora, Alcaraz nunca ha llegado a esa fase -cayó en cuartos de final en 2024 y 2025-, pero esta temporada el objetivo va mucho más allá. Lo hará después de haber soltado la mano de Ferrero, pero igual de acompañado que antes.

Alcaraz habla de su separación con Ferrero: "Era un capítulo de mi vida que debía terminar"

Alcaraz habla de su separación con Ferrero: “Era un capítulo de mi vida que debía terminar”

Carlos Alcaraz seguía siendo Carlos Alcaraz. Look fresquísimo, con una camiseta de béisbol Nike ‘oversize’ y una gorra del estilo, sonrisa preparada y un discurso diáfano, muy sincero. Este viernes, el número uno ofreció su primera rueda de prensa desde noviembre y todo parecía igual. Pero su concentración al escuchar las preguntas demostraba que la ocasión exigía un esfuerzo extra. En Melbourne, un día antes de su debut en el Open de Australia ante el local Adam Walton (09.00 horas, Eurosport), Alcaraz habló por primera vez de su ruptura con su entrenador de siempre, Juan Carlos Ferrero, y se notaba la precaución en sus palabras.

"Era un capítulo de la vida que debía terminar", comentó ante los medios internacionales. "He aprendido muchísimo. Probablemente gracias a él soy el jugador que soy hoy. Estoy realmente agradecido por estos siete años", aseguró, aunque tampoco quiso ofrecer más detalles de los motivos de la separación.

"Cerramos este capítulo de mutuo acuerdo. Seguimos siendo amigos, tenemos una buena relación, pero simplemente decidimos hacerlo así", añadió Alcaraz en una versión de lo ocurrido que se aleja de la versión de Ferrero que desde el primer momento aseguró que le hubiera gustado seguir. Según el número uno, la decisión de cambiar de entrenador fue parte de un proceso que vivió junto a todo su equipo, de una deliberación conjunta: "Fue algo interno, algo nuestro. Es algo que decidimos como equipo. Al ser un grupo tan profesional y tan unido, no hay un simple movimiento que no pongamos todos encima de la mesa y se hable. Así que fue una decisión interna y al final se llevó a cabo de esa manera".

La relación con López

"Para mí está todo prácticamente igual. Obviamente ha cambiado el entrenador principal y cada uno tiene sus pensamientos y su método, pero yo ya venía trabajando con Samu [López] desde el año pasado. Que sea segundo o primero no quiere decir que haya cambiado su manera de entrenar, de aportar sus opiniones o de hacer las cosas. Nos conocemos muy bien, así que no ha cambiado nada en mi rutina de entrenamientos", aseveraba Alcaraz que cerraba así el trámite de tener que hablar de su cambio de técnico y abría su temporada con el objetivo claro de vencer en el Open de Australia y convertirse en el jugador más joven de la historia en ganar los cuatro Grand Slam.

De hecho, el propio jugador aseguró que el torneo en Melbourne es su "objetivo principal" de la temporada, una intención que nunca se había planteado a lo largo de su carrera. "He hecho la pretemporada centrado únicamente en el Abierto de Australia, para llegar en muy buena forma aquí física, mental y tenísticamente. En todos los aspectos", finalizaba Alcaraz que este viernes descansará -no entrenará en el Melbourne Park- antes de encarar un debut de Grand Slam ya sin Ferrero, su técnico de siempre, en su palco.

Marcos Fis, la última joya del balonmano español de apellido conocido: "Mi padre me insistía, me entrenaba en el parque"

Marcos Fis, la última joya del balonmano español de apellido conocido: “Mi padre me insistía, me entrenaba en el parque”

El Balonmano Ciudad Real ya no existía, pero igualmente Julio Fis se llevaba por las tardes a su hijo mayor Marcos a practicar a algún parque de la ciudad. Los días que el niño no tenía entrenamiento de equipo, el padre le enseñaba cómo hacer pases y lanzamientos hasta que caía la noche.

Pese a la crisis en el deporte, el histórico lateral hispano-cubano, máximo goleador de la Asobal entre 2003 y 2005, creía que su primogénito podría vivir de lo que hiciera en el 40x20 como hacía él. Y en ello está.

Con solo 18 años, Fis junior es el goleador del Granollers -que lidera Pablo Urdangarín- y la semana pasada fue la sensación de la selección española en el Torneo Internacional previo al Europeo que empieza este jueves. Futuro le sobra. No tardará en seguir los pasos de su padre y fichar por un equipo grande de Europa.

¿Tuvo la opción de elegir no jugar a balonmano?
Mi padre me insistía con el balonmano, no te lo voy a negar, pero también porque a mí siempre me gustó. De pequeño probé el fútbol y no duré nada, solo estuve un año. Me gustaba jugar, pero en el balonmano todo me salía más fácil, era mucho mejor jugador. Me centré en el balonmano y creo que hice bien.

La marcha al Granollers

A finales del siglo XX, Julio Fis, el padre, recibió permiso del Gobierno de Cuba para jugar en la liga de Hungría, una prebenda habitual en aquella época, y un par de temporadas más tarde decidió desertar.

Durante 15 años no pudo regresar a la isla para ver a su familia, pero después de nacionalizarse creó otra en España, en Ciudad Real. Era un cañonero, uno de los más potentes que ha tenido la selección española.

«Muchas veces en los pabellones me para gente mayor para decirme que vio a mi padre y que disfrutó mucho de cómo jugaba cuando el Ciudad Real era un club muy importante», cuenta Marcos Fis en conversación con EL MUNDO. «Me hubiera encantado vivirlo, me hubiera gustado mucho, tanto a mi padre en activo como al Ciudad Real en lo más alto. Así no tendría que haber salido de casa».

El joven no tuvo que abandonar Cuba -de hecho solo ha estado una vez en la isla, para conocer a su abuela-, pero debió alejarse de su hogar, Ciudad Real, para triunfar.

Se formó entre el Balonmano Alarcos y el Balonmano Caserío, los dos clubes que representan ahora a la ciudad manchega, y el verano pasado ya se marchó al Granollers. Allí debutó en Asobal: en su primer partido marcó 10 goles. De hecho esta temporada es el tercer máximo anotador de la Liga.

P. Su padre dice que usted es una versión mejorada de sí mismo.

R. (Ríe) Mi padre lo dice porque él era más lanzador y yo quizá tengo más uno contra uno. Pero su lanzamiento era buenísimo, muy potente, ojalá algún día pueda lanzar como hacía él. También el balonmano ha cambiado, antes era más físico, había más choque, y ahora se busca más la velocidad. Es distinto.

Internacional antes de saltar a Asobal

En el palmarés de Fis hay una peculiaridad que rara vez alguien igualará. Hace unos meses, cuando todavía jugaba en el Caserío en División de Honor Plata, la segunda categoría del balonmano español, ya fue convocado por la selección absoluta.

Tenía 17 años, aún no conocía la Asobal y, es más, todavía no había jugado con la España junior, y ya contaba con un puesto entre los mayores. Cuentan en la Federación que el seleccionador, Jordi Ribera, alucinó con su zurda en una de las muchas concentraciones con jóvenes que realiza anualmente en el Centro de Alto Rendimiento de Sierra Nevada.

No hay muchos jugadores como él y sobre él y otros como los hermanos Cikusa o Ian Barrufet se debe construir la selección rumbo a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028 o Brisbane 2032. De momento, eso sí, los líderes siguen siendo los hermanos Dujshebaev que casualmente también son hijos de ex jugadores, como los anteriormente citados. Casualmente, o no.

¿Por qué el balonmano se hereda con tanta facilidad?
Habrá algo genético, pero el balonmano es un deporte pequeño y a los que nos gusta, nos gusta mucho. De niños nuestros padres nos transmitieron la pasión y poco a poco fuimos aprendiendo. Me parece hasta normal que haya tantos hijos de ex jugadores.
Alcaraz vence a Sinner en un partidillo en Seúl marcado por el peligro sobre moqueta

Alcaraz vence a Sinner en un partidillo en Seúl marcado por el peligro sobre moqueta

Cuenta Kilian Jornet que una de las peores lesiones de su vida no fue corriendo por las montañas, mucho menos ascendiendo a las alturas del Himalaya; fue en Puigcerdà, la ciudad más cercana a su hogar de infancia, donde resbaló al cruzar una calle y se destrozó una rodilla contra la acera. No es algo tan raro. El ciclista que vuelve del Tour de Francia y se estrella mientras pasea en bici con sus hijos, el maratoniano que se rompe trotando por el parque.

La relajación puede llevar al desastre; eso fue lo que descubrieron Carlos Alcaraz y Jannik Sinner en su partido de exhibición en Seúl este sábado. El español ganó por 7-5 y 7-6(6) en una hora y 43 minutos, pero fue lo de menos. Lo importante es que ambos acabaron sanos, sin un rasguño, y estarán preparados para el Open de Australia que empieza el próximo domingo. De hecho, justo después del amistoso ambos volaron a Melbourne en un jet privado y este domingo por la tarde ya se entrenarán en la ciudad australiana.

Una suerte para ambos. El partidillo ante 12.000 personas en el Incheon Inspire Arena empezó como debía: con risas. Sinner y Alcaraz intercambiaban reveses cortados hasta el infinito o se entretenían con dejadas y contradejadas. El público coreano aplaudía, la organización ya contaba la recaudación y todos contentos.

La moqueta, culpable

Pero a finales del primer set ocurrió algo inesperado. En una decisión extraña, se había instalado una moqueta como superficie de juego, un material que no se usaba en el tenis desde los años 90, y Sinner resbaló. No fue nada, un susto, pero en ese instante el italiano se dio cuenta del riesgo al que se estaba exponiendo. Por una pachanga, por dos millones de ingresos, toda su temporada estaba en peligro.

HAN MYUNG-GUEFE

Y dio un paso atrás. Con mucho tiento dejó que Alcaraz se llevara ese primer periodo y en el segundo set empezó incómodo. Otro tropiezo y podía romperse. Luego, con el paso de los minutos, volvió a soltarse, a divertirse, incluso le cedió su raqueta a un niño para que le ganara un punto a Alcaraz. Pero con el primer set decidido ya estaba marcado todo el encuentro. Ninguno de los dos contendientes quería llevar el partido de exhibición hasta el tercer set, así que en el tie-break del segundo Sinner entregó tres puntos y se acabó. La amenaza se esfumaba y así el 2026, otro año que posiblemente guardará muchos duelos entre Alcaraz y Sinner, ya está listo para empezar.

Celia Antón, la promesa española que se quedó por el camino: "El éxito no era para mí"

Celia Antón, la promesa española que se quedó por el camino: “El éxito no era para mí”

Celia Antón fue un talento único. Celia Antón fue un portento. Celia Antón fue algo más: la perla del atletismo español, el último milagro del mediofondo. Perteneció a la generación que prometía lo imposible junto a María Vicente, Jaël Bestué o la hoy futbolista Salma Paralluelo. Hace una década, en 2015 y 2016, la Federación Española de Atletismo la consideraba la mejor corredora del país menor de 20 años. Pero ahora, a sus 28, ya está de vuelta: lleva varias temporadas lejos de la alta competición y únicamente corre por diversión.

¿Qué pasó?
La salud. Si no tienes salud, nada funciona. Empecé a sufrir lesiones musculoesqueléticas de larga duración que se repetían y se repetían. Nunca tuve la continuidad necesaria para competir en la élite. Lo luché, eh. Lo luché todo lo que pude. Hice todo lo que tenía que hacer: seguí el plan A, el plan B, el plan C y así hasta el plan Z. Pero no era para mí. El éxito no era para mí.

Antón habla con la tranquilidad de quien ya lo ha aceptado todo. No podía ser y no fue. De Aranda de Duero (Burgos), nacida en 1997, a los 10 años se sumergió en el atletismo gracias a una profesora de Educación Física y a los 15 ya era campeona de España sub-16. Ahí llegó el esplendor: hasta los 19 ganaba todo lo que corría y Adidas le firmó un contrato plurianual. Fue la época de los halagos, las expectativas y los premios. Pero también entonces empezaron los dolores. Si no era el talón, era la rodilla y, si no, otra cosa. La exigencia de la competición la lastimaba y no daba con la fórmula. Por entonces vivía en el Centro de Alto Rendimiento de Madrid y llegó incluso a pedir un cambio de habitación para ver si alejaba el mal fario o, como mínimo, los malos recuerdos. Y, de alguna manera, lo hizo.

"La élite no es sana"

Con 22 años se asomó de nuevo entre las mejores del mundo: fue finalista en los 3.000 metros del Europeo indoor de Glasgow 2019, por detrás de atletas como la británica Laura Muir o la alemana Konstanze Klosterhalfen. Sin duda, era un regreso. En las entrevistas le preguntaban por los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 y ella prometía intentarlo: la clasificación no era imposible. Pero ya entonces volvían a incordiarle los problemas físicos. Uno, otro y otro más, hasta que finalmente se apartó de las pistas.

Fue una retirada temprana.
La palabra retirada todavía no ha salido de mi boca. El atletismo me encanta, me apasiona, y no quiero decir que me he retirado. No estoy en la alta competición, dejé esa vida, pero sigue siendo mi hobby. A veces no puedo entrenar y hago bici, yoga o voy al gimnasio, pero adoro correr cuando puedo

Ahora Antón disfruta de las carreras populares e incluso vuelve a tener club. Con la ayuda de su paisano Juan Carlos Higuero ha entrado en el Vicky Foods Athletics, patrocinado por Oysho, y ejerce como embajadora en pruebas y social runs. Sin buscarlo, de hecho, ganó la Milla Urbana de Burgos del pasado año o subió al podio en la Carrera de la Mujer de Barcelona. "Cuando me pongo un dorsal, lo hago lo mejor posible. Si en el futuro tiene que venir algo, que venga. Pero ahora mi mentalidad es otra. No tengo ambiciones: solo quiero pasarlo bien. El deporte de élite no es sano y prefiero centrarme en hacer deporte por salud", comenta Antón, que por suerte siempre supo que algo podía fallar.

Su trabajo como maestra

Mientras peleaba por ser atleta, estudió Bioquímica y un máster en Formación del Profesorado y ahora trabaja como maestra en el Colegio San Gabriel de Aranda. De juguete roto no tiene nada. "Creo que siempre fui consciente de lo que podía pasar; mantuve los pies en el suelo. Me decían que podía batir récords o ganar medallas, pero yo sabía que no solo dependía de mí. Para que un deportista llegue a ser campeón olímpico deben darse una enorme cantidad de factores a su favor", asume la exatleta profesional, ahora atleta amateur, atleta por placer, atleta disfrutona.

¿Fue injusto?
El atletismo me dio mucho y me quitó mucho. Me puedo centrar en una cosa o en la otra. Es mi elección y yo elijo quedarme con lo que me dio. Para mí el atletismo fue un aprendizaje. Viví mucho, viajé, conocí a mucha gente y me quedo con eso. Hay que saber gestionarlo y no siempre es fácil, pero me quedo con todo lo bueno.
El negocio de las exhibiciones: Alcaraz gana en un amistoso en Seúl casi lo mismo que si conquistara el Open de Australia

El negocio de las exhibiciones: Alcaraz gana en un amistoso en Seúl casi lo mismo que si conquistara el Open de Australia

Carlos Alcaraz aterrizó en Seúl el jueves, atendió a fans coreanos en el aeropuerto, visitó la sede de Hyundai, ofreció una rueda de prensa amabilísima -muchas preguntas de broma, ninguna sobre su separación de su ya exentrenador Juan Carlos Ferrero- y este sábado (08:00 horas, Movistar) se enfrentará a Jannik Sinner en una exhibición de una hora y media. Gane o pierda, este domingo se marchará de la ciudad con dos millones de euros más, según publicó La Gazzetta dello Sport.

Unas horas después, Alcaraz llegará a Melbourne, se entregará a numerosos actos publicitarios -entre ellos un partido a un punto con un aficionado-, se enfrentará en las siguientes dos semanas a los mejores tenistas del mundo en siete partidos de esfuerzo máximo e intentará levantar su primer Open de Australia. Si lo logra, con el propio Sinner como amenaza, ingresará 2,4 millones de euros, no mucho más de lo que ya tiene asegurado en Seúl. De hecho, si es subcampeón apenas recibirá la mitad.

JUNG YEON-JEAFP

Siempre ha habido encuentros de exhibición en el tenis. Antes de la Segunda Guerra Mundial, jugadores históricos como Bill Tilden o Suzanne Lenglen ya disputaban partidos amistosos y recibían notables cantidades por ello, aunque entonces prevalecía la excusa proselitista: descubrieron el tenis a muchos que no lo conocían. En las décadas posteriores hubo auténticos profesionales de las exhibiciones, como Bjorn Borg, pero con la madurez de los circuitos ATP y WTA la tendencia fue decreciente. Roger Federer y Rafa Nadal también disputaron en 2006 un lucrativo encuentro en Seúl, por ejemplo, pero en sus agendas apenas había huecos para informalidades.

En los últimos años, en cambio, la moda de las exhibiciones ha vuelto con fuerza. Pese a que el calendario tenístico es cada vez más exigente por medidas como la ampliación de los Masters 1000 a dos semanas, los mejores tenistas no paran de disputar encuentros de esta índole por todo el mundo por un motivo muy claro: se pagan exageradamente bien. Lejos de las obligaciones que implica la organización de un torneo -y de la dificultad de entrar en el universo ATP-, empresas y gobiernos de todo el mundo ven en el formato de exhibición una forma de promoción y no dudan en gastar lo que haga falta.

La defensa de Alcaraz

Gracias a ello, Alcaraz, que según los extenistas del podcast Nothing Major tiene un caché superior a los 1,5 millones de euros, puede ganar en una única temporada entre ocho y 10 millones únicamente a través de las exhibiciones. En los últimos años, el número uno ha tenido que escuchar críticas por la falta de descanso que esto implica, pero la recompensa no es poca cosa.

«Es un formato muy diferente. Es muy distinto jugar una exhibición que un Grand Slam oficial, con 15 días seguidos de una concentración muy alta y una exigencia física enorme», declaró hace unos meses Alcaraz a BBC Sports, y añadió: «Los jugadores elegimos las exhibiciones porque consisten en simplemente divertirse y eso es genial». El año pasado, el español participó en las exhibiciones previas al Open de Australia en enero, se midió en marzo a Frances Tiafoe en Costa Rica, en octubre disputó el multimillonario Six Kings Slam de Arabia Saudí y en diciembre volvió a verse con Tiafoe en Nueva Jersey y se midió a João Fonseca en Miami.

Los torneos pequeños, los perjudicados

Para él y el resto de jugadores, el riesgo de estas exhibiciones es mínimo y el beneficio, alto. Para el tenis es otra cosa. Los Grand Slam van incrementando sus premios para no quedarse atrás, pero la tendencia afecta con mayor fuerza a los torneos pequeños. Las exhibiciones impiden que los mejores tenistas incorporen citas ATP 250 como las que se disputan estas semanas -Brisbane, Hong Kong, Adelaida, Auckland- en sus preparaciones y, sobre todo, les roban protagonismo.

La mirada del público, que durante toda la temporada ya está centrada en los duelos entre Alcaraz y Sinner, no puede extenderse a torneos más humildes ni cuando ambos están fuera de la competición oficial. En la pista es normal que haya alegría durante las exhibiciones; en los despachos crece la preocupación.

Muere Uliana Semenova, la jugadora de baloncesto más determinante de la historia

Muere Uliana Semenova, la jugadora de baloncesto más determinante de la historia

Nunca hubo una jugadora de baloncesto tan dominante como la letona Uliana Semenova. Si jugaba, ganaba. Durante dos décadas, desde su debut con 16 años en 1968 hasta su retirada en 1988, su Daugava Riga se impuso 11 veces en la Euroliga femenina y la Unión Soviética dominó dos Juegos Olímpicos, tres Mundiales y hasta 10 Europeos. De hecho, en sus 18 años en activo, la URSS sólo perdió un encuentro. Con sus 2,13 metros de altura y sus 135 kilos de peso era imparable.

Por eso, cuando el Telón de Acero comenzó a hacerse permeable, en 1987 fichó por el Tintoretto Getafe y en 1988 por el Valenciennes Orchies francés y, pese a su decadencia física, dejó huella en ambos países. Pero desde que abandonó las pistas, la vida de Semenova estuvo muy alejada del éxito, hasta su fallecimiento este viernes.

"Letonia ha sufrido otra gran pérdida: el fallecimiento de la leyenda del deporte Uliana Semenova. La chica de oro del baloncesto olímpico, mundial y europeo, una persona muy cálida y comprensiva. Nuestro más sentido pésame a la familia, colegas y aficionados de Uliana", afirmó el presidente de Letonia, Edgars Rinkevics, en un mensaje en X, que no mencionaba el mal vivir de Semenova en sus últimos años.

Sus problemas económicos

Con acromegalia, un trastorno hormonal que hace que la glándula pituitaria produzca gran cantidad de hormona de crecimiento, la letona pronto empezó a sufrir problemas de movilidad, tuvo que someterse a varias operaciones y luchó hasta el final para costearse su manutención. En sus años en activo, las normas soviéticas le impidieron resguardar ciertos ahorros -mucho menos generar un patrimonio-, y después del baloncesto no pudo dedicarse a otras labores.

Por eso hace tres años, al conocer sus problemas económicos, las exjugadoras del Club Clermont Université organizaron una recogida de fondos para ayudar a quien fuera su rival y generaron todo un movimiento de solidaridad en el baloncesto europeo. "No está abandonada pero no tiene una gran pensión y debe invertir 9.000 euros para acondicionar su piso y le deberían poner una prótesis. Esperamos que participe la mayor cantidad de gente posible porque el deporte no es sólo medallas, también es amistad, fraternidad, viajes", aseguraba entonces Jacky Chazalon, leyenda del baloncesto francés. Con más de 20.000 euros recaudados, se pudieron pagar las necesidades médicas de Semenova y una pequeña reforma de su casa.

En la campaña también participaron excompañeras suyas del Tintoretto, donde fue subcampeona de Liga y donde "dejó un gratísimo recuerdo entre sus compañeras y rivales", según recogía este viernes la Federación Española de Baloncesto, que trasmitía "en nombre de todo el baloncesto español, su más sentido pésame a familiares y amigos de Uliana Semenova, así como a la Federación de Letonia".